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lunes, 29 de junio de 2026

SAN PEDRO Y SAN PABLO, Apóstoles y Mártires

   


                   La Fiesta de hoy es una de las mayores fiestas que celebra la Santa Iglesia Católica, porque, como enseña la Liturgia del día "Dios consagró este día con el Martirio de los Apóstoles San Pedro y San Pablo". Pedro, el pescador de Galilea, elegido por el Señor como Cabeza visible de la Iglesia; y Pablo, el Apóstol de los gentiles, incansable misionero y teólogo inspirado. Su memoria conjunta subraya la unidad y universalidad de la Iglesia fundada sobre el testimonio de estos dos gigantes de la Fe. 

                   San Pedro es el Vicario de Cristo, el primer Papa, aquel a quien dijo el Señor "tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia". Nacido en Betsaida, junto al lago de Genesaret, Simón, hijo de Jonás, se unió desde los comienzos de Su Vida Pública a Jesús, que le dio el nombre de "Kefas", es decir, "piedra". 

                   El entusiasmo con que siguió al Señor y la claridad con que vio y confesó la Divinidad de su Maestro, le merecieron un puesto excepcional entre Los Doce; a pesar de su negación, en la noche de la Pasión de Cristo, Nuestro Señor le confirmó en la Jefatura de la Iglesia, después de la Resurrección, junto al mismo lago de Genesaret, con estas palabras: "Apacienta a Mis ovejas". 

                   Salvado milagrosamente de la cárcel en la que le había encerrado Herodes, con el fin de ejecutarle el día de la Pascua, como había sucedido con el Maestro, "se fue a otro lugar", es decir, a Roma, que por él será la Ciudad Eterna y la Sede principal de los Papas. Desde allí confortó a la Iglesia con su infalibilidad doctrinal, la iluminó con su palabra y la fecundó con su sangre, muriendo por Cristo, junto a San Pablo, en la persecución de Nerón, en el año 67, como el Señor le había profetizado: "Cuando eras joven, te ceñías tu mismo e ibas a donde querías; mas cuando seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras". San Pablo, tras su conversión, encontró a San Pedro en Jerusalén, tres años después de su fuga de Damasco, donde el rey de los nabateos era Aretas IV; esto permite datar la huida hacia el año 37 y su conversión hacia el 34-35.

                  Pedro fue crucificado de cabeza en el circo de Nerón, donde actualmente está ubicado el Vaticano. Pablo, un ciudadano romano, pereció bajo la espada, y su cabeza rebotó tres veces al caer, haciendo brotar un manantial que hoy se conoce como "Las Tres Fuentes".

                   Hoy pues, es el día indicado para renovar nuestra Fe en los Dogmas y Enseñanzas de la Iglesia fundada sobre San Pedro, y de repetir con él esta profesión "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo; solo Tú tienes palabras de Vida Eterna". Nuestra fuerza, nuestra grandeza, nuestra seguridad radican en la firme adhesión a la Fe Católica en su Integridad.




JURAMENTO ANTI-MODERNISTA 
Motu Proprio: “SACRORUM ANTISTITUM” 
Papa San Pío X, 1 de Septiembre de 1910

    

              Yo… (decir nombre propio) abrazo y recibo firmemente todas y cada una de las Verdades que la Iglesia por su Magisterio, que no puede errar, ha definido, afirmado y declarado, principalmente los textos de Doctrina que van directamente dirigidos contra los errores de estos tiempos.

              En primer lugar, profeso que Dios, Principio y Fin de todas las cosas puede ser conocido y por tanto también demostrado de una manera cierta por la luz de la razón, por medio de las cosas que han sido hechas, es decir por las obras visibles de la Creación, como la causa por su efecto.

              En segundo lugar, admito y reconozco los argumentos externos de la Revelación, es decir los hechos divinos, entre los cuales en primer lugar, los milagros y las profecías, como signos muy ciertos del origen divino de la Religión Cristiana. Y estos mismos argumentos, los tengo por perfectamente proporcionados a la inteligencia de todos los tiempos y de todos los hombres, incluso en el tiempo presente.

              En tercer lugar, creo también con fe firme que la Iglesia, Guardiana y Maestra de la Palabra revelada, ha sido instituida de una manera próxima y directa por Cristo en persona, verdadero e histórico, durante Su Vida entre nosotros, y creo que esta Iglesia esta edificada sobre Pedro, Jefe de la Jerarquía y sobre sus sucesores hasta el Fin de los Tiempos.

              En cuarto lugar, recibo sinceramente la Doctrina de la Fe que los Padres ortodoxos nos han transmitido de los Apóstoles, SIEMPRE CON EL MISMO SENTIDO Y LA MISMA INTERPRETACIÓN. POR ESTO RECHAZO ABSOLUTAMENTE LA SUPOSICION HERÉTICA DE LA EVOLUCIÓN DE LOS DOGMAS, según la cual estos Dogmas cambiarían de sentido para recibir uno diferente del que les ha dado la Iglesia en un principio.

              Igualmente, repruebo todo error que consista en sustituir el Depósito Divino confiado a la Esposa de Cristo y a su vigilante custodia, por una ficción filosófica o una creación de la conciencia humana, la cual, formada poco a poco por el esfuerzo de los hombres, sería susceptible en el futuro de un progreso indefinido.

              Consecuentemente: mantengo con toda certeza y profeso sinceramente que la Fe no es un sentido religioso ciego que surge de las profundidades tenebrosas del “subconsciente”, moralmente informado bajo la presión del corazón y el impulso de la voluntad, sino que es un verdadero asentamiento de la inteligencia a la verdad adquirida extrínsecamente por la enseñanza recibida EX CATEDRA, asentamiento por el cual creemos verdadero, a causa de la Autoridad de Dios cuya veracidad es absoluta, todo lo que ha sido dicho, atestiguado y revelado por el Dios personal, nuestro Creador y nuestro Maestro.

             En fin, de manera general, profeso estar completamente indemne de este error de los modernistas, que pretenden no hay nada divino en la Tradición Sagrada, o lo que es mucho peor, que admiten lo que hay de divino en el sentido panteísta, de tal manera que no queda nada más que el hecho puro y simple de la historia, a saber: el hecho de que los hombres, por su trabajo, su habilidad, su talento continúa a través de las edades posteriores, la escuela inaugurada por Cristo y Sus Apóstoles. 

