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viernes, 12 de septiembre de 2025

EL SANTO Y DULCE NOMBRE DE MARÍA

 

“Tu nombre y tu recuerdo son 
el deseo de mi alma; mi alma 
te ha deseado en la noche” 


Profeta Isaías cap. 26, vers. 8-9



                    Dios, habiendo decretado que se haría Hombre para la salvación del género humano, decidió al mismo tiempo que nacería de mujer, para que no sólo fuera semejante a nosotros por naturaleza, sino, además, fuera uno de nuestra raza.

                    Para el cumplimiento de sus designios, el Altísimo había elegido desde la Eternidad a una criatura a la que predestinó libremente a la sublime dignidad de Madre del Verbo, y también a ser la Receptora de todas las prerrogativas de la naturaleza y la gracia que tan alto oficio requiere. Por esta razón, Dios quiso elevar a esta criatura privilegiada, no solo por encima de todos los hombres, sino también por encima de todos los Coros Angélicos. No debe sorprendernos, entonces, que una mujer tan noble fuera, desde el principio, en razón del Gran Misterio que se cumpliría en Ella, objeto de la complacencia divina: «El Señor me poseyó en el principio de sus caminos, antes de hacer nada desde el principio» (Libro de los Proverbios, cap. 8, vers. 22).

                    Admira y adora, alma mía, con toda la humildad posible, la Justicia y la Misericordia de los caminos de Dios. Da gracias a este gran Señor por haberse dignado predestinar a una criatura sencilla, de naturaleza similar a la tuya, a tan alta dignidad. Al mismo tiempo, pídele la gracia de estar contenta y tranquila en el lugar que te ha asignado en esta tierra, y recuerda que las condiciones de la vida humana son todas por su disposición: así que querer alterarlas es desear la destrucción del orden social, que después de todo es Obra de Dios.

                    Era razonable esperar que el nombre de una mujer privilegiada como María comprendiera en su significado el oficio al que estaba llamada y los elevados privilegios que de ese oficio resultaban.

                    Este Bendito Nombre fue pronunciado por Dios en el mismo acto de predestinar a esta maravillosa criatura. Es más, podemos creer que Él mismo lo sugirió, por inspiración interior, a los padres de esta Niña predilecta, al llegar el momento de Su nacimiento. Este nombre es el Nombre de María. Puede significar tres cosas: soberanía, amargura y resistencia; tres ideas que representan las principales prerrogativas de Nuestra Gloriosa Reina.

                    En primer lugar, María, al convertirse en Madre del Verbo Encarnado, se convirtió también en soberana y señora del universo. Además, destinada por Dios a cooperar con Jesucristo en la redención de la humanidad, tuvo que sufrir los mayores tormentos que una criatura pura jamás haya padecido. Finalmente, en virtud de Su Inmaculada Concepción, fue la primera persona en liberarse del yugo impío del maligno y, así, en su propia persona, en ofrecer a Dios las primicias de la Redención. El Nombre de María, por lo tanto, es sinónimo de su grandeza incomparable, Sus insondables dolores y Sus espléndidas victorias.

                    ¡Bendito y Santo Nombre! Eres para mi alma una fuente de alegría inagotable: más dulce que la miel al paladar; más agradable al oído que la melodía más exquisita.

                    El Santísimo Nombre de María, unido al de Jesús, posee un poder oculto que ahuyenta al Demonio y llena de consuelo y esperanza el alma de quien lo pronuncia con fe amorosa. Es cierto que Dios ha concedido un poder benéfico de santificación y vida a la devota pronunciación de estos dos Nombres por parte de los Fieles, y esto precisamente porque Jesús y María son los objetos más queridos de Su Amor.




                    Es, pues, deber de todo Buen Cristiano pronunciar frecuentemente estos dos Santos Nombres con Fe, esperanza y reverencia. Debemos invocarlos en nuestras necesidades y hacer todo lo posible para evitar su uso indigno por parte de los profanos. ¡Ay! ¿Por qué Nombres tan grandes, tan Santos y a la vez tan queridos para nuestros corazones, se convierten a menudo en blanco de burla y burla?

                    ¡Oh Dios mío, que Tu gran y temible Nombre sea siempre santificado en los de Jesús, mi Salvador, y María, Su Santísima Madre! ¡En Ellos encontramos nuestra vida y nuestra salvación!


Extraído de "La más bella flor del Paraíso" 
escrito por el Cardenal Alexis-Henri-Marie Lépicier, 
de la Orden de los Siervos de María



jueves, 12 de septiembre de 2024

EL DULCE Y SANTO NOMBRE DE MARÍA

  

"Oh María, llena de gracia, 
haced que vuestro Nombre 
sea la respiración de mi alma! 

