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lunes, 27 de noviembre de 2023

LA MEDALLA MILAGROSA DE NUESTRA SEÑORA, muro frente a las herejías

 

En 1830 Nuestra Señora contrarrestaba 
las demoníacas manifestaciones del 
pseudo profeta Joseph Smith y su neo religión


               Joseph Smith Jr. nació en el pueblo de Sharon, Vermont (EEUU) en Diciembre de 1805. Debido a la precaria situación familiar, Smith tuvo que trabajar desde pequeño por lo que apenas asistió a las clases elementales. Tanto su familia como él mismo simpatizaron durante décadas con la herejía metodista; sin embargo, en su adolescencia Smith fue reconocido por tener presuntas "habilidades paranormales" y por eso trató de emplearse como "vidente" para varios grupos dedicados a la excavación de tesoros, valiéndose para ello de elementos de la magia ceremonial, además de pergaminos esotéricos y amuletos, como el medallón del dios Júpiter que Joseph Smith siempre llevó consigo, hasta su muerte. 

               El 21 de Septiembre de 1823, cuando Joseph Smith tenía 18 años, aseguró que se le había aparecido un ángel llamado Moroni, y que este le había dicho que era el elegido para traducir el "Libro de Mormón", que recogía la historia de los primitivos pueblos de América y que además contenía la plenitud del Evangelio, grabada sobre planchas de oro, que recibiría personalmente en 1827. 

               Después de otra aparición del ángel Moroni y haciendo uso de una "piedra vidente", traduciría los caracteres de "egipcio reformado" en los que estaban escritas las planchas de oro. El rocambolesco método de traducción consistía en que Joseph Smith pondría su "piedra vidente" en la copa de su sombrero, y luego inclinándose  hacia delante con los brazos sobre las rodillas y la cara enterrada en el sombrero, dictaba las palabras a un escriba que tomaba el dictado. Finalizada la traducción, y según el testimonio del "Profeta y traductor" Joseph Smith, las planchas de oro le serían retiradas por el mismo ángel Moroni, de ahí que nunca se podrán estudiar.



               El fruto de aquellos dictados se daría a conocer en 1830 bajo el título "El Libro de Mormón", fuente y origen de una nueva secta, que sería responsable de que millones de almas se alejasen de la Verdadera Fe; pese a titularse "Iglesia de Jesucristo", este grupo religioso se aleja, en su teología, en su doctrina y en su praxis de los principios más básicos del Cristianismo que dicen pretender restaurar tras más de mil ochocientos años de Apostasía. 

               El Mormonismo o "Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días" nació de los delirios místicos de un buscador de tesoros, de un farsante iluminado, fiel practicante de la poligamia, que lo mismo "traducía" jeroglíficos egipcios que ideaba una moneda sin respaldo económico -lo que le creó cientos de enemigos-, capaz de inventar toda una irrisoria "historia" de los orígenes de los nativos americanos, la fantástica "visita" de Jesús a los primitivos pobladores de Centro América; la trastornada mente de Joseph Smith le llevó a justificar la piel negra como "señal" de un castigo de Dios... y sin embargo, pese a las evidencias históricas, geográficas y arqueológicas, el Mormonismo se ha extendido por todo el mundo, contando en la actualidad con alrededor de dieciocho millones de adeptos. 

               Providencialmente -que no por casualidad- ese mismo año de 1830, Nuestra Señora se manifestaba a Santa Catalina Labouré, novicia de las Hijas de la Caridad, en París. La Virgen Santísima le daba el encargo de acuñar una medalla con la imagen de la Madre de Dios tal y como se representaba ante la joven novicia: vestida de blanco con mangas largas y túnica cerrada hasta el cuello. En Su cabeza un velo blanco que caía por ambos lados hasta los pies, que se posaban sobre un globo blanco, del que únicamente se veía la parte superior, y que aplastaban una serpiente; también vio el emblema de Jesús y María entrelazados. 

               Nuestra Santa Madre dijo además a Santa Catalina que todos cuantos llevasen puesta una medalla según esa imagen "recibirán grandes gracias" y que éstas "serán mas abundantes para los que la lleven con confianza". 




               Nuestra Señora contrarrestaba así las demoníacas manifestaciones del pseudo profeta Joseph Smith y su neo religión; frente a las nuevas y delirantes fábulas, aquellas que nos advierte San Pablo preferirán los hombres en los últimos tiempos, la Virgen se presenta como Reina y Señora del Universo y de la Historia, pisando a la serpiente, representación del Maligno, del gran mentiroso. En contra de la soberbia y de la mente retorcida de Joseph Smith, que muere tiroteado en la cárcel, donde se le retenía por estafa y abuso de poder, aparece una humilde novicia que permanecerá en el anonimato hasta su santa muerte, desgastando su vida en el cuidado de los enfermos y los pobres, mientras que la Medalla Milagrosa se extendía por toda Europa y por el resto del orbe. 


Seguro que te interesará leer la historia de 
la Medalla Milagrosa; sólo tienes que tocar 
en el título de abajo...



viernes, 29 de septiembre de 2023

TRÍPTICO CON EL EXORCISMO formulado por el Papa León XIII

 

                    Aunque sobren en el mundo los amigos y socios de Satanás que se dediquen a predicar que el Diablo no existe, la Iglesia Católica siempre enseña que para salvarnos, tenemos que transitar por este mundo liberando una batalla contra ese ser infernal, que lucha por arrebatar a Dios el mayor número de almas.

                    La obra maestra de Satanás ha sido pasar inadvertido, tratando de hacernos creer que no existe. Y esa errónea idea ha conseguido infinidad de adeptos, almas que quieren tranquilizar su conciencia, porque igual que niegan la existencia del Demonio hacen lo propio con el Infierno; verdades ambas definidas por la Iglesia, en el Magisterio y en la Doctrina, sin percatarse tal vez que este hecho, el negar el Infierno y la existencia del Maligno, les sitúa inmediatamente fuera de la Iglesia; todo buen cristiano ha de creer y profesar fielmente durante su vida, el conjunto de Dogmas, que gozan de infalibilidad y no son otra cosa más que la Enseñanza misma de Nuestro Señor. 

