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miércoles, 18 de marzo de 2026

CONOCER A CRISTO; CONOCER SU DOCTRINA, SU VIDA, SU PASIÓN Y SU GLORIA...

  


               Muchos, hoy día, desean y se esfuerzan por conseguir -y ojalá que fuese sin éxito- la perversión, tanto en la vida privada como en la pública, de las costumbres que había formado y protegido la Iglesia; borrando de la sociedad todo rastro de la sabiduría y honestidad cristianas, pretenden llevarla de nuevo a las lamentables costumbres del paganismo. 

              Los malos han escogido como blanco principal de sus dardos a la sociedad doméstica, que es el principio y germen de donde brota la sociedad civil; y les parece con razón que conseguirán infaliblemente la mudanza o mejor dicho la corrupción de la sociedad civil que se proponen buen punto consigan corromper las costumbres familiares. 

               Así, sancionan la ley del divorcio, con lo que destruyen la estabilidad del matrimonio; obligan a la juventud a seguir la enseñanza oficial (cuya institución dista mucho de ser conforme, a menudo, con la Religión), con lo que debilitan, en materia de tanta importancia, la patria potestad; enseñan el arte vergonzoso de satisfacer la voluntad defraudando la naturaleza, con lo que esterilizan impíamente la fuente misma del género humano, manchando con costumbres las más impuras la santidad del tálamo. 

               Con razón, para tomar la defensa de la sociedad humana se ha de esforzar sobre de todo en formar y fomentar en la familia el Espíritu Cristiano, empeñándose para que reine en lo más íntimo suyo la Caridad de Cristo. Lo cual hacemos avalados por el mismo Cristo que prometió bendecir con sus dones las casas en las que la imagen de Su Corazón estuviese expuesta y piadosamente honrada. 

               Muy santo es, por consiguiente, el tributar a nuestro amantísimo Redentor este honor y culto; pero no todo debe reducirse a esto. Es preciso, sobre todo, conocer a Cristo; conocer Su Doctrina, Su Vida, Su Pasión y Su Gloria; no seguirle por un superficial sentimiento de religiosidad, que fácilmente conmueve a los corazones tiernos y sentimentales, que hace derramar algunas lágrimas, pero que deja intactos los vicios; sino con una Fe viva y firme, que dirija y ordene los pensamientos, deseos y costumbres. 

               La causa de que la mayoría de los hombres prescinda por completo de Jesucristo en su vida y de que muchos otros le amen tan tibiamente reside en el desconocimiento casi absoluto, o en el conocimiento muy insuficiente que respectivamente tienen de Él.


Papa Benedicto XV, Carta al Padre Mateo Crawley, 27 de Abril de 1915



miércoles, 4 de marzo de 2026

DE JOSÉ SOMOS CONDUCIDOS DIRECTAMENTE A MARÍA, Y A TRAVÉS DE MARÍA A LA FUENTE DE TODA SANTIDAD, JESÚS

 


                    ...vemos ante nuestros ojos una cierta continuidad y una serie de instituciones piadosas, que muestran que el culto al Santísimo Patriarca entre los Fieles de Cristo ha crecido gradualmente hasta nuestros días. Pero, considerando las amargas circunstancias por las que atraviesa hoy el género humano, parece que precisamente esta piedad debería ser fomentada con mucho más diligencia entre los pueblos y propagada mucho más... 

                    ...para que podamos retener a nuestros hombres, tantos como hay en todas partes, que se ganan la vida con sus manos y con su trabajo, en sus deberes, y preservarlos del contagio del socialismo; conservémoslo intacto, pues nada es más hostil a la Sabiduría Cristiana. Les proponemos especialmente a San José, a quien deben observar como guía especial en la vida y venerar como su Patrón.

                    Porque de un modo semejante a él pasó su vida, por lo cual Cristo Dios, siendo el Unigénito del Eterno Padre, quiso ser llamado "fabri filius", hijo del artífice. Pero adornó aquella humildad de lugar y fortuna con muchas y excelentes virtudes; es decir, aquellos entre quienes convenía que brillara la gloria de aquel que era el esposo de María Inmaculada y que se suponía que era el Padre del Señor Jesús. Por tanto, que todos aprendan del Maestro José a ver el presente, que fluye, a la luz del futuro, que perdura; y, consolados por los inconvenientes de la condición humana con la esperanza de los bienes celestiales, esfuércense por alcanzarlos obedeciendo a la Voluntad Divina, es decir, viviendo sobria, justa y piadosamente... los pobres, si son sabios, no confíen en las promesas de los hombres sediciosos, sino en el ejemplo y Patrocinio del Bienaventurado José, así como en la caridad maternal de la Iglesia, que, de hecho, cuida cada día más de su condición.

                    A medida que crecía la devoción de nuestro pueblo a San José, empezó a crecer al mismo tiempo su devoción a la Sagrada Familia de Nazaret, de la que él era la augusta Cabeza: porque la una surge naturalmente de la otra. Porque de José somos conducidos directamente a María, y a través de María a la Fuente de toda Santidad, Jesús, quien consagró Sus virtudes domésticas en José y María con Su propia obediencia. Deseamos que las familias cristianas se renueven completamente y se conformen a estos grandes ideales de virtud. Así, pues, como la comunidad del género humano está fundada sobre el fundamento de la familia, cuando a la sociedad doméstica se le añade más firmeza, al ser más santa y fortificada por la castidad, la concordia y la Fe, por ese mismo hecho una nueva fuerza y ​​como sangre nueva se difundirá entre todos los miembros de la sociedad humana, fluyendo en ella toda virtud de Cristo; Y no sólo habrá una mejora en la moral privada, sino también en la vida común y en la disciplina civil.

