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jueves, 20 de agosto de 2020

LA GRANDEZA DEL SACERDOCIO CATÓLICO




               Grande es este Misterio, y grande es la dignidad de los Sacerdotes, a los cuales es dado lo que no es concedido a los Ángeles. Pues sólo los Sacerdotes ordenados en la Iglesia tienen poder de Celebrar y Consagrar el Cuerpo de Jesucristo. El Sacerdote es Ministro de Dios, cuyas palabras usa por Su Mandamiento y Ordenación; mas Dios es allí el principal Autor y obrador invisible, a cuya Voluntad todo está sujeto, y a cuyo Mandamiento todo obedece.

               ¡Cuán grande y honorífico es el Oficio de los Sacerdotes, a los cuales es concedido Consagrar al Señor de la Majestad con las palabras sagradas, bendecirlo con sus labios, tenerlo en sus manos, recibirlo en su propia boca, y distribuirle a los demás!


La Imitación de Cristo, por Tomás de Kempis



jueves, 31 de octubre de 2019

ESTA TRISTE NOCHE DE HALLOWEN SE COMETERÁN MILES DE HORRENDOS PECADOS CONTRA LA GLORIA DE DIOS. Urge reparar, y qué mejor manera que usar un sencillo ACTO DE AMOR, con la mente y con el corazón.




“Porque vendrá tiempo cuando
 no sufrirán la sana doctrina, 
sino que teniendo comezón de oír, 
se amontonarán maestros 
conforme a sus propias concupiscencias,
 y apartarán de la verdad el oído
 y se volverán a las fábulas”

2 Carta de San Pablo a Timoteo, cap. 4, vers. 3-4


               El año céltico concluía el 31 de Octubre, en el Otoño, cuya característica principal es la caída de las hojas. Para ellos significaba el fin de la muerte o iniciación de una nueva vida. Esta enseñanza se propagó a través de los años de generación en generación.

               La costumbre era dejar comida y dulces en los alrededores de las casas a modo de ofrenda. Por otro lado, era común encender velas para ayudar a las almas de los muertos a encontrar el camino hacia la luz y descanso junto a Lugh, el dios celta conocido como el de las Mil Artes o Mil Oficios, y en este sentido quizá se lo puede relacionar con Mercurio, dios del que Julio César dijo que era el inventor de las artes.

             Animamos a nuestros amigos y lectores a dedicar un momento de esta noche para hacer esta ORACIÓN DE DESAGRAVIO, desde nuestro propio hogar, en un ambiente de tranquilidad y recogimiento; recemos para reparar los muchos pecados que se cometerán esta infame noche con la celebración pagana conocida como "Hallowen". Un buen católico debe abstenerse de participar o colaborar en modo alguno en dichos festejos mundanos y anticristianos, bajo pena de pecado grave.

             También nos puede servir para desagraviar a Dios Nuestro Señor la oración que les fue revelada por el Ángel de Fátima a los videntes:

           Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Vuestro Amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los tabernáculos de la tierra, en reparación por las iniquidades, sacrilegios e indiferencias con los que Él mismo es ofendido; y por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Corazón Inmaculado de María os pido la conversión de los pobres pecadores.




ACTO DE DESAGRAVIO A NUESTRO SEÑOR, 
compuesto por el Santo Padre Pío XI

               ¡Oh Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso Amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! Vednos postrados ante Vuestro Altar, para reparar, con especiales homenajes de honor, la frialdad indigna de los hombres y las injurias con que, en todas partes, hieren Vuestro Amantísimo Corazón.

               Mas recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos con tal indignidad de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos, ante todo, obtener para nuestras almas Vuestra Divina Misericordia, dispuestos a reparar, con voluntaria expiación, no sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del camino de la salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren seguiros como a Pastor y Guía, o, conculcando las promesas del Bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de Vuestra Ley.

               Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y la deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas contra las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias proferidas contra Vos y contra Vuestros Santos, los insultos dirigidos al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el mismo Sacramento del amor y, en fin, los públicos pecados de las naciones que oponen resistencia a los derechos y al Magisterio de la Iglesia por Vos fundada.