                    Para luchar contra estos errores, tenemos que valernos del Catecismo Católico, de nuestra palabra, del ejemplo personal: con sana gallardía debemos hablar de esas realidades sobrenaturales, del Demonio y del Infierno. Y tenemos que hacerlo sin respetos humanos ni miedos, porque es Verdad revelada, en la Sagrada Escritura reflejada en numerosos capítulos y definida por la Iglesia de Cristo. Pero como se trata ésta, sobre todo argumento humano, de una BATALLA ESPIRITUAL, nos valdremos como principal arma, de la oración, poderoso remedio contra el Demonio, máxime si nos cobijamos bajo el estandarte de San Miguel, vencedor apocalíptico de la Bestia infernal.

                    El exorcismo que el Papa León XIII ideara en 1884 tras una visión mística, supone una de las oraciones más importantes a San Miguel. Aunque ya lo he publicado anteriormente, ahora, a fin de poder rezarlo con mayor frecuencia, te presento este sencillo tríptico donde se recoge de forma íntegra dicha oración; si bien se ideó para los Sacerdotes, puede ser rezada también por los seglares, con una mínima modificación en las palabras referentes a la intención de realizar la oración, ya que obviamente, los seglares no poseen el carácter ministerial de los Sacerdotes, verdaderos exorcistas. 




Toca sobre las imágenes para verlas en su tamaño original;
se recomienda su copia y difusión, sin fines lucrativos...



                    Rezada por seglares, esta oración no dejaría de ser una súplica, pero jamás resultaría un verdadero y efectivo exorcismo, reservado a los ungidos, a los Sacerdotes de Cristo. En ningún caso debe ser usada como "liberación" de un alma que presunta o efectivamente esté poseída.

                    Cuando desde Roma se dio a conocer dicho exorcismo, advirtieron que "El Santo Padre León XIII exhorta a los Sacerdotes a rezar esta oración con mucha frecuencia, como un exorcismo simple para contener el poder del Demonio e impedir que haga daño. El fiel, asimismo, puede también decirla en su propio nombre, con el mismo propósito, como oración aprobada. Se recomienda su uso donde se sospeche que esté actuando el Demonio, ya sea causando la maldad de los hombres, inspirando violentas tentaciones, y hasta produciendo tormentas y calamidades públicas. Puede usarse como un exorcismo solemne, en una ceremonia oficial y pública en latín, para expulsar al Diablo. Un Sacerdote solo la puede decir en nombre de la Iglesia si ha recibido el permiso de su Obispo". (Acta Sanctae Sedis, Romae, 1890)



La Sagrada Escritura y el Magisterio infalible de la Iglesia; 
algunas citas sobre el Infierno y la necesidad de creer en él


               "Apartaos de Mí, malditos. Id al fuego eterno, que fue destinado para el Diablo y sus ángeles" (Mat. 25, 41)

               "El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la gehenna. Y, si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la gehenna, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga" (Mc. 9, 42-48).

               "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes" (Mt. 22, 13)

               "El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes" (Mt. 13, 41-42).

               "Y los que obraron bien irán a la Vida Eterna, y los que mal, al fuego eterno" Símbolo o Credo Atanasiano

                "Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los Infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, el fuego eterno" Concilio IV de Letrán, 1215

               "Las almas de los que mueren en pecado mortal con sólo el original descienden inmediatamente al Infierno, para ser castigadas, con penas desiguales" Concilio II de Lyón, 1274



martes, 8 de agosto de 2023

LA RUINA MORAL DEL BAILE, según San Juan María Vianney

 


Ministros de la "Iglesia del Vaticano II"; no conformes con vestir 
inmodestamente animan a los jóvenes a bailar ritmos sensuales

               La pequeña aldea francesa de Ars era el lugar predilecto de los jóvenes bailarines de las inmediaciones. Todo era pretexto para un baile. Para acabar con ellos, el Santo Cura de Ars trabó 25 años de reñido combate.

               Explicaba que no basta evitar el pecado, sino que se debe huir también de las ocasiones. Por eso, envolvía en el mismo anatema el pecado y la ocasión de pecado. Atacaba así al mismo tiempo el baile y la pasión impura por ella alimentada: “No hay un solo Mandamiento de la Ley de Dios que el baile no haga quebrantar… […] ¡Dios mío!, ¿es posible que estén en esto tan cegados, que lleguen a creer que no hay peligro en el baile, siendo así que es la maroma con que el Demonio arrastra más almas al Infierno? El Demonio da vueltas alrededor de un baile, como un muro rodea un jardín… Las personas que entran en un baile dejan a su Ángel de la guarda en la puerta, y el Demonio lo sustituye; así resulta que en la sala hay tantos demonios como danzantes”.



Religiosa de "la Iglesia Conciliar" moviendo el cuerpo al ritmo
de la música indecorosa que amenizó la JMJ de Portugal

               El Santo era inexorable no sólo con quien bailase, sino también con los que fuesen solamente a “presenciar” el baile, pues la sensualidad también entra por los ojos. Les negaba también la absolución, a menos que prometiesen nunca más hacerlo. Al reformar la iglesia, erigió un altar en honra de San Juan Batista, y en su arcada mandó esculpir la frase: ¡Su cabeza fue el precio de una danza! Se debe resaltar que los bailes de la época, en comparación con los de hoy —sobre todo por los saltos frenéticos e inmorales de los nuevos bailes modernos— eran como que inocentes. Pero era el comienzo del proceso que desembocó en los bailes actuales.

               La victoria del Padre Vianney en este campo fue total. Los bailes desaparecieron de Ars. Y no sólo los bailes, sino hasta algunas diversiones inofensivas que él juzgaba indignas de buenos Católicos.

               Junto a ellos combatió también las modas que juzgaba indecentes en la época (y que, cerca del casi nudismo actual, ¡podrían ser consideradas recatadas!). La joven, -decía- con sus atavíos rebuscados e indecentes, pronto dará a entender que es instrumento del Infierno para perder a las almas. Sólo en el tribunal de Dios conocerá [el número de] los pecados de que habrá sido causa”. En la iglesia jamás toleró los escotes o los brazos desnudos.

