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domingo, 31 de mayo de 2026

LA SANTÍSIMA TRINIDAD, EL MISTERIO PRINCIPAL DE NUESTRA FE

    

                  El Misterio de la Santísima Trinidad penetra toda la Liturgia Católica. Celebramos ante todo los sucesos de la Vida del Verbo hecho carne, pero una de nuestras grandes fiestas está consagrada a rendir nuestros homenajes al Espíritu Santo, y constantemente enviamos nuestras oraciones al Padre por medio del Hijo.

                  No obstante, la Santa Madre Iglesia ha querido reunir en una sola Fiesta los Nombres de las tres Divinas Personas. Desde los primeros siglos, celebraron los cristianos este día, si bien fue el Papa Juan XXII quien extendió su celebración a toda la Universal Iglesia en 1334.

                   Las tres Divinas Personas han contribuido a la Obra de nuestra Redención: el Padre envió a Su Hijo a la Tierra; "Tanto amó Dios al mundo que le dio a Su Hijo Unigénito". El Hijo, se hizo hombre y murió por nosotros, para salvarnos y hacernos hijos de Dios. Desde que Él se apartó de nosotros, quedó a nuestro lado el Espíritu Santo, para ser nuestro Guía , nuestro Maestro, nuestra fuerza y nuestro aliento.



                    En el Evangelio de hoy escuchamos a Jesús Resucitado decir a Sus Apóstoles sobre una montaña de Galilea: “Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo” (Evangelio de San Mateo, cap. 28, vers. 19). Es la única vez que aparece en todos los Evangelios en labios de Nuestro Señor las Tres Divinas Personas nombradas con orden y explícitamente. Jesucristo manda a Sus Apóstoles enseñar a los hombres con un Misterio incompresible. Porque en sí es incomprensible, pero hace comprensible todas las cosas, todo el Universo. Porque es el centro y el punto de partida y el punto final de todo lo que existe. Es como el sol que no se puede mirar y que ilumina todo. 

                   La Civilización Cristiana debe su existencia a este Misterio, es este Misterio el que destruyó los antiguos ídolos de la humanidad. Es este Misterio de la Unidad y Trinidad en Dios. Y ahora de nuevo el mundo vuelve al paganismo, ¿por qué? Porque la Fe en la Trinidad se apaga. En el Nombre de Dios Uno y Trino se halla no sólo la verdadera Civilización, sino también nuestra santificación y salvación eterna. Dios es Uno solo, pero en Él hay Tres Personas verdaderamente distintas: 1) El Padre (la primera persona, que no procede de ninguna otra). 2) El Hijo (la segunda persona, engendrado por el Padre). 3) El Espíritu Santo (la tercera persona). 

                   Las Tres Divinas Personas son iguales, cada una es Dios, pero no hay tres dioses, porque tienen la misma esencia y naturaleza divina. No estamos diciendo que 3=1, o que 1=3, sino que Dios es Uno si miramos a Su Naturaleza, y es Trino, si miramos a las personas que tienen esta única naturaleza divina. ¿Pero cómo es posible que haya una única naturaleza divina idéntica en 3 Personas? Aquí nos topamos con el gran misterio (un ejemplo muy lejano que puede ayudar: el alma es una sola pero tiene tres potencias).

                   Este Misterio es demasiado grande para que podamos comprenderlo con nuestras pequeñas cabezas. Debemos creerlo y adorarlo humildemente. ¿Por qué? Pues porque Dios ‒que no puede engañarse ni engañarnos, según nos enseña el Catecismo‒ nos lo ha revelado, más concretamente lo ha revelado el Dios hecho hombre, Jesucristo, 2ª Persona de esa misma Santísima Trinidad.

                   ¿Pero para qué, podríamos preguntarnos, Dios nos reveló un misterio que no podemos comprender? El dogma de la Trinidad es la confidencia más sublime que Nuestro Señor nos haya hecho a nosotros, pobres creaturas; es además la fuente de donde proceden nuestros sentimientos de amor a Dios y al prójimo.

