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lunes, 8 de diciembre de 2025

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE NUESTRA SEÑORA, BANDERA DE LA SANTA INTRANSIGENCIA


"Tú y Tu Madre sois los únicos 
que en todo aspecto 
sois perfectamente hermosos; 
pues en Ti, Señor, no hay mancilla, 
ni mácula en Tu Madre" 


(San Efrén, Doctor de la Iglesia)




                    En la vida de la Iglesia, la Piedad es el asunto clave. Piedad bien entendida, que no sea la repetición rutinaria y estéril de fórmulas y actos de culto, sino la Verdadera Piedad, que es un don bajado del Cielo, capaz de, por la correspondencia del hombre, regenerar y llevar a Dios las almas, las familias, los pueblos y las civilizaciones.

                    Ahora bien, en la Piedad Católica el asunto clave es, a su vez, la devoción a Nuestra Señora. Pues si es Ella el canal por medio del cual nos vienen todas las gracias, y es por Ella que nuestras oraciones llegan hasta Dios, el gran secreto del triunfo en la Vida Espiritual consiste en estar íntimamente unido a María.

                    El vocabulario humano no es suficiente para expresar la Santidad de Nuestra Señora. En el orden natural, los Santos, los Doctores de la Iglesia la comparan al Sol. Pero si hubiese algún astro inconcebiblemente más brillante y más glorioso que el Sol, es a ese astro que la compararían. Y acabarían por decir que ese astro daría de Ella una imagen pálida, defectuosa, insuficiente.

                    En el orden moral, afirman que Ella transcendió ampliamente todas las virtudes, no sólo de todos los varones y matronas insignes de la Antigüedad, sino -lo que es inmensamente más- de todos los Santos de la Iglesia Católica. Imagínese una criatura que tenga todo el amor de San Francisco de Asís, todo el celo de Santo Domingo de Guzmán, toda la piedad de San Benito, todo el recogimiento de Santa Teresa, toda la sabiduría de Santo Tomás, toda la intrepidez de San Ignacio, toda la pureza de San Luis Gonzaga, la paciencia de un San Lorenzo, el espíritu de mortificación de todos los anacoretas del desierto: no llegaría a los pies de Nuestra Señora. A esta criatura dilecta entre todas, superior a todo cuanto fue creado, e inferior solamente a la Humanidad Santísima de Nuestro Señor Jesucristo, Dios le confirió un privilegio incomparable, que es la Inmaculada Concepción.

               En virtud del pecado original, la inteligencia humana se volvió sujeta a errar, la voluntad quedó expuesta a desfallecimientos, la sensibilidad quedó presa de las pasiones desarregladas, el cuerpo por así decirlo fue puesto en estado de rebeldía contra el alma.

               ...por el privilegio de Su Concepción Inmaculada, Nuestra Señora fue preservada de la mancha del pecado original desde el primer instante de Su Ser. Y, así, en Ella todo era armonía profunda, perfecta, imperturbable. El intelecto jamás expuesto a error, dotado de un entendimiento, una claridad, una agilidad inexpresable, iluminado por las gracias más altas, tenía un conocimiento admirable de las cosas del Cielo y de la Tierra. 

               La voluntad, dócil en todo al intelecto, estaba enteramente vuelta hacia el bien y gobernaba plenamente la sensibilidad, que jamás sentía en Sí ni pedía a la voluntad algo que no fuese plenamente justo y conforme a la razón.

               Imagínese una voluntad naturalmente tan perfecta, una sensibilidad naturalmente tan irreprensible, ésta y aquélla enriquecidas y super-enriquecidas de gracias inefables, perfectamente correspondidas en todo momento, y se puede tener una idea de lo que era la Santísima Virgen. O, mejor dicho, se puede comprender por qué motivo ni siquiera se es capaz de formarse una idea de lo que la Virgen era. 

                Dotada de tantas luces naturales y sobrenaturales, Nuestra Señora conoció por cierto la infamia del mundo en Sus días. Y con ello sufrió amargamente. Pues cuanto mayor es el amor a la virtud, tanto mayor es el odio al mal.

                Ahora bien, María Santísima tenía en Sí abismos de amor a la virtud, y, por lo tanto, sentía forzosamente en Sí abismos de odio al mal. María era pues enemiga del mundo, al cual vivió ajena, segregada, sin ninguna mezcla ni alianza, vuelta únicamente hacia las cosas de Dios.

               El mundo, a su vez, parece no haber comprendido ni amado a María. Pues no consta que le hubiese tributado admiración proporcionada a Su hermosura castísima, a Su gracia nobilísima, a Su trato dulcísimo, a Su Caridad siempre compasiva, accesible, más abundante que las aguas del mar y más suave que la miel.

               ¿Y cómo no habría de ser así?. ¿Qué comprensión podría haber entre Aquella que era toda del Cielo y aquellos que vivían sólo para la tierra?. ¿Aquella que era toda Fe, pureza, humildad, nobleza, y aquellos que eran todos idolatría, escepticismo, herejía, concupiscencia, orgullo, vulgaridad?. ¿Aquella que era toda sabiduría, razón, equilibrio, sentido perfecto de todas las cosas, templanza absoluta y sin mancha ni sombra, y aquellos que eran todos exceso, extravagancia, desequilibrio, sentido equivocado, cacofónico, contradictorio, hiriente a respecto de todo, e intemperancia crónica, sistemática, vertiginosamente creciente en todo?. ¿Aquella que era la Fe llevada por una lógica diamantina e inflexible a todas sus consecuencias, y aquellos que eran el error llevado por una lógica infernalmente inexorable, también a sus últimas consecuencias?. ¿O aquellos que, renunciando a cualquier lógica, vivían voluntariamente en un pantano de contradicciones, en que todas las verdades se mezclaban y se corrompían en la monstruosa interpenetración con todos los errores que les son contrarios?.