              Para concluir, sostengo con la mayor firmeza y sostendré hasta mi ultimo suspiro, la Fe de los Padres sobre el criterio cierto de la Verdad que está, ha estado y estará siempre en el Episcopado transmitido por la Sucesión de los Apóstoles; no de tal manera que esto sea sostenido para que pueda parecer mejor adaptado al grado de cultura que conlleva la edad de cada uno, sino de tal manera que LA VERDAD ABSOLUTA E INMUTABLE, predicada desde los orígenes por los Apóstoles, NO SEA JAMÁS NI CREÍDA NI ENTENDIDA EN OTRO SENTIDO.

              Todas estas cosas me comprometo a observarlas fiel, sincera e ÍNTEGRAMENTE, a guardarlas inviolablemente y a no apartarme jamás de ellas sea enseñando, sea de cualquier manera, por mis palabras y mis escritos.



domingo, 19 de abril de 2026

JESÚS EL BUEN PASTOR. II Domingo después de Pascua

 

  
      

                       Este Domingo se designa con el nombre popular de "Domingo del Buen Pastor" porque, en la Santa Misa de hoy se lee la canción evangélica del Apóstol San Juan donde nuestro propio Señor se llama de esta manera. Un vínculo misterioso une este texto a nuestro tiempo, porque es en estos días que el Salvador de los hombres, estableciendo y consolidando Su Iglesia, comenzó a darle ese Pastor que tendrá que gobernarla.

                       San Pedro, a quien Jesús resucitado constituyó Cabeza y Pastor de Su Iglesia, nos explica en la epístola de la Santa Misa de hoy, que Cristo es el Pastor de nuestras almas, que eran como ovejas descarriadas. Es Él, Verdadero Dios y Verdadero Hombre, quien ha venido a dar Su Vida por ellas y reunirlas en un solo rebaño: "Llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que, muertos al pecado, viviéramos para la justicia, y por sus heridas hemos sido curados. Porque erais como ovejas descarriadas; más ahora os habéis vuelto al Pastor y Guardián de vuestras almas" (I Carta de San Pedro, cap. 2, vers. 24-25).

                       El Evangelio es el de la parábola del Buen Pastor, que defiende a sus ovejas contra los ataques del lobo y las preserva de la muerte. Es la voz fiel del Padre; Él conoce a cada alma particularmente; Él da Su Vida por Sus ovejas: "Tengo otras ovejas que no son de este redil, y es preciso que Yo las traiga, y oirán Mi voz, y habrá un sólo rebaño y un solo Pastor" (Evangelio de San Juan, cap. 10, vers. 16).

                       Para atraer a las almas hacia Él, el Buen Pastor ha subido al madero de la Cruz. Es allí donde se ofrece como Hostia pura e inmaculada y nos da la salud en Su Oblación sagrada. Ahí nos ha merecido la gracia de una nueva vida.

                       Hoy, como ayer, es a través del Ministerio de los Sacerdotes que Nuestro Señor Jesucristo aplica los Méritos infinitos de Su Sacrificio para la santificación de las almas. Es en el Altar que Sus Ministros realizan el acto perfecto del culto divino y conducen a las ovejas a su Pastor, las alimentan con Su Cuerpo y Su Sangre.


CRISTO BUEN PASTOR
anunciado desde el Antiguo Testamento

                       He aquí que Yo Mismo buscaré Mis ovejas, y las visitaré. Como el pastor pasa revista a su rebaño, cuando se halla en medio de sus ovejas recobradas: así visitaré Yo Mis ovejas, y las libraré de todos los lugares donde fueron dispersadas el día de la nube y de la tempestad. Y las sacaré de los pueblos, y las reuniré de las tierras, y las tornaré a su tierra: y las pastaré en los montes de Israel, en los ríos, y en todos los lugares de la tierra. 

                       Las apacentaré en pastos ubérrimos, y sus pastos estarán en los altos montes de Israel: allí descansarán entre las crecidas hierbas, y serán apacentadas en los abundantes pastos de los montes de Israel. Yo pastaré Mis ovejas, y las haré sestear, dice el Señor. 

                      Lo que había perecido, lo buscaré; y lo que se había extraviado, lo reduciré; y lo que se había quebrado, lo ligaré; y lo que se había debilitado, lo robusteceré; y lo gordo y fuerte, lo guardaré: y las apacentaré con juicio, dice el Señor Omnipotente... 


Profeta Ezequiel, cap. 34


                       Yo Soy el Buen Pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el que es un asalariado y no un pastor, que no es el dueño de las ovejas, ve venir al lobo, y abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa. Él huye porque sólo trabaja por el pago y no le importan las ovejas.

                       Yo Soy el Buen Pastor, y conozco Mis ovejas y las mías Me conocen, de igual manera que el Padre Me conoce y Yo conozco al Padre, y doy Mi Vida por las ovejas. Tengo otras ovejas que no son de este redil; a ésas también me es necesario traerlas, y oirán Mi voz, y serán un rebaño con un solo pastor. 


Evangelio de San Juan, cap. 10, vers. 11-16


LA SANTA IGLESIA CATÓLICA
Redil de Cristo; la necesidad del Bautismo
y de la Profesión de la Verdadera Fe


                    ...en manera alguna se ha de pensar que esta estructura ordenada u orgánica del Cuerpo de la Iglesia, se limita o reduce solamente a los grados de la Jerarquía; o que, como dice la sentencia contraria, consta solamente de los carismáticos, los cuales, dotados de dones prodigiosos, nunca han de faltar en la Iglesia. Se ha de tener, eso sí, por cosa absolutamente cierta, que los que en este Cuerpo poseen la sagrada potestad, son los miembros primarios y principales, puesto que por medio de ellos, según el mandato mismo del Divino Redentor, se perpetúan los Oficios de Cristo, Doctor, Rey y Sacerdote. 

                    ...entre los miembros de la Iglesia sólo se han de contar de hecho los que recibieron las aguas regeneradoras del Bautismo, y, profesando la Verdadera Fe, no se hayan separado, miserablemente, ellos mismos, de la contextura del Cuerpo, ni hayan sido apartados de él por la legítima Autoridad a causa de gravísimas culpas. 