                   Es decir que nos fue revelado para que amásemos mejor a Dios. Dios Padre creó el universo para nosotros, para que admirando y disfrutando de la belleza y de la bondad creadas comprendiésemos mejor su amor y su gloria.

                   Dios Hijo tomó nuestra naturaleza con sus debilidades, padeció y murió por nosotros. Quiso habitar entre nosotros y hacerse nuestro Alimento en el Santísimo Sacramento del Altar.

                   Dios Espíritu Santo, que no es sino el Amor del Padre y del Hijo, habita en las almas y las santifica por la Gracia. Así comprendemos mejor el Amor de este Dios Uno, que se nos reveló también Trino, por nosotros.

                    Este Misterio también nos fue revelado para que amáramos mejor a nuestro prójimo. Nuestro Señor rezó en la Última Cena por sus discípulos: “para que todos sean uno, como Tu, Padre, en Mi y Yo en Ti somos uno” (Juan 17, 21). Debemos amar a nuestro prójimo a imitación del amor que se tienen las 3 divinas personas. La más hermosa oración que podemos dirigir a la Santísima Trinidad es la Santa Misa, así como la mejor obra que podemos hacer en honor de la Santísima Trinidad es la caridad para con nuestro prójimo. De ahí entonces la importancia de este misterio en nuestra vida:

                   - nacemos y somos bautizados en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; - vivimos y comenzamos todo acto de la vida espiritual, recibimos las absoluciones y las bendiciones en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; - morimos y volvemos a la Santísima Trinidad (al Padre que nos creó, al Hijo que nos redimió, al Espíritu Santo que nos santificó).

                   Estamos hechos, el hombre está hecho, nos lo dice el Génesis, a imagen y semejanza de Dios. Estamos hechos a imagen y semejanza de un Dios Trino; en nosotros hay una imagen y semejanza de la Santísima Trinidad. Hay en nosotros, como dice San Bernardo, una trinidad creada: la mente que comprende, el corazón que ama y la voluntad que gobierna las acciones. Con esta trinidad creada que hay en nosotros debemos alabar a la Trinidad increada, creyendo con la mente, amando con el corazón, y obrando con la voluntad. De esa manera imitamos este misterio de la mejor manera. Veamos un poco:

                   1) Creyendo con la mente. En las Letanías de la Virgen decimos: “Sancta Trinitas, unus Deus”. Las Tres Personas son distinguibles, pero son en todo iguales. Hay un único Dios: tres personas, pero una única Naturaleza Divina. Debemos creer este Misterio, como dijimos, porque Dios lo ha revelado, aunque no podamos comprenderlo (la Fe no contradice la razón, pero la supera). Es el Misterio principal de nuestra Fe, debemos creer en él si queremos salvarnos (¡Oh, Santa Trinidad!, decía San Francisco Javier enseñando a los paganos).

                   2) Debemos adorar, alabar a la Trinidad, amando con el corazón. Hemos visto como cada una de las Personas merece nuestro amor (el Padre como Creador; el Hijo como Redentor; el Espíritu Santo como Santificador), y este amor por la Santísima Trinidad tiene que brillar especialmente en la oración, especialmente por la señal de la Cruz y por el “Gloria Patri”. Enrique IV, luego de humillarse en Canosa, se rebeló contra el Papa otra vez y fue con su ejército a sitiar Roma. En el segundo asalto, luego de incendiar las murallas, en medio de las llamas y el llanto de las mujeres y los quejidos de los agonizantes, apareció en una torre el Papa Gregorio VII e hizo la señal de la Cruz contra las llamas, e inmediatamente se apagó el fuego, como si hubiera recibido una lluvia torrencial. Cuántas veces nos sintamos atacados por el demonio, por las angustias o los peligros, hagamos la señal de la Cruz, con lo cual alabaremos a la Santísima Trinidad y experimentaremos en seguida un gran alivio. Que el respeto humano no nos impida hacer la señal de la cruz delante de otros, por ejemplo, cuando pasamos frente a una iglesia o cuando rezamos viajando. También la oración del "Gloria Patri" agrada mucho a la Santísima Trinidad. Recémosla varias veces al día a modo de jaculatoria, y nos mantendremos en Presencia de Dios.