               Un Sacerdote santo vuelve piadosos a sus feligreses. Así, apenas tres años y medio después de su llegada, el Santo Cura ya podía escribir: “Me encuentro en una parroquia muy religiosa, que sirve a Dios de todo corazón”. En 1827 (seis años después), exclamaba entusiasmado desde el púlpito: “Hermanos míos, Ars ya no es Ars. He confesado en jubileos y en misiones, pero no he encontrado nada que se asemeje a lo de aquí”.



Los Dominicos, también llamados Frailes Predicadores, otrora formaban
la flor y nata de la Iglesia, hoy son vulgares "influencers" que se contonean
en busca de seguidores; impropio de un auténtico religioso.

               Es que, al mismo tiempo en que reprimía los abusos, sembraba también la buena semilla. Y él aspiraba, para sus feligreses, el ideal de perfección del cual los creía capaces. Les recomendaba que rezaran antes y después de las comidas, recitasen el Angelus tres veces al día donde sea que estuviesen; y que, al levantarse y acostarse, recitaran la oración de la mañana y la de la noche. Ésta pasó a ser hecha también en común en la iglesia al toque de la campana. Los que quedaban en casa se arrodillaban delante de algún cuadro o imagen religiosa para hacer sus oraciones.

               Con el tiempo se pasó a decir que en Ars el respeto humano fue invertido: se tenía vergüenza de no hacer el bien y de no practicar la religión. ¡Lo que es un auge de victoria de la Iglesia!. Ars se convirtió también en un centro de piedad y religiosidad.


Plinio María Solimeo

Toca AQUÍ para leer una reseña biográfica del



sábado, 22 de abril de 2023

EN DEFENSA DE LAS APARICIONES DE LA SANTÍSIMA VIRGEN EN GARABANDAL (Parte III)

 


GARABANDAL, CONTINUACIÓN DE FÁTIMA

               Para la Bendita Providencia, no existen casualidades, sino causalidades: todo está ordenado con el fin de que sea siempre hecha la Voluntad Santa de Dios, aunque en casi todas esos trances, no somos capaces de comprender, y mucho menos apreciar, las gracias que el Señor derrama en nuestras almas en momentos difíciles.

               Estoy convencido que aquella negativa de Juan XXIII de dar a conocer el Tercer Secreto de Fátima en 1960, vino a ser contrarrestada en 1961 en la humilde aldea de San Sebastián de Garabandal.

             En palabras de Sor Lucía en una entrevista que le realizó el Padre Agustín Fuentes en 1957, "La Santísima Virgen está muy triste, pues nadie le da ninguna importancia a Su Mensaje... Ni los buenos ni los malos..." Por eso, basándonos en el "secretismo" de Roma hasta el año 2000 y las múltiples y razonables dudas de la veracidad del supuesto escrito de Sor Lucía, no creemos que fuese leído el verdadero "Tercer Secreto", sino que simplemente fue sustituido o modificado, imitando burdamente la escritura de la vidente Sor Lucía.



             Cuando en 1957, Monseñor Venancio, Obispo auxiliar de Leiria-Fátima, tuvo en sus manos el sobre que contenía el Secreto escrito por Sor Lucía (1), pudo distinguir entonces a contraluz la existencia de una sola hoja, con entre veinte y veintiséis renglones, que nada tiene que ver con las cuatro páginas de más de sesenta líneas dadas a conocer en el año 2000. (2) (Para saber más sobre el verdadero Secreto de Fátima, recomiendo leer el artículo EL SECRETO DE FÁTIMA: la actual Apostasía de Roma)


EL PEDIDO DE LA VIRGEN, IGNORADO 

              Ninguno de los que ocuparon el Trono de San Pedro, Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo I... atendieron la súplica de Nuestra Señora de revelar Sus advertencias en 1960... y no fue hasta casi los últimos años de Juan Pablo II, que decidieron a hacer pública la Tercera Parte del Secreto de Fátima en el año 2000. Pero, ¿qué era tan grave en ese Secreto para que todos lo ignoraran?. Si nos atenemos al texto difundido por Roma, se nos narra el asesinato de un Papa... situación que no se ha dado, por más que aseguren que se refería a Juan Pablo II, el cual fue herido, pero no asesinado, como aseguraba el supuesto "Secreto de Fátima" leído por Angelo Sodano en 2000.

             Tal vez, ¿se ocultó el Secreto porque hablaba de realidades incómodas?. Si de veras el Tercer Secreto en nada comprometía la Fe Católica y se trataba de una profecía, ¿por qué no lo dieron a conocer en su momento y así comprobar, por su cumplimiento, la veracidad de las Apariciones de la Virgen en Fátima, como ya ocurriera con los otros dos secretos, referentes a las dos Guerras Mundiales?. 

              Negarse atender el pedido de Nuestra Señora que el Tercer Secreto fuese leído en 1960 es una gravísima por la que el Señor demandará a cuantos trataron de silenciar la voz del Cielo, como neo fariseos que "matan a sus profetas y apedrean a quienes le son enviados".(3)


EL "CONCILIO" DE LA APOSTASÍA

              Ante la pasividad de las "Autoridades" romanas, la voz de Nuestra Señora no podía perderse; así lo hemos comprobado en los últimos dos siglos, desde la manifestación de la Medalla Milagrosa, La Salette, Lourdes, Pontmain, Fátima, Ezkioga... ejemplos todos ellos del llamado a la oración sincera y a la conversión de costumbres; una y otra vez la Virgen se manifestó a los más inocentes, a los niños, avisándoles de la deriva de la humanidad.

               Por más que los creyentes "escépticos" critiquen las apariciones de la Virgen y las tachen de "superchería" o "histerismo", comprobamos cómo en los lugares donde la Virgen se manifestó (Francia, Suiza, Alemania, España) para advertir del riesgo de olvidar la Fe de siempre, han caído en su mayoría en la impiedad y en la apostasía, como mucho, viven una fe "hecha a la medida" de sus necesidades. Veamos tras todas estas apariciones celestiales, el Corazón maternal de la Virgen, que advierte y avisa a sus hijos.