                    ...confiando grandemente en su Patrocinio, a cuya vigilancia y providencia quiso Dios que se confiara a su Hijo Unigénito, la Virgen encarnada y Madre de Dios... que se anime a los Fieles a implorar aún con más insistencia el auxilio de San José, principalmente todos los Miércoles y continuamente durante todo el mes propio (Marzo), deseamos que todos ellos sean frecuentados en cada diócesis, tanto como sea posible.

                    ...sobre todo, por ser merecidamente considerado el auxiliador más presente de los moribundos, a quien acudieron Jesús y María cuando murió el mismo, los Venerables Hermanos serán aquella sociedad de personas piadosas que se fundó para rogar a José por los moribundos, para que continúe con todo el apoyo y favor de su autoridad, desde "la Buena Muerte", como desde "el Tránsito de San José", como por "el Agonizante".


Extractos del Motu Proprio "Bonum Sane", 
del Papa Benedicto XV, 25 de Julio de 1920


 

jueves, 3 de julio de 2025

EL CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS


"La devoción al Corazón Eucarístico se dirige especialmente 
a un acto particular de esta adorable Persona de Jesucristo 
que instituyó la Eucaristía, para permanecer con nosotros, 
para darnos Su Cuerpo como alimento y Su Sangre 
como bebida, para inmolarse en el Altar de manera 
incruenta y así fundar la unidad de la Iglesia"

De cultu eucharistici explicatio dogmatica, 
del P. Albert Lepidi OP, Roma, 1905




                    Esta Devoción es distinta de la del Sagrado Corazón, aunque está íntimamente ligada a ella. Enfatiza el amor de Cristo presente en la Eucaristía y llama a los Fieles a un mayor fervor en su adoración al Santísimo Sacramento. El mensaje del Corazón Eucarístico es una continuación de las revelaciones de Paray-le-Monial a Santa Margarita María Alacoque en el siglo XVII. 

                        El 9 de Noviembre de 1921, mediante un Decreto de la Congregación de Ritos, el Papa Benedicto XV aprobaba una Misa y un Oficio propio del Corazón Eucarístico de Jesús, fijados para el Jueves posterior a la Octava de la Festividad del Santísimo Sacramento, uniendo así la Festividad del Corpus Christi, la del Sagrado Corazón y este culto al Corazón Eucarístico; "...esta devoción, la más excelente, debe ser especialmente la de los Sacerdotes", había sentenciado el Papa Benedicto XV el 16 de Febrero de 1916.

                    "Esta nueva Fiesta… tiene el propósito de conmemorar de manera especial el amor que nos mostró Nuestro Señor Jesucristo en el Misterio de la Sagrada Eucaristía… Otro propósito… es animar a los Fieles a acercarse a la Sagrada Eucaristía con cada vez mayor confianza e inflamar sus almas con el Amor Divino cuya fuente es Nuestro Señor Jesucristo en Su Corazón ardiendo de infinita Caridad, quien instituyó la Sagrada Eucaristía, quien ama a Sus discípulos y los guarda en Su sagrado Corazón, ya que Él vive y permanece en ellos, como ellos permanecen en Él, Él que, a través de la Eucaristía, se ofrece y se da a cada uno de nosotros como Víctima, Compañero en el exilio, Alimento, Viático, finalmente prenda del Cielo". (Del Decreto de aprobación de la Misa del Corazón Eucarístico de Jesús)

                    Años antes, otro Papa había elogiado esta misma devoción: "El culto al Corazón Eucarístico honra especialmente el acto supremo de amor por el cual nuestro Redentor, permitiendo que todas las riquezas de su Corazón se desbordaran, instituyó el adorable Sacramento de la Eucaristía", diría el Papa León XIII, el 17 de Febrero de 1903.

ORIGEN DE LA DEVOCIÓN AL CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS

                    Así como de forma íntima quiso revelarse el Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita de Alacoque, de la misma manera quiso el Cielo comunicarse con la Hermana Sofía Prouvier, una joven que estaba fundando un grupo de vírgenes consagradas, con el apoyo y bendición del Santo Cura de Ars; Sofía fue agraciada con varias revelaciones del Corazón Eucarístico, teniendo lugar la primera de estas manifestaciones el 22 de Enero de 1854, en la capilla de Nuestra Señora del Refugio en el Hospital de Saint-Jacques de Besançon (Borgoña, Francia), durante la exposición de Jesús Sacramentado: «Estaba inmersa en la contemplación de Nuestro Señor, a quien vi quebrantado de dolor por la falta de amor que le demostraban las almas favorecidas con sus dones y admitidas a la comunión frecuente: “¡Me rodean y no me consuelan!”». Este Corazón Divino derramó sus lamentaciones con una expresión de bondad y profundo dolor, es decir, algo inefablemente dulce en Su infinita desolación. «Mi Corazón pide amor como un pobre pide pan».

                    En otra revelación privada, unos meses después, Jesús le insistió: «Es Mi Corazón Eucarístico, hazlo conocer, hazlo amar». Con este fin, la Hermana Sofía Prouvier escribiría veinte "elevaciones" para orar al Corazón Eucarístico y dedicaría el resto de su vida a difundir el mensaje del Corazón Eucarístico de Jesús, incluso fuera del territorio metropolitano, en particular en Argelia. La espiritualidad del Corazón Eucarístico también se difundió con la ayuda del Padre Hermann Cohen y del Beato Pedro Julián Eymard



                    En 1879 se fundó la primera Cofradía del Corazón Eucarístico gracias al Cardenal Joseph Hippolyte Guibert, Arzobispo de París, que anunció que "...la Devoción al Corazón Eucarístico de Jesús contiene y une en sí misma la devoción al Santísimo Sacramento y al Sagrado Corazón con la intención de honrar mediante un culto especial al Sagrado Corazón de Jesús en el acto de amor con el que dio la Eucaristía y perpetuó a través de ella Su adorable Presencia entre nosotros". Fue seguida por muchas otras Cofradías en la segunda mitad del siglo XIX.