No me cansaré jamás de acudir 
a Vos, repitiendo constantemente: 
¡María! ¡María! 

Qué inefable consuelo, qué dulcedumbre, 
qué ternura experimenta mi alma! 
Oh María!, amable María, 
cuando pronuncio vuestro Nombre, 
doy gracias a Dios por haberos 
dado para mi felicidad 
Nombre tan dulce y amable..."

San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia



              La primera celebración litúrgica del Nombre de María tuvo lugar en España, en 1513, en la ciudad de Cuenca (España), después de que el Papa León X, concediera a la Catedral de la ciudad dedicar una Capilla con ese título. 

               Debido a la promulgación del Misal de San Pío V en 1570, se hizo necesaria una nueva petición. Por esta razón, el Canónigo Juan del Pozo Palomino, pidió y obtuvo del Papa Sixto V, el 17 de Enero de 1587, poder seguir celebrando dicha Fiesta del Dulce Nombre de María en la Catedral, como Fiesta de la Octava de la Natividad de María y en 1588, logró que se le concediera a toda la Diócesis de Cuenca.

               Pero el fervor mariano de los españoles y en particular, del fraile trinitario Beato Simón de Rojas,  obtuvo de Roma el 31 de Mayo de 1622, el permiso para celebrar el Dulce Nombre de María en todas las casas y capillas de la Orden de los Trinitarios de Castilla, así como en la Diócesis de Toledo. 

               Meses más tarde, el 5 de Enero de 1623, su  Católica Majestad el Rey Felipe IV logró la extensión de la Fiesta a todas las provincias españolas, de tal modo que pudiesen rezar el Oficio del Dulce Nombre de María, todos los Sábados (menos en Cuaresma y Adviento).

               En 1671, el Papa Clemente X autorizó la celebración del Dulce Nombre de María en todos los dominios españoles

               En 1683, el Papa Inocencio XI formó una gran coalición cristiana con el Emperador Leopoldo I, el Rey Juan III Sobieki de Polonia y tropas húngaras para repeler a los mahometanos que amenazaban con invadir Europa. Los ejércitos cristianos conseguirán vencer a los turcos a las puertas de Viena en 1683 y reconquistar Budapest tres años más tarde, con lo que Hungría se verá libre de la presión turca. Como recuerdo por la victoria en Viena, el Papa Inocencio XI proclamó la Festividad del Dulce Nombre de María el 12 de Septiembre de ese mismo año, extendiendo su celebración a toda la Iglesia Universal.



               Muy dulce es para sus devotos, durante la vida, el Santísimo Nombre de María, por las gracias supremas que les obtiene... Pero más consolador les resultará en la hora de la muerte, por la suave y santa muerte que les otorgará. 

               El Padre Sergio Caputo, jesuita, exhortaba a todos los que asistieran a un moribundo, que pronunciasen con frecuencia el Nombre de María, dando como razón que este Nombre de vida y esperanza, sólo con pronunciarlo en la hora de la muerte, basta para dispersar a los enemigos y para confortar al enfermo en todas sus angustias. 

               De modo parecido, San Camilo de Lelis, recomendaba muy encarecidamente a sus religiosos que ayudasen a los moribundos con frecuencia a invocar los Nombres de Jesús y de María como él mismo siempre lo había practicado; y mucho mejor lo practicó consigo mismo en la hora de la muerte, como se refiere en su biografía; repetía con tanta dulzura los Nombres, tan amados por él, de Jesús y de María, que inflamaba en amor a todos los que le escuchaban. 

               Y finalmente, con los ojos fijos en aquellas adoradas imágenes, con los brazos en cruz, pronunciando por última vez los dulcísimos Nombres de Jesús y de María, expiró el Santo con una paz celestial. Y es que esta breve oración, la de invocar los Nombres de Jesús y de María, dice Tomás de Kempis, cuanto es fácil retenerla en la memoria, es agradable para meditar y fuerte para proteger al que la utiliza, contra todos los enemigos de su salvación.

               ¡Dichoso –decía San Buenaventura– el que ama Tu Dulce Nombre, oh Madre de Dios! Es tan glorioso y admirable Tu Nombre, que todos los que se acuerdan de invocarlo en la hora de la muerte, no temen los asaltos de todo el infierno.

               Quién tuviera la dicha de morir como murió Fray Fulgencio de Ascoli, capuchino, que expiró cantando: “Oh María, oh María, la criatura más hermosa; quiero ir al Cielo en Tu compañía”. O como murió el Beato Enrique, cisterciense, del que cuentan los anales de su Orden que murió pronunciando el Dulcísimo Nombre de María. 