              No pocas han sido las conjeturas que se han realizado acerca del contenido del Tercer Secreto de Fátima, pero puedo concluir que los testimonios más fiables, los de aquellos privilegiados que pudieron leerlo, apuntan a una misma circunstancia: el Secreto de Fátima advertía de la Apostasía en la Iglesia.

              Entre otros, destaca el testimonio por escrito -mediante una carta personal- del Cardenal Mario Ciappi, teólogo personal del Papa Pío XII: «En el Tercer Secreto se predice, entre otras cosas, que la Gran Apostasía en la Iglesia empezará en lo alto». Entendamos "en lo alto" por la cúspide, la Jerarquía misma, que mediante la pérdida de la Verdadera Fe Católica, llevaría a millones de almas a vivir como si Dios no existiese.

             Esa advertencia celestial, debió haberse manifestado desde Roma en 1960, cuando ya estaba en marcha la preparación del Concilio "Revolucionario"; el silencio y la negativa de dar a conocer el Tercer Secreto, no impidieron a la Virgen Santísima manifestar en Garabandal en 1965, la profética denuncia -seguramente la misma advertencia que contenía el Secreto de Fátima- que "muchos Sacerdotes van por el camino de perdición y con ellos llevan a muchas más almas..."...lo avisó la Madre de Dios justo al concluir el Concilio.



Clérigo modernista reparte formas eucarísticas envueltas en plástico, con guantes...
olvidan que Jesucristo Nuestro Señor sanó a leprosos y creó ojos para un ciego


EL CLERO, CULPABLE DE LA PÉRDIDA DE ALMAS

              Acaso, ¿no ha sido justamente ése Concilio una perfecta debacle?,  ¿dónde está la prometida Primavera Eclesial?, ¿están llenas las parroquias?, ¿ha aumentado el número de matrimonios o bautismos?, ¿acaso vemos que crezca el número de almas que se entregan a la vida religiosa o al estado sacerdotal?. El panorama desolador, la ruina espiritual en que se encuentra la Iglesia del Concilio es la prueba evidente.

              En San Sebastián de Garabandal, el Mensaje de la Virgen no deja dudas, pues no advierte, no avisa: sentencia que los Sacerdotes se han desviado del camino, muchos, no unos pocos, y lo peor, que "con ellos llevan a muchas más almas". Nótese que Nuestra Señora culpa directamente al Clero de la pérdida de almas, como lo acusa también de que a la Eucaristía "cada vez se la da menos importancia"; no podemos exigir respeto y amor a Jesús Sacramentado cuando los propios Sacerdotes no lo profesan, como tristemente comprobamos durante el período de la pandemia del covid-19, donde los clérigos se revestían con mascarillas y guantes a la vez que desinfectaban copones... Ésa es la Apostasía, la distancia, el alejamiento contumaz de la Fe de Siempre y la Doctrina Católica que por 2000 años profesó Roma y que fue tergiversada -cuando no diluida- en el "Vaticano II".



Un clérigo de la Iglesia del Concilio aplica desinfectante a un copón


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NOTAS:

          1- A comienzos de 1957, la Sagrada Congregación del Santo Oficio, actual Congregación para la Doctrina de la Fe, pidió que el documento con el Tercer Secreto de Fátima fuese remitido a Roma. Para ese efecto, fue entregado en la Nunciatura Apostólica de Lisboa, desde donde el Nuncio, Mons. Fernando Cento, lo condujo al Vaticano, donde ingresó en el Archivo Secreto del Santo Oficio el día 4 de Abril de 1957.

          2- Para mayor información sobre la cuestión del verdadero Secreto de Fátima recomendamos la lectura del libro "El Secreto mejor guardado de Fátima", del periodista y escritor José María Zabala. Editorial Planeta, 2017. 352 páginas. ISBN: 978-84-9998-566-4.

          3- Evangelio de San Mateo, capítulo 23, versículo 37: "¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que son enviados a ti! ¡Cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus pollos debajo de las alas, y no quisiste!"



jueves, 22 de octubre de 2020

LA RESURRECCIÓN Y ASCENSIÓN DE LA IGLESIA

 



"Así como los impíos no prevalecieron contra Cristo, aun cuando lo amarraron con cuerdas, lo arrastraron al juicio, le vendaron los ojos, se burlaron de Él como un rey falso, lo hirieron en la cabeza como un falso Profeta, le arrastraron, y lo crucificaron, y en el ejercicio de su poder parecían tener un dominio absoluto sobre Él, de modo que Él cayó en tierra y casi fue aniquilado bajo sus pies; y como en el mismo tiempo en que estaba muerto y sepultado fuera de sus ojos, fue conquistador de todos, resucitó al tercer día y ascendió al Cielo, y fue coronado, glorificado e investido con Su Realeza, y reina, Rey de reyes y Señor de señores, así será con Su Iglesia: aunque por un tiempo perseguida y, a los ojos del hombre, derrocada y pisoteada, destronada, despojada, burlada y aplastada, incluso en ese gran tiempo de triunfo las puertas del infierno no prevalecerán. En la Iglesia de Dios hay una Resurrección y una Ascensión, una Realeza y un Dominio, una recompensa de Gloria por todo lo que ha soportado".


Cardenal Henry Edward Manning




jueves, 3 de septiembre de 2020

SAN PÍO X, EL CUSTODIO DE LA INTEGRIDAD CATÓLICA


“Los autores del error se ocultan 
en el propio seno de la Iglesia, 
por así decir, en las propias venas 
y entrañas de Ella”

Papa San Pío X




INFANCIA Y SACERDOCIO


               Giuseppe Melchiorre Sarto, quien luego sería el Papa Pío X nació el 2 de Junio de 1835 en Riese, provincia de Treviso, en Venecia. Sus padres fueron Giovanni Battista Sarto y Margarita Sanson. Su padre fue un cartero y murió en 1852, pero su madre vivió para ver a su hijo llegar a Cardenal. Luego de terminar sus estudios elementales, recibió clases privadas de Latín por parte del Arcipreste de su pueblo, Don Tito Fusarini, después de lo cual estudió durante cuatro años en Castelfranco Veneto, caminando de ida y vuelta diariamente.