               ¡Ojalá que nos fuese dado lavar tantos crímenes con nuestra propia sangre! Mas, entretanto, como reparación del Honor Divino conculcado, uniéndola con la expiación de la Virgen Vuestra Madre, de los Santos y de las almas buenas, os ofrecemos la satisfacción que Vos mismo ofrecisteis un día sobre la Cruz al Eterno Padre y que diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en cuanto nos sea posible y mediante el auxilio de Vuestra gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia Vuestro Amor, oponiendo la firmeza en la Fe, la inocencia de la vida y la observancia perfecta de la Ley Evangélica, sobre todo de la Caridad, mientras nos esforzamos además por impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos podamos para que vayan en Vuestro seguimiento.

               ¡Oh Benignísimo Jesús! Por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, os suplicamos que recibáis este voluntario Acto de Reparación; concedednos que seamos fieles a Vuestros Mandatos y a Vuestro servicio hasta la muerte y otorgadnos el don de la perseverancia, con el cual lleguemos felizmente a la Gloria, donde, en unión del Padre y del Espíritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.




miércoles, 30 de octubre de 2019

CALENDARIO CATÓLICO NOVIEMBRE DE 2019, EL MES DEL BENDITO PURGATORIO




               Nada más hermoso y más digno de poseerse que la verdadera Caridad. Éste es el fin de todo Católico: "Amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a nosotros mismos".

               Tiende tu mirada a las Benditas Ánimas del Purgatorio, la Iglesia Purgante, que alargan su mano suplicando una limosna de misericordia; Ellas esperan la bondad de nosotros, los mortales, que les ayude a calmar sus dolores y librarse de aquellas terribles cárceles de tormentos, donde purgan por los pecados cometidos durante su estancia en este mundo visible.

               No siempre podemos practicar la caridad tal y como querría nuestro corazón, pero sí podemos SER TODOS GRANDES BENEFACTORES de las Almas del Purgatorio: mayores y pequeños, enfermos y sanos, todos podemos socorrerles con nuestras oraciones, Misas, comuniones, limosnas y sacrificios personales...

               Ojalá a partir de hoy comiences a ser devoto fiel de las Almas del Purgatorio, que, una vez libres de sus penas, serán llevadas a la Presencia de Dios, en la compañía de la Virgen y de los Santos, donde no te quepa duda, se acordarán de ti, que tanto las ayudaste a alcanzar la felicidad eterna.




               DESDE EL pasado LUNES 28 de Octubre, uno de nosotros rezará el Santo Rosario un día de la semana por las Almas del Purgatorio, con INTENCIÓN ESPECIAL POR LOS DIFUNTOS familiares y amigos de los que se unan a esta cadena de oración.

         De momento éstos son los asignados:

-Lunes: Juan Diego, Ariel 

-Martes: Jesús, Janeth 

-Miércoles: Carmelo, Alex

-Jueves: Pablo, Atilio

-Viernes: Leonardo

-Sábado: Ariel, Ruth, Pedro

-Domingo: Fabián, Olga

Para participar en esta cadena de oración
 sólo tiene que escribirnos un correo a 
sicutoves@gmail.com
 indicando su nombre y día de la semana
 en que se compromete a rezar el Santo Rosario
 por las Almas del Purgatorio.




martes, 29 de octubre de 2019

ORACIÓN EN REPARACIÓN DE LAS BLASFEMIAS; Recemos por aquellos que no son capaces de seguir los pasos sangrientos del Divino Redentor



               No son pocas las ocasiones que llegan a nuestro oído palabras malsonantes, groserías algunas, impertinencias otras, sin faltar las blasfemias: esas vulgares expresiones que atentan contra la Honra y la Gloria de Dios, de Su Santa Madre y de los Santos. En muchas casas, se menta a Dios o a la Virgen sin respeto y lo peor, lo toman por moda y costumbre, sin darle mayor importancia.

               La blasfemia es una carcoma que corroe las buenas costumbres, que atrapa al hombre en su negativa de reconocer a Dios como a Su Creador, al que están debidos todos los honores y tributos de nuestra existencia.