San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia



martes, 12 de septiembre de 2023

EL SANTO NOMBRE DE MARÍA

 

En los peligros, en las angustias, en las dudas, 
invoca a María. Que no se te caiga de los labios, 
que no se te quite del corazón

San Bernardo



               De igual modo que después de Navidad se celebra la Fiesta del Santo Nombre de Jesús, tras celebrar el pasado día 8 la Natividad de Nuestra Señora, la Santa Iglesia Católica honra y venera ahora el Santísimo Nombre de María, que parece significar, según la etimología egipcia, "Amada de Dios", (1) tanto por su destino como Madre del Altísimo como por sus grandes y perfectas virtudes.

               San Bernardo fue uno de los más grandes propagadores de la Devoción al Dulce Nombre de María; para él no podía la Madre de Dios tener un nombre más propio, ni que significase mejor Su excelencia, Sus grandezas y Su alta dignidad, que el Nombre de María. 

               También otros Santos, como Santa Brígida, San Bernardino de Siena, San Antonio de Padua, alababan y bendecían las glorias del Nombre de María y se constituyeron en resueltos propagadores de esta hermosa Devoción.

               La primera celebración litúrgica del Nombre de María tuvo lugar en España, en 1513, en la ciudad de Cuenca, después de que el Papa León X, concediera a la Catedral de la ciudad dedicar una Capilla con ese título. Debido a la promulgación del Misal de San Pío V en 1570, se hizo necesaria una nueva petición. Por esta razón, el Canónigo Juan del Pozo Palomino, pidió y obtuvo del Papa Sixto V, el 17 de Enero de 1587, poder seguir celebrando dicha Fiesta del Dulce Nombre de María en la Catedral, como Fiesta de la Octava de la Natividad de María y en 1588, logró que se le concediera a toda la Diócesis de Cuenca.

               Pero el fervor mariano de los españoles y en particular, del religioso trinitario Beato Simón de Rojas (2) , obtuvo de Roma el 31 de Mayo de 1622, el permiso para celebrar el Dulce Nombre de María en todas las casas y capillas de la Orden de los Trinitarios de Castilla, así como en la Diócesis de Toledo. 

               Meses más tarde, el 5 de Enero de 1623, su  Católica Majestad el Rey Felipe IV logró la extensión de la Fiesta a todas las provincias españolas, de tal modo que pudiesen rezar el Oficio del Dulce Nombre de María, todos los Sábados (menos en Cuaresma y Adviento).

               En 1671, el Papa Clemente X autorizó la celebración del Dulce Nombre de María en todos los dominios españoles.

               Algunos años después, en 1683, el Papa Inocencio XI formó una gran coalición cristiana con el Emperador Leopoldo I, el Rey Juan III Sobieki de Polonia y tropas húngaras para repeler a los mahometanos que amenazaban con invadir Europa. Los ejércitos cristianos conseguirán vencer a los turcos a las puertas de Viena en 1683 y reconquistar Budapest tres años más tarde, con lo que Hungría se verá libre de la presión turca. Como recuerdo por la victoria en Viena, el Papa Inocencio XI proclamó la Festividad del Dulce Nombre de María el 12 de Septiembre de ese mismo año, extendiendo su celebración a toda la Iglesia Universal.


EL NOMBRE DE MARÍA
en las Revelaciones de Santa Brígida de Suecia

               "Cuando los Ángeles oyen este nombre, se regocijan en su conciencia y dan gracias a Dios por la grandísima gracia que obró en Mí y Conmigo, porque ellos ven la humanidad de Mi Hijo glorificada en Su Divinidad. Al oír Mi Nombre, los Ángeles buenos se acercan inmediatamente a las almas de los justos, a quienes han sido dados como guardianes, y se regocijan en sus progresos. Los demonios todos se espantan y temen Mi Nombre... al sonido del Nombre de María, sueltan inmediatamente a la presa que tengan en sus zarpas; dejan al alma, asustados, al oír Mi Nombre, pero vuelven de nuevo rápidos como una flecha a menos que vean que después se ha producido una enmienda. Y el demonio se mantiene lejos de él a menos que vuelva a consentir en pecar mortalmente". 


EL NOMBRE DE MARÍA
según San Antonio de Padua

               "Este Nombre es una torre inexpugnable. El pecador que se refugie junto a Ella será salvado. Nombre dulce, Nombre que reconforta al pecador, Nombre de beata esperanza. Señora, Tu Nombre es suspiro del alma. Tu Nombre es perfume de unción. El Nombre de María es alegría en el corazón, miel en la boca, melodía para los oídos". 



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su copia y difusión, sin fines comerciales

EL NOMBRE DE MARÍA
según San Bernardino de Siena

               "...cuando en la tarde suena el Ave María haced que desde entonces en adelante os arrodilléis, quitándoos la capucha por amor a Ella, rogándole, por último, que nos conceda aquello de que tenemos necesidad. Y digo que le hagáis esta reverencia tanto si estuvierais fuera de casa como si estuvierais en casa. Y lo digo tanto a vosotras mujeres como a los hombres; haced que este Nombre de María lo tengáis en reverencia y devoción... 