Papa Pío XII, Encíclica "Mystici Corporis Christi", pto. 10, 29 de Junio de 1943



miércoles, 5 de noviembre de 2025

LAS SAGRADAS RELIQUIAS de los Santos, Mártires y Bienaventurados

 

                Hemos acompañado ya en su Triunfo a los Santos en el Cielo; pero aquí en la tierra tenemos todavía sus cuerpos, que fueron templo del Espíritu Santo, que le sirvieron dócilmente para realizar actos heroicos y que un día han de resucitar para participar, juntamente con las almas, de la Bienaventuranza Eterna. La Festividad de los Santos se completa con esta de las Sagradas Reliquias, que se celebra dentro de la Octava.




                Merecen las Reliquias de los Santos culto, ya que por su influencia podemos lograr bienes materiales y espirituales; así como de la Santa Humanidad de Cristo Nuestro Señor, salía una virtud que curaba a cuantos a Él se acercaban, así también las Reliquias de los Santos pueden obrar maravillas, según reza la Oración de la Misa propia de hoy. De hecho, Dios mismo ha puesto sobre las reliquias virtudes sobrenaturales para arrojar a los demonios, curar a los enfermos, devolver a los ciegos la vista, alejar las tentaciones y alcanzarnos otros bienes y dones excelentes.

                Ya los primeros Cristianos recogían con piedad los cuerpos de sus Mártires y sobre su tumbas celebraban la Santa Misa, para simbolizar así que el sacrificio del Mártir se asocia al Sacrificio de Jesús en el Monte Calvario.

                

CLASIFICACIÓN DE LAS SAGRADAS RELIQUIAS


               La Santa Iglesia Católica, siguiendo la Sagrada Escritura y la Tradición, reconoce tres grupos de reliquias, que califica de "primera, segunda o tercera clase, o grado".

               - Las RELIQUIAS DE PRIMERA CLASE: tomadas del cuerpo del santo (hueso, carne, pelo…), como los huesos del profeta Eliseo, que hicieron resucitar a un muerto (II Reyes, 13, 21).

               Las reliquias de primera clase se dividen a su vez en tres tipos:

               - Reliquias insignes: cuerpos enteros o una parte completa de él (cráneo, una mano, una pierna, un brazo), como también algún órgano incorrupto (como la lengua de San Antonio de Padua, el cerebro de Santa Margarita de Alacoque, el corazón de Santa Teresa, etc).

              - Reliquias notables: partes importantes del cuerpo pero sin constituir un miembro entero (la cabeza del fémur, una vértebra, etc)

              - Reliquias mínimas: astillas de huesos o pequeños trozos de carne.




               - Las RELIQUIAS DE SEGUNDA CLASE: objetos que usaron en vida (rosario, libros, indumentaria…), como la capa de Nuestro Señor, que como antes citamos, con sólo tocarla la hemorroísa, quedó curada.

               - Las RELIQUIAS DE TERCERA CLASE: cualquier objeto tocado a una reliquia de primera clase o a la tumba del santo (normalmente pequeños trozos de tela). Ejemplo de ello, -como ya vimos antes- eran los paños que tocaban al cuerpo del apóstol San Pablo.


DEL TRATO Y CUIDADO QUE SE HA DE TENER 
CON LAS RELIQUIAS


               La Iglesia manda guardar las reliquias -sobre todo las de primera clase- en “relicarios“, que tienen consideración de vasos sagrados; a lo largo de la historia, los relicarios han dado lugar a verdaderas obras de arte de la orfebrería. Pueden tener diferentes formas, dependiendo del tamaño de la reliquia que conserven; en los casos de cuerpos enteros, se emplea un cofre-relicario llamado capsa, mientras que si es una parte del cuerpo, el cofre es algo más pequeño y recibe el nombre de capsella. Las reliquias mínimas se guardan en una teca.

               Las Sagradas Reliquias se dispensan desde las diferentes Postulaciones Generales de Roma, así como desde ciertas iglesias y conventos que conserven las reliquias de algún Santo del lugar o propio de alguna Orden Religiosa en particular.

               SOLO HAN DE EXPONERSE A LA VENERACIÓN PÚBLICA aquellas reliquias que estén debidamente autenticadas, o lo que es lo mismo, que una Autoridad Eclesiástica haya validado la procedencia, el tipo de reliquia y en dónde se coloca; todo ello refrendado en un documento, debidamente sellado y con papel especial, que muchas veces incorpora la conocida como "marca de agua" (con el escudo de la Congregación o del Postulador). De igual forma, el Postulador o la Autoridad que certifica la autenticidad de la reliquia, sellará ésta o el relicario donde se coloque, usando hilo y lacre, que ha de permanecer intactos.



Documento de autenticidad, sellado y firmado por el entonces Postulador 
de los Carmelitas Descalzos, Fray Simeón de la Sagrada Familia


               LAS RELIQUIAS DUDOSAS, que son todas las que se encuentren desprovistas de documento de autenticidad, o cuyo relicario esté violentado (lacre o hilos rotos/manipulados) se ha de retirar del culto público y en el peor de los casos, ser enterradas.

                Aquellos Católicos que tengan la dicha de custodiar una RELIQUIA DE PRIMERA CLASE, han de tener en cuenta los siguientes puntos:

             1º) Las Sagradas Reliquias NO SON AMULETOS, NI PIEZAS DE COLECCIÓN; de hecho, las reliquias de primera clase tienen condición de vaso sagrado. Horroriza comprobar cómo personas de dudoso comportamiento moral poseen reliquias y las exhiben en las redes sociales, como si de trofeos o condecoraciones se tratasen.

             2º) Para no perder de vista el carácter SAGRADO de las Reliquias, es muy conveniente apartarlas de otros objetos profanos; lo ideal es guardarlas ordenadamente en una caja digna, provista de tapa para evitar el polvo y la humedad, aparte de un mejor transporte si de diese el caso.

             3º) Las tecas (los recipientes que contienen las reliquias) han de ser limpiadas con sumo cuidado (al menos una vez al mes); limpieza de la parte metálica de la teca, con exquisito mimo para evitar romper el lacre, que junto con el certificado de autenticidad de la reliquia, garantiza que se trata de una reliquia verdadera.



Reverso de un documento de autenticidad, dotado con
con una marca de agua con el escudo del Carmelo Descalzo


             4º) Costumbre piadosa, es la de besar la teca ( o tecas ) en la mañana y en la noche. Cuando se posean más de seis, es suficiente besarlas una vez al día.

             5º) También es recomendable adquirir un RELICARIO, donde se puede exponer la Reliquia del Santo en cuestión en el día de su Onomástica y en día previos si por ejemplo, hacemos una novena.

