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lunes, 11 de agosto de 2025

LA VIRGEN MÁRTIR SANTA FILOMENA

 


               Santa Filomena, fue una joven Mártir de la Iglesia primitiva, que durmió en el olvido de la Historia hasta el providencial hallazgo de sus reliquias el 24 de Mayo de 1802, día de María Auxiliadora, durante una de las excavaciones que se hacen constantemente en Roma. La encontraron en la Catacumba de Santa Priscilla, en la Vía Salaria.

               En una tumba habían tres losas juntas que cerraban la entrada y en ellas había una inscripción que estaba rodeada de símbolos que aludían al martirio y a la virginidad de la persona ahí enterrada. Los símbolos eran: ancla, tres flechas, una palma y una flor.

               La inscripción decía: "LUMENA PAXTE CUM FI". Con toda seguridad las losas se colocaron de forma incorrecta, debido a la prisa o al poco conocimiento del latín del obrero. Por lo tanto, la inscripción se leería así: PAX TECUM FILUMENA en español: ¡La Paz sea contigo Filomena!

               Al abrir la tumba descubrieron su esqueleto que era de huesos pequeños y notaron a la vez, que su cuerpo había sido traspasado por flechas. Al examinar los restos los cirujanos atestiguaron la clase de heridas que la joven Mártir recibió y los expertos coincidieron en calcular que la niña fue martirizada entre la edad de 12 o 13 años.

               Por el entusiasmo que causaba en los primeros cristianos la valentía de los que morían por la Fe, acostumbraban a marcar la losa con el signo de la palma, y ponían al lado un pequeño frasco que contenía la sangre del Mártir.

               Cuando los científicos estaban transfiriendo la sangre seca a un nuevo frasco transparente, ante todos los que estaban presentes, se sucedió un hecho extraordinario. Para su asombro vieron que las pequeñas partículas de la sangre seca cuando caían en el nuevo frasco, brillaban como oro, diamantes y piedras preciosas y resplandecían en todos los colores del arco iris. (Hasta hoy en día se puede observar en algunos momentos de gracia, que estas partículas cambian de color)

               Los huesos, cráneo y cenizas junto con el frasco que contenía la sangre fueron depositados en un ataúd, el cual fue cerrado y triplemente sellado. Bajo guardia de honor, la caja de ébano fue llevada a la custodia del Cardenal Vicario de Roma, a una capilla donde se guardan los cuerpos de Santos.

               El 10 de Agosto de 1805, las reliquias de la Santa fueron trasladadas a Mugnano, a la casa del Padre Francesco di Lucia. Continuos milagros de toda clase acompañaban el traslado. El día antes de la llegada, por las oraciones de los habitantes, una lluvia abundante refrescó los campos y prados de Mugnano, después de una larga temporada de sequía. El Señor Michael Ulpicella, un abogado, que no había podido salir de su cuarto por seis semanas, fue llevado a donde estaban las reliquias y regresó sanado.

               El Santuario de Santa Filomena fue escena de prodigiosos milagros. Entre ellos se encuentra la sanación de Pauline Jaricot, que aparece unas líneas más abajo.

               San Juan María Vianney, Patrón y Modelo de los Sacerdotes, fue con diferencia, el mayor propagador del culto a Santa Filomena, a la que eligió como su especial Patrona Celestial y se comprometió a ella por voto. Siempre hablaba de la Santa, le pedía todo tipo de favores, y decía de ella que era “el milagro próximo” por los extraordinarios prodigios que ella obraba. Hay testimonios fidedignos de que Santa Filomena se le apareció en varias ocasiones; la Baronesa de Belvey recuerda que un día, hablando familiarmente con el Santo Cura de Ars, le hizo esta confidencia: "Una vez estaba apenado por saber cuál era la Voluntad de Dios acerca de si gastar todos los recursos en la construcción o gastarlos en la obra de las misiones parroquiales. Mientras oraba, se me apareció radiante Santa Filomena. Había bajado del Cielo, bella y radiante de luz, envuelta en una blanca nube y me dijo dos veces: “Nada vale tanto como la salvación de las almas”; la Santa Mártir solucionó además sus problemas financieros, le ayudó a convertir pecadores; curó enfermedades gravísimas y obró innumerables milagros en respuesta a sus simples oraciones. Muchos de ellos están registrados en la biografía del Santo Cura de Ars, pero los milagros no registrados, estos solos, podrían llenar un volumen. 