               Y para que sepas cómo Ella no es ingrata cuando tú la saludas, aunque no le ruegues, Ella se vuelve hacia ti, recibiendo tus palabras con el mismo afecto que las dices; y si tú le ruegas con reverencia y fe ¿qué crees que Ella hace? Astitit Regina a destris tuis. "Está la Reina, Madre de Dios, a tu derecha y ruega por ti."  


EL NOMBRE DE MARÍA
según San Alfonso María de Ligorio

               "Muy dulce es para sus devotos, durante la vida, el Santísimo Nombre de María, por las gracias supremas que les obtiene... Pero más consolador les resultará en la hora de la muerte, por la suave y santa muerte que les otorgará. 

               El Padre Sergio Caputo, jesuita, exhortaba a todos los que asistieran a un moribundo, que pronunciasen con frecuencia el Nombre de María, dando como razón que este Nombre de vida y esperanza, sólo con pronunciarlo en la hora de la muerte, basta para dispersar a los enemigos y para confortar al enfermo en todas sus angustias". 


NOTAS


               1) Según la etimología hebrea, María deriva de Míriam, formada por los vocablos hebreos mir, "luz", y yam, "mar", traducido entonces como "luz del mar", o como la citaron algunos Santos Padres, "estella maris", "estrella del mar".

               2) El Beato Simón de Rojas nació en Valladolid en 1552. Ingresa en la Orden Trinitaria cuando apenas tiene 14 años, en 1566, en el Convento de la Santísima Trinidad (Trinidad Calzada) de Valladolid. Sería ordenado Sacerdote en 1577;  en 1601 el Rey Felipe III lo escogió como consejero personal y en 1621 se convertiría en el Confesor de la Reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV. El 21 de noviembre de 1611 fundó la Real Congregación de Esclavos del Dulce Nombre de María. Murió el 29 de Septiembre de 1624. Fue beatificado por Clemente XIII, el 19 de Mayo de 1766.

               Tantas veces como invoquemos el Nombre de Jesús y de María podremos ganar una indulgencia de 300 días, según Decreto del Papa San Pío X, del 10 de Octubre de 1904.



sábado, 20 de mayo de 2023

SAN BERNARDINO DE SIENA

  

               La Santa Iglesia Católica y la Familia Franciscana en particular, hacen hoy memoria de San Bernardino de Siena, Apóstol de Nuestra Señora y gran difusor de la Devoción al Santo Nombre de Jesús; fue gracias a los esfuerzos de San Bernardino que se extendió en Italia la costumbre de añadir el Nombre de Jesús al Ave María, y de ahí, a la Iglesia Universal. 

               Su amor por la Madre de Dios le hizo tener como divisa y jaculatoria predilecta "Todo para María".




               A Ella se encomendaba en todo momento, pero de manera especial antes de predicar al pueblo fiel sobre las Virtudes de esta Reina y Señora, a quien confiaba su prédica con esta oración:

              "Dame, oh Gloriosa Virgen, el poder y sabiduría necesarias para anunciar las glorias de Tu Nombre a los Fieles y a Tus devotos. Yo no espero ser capaz de decir todo lo que debe ser dicho; Te ruego que solamente me hagas capaz de decir nada más que un poco en Tu Honor, para satisfacer mi devoción y para el consuelo de quienes oigan mis palabras y lean estas líneas..."

               San Bernardino llevaba por todas partes un estandarte con tres letras que formaban el Santo Nombre de Jesús: JHS (Jesús, Hombre, Salvador) e invitaba a sus oyentes a sentir un gran cariño por este Santísimo Nombre. Donde quiera que San Bernardino predicaba, quedaban como recuerdo de su misión, muchos estandartes en palacios y casas con sus tres letras: JHS.

               Nuestro Santo había nacido el día de la Natividad de la Santísima Virgen, el 8 de Septiembre de 1380, y ése mismo día recibió el Santo Bautismo. Sería también un 8 de Septiembre cuando vestiría por vez primera el hábito de los hijos de San Francisco y en ese mismo gran día de la Natividad de Nuestra Señora, recibió la Ordenación Sacerdotal, en 1404. Fue pues siempre para él muy grata y muy significativa esta santa fecha.

               Los primeros 12 años de Sacerdocio los pasó San Bernardino casi sin ser conocido de nadie. Vivía retirado, dedicado al estudio y la oración. Dios lo estaba preparando para su futura misión.