               En 1850 recibió la tonsura de manos del Obispo de Treviso y obtuvo una beca de la Diócesis de Treviso para estudiar en el Seminario de Padua, donde terminó sus estudios filosóficos, teológicos y de los clásicos con honores. Fue ordenado Sacerdote en 1858, y durante nueve años fue Capellán de Tómbolo, teniendo que asumir muchas de las funciones del Párroco, puesto que éste ya era anciano e inválido. Buscó perfeccionar su conocimiento de la Teología a través de un estudio asiduo de Santo Tomás y el Derecho Canónico; al mismo tiempo estableció una escuela nocturna para la educación de los adultos, y siendo él mismo un ferviente predicador, constantemente era invitado a ejercer este ministerio en otros pueblos.


OBISPO DE MANTUA 

               En 1867 fue nombrado Arcipreste de Salzano, un importante municipio de la Diócesis de Treviso, en donde restauró la iglesia y ayudó a la ampliación y mantenimiento del hospital con sus propios medios, en congruencia con su habitual generosidad hacia los pobres; especialmente se distinguió por su abnegación durante una epidemia de cólera que afectó a la región. Mostró una gran solicitud por la instrucción religiosa de los adultos. En 1875 creó un reglamento para la catedral de Treviso; ocupó varios cargos, entre ellos, el de director espiritual y rector del seminario, examinador del clero y vicario general; más aún, hizo posible que los estudiantes de escuelas públicas recibieran instrucción religiosa. En 1878, a la muerte del Obispo Zanelli, fue elegido Vicario Capitular. El 10 de Noviembre de 1884 fue nombrado Obispo de Mantua, en ese entonces una sede muy problemática, y fue consagrado el 20 de Noviembre de ese mismo año.


               Su principal preocupación en su nuevo cargo fue la formación del clero en el Seminario, donde, por varios años, enseñó Teología Dogmática y, durante un año, Teología Moral. Deseaba seguir el método y la teología de Santo Tomás, y a muchos de los estudiantes más pobres les regaló copias de la “Summa Theologica”; a la vez, cultivó el Canto Gregoriano en compañía de los seminaristas. La administración temporal de la sede le impuso grandes sacrificios. En 1887 celebró un sínodo diocesano. Mediante su asistencia en el confesonario, dio ejemplo de celo pastoral.


PATRIARCA DE VENECIA

             En el Consistorio Secreto celebrado en Junio de 1893, León XIII lo creó Cardenal, con el título de San Bernardo de las Termas; y en el Consistorio Público, tres días más tarde, fue preconizado Patriarca de Venecia, conservando mientras tanto el título de Administrador Apostólico de Mantua. El Cardenal Sarto fue obligado a esperar dieciocho meses, antes de tomar posesión de su nueva Diócesis, debido a que el gobierno italiano se negaba a otorgar el exequatur, reclamando que el derecho de nominación había sido ejercido por el Emperador de Austria. Este asunto fue tratado con amargura en periódicos y panfletos; el Gobierno, a manera de represalia, rehusó extender el exequatur a los otros obispos que fueron nombrados durante este tiempo, por lo que el número de sedes vacantes creció a treinta.


               Finalmente, el Ministro Crispi, habiendo regresado al poder, y la Santa Sede, habiendo elevado la misión de Eritrea a la categoría de Prefectura Apostólica en atención a los Capuchinos Italianos, motivaron al Gobierno a retractarse de su posición original. Esta oposición no fue causada por ninguna objeción contra la persona de Sarto. En Venecia el Cardenal encontró un estado de cosas mucho mejor que el que había hallado en Mantua.


               También allí puso gran atención en el Seminario, donde logró establecer la facultad de derecho canónico. En 1898 celebró el sínodo diocesano. Promovió el uso del Canto Gregoriano y fue gran benefactor del gran compositor Lorenzo Perosi; favoreció el trabajo social, especialmente los bancos en las Parroquias rurales; se dio cuenta de los peligros que entrañaban ciertas doctrinas y conductas de algunos Cristiano-Demócratas y se opuso enérgicamente a ellas. El Congreso Eucarístico Internacional de 1897, en el Centenario de San Gerardo Sagredo (1900), la Bendición de la primera piedra del nuevo campanario de San Marcos y la Capilla conmemorativa en el Monte Grappa (1901) fueron eventos que dejaron una profunda impresión en él y en su gente.


LA CRUZ DEL PONTIFICADO

               A la muerte del Papa León XIII, los Cardenales se reunieron en Cónclave y, después de varias votaciones, Giuseppe Sarto fue elegido el 4 de Agosto, al obtener 55 de 60 votos posibles. Su coronación tuvo lugar el siguiente Domingo, 9 de Agosto de 1903.


              Sus esfuerzos se dirigieron a promover la Piedad entre los fieles, y a fomentar la recepción frecuente de la Sagrada Comunión, y, si era posible, hacerla diariamente, dispensando a los enfermos de la obligación de ayunar para poder recibir la Sagrada Comunión dos veces al mes, o incluso más. Finalmente, mediante el Decreto “Quam Singulari” (15 de Agosto de 1910), recomendó que la Primera Comunión en los niños no se demorara demasiado tiempo después de que alcanzaran la edad de la discreción.


               El 22 de Noviembre de 1903, promulgó un Motu Proprio sobre música sacra en las iglesias, y, al mismo tiempo, ordenó que el auténtico Canto Gregoriano se utilizara en todas partes, mientras dispuso que los libros de cantos se imprimieran con el tipo de fuente del Vaticano bajo la supervisión de una comisión especial. En la Encíclica “Acerbo nimis” (15 de Abril de 1905), planteó la necesidad de que la instrucción catequética no se limitara a los niños, sino que también fuera dirigida hacia los adultos, dando para ello reglas detalladas, especialmente en lo referente a escuelas adecuadas para la impartición de la instrucción religiosa a los estudiantes de escuelas públicas, y aun de Universidades. Promovió la publicación de un nuevo Catecismo para la Diócesis de Roma.