               San Juan María Vianney recomendaba que le hicieran Novenas por incontables intenciones de todo tipo que las personas le referían. Advertía seriamente a los enfermos que rezaran a Santa Filomena y los bendecía e instruía para que rezaran la Novena y siempre se impresionaba por todas las curaciones de esta gran Santa, a la cual, después de Dios, le estaba totalmente agradecido. Miles de personas vinieron a la primera Capilla dedicada en suelo francés a Santa Filomena, en piadosas peregrinaciones, con el propósito de invocar el auxilio de Santa Filomena en sus necesidades y pruebas. Evidencias tangibles de favores obtenidos, los milagros obrados, las conversiones realizadas, las oraciones escuchadas son la respuesta de Santa Filomena. El Santo Cura de Ars ideó además el Cordón de Santa Filomena.


Seguro que te gustará leer también este otro artículo...


(Historia de la vida de Santa Filomena según las revelaciones 
a la Venerable Madre María Luisa de Jesús)

EL CORDÓN DEVOCIONAL DE SANTA FILOMENA


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jueves, 11 de agosto de 2022

SANTA FILOMENA, proscrita por los modernistas

 

Santa Filomena fue canonizada el 30 de Enero de 1837 
por el Papa Gregorio XVI, en un acto de Infabilidad Papal, 
dando así completa autoridad a su culto en todo el Orbe Católico 
y por toda la Eternidad. Concedió además de la aprobación 
de Culto Público, un Oficio, una Misa especial 
y una Lectura adecuada en el Breviario



               Santa Filomena, Virgen y Mártir, es un desafío para las mentes modernas. Martirizada durante el siglo III, era completamente desconocida hasta que se descubrió su tumba intacta en 1802, durante una excavación en las catacumbas romanas de Santa. Todo lo que se pudo determinar a partir de este emocionante descubrimiento fue su nombre, que era de noble cuna y que tenía unos trece años cuando fue martirizada. Se hicieron conjeturas sobre los detalles de su Martirio a partir de los símbolos en las losas de la tumba. Se estudiaron sus huesos, un frasco de su sangre y algunas cenizas, luego se colocaron en un relicario sellado y se “archivaron” en Roma.

               Pero Cristo Nuestro Señor quiso que Su amada esposa fuera públicamente honrada y de asistencia a Su Cuerpo Místico después de mil setecientos años de oscuridad. Sus reliquias fueron traídas a Mugnano del Cardinale (Avellino) en Italia, en 1805. Inmediatamente acontecieron las primeras curaciones, conversiones y milagros de todo tipo. Pero fue la curación milagrosa y pública de Pauline Jaricot, de Francia, alrededor de 1835, que propagó la veneración universal de Santa Filomena. El Papa Gregorio XVI fue testigo personal de este milagro y es el responsable de poner su Fiesta en el Calendario.

               Hacia 1845, el Santo Cura de Ars estaba siendo colmado de favores y milagros celestiales a través de la veneración de las reliquias de Santa Filomena y una recomendación continua de devoción hacia ella. Pero más: dondequiera que se veneraran sus reliquias o se estableciera la devoción a ella, ¡los milagros se convirtieron en un lugar común! Pronto se dijo que nada era demasiado grande o demasiado pequeño para Santa Filomena. Fue declarada taumaturga (trabajadora de maravillas) y muchos papas la elogiaron y recibieron favores personales de ella.

               Pero, después de muchos miles de milagros, su identidad aún estaba envuelta en tinieblas históricas. ¿Quién era ella? Ante las súplicas de sus agradecidos clientes, envió tres revelaciones idénticas a tres devotos completamente ajenos. Estas revelaciones fueron documentadas y, junto con sus reliquias y milagros, son la única evidencia de su santidad y base para su canonización. En esto, Santa Filomena es única en toda la historia. Con ello confunde a los racionalistas, 1 que recientemente se han alegrado de eliminar su nombre de los calendarios litúrgicos.