                   3) Debemos alabar a la Santísima Trinidad obrando con la voluntad. Debemos obrar valientemente para reproducir en nosotros a la Santísima Trinidad. Nuestro Señor dijo: “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto” (Mt. 5, 48) ¿Qué debemos hacer para ello? Debemos tener en cuenta que a la Santísima Trinidad se opone la trinidad infernal.

                   4) Por lo tanto, para ser perfectos y reproducir en nosotros a la Santísima Trinidad, debemos luchar ante todo contra la trinidad infernal. ¿Y cuál es esa trinidad infernal? Es, como dice San Juan, la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida (1 Jn. 2, 16). Allí tenemos a los tres enemigos contra los cuales tenemos que luchar todos los días.

                   Imitaremos a las Tres Personas de la Santísima Trinidad que se aman entre sí, amando al prójimo como a nosotros mismos, como hemos dicho antes, de manera que formemos un solo corazón y una sola alma, como debe ser entre cristianos, cuanto más hoy en día.

                   Concluyamos con un ejemplo, el del diácono Mártir Euplio de Catania: lo habían torturado durante mucho tiempo para que renegara de la Fe Católica. Tenía mucha sed y sentía grandes dolores. Entonces el juez le grita: “Adora a Marte y Apolo, y tendrás agua abundante para beber”. El Mártir contestó: ¡Yo adoro al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que me darán a beber dentro de poco el agua viva del goce eterno! Y doblando las rodillas, inclinó la cabeza, como si bebiera de un río invisible, y enseguida murió. También nosotros, al mundo, ídolos, placer, dinero, orgullo, contestemos como el Mártir: la Santísima Trinidad me dará la única y verdadera felicidad.

                   Que la Santísima Virgen (Hija del Padre, Madre del Hijo, y Esposa del Espíritu Santo) nos enseñe a honrar y agradar a la Santísima Trinidad.




domingo, 26 de mayo de 2024

DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

   

          El Misterio de la Santísima Trinidad penetra toda la Liturgia Católica. Celebramos ante todo los sucesos de la Vida del Verbo hecho carne, pero una de nuestras grandes fiestas está consagrada a rendir nuestros homenajes al Espíritu Santo, y constantemente enviamos nuestras oraciones al Padre por medio del Hijo.

          No obstante, la Santa Madre Iglesia ha querido reunir en una sola Fiesta los Nombres de las tres Divinas Personas. Desde los primeros siglos, celebraron los cristianos este día, si bien fue el Papa Juan XXII quien extendió su celebración a toda la Universal Iglesia en 1334.

           Las tres Divinas Personas han contribuido a la Obra de nuestra Redención: el Padre envió a Su Hijo a la Tierra; "Tanto amó Dios al mundo que le dio a Su Hijo Unigénito". El Hijo, se hizo hombre y murió por nosotros, para salvarnos y hacernos hijos de Dios. Desde que Él se apartó de nosotros, quedó a nuestro lado el Espíritu Santo, para ser nuestro Guía , nuestro Maestro, nuestra fuerza y nuestro aliento.




                En el Evangelio de hoy escuchamos a Jesús Resucitado decir a Sus Apóstoles sobre una montaña de Galilea: “Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo” (Evangelio de San Mateo, cap. 28, vers. 19). Es la única vez que aparece en todos los Evangelios en labios de Nuestro Señor las Tres Divinas Personas nombradas con orden y explícitamente. Jesucristo manda a Sus Apóstoles enseñar a los hombres con un Misterio incompresible. Porque en sí es incomprensible, pero hace comprensible todas las cosas, todo el Universo. Porque es el centro y el punto de partida y el punto final de todo lo que existe. Es como el sol que no se puede mirar y que ilumina todo. 