               Inmaculada significa etimológicamente la ausencia de mácula, y pues de todo y cualquier error por menor que sea, de todo y cualquier pecado por más leve e insignificante que parezca. Es la integridad absoluta en la Fe y en la Virtud. Es por lo tanto la intransigencia absoluta, sistemática, irreductible, la aversión completa, profunda, diametral a toda especie de error o de mal. La santa intransigencia en la verdad y en el bien es la Ortodoxia, la pureza, al estar en oposición a la heterodoxia y al mal. Por amar a Dios sin medida, Nuestra Señora correspondientemente amó de todo corazón todo cuanto era de Dios. Y porque odió sin medida al mal, odió sin medida a Satanás, a sus pompas y sus obras, al Demonio, al mundo y a la carne.

               Por esto, Nuestra Señora rezaba sin cesar. Y según tan razonablemente se cree, Ella pedía el Advenimiento del Mesías y la gracia de ser una Sierva de aquella que fuese escogida para ser Madre de Dios.

               Pedía al Mesías, para que viniese Aquel que podría hacer brillar nuevamente la Justicia sobre la faz de la Tierra, para que se levantase el Sol Divino de todas las virtudes, golpeando por todo el mundo a las tinieblas de la impiedad y del vicio.

               Nuestra Señora deseaba, es cierto, que los Justos que vivían en la Tierra encontrasen en la Venida del Mesías la realización de sus deseos y de sus esperanzas, que los vacilantes se reanimasen, y que de todos los países, de todos los abismos, almas tocadas por la luz de la gracia levantasen vuelo a las más altas cumbres de la Santidad. Pues éstas son por excelencia las Victorias de Dios, que es la Verdad y el Bien, y las derrotas del Demonio, que es el jefe de todo error y de todo mal.

               La Virgen quería la Gloria de Dios por esa Justicia, que es la realización en la Tierra del Orden deseado por el Creador. Pero, pidiendo la Venida del Mesías, Ella no ignoraba que Él sería la piedra de escándalo, por la que muchos se salvarían y muchos recibirían también el castigo de su pecado. Este castigo del pecador empedernido, este aniquilamiento del impío obcecado y endurecido, Nuestra Señora también lo deseó de todo corazón, y fue una de las consecuencias de la Redención y de la fundación de la Iglesia, que Ella deseó y pidió como nadie. “Ut inimicus Sanctae Ecclesiae humiliare digneris; te rogamus, audi nos” [Para que os dignéis humillar a los enemigos de la Santa Iglesia; te rogamos, óyenos], canta la Liturgia. Y antes que la Liturgia, por cierto el Corazón Inmaculado de María ya elevó a Dios súplica análoga, por la derrota de los impíos irreductibles. Admirable ejemplo de verdadero Amor, de verdadero odio. 

               Dios quiere las obras. Él fundó la Iglesia para el Apostolado. Pero por encima de todo quiere la oración. Pues la oración es la condición de fecundidad de todas las obras. Y quiere como fruto de la oración, la virtud.

               Reina de todos los Apóstoles, Nuestra Señora es sin embargo principalmente modelo de las almas que rezan y se santifican, la estrella polar de toda meditación y vida interior. Pues, dotada de una virtud inmaculada, Ella hizo siempre lo que era más razonable, y si nunca sintió en Sí las agitaciones y los desórdenes de las almas que sólo aman la acción y la agitación, nunca experimentó en Sí, tampoco, las apatías y las negligencias de las almas flojas que hacen de la vida interior un cortaviento a fin de disfrazar su indiferencia por la causa de la Iglesia. Su alejamiento del mundo no significó un desinterés por el mundo. ¿Quién hizo más por los impíos y por los pecadores que Aquella que, para salvarlos, voluntariamente consintió en la inmolación crudelísima de Su Hijo infinitamente inocente y Santo?. ¿Quién hizo más por los hombres que Aquella que consiguió que se realizase en Sus días la promesa del Salvador?.



               Pero, confiando sobre todo en la oración y en la vida interior, ¿no nos dio la Reina de los Apóstoles una gran lección de Apostolado, haciendo de una y otra Su principal instrumento de acción?. 

                Tanto valen a los ojos de Dios las almas que, como Nuestra Señora, poseen el secreto del verdadero Amor y del verdadero odio, de la intransigencia perfecta, del celo incesante, del espíritu de renuncia completo, que propiamente son ellas las que pueden atraer al mundo las gracias divinas.

               Estamos en una época parecida con la de la Venida de Jesucristo a la Tierra. En 1928 escribió el Santo Padre Pío XI que el espectáculo de las desgracias contemporáneas "es tan triste que por estos acontecimientos parecen manifestarse los principios de aquellos dolores que habían de preceder al hombre de pecado que se levanta contra todo lo que se llama Dios o que se adora" (Encíclica Miserentissimus Redemptor, del 8 de Mayo de 1928).

               Y a nosotros, ¿qué nos compete hacer?. Luchar en todos los terrenos permitidos, con todas las armas lícitas. Pero antes que nada, por encima de todo, confiar en la vida interior y en la oración. Es el gran ejemplo de Nuestra Señora.

                El ejemplo de Nuestra Señora, sólo se puede imitar con el Auxilio de Ella. Y el Auxilio de Nuestra Señora, sólo se puede conseguir con la devoción a Ella. Pues bien, ¿qué mejor forma de devoción a María Santísima puede haber que pedirle, no sólo el Amor de Dios y el odio al Demonio, sino aquella santa entereza en el amor al bien y en el odio al mal, en una palabra, aquella santa intransigencia que tanto resplandece en Su Inmaculada Concepción?.


ORACIÓN PARA PEDIR LA VIRTUD DE LA PUREZA


                    Oh Santísima Madre de Dios y mi Madre, Fortaleza de los débiles y Refugio de los pecadores, llegará el momento en que tendré que pasar por las circunstancias por donde el Demonio más me tienta.

                    Tengo horror a la impureza, porque sé cuánto es opuesta a vuestro Espíritu y contraria a la esclavitud a Vos, en la cual deseo ser perfecto.

                    Ayudadme -os lo pido- por intercesión de San Luis Gonzaga, modelo admirable de pureza, a no ofenderte en esta ocasión, para que yo pueda desde ahora ofrecerte mi resistencia a la tentación: resistencia que deseo oponer al enemigo infernal, ahora y para siempre.

