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sábado, 25 de abril de 2026

SAN MARCOS, APÓSTOL Y EVANGELISTA

 


                    San Marcos era primo de Bernabé, una de las grandes figuras de la primitiva Iglesia y, al ser Bernabé levita y de Chipre, es natural que Marcos perteneciese a la colonia chipriota de Jerusalén y que fuese levita, como su primo. La actividad evangélica de San Marcos la inicia con Bernabé y Pablo, quienes cumplido su ministerio de llevar subsidios a la iglesia de Jerusalén, se volvieron a Antioquía llevándose consigo a Marcos.

                    Cuando más tarde Pablo y Bernabé visitaron las comunidades evangelizadas, Bernabé quiso llevar consigo a Marcos pero Pablo se opuso, pues no olvidaba que no les había acompañado a Panfilia. Como la divergencia de criterios fue irreductible, ambos se separaron en la tarea misional y “Bernabé tomando consigo a Marcos se embarcó para Chipre”. Los acontecimientos posteriores indican una plena reconciliación de San Pablo con Marcos.

                    Unos diez años más tarde encontramos a Marcos en Roma como intérprete de San Pedro y, un poco después, como escritor de su evangelio, según lo presenta la tradición. Su relación debía de ser muy antigua. Sabemos que liberado Pedro por el ángel, se dirigió a la casa de María, la madre de Marcos, donde era muy familiar.

                    Tal testimonio, junto con los datos de la tradición, hace suponer que Marcos se hallaba en Roma como intérprete de Pedro antes de que llegara San Pablo, con el que, olvidadas las diferencias de la primera separación, ahora le sirve como auxiliar, de consuelo y de gran utilidad para el ministerio. En Roma, hacia el año 60, debió de escribir el Evangelio conocido en la tradición como Evangelio según San Marcos.

                    Enviados de nuevo Bernabé y Saulo a la misión, para la que les había llamado el Espíritu Santo, embarcaron rumbo a Chipre donde predicaron en las sinagogas, teniendo a Marcos como auxiliar o diácono y una vez evangelizada la isla, al zarpar Pablo y los que con él estaban de Pafos a Perge de Panfilia, Marcos se separó de ellos y se volvió a Jerusalén.

                    Probablemente murió en el año 68 d.C., de muerte natural, según una relación, y según otra, como mártir, en Alejandría de Egipto. Los Hechos de San Marcos, un escrito de mitad del siglo IV, refieren que San Marcos fue arrastrado por las calles de Alejandría, atado con cuerdas al cuello.

                    Después lo llevaron a la cárcel y al día siguiente le volvieron a aplicar el mismo martirio hasta que falleció. Luego echaron su cuerpo a las llamas, pero los fieles lograron sacarlo y evitar su destrucción.

                    De Alejandría fueron trasladadas sus reliquias a Venecia el año 825, cuya República lo adoptó como celestial patrono, erigiendo en su honor la maravillosa Basílica de San Marcos, y tomando el símbolo del evangelista (el león alado con el libro del Evangelio) como su escudo



San Marcos es representado comúnmente como un león alado. También asociamos el león a Nuestro Señor Jesucristo, que fue “el león de la tribu de Judá” (Ap 5,5). Esta curiosa imagen de San Marcos es una asociación que se hizo temprano en la Iglesia. Se basa en el libro del Profeta Ezequiel y en el del Apocalipsis, en los que se muestran cuatro criaturas o seres vivientes en el Trono de Dios, sirviéndolo y adorándolo, junto con los 24 ancianos, los 12 Patriarcas de Israel y los 12 Apóstoles de la Iglesia. Cada figura angelical tiene alas, y cada una tiene un rostro diferente, el de Hombre, León, Buey o Águila; el león para San Marcos, el hombre para San Mateo, el buey para San Lucas y el águila para San Juan


La Robigalia pagana fue sustituida
por la Festividad del evangelista San Marcos


                    Hoy se celebraba en Roma la Robigalia, una fiesta mitológica en honor al dios de las culturas, luego reemplazada por la procesión cristiana de las Letanías Mayores que tenía lugar a lo largo de la Vía Flaminia hasta el Puente Milvio y donde luego se unía a San Pedro. Por lo tanto, la fiesta del evangelista Marcos tuvo que esperar casi hasta el siglo XII antes de ser incluida en el calendario romano.

