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domingo, 24 de septiembre de 2023

NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED, la Redentora de cautivos

 



Relato de la Aparición de Nuestra Señora 
de la Merced a San Pedro Nolasco


               El Padre Gaver, en el 1400, relata como Nuestra Señora se aparece a San Pedro Nolasco en el año 1218 y le revela su deseo de ser Liberadora a través de una orden dedicada a socorrer a los Cristianos cautivos en tierras infieles.

               Ante la visión de la Virgen Santísima, San Pedro Nolasco, confundido por tal gracia, le pregunta:

               "¿Quién eres Tú, que a mí, un indigno siervo, pides que realice obra tan difícil, de tan gran caridad, que es grata Dios y meritoria para mi?"

                Nuestra Señora le responde:

               "Yo soy María, aquella en cuyo vientre asumió la carne el Hijo de Dios, tomándola de Mi sangre purísima, para reconciliación del género humano. Soy Aquella a la que dijo Simeón cuando ofrecí Mi Hijo en el templo: "Mira que éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel; ha sido puesto como signo de contradicción: y a Ti misma una espada vendrá a atravesarte por el alma".

               "¡Oh Virgen María - prosiguió el Santo- Madre de Gracia, Madre de Misericordia ¿Quién podrá creer que Tú me mandas?" 

               "No dudes en nada, - sentenció Nuestra Señora - porque es Voluntad de Dios que se funde una Orden de ese tipo en honor Mío; será una Orden cuyos hermanos y profesos, a imitación de Mi Hijo Jesucristo, estarán puestos para ruina y redención de muchos en Israel (es decir, entre los Cristianos) y serán signo de contradicción para muchos."

               Para llevar a cabo esta misión, el 10 de Agosto de 1218, San Pedro Nolasco fundó en Barcelona la Orden de la Virgen María de la Merced de la redención de los cautivos, con la participación del Rey Jaime de Aragón y ante el Obispo de la ciudad, Berenguer de Palou. 

               Por la confirmación del Papa Gregorio IX aprobó la Orden el 17 de Enero de 1235; la ratificó en la práctica de la Regla de San Agustín; le dio carácter universal incorporándola plenamente a su vida y sancionó su obra como misión en el pueblo de Dios.”

               En el año 1696, el Papa Inocencio XII extendió la Fiesta de la Virgen de la Merced a toda la Iglesia y fijó su fecha para el 24 de Septiembre. 




El Escapulario de la Merced


               El Papa Benedicto XV bendijo especialmente el Escapulario de la Merced; lo había llevado desde que era un adolescente, por eso, el 4 de Junio de 1918, en el marco de la Gran Guerra, concedió indulgencias a dos jaculatorias dirigidas a la Virgen de la Merced en las que se pedía el fin de la contienda: "Redentora de cautivos, ruega por nosotros" y "Piadosísima Madre de la Merced, ruega por nosotros".


Bendición Apostólico e indulgencia del Papa Benedicto XV
(cliquea sobre la imagen para ampliarla)


               El Escapulario de la Merced es una gracia especialísima que la Virgen María Madre de Dios concede a sus hijos predilectos como signo de su filiación, escudo de su amparo y baluarte de su defensa en todos los peligros de alma y de cuerpo. La Santísima Virgen, velando por la salvación de Sus hijos y queriendo darnos una prueba de Su maternal cariño, prometió a todos los que vistiesen el Santo Escapulario de la Merced que él sería "el signo de su filiación, el escudo de su amparo y el baluarte de su defensa en todos los peligros de alma y cuerpo y después la salvación eterna"; el Escapulario de la Merced nos hace hijos y hermanos de la Santísima Virgen María, nos hace participantes de todos los méritos de la Orden (oraciones, sacrificios, penitencias, etc) y se hacen acreedores a los dulces cariños e inefables ternuras de tan bondadosa Madre. 



martes, 24 de septiembre de 2019

NUESTRA SEÑORA, MARÍA SANTÍSIMA DE LA MERCED




               El Padre Gaver, en el 1400, relata como Nuestra Señora se aparece a San Pedro Nolasco en el año 1218 y le revela Su deseo de ser Liberadora a través de una Orden dedicada a socorrer a los cristianos cautivos en tierras infieles.

               Ante la visión de la Virgen Santísima, San Pedro Nolasco, confundido por tal gracia, le pregunta:

               "¿Quién eres Tú, que a mí, un indigno siervo, pides que realice obra tan difícil, de tan gran caridad, que es grata Dios y meritoria para mi?"

               Nuestra Señora le responde:

                "Yo soy María, aquella en cuyo vientre asumió la carne el Hijo de Dios, tomándola de Mi sangre purísima, para reconciliación del género humano. Soy Aquella a la que dijo Simeón cuando ofrecí Mi Hijo en el Templo: "Mira que éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel; ha sido puesto como signo de contradicción: y a Ti misma una espada vendrá a atravesarte por el alma"

               ¡Oh Virgen María - prosiguió el Santo- Madre de Gracia, Madre de Misericordia! ¿Quién podrá creer que Tú me mandas? 