                    Yo os imploro que todos los días de mi vida, transcurran en la práctica eximia de la virtud angélica de la pureza. Así sea.


Extraído del artículo "La santa intransigencia, 
un aspecto de la Inmaculada Concepción"por el 
Doctor Plinio Corrêa de Oliveira

Revista “Catolicismo”, Septiembre de 1954

miércoles, 28 de septiembre de 2022

LA FE PURA E INMACULADA: LA IGLESIA BRILLA SIN MANCHA

  


               Durante el transcurso de los siglos, la Esposa Mística de Cristo nunca ha sido machada ni podrá ser contaminada en el futuro, como lo demuestra Cipriano: "La Esposa de Cristo no puede ser infiel a su Esposo: es hermosa y modesta. Ella guarda la santidad de la cámara nupcial con castidad y modestia".

Papa Pío XI, Encíclica Mortalium Animos , n. 10


               Y, ciertamente, esta piadosa Madre Iglesia brilla sin mancha alguna en los Sacramentos, con los que engendra y alimenta a sus hijos; en la Fe, que en todo tiempo conserva incontaminada; en las Santísimas Leyes, con que a todos manda, y en los Consejos Evangélicos, con que amonesta; y, finalmente, en los celestiales Dones y Carismas con los que, inagotable en su fecundidad, da a luz incontables ejércitos de Mártires, Vírgenes y Confesores...

Papa Pío XII, Encíclica Mystici Corporis, n. 66


               Antiguamente la táctica de Lucifer era desunir a los Católicos, envidiando que fueran una sola alma para servir a Dios, y tuvieran ellos un solo corazón para amarle; pero hoy ha mudado de táctica, y trata de unir a los que deben estar separados, porque conoce perfectamente que cada paso que avance el Liberalismo en el campo Católico, es nueva conquista para él...Cuanto más lejos nos coloquemos del error, menos peligros tendremos de caer en él...

               El gran peligro que amenaza hoy a los Católicos y a una amplia parte de la Jerarquía, es el deseo de conciliar cosas que son inconciliables (…)

Mons. Ezequiel Moreno Díaz (1848-1906), Obispo de Pasto, Colombia




               "...estoy profundamente dolido: pido perdón por la manera en la que, lamentablemente, muchos cristianos adoptaron la mentalidad colonialista de las potencias que oprimieron a los pueblos indígenas... muchos miembros de la Iglesia y de las comunidades religiosas cooperaron, también por medio de la indiferencia, en esos proyectos de destrucción cultural y asimilación forzada de los gobiernos de la época, que finalizaron en el sistema de las escuelas residenciales..." 

"Papa" Francisco en su visita a Canadá, 25 de Julio de 2022



domingo, 8 de septiembre de 2019

LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, la criatura más amada por Dios


"El día de la Natividad de la Madre de Dios 
es Festividad de alegría universal, 
pues a través de Ella 
se renovó todo el género humano, 
y la aflicción de la madre Eva 
se convirtió en alegría"

San Juan Damasceno





ORÍGEN DE LA NATIVIDAD
 DE MARÍA NUESTRA SEÑORA
de las primeras Festividades de la Iglesia Católica


               La Fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María se comenzó a celebrar oficialmente con el Papa San Sergio (finales del siglo VII) al establecer que se celebraran en Roma cuatro Fiestas en Honor de Nuestra Señora: la Anunciación, la Asunción, la Natividad y la Purificación.

          Se desconoce el lugar donde nació la Virgen María. Algunos dicen que nació en Nazaret, pero otros opinan que nació en Jerusalén, en el barrio vecino a la piscina de Bethesda. Ahí, ahora, hay una cripta, en la Iglesia de Santa Ana que se venera como el lugar en el que nació la Madre de Dios.


          Si el nacimiento de la madre en una familia, señala una fecha de fiesta y regocijo, día de júbilo es también el presente para toda la Familia Católica, que tiene por Madre a la que es también Madre de Dios, la Santísima Virgen María.

          Y es que el nacimiento de la Purísima Virgen María tiene para el mundo entero una alta significación y trascendencia; al nacer Ella, despunta la aurora de la liberación del linaje humano, perdido por Eva, pero que será restaurado con ventaja por esta segunda Eva, que es verdadera Madre de los Vivientes, nacida libre del pecado original de nuestros primeros padres.


LA VIRGEN MARÍA NO FUE
 UNA MUJER CORRIENTE
pues fue elegida desde siempre 
para ser Madre del Redentor


          Aquella Niña era hermosa. Sus facciones proporcionadas y su cuerpo bello. Si Jesús Nuestro Señor, según canta el salmista, “fue el más hermoso de los hijos de los hombres” (1), ¿por qué no admitir lo mismo en favor de su Madre? De la extraordinaria belleza de Jesús es lógico deducir la extraordinaria belleza de María.

          María Santísima es inseparable de Su Hijo Jesús en el Plan Divino; en efecto, así como Cristo Nuestro Señor preside toda la Obra de la Creación, así preside en ella la Soberana Virgen María, porque habiendo sido escogida desde toda la Eternidad para darnos al Salvador, Ella con Su Hijo fue lo que Dios tuvo primero en vista al crear el mundo.

          Si Dios no ha negado a la Santísima Virgen gracia alguna de las que ha concedido a las criaturas, no puede negarse que María tuvo uso de razón y libre albedrío desde el instante de Su Concepción. Dotada de tal facultad adquirió inmediatamente el conocimiento de Dios, y por tanto, con un simple deseo de Su albedrío se lanzó con todo el afecto de Su Corazón Purísimo hacia Él, cumpliendo un acto perfectísimo de amor. De este modo, mediante Su acción personal, se dispuso a Su propia santificación.




          El Evangelio nos habla de este uso de razón en San Juan Bautista. Y si a él se lo dio, ¿le negaría Dios algo que le era debido a Su dignidad? ¿Permitiría que Su Madre fuese inconsciente de lo que el Altísimo obra en Ella?