               Pero por sobre todas las cosas, la principal preocupación del Papa era la pureza de la Fe Católica. Por esta razón, en 1907, publicó el Decreto “Lamentabili” (llamado también el Syllabus de Pío X), en el que sesenta y cinco proposiciones modernistas fueron condenadas. La mayor parte de estas se referían a las Sagradas Escrituras, su inspiración y la Doctrina de Jesús y los Apóstoles, mientras otras se relacionaban con el Dogma, los Sacramentos, la Primacía del Obispo de Roma. Inmediatamente después de eso, el 8 de Septiembre de 1907, apareció la famosa Encíclica “Pascendi”, que exponía y condenaba el sistema filosófico del Modernismo.


              Una necesidad sentida durante mucho fue la de codificar la Ley Canónica, y con la intención de llevarla a cabo, el 19 de Marzo de 1904, Pío X creó una congregación especial de Cardenales; así las más eminentes autoridades en derecho canónico de todo el mundo, colaboraron en la formación del nuevo Código, que sería terminado en el Pontificado de su sucesor, Benedicto XV. En 1910 promulgó el Motu Proprio "Sacrorum Antistitum", conocido como "Juramento Antimodernista", que debía ser pronunciado por cualquiera que quisiera conservar o acceder a un oficio eclesiástico, incluida la docencia en teología.


MUERTE Y CANONIZACIÓN 

               Profundamente afectado por el estallido de la Gran Guerra -que el había intentado por todos los medios evitar-, y debilitado por una crisis bronquial, su corazón cedió tras rápida enfermedad cuando contaba 79 años.


               Cuando el Padre Pío de Pietrelcina se enteró de la muerte de Pío X, empezó a llorar como un niño diciendo: “Esta guerra se ha llevado a la víctima más inocente, más pura y más santa: el Papa”, pues corrían rumores que el Santo Padre había ofrecido su vida para salvar a sus hijos del flagelo de la Guerra Mundial.


               El 29 de Mayo de 1954, Pío X era elevado a la Gloria de los Altares por otro Papa de nombre Pío y dotado del mismo espíritu antimodernista. Ese día, Pío XII recordaría la eterna condena al Modernismo: “Cualquier teoría, como el Modernismo, que separa la Fe y la Ciencia, en su fuente y en su objeto, oponiéndose una a la otra, produce en estas dos áreas vitales de un cisma, que es tan perniciosa “que un poco es más que la muerte”. (…) Con mirada vigilante Pío X observó la llegada de esta calamidad espiritual del mundo moderno, esta amarga desilusión que afectaba sobre todo a las clases cultas. Se dio cuenta de cómo una fe tan evidente, es decir, una fe no fundada sobre la revelación de Dios, sino que estén arraigadas en un terreno puramente humano, atraería a muchos al ateísmo. Así mismo, reconoció el destino fatal de una ciencia, que contrario a la naturaleza y en la limitación voluntaria, interceptó el camino a la verdad absoluta y el Bien, dejando al hombre, privado de Dios y se enfrentan a la oscuridad invisible en la que se encuentra en todo ser vestirte, sólo la actitud de la angustia o la arrogancia”





lunes, 31 de agosto de 2020

SANTO DOMINGUITO DEL VAL, Mártir de los deicidas




               Domingo del Val nació en Zaragoza en 1243, era hijo de los infanzones Sancho del Val, notario de la ciudad, e Isabel Sancho. Piadoso monaguillo, asistía a diario a los cultos además de participar con otro niños en el coro de la Catedral de La Seo (Zaragoza, España).

               El Miércoles 31 de Agosto de 1250, pasaba por las estrechas calles del barrio judío de Zaragoza, cuando, de repente, Mosé Albayucet, un usurero judío según cuentan las antiguas versiones, se abalanzó sobre él y le raptó para llevarle a casa de uno de los rabinos principales de la ciudad. Allí le dijeron: «Querido niño, no queremos hacerte mal ningún, pero si quieres salir de aquí tienes que pisar ese Cristo». «Eso nunca. Es mi Dios. No, no y mil veces no», respondió con firmeza Dominguito. «Acabemos pronto», apremiaron los judíos mientras acercaban una escalera, un martillo y unos clavos para crucificar al niño, además de colocarle una corona de zarzas sobre su rubia cabellera, para que el parecido con Jesús fuera mayor. 

               Tras el crimen del inocente niño, los judíos procuraron hacer desaparecer el cuerpo. Le cortaron la cabeza y los pies, que lanzaron al pozo que tenían en la casa, mientras que el resto del cuerpo lo enterraron en la orilla del Ebro, muy cerca del actual pozo de San Lázaro junto al Puente de Piedra. Mientras, la ciudad se volcaba buscando al niño desaparecido, hasta que un día, dos pescadores que estaban en el río, vieron cómo un fuerte rayo de sol descendía de los cielos y comenzó a iluminar un punto concreto de la orilla. Los pescadores acudieron allí y empezaron a cavar hasta que encontraron los restos de Domingo. Se revelaba el misterio de qué había sido del niño, siendo una señal divina la que mostró dónde se encontraba su cuerpo. 

               Sin embargo, el milagro no se terminó ahí. De nuevo la intercesión celestial hizo que las aguas del río Ebro crecieran de forma anormal para aquella época del año y los pozos de las casas de la ciudad comenzaron a rezumar agua y a desbordarse, con lo que los pies y cabeza del niño salieron del pozo de la casa judía a la que fueron lanzados. Por fin se esclarecía el misterio y toda la ciudad vio que los responsables habían sido los judíos.