             6º) Algunas personas muy piadosas, a veces llevan consigo la teca con reliquia de un Santo de su devoción; en estos casos, lo ideal es llevarla prendida al cuello, con una cadena o un cordón sólidos, en el interior de la ropa y siempre y cuando no vayamos a realizar un esfuerzo físico que pueda dañar la teca.





domingo, 2 de noviembre de 2025

LOS FIELES DIFUNTOS, LAS ALMAS RETENIDAS EN EL BENDITO PURGATORIO

   

“En aquellos días oí una voz del Cielo que me decía:
Felices los muertos que mueren en el Señor.
Ya desde ahora, dice el Espíritu, 
que descansen de sus trabajos, 
puesto que sus obras los acompañan”


Libro del Apocalipsis, cap. 14, vers. 13



                   La piedad maternal de la Santa Iglesia Católica, que diariamente hace mención, singular y universal de los Fieles Difuntos, principalmente en el Santo Sacrificio de la Misa, después de la Fiesta de ayer, recuerda en sus plegarias a todos los Fieles que, destinados al Cielo, se hallan detenidos todavía en el Bendito Purgatorio.

                   Los sufragios van destinados a aquellos Difuntos por quienes nadie ruega. San Odilón, Abad de Cluny, en el año 998, introdujo tan caritativa costumbre en su monasterio.

                   No hay en el mundo nada más hermoso y más digno de poseerse que la verdadera Caridad. Éste es el Mandamiento Supremo del buen Cristiano: "Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos". Por eso, la Santa Iglesia, en el siglo XIV, decretó obligatoria esta obra de Caridad que es rezar por nuestros muertos.

                    No siempre podemos practicar en este mundo la Caridad tal y como gusta nuestro corazón, pero sí podemos ser todos GRANDES BENEFACTORES DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO. Mayores y pequeños, enfermos y sanos, todos podemos socorrerles con nuestras oraciones, Misas, Comuniones, limosnas...

                   Esta unión con nuestras Hermanas las Almas del Purgatorio se basa en una Verdad de Fe, en un Dogma que todo católico está obligado a creer: el Dogma de la Comunión de los Santos; vemos continuamente esa trabazón misteriosa que existe entre la Iglesia Triunfante (El Cielo), la Militante (Visible en la tierra) y la Iglesia Purgante, y nos sentimos envueltos en la red de ese doble deber de Caridad y de Justicia, que fluye naturalmente de nuestra misma incorporación al Cuerpo Místico mediante el Santo Bautismo.

                   No olvidemos pues, en este Mes del Purgatorio, a todas aquellas personas que un día pasaron por nuestra vida y que ya partieron... ¿cuántos estarán aún penando en el Purgatorio por sus culpas que no expiaron? Ten la caridad de hacer memoria de aquellas buenas personas, de tus familiares, amigos, conocidos... ¡cuántos habrán muerto sin total arrepentimiento, sin pagar sus culpas!. De ti depende su descanso eterno o que su castigo cese y vayan pronto a la Presencia de Dios, donde ten por seguro tendrán un recuerdo hacia ti. 

                    En algunas regiones de España estaba permitido celebrar dos Misas en este día tan señalado, y hasta tres en el siglo siguiente. El Papa Benedicto XV, después de la I Guerra Mundial, hizo extensible este Privilegio a todos los Sacerdotes del Mundo Católico, mediante la Bula "Incruentum altaris", sobre las celebraciones litúrgicas del Día de Difuntos.


LOS TRES CONSUELOS DEL PURGATORIO

que podemos ofrecer desde este mundo por las Benditas Ánimas del Purgatorio;
estos santos consuelos los concretaremos formulando de corazón y con piedad
el conocido como VOTO DE ÁNIMAS, mediante el cual ofreceremos a Dios, por 
medio de Su Santísima Madre todas las obras satisfactorias que podamos alcanzar 
en esta vida y aún después de nuestra muerte 




PRIMER CONSUELO: EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA 


                Para las Benditas Ánimas del Purgatorio, una sola Misa es de infinito valor. Los teólogos dividen en tres partes el fruto espiritual del Sacrificio del Altar:

     - Una parte va en beneficio de todos los miembros.

     - Otra parte va en ventaja del Sacerdote que celebra.

     - La tercera parte va en provecho de por quien se celebra, y esta parte es aplicable a las Almas Purgantes. Pero no basta celebrar una sola Misa por los difuntos, es necesario hacer celebrar muchas.

                    Procura a lo largo de este mes de Noviembre destinar cierta cantidad de dinero, según tus posibilidades, como estipendios para celebrar Misas por tus Difuntos y por las Almas del Purgatorio en general; es un dinero bien invertido, pues el valor del dinero es nada frente a la multitud de gracias que podemos conseguir para las Almas del Purgatorio y para nosotros que le hacemos la caridad de ayudarlas.


SEGUNDO CONSUELO: LA ORACIÓN


             Es como un refrigerio que de nuestra alma sube al Cielo. También una simple invocación, una jaculatoria, un sacrificio, un acto breve de amor a Dios, tienen una eficacia extraordinaria de sufragio. Entre las oraciones que podemos rezar prevalecen: el “Oficio de los Difuntos”, el Salmo 50, el Vía Crucis, y sobre todo, el rezo del Santo Rosario. A todas estas u otras oraciones hay que agregar la Santa Confesión y Comunión Sacramental ( o espiritual, que se puede hacer siguiendo el modelo de la estampa "Comunión Espiritual, de este blog); es necesario además, que en ocasión de la muerte de una persona querida, todos los parientes se confiesen y comulguen por el alma.


TERCER CONSUELO: LAS INDULGENCIAS


             La Indulgencia es una remisión de una pena temporal, adeudada por los pecados, que la Iglesia concede bajo ciertas condiciones al alma en gracia, aplicándole los méritos y las satisfacciones abundantes de Nuestro Redentor Jesucristo, de la Virgen Nuestra Señora y de los Santos, los cuales constituyen su Tesoro y por lo cual anulan sobre la tierra en todo o en parte la deuda de un alma anulándola también en el Cielo. Hay indulgencia “Plenaria” y “Parcial”. Para ganar la indulgencia es necesario estar en estado de gracia y tener la intención de ganarla. Por la Comunión de los Santos podemos socorrer a los Difuntos, la Iglesia nos da la facultad de aplicarles este inmenso tesoro de misericordia, reduciendo así sus penas que son la satisfacción de las culpas cometidas durante la vida presente.




domingo, 26 de octubre de 2025

LA PAZ DE CRISTO EN EL REINO DE CRISTO

  

               El Papa Pío XI, durante el Jubileo del Año Santo de 1925, instituyó la Fiesta de Cristo Rey del Universo. El título y poder de Rey pertenecen en derecho propio a Nuestro Señor Jesucristo, como Dios y como hombre; es también Rey por derecho de conquista en cuanto es el libertador de toda la humanidad redimida con Su Sangre según se canta en el Introíto de la Misa de hoy; más como explica el Evangelio, Su Reino no es de este mundo, sino de las almas en las cuales Él estableció el Reino de Dios.

               Además, Jesucristo, como Dios, tiene soberanía sobre todas las cosas, que fueron precisamente creadas por el Verbo Eterno, la tiene sobre los Estados que han de regirse por las Leyes del que es Rey de Reyes.

               La Fiesta de Su Realeza se celebra el Domingo antes de la Fiesta de los Cortesanos de Su Gloria, que son todos los Santos.





Para esto Yo he nacido
 y para esto he venido al mundo, 
para dar testimonio de la Verdad. 
Todo el que es de la Verdad escucha Mi voz

Evangelio de San Juan, cap. 18, vers. 37


La enseñanza de los dos últimos Papas
sobre la Realeza de Cristo Nuestro Señor


               "Hay, además, otro motivo, que con grande urgencia exige que las falanges cristianas cuanto antes se unan y combatan bajo una sola bandera central los tempestuosos asaltos del enemigo infernal. ¿A quién no horroriza el odio y la ferocidad con que los enemigos de Dios, en muchos países del mundo, amenazan y tienden a destruir todo lo que es divino y cristiano? Contra sus confederadas milicias no podemos seguir divididos y dispersos, perdiendo el tiempo, todos los que señalados con el carácter bautismal, estamos destinados a combatir con valor los combates de Cristo".


("Sempiternus Rex Christus", Papa Pío XII, 8 de Septiembre de 1951)


               "...este cúmulo de males había invadido la tierra, porque la mayoría de los hombres se habían alejado de Jesucristo y de su Ley Santísima, así en su vida y costumbres como en la familia y en la gobernación del Estado, sino también que nunca resplandecería una esperanza cierta de paz verdadera entre los pueblos mientras los individuos y las naciones negasen y rechazasen el imperio de nuestro Salvador.

              ...no sólo exhortamos entonces a buscar la Paz de Cristo en el Reino de Cristo, sino que, además, prometimos que para dicho fin haríamos todo cuanto posible nos fuese. En el Reino de Cristo, dijimos: pues estábamos persuadidos de que no hay medio más eficaz para restablecer y vigorizar la paz que procurar la restauración del Reinado de Jesucristo.

               Y así, mientras los hombres y las naciones, alejados de Dios, corren a la ruina y a la muerte por entre incendios de odios y luchas fratricidas, la Iglesia de Dios, sin dejar nunca de ofrecer a los hombres el sustento espiritual, engendra y forma nuevas generaciones de Santos para Cristo, el cual no cesa de levantar hasta la Eterna Bienaventuranza del Reino Celestial a cuantos le obedecieron y sirvieron fidelísimamente en el reino de la tierra...

               ...es evidente que también en sentido propio y estricto le pertenece a Jesucristo como hombre el título y la potestad de Rey; pues sólo en cuanto hombre se dice de El que recibió del Padre la potestad, el honor y el reino; porque como Verbo de Dios, cuya sustancia es idéntica a la del Padre, no puede menos de tener común con él lo que es propio de la divinidad y, por tanto, poseer también como el Padre el mismo imperio supremo y absolutísimo sobre todas las criaturas..."


(Extractos de la Encíclica "Quas primas" del Papa Pío XI, 11 de Diciembre de 1925)




Consagración del Género Humano
al Sacratísimo Corazón de Jesús


                Dulcísimo Jesús, Redentor del Género Humano, miradnos humildemente postrados delante de Vuestro altar; Vuestros somos y Vuestros queremos ser y a fin de poder vivir más estrechamente unidos con Vos, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a Vuestro Sacratísimo Corazón.

                Muchos, por desgracia, jamás os han conocido; muchos, despreciando Vuestros Mandamientos, os han desechado. Oh Jesús benignísimo, compadeceos de los unos y de los otros, y atraedlos a todos a Vuestro Corazón Sacratísimo.

                Oh Señor, sed Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que os han abandonado; haced que vuelvan pronto a la casa paterna, para que no perezcan de hambre y de miseria.

                Sed Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Vos: devolvedlos al puerto de la Verdad y a la Unidad de la Fe, para que en breve, se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor.

               Sed Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría o del islamismo; dignaos atraerlos a todos a la luz de Vuestro Reino.

                Mirad, finalmente, con ojos de misericordia a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo fue vuestro predilecto: descienda también sobre ellos como bautismo de redención y de vida, la Sangre que un día contra sí reclamaron.

               Conceded, oh Señor, incolumnidad y libertad segura a Vuestra Iglesia; otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro confín de la tierra no suene sino esta voz:

                ¡Alabado sea el Corazón Divino, causa de nuestra salud, a Él se entonen cánticos de Honor y de Gloria por los siglos de los siglos! Amén.



viernes, 15 de agosto de 2025

LA GLORIOSA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA a los Cielos en cuerpo y alma

 



                    Llegamos al coronamiento de los privilegios de Nuestra Señora la Virgen María: Su Gloriosa Asunción en cuerpo y alma al Cielo y Su Coronación en él como Reina y Señora de cielos y tierra. La Asunción de María en cuerpo y alma al cielo es un dogma de nuestra Fe Católica, expresamente definido «ex cathedra» por el Papa Pío XII. (1)

¿Murió realmente la Virgen María?

                    El Papa Pío XII rehusó intencionadamente pronunciarse, al menos en la fórmula dogmática, sobre la muerte o no muerte de la Virgen María, sobre si fue asunta al Cielo después de morir y resucitar, o si fue trasladada en cuerpo y alma al Cielo sin pasar por el trance de la muerte como todos los demás mortales (e incluso como el mismo Cristo). Ahora bien: ¿cuál de las dos posibilidades es la verdadera?. Los argumentos que se aducen en favor de una u otra no son tan decisivos como para llevar a una certeza absoluta sobre cualquiera de las dos. Sin embargo, la opinión que sostiene con firmeza la Asunción Gloriosa de María después de su muerte y resurrección, no solamente reúne los sufragios de la inmensa mayoría de los mariólogos, sino que nos parece objetivamente mucho más probable que la que defiende la Asunción sin la muerte previa de la Virgen.