               Es una Santa para nuestro tiempo. Su vida y martirio demuestran que es modelo de castidad y de fe celosa. Su canonización y milagros desafían a los liberales de nuestra época. Todos los papas que se han dedicado a ella han defendido celosamente a la Iglesia. Por ejemplo, el Papa San Pío X, el gran Papa antimodernista del siglo, dijo: “Desacreditar las decisiones y declaraciones actuales sobre Santa Filomena por no ser permanentes, estables, válidas y efectivas, necesarias para la obediencia, y en pleno efecto por toda la eternidad, procede de un elemento que es nulo e inválido y sin mérito o autoridad.”

               Los Papas no están solos. San Juan María Vianney la alaba así: “Su virginidad y generosidad al abrazar el heroico martirio la han hecho tan agradable a Dios que nunca negará nada de lo que ella pide para nosotros”.

               Pauline Jaricot, Fundadora de la Obra de la Propagación de la Fe y del Rosario Viviente, añade su voz al coro de alabanza: “Tened plena confianza en esta gran Santa, ella os obtendrá todo lo que pidáis”. (Santa Filomena es la patrona tanto del Rosario Viviente como de la Sociedad para la Propagación de la Fe).



               A ella se han consagrado los grandes defensores de la ortodoxia de los últimos dos siglos. Además de San Pío X, a quien ya hemos mencionado, añadimos al Papa Pío IX, gran devoto de Santa Filomena, en cuyo altar celebró la Santa Misa en presencia del Rey Fernando II de Borbón, el 7 de Noviembre de 1849.

               No sólo por sus amigos, sino también por sus enemigos que la conozcamos. Los autores liberales del calendario "Novus Ordo" eliminaron su fiesta, tal como lo hicieron con San Cristóbal. En 1961, durante la revisión del Martirologio Romano, Juan XXIII firmó el decreto de la Sagrada Congregación de Ritos en el que se suprimía del Calendario la Fiesta de Santa Filomena. Los liberales, lo sabemos, trabajan para el diablo (aunque generalmente no creen en él), por lo que el ataque a la fiesta de Santa Filomena fue diabólico. Pero en su caso, el mismo Infierno nos hace saber el odio que siente por ella. Durante un exorcismo, unos demonios dieron a conocer que, “Nuestro maldito enemigo es esta gran Virgen y Mártir, Santa Filomena. La devoción a ella es una nueva y terrible guerra al infierno”. 


Para conocer más sobre Santa Filomena 
solo tienes que tocar AQUÍ



martes, 11 de agosto de 2020

SANTA FILOMENA, Virgen y Mártir por Cristo



               Santa Filomena, fue una joven Mártir de la Iglesia primitiva, que durmió en el olvido de la Historia hasta el providencial hallazgo de sus reliquias el 24 de Mayo de 1802, día de María Auxiliadora, durante una de las excavaciones que se hacen constantemente en Roma. La encontraron en la Catacumba de Santa Priscilla, en la Vía Salaria.

               En una tumba habían tres losas juntas que cerraban la entrada y en ellas había una inscripción que estaba rodeada de símbolos que aludían al martirio y a la virginidad de la persona ahí enterrada. Los símbolos eran: ancla, tres flechas, una palma y una flor.





               La inscripción decía: LUMENA PAXTE CUM FI

              Con toda seguridad las losas se colocaron de forma incorrecta, debido a la prisa o al poco conocimiento del latín del obrero. Por lo tanto, la inscripción se leería así: PAX TECUM FILUMENA en español: ¡La Paz sea contigo Filomena!

               Al abrir la tumba descubrieron su esqueleto que era de huesos pequeños y notaron a la vez, que su cuerpo había sido traspasado por flechas. Al examinar los restos los cirujanos atestiguaron la clase de heridas que la joven Mártir recibió y los expertos coincidieron en calcular que la niña fue martirizada entre la edad de 12 o 13 años.

               Por el entusiasmo que causaba en los primeros cristianos la valentía de los que morían por la Fe, acostumbraban a marcar la losa con el signo de la palma, y ponían al lado un pequeño frasco que contenía la sangre del Mártir.