                "No dudes en nada, -sentenció Nuestra Señora- porque es voluntad de Dios que se funde una orden de ese tipo en honor mío; será una orden cuyos hermanos y profesos, a imitación de mi hijo Jesucristo, estarán puestos para ruina y redención de muchos en Israel (es decir, entre los cristianos) y serán signo de contradicción para muchos."

               Para llevar a cabo esta misión, el 10 de Agosto de 1218, San Pedro Nolasco fundó en Barcelona la Orden de la Virgen María de la Merced de la redención de los cautivos, con la participación del Rey Jaime de Aragón y ante el Obispo de la ciudad, Berenguer de Palou.

               Por la confirmación del Papa Gregorio IX aprobó la Orden el 17 de Enero de 1235; la ratificó en la práctica de la Regla de San Agustín; le dio carácter universal incorporándola plenamente a su vida y sancionó su obra como "Misión en el pueblo de Dios".



lunes, 28 de enero de 2019

SAN PEDRO NOLASCO, de comerciante a redentor de cristianos cautivos


                 Pedro Nolasco nace en Mas de Saintes Puelles, Condado de Toulouse, entre el 1180. Avecindada la familia Nolasco en Barcelona, aprendió de su padre Bernardo el arte de mercader.

                 En el ejercicio de su actividad de comerciante descubre el cautiverio de los cristianos en tierras musulmanas. Desde entonces, dedicará su vida y utilizará sus bienes para devolverles la libertad. Poco a poco reuniría a su alrededor un buen número de jóvenes que le ayudarían en la labor de redimir cautivos.

                  Buscó en su fervorosa oración la inspiración divina para poder continuar la obra, y en esta circunstancia, la noche del 1 al 2 de Agosto de 1218, ocurrió la intervención especial de María Santísima en la vida de Pedro Nolasco.

                   Según una piadosa tradición, también se apareció la Virgen a San Raimundo de Peñafort, y al Rey Jaime I de Aragón, y les comunicó a los tres por separado Su deseo de fundar una Orden para redimir cautivos cristianos.




                  El hecho es que la Virgen María movió profundamente el corazón de Pedro Nolasco para fundar la Orden de la Merced; el 10 de Agosto de 1218 en el altar mayor de la Catedral de Barcelona, en presencia del Rey Jaime I de Aragón y del Obispo Berenguer de Palou, se crea la nueva institución. Pedro y sus compañeros vistieron el hábito y recibieron el escudo con las cuatro barras rojas sobre un fondo amarillo de la Corona de Aragón y la Cruz Blanca sobre fondo rojo, titular de la catedral de Barcelona. Pedro Nolasco reconoció siempre a María Santísima como la auténtica Fundadora de la Oden, bajo el título de la Merced. "Merced" significa "misericordia".

                   La nueva Orden fue laica en los primeros tiempos. Su primera ubicación fue el Hospital de Santa Eulalia, junto al palacio real. Allí recogían a indigentes y a cautivos que regresaban de tierras de moros y no tenían donde ir. Seguían la labor que ya antes hacían de crear conciencia sobre los cautivos y recaudar dinero para liberarlos. Eran acompañados con frecuencia de ex-cautivos, ya que, cuando uno era rescatado, tenía obligación de participar durante algún tiempo en este servicio. Normalmente iban cada año en expediciones redentoras. San Pedro continuó sus viajes personalmente en busca de esclavos cristianos. En Argelia, Africa, lo hicieron prisionero pero logró conseguir su libertad. Aprovechando sus dones de comerciante, organizó con éxito por muchas ciudades colectas para los esclavos.

                Los frailes hacían, además de los tres votos de la vida religiosa, pobreza, castidad y obediencia, un cuarto: dedicar su vida a liberar esclavos. Al entrar en la Orden los miembros se comprometían a quedarse en lugar de algún cautivo que estuviese en peligro de perder la Fe, en caso que el dinero no alcanzara a pagar su redención. Entre los que se quedaron como esclavos está San Pedro Ermengol, un noble que entró en la orden tras una juventud disoluta. Este cuarto voto distinguió a la nueva comunidad de mercedarios.




                El Papa Gregorio IX aprobó la Orden de la Merced mediante la Bula Devotionis vestrae, el 17 de Enero de 1235 y San Pedro Nolasco fue nombrado Superior General. 

                El Rey Jaime decía que si había logrado conquistar la ciudad de Valencia, ello se debía a las oraciones de Pedro Nolasco. Cada vez que obtenía algún triunfo lo atribuía a las oraciones de este Santo.

                Antes de morir, a los 77 años, pronunció el Salmo 76 "Tú, oh Dios, haciendo maravillas, mostraste Tu poder a los pueblos y con Tu brazo has rescatado a los que estaban cautivos y esclavizados".