         Si la Santísima Virgen tuvo el uso de razón y la libertad desde el momento de Su Concepción, es lógico que tuviera ciencia y, lo que es todavía mejor, que en ocasiones tuviera Visión Beatífica.

          Hay muchas opiniones sobre esta Visión Beatífica, pero coinciden los teólogos en que le fue concedida varias veces: al nacer, en la Encarnación, y en la Resurrección de Jesús.

          En cuanto a la ciencia infusa per se, le fue dada de una manera habitual y permanente. Así se explica que desde que nació y durante toda Su Infancia tuvo uso de razón acerca de las cosas divinas; que Su Alma desde Su creación no interrumpiese Sus actos de amor de Dios, y que aún durante el sueño tuviese altísima contemplación.

          También tuvo la Virgen María la gracia de la ciencia infusa per accidens, que es perfeccionamiento de la anterior, ya que la tuvo Adán desde su nacimiento y habitualmente. Recibió, infusas, desde Su Concepción, las virtudes morales naturales, las cuales necesitan para su perfeccionamiento de las virtudes intelectuales naturales.

          De la ciencia adquirida dicen los teólogos que, teniendo uso de razón desde el momento de su concepción pasiva, sus facultades sensibles se pondrían al unísono con las facultades intelectuales y desde que nació empezó a adquirir ciencia con su propio trabajo.


LA VIRGEN MARÍA JAMÁS 
COMETIÓ PECADO ALGUNO
ni hubo en Ella ningún error,
pues fue y es la criatura más amada de Dios


          Desde Su Concepción hasta la de Su Hijo no cometió tampoco pecado mortal ni venial, siendo así confirmada en el bien y en la gracia.

          La Santísima Virgen no tuvo imperfección voluntaria desde Su nacimiento, ya que ésta tiene parentesco con el pecado venial, y jamás lo cometió.

          Fue exenta del pecado original desde el primer instante de Su Concepción y recibió, por consiguiente, la gracia santificante, que actuó en Su Alma y la preparó para la Divina Maternidad.

          Ni los Ángeles ni los Santos recibieron en su concepción más gracias. Jamás amó Dios a nadie como a Ella, y como Él da tanta Bondad como Amor tiene a una persona, a María Santísima le dio más que a ninguna.

          La Virgen María recibió, desde Su Concepción, más gracia que la gracia final que recibiera cualquier Ángel o cualquier Santo.

          Recibió en su primera santificación todas las virtudes infusas y dones del Espíritu Santo: la Fe, la Esperanza y la Caridad, así lo enseña el Concilio Tridentino, y lo mismo sucede con las “virtudes morales”.


NOTAS ACLARATORIAS


  (1) Salmo 45, vers. 2   "Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios; por tanto Dios te ha bendecido para siempre".





jueves, 15 de agosto de 2019

LA GLORIOSA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA AL CIELO en cuerpo y alma


               Antiquísima y universal es la creencia del pueblo cristiano que afirma que Nuestra Señora la Virgen Santísima no sufrió la corrupción del sepulcro por no haber sido nunca contaminada con pecado alguno, ni original ni actual; por Misterio de Ángeles fue asunta a los Cielos en cuerpo y alma.

               Desde tiempo inmemorial se celebra con máximo esplendor esta Fiesta Litúrgica, que junto con la Navidad, Pascua y Pentecostés, constituye una de las cuatro fiestas más importantes del año.

               Escogida como fiesta mayor de muchos pueblos y titular de numerosas iglesias.

              El Misterio de hoy es conocido como Dormición y reposo de la Virgen para indicar la suavidad de Su muerte; Asunción para significar el momento en que el cuerpo de Nuestra Señora fue conducido gloriosamente al Cielo.

              En algunos lugares se celebran procesiones con la imagen de la Virgen muerta, puesta a la veneración de los fieles por unos días.


             La definición dogmática de la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma a los Cielos, fue hecha el 1 de Noviembre del Año Santo de 1950, por el Papa Pío XII.




LA ENSEÑANZA DE LOS DOCTORES DE LA IGLESIA
acerca de la Asunción de María Nuestra Señora

          "¡Cuán activo y poderoso (...) es el amor divino! Que no os extrañe si os digo que Nuestra Señora de él murió, pues, llevando siempre consigo, en su corazón, las llagas del Hijo, las padecía sin consumirse, pero finalmente murió por el ímpetu del dolor. Sufría sin morir, pero al fin murió sin sufrir.

          ¡Oh amor de pasión! Si Su Hijo estaba en el Cielo, Su Corazón ya no estaba en Ella. Estaba en aquel cuerpo que amaba tanto, huesos de sus huesos, carne de su carne, y al Cielo volaba esa águila santa. Su Corazón, Su Alma, Su Vida, todo estaba en el Cielo: ¿por qué habían de quedarse aquí en la tierra?

          “Finalmente, luego de tantos vuelos espirituales, tantos arrebatos y tantos éxtasis, ese castillo santo de pureza y humildad se rindió al último asalto del amor, después de haber resistido a tantos. El amor la venció, y consigo se llevó Su Bendita Alma."

(San Francisco de Sales, Doctor la Iglesia)

          “Cuando entran los monarcas a tomar posesión de su reino, no pasan por las puertas de la ciudad, sino que, o se quitan del todo las puertas, o pasan por encima de ellas. Por eso, así como los Ángeles, cuando entró Jesucristo decían (S.23,7): Abrid príncipes, vuestras puertas, y levantaos, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria; así, ahora que María va a tomar posesión del Reino de los Cielos, los Ángeles que la acompañan claman a los que están adentro: Abrid, príncipes, vuestras puertas, y levantaos, puertas eternas, y entrará la Reina de la Gloria.