               La Civilización Cristiana debe su existencia a este Misterio, es este Misterio el que destruyó los antiguos ídolos de la humanidad. Es este Misterio de la Unidad y Trinidad en Dios. Y ahora de nuevo el mundo vuelve al paganismo, ¿por qué? Porque la Fe en la Trinidad se apaga. En el Nombre de Dios Uno y Trino se halla no sólo la verdadera Civilización, sino también nuestra santificación y salvación eterna. Dios es Uno solo, pero en Él hay Tres Personas verdaderamente distintas: 1) El Padre (la primera persona, que no procede de ninguna otra). 2) El Hijo (la segunda persona, engendrado por el Padre). 3) El Espíritu Santo (la tercera persona). 

               Las Tres Divinas Personas son iguales, cada una es Dios, pero no hay tres dioses, porque tienen la misma esencia y naturaleza divina. No estamos diciendo que 3=1, o que 1=3, sino que Dios es Uno si miramos a Su Naturaleza, y es Trino, si miramos a las personas que tienen esta única naturaleza divina. ¿Pero cómo es posible que haya una única naturaleza divina idéntica en 3 Personas? Aquí nos topamos con el gran misterio (un ejemplo muy lejano que puede ayudar: el alma es una sola pero tiene tres potencias).

               Este Misterio es demasiado grande para que podamos comprenderlo con nuestras pequeñas cabezas. Debemos creerlo y adorarlo humildemente. ¿Por qué? Pues porque Dios ‒que no puede engañarse ni engañarnos, según nos enseña el Catecismo‒ nos lo ha revelado, más concretamente lo ha revelado el Dios hecho hombre, Jesucristo, 2ª Persona de esa misma Santísima Trinidad.

               ¿Pero para qué, podríamos preguntarnos, Dios nos reveló un misterio que no podemos comprender? El dogma de la Trinidad es la confidencia más sublime que Nuestro Señor nos haya hecho a nosotros, pobres creaturas; es además la fuente de donde proceden nuestros sentimientos de amor a Dios y al prójimo.

               Es decir que nos fue revelado para que amásemos mejor a Dios. Dios Padre creó el universo para nosotros, para que admirando y disfrutando de la belleza y de la bondad creadas comprendiésemos mejor su amor y su gloria.

               Dios Hijo tomó nuestra naturaleza con sus debilidades, padeció y murió por nosotros. Quiso habitar entre nosotros y hacerse nuestro alimento.

               Dios Espíritu Santo, que no es sino el amor del Padre y del Hijo, habita en las almas y las santifica por la Gracia. Así comprendemos mejor el amor de este Dios Uno, que se nos reveló también Trino, por nosotros.

                Este Misterio también nos fue revelado para que amáramos mejor a nuestro prójimo. Nuestro Señor rezó en la Última Cena por sus discípulos: “para que todos sean uno, como Tu, Padre, en Mi y Yo en Ti somos uno” (Juan 17, 21). Debemos amar a nuestro prójimo a imitación del amor que se tienen las 3 divinas personas. La más hermosa oración que podemos dirigir a la Santísima Trinidad es la Santa Misa, así como la mejor obra que podemos hacer en honor de la Santísima Trinidad es la caridad para con nuestro prójimo. De ahí entonces la importancia de este misterio en nuestra vida:

               - nacemos y somos bautizados en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; - vivimos y comenzamos todo acto de la vida espiritual, recibimos las absoluciones y las bendiciones en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; - morimos y volvemos a la Santísima Trinidad (al Padre que nos creó, al Hijo que nos redimió, al Espíritu Santo que nos santificó).

               Estamos hechos, el hombre está hecho, nos lo dice el Génesis, a imagen y semejanza de Dios. Estamos hechos a imagen y semejanza de un Dios Trino; en nosotros hay una imagen y semejanza de la Santísima Trinidad. Hay en nosotros, como dice San Bernardo, una trinidad creada: la mente que comprende, el corazón que ama y la voluntad que gobierna las acciones. Con esta trinidad creada que hay en nosotros debemos alabar a la Trinidad increada, creyendo con la mente, amando con el corazón, y obrando con la voluntad. De esa manera imitamos este misterio de la mejor manera. Veamos un poco:

               1) Creyendo con la mente. En las Letanías de la Virgen decimos: “Sancta Trinitas, unus Deus”. Las 3 Personas son distinguibles, pero son en todo iguales. Hay un único Dios: 3 personas, pero una única naturaleza divina. Debemos creer este misterio, como dijimos, porque Dios lo ha revelado, aunque no podamos comprenderlo (la fe no contradice la razón, pero la supera). Es el misterio principal de nuestra Fe, debemos creer en él si queremos salvarnos (¡Oh, Santa Trinidad!, decía San Francisco Javier enseñando a los paganos).