               Era la blasfemia el salto y seña de los milicianos comunistas durante la Cruzada Española; muchos Mártires fueron torturados, mutilados y asesinados por negarse a blasfemar. Sabían bien los enemigos de Dios que si conseguían arrancar una blasfemia de los labios de un católico, ése sería su primer logro antes de la apostasía, que por cierto, no hubo NI UNA, gracias a la fuerza que el Señor infundió en las almas de aquellos valientes católicos.

               Si los Mártires, aún bajo amenaza de muerte se negaron a blasfemar ¿cómo tú permites y toleras la blasfemia en tu entorno?. Es OBLIGACIÓN GRAVE de todo Católico defender el Santo Nombre de Dios, luchar por Su Gloria: corrige al que blasfeme, reprende y explica con claridad la gravedad del pecado, no te acobardes ni tengas respeto humano a la hora de luchar por la Verdad que es Cristo; si nosotros le negamos ante los hombres, Él nos negará ante Su Padre de los Cielos (Evangelio de San Mateo, cap. 10, vers. 33)


Pío XII nos invita a desplegar al viento
las banderas de Nuestro Rey


               No hay necesidad más urgente que la de dar a conocer las inconmensurables riquezas de Cristo a los hombres de nuestra época. No hay empresa más noble que la de levantar y desplegar al viento las banderas de Nuestro Rey ante aquellos que han seguido banderas falaces y la de reconquistar para la cruz victoriosa a los que de ella, por desgracia, se han separado.




               ¿Quién, a la vista de una tan gran multitud de hermanos que, cegados por el error, enredados por las pasiones, desviados por los prejuicios, se han alejado de la Verdadera Fe en Dios y del salvador Mensaje de Jesucristo; quién, decimos, no arderá en caridad y dejará de prestar gustosamente su ayuda? 

               Todo el que pertenece a la Milicia de Cristo, sea clérigo o seglar, ¿por qué no ha de sentirse excitado a una mayor vigilancia, a una defensa más enérgica de nuestra causa viendo como ve crecer temerosamente sin cesar la turba de los enemigos de Cristo y viendo a los pregoneros de una doctrina engañosa que, de la misma manera que niegan la eficacia y la saludable verdad de la Fe Cristiana o impiden que ésta se lleve a la práctica, parecen romper con impiedad suma las tablas de los Mandamientos de Dios, para sustituirlas con otras normas de las que están desterrados los principios morales de la revelación del Sinaí y el divino espíritu que ha brotado del Sermón de la Montaña y de la Cruz de Cristo? 

               Todos, sin duda, saben muy bien, no sin hondo dolor, que los gérmenes de estos errores producen una trágica cosecha en aquellos que, si bien en los días de calma y seguridad se confesaban seguidores de Cristo, sin embargo, cuando es necesario resistir con energía, luchar, padecer y soportar persecuciones ocultas y abiertas, cristianos sólo de nombre, se muestran vacilantes, débiles, impotentes, y, rechazando los sacrificios que la profesión de su Religión implica, no son capaces de seguir los pasos sangrientos del Divino Redentor. 


Papa Pío XII, Encíclica "Summi Pontificatus", 
20 de Octubre de 1939


ORACIÓN EN REPARACIÓN
 DE LAS BLASFEMIAS
(Bendecida con 1000 días de indulgencia)



Toque sobre la imagen para verla en su tamaño original; se autoriza 
su copia y difusión siempre que se mantenga el diseño original




miércoles, 9 de octubre de 2019

EN UN NUEVO ANIVERSARIO DEL PASTOR ANGELICUS, inicio de la Sede Vacante. Continuamos profesando la Fe Católica en medio de la Apostasía




               Tal día como hoy, en 1958, dejaba este mundo el último Papa Católico; dejó tras de sí un riquísimo Magisterio, herencia enriquecida de dos mil años de Tradición Católica. 

               El noble patricio romano que ocupó la Sede de Pedro antes del "Concilio de la Apostasía", fue sin duda un auténtico Príncipe de Dios que dejó marcada la senda por donde transitar antes del Retorno de Nuestro Señor.

             Para leer una breve síntesis biográfica del Papa Pío XII sólo tiene que tocar AQUÍ.





"Solamente la Santa Religión Católica
 puede garantizar la verdadera Paz
 y orden social..."