          Ved que ya entra María en la patria bienaventurada. Mas al entrar y verla tan hermosa y gloriosa, los espíritus celestiales preguntan a los que vienen de fuera, como contempla Orígenes (Cant.8,5): “¿Quién es esta criatura tan bella, que viene del desierto de la tierra, lugar de espinas y abrojos, mas Ella viene tan pura y tan rica de virtudes, apoyada en su amado Señor, que se digna acompañarla Él mismo con tanto honor?” “Quién es?”. Y los Ángeles que la acompañan responden: "Esta es la Madre de nuestro Rey, es nuestra Reina, es la bendita entre las mujeres, la llena de gracia, la santa de los santos, la predilecta de Dios, la inmaculada, la paloma, la más bella de todas las criaturas.” 

          Entonces, todos aquellos espíritus bienaventurados, comenzaron a bendecirla y alabarla, cantando, mejor que los hebreos a Judit (15,10): “Tú eres la gloria de Jerusalén, Tú la alegría de Israel, Tú el honor de nuestro pueblo, Señora y Reina nuestra, Vos sois la gloria del cielo, la alegría de nuestra patria, el honor de todos nosotros. Sed por siempre bienvenida, sed por siempre bendita. Éste es vuestro reino, y todos nosotros somos vasallos vuestros prontos a cumplir vuestras órdenes”.




          Luego se acercaron a darle la bienvenida y saludarla como a su Reina todos los Santos que hasta entonces estaban en el cielo. Llegaron todas las santas vírgenes y dijeron: “Santísima Señora,…Vos sois nuestra Reina porque fuisteis la primera en consagrar a Dios vuestra virginidad; todas nosotras te bendecimos y damos gracias.” Llegaron también los Mártires a saludarla como a su Reina, porque con su gran constancia en los dolores de la Pasión de su Hijo, les había enseñado e impetrado con sus méritos la fortaleza para dar la vida por la fe. Llegó Santiago el Mayor, el único de los Apóstoles que hasta entonces había subido al Cielo, y en nombre de todos los Apóstoles le dio gracias por todo el consuelo y la asistencia que les había prestado durante su permanencia en la tierra. Llegaron luego a saludarla los Profetas, y le decían: “Vos, Señora, sois la que vislumbramos en nuestras profecías.” Llegaron los santos Patriarcas y le decían: “Vos, María, fuisteis nuestra esperanza, y por tantos siglos tan suspirada.” Y entre éstos llegaron con mayor afecto a darle gracias nuestros primeros padres Adán y Eva, y le decían: “Hija predilecta, Tú has reparado el daño que nosotros hicimos al género humano. Tú devolviste al mundo la bendición perdida por nuestra culpa, por Ti somos salvos; ¡Seas por siempre Bendita!”

           Llegó después a besarle los pies San Simeón, y le recordó con júbilo el día en que recibió de sus manos a Jesús niño. Llegaron San Zacarías y Santa Isabel, y de nuevo le dieron gracias por aquella amorosa visita que con tanta humildad y caridad les hizo en si casa, y por la cual recibieron tantos tesoros de gracias. Con mayor afecto llegó San Juan Bautista, a darle las gracias por haberlo santificado por medio de su voz. Y ¿Qué le dirían cuando llegaron a saludarla sus queridos padres San Joaquín y Santa Ana? ¡Oh Dios! Con cuánta ternura la debieron bendecir diciendo: “Hija amada ¿y qué dicha la nuestra la de tener una hija como Tú! Ahora eres nuestra Reina, porque eres la Madre de nuestro Dios; por tal te saludamos y te veneramos.”

          Más, ¿Quién puede comprender el afecto con que llegó a saludarla su querido esposo San José? ¿Quién podrá explicar la alegría que sintió el Santo Patriarca al ver a su esposa entrar en el cielo con tanto triunfo y ser proclamada Reina de todos los cielos?¡Con cuanta ternura le debió decir!: “Señora y esposa mía, ¿Cuándo podré yo agradecer lo que debo a nuestro Dios por haberme hecho esposo vuestro, que sois su verdadera Madre? Por Vos merecí en la tierra asistir en su infancia al Verbo encarnado, tenerle tantas veces en mis brazos y recibir de Él tantas gracias especiales. ¡Benditos sean los momentos que empleé en la vida en servir a Jesús y a Vos, mi Santa Esposa! …

          Por fin, todos los Ángeles llegaron a saludarla, y Ella, la Gran Reina, a todos dio las gracias por la asistencia que le habían prestado en la tierra; singularmente a San Gabriel Arcángel, feliz embajador de todas sus dichas, cuando bajó a darle la nueva de que era elegida para Madre de Dios.

          Luego, arrodillada la humilde y Santa Virgen, adoró a la Divina Majestad, y toda abismada en el conocimiento de su nada, dio gracias por todos los dones que su bondad le había concedido, y especialmente, por haberla hecho Madre del Verbo Eterno. No hay quien pueda comprender con cuánto amor la bendijo la Santísima Trinidad; qué acogida hizo el Padre a Su Hija, el Hijo a Su Madre, el Espíritu Santo a Su Esposa. El Padre la coronó, comunicándole Su Poder, el Hijo la Sabiduría; el Espíritu Santo el Amor. Y todas las Tres Personas, colocando Su trono a la diestra de Jesús, la proclamaron Reina Universal del Cielo y de la Tierra, y mandaron a los Ángeles y a todas las criaturas que la reconocieran como su Reina, y como a tal la obedecieran y sirvieran.”

 (San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia)



jueves, 20 de junio de 2019

SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI


               Según la Tradición Católica, esta fiesta tuvo su origen en el siglo XIII en la Abadía de Mont Cornillón en la región de Liége (Lieja) en Bélgica. Fue la religiosa agustina Santa Juliana de Mont Cornillón, por aquel entonces Priora de dicha Abadía, la que con sus visiones sobrenaturales, propició que se celebrase esta fiesta dedicada a la Santísima Eucaristía.