               2) Debemos adorar, alabar a la Trinidad, amando con el corazón. Hemos visto como cada una de las Personas merece nuestro amor (el Padre como creador; el Hijo como Redentor; el Espíritu Santo como santificador), y este amor por la Santísima Trinidad tiene que brillar especialmente en la oración, especialmente por la señal de la Cruz y por el “Gloria Patri”. Enrique IV, luego de humillarse en Canosa, se rebeló contra el Papa otra vez y fue con su ejército a sitiar Roma. En el segundo asalto, luego de incendiar las murallas, en medio de las llamas y el llanto de las mujeres y los quejidos de los agonizantes, apareció en una torre el Papa Gregorio VII e hizo la señal de la Cruz contra las llamas, e inmediatamente se apagó el fuego, como si hubiera recibido una lluvia torrencial. Cuántas veces nos sintamos atacados por el demonio, por las angustias o los peligros, hagamos la señal de la Cruz, con lo cual alabaremos a la Santísima Trinidad y experimentaremos en seguida un gran alivio. Que el respeto humano no nos impida hacer la señal de la cruz delante de otros, por ej., cuando pasamos frente a una iglesia o cuando rezamos viajando (p. ej., el Rosario). También la oración del "Gloria Patri" agrada mucho a la Santísima Trinidad. Recémosla varias veces al día a modo de jaculatoria, y nos mantendremos en presencia de Dios.




               3) Debemos alabar a la Santísima Trinidad obrando con la voluntad. Debemos obrar valientemente para reproducir en nosotros a la Santísima Trinidad. Nuestro Señor dijo: “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto” (Mt. 5, 48) ¿Qué debemos hacer para ello? Debemos tener en cuenta que a la Santísima Trinidad se opone la trinidad infernal.

               4) Por lo tanto, para ser perfectos y reproducir en nosotros a la Santísima Trinidad, debemos luchar ante todo contra la trinidad infernal. ¿Y cuál es esa trinidad infernal? Es, como dice San Juan, la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida (1 Jn. 2, 16). Allí tenemos a los 3 enemigos contra los cuales tenemos que luchar todos los días.

               Imitaremos a las Tres Personas de la Santísima Trinidad que se aman entre sí, amando al prójimo como a nosotros mismos, como hemos dicho antes, de manera que formemos un solo corazón y una sola alma, como debe ser entre cristianos, cuanto más hoy en día.

               Concluyamos con un ejemplo, el del diácono Mártir Euplio de Catania: lo habían torturado durante mucho tiempo para que renegara de la Fe Católica. Tenía mucha sed y sentía grandes dolores. Entonces el juez le grita: “Adora a Marte y Apolo, y tendrás agua abundante para beber”. El Mártir contestó: ¡Yo adoro al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que me darán a beber dentro de poco el agua viva del goce eterno! Y doblando las rodillas, inclinó la cabeza, como si bebiera de un río invisible, y enseguida murió. También nosotros, al mundo, ídolos, placer, dinero, orgullo, contestemos como el Mártir: la Santísima Trinidad me dará la única y verdadera felicidad.

               Que la Santísima Virgen (Hija del Padre, Madre del Hijo, y Esposa del Espíritu Santo) nos enseñe a honrar y agradar a la Santísima Trinidad.



domingo, 4 de junio de 2023

DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

  

               El Misterio de la Santísima Trinidad penetra toda la Liturgia Católica. Celebramos ante todo los sucesos de la Vida del Verbo hecho carne, pero una de nuestras grandes fiestas está consagrada a rendir nuestros homenajes al Espíritu Santo, y constantemente enviamos nuestras oraciones al Padre por medio del Hijo.