               Domingo de Val fue canonizado el 9 de Julio de 1808 por el Papa Pío VII, y declarado Patrón de los Infanticos (niños cantores de la Catedral de Zaragoza) y sus restos fueron enterrados en la misma Catedral donde acolitaba, en una magnífica capilla dedicada a él. 



domingo, 9 de agosto de 2020

ANIVERSARIO DEL MARTIRIO DEL OBISPO FLORENTINO ASENSIO BARROSO


               Nace en Villasexmir, provincia de Valladolid, el 16 de Octubre de 1877. Hijo de Jacinto Asensio, ejerció de vendedor ambulante y su madre Gabina Barroso, atendía una pequeña tienda de pueblo. Tuvieron nueve hijos.

               Siendo todavía muy niño, sus padres regresaron al lugar de su procedencia, Villavieja del Cerro, donde transcurrid su infancia. Sintió siendo joven la llamada de Dios a la vida sacerdotal, ingresando en el Seminario de Valladolid. Ordenado Sacerdote el 1 de Junio de I901, fue destinado de Párroco a Villaverde de Medina. A los dos años, pasa a la capital, Valladolid, como Capellán de las Hermanitas de los Pobres al mismo tiempo que se hace cargo de Archivero del Palacio Episcopal, y muy pronto es nombrado Mayordomo del Arzobispo José Mª Cos y Macho.


               Por algún tiempo, ejerció de Profesor de Teología en la Univer­sidad de Valladolid, dejando de ejercer como profesor; por haber sido nombrado párroco de la Catedral Metropolitana, en la cual despeñó su apostolado, predicando durante 10 años, todos los domingos en las dos misas principales. Su celo pastoral se extendía por toda la ciudad. Fue Confesor del Seminario Conciliar largos años.






               La fama de su celo sacerdotal desarrollado por el Siervo de Dios, llega a la Nunciatura Apostólica en Madrid. El Nuncio, Mons. Federico Tedeschini, convocó a D. Florentino a la ciudad de Avila, para comunicarle la voluntad del Papa Pío XI de nombrarle Obispo de Barbastro, vacante por el traslado de Mons. Nicanor Mutiloa, a la sede de Tarazona. La propuesta, sumid al Siervo de Dios en confusión interna. Existen las cartas autógrafas en las que D. Florentino, intenta convencer al Nuncio de su incapacidad, rogándole que le envie de monaguillo a cualquier iglesia, antes que nombrarle Obispo. Forzado por su sentido de la obediencia, se plegó a la voluntad del Papa.

               Fue consagrado Obispo en la Catedral de Valladolid por el Arzobispo Mons. Gandásegui, el 26 de Enero de 1936. Tomó posesión de la Sede de Barbastro por procurador el 8 de Marzo de aquel año. Estaba en Zaragoza dispuesto para hacer su entrada solemne en Barbastro el Domingo día 15, cuando recibió noticia del sabotaje que se preparaba en la Ciudad del Vero, para desbaratar la manifestación de acogida organizada. Suspendió la marcha aquel día y llegó al día siguiente, en forma privada, a las mismas puertas de la Catedral sin boato externo, limitando la solemnidad de su entrada a los Ritos Litúrgicos prescritos, dentro de la Catedral.


               Los 4 meses y 23 días, que duró su Episcopado en la Diócesis, fueron a la vez, intensos y trágicos. Impulsó la pastoral diocesana, predicando él mismo todos los Domingos en la misa de 12 en la Catedral; alenta y patrocina la implantación de la CESO (Confederación Española de Sindicatos Obreros), organización promovida por Ángel Herrera Oria, desde su periódico “El Debate”. El paro obrero, gran azote de la sociedad española de aquellos días, encontró en el Obispo Don Florentino, acogida generosa pobres y enfermos, tanto en Barbastro como en Valladolid, tuvieron en el Obispo recursos en sus necesidades.


               El 18 de Julio de 1936, estallaba la Guerra Civil y a los dos días siguientes, fue confinado en su Palacio. El día 22, fue formalmente detenido y llevado al colegio de los Padres Escolapios, habilitado para prisión del clero y religiosos. Desde las ventanas, que dan a la Plaza del Ayuntamiento, pudo ver y oír la barbarie de aquellos funestos días.


               Al atardecer del día 8 de Agosto, fue trasladado a una celda solita­ria de la cárcel del Ayuntamiento, en la misma plaza. En los interrogatorios a que fue sometido, le ocasionaron toda suerte de vejaciones, impropias de seres humanos, hasta el punto de cortarle los genitales en medio de todos los allí reunidos, que entre zarandeos y empujones le decían “no tengas miedo. Si es verdad eso que predicáis, irás pronto al Cielo”, a lo que el Siervo de Dios, les contestó “sí, y allí rezaré por vosotros”.


               A la madrugada le llevaron, junto con otros detenidos, al Cementerio en un camión, donde fueron fusilados, arrojando su cadáver a una fosa común. Al terminar la Guerra Civil, se efectuó un proceso de identificación de los allí enterrados; en el caso del Obispo Don Florentino fue fácilmente iden­tificado por las iniciales que marcaban su ropa interior. Exhumados los restos fueron trasladados a la Catedral y depositados en uno de los nichos de la cripta, bajo el Presbiterio, destinados a los Obispos de la Diócesis.






martes, 29 de octubre de 2019

ORACIÓN EN REPARACIÓN DE LAS BLASFEMIAS; Recemos por aquellos que no son capaces de seguir los pasos sangrientos del Divino Redentor



               No son pocas las ocasiones que llegan a nuestro oído palabras malsonantes, groserías algunas, impertinencias otras, sin faltar las blasfemias: esas vulgares expresiones que atentan contra la Honra y la Gloria de Dios, de Su Santa Madre y de los Santos. En muchas casas, se menta a Dios o a la Virgen sin respeto y lo peor, lo toman por moda y costumbre, sin darle mayor importancia.

               La blasfemia es una carcoma que corroe las buenas costumbres, que atrapa al hombre en su negativa de reconocer a Dios como a Su Creador, al que están debidos todos los honores y tributos de nuestra existencia.