               Sor Juliana nació en Retines, cerca de Liége,  en el año 1193. Al quedar huérfana a los cinco años fue confiada a los cuidados de las agustinas de Mont Cornillón, junto con su hermana Agnes, donde fueron cuidadas y educadas. A los catorce años sintió una fuerte vocación religiosa e ingresó en las mismas agustinas donde llegó a ser superiora de la comunidad. Murió en Fosses el 5 de abril de 1258, a la edad de  65 años, y fue enterrada en Villiers. Santa Juliana deseaba que hubiera una fiesta especial en honor al Sacramento de la Eucaristía, ya que sentía una gran veneración a dicho sacramento. Este deseo se intensificó por unas visiones  que tuvo de la institución de la Iglesia bajo la apariencia de una luna llena con una mancha negra y que interpretó como la ausencia de la celebración de dicha solemnidad.




               Sor Juliana comunicó estas visiones a Monseñor Roberto de Thorete, entonces obispo de Lieja, al docto dominico Hugh, quien sería más tarde cardenal legado de los Países Bajos y también al archidiácono de Lieja Jacques Pantaleón, quien sería en 1261 el Papa Urbano IV. El Obispo Roberto, convencido por las visiones y por la  interpretación de las mismas y como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración en honor al Sacramento de la Eucaristía se tuviera al año siguiente.

               La celebración tuvo lugar en 1247 en la iglesia de San Martín en Lieja pero sin la presencia de dicho Obispo porque había fallecido. No obstante muchos consideraban las visiones de Sor Juliana como fruto de su imaginación y a la muerte de su protector fue desterrada a Namur en dos ocasiones.

               Años más tarde, en Bolsena, al norte de Roma,  muy cerca de Orvieto donde el Papa Urbano IV (Jacques Pantaleón) tenía la residencia papal, se produjo un hecho milagroso conocido como el Milagro de Bolsena. Un  sacerdote que celebraba la Santa Misa tuvo dudas de que la Consagración fuera algo real. Al momento de partir la Sagrada Forma, vio salir de ella sangre de la que se fue empapando el corporal.

               La venerada reliquia fue llevada en procesión a la presencia del Papa en Orvieto el 19 Junio de 1264. En Orvieto se conservan aún los corporales manchados por la Sangre Milagrosa y también se puede ver la piedra del altar manchada de sangre en Bolsena.

               El Santo Padre movido por el prodigio, y a petición de varios obispos, hizo que se extendiera la fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia por medio de la bula "Transiturus", fechada el 8 septiembre de ese año de 1264. La fiesta se fijó para el jueves después de la octava de Pentecostés, otorgándose indulgencias a todos los fieles que asistieran al Santo Sacrificio de la Misa ese día.

               Poco después de la publicación del decreto moría el Papa Urbano IV (el 2 de Octubre de 1264) lo que obstaculizó la difusión de la fiesta. Pero en 1311 el Papa Clemente V en el Concilio general de Vienne, en Francia, ordenó una vez más la adopción de esta fiesta.

                En 1317 el Papa Juan XXII promulga una recopilación de leyes y  extendió la fiesta a toda la Iglesia. Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración, sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV y se hicieron bastante comunes a partir del siglo XIV.




                Finalmente, el Concilio de Trento declaró que fuese introducida en la Santa Iglesia la costumbre de que todos los años se celebrase este Sacramento con singular veneración y solemnidad.

                 "Después de la Consagración del pan y del vino se contiene en el saludable Sacramento de la Santa Eucaristía, verdadera, real y sustancialmente Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y hombre, bajo las especies de aquellas cosas sensibles..."

                 "...por la consagración del pan y del vino se convierte toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, y toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre, cuya conversión ha llamado oportuna y propiamente transubstanciación la Santa Iglesia Católica"

                 "...que todos los fieles cristianos hayan de venerar a este Santísimo Sacramento, y prestarle el culto de latría que se debe al mismo Dios"

(Sacrosanto Concilio de Trento, Sesión XIII)





domingo, 16 de junio de 2019

LA SANTÍSIMA TRINIDAD Y SOR LUCÍA DE FÁTIMA


               La Santa Iglesia celebra hoy con solemnidad a la Santísima Trinidad. Coincidiendo con esta importante Festividad Católica, releamos la descripción que Sor Lucía Dos Santos, niña vidente de Fátima, nos hace de la Aparición de la Santa Trinidad con la que fue agraciada en Tuy, España, cuando era religiosa dorotea:

          “Estando sola una noche (para una Hora Santa, el 13 de Junio 1929) me arrodillé delante del comulgatorio de la capilla para rezar el ángelus, estando postrada. Sintiéndome cansada, me levanté y me puse de rodillas y continué rezando con mis brazos en cruz. La única luz venía de la lámpara del sagrario. De repente una luz sobrenatural iluminó toda la capilla y sobre el altar apareció una Cruz de luz que se extendía hasta el techo. En la parte más brillante, la parte superior de la Cruz, se veía el cuerpo de un hombre desde su rostro hasta la cintura; sobre su pecho había una paloma que brillaba de la misma forma. Clavado en la cruz estaba el cuerpo de otro hombre. Debajo de la cintura, suspendido en el aire, se veía un Cáliz y una Hostia grande sobre la cual caían algunas gotas de sangre del rostro del crucificado y de la herida de su pecho. Esas gotas se escurrían sobre la Hostia y caían en el Cáliz. Debajo del brazo derecho de la Cruz estaba Nuestra Señora con Su Corazón Inmaculado en la mano”.




                    Esta es la visión hasta aquí, esta luminosa visión que iluminaba toda la capilla. Entonces ella dijo:

Bajo el brazo izquierdo (de la Cruz) habían grandes letras, como si fueran de agua cristalina cayendo sobre el altar, que formaban estas palabras: Gracia y Misericordia

          Esto salía del lado izquierdo de la cruz; caían esas letras cristalinas como si fueran aguas cristalinas, como aguas bautismales perfectamente limpias, las palabras: Gracia y Misericordia. Esta es la visión de Tuy. Y también vemos la humildad de la vidente. Sor Lucía dice: “Entendí que era el Misterio de la Santísima Trinidad que se me había mostrado, y recibí luces en relación a este Misterio que no me está permitido revelar”.