               No obstante, la Santa Madre Iglesia ha querido reunir en una sola Fiesta los Nombres de las tres Divinas Personas. Desde los primeros siglos, celebraron los cristianos este día, si bien fue el Papa Juan XXII quien extendió su celebración a toda la Universal Iglesia en 1334.

                Las tres Divinas Personas han contribuido a la Obra de nuestra Redención: el Padre envió a Su Hijo a la Tierra; "Tanto amó Dios al mundo que le dio a Su Hijo Unigénito". El Hijo, se hizo hombre y murió por nosotros, para salvarnos y hacernos hijos de Dios. Desde que Él se apartó de nosotros, quedó a nuestro lado el Espíritu Santo, para ser nuestro Guía, nuestro Maestro, nuestra fuerza y nuestro aliento.



PINCELADAS DOCTRINALES REFERENTES
A LA SANTÍSIMA TRINIDAD

( extraídas del Catecismo de San Pío X )


EL PADRE -

             ¿Por qué se dice que Dios es Padre? - Se dice que Dios es Padre: 1º. Porque es Padre, por naturaleza, de la segunda persona de la Santísima Trinidad, que es el Hijo engendrado por El. 2º. Porque Dios es Padre de todos los hombres que el ha creado, conserva y gobierna. 3º. Porque finalmente, es Padre por gracia de todos los buenos cristianos, que por eso se llaman hijos de Dios adoptivos.

            ¿Por qué el Padre es la Primera Persona de la Santísima Trinidad? - El Padre es la primera Persona de la Santísima Trinidad porque no procede de otra persona, sino que es el principio de las otras dos Personas, que son el Hijo y el Espíritu Santo.

             ¿Fue creado el mundo por el Padre solamente? - El mundo fue creado igualmente por las tres divinas Personas, porque todo cuanto hace una Persona respecto a las criaturas, lo hacen con el mismo acto las otras dos.

             ¿Por qué, pues, la creación se atribuye particularmente al Padre? - La creación se atribuye particularmente al Padre porque es efecto de la divina Omnipotencia; la cual se atribuye especialmente al Padre, como la sabiduría al Hijo y la bondad al Espíritu Santo, aunque las tres divinas Personas tienen la misma omnipotencia, sabiduría y bondad.


-  EL HIJO  -

             El segundo artículo del Credo nos enseña que el Hijo de Dios es la segunda persona de la Santísima Trinidad: que es Dios Eterno, Omnipotente, Creador y Señor como el Padre, que se hizo hombre para salvarnos, y que el Hijo de Dios hecho hombre se llama Jesucristo.

             ¿Por qué la segunda Persona se llama HIJO? - La segunda Persona se llama Hijo porque es engendrada del Padre por vía de entendimiento desde toda la eternidad, y por esto se llama también Verbo eterno del Padre.

               Siendo también nosotros hijos de Dios ¿por qué Jesucristo se llama HIJO ÚNICO DE DIOS PADRE? - Jesucristo se llama Hijo Único de Dios Padre porque sólo El es el Hijo suyo por naturaleza, y nosotros somos hijos por creación y adopción.

               ¿Por qué Jesucristo se llama NUESTRO SEÑOR? - Jesucristo se llama Nuestro Señor porque además de habernos creado junto con el Padre y el Espíritu Santo, en cuanto es Dios, nos ha redimido también en cuanto Dios y hombre.

                  ¿Luego Jesucristo es Dios y hombre juntamente? - Sí, señor; el Hijo de Dios encarnado, esto es, Jesucristo, es Dios y hombre juntamente, perfecto Dios y perfecto hombre.

                  ¿Luego en Jesucristo hay dos naturalezas? - Sí, señor; en Jesucristo, que es Dios y hombre, hay dos naturalezas: la divina y la humana.

                  ¿Hay también en Jesucristo dos personas, la divina y la humana? - No, señor; en el Hijo de Dios hecho hombre no hay más que una Persona, y ésta es la divina.