               Era la blasfemia el salto y seña de los milicianos comunistas durante la Cruzada Española; muchos Mártires fueron torturados, mutilados y asesinados por negarse a blasfemar. Sabían bien los enemigos de Dios que si conseguían arrancar una blasfemia de los labios de un católico, ése sería su primer logro antes de la apostasía, que por cierto, no hubo NI UNA, gracias a la fuerza que el Señor infundió en las almas de aquellos valientes católicos.

               Si los Mártires, aún bajo amenaza de muerte se negaron a blasfemar ¿cómo tú permites y toleras la blasfemia en tu entorno?. Es OBLIGACIÓN GRAVE de todo Católico defender el Santo Nombre de Dios, luchar por Su Gloria: corrige al que blasfeme, reprende y explica con claridad la gravedad del pecado, no te acobardes ni tengas respeto humano a la hora de luchar por la Verdad que es Cristo; si nosotros le negamos ante los hombres, Él nos negará ante Su Padre de los Cielos (Evangelio de San Mateo, cap. 10, vers. 33)


Pío XII nos invita a desplegar al viento
las banderas de Nuestro Rey


               No hay necesidad más urgente que la de dar a conocer las inconmensurables riquezas de Cristo a los hombres de nuestra época. No hay empresa más noble que la de levantar y desplegar al viento las banderas de Nuestro Rey ante aquellos que han seguido banderas falaces y la de reconquistar para la cruz victoriosa a los que de ella, por desgracia, se han separado.




               ¿Quién, a la vista de una tan gran multitud de hermanos que, cegados por el error, enredados por las pasiones, desviados por los prejuicios, se han alejado de la Verdadera Fe en Dios y del salvador Mensaje de Jesucristo; quién, decimos, no arderá en caridad y dejará de prestar gustosamente su ayuda? 

               Todo el que pertenece a la Milicia de Cristo, sea clérigo o seglar, ¿por qué no ha de sentirse excitado a una mayor vigilancia, a una defensa más enérgica de nuestra causa viendo como ve crecer temerosamente sin cesar la turba de los enemigos de Cristo y viendo a los pregoneros de una doctrina engañosa que, de la misma manera que niegan la eficacia y la saludable verdad de la Fe Cristiana o impiden que ésta se lleve a la práctica, parecen romper con impiedad suma las tablas de los Mandamientos de Dios, para sustituirlas con otras normas de las que están desterrados los principios morales de la revelación del Sinaí y el divino espíritu que ha brotado del Sermón de la Montaña y de la Cruz de Cristo? 

               Todos, sin duda, saben muy bien, no sin hondo dolor, que los gérmenes de estos errores producen una trágica cosecha en aquellos que, si bien en los días de calma y seguridad se confesaban seguidores de Cristo, sin embargo, cuando es necesario resistir con energía, luchar, padecer y soportar persecuciones ocultas y abiertas, cristianos sólo de nombre, se muestran vacilantes, débiles, impotentes, y, rechazando los sacrificios que la profesión de su Religión implica, no son capaces de seguir los pasos sangrientos del Divino Redentor. 


Papa Pío XII, Encíclica "Summi Pontificatus", 
20 de Octubre de 1939


ORACIÓN EN REPARACIÓN
 DE LAS BLASFEMIAS
(Bendecida con 1000 días de indulgencia)



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sábado, 12 de octubre de 2019

PROMESA CUMPLIDA DE NUESTRA SEÑORA DEL PILAR AL BENDITO APÓSTOL SANTIAGO: "ESTE SITIO PERMANECERÁ HASTA EL FIN DEL MUNDO"




               En la noche del 2 al 3 de Agosto de 1936, a dos semanas de iniciarse la Guerra Civil Española, un avión trimotor Fokker F. VII , de la LAPE (Líneas Aéreas Postales Españolas) militarizado por el bando republicano, recibida orden del Coronel Sandino ( bautizado en El Pilar ), salió del aeródromo militar del Prat de Llobregat para bombardear Zaragoza.

               Se lanzaron cuatro bombas sobre la Basílica, una de 10 kg. y tres de 50 kg. de peso. Una de ellas cayó en la plaza del Pilar; otra, en el río, y las dos últimas impactaron sobre la cubierta de la Iglesia. De estas dos, la primera entró a la basílica por el coreto del Cabildo y la Cámara Angélica (donde se venera a Nuestra Señora sobre el Pilar que le dejó al Apóstol Santiago) y dañó ligeramente una pintura de Goya, y la segunda chocó con una de las pechinas de una cúpula, pero no llego a penetrar en el templo. Sorprendentemente, ninguna de las cuatro hizo explosión.

               El piloto del aparato, según algunas fuentes, fue el alférez Villa Ceballos, apodado el Negus (muerto poco después en el frente de batalla). Según éste, el avión contaba con dos bombas más, pero al ver que ninguna de las cuatro que había tirado hizo explosión, su extrañeza y su asombro fueron tales que regresó a Barcelona. Otras fuentes (Luis Sorando, el “bombardeo” del Pilar. Heraldo de Aragón, 27 de Octubre de 1990) señalan que el piloto era Manuel Gayoso Suárez, que había obtenido su título de piloto militar en 1922 con la 4ª promoción siendo soldado de ingenieros, y durante la Guerra de Marruecos había participado en numerosas misiones.




               Todas las otras bombas arrojadas a Zaragoza antes y después explotaron, excepto las cuatro que se lanzaron contra la Basílica. Sin embargo, los republicanos no volvieron a repetir la hazaña de bombardear el Pilar. El director del Parque de Artillería de Zaragoza analizó la bomba caída en la plaza –la única que quedó entera para poderla estudiar- y habló de un error de fabricación: “la espoleta funcionó, su aguja hirió y dio fuego a la cápsula fulminante, principio de la cadena… que estaba completa (pólvora, cebo y multiplicador), pero su orden cuando la vimos, no era el debido, ya que a continuación de la pólvora venía el multiplicador y a lamitad de éste, el cebo de nitro, que aparecía intacto”. Otros expertos han asegurado que las bombas se lanzaron a unos 150 o 200 metros de altura y no a más de menos 300 metros, que era el mínimo para que hicieran explosión.