               Ni la voz ni las cualidades oratorias le ayudaban a San Bernardino para tener éxito en la predicación. Entonces se dedicó a pedir a Nuestro Señor y a la Santísima Virgen que lo capacitaran para dedicarse a evangelizar con éxito y de pronto Dios le envió a predicar. Y esto sucedió de un modo bien singular. Durante tres días seguidos, estando rezando todos los religiosos por la mañana, de pronto un joven novicio, sin poder contenerse, interrumpió la oración y le dijo: "Hermano Bernardino: no ocultes más las cualidades que Dios te ha dado. Vete a Milán a predicar". Iguales palabras le fueron dichas cada uno de los tres días. Todos consideraron que esto era una manifestación de la Voluntad de Dios y le aconsejaron que se fuera a la gran ciudad a predicar la Cuaresma. Y los éxitos fueron impresionantes. Las multitudes empezaron a asistir en inmensas cantidades a sus sermones. Al principio le costaba mucho hacerse oír a lo lejos pero le pidió con toda fe a la Virgen Santísima y Ella le concedió una voz potente y muy sonora (en vez de la voz débil y desagradable que antes tenía).

                Desde el año 1418 hasta su muerte, San Bernardino recorrió pueblos, ciudades y campos durante veintiséis años, predicando de una manera que antes la gente no había escuchado.

                Se levantaba a las 4 de la mañana y durante horas y horas preparaba sus sermones. Y el efecto de cada predicación era un entusiasmarse todos por Jesucristo y una gran conversión de pecadores. Muchísimos terminaban llorando de arrepentimiento al escuchar sus palabras. Cuando su voz potentísima gritaba en medio de la silenciosa multitud: "Temblad tierra entera, al ver que la criatura se ha atrevido a ofender a su Creador", a la gente le parecía que el piso se movía debajo de sus pies y empezaban a llorar con gran arrepentimiento. Casi siempre tenía que predicar en las plazas y campos porque en los templos no cabía la gente que deseaba escucharle.

               A todos y siempre les recomendaba que se arrepintieran de sus pecados y que hicieran penitencia por su vida mala pasada. Atacaba sin compasión los vicios y las malas costumbres e invitaba con gran vehemencia a tener un intenso amor a Jesucristo y la Virgen María.

               Por todas partes llevaba y repartía un estandarte con estas tres letras que formaban el Nombre de Jesús: JHS (Jesús, Hombre, Salvador) e invitaba a sus oyentes a sentir un gran cariño por el Santísimo Nombre de Jesús. Donde quiera que San Bernardino predicaba, quedaban muchos estandartes en palacios y casas con sus tres letras, JHS.

               En Polonia predicó contra los juegos de azar y las gentes quemaron todos los juegos de azar que tenían. Un fabricante de naipes se quejó con el santo diciéndole que lo había dejado en la ruina, y él aconsejó: "Ahora dedíquese a imprimir estampas de Jesús". Así lo hizo y consiguió más dinero que el que había logrado conseguir imprimiendo cartas de naipe.

               Los envidiosos lo acusaron ante el Papa diciendo que San Bernardino recomendaba supersticiones. El Papa le prohibió predicar, pero luego lo invitó a Roma y lo examinó delante de los Cardenales y quedó tan conmovido el Sumo Pontífice al oírle sus predicaciones, que le dio orden para que pudiera predicar por todas partes.

               El Papa quiso nombrarlo Arzobispo, pero el Santo no se atrevió a aceptar. Entonces lo nombraron Superior de los Franciscanos, porque era el que más vocaciones había conseguido para esa Comunidad: cuando San Bernardino entró en la comunidad de franciscanos observantes, solamente había en Italia trescientos de estos religiosos. Cuando él murió ya había más de cuatro mil.

               Los grandes sacrificios que tenía que hacer para predicar tantas veces y en tan distintos sitios sumado a los muchos ayunos y penitencias que hacía, lo fueron debilitando notoriamente. En su rostro se notaba que era un verdadero penitente, pero esta misma apariencia de austero y mortificado, le atraía más la admiración de las gentes. El único lujo que aceptó en sus últimos años, fue el de un borriquillo, para no tener que hacer a pie todos sus largos viajes.

                Su deseo de progresar en el arte de la elocuencia y del buen predicar era tal, que donde quiera que sabía que había un buen predicador, se iba a escucharlo y aún ya lleno de años, se sentaba como simple discípulo para escuchar las clases de los maestros afamados que enseñaban cómo hablar bien en público.



               En su ciudad natal, Siena, había muchas divisiones y peleas. Se fue allá y predicó 45 sermones que devolvieron la paz a toda esa región. Uno de los oyentes logró copiar esos sermones y se conservan como una verdadera joya de la elocuencia sagrada, donde se combinan la teología con los consejos prácticos y la agradabilidad con la profundidad. 