                  ¿Cuántas voluntades hay en Jesucristo? - En Jesucristo hay dos voluntades: la una divina y la otra humana.

                  ¿Tenía Jesucristo libre albedrío? - Sí, señor; Jesucristo tenía libre albedrío, más no podía obrar el mal, porque el poder obrar el mal es defecto, no perfección de la libertad.


EL ESPÍRITU SANTO -

                  El octavo artículo del Credo nos enseña que hay Espíritu Santo, tercera Persona de la Santísima Trinidad, que es Dios eterno, infinito, omnipotente, Criador y Señor de todas las cosas, como el Padre y el Hijo.

                  ¿De quién procede el Espíritu Santo? - El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, por vía de voluntad y de amor, como de un solo principio.

                  Si el Hijo procede del Padre, y el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, parece que le Padre y el Hijo sean antes que el Espíritu Santo, ¿cómo, pues, se dice que todas tres Personas son eternas? - Se dice que todas tres Personas son eternas porque el Padre desde todas la eternidad engendra al Hijo, y del Padre y del Hijo procede desde toda la eternidad el Espíritu Santo.

             ¿Por qué la tercera Persona de la Santísima Trinidad se llama particularmente con el nombre de Espíritu Santo? - La tercera Persona de la Santísima Trinidad se llama particularmente con el nombre de Espíritu Santo porque procede del Padre y del Hijo por vía de aspiración y de amor.

             ¿Qué obra se atribuye especialmente al Espíritu Santo? - Al Espíritu Santo se atribuye especialmente la santificación de las almas.

             ¿No nos santifican el Padre y el Hijo lo mismo que el Espíritu Santo? - Sí, señor; todas tres personas nos santifican igualmente.

             Pues, ¿por qué la santificación de las almas se atribuye en particular al Espíritu Santo? - La santificación de las almas se atribuye en particular al Espíritu Santo porque es obra de amor, y las obras de amor se atribuyen al Espíritu Santo.



miércoles, 19 de abril de 2023

CORONA DE REPARACIÓN, según las oraciones enseñadas a los videntes de Fátima por el Ángel de Portugal

 

CORONA DE REPARACIÓN
según las oraciones enseñadas 
a los videntes de Fátima
por el Ángel de Portugal


No temáis, soy el Ángel de la Paz. 
Rezad conmigo... Rezad así. 
Los Corazones de Jesús y de María 
tienen sobre vosotros
designios de Misericordia. 
Ofreced constantemente al Altísimo 
oraciones y sacrificios...



               La piadosa práctica que a continuación te propongo resulta una manera bien fácil de pronunciar muchos actos de Fe, Esperanza y Caridad; el recitarlos una y otra vez nos ayuda a cumplir por cuantas veces debimos decirlos y por contra, los omitimos; el repetir estas oraciones también contribuye a suplir por aquellas almas que nos los recitan (1). 

               Recuerda que en Fátima, Nuestra Santa Madre advirtió que "muchas almas van al Infierno por no tener quien se sacrifique y rece por ellas...". Que nuestra apatía no nos impida recitar muchos actos de Fe, Esperanza y Caridad y así evitar la caída espiritual de tantas almas. 

               Para rezar esta corona usaremos un Rosario común, de cinco decenas; nos persignamos y continuación hacemos el Acto de Contrición.

               En las cuentas grandes, correspondientes al Padrenuestro, rezamos la oración enseñada por el Ángel de Portugal:

               Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios de la tierra, en reparación por las iniquidades, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los Méritos infinitos de Su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores.

             En las cuentas pequeñas, las del Avemaría, rezamos DIEZ VECES, la otra oración del Ángel de Portugal:

              Dios mío, yo creo, adoro, espero y Te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no Te aman

               Al final de cada decena, recitaremos TRES VECES la angelical jaculatoria dedicada a Jesús Sacramentado:

               Santísima Trinidad, yo Te adoro; Dios mío, yo Te amo en el Santísimo Sacramento.