               (...) toda casa que no se apoya sobre una base sólida y segura ruina; toda la inteligencia que no es iluminada por la Luz de Dios se aleja más o menos de la plenitud de la Verdad; surgen las discordias, aumentan, crece, si la caridad fraternal no enfervoriza a los ciudadanos, los pueblos y las naciones.

               Ahora bien, sólo la Religión Cristiana enseña esa Verdad Plena, esa Justicia Perfecta y esa Caridad Divina que elimina odios, enemistades y peleas; de hecho, sólo Ella las recibió en custodia del Divino Redentor, Camino, Verdad y Vida (Evangelio de San Juan cap. 14, vers. 6), y con todas las fuerzas debe hacerlas poner en práctica. 

              No hay duda, entonces, de que aquellos que quieren deliberadamente ignorar la Religión Cristiana y a la Iglesia Católica, o que se esfuerzan en ponerles obstáculos, debilitan con eso las bases de la Sociedad, o las sustituyen por otras que absolutamente no pueden sostener el edificio de la dignidad, libertad y bienestar humanos.


LA APOSTASÍA DE LA FALSA IGLESIA



             Es preciso, pues, volver a los Preceptos del Cristianismo, si se quiere formar una sociedad sólida, justa y equitativa. Es perjudicial, es imprudente entrar en conflicto con la Religión Cristiana, cuya duración perenne es garantizada por Dios y probada por la Historia; en un estado sin religión, no puede haber ni rectitud moral ni orden. 

             La Religión es la que hace que las almas sean formadas en la Justicia, la Caridad, la obediencia a las leyes justas; Ella condena y proscribe el vicio; induce a los ciudadanos a la virtud, si no que les rige y les regula la conducta pública y privada; enseña que la mejor distribución de la riqueza no se logra por la violencia y por la revolución, pero mediante normas justas, de modo que el proletario que aún no tenga los medios de vida necesarios y oportunos puede ser elevado a una condición más formal, con feliz solución para las disensiones sociales; de ese modo ella trae una eficaz contribución al buen orden y la Justicia, aunque no haya sido creada únicamente para ofrecer y aumentar las comodidades de la vida. (...)"


(Papa Pío XII, Carta Encíclica "MEMINISSE IUVAT", 
14 de Julio de 1958)


martes, 27 de agosto de 2019

LA DIVINA INTEGRIDAD


             En la actualidad, muchos católicos quieren vivir "su Fe" hecha a medida, sin muchas complicaciones, les da igual la Doctrina (porque la mayoría de las veces la desconocen) y se contentan con asistir a Misa el Domingo y rezar cuando les va mal... en esos momentos no son pocos los que directamente culpan a Dios de sus desgracias -fruto de malas decisiones personales- y deciden vivir como si Él no existiera, como el niño que cree que por taparse los ojos y no ver lo hará igualmente invisible a los demás...

             A ti que esto lees, a mí que te aviso, nos toca REPARAR por aquellas almas que han decidido dar la espalda a Dios; a ti y a mí nos urge AMAR a Dios aún más, pues está falto del amor que le deben tantos que se lo niegan; a ti y a mí nos toca CONFIAR en Su Bondadoso Corazón, pues aunque sirviéndole no sintamos consuelo, por el contrario, nos abata la tristeza o el desaliento, debemos seguir adelante, pues el premio y el consuelo no los tendremos jamás en esta vida, sino que se nos reserva para el Cielo.

            Te animo a leer y meditar los siguientes párrafos que hablan sobre la mayor de las traiciones: la que llevó a Nuestro Señor Jesucristo al patíbulo de la Cruz. Todo comenzó con la conspiración de los sacerdotes del Sanedrín y se alimentó con la indiferencia de los tibios... ojalá que nunca te encuentres entre estos, sino que te alistes en las filas de aquellos que son odiados por amar al que derramó Su Sangre para la redención de nuestras almas.