               Mientras viajaba por los pueblos predicando, con muy poca salud pero con un inmenso entusiasmo, se sintió muy débil y al llegar al convento de los Franciscanos en Aquila, murió santamente el 20 de Mayo de 1444, cuando contaba 64 años. Su cuerpo, expuesto durante tres días, obró varios milagros documentados para el proceso de Canonización.

               Ante la petición de todo el pueblo el Papa Nicolás V, lo canonizó en 1450, tan sólo a seis años de haber muerto. San Bernardino de Siena es, indudablemente, uno de los más grandes Santos del siglo XV, uno de los mejores modelos de la predicación popular cristiana, uno de los más preciosos ejemplos de aquel puro y encendido amor de Cristo, tan característico de su padre San Francisco de Asís y del Espíritu Franciscano de todos los tiempos.



Que a ejemplo de San Bernardino
nunca nos cansemos de invocar los
Sagrados Nombres de Jesús y de María


               Tantas veces como invoquemos el Nombre de Jesús y de María podremos ganar una indulgencia de 300 días, según Decreto del Papa San Pío X, del 10 de Octubre de 1904. Es también necesario, para ganar la Indulgencia "in articulo mortis", en el momento de la muerte, pronunciar, aunque sea mentalmente, el Santísimo Nombre de Jesús.



lunes, 12 de septiembre de 2022

EL DULCE Y SANTO NOMBRE DE MARÍA

   


               Así como después de Navidad se celebra la Fiesta del Santo Nombre de Jesús, tras celebrar la Natividad de Nuestra Señora, es muy conveniente que honremos ahora el Santísimo Nombre de María, que parece significar "la Amada de Dios", tanto por su destino como Madre del Altísimo como por sus grandes y perfectas virtudes.

               San Bernardo fue uno de los más grandes propagadores de la Devoción al Dulce Nombre de María; para él no podía la Madre de Dios tener un nombre más propio, ni que significase mejor Su excelencia, Sus grandezas y Su alta dignidad, que el Nombre de María. 

               También otros Santos como Santa Brígida, San Bernardino de Siena, San Antonio de Padua, alababan y bendecían las glorias del Nombre de María y se constituyeron en resueltos propagadores de esta hermosa Devoción.

               La primera celebración litúrgica del Nombre de María tuvo lugar en España, en 1513, en la ciudad de Cuenca, después de que el Papa León X, concediera a la Catedral de la ciudad dedicar una Capilla con ese título. Debido a la promulgación del Misal de San Pío V en 1570, se hizo necesaria una nueva petición. Por esta razón, el Canónigo Juan del Pozo Palomino, pidió y obtuvo del Papa Sixto V, el 17 de Enero de 1587, poder seguir celebrando dicha Fiesta del Dulce Nombre de María en la Catedral, como Fiesta de la Octava de la Natividad de María y en 1588, logró que se le concediera a toda la Diócesis de Cuenca. El Papa Inocencio XI decretó el 25 de Noviembre del año 1683, que toda la Iglesia Católica celebrara solemnemente la fiesta del Nombre de María Nuestra Señora.



               Si de veras quieres ser devoto de la Virgen sólo invócala a diario con la misma oración con la que la saludó el Arcángel San Gabriel: el Avemaría. La llamamos así porque en su fórmula en latín comienza así Ave María gratia plena, Dóminus tecum...

              En esta sencilla súplica acude con el corazón a Nuestra Señora, es especial en los momentos de dolor y haz hincapié cuando pronuncies el "ahora..." porque Ella es presente en tu vida, en ese "ahora" que tienes tal problema de dinero, en ese "ahora" que te falta la salud... La Virgen es Nuestra Madre, pero también es Reina y Señora, por eso cuando reces, cuando a Ella te dirijas, hazlo con amor y confianza, pero también con el respeto que merece el pronunciar Su Dulce Nombre y encomendarnos a Su intercesión poderosa.

               El Avemaría lo puedes saborear mejor si lo rezas con el Ángelus, la salutación que nuestros padres y abuelos dedicaban a la Virgen tres veces al día y que te recomiendo hacer, por lo sencilla que es y por las muchas gracias e indulgencias que puedes obtener.

               "...cuando en la tarde suena el Ave María haced que desde entonces en adelante os arrodilléis, quitándoos la capucha por amor a Ella, rogándole, por último, que nos conceda aquello de que tenemos necesidad. Y digo que le hagáis esta reverencia tanto si estuvierais fuera de casa como si estuvierais en casa. Y lo digo tanto a vosotras mujeres como a los hombres; haced que este nombre de María lo tengáis en reverencia y devoción... 