                    Este retraso es tanto más sorprendente porque San Marcos fue uno de los primeros heraldos que, con San Pedro, anunciaron la Buena Nueva en Roma; además, escribió su Evangelio en la Ciudad Eterna, a petición de los mismos romanos, y cuando, poco después, Pablo pasó allí su primer encarcelamiento, Marcos le prestó con Lucas una afectuosa asistencia, como ya lo había hecho en favor del Príncipe de los Apóstoles.

                    Esta anomalía se explica fácilmente. Originalmente, las conmemoraciones litúrgicas de los santos tenían un carácter local y funerario, celebrándose exclusivamente cerca de sus respectivas tumbas. Como ni Juan, ni Lucas, ni Marcos, ni, hasta donde sabemos, ningún otro de los primeros compañeros de los Apóstoles terminaron sus días en Roma, los dípticos romanos no registran su deposición o natalis. Los calendarios de la Edad Media en Roma dependen principalmente de estas listas, por lo que así se explica su silencio.

                    Cerca del pórtico de Pallacinis, en la primera mitad del siglo IV, el Papa Marcos erigió una basílica que, con el tiempo, tomó el nombre del evangelista homónimo. Otras iglesias también, en la Edad Media, estaban dedicadas a San Marcos, como las de calcarario, in macello, etc.

                    Pero la espléndida basílica del Papa Marcos superó a todas en fama tanto por su belleza como por la excepcional importancia que adquirió en la historia: por eso en Roma se celebraba allí la estación en este día.


Extraído del "Liber Sacramentorum",
del Cardenal Ildefonso Schuster, Arzobispo de Milán



sábado, 30 de agosto de 2025

CARDENAL ILDEFONSO SCHUSTER, de monje a Príncipe de la Iglesia

 

                       La Liturgia de la Iglesia puede considerarse como un poema sagrado, en cuya composición han participado el cielo y la tierra, y por el cual nuestra humanidad, redimida en la sangre del Cordero sin mancha, se eleva en las alas del Espíritu hasta el trono mismo de Dios. Esto es más que una mera aspiración, pues la Sagrada Liturgia no solo manifiesta y expresa lo inefable y lo divino, sino que también, mediante los sacramentos y sus formas de oración, desarrolla y realiza lo sobrenatural en las almas de los fieles, a quienes comunica la gracia de la redención. Incluso puede decirse que la fuente misma de la santidad de la Iglesia se encuentra plenamente contenida en su Liturgia; pues, sin los santos sacramentos, la Pasión de nuestro Señor, en la dispensación existente instituida por Dios todopoderoso, no tendríamos eficacia en nosotros, ya que no habría canales capaces de transmitir su tesoro a nuestras almas.

                     

Cardenal Ildefonso Schuster,  El Sacramentario , vol. I 



INFANCIA Y JUVENTUD ENTRE LOS BENEDICTINOS

                       Alfredo Schuster nació el 18 de Enero de 1880, en Roma, en el seno de una familia humilde. Su padre, oriundo de Baviera, había llegado a Roma  para alistarse como suboficial en los ejércitos pontificios. Al enviudar, contrajo nuevas nupcias con Ana María Tutzer, natural de Bolzano, de la cual tuvo dos hijos, el futuro cardenal, y Julia (más tarde, religiosa, hija de la Caridad).

                       En Noviembre de 1891 ingresa en la Abadía benedictina de San Pablo extramuros de la Ciudad Eterna como niño oblato, con intención de hacerse monje y sacerdote, aunque también se trató de una muestra de caridad, pues dejaba de ser gravoso a su madre. En la escuela benedictina fue confirmándose su vocación al estado religioso. El 13 de Noviembre de 1896 inicia su noviciado de tres años y cambia su nombre por el Ildefonso. La crónica de la Abadía lo describe como novicio dócil, piadoso y estudioso, pero de salud precaria. Al cumplirse el tercer año, hizo su profesión monástica.

                       El 19 de Marzo de 1904, en la Fiesta de San José, el Cardenal Vicario de Su Santidad para la Diócesis de Roma, Monseñor Respighi, le ordena de presbítero en la Basílica de San Juan de Letrán.