               Cuando los científicos estaban transfiriendo la sangre seca a un nuevo frasco transparente, ante todos los que estaban presentes, se sucedió un hecho extraordinario. Para su asombro vieron que las pequeñas partículas de la sangre seca cuando caían en el nuevo frasco, brillaban como oro, diamantes y piedras preciosas y resplandecían en todos los colores del arco iris. (Hasta hoy en día se puede observar en algunos momentos de gracia, que estas partículas cambian de color)

               Los huesos, cráneo y cenizas junto con el frasco que contenía la sangre fueron depositados en un ataúd, el cual fue cerrado y triplemente sellado. Bajo guardia de honor, la caja de ébano fue llevada a la custodia del Cardenal Vicario de Roma, a una capilla donde se guardan los cuerpos de Santos.

               El 10 de Agosto de 1805, las reliquias de la Santa fueron trasladadas a Mugnano, a la casa del Padre Francesco di Lucia. Continuos milagros de toda clase acompañaban el traslado. El día antes de la llegada, por las oraciones de los habitantes, una lluvia abundante refrescó los campos y prados de Mugnano, después de una larga temporada de sequía. El Señor Michael Ulpicella, un abogado, que no había podido salir de su cuarto por seis semanas, fue llevado a donde estaban las reliquias y regresó sanado.

               El Santuario de Santa Filomena fue escena de prodigiosos milagros. Entre ellos se encuentra la sanación de Pauline Jaricot, que aparece unas líneas más abajo.




PAPAS QUE FUERON DEVOTOS 
DE SANTA FILOMENA


               El Papa León XII declaró a Santa Filomena "la Gran Taumaturga" en el siglo XIX.

               El Papa Gregorio XVI autorizó el Culto Público a Santa Filomena y la declaró Patrona del Rosario Viviente; este Pontifice fue además testigo del milagro que la Santa obró en Pauline Marie Jaricot. Como prenda de su devoción por Santa Filomena envió a su Santuario de Mugnano una hermosa lámpara de oro y plata.

               El Papa Pío IX, devoto de la Santa, recibió a través de ella muchas gracias espirituales. Fue tal vez el Pontífice que más luchó por extender la devoción a Santa Filomena, a la que concedió textos litúrgicos para su propia Misa y Oficio Divino en 1855.

              Antes de ser elegido Papa con el nombre de León XIII, el Cardenal Pecci peregrinó al Santuario de Santa Filomena en Mugnano y después de ser elevado al Solio Pontificio, regaló al mismo Santuario una cruz pectoral de gran valor.

               El Papa San Pío X elevó de categoría a la Cofradía de Santa Filomena, extendiéndola por toda la Iglesia Católica.




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ALGUNOS SANTOS Y OTRAS PERSONAS INSIGNES 
que admiraron a Santa Filomena


               San Juan María Vianney, Patrón y Modelo de los Sacerdotes, fue con diferencia, el mayor propagador del culto a Santa Filomena, a la que eligió como su especial Patrona Celestial y se comprometió a ella por voto. Siempre hablaba de la Santa, le pedía todo tipo de favores, y decía de ella que era “el milagro próximo” por los extraordinarios prodigios que ella obraba. Santa Filomena solucionó sus problemas financieros, ella convirtió pecadores; curó enfermedades gravísimas; y obró innumerables milagros en respuesta a sus simples oraciones. Muchos de ellos están registrados en la biografía del Santo Cura de Ars, pero los milagros no registrados, estos solos, podrían llenar un volumen. 

               San Juan María Vianney recomendaba que le hicieran Novenas por incontables intenciones de todo tipo que las personas le referían. Advertía seriamente a los enfermos que rezaran a Santa Filomena y los bendecía e instruía para que rezaran la Novena y siempre se impresionaba por todas las curaciones de esta gran Santa, a la cual, después de Dios, le estaba totalmente agradecido. Miles de personas vinieron a la primera Capilla dedicada en suelo francés a Santa Filomena, en piadosas peregrinaciones, con el propósito de invocar el auxilio de Santa Filomena en sus necesidades y pruebas. Evidencias tangibles de favores obtenidos, los milagros obrados, las conversiones realizadas, las oraciones escuchadas son la respuesta de Santa Filomena. El Santo Cura de Ars ideó además el Cordón de Santa Filomena.

               Santa María Magdalena Sofía Barat, Fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús, fue testigo de un milagro obrado en una novicia por intercesión de Santa Filomena en Septiembre de 1866.

               Fray Andresito (Chile) confiaba su apostolado en las calles de Santiago a la Virgen Mártir.

               San Pedro Chanel siempre tenía en su breviario una estampa de la Santa, a ella se encomendaba a diario y la llamaba "mi Auxiliar".

               Santa Francisca Cabrini, la primera canonizada de los Estados Unidos de América, gran devota de Santa Filomena, cargaba frecuentemente en sus apostolados una imagen de la Santa.

               Beato Pedro Julián de Eymard, Fundador de los Sacramentinos, fue curado milagrosamente tras recitar una Novena a Santa Filomena en 1854.

               El Padre Pío de Pietrelcina, también fue muy devoto de Santa Filomena, desde su niñez; al enterarse que Juan XXIII había eliminado del Santoral a la Santa dijo a unos peregrinos irlandeses que "Santa Filomena está en el Paraíso, todo esto es obra de Satanás".

               Ana María Taigi curó los ojos de su suegra usando aceite de Santa Filomena, a la que diario invocaba y empleaba como intercesora ante los muchos problemas que le presentaban almas piadosas que buscaban su consejo.



EL GRAN MILAGRO DE SANTA FILOMENA: 
la curación de Pauline Jaricot


               Pauline Jaricot era la hija predilecta de unos aristocráticos franceses. Nació el 22 de Julio de 1799, en medio de muchas comodidades pero de ferviente educación cristiana. Pauline era muy bella y tenía una personalidad atrayente. No obstante todos los placeres y sus halagadores admiradores, el corazón de la joven Pauline se movía más hacia las cosas del espíritu que las cosas del mundo, aunque la lucha entre las cosas de Dios y las del mundo le resultó muy dura. La Gracia triunfó y Pauline será recordada por como la Fundadora de la Sociedad para la Propagación de la Fe y el Rosario Viviente.

               Aunque Pauline había sufrido anteriormente de la enfermedad que fue la causa de su cura, fue en Marzo de 1835, que la enfermedad enseñó signos de gravedad. Esta enfermedad afectaba su corazón, en la proporción en que incrementaba, las palpitaciones se volvían tan violentas que se podían oír a cierta distancia. Un pequeño movimiento o cambio de posición era suficiente para que la sangre corriera violentamente a su corazón, que casi se sofocaba. Su respiración parecía parar y su pulso se volvía imperceptible. Drásticos remedios se le tenían que aplicar para restaurarla.

               Durante varios años de tortura, solo tenía pequeños intervalos de alivio. Uno de ellos ocurrió después de hacer una novena a Santa Filomena, después de saber de su gran poder con Dios. Tan solo de mencionar el nombre de la santa, ella experimentaba un gozo y un deseo de visitarla en su Santuario. Pero eso parecía un imposible ya que este quedaba a una gran distancia de Francia.

               Actuando bajo una inspiración, y después de saber de su médico la gravedad de su estado, que nada importaba, de una forma o otra, ella intentó un viaje al Santuario del Corazón de Jesús en Paray le Monial. Sobrevivió la jornada y se dijo a si misma: "Si no me mató este viaje, iré a Roma a obtener la bendición del Santo Padre", lo cual era la ambición de su vida.

               Ir a Roma significaba viajar a través de los Alpes, a través de caminos abandonados; largo y peligroso viaje, aun para las personas en buen estado de salud. Pero Pauline se puso en camino. El dolor que soportó era intolerable. En Chambery, su valor se acababa y casi se resigna a morir lejos de su casa y del Vicario de Cristo. Estuvo inconsciente durante dos días. Los alumnos de la escuela del convento de su pueblo hicieron una Novena a Santa Filomena por su recuperación y al final de la misma pudo seguir su viaje.

               Pauline sufrió una recaída en Loreto, Italia. Después de unos días continuó su viaje. Llegó a Roma casi inconsciente. Las Hermanas del Sagrado Corazón la recibieron con gran amabilidad, su estado era tal que le era imposible dejar el Convento. Parecía que después de tanta dificultad no iba a poder ver al Santo Padre.

               Pero la Santa Madre de Dios y Santa Filomena no la abandonaron. Su llegada a Roma fue informada al Santo Padre, el Papa Gregorio XVI, que al saber de su estado decidió ir en persona a ver a esta joven mujer que tanto había hecho por la Santa Iglesia. Esto era un honor y una consolación para Pauline. El Santo Padre fue amable y le agradeció repetidamente su trabajo a favor de la Iglesia Católica, y la bendijo una y otra vez. Le pidió que orara por él cuando llegará al cielo y esta se lo prometió. Entonces ella le preguntó: -¿Santo Padre, si yo vuelvo bien de mi visita a Mugnano, y voy a pie al Vaticano, usted su Santidad se dignaría en proceder sin demoras con la investigación final en la Causa de Santa Filomena?-

               -Sí hija mía- replicó el Papa -porque eso sería un milagro de primera clase. Nadie entonces creía que Pauline volvería... bastaba contemplarla en tal mal estado de salud.




Detalle de un cuadro ex-voto a Santa Filomena

              Era en Agosto y el clima estaba extremadamente caliente. Viajaban de noche para evitar el gran calor del día. Llegaron a Mugnano un día antes de la Fiesta de Santa Filomena: multitudes de fieles devotos de la Virgen Mártir se habían reunido para celebrar su día.

               La mañana siguiente, Pauline recibió a Jesús en la Santa Comunión, cerca de las Reliquias. Sufría unos dolores inmensos en todo su cuerpo y su corazón latía tan violentamente que se desmayó. Las personas pensaron que se había muerto; trataron de sacarla de la iglesia, pero al momento recobró el conocimiento e hizo una señal de que la dejaran cerca de las Reliquias de Santa Filomena. Sus ojos se volvieron un torrente de lágrimas, el color volvió a sus mejillas, un brillo saludable sobrevino a sus entumecidos miembros. Su alma estaba llena de un gozo celestial, y pensó que dejaba este mundo para irse al Cielo. Pero no era la muerte. Santa Filomena la había sanado. Todavía iba a vivir muchos años para Dios y de su Iglesia.

               Pauline cuando estuvo segura de su sanación, permaneció en silencio por un tiempo. Pero la Superiora del Convento al ver lo que estaba pasando, ordenó que sonaran las campanas para anunciar el milagro. El pueblo lleno de gozo gritaba "¡Viva Santa Filomena!".

               En acción de gracias, Pauline se quedó unos días más. Cuando se fue, llevaba consigo una reliquia grande de Santa Filomena, cubierta en una estatua de la Santa.

               Pauline no le había informado al Santo Padre de su sanación. Todos en el Vaticano al oír de su milagrosa cura, quedaron sorprendidos, sobre todo el Papa, cuando la vio ante él, gozando de perfecta salud. A la petición de Pauline, el Papa le concedió el privilegio de construir una Capilla en honor de Santa Filomena.


Para conocer más sobre Santa Filomena 
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domingo, 11 de agosto de 2019

SANTA FILOMENA, VIRGEN Y MÁRTIR POR LA FE


Historia de la vida de Santa Filomena
según las revelaciones a la Venerable Madre María Luisa de Jesús,
religiosa napolitana y que recibieron la aprobación de la Santa Sede
el 21 de Diciembre de 1883


Varios Sumos Pontífices, como Gregorio XVI, Pío IX,
 León XIII y San Pío X, promovieron y extendieron
 el culto de la Santa Filomena por toda la Iglesia.



               Yo soy la hija de un príncipe que gobernaba un pequeño estado de Grecia. Mi madre era también de la realeza. Ellos no tenían niños. Eran idolatras y continuamente ofrecían oraciones y sacrificios a sus dioses falsos. Un doctor de Roma llamado Publio, vivía en el palacio al servicio de mi padre. Este doctor había profesado el cristianismo. Viendo la aflicción de mis padres y por un impulso del Espíritu Santo les habló acerca de nuestra fe y les prometió orar por ellos, si consentían a bautizarse. La gracia que acompañaba sus palabras, iluminaron el entendimiento de mis padres y triunfó sobre su voluntad. Se hicieron cristianos y obtuvieron su esperado deseo de tener hijos.

              Al momento de nacer me pusieron el nombre de Lumena, en alusión a la luz de la fe, de la cual era fruto. El día de mi bautismo me llamaron Filumena, hija de la luz (filia luminis) porque en ese día había nacido a la fe. Mis padres me tenían gran cariño y siempre me tenían con ellos. Fue por eso que me llevaron a Roma, en un viaje que mi padre fue obligado a hacer debido a una guerra injusta.

              Yo tenía trece años. Cuando arribamos a la capital nos dirigimos al palacio del emperador y fuimos admitidos para una audiencia. Tan pronto como Diocleciano me vio fijo los ojos en mi.

              El emperador oyó toda la explicación del príncipe, mi padre. Cuando este acabó y no queriendo ser ya más molestado le dijo: "Yo pondré a tu disposición toda la fuerza de mi imperio. Yo solo deseo una cosa a cambio, que es la mano de tu hija". Mi padre deslumbrado con un honor que no esperaba, accede inmediatamente a la propuesta del emperador y cuando regresamos a nuestra casa, mi padre y mi madre hicieron todo lo posible para inducirme a que cediera a los deseos del emperador y los suyos. Yo lloraba y les decía: ¿Ustedes desean que por el amor de un hombre yo rompa la promesa que he hecho a Jesucristo? Mi virginidad le pertenece a Él y yo ya no puedo disponer de ella. Pero eres muy joven para ese tipo de compromiso -me decían- y juntaban las más terribles amenazas para hacerme que aceptara la mano del emperador.

              La gracia de Dios me hizo invencible. Mi padre no pudiendo hacer al emperador ceder y para deshacerse de la promesa que había hecho, fue obligado por Diocleciano a llevarme a su presencia.

               Antes tuve que soportar nuevos ataques de parte de mis padres hasta el punto, que de rodillas ante mi, imploraban con lágrimas en sus ojos, que tuviera piedad de ellos y de mi patria. Mi respuesta fue: No, no, Dios y el voto de virginidad que le he hecho, esta primero que ustedes y mi patria. Mi reino es el Cielo.

               Mis palabras los hacía desesperar y me llevaron ante la presencia del emperador, el cual hizo todo lo posible para ganarme con sus atractivas promesas y con sus amenazas, las cuales fueron inútiles. El se puso furioso e, influenciado por el demonio, me mandó a una de las cárceles del palacio donde fui encadenada. Pensando que la vergüenza y el dolor iban a debilitar el valor que mi Divino Esposo me había inspirado. Me venía a ver todos los días y soltaba mis cadenas para que pudiera comer la pequeña porción de pan y agua que recibía como alimento, y después renovaba sus ataques, que si no hubiera sido por la gracia de Dios no hubiera podido resistir.

               Yo no cesaba de encomendarme a Jesús y su Santísima Madre.





               Mi cautiverio duró treinta y siete días, y en el medio de una luz celestial, vi a María con su Divino Hijo en sus manos, la cual me dijo: "Hija, tres días más de prisión y después de cuarenta días, se acabará este estado de dolor." Las felices noticias hicieron mi corazón latir de gozo, pero como la Reina de los Ángeles había añadido, dejaría la prisión, para sostener un combate más terrible que los que ya había tenido. Pasé del gozo a una terrible angustia, que pensaba me mataría. Hija, ten valentía, dijo la Reina de los Cielos y me recordó mi nombre, el cual había recibido en mi Bautismo diciéndome: "Tu eres LUMENA, y tu Esposo es llamado Luz. No tengas miedo. Yo te ayudaré. En el momento del combate, la gracia vendrá para darte fuerza. El ángel Gabriel vendrá a socorrerte, Yo le recomendaré especialmente a él, tu cuidado".

                Las palabras de la Reina de las Vírgenes me dieron ánimo. La visión desapareció dejando la prisión llena de un perfume celestial.

               Lo que se me había anunciado, pronto se realizó. Diocleciano perdiendo todas sus esperanzas de hacerme cumplir la promesa de mi padre, tomó las decisión de torturarme públicamente y el primer tormento era ser flagelada. Ordenó que me quitaran mis vestidos, que fuera atada a una columna en presencia de un gran número de hombres de la corte, me hizo que me flagelaran con tal violencia, que mi cuerpo se bañó en sangre, y lucía como una sola herida abierta. El tirano pensando que me iba a desmayar y morir, me hizo arrastrar a la prisión para que muriera.

               Dos ángeles brillante con luz, se me aparecieron en la oscuridad y derramaron un bálsamo en mis heridas, restaurando en mi la fuerza, que no tenía antes de mi tortura. Cuando el emperador fue informado del cambio que en mi había ocurrido, me hizo llevar ante su presencia y trato de hacerme ver que mi sanación se la debía a Júpiter el cual deseaba que yo fuera la emperatriz de Roma. El espíritu Divino, al cual le debía la constancia en perseverar en la pureza, me llenó de luz y conocimiento, y a todas las pruebas que daba de la solidez de nuestra fe, ni el emperador ni su corte podían hallar respuesta.

             Entonces, el emperador frenético, ordenó que me enterraran, con un ancla atada al cuello en las aguas del río Tíber. La orden fue ejecutada inmediatamente, pero Dios permitió que no sucediera.



El Santo Cura de Ars fue gran devoto de Santa Filomena


               En el momento en el cual iba a ser precipitada al río, dos ángeles vinieron en mi socorro, cortando la soga que estaba atada al ancla, la cual fue a parar al fondo del río, y me transportaron gentilmente a la vista de la multitud, a las orillas del río.

               El milagro logró que un gran número de espectadores se convirtieran al cristianismo.

              El emperador, alegando que el milagro se debía a la magia, me hizo arrastrar por las calles de Roma y ordenó que me fuera disparada una lluvia de flechas. Sangre brotó de todas las partes de mi cuerpo y ordenó que fuera llevada de nuevo a mi calabozo. El cielo me honró con un nuevo favor. Entré en un dulce sueño y cuando desperté estaba totalmente curada. El tirano lleno de rabia dijo: Que sea traspasada con flechas afiladas. Otra vez los arqueros doblaron sus arcos, cogieron toda sus fuerzas, pero las flechas se negaron a salir.

               El emperador estaba presente y se puso furioso y pensando que la acción del fuego podía romper el encanto, ordenó que se pusieran a calentar en el horno y que fueran dirigidas a mi corazón. El fue obedecido, pero las flechas, después de haber recorrido parte de la distancia, tomaron la dirección contraria y regresaron a herir a aquellos que la habían tirado. Seis de los arqueros murieron. Algunos de ellos renunciaron al paganismo y el pueblo empezó a dar testimonio público del poder de Dios que me había protegido. Esto enfureció al tirano. Este determinó apresurar mi muerte, ordenando que mi cabeza fuera cortada con un hacha.

               Entonces, mi alma voló hacia mi Divino Esposo, el cual me puso la corona del martirio y la palma de la virginidad. 



EL "PAPA BUENO" bajó de los altares
 a Santa Filomena 


          En 1961, durante la revisión del Martirologio Romano (libro donde se inscriben los Santos y Beatos), el "Papa" Juan XXIII firmó el Decreto de la Sagrada Congregación de Ritos en el que se suprimía del Calendario la fiesta de Santa Filomena (y de varios santos más), previamente fijada para el 11 de Agosto. Tanto el oficio propio como la Misa fueron borrados. ¿Qué había pasado? Pues simplemente se dudaba de la existencia histórica de la santa aunque, oficialmente, nunca se dio una respuesta contundente para tal acto.

          En el pueblito de Ars, el santuario observó la consigna y, desde ese momento, no se organizaron más celebraciones públicas en su honor. En Lyon, la capilla construida por Pauline-Marie Jaricot que contenía sus reliquias y su imagen, fue desmantelada.