               Y para que sepas cómo Ella no es ingrata cuando tú la saludas, aunque no le ruegues, Ella se vuelve hacia ti, recibiendo tus palabras con el mismo afecto que las dices; y si tú le ruegas con reverencia y fe ¿qué crees que Ella hace? Astitit Regina a destris tuis. "Está la Reina Madre de Dios a tu derecha y ruega por ti."


San Bernardino de Siena



sábado, 12 de septiembre de 2020

EL DULCE NOMBRE DE MARÍA.. "que Tu Amor me recuerde que debo llamarte a cada instante..."





               ¡Madre de Dios y Madre mía María! Yo no soy digno de pronunciar Tu Nombre; pero Tú que deseas y quieres mi salvación, me has de otorgar, aunque mi lengua no es pura, que pueda llamar en mi socorro Tu Santo y Poderoso Nombre, que es ayuda en la vida y salvación al morir.

               ¡Dulce Madre, María! haz que Tu Nombre, de hoy en adelante, sea la respiración de mi vida. No tardes, Señora, en auxiliarme cada vez que te llame. Pues en cada tentación que me combata, y en cualquier necesidad que experimente, quiero llamarte sin cesar; ¡María!

               Así espero hacerlo en la vida, y así, sobre todo, en la última hora, para alabar, siempre en el Cielo Tu Nombre amado: “¡Oh Clementísima, oh Piadosa, oh Dulce Virgen María!”. ¡Qué aliento, dulzura y confianza, qué ternura siento con sólo nombrarte y pensar en Ti!

               Doy gracias a nuestro Señor y Dios, que nos ha dado para nuestro bien, este Nombre tan Dulce, tan Amable y Poderoso. Señora, no me contento con sólo pronunciar Tu Nombre; quiero que Tu Amor me recuerde que debo llamarte a cada instante; y que pueda exclamar con San Anselmo:“¡Oh Nombre de la Madre de Dios, Tú eres el Amor mío!”

               Amada María y amado Jesús mío, que vivan siempre en mi corazón y en el de todos, vuestros Nombres salvadores. Que se olvide mi mente de cualquier otro nombre, para acordarme sólo y siempre, de invocar vuestros Nombres adorados.

              Jesús, Redentor mío, y Madre mía María, cuando llegue la hora de dejar esta vida, concededme entonces la gracia de deciros:

               “Os amo, Jesús y María; Jesús y María, os doy el corazón y el alma mía”.


San Alfonso María Ligorio






                      Si de veras quieres ser devoto de la Virgen sólo invócala a diario con la misma oración con la que la saludó el Arcángel San Gabriel: el Avemaría. La llamamos así porque en su fórmula en latín comienza así Ave María gratia plena, Dóminus tecum...

              En esta sencilla súplica acude con el corazón a Nuestra Señora, es especial en los momentos de dolor y haz hincapié cuando pronuncies el "ahora..." porque Ella es presente en tu vida, en ese "ahora" que tienes tal problema de dinero, en ese "ahora" que te falta la salud... La Virgen es Nuestra Madre, pero también es Reina y Señora, por eso cuando reces, cuando a Ella te dirijas, hazlo con amor y confianza, pero también con el respeto que merece el pronunciar Su Dulce Nombre y encomendarnos a Su intercesión poderosa.

               El Avemaría lo puedes saborear mejor si lo rezas con el Ángelus, la salutación que nuestros padres y abuelos dedicaban a la Virgen tres veces al día y que te recomiendo hacer, por lo sencilla que es y por las muchas gracias e indulgencias que puedes obtener.

               "...cuando en la tarde suena el Ave María haced que desde entonces en adelante os arrodilléis, quitándoos la capucha por amor a Ella, rogándole, por último, que nos conceda aquello de que tenemos necesidad. Y digo que le hagáis esta reverencia tanto si estuvierais fuera de casa como si estuvierais en casa. Y lo digo tanto a vosotras mujeres como a los hombres; haced que este nombre de María lo tengáis en reverencia y devoción... 

               Y para que sepas cómo Ella no es ingrata cuando tú la saludas, aunque no le ruegues, Ella se vuelve hacia ti, recibiendo tus palabras con el mismo afecto que las dices; y si tú le ruegas con reverencia y fe ¿qué crees que Ella hace? Astitit Regina a destris tuis. Está la Reina Madre de Dios a tu derecha y ruega por ti."


San Bernardino de Siena, devoto y Apóstol del Dulce Nombre de María



jueves, 12 de septiembre de 2019

EL DULCE NOMBRE DE MARÍA, salvación de todos los que la invocan


               Así como después de Navidad se celebra la Fiesta del Santo Nombre de Jesús, tras celebrar la Natividad de Nuestra Señora, es muy conveniente que honremos ahora el Santísimo Nombre de María, que parece significar "la Amada de Dios", tanto por su destino como Madre del Altísimo como por sus grandes y perfectas virtudes.