                    En 1898, el Papa León XIII explicó son sencillez el vínculo que une la Devoción al Corazón Eucarístico con la del Sagrado Corazón: "El culto al Corazón Eucarístico de Jesús no debe entenderse como diferente en sustancia de la que la Iglesia profesa hacia el Sagrado Corazón: solo que elige como objeto de especial veneración, amor, gratitud y homenaje, ese acto de supremo amor por el cual el amantísimo Corazón de Jesús instituyó el adorable Sacramento de la Eucaristía, dignó así permanecer entre nosotros hasta el fin de los tiempos".

 


jueves, 31 de octubre de 2024

EL COLAPSO INMINENTE DE LA SOCIEDAD

 


               "... inmediatamente dirigimos una mirada de inexpresable afecto al rebaño que estaba confiado a Nuestro cuidado: un rebaño verdaderamente inmenso, porque abarca, a unos en un aspecto, a otros en otro, a todos los hombres. De hecho, todos ellos, cuantos son, fueron liberados de la esclavitud del pecado por Jesucristo, quien ofreció el precio de Su Sangre por ellos; ni hay nadie que quede excluido de las ventajas de esta Redención. Así, el Divino Pastor bien puede decir que, mientras una parte del género humano es ya acogida con audacia en el Redil de la Iglesia, él empujará suavemente a la otra parte:  "Et alias oves habeo, quae non sunt ex hoc ovili: et illas oportet me adducere, et vocem meam audient" (Tengo otras ovejas que no son de este redil; debo guiarlas, y ellas escucharán Mi voz..." Evangelio de San Juan, cap. 10, vers. 16)

               El terrible fantasma de la guerra domina por todas partes, y casi no hay otro pensamiento que ocupe ahora las mentes... No hay límite para las ruinas, no hay límite para las masacres: cada día la tierra se llena de sangre nueva y se cubre de muertos y heridos. ¿Y quién diría que estos pueblos, armados unos contra otros, descienden del mismo progenitor, que son todos de la misma naturaleza y todos parte de la misma sociedad humana? ¿Quién los consideraría hermanos, hijos de un Padre que está en los Cielos? Y mientras tanto, mientras de un lado y del otro luchamos con ejércitos interminables, naciones, familias, individuos gimen de dolor y miseria...

               Pero no es sólo la sangrienta guerra actual la que ha devastado a las naciones y amargado y atormentado nuestro espíritu. Hay otra guerra furiosa que roe las entrañas de la sociedad actual: una guerra que asusta a toda persona de sentido común, porque si bien ha acumulado y acumulará en el futuro tantas ruinas sobre las naciones, también debe considerarse ella misma el verdadero origen de la triste lucha actual. De hecho, desde que dejamos de observar las normas y prácticas de la Sabiduría Cristiana en el sistema estatal, que era el único que garantizaba la estabilidad y la tranquilidad de las instituciones, los Estados necesariamente comenzaron a tambalearse en sus cimientos, y esto siguió a un cambio tal en ideas y costumbres que, si Dios no provee pronto, el colapso de la sociedad humana ya parece inminente. Los desórdenes que vemos son estos: la falta de amor mutuo entre los hombres, el desprecio de la autoridad, la injusticia de las relaciones entre las distintas clases sociales, los bienes materiales convertidos en el único objetivo de la actividad del hombre, como si no hubiera otros, y mucho mejor, bienes a lograr. Estos son, en Nuestra opinión, los cuatro factores de la lucha que tan gravemente está trastornando el mundo.

               Los odios raciales llegan al paroxismo; más que por fronteras, la gente está dividida por resentimientos; dentro de una misma nación y dentro de los muros de una misma ciudad, las clases de ciudadanos arden de odio mutuo, y entre los individuos todo está regulado por el egoísmo, que se ha convertido en la ley suprema.

              Respecto a aquellas cosas sobre las cuales - ya que la Sede Apostólica no se ha pronunciado - es posible, sin perjuicio de la Fe y de la Disciplina, argumentar a favor o en contra, es ciertamente lícito a cada uno expresar su opinión y apoyarla. Pero en tales discusiones se debe evitar el exceso de palabras, ya que esto podría resultar en graves ofensas a la caridad; cada uno debe defender libremente su opinión, pero debe hacerlo con gracia, y no debe creer que puede acusar a otros de fe sospechosa o de falta de disciplina por la sencilla razón de que piensan diferente a ellos mismos.

               Queremos también que los Católicos se abstengan de usar aquellos apelativos que recientemente se han introducido para distinguir unos Católicos de otros, y que los eviten, no sólo como innovaciones profanas de palabras, que no están conformes con la Verdad ni con la equidad, sino también porque de ahí se sigue grande perturbación y confusión entre los mismos. La Fe Católica es de tal índole y naturaleza, que nada se le puede añadir ni quitar: o se profesa por entero o se rechaza por entero: «Esta es la Fe Católica; y quien no la creyere firme y fielmente no podrá salvarse». No hay, pues, necesidad de añadir calificativos para significar la profesión católica; bástale a cada uno esta profesión: «Cristiano es mi nombre, Católico, mi apellido»; procure tan sólo ser en efecto aquello que dice".


Extractos de la Encíclica "Ad Beatíssimi Apostolórum", 
del Papa Benedicto XV, 1 de Noviembre de 1914



miércoles, 24 de enero de 2024

NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ

  

               En el transcurso de la I Guerra Mundial, el noble Papa Benedicto XV, decidió extender el culto a Nuestra Señora de la Paz, pues siendo Ella Reina del Universo, era la única esperanza para traer el fin de la contienda europea. De los diferentes documentos y cartas que escribió con este fin, extraemos parte de la carta al Secretario de Estado del Vaticano, en la que se refleja la preocupación del Pontífice y la esperanza que éste pone en la oración confiada a la Virgen Santísima para lograr el fin de la Guerra.




               Parece que la oscura marea del odio crece más y más entre las naciones beligerantes, y la guerra, envolviendo a otros países en su espantoso remolino, multiplica las ruinas y los estragos.