          De este modo fue la aparición y la apariencia.  Me gustaría simplemente hacer una observación aquí antes de discutir el mensaje. Cuán perfecto retrato de los fundamentos de la fe, de la fe católica. Cuán perfecto retrato de la Santísima Trinidad en el acto redentor del Santo Sacrificio de la Misa. Todo lo que Dios le ha pedido al hombre para creer, todo lo que Dios le ha pedido al hombre para hacer, está presente en esta aparición. Luego Sor Lucía habla del mensaje que se propagará por todo el mundo y creará un terremoto en todo el mundo. Sor Lucía dice: “Entonces Nuestro Señor me dijo:

Ha llegado el momento en que Dios le pide al Santo Padre, en unión con todos los obispos del mundo, llevar a cabo la consagración de Rusia a Mi Corazón Inmaculado, prometiendo salvarla por este medio”.

          El segundo pedido es este, parece diferente, parece como si le fuese extraño, pero el segundo pedido es perfectamente parte del primer pedido, van juntos.

          ¿Cuál es este segundo pedido? La Virgen dice:

Son tan numerosas las almas que la Justicia de Dios condena a causa de los pecados cometidos en mi contra que vengo para pedir reparación. Haz sacrificios tú misma por esta intención y reza”.





FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD




          El Misterio de la Santísima Trinidad penetra toda la Liturgia. Celebramos ante todo los sucesos de la Vida del Verbo hecho carne, pero una de nuestras grandes fiestas está consagrada a rendir nuestros homenajes al Espíritu Santo, y constantemente enviamos nuestras oraciones al Padre por medio del Hijo.

          No obstante, la Santa Madre Iglesia ha querido reunir en una sola Fiesta los Nombres de las tres Divinas Personas. Desde los primeros siglos, celebraron los cristianos este día, si bien fue el Papa Juan XXII quien extendió su celebración a toda la Universal Iglesia en 1334.

          Las tres Divinas Personas han contribuido a la Obra de nuestra Redención: el Padre envió a Su Hijo a la Tierra; "Tanto amó Dios al mundo que le dió a Su Hijo Unigénito". El Hijo, se hizo hombre y murió por nosotros, para salvarnos y hacernos hijos de Dios. Desde que Él se apartó de nosotros, quedó a nuestro lado el Espíritu Santo, para ser nuestro Guía , nuestro Maestro, nuestra fuerza y nuestro aliento.



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          La Fiesta de la Santísima Trinidad es como un Te Deum, que brota de nuestro pecho al terminar de conmemorar todos estos beneficios de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ella nos induce también a considerar cada Domingo como una fiesta dedicada a la Santísima Trinidad, y así es en realidad, pues cada uno de ellos nos trae a la memoria que el Padre nos ha creado y llamado, que el Hijo nos ha salvado y el Espíritu Santo nos ha santificado. Cada Domingo es el Día del Señor, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y es que en realidad toda nuestra vida se desarrolla en bajo la acción de las Tres Divinas Personas, la vida natural y la vida sobrenatural. Los sacramentos, las bendiciones, las señales de la Cruz se dan en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, por lo que todo parte y regresa a la Santísima Trinidad.



lunes, 10 de junio de 2019

¿QUÉ PODEMOS OFRECER A NUESTRAS HERMANAS LAS ALMAS DEL PURGATORIO?




            A nuestras Hermanas, las almas retenidas en el Bendito Purgatorio, podemos ofrecer TODAS las obras buenas que practicamos en estado de gracia santificante, que tienen la virtud de producir cuatro efectos: meritoriopropiciatorioimpetratorio y satisfactorio.

       -El efecto meritorio, de nuestras buenas obras consiste en aumentar la gracia y la gloria del que la práctica, y este efecto no puede cederse a nadie.

       -El efecto propiciatorio es hacer a Dios propicio, aplacando la ira de Su Divina Justicia.

       -El efecto impetratorio está en alcanzarnos gracias y favores de parte de Dios.

       -El efecto satisfactorio, es aquel que nos permite pagar la pena temporal que merecemos por nuestros pecados. Sólo este último efecto -el satisfactorio- es el que podemos ofrecer a las Almas del Purgatorio mediante este Voto, a fin de que les sirva para completar la pena temporal que por sus pecados deben a la Justicia Divina y que están pagando en el Purgatorio. Sin embargo, ofreciendo este efecto satisfactorio, no nos quedaremos en la indigencia, sino que nos quedamos con los otros tres efectos de nuestras buenas obras.





PRIMER CONSUELO: LA ORACIÓN

             Es como un refrigerio que de nuestra alma sube al Cielo. También una simple invocación, una jaculatoria, un sacrificio, un acto breve de amor a Dios, tienen una eficacia extraordinaria  de  sufragio.  Entre  las  oraciones  que podemos rezar prevalecen: el “Oficio de los Difuntos”, el Salmo 50, el Vía Crucis, y sobre todo, el Santo Rosario. A todas estas u otras oraciones hay que agregar la Santa Confesión y Comunión Sacramental ( o espiritual, que se puede hacer siguiendo el modelo de la estampa "Comunión Espiritual, de este blog); es necesario además, que en ocasión de la muerte de una persona querida, todos los parientes se confiesen y comulguen por el alma.

SEGUNDO CONSUELO: EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA

             Para las Benditas Ánimas del Purgatorio, una sola Misa es de infinito valor. Los teólogos dividen en tres partes el fruto espiritual del Sacrificio del Altar:

      - Una parte va en beneficio de todos los miembros.

      - Otra parte va en ventaja del Sacerdote que celebra.

      - La tercera parte va en provecho de por quien se celebra, y esta parte es  aplicable a las Almas Purgantes. Pero no basta celebrar una sola Misa por los difuntos, es necesario hacer celebrar muchas.