                       Los veinticinco años siguientes los transcurrió Ildefonso Schuster en la Abadía de San Pablo Extramuros. Su capacidad intelectual y su laboriosidad le permitieron alternar sus ocupaciones en el monasterio con otros encargos. En 1908 fue nombrado Maestro de Novicios de la Abadía de San Pablo y el 5 de Abril de 1918 es elegido Abad Ordinario del mismo Monasterio. Su fama como experto en Liturgia transcendió los muros conventuales y el Papa Benedicto XV le nombró consultor de las Sagradas Congregaciones de Ritos y Religiosos.

CARDENAL ANTES QUE OBISPO

                      A pesar de haber rechazado varios cargos importantes en la Curia Vaticana porque su vocación es la vida monástica, la obediencia al Papa lleva a Schuster a aceptar su nombramiento como Arzobispo de Milán. Días antes de su Consagración Episcopal (el 16 de Julio de 1929) Pío XI le impone la birreta cardenalicia, y 22 de ese mismo mes y año, el mismo Pontífice en la Capilla Sixtina, gesto poco frecuente en aquella época, le consagra Obispo. Según indicaba el Concordato, el nuevo Arzobispo juró ante el Rey de Italia.

                    En los cinco lustros de su pontificado, ordena a 1.500 Sacerdotes, emprende continuas iniciativas para mejorar la formación espiritual del Clero, se desvive materialmente por sus Sacerdotes y cuida especialmente el Seminario.

                   El Episcopado y la púrpura cardenalicia no fueron obstáculos para seguir llevando una vida llena de austeridad, de auténtico monje. Se levantaba de noche aún, a las tres y media. Dedicaba una hora a la oración mental, y después rezaba el Oficio Divino y celebraba la Santa Misa. A las seis y media se dedicaba al estudio, que sólo era interrumpido para desayunar. El desayuno era muy frugal. Según la religiosa que lo servía, era menos de lo que tomaban los canarios. Luego venían las audiencias. Por la tarde, después del almuerzo continuaba recibiendo gentes, hasta las cinco y media en que se retiraba para la visita al Santísimo, otro rato de oración, el rezo tranquilo del Rosario y Bendición. Tras cenar, antes de acostarse recitaba la Lectio Divina.

                    Por razones estrictamente pastorales tampoco dudó en enfrentarse directamente al régimen para denunciar los atropellos de las autoridades cuando las circunstancias así lo reclamaban. Tal fue el caso, por ejemplo, de los ataques fascistas contra la Acción Católica, o de la promulgación en 1938 de las leyes raciales, que condenó con la máxima energía y solemnidad.

PASTOR DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

                    El Cardenal Schuster fue un hombre de Iglesia, no de política. Sus relaciones con el poder civil fueron de respeto, por encima de ideologías. Por lo que se refiere a sus relaciones con el régimen fascista fue prudente.

                   Hizo todo lo que pudo por salvar a condenados a muerte: Católicos activos, grandes intelectuales no cristianos y judíos. Son innumerables las personas que deben favores de todo tipo a la actuación del Cardenal Schuster. Un caso célebre es el del periodista Indro Montanelli, encarcelado por la Gestapo durante la ocupación alemana de Italia y condenado a muerte. Sabiendo que era imposible que se revocase una sentencia dictada por un tribunal de guerra, a través de un carcelero, hizo llegar al Arzobispo una nota para que comunicase la noticia a sus padres en Roma. Pero la ejecución se dilató y Montanelli, al cabo de nueve meses, logró escapar. Investigando, años más tarde el famoso periodista descubrió que el Cardenal de Milán había inducido a intervenir en su caso a una alta personalidad alemana, que no revocó la sentencia, pero la demoró. Cuando Montanelli, después de la liberación, había ido a ver a Schuster, éste no habló nada de su mediación, sólo comentó: "Hijo mío, los milagros existen".

                    Tras 25 años como Pastor, su delicado cuerpo cedió el 30 de Agosto de 1954, falleciendo santamente en su Seminario de Venegono Inferiore, cerca de Milán, en cuya Catedral sería inhumado.