               Sin embargo, Nuestra confianza no disminuye […] Y como todas las gracias que el Autor de todos los bienes se digna conceder a los pobres descendientes de Adán, por amoroso designio de su Divina Providencia, vienen distribuidas por las manos de la Virgen Santísima, Nos queremos que a la Gran Madre de Dios, en esta hora más tremenda que nunca, se eleve viva y confiada la súplica de sus muy afligidos hijos. 

               ...que se implore al Corazón de Jesús, Trono de Gracia, y que a este Trono se acuda por medio de María. Con ese fin ordenamos que, desde el comienzo del próximo mes de Junio, quede fijada en las Letanías Lauretanas la invocación “Regina pacis, ora pro nobis”

               Elévese, por tanto, hacia María, que es Madre de Misericordia y omnipotente por la gracia, desde todos los lugares de la tierra, desde los templos más nobles hasta las más pequeñas capillas, desde los palacios regios hasta las más pobres casuchas, desde allí donde haya un alma fiel, desde los campos y los mares ensangrentados, la piadosa y devota invocación [“Regina pacis, ora pro nobis” ], y llegue hasta Ella el grito angustiado de las madres y esposas, el gemido de los niños inocentes, el suspiro de todos los corazones bien nacidos. Que Su dulce y benignísima solicitud sea conmovida, y sea obtenida la paz suplicada para este mundo convulso. Y que los siglos futuros recuerden la eficacia de Su intercesión y la grandeza de los beneficios por Ella conseguidos.

                 Ciudad del Vaticano, 5 de Mayo de 1917 



(Carta del Papa Benedicto XV al Cardenal Pietro Gasparri, su Secretario de Estado)




               La Divina Providencia quiso escuchar el anhelo del Papa cuando, ocho días más tarde, la Virgen Nuestra Señora se apareció en Fátima, para advertir a la Humanidad del fin de la Guerra y del inicio de otra si no volvían a Dios... "Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz para el mundo y el fin de la guerra." Esa fue la sencilla petición de la Virgen María: el rezo diario del Santo Rosario, como condición para terminar con la Gran Guerra que enfrentó a medio mundo. Sin embargo, la sociedad castigada por la contienda, en lugar de buscar sus esperanzas en Dios, siguió encaminándose a su auto destrucción, minusvalorando la Santa Ley de Dios e ignorando los llamados de la Virgen a la oración y a la conversión sincera. El resultado no se hizo esperar y pronto llegó la II Guerra Mundial, "durante el Pontificado de Pío XI", tal y como había advertido Nuestra Señora a los niños de Fátima.

               En la actualidad, el mundo de nuevo se debate en mil contiendas: guerras civiles, enfrentamientos fronterizos, competencia salvaje en el mercado, pobreza extrema... pero la peor batalla es la que pocos pueden apreciar, la batalla que se libra entre la luz y las tinieblas, entre los que se quieren seguir las huellas ensangrentadas de Cristo y aquellos otros que, como los sacerdotes judíos, conspiran contra él desde las sombras.

              Elevemos nuestras oraciones a la que es Reina de la Paz, para que nos bendiga con el consuelo de ser Madre de los que a Su Hijo se entregan; que por Su intercesión pronto gocemos en la tierra de aquél suspiro católico: la paz de Cristo en el Reino de Cristo. 


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sábado, 21 de octubre de 2023

PARA ALCANZAR LA PAZ DEL MUNDO Y EL FIN DE LA GUERRA, REGINA PACIS, ORA PRO NOBIS

  

               El título Mariano de Reina de la Paz, fue agregado en las Letanías de la Virgen María por el Papa Benedicto XV durante los aciagos días de la Primera Guerra Mundial, en concreto fue el 5 de Mayo de 1917. Quiso así el Papa colocar al mundo entero bajo la protección de la Santísima Virgen María; tan sólo unos días después, el 13 de Mayo de ese mismo 1917, la «Regina Pacis» responde a la llamada del Papa Benedicto XV y se apareció en Fátima, a tres niños que están ajenos al conflicto mundial. "–No tengáis miedo… Soy del Cielo… Vengo a pediros que vengáis aquí seis meses seguidos, el día 13 a esta misma hora… ¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quiera enviaros, en acto de desagravio por los pecados con que es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?" –"Sí, queremos…" –"Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz para el mundo y el fin de la guerra…"

               En esta época convulsa de guerras y conflictos internacionales, que parecen aún peor que todos los conocidos hasta el momento, no dejemos de recurrir confiados a la intercesión de Nuestra Santa Madre, pidiéndole a Ella la auténtica paz entre los hombres, el segundo Advenimiento de Su Hijo a la tierra.



La estatua de la Virgen de la Basílica de Santa María la Mayor, 
en Roma, es la materialización de la letanía "Reina de la Paz", instaurada 
por el Papa Benedicto XV para suplicar el final de la Gran Guerra

               "Elévese, por tanto, hacia María, que es Madre de Misericordia y Omnipotente por la gracia, desde todos los lugares de la tierra, desde los templos más nobles hasta las más pequeñas capillas, desde los palacios regios hasta las más pobres casuchas, desde allí donde haya un alma fiel, desde los campos y los mares ensangrentados, la piadosa y devota invocación “Regina pacis, ora pro nobis”, y llegue hasta Ella el grito angustiado de las madres y esposas, el gemido de los niños inocentes, el suspiro de todos los corazones bien nacidos. Que su dulce y benignísima solicitud sea conmovida, y sea obtenida la paz suplicada para este mundo convulso. Y que los siglos futuros recuerden la eficacia de Su intercesión y la grandeza de los beneficios por Ella conseguidos". (Papa Benedicto XV, 5 de Mayo de 1917)

               "El que contempla las ingentes miserias que pesan hoy día sobre la humanidad, recuerda espontáneamente a aquel viajero evangélico que, bajando de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de los ladrones y, robado y malherido por éstos, quedó tendido medio muerto en el camino. La semejanza entre ambos cuadros es muy notable, y así como el samaritano, movido a compasión, se acercó al herido, curó y vendó sus heridas, lo llevó a la posada y pagó los gastos de su curación, así también es necesario ahora que Jesucristo, de quien era figura e imagen el piadoso samaritano, sane las heridas de la humanidad.

               La Iglesia reivindica para sí, como misión propia, esta labor de curar las heridas de la humanidad, porque es la heredera del espíritu de Jesucristo; la Iglesia, decimos, cuya vida toda está entretejida con una admirable variedad de obras de beneficencia, porque «como verdadera madre de los cristianos, alberga una ternura tan amorosa por el prójimo, que para las más diversas enfermedades espirituales de las almas tiene presta en todo momento la eficaz medicina»; y así «educa y enseña a la infancia con dulzura, a la juventud con fortaleza, a la ancianidad con placentera calma, ajustando el remedio a las necesidades corporales y espirituales de cada uno». Estas obras de la beneficencia cristiana suavizan los espíritus y poseen por esto mismo una extraordinaria eficacia para devolver a los pueblos la tranquilidad pública". (Papa Benedicto XV, Encíclica "Pacem Dei Munus", 23 de Mayo de 1920)

               "Es necesario que comprendan todos que no se pueden conseguir de nuevo los bienes perdidos, ni conservar os que peligran, mediante las discordias, los tumultos y las matanzas entre hermanos, sino solamente mediante la laboriosa concordia, la mutua comprensión y el trabajo pacífico. Los que con plan premeditado agitan inconsideradamente las multitudes, excitándolas al tumultos, a la sedición y a las injurias a la libertad ajena, sin duda alguna no ayudan a mitigar la indigencia del pueblo, sino que más bien la aumentan, provocando la ruina final, exacerbando el odio e interrumpiendo el curso de las actividades de la vida social. De hecho, las luchas de los partidos «fueron y serán para muchos pueblos una calamidad mayor que la guerra misma, que el hambre y la peste". (Papa Pío XII, Encíclica "Optatissima Pax", 18 de Diciembre de 1947)



domingo, 24 de septiembre de 2023

NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED, la Redentora de cautivos

 



Relato de la Aparición de Nuestra Señora 
de la Merced a San Pedro Nolasco


               El Padre Gaver, en el 1400, relata como Nuestra Señora se aparece a San Pedro Nolasco en el año 1218 y le revela su deseo de ser Liberadora a través de una orden dedicada a socorrer a los Cristianos cautivos en tierras infieles.

               Ante la visión de la Virgen Santísima, San Pedro Nolasco, confundido por tal gracia, le pregunta:

               "¿Quién eres Tú, que a mí, un indigno siervo, pides que realice obra tan difícil, de tan gran caridad, que es grata Dios y meritoria para mi?"

                Nuestra Señora le responde:

               "Yo soy María, aquella en cuyo vientre asumió la carne el Hijo de Dios, tomándola de Mi sangre purísima, para reconciliación del género humano. Soy Aquella a la que dijo Simeón cuando ofrecí Mi Hijo en el templo: "Mira que éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel; ha sido puesto como signo de contradicción: y a Ti misma una espada vendrá a atravesarte por el alma".

               "¡Oh Virgen María - prosiguió el Santo- Madre de Gracia, Madre de Misericordia ¿Quién podrá creer que Tú me mandas?" 

               "No dudes en nada, - sentenció Nuestra Señora - porque es Voluntad de Dios que se funde una Orden de ese tipo en honor Mío; será una Orden cuyos hermanos y profesos, a imitación de Mi Hijo Jesucristo, estarán puestos para ruina y redención de muchos en Israel (es decir, entre los Cristianos) y serán signo de contradicción para muchos."

               Para llevar a cabo esta misión, el 10 de Agosto de 1218, San Pedro Nolasco fundó en Barcelona la Orden de la Virgen María de la Merced de la redención de los cautivos, con la participación del Rey Jaime de Aragón y ante el Obispo de la ciudad, Berenguer de Palou. 

               Por la confirmación del Papa Gregorio IX aprobó la Orden el 17 de Enero de 1235; la ratificó en la práctica de la Regla de San Agustín; le dio carácter universal incorporándola plenamente a su vida y sancionó su obra como misión en el pueblo de Dios.”

               En el año 1696, el Papa Inocencio XII extendió la Fiesta de la Virgen de la Merced a toda la Iglesia y fijó su fecha para el 24 de Septiembre. 




El Escapulario de la Merced


               El Papa Benedicto XV bendijo especialmente el Escapulario de la Merced; lo había llevado desde que era un adolescente, por eso, el 4 de Junio de 1918, en el marco de la Gran Guerra, concedió indulgencias a dos jaculatorias dirigidas a la Virgen de la Merced en las que se pedía el fin de la contienda: "Redentora de cautivos, ruega por nosotros" y "Piadosísima Madre de la Merced, ruega por nosotros".


Bendición Apostólico e indulgencia del Papa Benedicto XV
(cliquea sobre la imagen para ampliarla)


               El Escapulario de la Merced es una gracia especialísima que la Virgen María Madre de Dios concede a sus hijos predilectos como signo de su filiación, escudo de su amparo y baluarte de su defensa en todos los peligros de alma y de cuerpo. La Santísima Virgen, velando por la salvación de Sus hijos y queriendo darnos una prueba de Su maternal cariño, prometió a todos los que vistiesen el Santo Escapulario de la Merced que él sería "el signo de su filiación, el escudo de su amparo y el baluarte de su defensa en todos los peligros de alma y cuerpo y después la salvación eterna"; el Escapulario de la Merced nos hace hijos y hermanos de la Santísima Virgen María, nos hace participantes de todos los méritos de la Orden (oraciones, sacrificios, penitencias, etc) y se hacen acreedores a los dulces cariños e inefables ternuras de tan bondadosa Madre. 



jueves, 13 de abril de 2023

LA FE PURA E INMACULADA. Un mal peor que la guerra

 


               ...no es solamente la sangrienta guerra actual la que trae a los pueblos en la miseria... Otro mal funesto ha penetrado hasta las mismas entrañas de la sociedad humana y tiene atemorizados a todos los hombres de sano criterio, ya que por los daños que ha causado y causará en lo futuro a las naciones... 

               En efecto, desde que se han dejado de aplicar en el gobierno de los Estados la norma y las prácticas de la Sabiduría Cristiana, que garantizaban la estabilidad y la tranquilidad del orden, comenzaron, como no podía menos de suceder, a vacilar sus cimientos las naciones y a producirse tal cambio en las ideas y en las costumbres, que si Dios no lo remedia pronto, parece ya inminente la destrucción de la sociedad humana. 

               He aquí los desórdenes que estamos presenciando: la ausencia de amor mutuo en la comunicación entre los hombres; el desprecio de la autoridad de los que gobiernan; la injusta lucha entre las diversas clases sociales; el ansia ardiente con que son apetecidos los bienes pasajeros y caducos, como si no existiesen otros, y ciertamente mucho más excelentes, propuestos al hombre para que los alcance. 

               Todos, por lo tanto, debemos esforzarnos en que por completo desaparezcan, restableciendo los Principios del Cristianismo, si de veras se intenta poner paz y orden en los intereses comunes.

               Queremos también que los Católicos se abstengan de usar aquellos apelativos que recientemente se han introducido para distinguir unos Católicos de otros, y que los eviten, no sólo como innovaciones profanas de palabras, que no están conformes con la verdad ni con la equidad, sino también porque de ahí se sigue grande perturbación y confusión entre los mismos. La Fe Católica es de tal índole y naturaleza, que nada se le puede añadir ni quitar: o se profesa por entero o se rechaza por entero: "Esta es la Fe Católica; y quien no la creyere firme y fielmente no podrá salvarse". No hay, pues, necesidad de añadir calificativos para significar la profesión Católica; bástale a cada uno esta profesión: Cristiano es mi nombre, Católico, mi apellido...


Papa Benedicto XV, Encíclica "Ad Beatissimi", 
1 de Noviembre de 1914


martes, 15 de septiembre de 2020

NUESTRA SEÑORA DE LOS SIETE DOLORES: "Ella redimió al género humano con Cristo y bajo Cristo"


               Cuando María se ofreció a Dios completamente, junto a Su Hijo en el Templo, ya participaba con Él de la dolorosa expiación a favor del género humano. Es, por tanto cierto, que Ella participó en las mismas profundidades de Su Alma con sus más amargos sufrimientos y con sus tormentos. Finalmente fue ante los ojos de María que se consumó el Divino Sacrificio, para el cual había dado a luz y criado a la Víctima.


( Papa León XIII, Encíclica Jucunda semper, 8 de Septiembre de 1894 )






               Ella estuvo en el Calvario por divina disposición. En comunión con Su Hijo doliente y agonizante, soportó el dolor y casi la muerte, abdicó Sus derechos de Madre sobre Su Hijo para conseguir la salvación de los hombres y para apaciguar la Ira Divina, y en cuanto de Ella dependía, inmoló a Su Hijo... Ella redimió al género humano con Cristo y bajo Cristo.


( Papa Benedicto XV, Carta Apostólica Inter Sodalicia, 22 de Mayo de 1918 )


               Así pues, todos cuantos estamos unidos con Cristo y los que, como dice el Apóstol, somos miembros de Su Cuerpo, partícipes de Su Carne y de sus Huesos, hemos salido del Vientre de María, como partes del cuerpo que permanece unido a la cabeza. De donde, de un modo ciertamente espiritual y místico, también nosotros nos llamamos Hijos de María y ella es la Madre de todos nosotros. Madre en espíritu… pero evidentemente Madre de los miembros de Cristo que somos nosotros. En efecto, si la Bienaventurada Virgen es al mismo tiempo Madre de Dios y de los hombres ¿quién es capaz de dudar de que Ella procurará con todas Sus fuerzas que Cristo, Cabeza del Cuerpo de la Iglesia, infunda en nosotros, Sus miembros, todos Sus dones, y en primer lugar que le conozcamos y que vivamos por Él?.

               A todo esto hay que añadir, en alabanzas de la Santísima Madre de Dios, no solamente el haber proporcionado, al Dios Unigénito que iba a nacer con miembros humanos, la materia de Su Carne con la que se lograría una Hostia admirable para la salvación de los hombres; sino también el papel de custodiar y alimentar esa Hostia e incluso, en el momento oportuno, colocarla ante el Ara. De ahí que nunca son separables el tenor de la Vida y de los trabajos de la Madre y del Hijo, de manera que igualmente recaen en uno y otro las palabras del Profeta: mi vida transcurrió en dolor y entre gemidos mis años. 

                 Efectivamente cuando llegó la última hora del Hijo, estaba en pie junto a la Cruz de Jesús, Su Madre, no limitándose a contemplar el cruel espectáculo, sino gozándose de que Su Unigénito se inmolara para la salvación del género humano, y tanto se compadeció que, si hubiera sido posible, Ella misma habría soportado gustosísima todos los tormentos que padeció Su Hijo.

               Y por esta comunión de Voluntad y de Dolores entre María y Cristo, Ella mereció convertirse con toda dignidad en Reparadora del orbe perdido, y por tanto en Dispensadora de todos los bienes que Jesús nos ganó con Su Muerte y con Su Sangre.