Toca sobre la imagen para verla en su tamaño original;
se recomienda su copia y difusión, sin fines de lucro



     NOTA

             1) ¿Cuándo estamos obligados a hacer actos de Fe, Esperanza y Caridad? Estamos obligados a hacer actos de Fe, Esperanza y Caridad:

     1º. Desde que tenemos uso de razón.

     2º. Muchas veces en el transcurso de la vida.

     3º. En peligro de muerte.


Catecismo del Papa San Pío X 



domingo, 16 de junio de 2019

LA SANTÍSIMA TRINIDAD Y SOR LUCÍA DE FÁTIMA


               La Santa Iglesia celebra hoy con solemnidad a la Santísima Trinidad. Coincidiendo con esta importante Festividad Católica, releamos la descripción que Sor Lucía Dos Santos, niña vidente de Fátima, nos hace de la Aparición de la Santa Trinidad con la que fue agraciada en Tuy, España, cuando era religiosa dorotea:

          “Estando sola una noche (para una Hora Santa, el 13 de Junio 1929) me arrodillé delante del comulgatorio de la capilla para rezar el ángelus, estando postrada. Sintiéndome cansada, me levanté y me puse de rodillas y continué rezando con mis brazos en cruz. La única luz venía de la lámpara del sagrario. De repente una luz sobrenatural iluminó toda la capilla y sobre el altar apareció una Cruz de luz que se extendía hasta el techo. En la parte más brillante, la parte superior de la Cruz, se veía el cuerpo de un hombre desde su rostro hasta la cintura; sobre su pecho había una paloma que brillaba de la misma forma. Clavado en la cruz estaba el cuerpo de otro hombre. Debajo de la cintura, suspendido en el aire, se veía un Cáliz y una Hostia grande sobre la cual caían algunas gotas de sangre del rostro del crucificado y de la herida de su pecho. Esas gotas se escurrían sobre la Hostia y caían en el Cáliz. Debajo del brazo derecho de la Cruz estaba Nuestra Señora con Su Corazón Inmaculado en la mano”.




                    Esta es la visión hasta aquí, esta luminosa visión que iluminaba toda la capilla. Entonces ella dijo:

Bajo el brazo izquierdo (de la Cruz) habían grandes letras, como si fueran de agua cristalina cayendo sobre el altar, que formaban estas palabras: Gracia y Misericordia

          Esto salía del lado izquierdo de la cruz; caían esas letras cristalinas como si fueran aguas cristalinas, como aguas bautismales perfectamente limpias, las palabras: Gracia y Misericordia. Esta es la visión de Tuy. Y también vemos la humildad de la vidente. Sor Lucía dice: “Entendí que era el Misterio de la Santísima Trinidad que se me había mostrado, y recibí luces en relación a este Misterio que no me está permitido revelar”.

          De este modo fue la aparición y la apariencia.  Me gustaría simplemente hacer una observación aquí antes de discutir el mensaje. Cuán perfecto retrato de los fundamentos de la fe, de la fe católica. Cuán perfecto retrato de la Santísima Trinidad en el acto redentor del Santo Sacrificio de la Misa. Todo lo que Dios le ha pedido al hombre para creer, todo lo que Dios le ha pedido al hombre para hacer, está presente en esta aparición. Luego Sor Lucía habla del mensaje que se propagará por todo el mundo y creará un terremoto en todo el mundo. Sor Lucía dice: “Entonces Nuestro Señor me dijo:

Ha llegado el momento en que Dios le pide al Santo Padre, en unión con todos los obispos del mundo, llevar a cabo la consagración de Rusia a Mi Corazón Inmaculado, prometiendo salvarla por este medio”.

          El segundo pedido es este, parece diferente, parece como si le fuese extraño, pero el segundo pedido es perfectamente parte del primer pedido, van juntos.

          ¿Cuál es este segundo pedido? La Virgen dice:

Son tan numerosas las almas que la Justicia de Dios condena a causa de los pecados cometidos en mi contra que vengo para pedir reparación. Haz sacrificios tú misma por esta intención y reza”.