TERCER CONSUELO: LAS INDULGENCIAS

             La Indulgencia es una remisión de una pena temporal, adeudada por los pecados, que la Iglesia concede bajo ciertas condiciones al alma en gracia, aplicándole los méritos y las satisfacciones abundantes de Nuestro Redentor Jesucristo, de la Virgen Nuestra Señora y de los Santos, los cuales constituyen su Tesoro y por lo cual anulan sobre la tierra en todo o en parte la deuda de un alma anulándola también en el Cielo. Hay indulgencia “Plenaria” y “Parcial”. Para ganar la indulgencia es necesario estar en estado de gracia y tener la intención de ganarla. Por la Comunión de los Santos podemos socorrer a los Difuntos, la Iglesia nos da la facultad de aplicarles este inmenso tesoro de misericordia, reduciendo así sus penas que son la satisfacción de las culpas cometidas durante la vida presente.



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domingo, 9 de junio de 2019

DOMINICA DE PENTECOSTÉS. Orígen y Doctrina





            La pequeña Iglesia de ciento veinte personas se halla congregada en el Cenáculo de Jerusalén, en torno al Príncipe de los Apóstoles. Hacia la hora de Tercia -las nueve de la mañana- hace su aparición el Espíritu del Señor.

            Celebramos hoy día de Pentecostés, que significa día cincuenta después de Pascua, el feliz cumplimiento de la promesa de Nuestro Señor Jesucristo de enviar el Espíritu Santo que baja sobre la Iglesia naciente, en figura de lenguas de fuego. Si en Pentecostés los judíos ofrecían agradecidos al Señor, los primeros frutos de la tierra, nosotros, más afortunados, podremos exclamar con San Agustín: "Pascua fue el principio de la gracia, Pentecostés fue su coronamiento"

            Si ellos -los judíos- recordaban la promulgación de los Mandamientos de Dios dados en el Monte Sinaí, la Ley Cristiana que los perfecciona fue hoy con valentía promulgada por el Cabeza de los Apóstoles, en virtud  de la luz y fuerza que le infundió el Espíritu Santo.

            Es tan solemne esta fiesta como la de Pascua; su celebración se remonta a la más lejana antigüedad, así en la Edad Media, se le daba relieve mediante diversas representaciones, como la típica luvia de rosas, símbolo de los Dones del Espíritu Santo mencionados de varias maneras en los textos de la Misa de hoy.

            El color litúrgico que se ha de usar en este día es el encarnado, que simboliza la llama de amor ardiente y activo, ya que el Espíritu Santo es el amor personificado entre el Padre y el Hijo.


Doctrina Católica sobre el Espíritu Santo

¿Qué misterio honra la Iglesia en la Solemnidad de Pentecostés? 

     En la solemnidad de Pentecostés honra la Iglesia el misterio de la venida del Espíritu Santo.

¿Por qué la fiesta de la venida del Espíritu Santo se llama Pentecostés? 

     La fiesta de la venida del Espíritu Santo se llama Pentecostés, que quiere decir quincuagésimo día, porque la venida del Espíritu Santo acaeció a los cincuenta días de la Resurrección del Señor.

¿No era también Pentecostés una fiesta de la antigua ley? 

     Pentecostés era también una fiesta solemnísima entre los hebreos y era figura de la que celebran los cristianos.

¿A qué fin se instituyó el Pentecostés de los hebreos? 

     El Pentecostés de los hebreos se instituyó en memoria de la ley dada por Dios en el monte Sinaí entre truenos y relámpagos, escrita en dos tablas de piedra, cincuenta días después de la primera Pascua, a saber: después de ser librados del cautiverio del faraón.

¿De qué manera se ha cumplido en el Pentecostés de los cristianos lo que se figuraba en el de los hebreos? 

     Lo que se figuraba en el Pentecostés de los hebreos se ha cumplido en el de los cristianos, por cuanto el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles y los otros discípulos de Jesucristo que estaban reunidos en un mismo lugar con la Santísima Virgen, e imprimió en sus corazones la nueva ley por medio de su divino amor.

¿Qué sucedió en la venida del Espíritu Santo? 

     En la venida del Espíritu Santo oyóse de repente un sonido del cielo, como de viento impetuoso, y aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentaron sobre cada uno de los allí congregados.

¿Qué efecto produjo en los Apóstoles la venida del Espíritu Santo? 

     El Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles, los llenó de sabiduría, fortaleza, caridad y de la abundancia de todos sus dones.

¿Qué hay que admirar en los Apóstoles, después que fueron llenos del Espíritu Santo? 

     Los Apóstoles, después que fueron llenos del Espíritu Santo, de ignorantes se trocaron en conocedores de los más profundos misterios y de las Sagradas Escrituras, de tímidos se hicieron esforzados para predicar la fe de Jesucristo, hablaron diversas lenguas y obraron grandes milagros.

¿Cuál fue el primer fruto de la predicación de los Apóstoles después de la venida del Espíritu Santo? 

     El primer fruto de la predicación de los Apóstoles, después de la venida del Espíritu Santo, fue la conversión de tres mil personas en el sermón que hizo San Pedro el día mismo de Pentecostés, la cual fue seguida de muchísimas otras.



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¿Fue enviado el Espíritu Santo a solos los Apóstoles? 

     El Espíritu Santo no fue enviado a solos los Apóstoles, sino también a la Iglesia y a todos los fieles.

¿Qué obra el Espíritu Santo en la Iglesia? 

     El Espíritu Santo vivifica la Iglesia y con perpetua asistencia la gobierna, y de allí le nace la fuerza incontrastable que tiene en las persecuciones, la victoria sobre sus enemigos, la pureza de la doctrina y el espíritu de santidad que mora en ella, en medio de la corrupción del siglo.

¿Cuándo reciben los fieles el Espíritu Santo? 

     Los fieles reciben el Espíritu Santo en todos los sacramentos, especialmente en la Confirmación y en el Orden Sagrado.

¿Qué hemos de hacer en la Fiesta de Pentecostés? 

     En la fiesta de Pentecostés hemos de hacer cuatro cosas: 1ª, adorar al Espíritu Santo; 2ª, pedirle que venga a nosotros y nos comunique sus dones; 3ª, acercarnos dignamente a los santos sacramentos; 4ª, dar gracias a nuestro Divino Redentor por habernos enviado al Espíritu Santo según sus promesas, rematando así todos los misterios y la gran obra del establecimiento de la Iglesia.