               Cierto que no queremos negar que la erogación de estos bienes corresponde por exclusivo y propio derecho a Cristo; puesto que se nos han originado a partir de Su Muerte y Él por su propio poder es el Mediador entre Dios y los hombres. Sin embargo, por esa comunión, de la que ya hemos hablado, de Dolores y Bienes de la Madre con el Hijo, se le ha concedido a la Virgen Augusta ser poderosísima Mediadora y Conciliadora de todo el orbe de la tierra ante Su Hijo Unigénito.


               Así pues, la fuente es Cristo y de Su plenitud todos hemos recibido; por quien el cuerpo, trabado y unido por todos los ligamentos que lo nutren… va obrando su crecimiento en orden a su conformación en la Caridad. A su vez María, como señala San Bernardo, es el Acueducto; o también el cuello, a través del cual el cuerpo se une con la cabeza y la cabeza envía al cuerpo la fuerza y las ideas. Pues Ella es el cuello de nuestra Cabeza, a través del cual se transmiten a su cuerpo místico todos los dones espirituales..."


( Papa San Pío X, Carta Encíclica Ad diem illud laetissimum, 2 de Febrero de 1904 )





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sábado, 2 de noviembre de 2019

CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS




“En aquellos días oí una voz del Cielo que me decía:
Felices los muertos que mueren en el Señor.
Ya desde ahora, dice el Espíritu, que descansen de sus trabajos, 
puesto que sus obras los acompañan”

( Apocalipsis 14, 13)


               La piedad maternal de la Santa Iglesia Católica, que diariamente hace mención, singular y universal de los Fieles Difuntos, principalmente en el Santo Sacrificio de la Misa, después de la Fiesta de ayer, recuerda en sus plegarias a todos los fieles que, destinados al Cielo, se hallan detenidos todavía en el Purgatorio.

               Los sufragios van destinados a aquellos difuntos por quienes nadie ruega  . San Odilón, Abad de Cluny, en el año 998, introdujo tan caritativa costumbre en su monasterio.

               No hay en el mundo nada más hermoso y más digno de poseerse que la verdadera caridad. Éste es el Mandamiento Supremo del buen cristiano:
"Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos". Por eso, la Santa Iglesia, en el siglo XIV, decretó obligatoria esta obra de caridad.

                No siempre podemos practicar en este mundo la caridad tal y como querría nuestro corazón, pero sí podemos ser todos GRANDES BENEFACTORES DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO. Mayores y pequeños, enfermos y sanos, todos podemos socorrerles con nuestras oraciones, Misas, Comuniones, limosnas...

                En algunas regiones de España estaba permitido celebrar dos Misas en este día tan señalado, y hasta tres en el siglo siguiente. El Papa Benedicto XV, después de la I Guerra Mundial, hizo extensible este Privilegio a todos los sacerdotes del mundo católico, mediante la Bula "Incruentum altaris", sobre las celebraciones litúrgicas del Día de Difuntos.


DOCTRINA CATÓLICA 
SOBRE LAS INDULGENCIAS


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miércoles, 4 de septiembre de 2019

LA APOSTASÍA ACTUAL. Parte 1 EL SEDEVACANTISMO

     
           El Sedevacantismo es la posición de los Católicos que rehúsan reconocer a Jorge Mario Bergoglio como verdadero Papa. Los Católicos sedevacantistas afirman que la Sede de Pedro está vacante en razón de la Apostasía de la Fe Católica por parte de la "Jerarquía" oficial a partir de la promulgación, en 1965, de los documentos del "Concilio Vaticano II".

         El razonamiento sedevacantista es sencillo y los hechos en que se funda son constatables empíricamente; al comparar las enseñanzas de la Iglesia Católica antes y después del Concilio Vaticano II, nos damos cuenta de que hay un cambio sustancial en la Doctrina. El trilema revolucionario se hizo presente en Roma: “libertad, igualdad y fraternidad”: libertad religiosa (Dignitatis humanae), la Colegialidad (Lumen Gentium) que “iguala” el Episcopado al Papado, y el ecumenismo, que iguala todas las religiones (Nostra aetate).

         Pero la Iglesia Católica no puede sufrir un cambio sustancial en su enseñanza, pues goza de una asistencia especial del Espíritu Santo que la vuelve Infalible en cuestiones de Fe y Moral y, por la tanto, indefectible, o sea, la Iglesia permanecerá la misma en sus constitutivos esenciales hasta el Fin del Mundo. 




         Dicho sea de paso, la Infalibilidad e indefectibilidad de la Iglesia son Verdades de Fe, es decir nadie puede negar estas prerrogativas sin dejar, por el mismo hecho, de ser católico. 

         Por tanto, la única conclusión válida es que la “Jerarquía" responsable de la ruptura doctrinal en el "Concilio Vaticano II" carece de toda Autoridad eclesiástica; esto aplicado al Papado significa simplemente que no hay Papa, o sea, que la Sede de Pedro está Vacante. De aquí el nombre "sedevacantismo". 


¿Cómo se explica que la Sede de Pedro
 esté vacante por tanto tiempo?

         Si bien el Concilio Vaticano II dio origen a una nueva religión, no constituyó, jurídicamente hablando, una nueva Iglesia. La facultad para designar al Papa todavía se encuentra en los Cardenales. 

         La herejía, que es obstáculo a la Jurisdicción, o Autoridad eclesiástica, no es obstáculo al poder de designación, que es una facultad humana.

         Puesto que los Cardenales, responsables de designar al Papa, se adhieren también a las enseñanzas del Vaticano II, la vacancia de la Sede se prolongará hasta tanto esta situación no cambie, o sea, hasta la elección de un candidato capaz de recibir Autoridad. 

         Para lo cual, uno o más Cardenales deberían volver a la Fe de siempre... difícil, pero recordemos que lo que es imposible para los hombres, es fácil para Dios. 


¿Por qué permite Dios esta situación?

         El principio general es válido: Dios permite los males para sacar de ellos mayores bienes. La Sagrada Escritura habla de una Apostasía general, la defección del Occidente Cristiano, lo cual será ocasión para la conversión del pueblo judío.

         No olvidemos que el rechazo de Cristo por parte de los hebreos devino en ocasión de la conversión de las naciones gentiles. 

         Según los ojos de la Fe, vivir estos tiempos es un privilegio para los verdaderos Católicos. 

(Continuará...)



jueves, 4 de julio de 2019

EL CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS, el Amor encerrado en la Sagrada Eucaristía


               La Sagrada Eucaristía es la prueba más palmaria del Amor que Jesús Nuestro Señor tuvo y sigue teniendo a los hombres. En Ella tenemos el Memorial de Su Pasión y el Amor viviente de Jesús, que a diario se aplica a nuestras almas, pues Él mismo está corporalmente presente en todas las partes de la tierra.

               Por eso hoy la Santa Iglesia Católica honra de una manera especial al Sagrado Corazón de Cristo Jesús, en esta manifestación de Amor que compendia todas las demás.

              "La razón particular y el objeto de esta Fiesta... es conmemorar el Amor de Nuestro Señor Jesucristo en el Sacramento de la Eucaristía. Quiere la Iglesia por este medio excitar más y más a los fieles a que se acerquen confiados a este Santísimo Misterio, y que los corazones ardan cada día más y más en las llamas de la Divina Caridad que abrasan al Sagrado Corazón de Jesús, cuando, por Su infinito Amor instituyó la Santísima Eucaristía, en que Ése mismo Corazón, los guarda y los ama, viviendo y morando con ellos, como ellos viven y moran con Él. Porque en este Sacramento de la Divina Eucaristía, Jesús se ofrece y se da a nosotros como Víctima, Compañero, Alimento y Viático, y prenda de la Gloria futura."


Papa Benedicto XV, 9 de Noviembre de 1921




EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA
Y EL SACERDOCIO
han brotado del Corazón Eucarístico de Jesús


               En todas partes de la tierra, donde hay una Hostia consagrada en un Tabernáculo, incluso en las misiones más lejanas, Él permanece con nosotros como "el dulce compañero de nuestro exilio".

               Él está en cada Tabernáculo "esperándonos pacientemente, solicitándo escucharnos, deseando ser escuchado por nosotros" .

               El Corazón Eucarístico de Jesús nos dio la Eucaristía como sacrificio, para perpetuar esencialmente el Sacrificio de la Cruz en los Altares hasta el fin del mundo y para aplicar los frutos sobre nosotros.

               Y en la Santa Misa, Nuestro Señor, que es el Sacerdote principal , continúa ofreciéndose por nosotros."El Cristo viviente no deja de interceder por nosotros", dice San Pablo (Carta a los Hebreos, cap. 7, vers. 25). Lo hace especialmente en la Santa Misa, donde, según el Concilio de Trento, es el Sacerdote mismo quien continúa ofreciéndose a través de Sus Ministros, de una manera no cruenta, después de haberse ofrecido cruentamente en la Cruz.

               Esta oblación interior, siempre viva en el Corazón de Cristo, es como el alma del Santo Sacrificio de la Misa y le da su valor infinito. Cristo Jesús continúa ofreciendo a Su Padre nuestras adoraciones, nuestras súplicas, nuestras reparaciones y nuestras acciones de gracia. Pero sobre todo, siempre es la misma Víctima pura que se ofrece, el mismo Cuerpo del Salvador que fue crucificado, y Su Sangre Preciosa se vierte sacramentalmente sobre el altar , para continuar borrando los pecados del mundo.

               El Corazón Eucarístico de Jesús, dándonos el Sacrificio Eucarístico, también nos dio el sacerdocio. Después de haberles dicho a Sus Apóstoles: "Vengan conmigo, los haré pescadores de hombres" (San Marcos, cap. 1, vers. 16) y " No me eligieron, pero los elegí y los nombré para que puedan ir y dar fruto..."(San Juan, cap. 15, vers. 16) les dio, en la Cena, el poder de ofrecer el Sacrificio Eucarístico, diciendo: "Este es Mi Cuerpo, que es dado por vosotros: haced esto en memoria mía" (San Lucas, cap. 22, vers, 19).

               Les dio el poder de la Santa Consagración, que renueva constantemente el Sacramento del Amor. De hecho, la Eucaristía, Sacramento del Sacrificio, no puede perpetuarse sin el Sacerdocio, y es por esta razón que la gracia del Salvador germina y florece en la sucesión de generaciones, después de casi dos mil años, de vocaciones sacerdotales. Será así hasta el Fin del Mundo.



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               Finalmente, el Corazón Eucarístico de Jesús nos es dado en la Sagrada Comunión. El Salvador Nos es dado como alimento, no porque lo asimilemos, sino para que nos hagamos más y más como Él, más vivificados, santificados por Él, incorporados a Él.

               Un día le dijo a Santa Catalina de Siena: "Tomo tu corazón y te entrego el Mío" , fue el símbolo sensible de lo que espiritualmente sucede en una Comunión ferviente, en la que nuestro corazón muere y su mezquindad, su egoísmo, a su amor propio, a expandirse y llegar a ser similar al Corazón de Cristo en pureza, fuerza, generosidad.

               Otra vez, el Salvador concedió a la misma Santa, la gracia de beber durante mucho tiempo en la Herida de Su Corazón: otro símbolo de una ferviente Comunión, en la que el alma bebe, para poder llamar espiritualmente al Corazón de Jesús ", Fuente de nuevas gracias "," Dulce refugio de la vida oculta "," Maestro de los secretos de la unión divina "," Corazón de quien duerme, pero que siempre vigila ".

               San Pablo había dicho (1 Corintios, cap. 10, vers. 16): " La copa de bendición que bendecimos, ¿no es una Comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es una Comunión con el Cuerpo de Cristo?" Y, como subraya Santo Tomás, el sacerdote en la Santa Misa, comunicándose con la Preciosa Sangre, se comunica para él y para todos los fieles.


Padre Garrigou Lagrange, OP