                  Conspiraron contra Vos, Señor, vuestros enemigos. Sin gran esfuerzo, amotinaron al populacho ingrato, que ahora hierve de odio contra Vos. Odio. Es lo que por todas partes os circunda, os envuelve como una nube densa, se lanza contra Vos como un oscuro y frío vendaval. Odio gratuito, odio furioso, odio implacable: que no se sacia en humillaros, en saturaros de oprobios, en llenaros de amargura; vuestros enemigos os odian tanto, que ya no soportan vuestra presencia entre los vivos, y quieren vuestra muerte. Quieren que desaparezcáis para siempre, que enmudezca el lenguaje de vuestros ejemplos y la sabiduría de vuestras enseñanzas. Os quieren muerto, aniquilado, destruido. Sólo así habrán aplacado el torbellino de odio que en sus corazones se levanta.

                  Siglos incluso antes que nacierais, ya el Profeta preveía ese odio que suscitaría la luz de las verdades que anunciaríais, el brillo divino de las virtudes que tendríais: "¿Pueblo mío, qué te hice Yo, en qué por ventura te he contristado?" (1). E interpretando vuestros sentimientos, la Sagrada Liturgia exclama a los infieles de entonces y de hoy: "¿Qué más debía Yo haber hecho por ti, y no lo hice? Yo te planté como viña escogida y preciosa: y tú te convertiste en excesiva amargura para Mí; vinagre me diste a beber en mi sed, y traspasasteis con una lanza el costado de tu Salvador" (Improperios).

                  Tan fuerte fue el odio que contra Vos se levantó, que la propia autoridad de Roma, que juzgaba al mundo entero, se abatió acobardada, retrocedió y cedió ante el odio de los que sin causa alguna os querían matar. La altivez romana, victoriosa en el Rin, en el Danubio, en el Nilo y en el Mediterráneo, se ahogó en el lavabo de Pilatos.

                  "Christianus alter Christus", el cristiano es otro Cristo. Si fuésemos realmente cristianos, esto es realmente católicos, seremos otros Cristos. E, inevitablemente, el torbellino del odio que contra Vos se levantó, también contra nosotros ha de soplar furiosamente.

                   ¡Y sopla, Señor! Compadeceos, Dios mío, y dadle fuerzas al pobre niño de colegio, que sufre el odio de sus compañeros porque profesa vuestro Nombre y se rehúsa a profanar la inocencia de sus labios con palabras de impureza. Odio, sí. Tal vez no el odio bajo la forma de una invectiva desabrida y feroz, sino bajo la forma terrible del escarnio, del aislamiento, del desprecio. Dadle fuerzas, Dios mío, al estudiante que vacila en proclamar vuestro Nombre en plena aula, a la vista de un profesor impío y de un enjambre de colegas que se mofa. Dadle fuerzas, Dios mío, a la joven que debe proclamar vuestro Nombre, rehusándose a vestir los trajes que la moda impone, desde que por su extravagancia o inmoralidad desentonen de la dignidad de una verdadera católica. Dadle fuerzas, Dios mío, al intelectual que ve cerrarse delante de sí las puertas de la notoriedad y de la gloria, porque predica vuestra doctrina y profesa vuestro Nombre. Dadle fuerzas, Dios mío, al apóstol que sufre la embestida inclemente de los adversarios de vuestra Iglesia, y la hostilidad mil veces más penosa de muchos que son hijos de la luz, sólo porque no consiente en las diluciones, en las mutilaciones, en las unilateralidades con que los "prudentes" compran la tolerancia del mundo para su apostolado.

                  Ah, Dios mío, ¡cómo son sabios vuestros enemigos! Ellos sienten que en el lenguaje de esos "prudentes", lo que se dice en las entrelíneas es que Vos no odiáis el mal, ni el error, ni las tinieblas. Y entonces aplauden a los prudentes según la carne, como os aplaudirían en Jerusalén, en lugar de mataros, si hubieseis dirigido a los del Sanedrín el mismo lenguaje.

                   Señor, dadnos fuerzas: no queremos ni pactar, ni retroceder, ni transigir, ni diluir, ni permitir que empalidezca en nuestros labios la divina integridad de Vuestra Doctrina. Y si un diluvio de impopularidad se abate sobre nosotros, sea siempre nuestra oración la de la Sagrada Escritura: "Preferí ser abyecto en la casa de mi Dios, a vivir en la intimidad de los pecadores" (Salmos, 83, 11).


Doctor Plinio Corrêa de Oliveira


NOTAS ACLARATORIAS

1- Miqueas, cap. 6, vers. 3