                    En la misma Bula «Munificentissimus Deus», de Pío XII, se leen estas palabras, cuya importancia excepcional a nadie puede ocultarse: «Los Fieles, siguiendo las enseñanzas y guía de sus pastores, aprendieron también de la Sagrada Escritura que la Virgen María, durante Su peregrinación terrena, llevó una vida llena de ocupaciones, angustias y dolores, y que se verificó lo que el santo anciano Simeón había predicho: que una agudísima espada le traspasaría el corazón a los pies de la cruz de Su Divino Hijo, Nuestro Redentor. Igualmente no encontraron dificultad en admitir que María hubiese muerto del mismo modo que Su Unigénito. Pero esto no les impidió creer y profesar abier­tamente que Su sagrado cuerpo no estuvo sujeto a la corrupción del sepulcro y que no fue reducido a putrefacción y cenizas el augusto Tabernáculo del Verbo Divino».

                    Desde la más remota antigüedad, la liturgia oficial de la Iglesia recogió la doctrina de la muerte de María. Las oraciones «Veneranda nobis...» (2) y «Subveniat, Domine» son claro y piadoso ejemplo de que la Iglesia reconocía que la Virgen María realmente murió.

                    Es cierto que María no contrajo el pecado original, pero tuvo el débito del mismo. Recibió, por tanto, la naturaleza caída de Adán, si bien con los privilegios ya conocidos. Ahora bien, la naturaleza caída de Adán estaba sujeta a la muerte. Luego para decir que María no murió habría que demostrar la existencia de ese privilegio especial para Ella, lo que no consta en ninguna parte.

                    Si Nuestra Señora dio al Redentor carne pasible y mortal, debió tenerla también Ella. Si nos corredimió con Su Hijo, debió participar de Sus Dolores y de Su Muerte. La muerte de la Virgen María tiene sentido corredentor, como complemento natural y lógico de Su compasión al pie de la Cruz. Sin Su muerte real faltaría algo al perfecto paralelismo entre el Redentor y la Corredentora.

                    Cristo murió, ¿y María sería superior a Él al menos en este aspecto relativo a la muerte corporal?. Aun suponiendo- como quieren algunos mariólogos- que la Virgen María tenía derecho a no morir (en virtud, sobre todo, de Su Inmaculada Concepción, que la preservó de la culpa y, por tanto, también de la pena correlativa, que es la muerte), sin duda alguna hubiera María Nuestra Señora renunciado de hecho a ese privilegio para parecerse en todo— hasta en la muerte y resurrección— a Su Divino Hijo Jesús. 

                    María debió morir para enseñarnos a bien morir y dulcificar con Su ejemplo los terrores de la muerte. La recibió con calma, con serenidad, aún más, con gozo, mostrándonos que no tiene nada de terrible para aquel que vivió piadosamente y mereciéndonos la gracia de recibirla con santas disposiciones.




                    «María murió sin dolor, porque vivió sin placer; sin temor, porque vivió sin pecado; sin sentimiento, porque vivió sin apego terrenal. Su muerte fue semejante al declinar de una hermosa tarde, fue como un sueño dulce y apacible; era menos el fin de una vida que la aurora de una existencia mejor. Para designarla la Iglesia encontró una palabra encantadora: la llama sueño (o dormición) de la Virgen» (3)

                    "Ella es -exclama San Bernardo- la que pudo decir con verdad: “He sido herida del amor”, porque la flecha del Amor de Cristo la transverberó de tal modo que en Su Corazón virginal cada átomo se incendió en un fuego soberano.

                    San Francisco de Sales decía: "Es imposible imaginar que esta verdadera Madre natural del Hijo de Dios haya muerto de otra muerte; muerte la más noble de todas y debida a la más noble vida que hubo jamás entre las criaturas; muerte que los Ángeles mismos desearían gustar, si fuesen capaces de morir."



NOTAS

            1) «Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para Gloria de Dios Omnipotente, que otorgó a la Virgen María Su peculiar benevolencia; para Honor de Su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la Gloria de la misma Augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la Autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los Bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la Nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser Dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de Su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la Gloria Celestial». Bula «Munificentissimus Deus», del Papa Pío XII, 1 de Noviembre de 1950.

            2) «Veneranda nobis, Domine, Huius diei festivitas opem conferat salutarem; in qua Sancta Dei Genetrix mortem subiit temporalem; nec tamen nexibus deprimi potuit quae Filium Tuum Dominum nostrum de se genuit incarnatum». («Ayúdenos con Su intercesión saludable, ¡oh Señor!, la veneranda festividad de este día, en el cual, aunque la Santa Madre de Dios pagó su tributo a la muerte, no pudo, sin embargo, ser humillada por su corrupción aquella que en Su seno encarnó a Tu Hijo, Señor nuestro).

            3) Louis Garriguet, experto mariólogo y Rector del Seminario de Aviñón.



martes, 15 de julio de 2025

CXX ANIVERSARIO DEL CATECISMO DE SAN PÍO X

 


                    "La necesidad de proveer cuanto antes a la religiosa institución de la tierna juventud, Nos ha aconsejado la publicación de un Catecismo, que exponga de un modo claro los rudimentos de nuestra Santa Fe y aquellas Divinas Verdades con que debe informarse la vida de todo Cristiano. Por tanto, habiendo hecho examinar los muchos textos ya en uso en las Diócesis de Italia, Nos pareció oportuno adoptar, con ligeras modificaciones, el texto ha varios años aprobado por los Obispos del Piamonte, Liguria, Lombardia, Emilia y Toscana. El uso de este texto será obligatorio para la enseñanza pública y privada, en la Diócesis de Roma y en todas las demás de la Provincia romana; y confiamos que también las otras diócesis lo querrán adoptar, para llegar de esta manera al texto único, a lo menos para toda Italia, que es el deseo universal". 