               San Bernardo fue uno de los más grandes propagadores de la Devoción al Dulce Nombre de María; para él no podía la Madre de Dios tener un nombre más propio, ni que significase mejor Su excelencia, Sus grandezas y Su alta dignidad, que el Nombre de María. 

               También otros Santos como Santa Brígida, San Bernardino de Siena, San Antonio de Padua, alababan y bendecían las glorias del Nombre de María y se constituyeron en resueltos propagadores de esta hermosa Devoción.

               La primera celebración litúrgica del Nombre de María tuvo lugar en España, en 1513, en la ciudad de Cuenca, después de que el Papa León X, concediera a la Catedral de la ciudad dedicar una Capilla con ese título. Debido a la promulgación del Misal de San Pío V en 1570, se hizo necesaria una nueva petición. Por esta razón, el Canónigo Juan del Pozo Palomino, pidió y obtuvo del Papa Sixto V, el 17 de Enero de 1587, poder seguir celebrando dicha Fiesta del Dulce Nombre de María en la Catedral, como Fiesta de la Octava de la Natividad de María y en 1588, logró que se le concediera a toda la Diócesis de Cuenca.






               Pero el fervor mariano de los españoles y en particular, del religioso trinitario Beato Simón de Rojas,  obtuvo de Roma el 31 de Mayo de 1622, el permiso para celebrar el Dulce Nombre de María en todas las casas y capillas de la Orden de los Trinitarios de Castilla, así como en la Diócesis de Toledo

               Meses más tarde, el 5 de Enero de 1623, su  Católica Majestad el Rey Felipe IV logró la extensión de la Fiesta a todas las provincias españolas, de tal modo que pudiesen rezar el Oficio del Dulce Nombre de María, todos los Sábados (menos en Cuaresma y Adviento).

               En 1671, el Papa Clemente X autorizó la celebración del Dulce Nombre de María en todos los dominios españoles

               En 1683, el Papa Inocencio XI formó una gran coalición cristiana con el Emperador Leopoldo I, el Rey Juan III Sobieki de Polonia y tropas húngaras para repeler a los mahometanos que amenazaban con invadir Europa. Los ejércitos cristianos conseguirán vencer a los turcos a las puertas de Viena en 1683 y reconquistar Budapest tres años más tarde, con lo que Hungría se verá libre de la presión turca. Como recuerdo por la victoria en Viena, el Papa Inocencio XI proclamó la Festividad del Dulce Nombre de María el 12 de Septiembre de ese mismo año, extendiendo su celebración a toda la Iglesia Universal.

              



                       El Augusto Nombre de María, dado a la Madre de Dios, no fue cosa terrenal, ni inventado por la mente humana o elegido por decisión humana, como sucede con todos los demás nombres que se imponen. 

              Este Nombre fue elegido por el Cielo y se le impuso por divina disposición, como lo atestiguan San Jerónimo, San Epifanio, San Antonino y otros. “Del Tesoro de la Divinidad –dice Ricardo de San Lorenzo– salió el Nombre de María”. 

              De él salió Tu excelso Nombre; porque las Tres Divinas Personas, prosigue diciendo, te dieron ese Nombre, superior a cualquier nombre, fuera del Nombre de Tu Hijo, y lo enriquecieron con tan grande poder y majestad, que al ser pronunciado Tu Nombre, quieren que, por reverenciarlo, todos doblen la rodilla, en el Cielo, en la tierra y en el infierno. 

               Pero entre otras prerrogativas que el Señor concedió al Nombre de María, veamos cuán dulce lo ha hecho para los siervos de esta Santísima Señora, tanto durante la vida como en la hora de la muerte.

               En suma, llega a decir San Efrén, que el Nombre de María es la llave que abre la Puerta del Cielo a quien lo invoca con devoción. Por eso tiene razón San Buenaventura al llamar a María “salvación de todos los que la invocan”, como si fuera lo mismo invocar el Nombre de María que obtener la Salvación eterna.

               También dice Ricardo de San Lorenzo que invocar este Santo y Dulce nombre lleva a conseguir gracias sobreabundantes en esta vida y una gloria sublime en la otra. Por tanto, concluye Tomás de Kempis: “Si buscáis, hermanos míos, ser consolados en todos vuestros trabajos, recurrid a María, invocad a María, obsequiad a María, encomendaos a María. Disfrutad con María, llorad con María, caminad con María, y con María buscad a Jesús. Finalmente desead vivir y morir con Jesús y María. Haciéndolo así siempre iréis adelante en los caminos del Señor, ya que María, gustosa rezará por vosotros, y el Hijo ciertamente atenderá a la Madre”.


San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia