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miércoles, 9 de julio de 2025

SANTA VERÓNICA GIULIANI, la mística a la que Jesús grabó Su Nombre en el corazón


"Me parecía que Dios me mostraba una hermosa habitación, 
y por eso me decía: “esta es una habitación, donde se aprenden 
las enseñanzas divinas, para poder perfeccionar las almas 
amadas y aprender la verdadera y virtudes más perfectas…”. 
Me hizo entender que esta escuela era Su Santa Pasión..."

Santa Verónica Giuliani



INFANCIA Y PRIMEROS FENÓMENOS MÍSTICOS

               Nació el 27 de Diciembre de 1660, en Mercatello (Italia) y murió para este mundo en 1727, en el Monasterio de las Clarisas Capuchinas de Città di Castello, donde pasó cincuenta de sus 67 años. Era la última de siete hermanas, de las que sobrevivieron cinco; otras tres de sus hermanas abrazaron también la vida monástica. Su familia, que era profundamente religiosa, le dio el nombre de Úrsula al ser bautizada. A los siete años queda huérfana de madre. Antes de morir ésta llamó a sus hijas y las encomendó a las Santas Llagas de Cristo Crucificado. A la pequeña Úrsula le correspondió la Llaga del Costado. Será su camino durante toda la vida: caminar hasta fundirse con el Corazón de su Esposo, Jesús.




               Siendo niña, ella misma nos relata que "Todavía no andaba, pero cuando veía las imágenes donde estaba pintada la Virgen Santísima con el Niño en brazos, yo me agitaba hasta que me acercaban a ellas para poder darles un beso. Esto lo hice varias veces. Una vez me pareció ver al Niño como criatura viviente que me extendía la mano; y me acuerdo que me quedó tan vivo este hecho que, dondequiera que me llevaban, miraba por si podía ver a aquel Niño". No pocas veces, sin apenas saber hablar entablaba conversaciones con la Virgen y el Niño... "Yo soy toda tuya y Tú eres todo para mí, querido Jesús". Algo más mayor, cuando sólo contaba con tres o cuatro años, tiene un encuentro con Nuestro Señor, que se le aparece en forma de Niño Jesús: "Estando una mañana en el huerto entretenida gustosamente en coger flores, me pareció ver al Niño Jesús que cogía las flores conmigo; me fui hacia el Divino Niño para tomarlo, y me pareció que me decía 'Yo soy la verdadera flor'.  En aquel patio, que hoy forma parte de un monasterio de la Orden de las Clarisas, se erige un monumento que recuerda este celestial suceso."

                Prosigue la Santa diciendo: "Todo esto me dejó cierta luz para no buscar más gusto en las cosas momentáneas; me hallaba toda centrada en el Divino Niño. Se me había quedado tan fijo en la mente, que andaba como loca sin darme cuenta de lo que hacía. Corría de un lado para otro por ver si lograba encontrarlo... y sentía que no podía estarme quieta. Me paraba y luego volvía al huerto para ver si volvía".

               "Cuando tenía unos siete años  -escribe Santa Verónica-  me parece que por dos veces vi al Señor todo llagado; me dijo que fuese devota de su Pasión y enseguida desapareció. Esto sucedió por la Semana Santa. Me quedó todo tan grabado que no me acuerdo haberlo olvidado nunca. La segunda vez que se me apareció el Señor llagado de la misma manera, me dejó tan impresas en el corazón sus penas, que no pensaba yo en otra cosa"

               Ella misma nos narra su Primera Comunión, acontecida el 2 de Febrero de 1670: "Recuerdo que la noche antes no pude dormir ni un momento. A cada instante pensaba que el Señor iba a venir a mí.  Y pensaba qué le iba a pedir cuando viniese, que le iba a ofrecer. Hice el propósito de hacerle el don de toda mí misma; de pedirle Su Santo Amor, para amarle y hacer Su Voluntad Divina."

               Y prosigue "Cuando fui a comulgar por primera vez, paréceme que en aquel momento quedé fuera de mí. Paréceme recordar que, al tomar la Sagrada Hostia, sentí un calor tan grande que me encendió toda. Especialmente en el corazón sentía como quemárseme y no volvía en mí misma."

EN LAS CLARISAS CAPUCHINAS

               Después de vencer la oposición de su padre, consigue llevar a cabo su vocación ingresando en el Convento de las Clarisas Capuchinas de Città de Castello. Al entrar en Religión, deja atrás el nombre de Úrsula para recibir el de Verónica, que etimológicamente significa la “verdadera imagen”. Ella aspira con todo su ser a convertirse en una verdadera imagen de Cristo Crucificado, y esa fue la tarea de toda su vida religiosa. Durante los cincuenta años que permaneció en el Monasterio se dedicará con todas sus fuerzas a llevar a cabo este objetivo. 

               Obligada por obediencia a su Director Espiritual, inició en 1693 un Diario en el que reflejó sus experiencias místicas. A lo largo de veintidós mil páginas va narrando, sin signos de puntuación ni división de capítulos, su vida encerrada en el Monasterio, vida en la que se multiplicaron los fenómenos místicos, pero también las dificultades que a causa de ellos sufrió. Denunciada por su misma Abadesa, fue vigilada por el Santo Oficio; se le privó de la voz activa y pasiva, se le prohibió comulgar y hasta hablar con sus mismas hermanas, se la recluyó en una habitación para evitar que tuviera contacto con nadie. Sin embargo la actitud con la que recibió y vivió todas estas dificultades, actitud que brotaba y nacía de su amor a Cristo Crucificado, demostraron la veracidad de todos aquellos fenómenos que ni la razón ni los cuidados médicos podían explicar. 

JESÚS GRABA SU SOMBRE EN EL CORAZÓN DE VERÓNICA

               Enumerar aquí todos los fenómenos místicos con los que fue agraciada, es tarea complicada, por lo que me limito a citar tan solo los hechos místicos más sobresalientes a los ojos de nuestra pobre condición humana, pues tan importantes son aquellos dones que se reflejan exteriormente -caso de los estigmas- como los sufrimientos morales, con los cuales reparaba y redimía almas.

               "Tuve el recogimiento -nos cuenta en su Diario- con la visión de Nuestro Señor, de la Santísima Virgen y de muchos Santos. Me parece que mi Ángel Custodio me condujo delante de Jesús y de la Santísima Virgen; que ambos me tomaron en medio; del Corazón de Jesús salió un rayo resplandeciente que se dirigía a mi corazón; y que la Santísima Virgen con sus manos mostraba a su Hijo la llaga que tengo en mi corazón. 




               En un momento, se abrió esta llaga de modo que se veía todo el corazón; el Niño Jesús con uno de sus dedos, la marcó por encima, como si hubiese escrito Su Santísimo Nombre; su dedo parecía ser un afilado cortaplumas, con el que se formaban las letras del Santísimo Nombre de Jesús. En esto me pareció que él con un dedo, se tocaba Su Corazón, que aparecía con llaga sanguinolenta, y que con Su misma Sangre mojaba las letras que había hecho en mi corazón. Comprendí entonces, por vía de comunicación, que este Santísimo Nombre me ayudará en todos los sufrimientos y, especialmente, para combatir todas las insidias del demonio; porque en adelante, seré combatida con toda clase de tentaciones. Después de esto, Dios me confirmó mis dos oficios: la conversión de los pecadores, y la liberación de las Almas del Purgatorio...

               Quedé toda la noche con un dolor tan grande en el corazón, que pensaba morirme, y también sentía en él una cruz; porque me parecía que Jesús, después de haber marcado Su Santísimo Nombre, me puso también en él una cruz que todavía la siento y me da gran dolor. Lo mismo éstas que todas las demás penas, yo deseo que sean en penitencia de mis pecados".

LA ESTIGMATIZACIÓN DE SANTA VERÓNICA GIULIANI

               De nuevo me remito al Diario de la Santa capuchina para adentrarnos en el capítulo más cruento de los fenómenos sobrenaturales con los que el Cielo la colmó... "...me pareció que se me aumentó el deseo de unirme a Él lo antes posible. Más no miraba; que toda fija estaba en el Señor. En Él me pareció ver todo. Era tan hermoso, que decir no puedo. Las manos, los pies y el costado, es decir, Sus Llagas, eran tan brillantes que me parecían, que, en lugar de Llagas, hubiesen hermosas joyas. Solo la Llaga del Costado me pareció abierta, y de ella salían rayos como de sol. Cada uno de ellos daba más luz que el sol que vemos... Yo le decía: "Señor, te ruego por Tus Santas Llagas, perdona a Tus enemigos y dales luz... enemigos, así los puedo llamar, mientras están en Tu desgracia. Aquí estoy lista para todo, siempre y cuando se conviertan a Ti."




               En un instante, pareció que se me representaba adelante con Sus Santas Llagas todas brillantes, especialmente la de Su Santo Costado. En este punto, me mostró que allí dentro habitan muchas almas, las más queridas... vi salir de Sus Santísimas Llagas cinco rayos resplandecientes; y todos vinieron a mi alrededor. Y yo veía estos rayos convertirse como en pequeñas llamas. En cuatro estaban los clavos; y en una vi que estaba la lanza, como de oro, toda de fuego: y me traspasó el corazón, de parte a parte… y los clavos traspasaron mis manos y mis pies. Yo sentí gran dolor; pero en el mismo dolor, me veía, me sentía toda transformada en Dios...

               "Esposa mía – me susurra Cristo Crucificado – me son queridas las penitencias que haces por aquellos que son Mi desgracia…" Después, separando un brazo de la Cruz, me hizo señal de que me acercase a Su Costado… Y me encontré entre los brazos del Crucificado. Lo que sentí en ese momento no puedo contarlo: habría podido estar siempre en Su Santísimo Costado

EL MATRIMONIO MÍSTICO CON CRISTO SU ESPOSO

               Es importante señalar que no todas las experiencias místicas de Verónica se vieron ensombrecidas por el dolor; También hubo muchos consuelos celestiales que la dejaron llena de puro gozo, entre los que se encontraba su “Matrimonio Místico” con Cristo. Durante esta visión, Jesús le regaló un anillo que en ciertas ocasiones se hizo visible para otros. Una monja que lo vio repetidamente describió el anillo de la siguiente manera: “Este anillo rodeaba su dedo anular como lo hacen los anillos ordinarios. En él parecía haber una piedra levantada del tamaño de un guisante y de color rojo".




ABADESA EFICAZ; MUERTE Y GLORIFICACIÓN

               Al fin en 1716 es elegida Abadesa del Monasterio, ejerciendo ese oficio hasta su muerte en 1727. Su trabajo de formadora quedó plasmado en la vida de todas las hermanas, de las que alguna, como la Beata Florida Cevoli, ha sido inscrita también en el libro de los Santos. Su gobierno como Abadesa estuvo marcado por la prudencia espiritual y la practicidad. Ella misma era un ejemplo ideal de virtud y autosacrificio para que sus hijas espirituales la emularan, y también negoció renovaciones estructurales en el Monasterio para mejorar sus condiciones de vida (por ejemplo, instalaron tuberías en la tubería del agua). Su vida mística no le restó valor a sus deberes como Superiora.

               Falleció a consecuencia de un derrame cerebral; había pasado 50 años de vida consagrada, íntimamente unida a Cristo. Fue con Él, y a través de Él, que ella ministró generosamente las necesidades espirituales de la Santa Iglesia a través de la oración y el sacrificio. Su corazón estaba verdaderamente entregado a Jesús, su Amado Esposo.

               Santa Verónica Giuliani fue Canonizada por el Papa Gregorio XVI en 1839. Su cuerpo, que inicialmente fue exhumado  incorrupto , quedó reducido a huesos por una devastadora inundación que inundó Citta-di-Castello, incluido su Monasterio. El cráneo y los huesos que sobrevivieron al daño causado por el agua se incluyeron más tarde en una figura de cera con una máscara inspirada en las características reales de la Santa.




domingo, 9 de julio de 2023

EL CORAZÓN HERIDO DE SANTA VERÓNICA GIULIANI



               Úrsula Giuliani nació el 27 de Diciembre de 1660 en Mercatello sul Metauro en el Ducado de Urbino, es la última de siete hijas, dos de las cuales mueren en la infancia. Es una niña de carácter ardiente, inquieto, vivaz. Con tan sólo 16 años de edad entró en el Monasterio de Capuchinas de Città di Castello, tornando su nombre por el de Verónica; durante muchos años sería maestra de novicias y abadesa. Destacó por su vida de oración y alta contemplación, acompañada de fenómenos místicos extraordinarios, relacionados especialmente con la Pasión de Cristo, como cuando Nuestro Señor imprimió en su corazón los signos de Su victimal entrega.

               "... Jesús sacó mi corazón e imprimió el martillo y las tenazas y, después de haberlo curado, metió en mí un incendio de Su Amor. En otro momento de ese mismo día (18 de Enero de 1703) vino Jesús a poner en mi corazón los demás instrumentos de Su Pasión".

               "... en un instante sacó mi corazón. Me pareció verlo en manos de la Santísima Virgen, quien lo lavaba y limpiaba con la Sangre que salía del Costado de Jesús. De pronto le vi tan refulgente y purificado como un purísimo cristal. Y Jesús tenía en la mano algo a modo de pincel y lo empapaba en Su costado trazando luego con él caracteres en el corazón que la Santísima Virgen tenía en la mano. Me pareció ver que Jesús había estampado en él, escritos con Su Sangre, estos dos nombres: Jesús y María; y con este sello volvió a poner mi corazón en su lugar".

               El confesor de Santa Verónica le pidió que hiciera un dibujo de su corazón, pero la mística capuchina, al no saber dibujar, se ayudó de otras dos religiosas: Sor Florinda Cevoli  y Sor María Maddalena Boscaini. Así, las dos monjas tomaron una hoja de papel rojo y la recortaron en forma de corazón, sobre la que luego pegaron, después de haberlas recortado en una hoja de papel blanco, las figuras de los instrumentos de la Pasión y otras imágenes, según indicaciones de Santa Verónica. 

               Durante los siguientes veinte años, Verónica fue examinada más severamente por clérigos y médicos. La misma Superiora había recibido órdenes del Obispo de ponerla a prueba para comprobar su humildad, paciencia y obediencia. Llegó incluso a no admitirla al rezo del Oficio ya la Santa Misa, privándola de la Comunión y encerrándola durante cincuenta días en una celda, como si estuviera loca.



               Después de su muerte, acontecida el 9 de Julio de 1727, el cirujano sacó su corazón y lo abrió, pudieron verse las figuras que ella había anunciado previamente. Esto fue considerado por el médico y el cirujano que la atendieron como un prodigio sobrenatural y milagroso. En su corazón Dios imprimió los instrumentos de Su Pasión: las letras "C" Caridad; "F" Fe; "O" obediencia; las dos "V" Humildad y Voluntad de Dios; las dos "P" Padecer y Paciencia; las dos llamas amor de Dios y del prójimo; el signo de la bandera de las victorias logradas a lo largo de su vida; las siete espadas la participación de los Dolores de María. Luego los demás signos de la amarga Pasión de Jesucristo; todos estos signos están descritos en el Proceso Informativo del P. Raniero Guelfi, que relató su examen el 26 de Septiembre de 1727, dos meses y medio después de la muerte de Santa Verónica.


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Santa Verónica Giuliani



lunes, 12 de junio de 2023

LOS SIETE DESTINOS EN EL INFIERNO, según las revelaciones de Santa Verónica Giuliani

 

Pero si haciendo el Señor algo insólito, 
abre la tierra su boca y se los traga 
con todo cuanto es suyo y bajan vivos al Abismo, 
conoceréis que estos hombres han irritado al Señor.

Libro de Números cap. 16, vers. 30


               En cierta ocasión, la Santísima Virgen describió a la mística capuchina Santa Verónica Giuliani la existencia de algunos lugares del Infierno, y para quiénes estaban destinados, con estas palabras:

               "Hija, quiero que describas los siete lugares, los más dolorosos, que están en el Infierno, y para quiénes existen. El primero es la ubicación donde Lucifer está encadenado, y con él está Judas, que le sirve como asiento, y están todos aquellos que siguieron a Judas. 

               El segundo es la ubicación donde están todos los Eclesiásticos y Prelados de la Santa Iglesia, ya que elevados en dignidad y honores, pervirtieron la Fe, pisoteando la Sangre de Jesucristo, Mi Hijo, con sus enormes pecados. 

               En el tercer lugar que viste están todas las almas de Religiosos. 

               En el cuarto están todos los Confesores, por haber extraviado a las almas de sus penitentes. 

               En el quinto lugar están todas las almas de Jueces y Gobernadores de la justicia. 

               La sexta ubicación está destinada a todos los Superiores de los Religiosos. 

               En el séptimo y último lugar están todos aquellos que querían vivir según su propia voluntad y cometieron todo tipo de pecados, especialmente pecados de la carne".

               Explicando mejor por qué tales almas eran llevadas a esos destinos, Nuestra Señora le dijo en otra oportunidad a la Santa:

               "Hija, hay Cristianos que viven como bestias; no hay más fe en los Fieles; viven como si Dios no existiera; y Mi Hijo está sosteniendo el látigo en Su mano para castigarlos… ¡Oh, cuántos Sacerdotes y cuántos Religiosos ofenden a Dios! Todos ellos pisotean los Sacramentos, desprecian la Preciosísima Sangre de Jesús y la mantienen bajo sus pies. Esa gente infecta las Comunidades, ciudades enteras, son como una plaga, tienen el nombre de Cristianos, pero son peores que infieles".


Diario de Santa Verónica Giuliani




EL INFIERNO DE CADA ALMA
según el grado de culpabilidad

"Definimos, además, que, según la común ordenación 
de Dios, las almas de los que mueren en actual 
pecado mortal, inmediatamente después 
de su muerte descienden al infierno, donde son 
atormentadas con las penas infernales"

Papa Benedicto XII


               Lo principal del Infierno es lo que llamamos en teología la pena de daño. La condenación propiamente dicha, que consiste en quedarse privado y separado de Dios para toda la eternidad. Eso es lo fundamental del Infierno.

               La pena de daño del infierno consiste en la privación eterna de la visión beatífica y de todos los bienes que de ella se siguen. (De Fe Divina expresamente definida.). Dios es el centro del Universo, la plenitud total del Ser. En Él está concentrado todo cuanto hay de verdad, bondad, belleza… y de felicidad inenarrable.

               El Infierno es perder ese océano de felicidad inenarrable para siempre, para siempre, para toda la eternidad. Esto es lo que constituye la entraña misma de la pena de daño. Consiste en la privación. Empleamos esta palabra en su pleno sentido filosófico. No se trata, en efecto, de una mera carencia de algo indebido al hombre, sino de una verdadera privación de algo que, con la gracia de Dios, hubiera podido alcanzar. Y así, por ejemplo, en el orden puramente natural, no es ninguna desgracia que el hombre no tenga alas para volar (simple carencia, de algo que la naturaleza humana no exige), pero sí lo es carecer de ojos para ver (privación de algo que el hombre debiera tener).

               La pena de daño es objetivamente la misma para todos los condenados; pero admite, sin embargo, diferentes grados de apreciación subjetiva. (Sentencia común en teología.). Considerada en sí misma, la pena de daño es la misma para todos los condenados, ya que es igualmente para todos la privación total y definitiva del Bien supremo.

               Pero, desde el punto de vista de la aflicción que reporta a los condenados, difiere según el grado de culpabilidad de cada uno de ellos. Cuanto más culpables fueron, tanto más fuertemente son torturados por ella, porque han caído tanto más profundamente en ese tenebroso y terrible abismo del alma y sienten con mayor intensidad el vacío infinito causado por el alejamiento de Dios.

               Cuanto más ha pecado un condenado, más se ha alejado de Dios. La pena de daño tiene por finalidad precisamente castigar el pecado en cuanto que por él el pecador se ha alejado de Dios. El condenado siente, pues, en proporción a sus pecados, el peso de la Maldición de Dios, que se aleja a su vez de él y le rechaza de su presencia.

               El condenado sufrirá tanto más cuanto tendrá una más grande capacidad y una mayor necesidad de gozar. Las gracias recibidas y despreciadas han aumentado en él esta aptitud y esta necesidad en proporción a su número.



martes, 9 de julio de 2019

SANTA VERÓNICA GIULIANI, estigmatizada por amor a Jesús Crucificado


“Nosotros no podemos ir predicando por el mundo
 para convertir almas, pero estamos obligadas
 a rezar continuamente por todas las almas
 que se encuentran en estado de ofensa a Dios…
 especialmente con nuestros sufrimientos, es decir,
 con un principio de vida crucificada”

(Santa Verónica Giuliani)


               Su historia comenzó el 27 de Diciembre de 1660, cuando nació en Mercatello (Italia) y concluyó en el Monasterio de las Clarisas Capuchinas de Città di Castello, donde pasó cincuenta de sus 67 años, en 1727. Era la última de siete hermanas, de las que sobrevivieron cinco; otras tres de sus hermanas abrazaron también la vida monástica. Nace en una familia profundamente religiosa, recibiendo el nombre de Úrsula al ser bautizada. A los siete años queda huérfana de madre. Antes de morir ésta llamó a sus hijas y las encomendó a las Santas Llagas de Cristo Crucificado. A la pequeña Úrsula le correspondió la Llaga del Costado. Será su camino durante toda la vida: caminar hasta fundirse con el Corazón de su Esposo, Jesús.




               Después de vencer la oposición de su padre, consigue llevar a cabo su vocación ingresando en el convento de las clarisas capuchinas de Città de Castello. Recibe el nombre de Verónica, que etimológicamente significa la “verdadera imagen”. Ella aspira con todo su ser a convertirse en una verdadera imagen de Cristo Crucificado, y esa fue la tarea de toda su vida religiosa. Durante los cincuenta años que permaneció en el Monasterio se dedicará con todas sus fuerzas a llevar a cabo este objetivo. 

               Obligada por obediencia a su confesor, puso por escrito en su Diario, que inició en 1693, sus experiencias místicas. A lo largo de veintidós mil páginas va narrando, sin signos de puntuación ni división de capítulos, su vida encerrada en el Monasterio, vida en la que se multiplicaron los fenómenos místicos, pero también las dificultades que a causa de ellos sufrió. Denunciada por su misma abadesa, fue vigilada por el Santo Oficio; se le privó de la voz activa y pasiva, se le prohibió comulgar y hasta hablar con sus mismas hermanas, se la recluyó en una habitación para evitar que tuviera contacto con nadie. Sin embargo la actitud con la que recibió y vivió todas estas dificultades, actitud que brotaba y nacía de su amor a Cristo Crucificado, demostraron la veracidad de todos aquellos fenómenos que ni la razón ni los cuidados médicos podían explicar. 

               Al fin en 1716 es elegida abadesa del Monasterio, ejerciendo ese oficio hasta su muerte en 1727. Su trabajo de formadora quedó plasmado en la vida de todas las hermanas, de las que alguna, como la Beata Florida Cevoli, ha sido inscrita también en el libro de los Santos.


"¡He encontrado el Amor, el Amor se ha dejado ver!
 Esta es la causa de mi sufrimiento..."

(Del Testamento Espiritual de Santa Verónica Giuliani)


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