San Pío X


            Cuando el 15 de Julio de 1905, el Papa San Pío X mandó publicar el Catecismo Mayor, para la diócesis de Roma, quiso que fuera de carácter obligatorio tanto para el uso público como privado de la Provincia romana, y con el deseo de que a lo menos fuera un texto unificado para toda Italia. En él pues, tenemos una guía segura y clara para la exposición de los rudimentos de nuestra Fe Católica, que, como ya he indicado, quiso el Santo Papa que fuera de uso obligatorio en el corazón de la Cristiandad.




domingo, 1 de diciembre de 2024

DOCTRINA CATÓLICA SOBRE EL ADVIENTO

  

          1) ¿Por qué se llaman Adviento las cuatro semanas que preceden a la Fiesta de Navidad?

          Las cuatro semanas que preceden a la Fiesta de Navidad se llaman Adviento, que quiere decir advenimiento o venida, porque en este tiempo la Iglesia se dispone a celebrar dignamente la memoria de la primera venida de Jesucristo a este mundo con su nacimiento temporal.

          2) ¿Qué propone la Santa Iglesia a nuestra consideración en el Adviento?

          La Santa Iglesia en el Adviento propone a nuestra consideración cuatro cosas:

          a) las Promesas que Dios había hecho de enviar al Mesías para nuestra salvación;

          b) los deseos de los Antiguos Padres que suspiraban por su venida;

          c) la predicación de San Juan Bautista, que preparaba al pueblo para recibirlo exhortando a penitencia;

          d) la última Venida de Jesucristo en Gloria a juzgar a vivos y muertos.




          3) ¿Qué hemos de hacer en el Adviento para conformarnos con las intenciones de la Iglesia?

          Para conformarnos con las intenciones de la Iglesia en el Adviento hemos de hacer cinco cosas:

          a) meditar con viva fe y con ardiente amor el gran beneficio de la Encarnación del Hijo de Dios;

          b) reconocer nuestra miseria y la suma necesidad que tenemos de Jesucristo;

          c) suplicarle venga a nacer y crecer espiritualmente en nosotros con Su Gracia;

          d) prepararle el camino con obras de penitencia, especialmente frecuentando los Santos Sacramentos;

          e) pensar a menudo en Su Última espantosa venida, y a la vista de ella ajustar a Su Vida Santísima la nuestra, a fin de tener parte en Su Gloria.


Catecismo de San Pío X




domingo, 10 de noviembre de 2024

ACLARACIONES SOBRE LAS INDULGENCIAS

 


               Para comprender bien la Doctrina de la Iglesia sobre las Indulgencias, conviene distinguir dos cosas en el pecado: la culpa y la pena. La culpa es una mancha que el pecado produce en el alma, debilitando en ella la gracia santificante, o haciendo que la pierda enteramente. El pecado que debilita la gracia santificante, se llama pecado venial; y el que hace que se pierda enteramente, se llama pecado mortal. Si se echa una gota de agua sobre un hierro candente o sobre un carbón encendido, se debilita la actividad del fuego y se produce en él una pequeña mancha negra; pero si en vez de una gota, se echa una gran cantidad de agua, el hierro candente y el carbón encendido, se vuelven completamente negros y quedan del todo apagados. Esta clara y familiar comparación, servirá para hacernos entender que algo semejante pasa en el alma cuando comete pecados veniales o pecados mortales. Estos últimos extinguen en el alma la gracia santificante, y la hacen deforme a los Ojos de Dios. Los veniales, debilitan la gracia, y dejan en el alma manchas que desagradan a Dios. Este doble efecto se llama la culpa del pecado. 

               La pena del pecado, es el castigo que merece toda desobediencia a la Ley de Dios. Si se pudiera violar una ley humana impunemente, pronto dejarían todos de observarla, y el desorden se introduciría en la sociedad. Lo mismo sucedería con las Leyes Divinas, y por tanto, es necesario que haya un castigo para quienes las infrinjan. Cuando las leyes humanas son desobedecidas, los jueces ordenan que el culpable sea condenado a la pena que por ello merezca. En cuanto a las Leyes Divinas, la Providencia no siempre castiga en este mundo a los culpables de su infracción; ella les ordena que hagan penitencia y se castiguen por sí mismos, por medio de un dolor sincero de los pecados y por medio de privaciones voluntarias y de obras satisfactorias. 

               Los pecadores que se han hecho culpables de pecados mortales y que tienen un sincero dolor de ellos, obtienen el perdón confesándose: la absolución borra sus pecados en cuanto a la culpa y en cuanto a la nena que merecieron sufrir en el Infierno; cero ordinariamente, serán obligados a sufrir en el Purgatorio una pena temporal, que será tanto más larga y severa, cuanto más numerosos y enormes sean sus pecados, y cuanta mayor haya sido su negligencia para expiarlos. Doctrina es esta muy racional, y ella debería sugerir señas reflexiones a los que difieren su conversión; pues a más del peligro a que se exponen de ser sorprendidos por la muerte e ir al Infierno se preparan, cuando menos, largas expiaciones en el Purgatorio. Hemos dicho antes, ordinariamente, subrayando la palabra, porque hay pecadores cuya contrición es tan viva y cuyo amor de Dios es tan ferviente, que obtienen la remisión de la pena y de la culpa de sus pecados; pero estos casos son raros y no deben servirnos de norma. 

                Respecto de los pecados veniales de que no se ha hecho penitencia, pueden expiarse en el Purgatorio, tanto en cuanto a la pena, como en cuanto a la culpa, mas es conveniente hacer aquí una observación esencial, que dará a conocer mejor la naturaleza y el efecto de las Indulgencias, y es que la pena del pecado se perdona por las Indulgencias, mientras la culpa, no puede ser perdonada en la otra vida, sino por la expiación completa de las faltas cometidas. Observación muy propia para inspirarnos la contrición y el dolor sincero aun de las más pequeñas faltas, puesto que pagaremos tan caro en el purgatorio la negligencia que tenemos en corregirnos y obtener el perdón de las faltas veniales. Esta observación sirve para explicar por qué una indulgencia plenaria no siempre liberta a una alma del Purgatorio; las indulgencias no se aplican a la culpa del pecado. 

               Se llama indulgencia, el perdón de la pena temporal que el pecador debe a la Justicia de Dios por los pecados que le han sido perdonados en cuanto a la culpa y en cuanto a la pena eterna, si la merecían. Este perdón o remisión se hace por la aplicación de las satisfacciones contenidas en el Tesoro Espiritual de la Iglesia. 

               La Indulgencia no perdona ni los pecados mortales, ni los pecados veniales, ni los castigos eternos: ella no obra la justificación, sino que al contrario, la supone y la sigue.

               El Tesoro Espiritual de la Iglesia, de donde se sacan las indulgencias, está compuesto de las satisfacciones infinitamente sobreabundantes de Nuestro Señor Jesucristo, á las que se añaden las satisfacciones de la Santísima Virgen y de los Santos. 

               Las indulgencias no dispensan de la obligación de hacer penitencia; ellas suplen a las penitencias que no podemos hacer, y aumentan el mérito y valor de las que hacemos. 

               Todas las penas debidas al pecado, quedarían perdonadas por una indulgencia plenaria, si esta fuera ganada en toda su extensión, lo cual es difícil y no puede saberse en cada caso particular. Pero esto no impide que se pueda ganar siempre, al menos una parte, proporcionada al fervor con que se hayan llenado las condiciones prescritas. 

               Las indulgencias parciales, que son de un cierto número de años o de días, no remiten sino una parte de las penas. Ese perdón no significa, como muchos piensan, dejar de estar en el Purgatorio un tiempo equivalente a los años o días a que se refiere la indulgencia, sino que el número indicado corresponde al número de años o de días que duraba en otro tiempo la penitencia canónica. Así, cuando se dice, por ejemplo, siete años y siete cuarentenas, se significa: un perdón igual al que se obtendría con hacer la penitencia canónica antigua, durante siete años y siete cuaresmas. Por esta explicación, es fácil comprender que no es posible determinar la parte de las penas que se perdona con las indulgencias parciales; eso pertenece a los Secretos de Dios.


Por el Sacerdote Francisco de Sales Ginari,
de la Diócesis de León (México). Año 1888



viernes, 11 de octubre de 2024

LA MATERNIDAD DIVINA DE NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN MARÍA, MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA

 

Alégrate, oh Virgen María,
porque Tú sola has destruido
en todo el mundo todas las herejías




               Entre los cuatro Dogmas Marianos ninguno tan inculcado y venerado por la Liturgia Sagrada como el de la Maternidad Divina de la Bienaventurada Virgen María, por ser el principal y la raíz de todas las prerrogativas que distinguen a Nuestra Señora y la encumbran a la vez sobre las demás criaturas.

               Fue en el Concilio de Éfeso (año 431) cuando los Padres, reunidos bajo la presidencia de San Cirilo de Alejandría, legado al efecto del Papa San Celestino, excomulgaron al patriarca Nestorio y definieron la Divina Maternidad de la Virgen María, proclamándola Theotokos, Deípara o Madre de Dios, por ser la Madre de Cristo, el cual es Dios a la par que hombre.

               De donde resulta para la Virgen Madre "una dignidad casi infinita", como enseña Santo Tomás de Aquino, pudiéndola llamar de algún modo los Santos Padres como el complemento de la Trinidad, Su instrumento y cooperadora en la magna obra de la Encarnación y de la Redención.

               Pero al ser María Madre del Hijo de Dios por naturaleza, es también Madre de los hijos de Dios por adopción y por gracia. Este aspecto tenía menor relieve en la Liturgia; de ahí que ahora insista en él la Iglesia, por ser uno de los mayores consuelos que caben al hombre huérfano y pecador.

               María Nuestra Señora es Madre de todos los Cristianos en el orden sobrenatural, por serlo Cristo, el cual se declaró a boca llena nuestro hermano mayor, dispuesto a compartir Su herencia con nosotros y su divina filiación. Es además Madre de los Cristianos por Su cooperación en nuestro rescate, y mejor que Eva merece ser llamada "Madre de todos los vivientes".

                La Virgen es además Madre por Su amor y maternal solicitud, ya que fue Nuestro Señor Jesucristo quien nos hizo donación de Ella a través de San Juan en la agonía del Calvario.

               En 1931, coincidiendo con el decimoquinto centenario de la definición dogmática de María como Madre de Dios por el Concilio de Éfeso, el Romano Pontífice Pío XI decretó que se celebrase la Maternidad de Nuestra Señora el 11 de Octubre.


MADRE DE DIOS 


               "Y, ciertamente, si el Hijo de la Santísima Virgen María es Dios, seguramente a Ella, quien lo llevaba, se le debe justa y merecidamente llamar la Madre de Dios. Si hay una sola Persona en Cristo, y esta es divina, sin duda alguna a María deberían todos llamarle no solo la Madre de Cristo el hombre, sino Theotokos, o portadora de Dios. Veneremos, por tanto, a la tierna Madre de Dios, a quien su prima Isabel saludó como ‘la Madre de mi Señor’ (Evangelio de San Lucas, cap. 1, vers. 43), y a quien, según Ignacio Mártir, dio a luz a Dios; y de quien, como profesa Tertuliano, nació Dios; a quien la Eterna Divinidad ha llenado con la plenitud de la gracia y dotada de tan gran dignidad."


Papa Pío XI, en su Encíclica "Lux Veritatis" del 25 de Diciembre de 1931


               "María es Madre de Dios: sobrepuja, por consiguiente, en excelencia a todos los Ángeles, Querubines y Serafines. Es Madre de Dios: es, por tanto, la más pura y las más santa de todas las criaturas, y, excepción hecha de Dios, no es posible figurarse mayor santidad que la de la Santísima Virgen. Es Madre de Dios: por eso, se la concedió a ella su privilegio antes que a cualquier Santo se concediese cualquier privilegio del orden de la gracia santificante."


Cornelio a Lapide


               María, para siempre bendita en el día de la Encamación, se convirtió en la Madre de Dios y obtuvo sobre su persona un verdadero dominio, una autoridad legítima, una jurisdicción natural, un derecho sagrado e incontestable: el derecho maternal... 


Mons. de la Tour d'Auvergne, Arzobispo de Bourges, de Septiembre de 1869


MADRE NUESTRA


                "¿No es María la Madre de Cristo? Ella es por tanto, también nuestra Madre. Por tanto, todos los que estamos unidos a Cristo, somos, como dice el Apóstol San Pablo, miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos (Carta a los Efesios, cap. 5, vers. 30). Debemos decirnos originarios del seno de la Virgen, de donde salimos un día a semejanza de un cuerpo unido a su cabeza. Por esto somos llamados, en un sentido espiritual y místico, hijos de María, y Ella por Su parte, Nuestra Madre común. Madre espiritual sí, pero Madre realmente de los miembros de Jesucristo, que somos nosotros..."


San Pío X en la Encíclica "Ad diem illum", 2 de Febrero de 1904