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viernes, 10 de julio de 2026

...LAS GOTAS DE SU PRECIOSÍSIMA SANGRE...

 


               Alimentarse directamente de la Sangre de Jesús Nuestro Señor es un fenómeno místico que se ha dado en la vida de pocos Santos, como ocurrió con Santa Catalina de Siena o Santa Verónica Giuliani. Pese a la diferencia temporal, Cristo quiso comunicar también esta gracia a Alejandrina Da Costa, a la que frecuentemente alimentaba física y espiritualmente con Su Sangre Divina (la joven mística estaba en ayuno total desde 1942).

               Este fenómeno parece que comenzó en 1935, pero con toda seguridad desde el 25 de Junio de 1944. Al principio, los intervalos entre una y otra transfusión son de dos o tres meses, pero desde el 7 de Febrero de 1947 serán cada semana, los Viernes, durante la Pasión, que ya no es externa, sino vivida internamente. También son distintos los modos de esta transfusión. Puede ser, bebiendo con los labios la Sangre directamente del Corazón de Jesús, de Corazón a corazón o por medio de una cañita dorada. 

               En su "Diario Espiritual" Alejandrina explica: Jesús me dio a beber la Sangre de Su Divino Corazón. Sentía pasar la Sangre con toda abundancia del Corazón de Jesús a mí y Jesús me decía: Valor, hija mía, recibe fortaleza. Mi Sangre y Mi Carne son tu alimento. Eran las cuatro de la mañana y estaba agotadísima. Me preparaba para recibir la Comunión. Jesús me dijo: Hija Mía, ven a Mis brazos, sacia tu hambre y tu sed, recibe Mi Sangre que es tu vida y tu alimento. Llevó a mis labios Su Sangre y me la dio a beber. Y sentí en mi corazón que, dentro de mí, caía una lluvia de sangre. Y Jesús me decía: Es la Sangre de Mis venas. Ten coraje, llénate de Mí para llevar tu cruz. Jesús tomó en Sus manos Su Corazón e hizo un vaso bellísimo del que dejó caer en mi corazón las gotas de Su Preciosísima Sangre y muchos rayos dorados de Su Amor. Y comencé a sentirme grande y fuerte. 

               Otro día le dice Jesús: Te doy Mi Divina Sangre, uno a ti la cañita de amor. Así quedan unidos nuestros corazones y nuestros rostros... Recibe Vida, recibe Amor. Te daré una gota de Mi Divina Sangre, la mayor prueba de Mi infinito Amor, la mayor de todas las maravillas. Otra vez, como de costumbre, Jesús introdujo en mi corazón la cañita a la cual unió su Corazón lleno de rayos de amor. Despacio, muy despacio, pasó la pequeña gota de Su Preciosísima Sangre. En esta unión de corazones que ardían en llamas divinas permanecimos en silencio hasta que me adormecí. Desperté cuando Jesús sacaba la cañita.

               En otra oportunidad -escribe Alejandrina- Jesús unió Su Divino Corazón al mío y también Su Rostro y Sus labios se unieron a los míos. Mi corazón parecía pegado al de Jesús y de Su Divino Corazón pasaba Su Sangre al mío. Sentía mi corazón dilatarse: era grande. Sentía también recibir vida de los labios de Jesús por medio de los míos. Jesús le dijo: Uno tu corazón al Mío. Es un sólo corazón, una sola vida. Te doy una gota de Mi Sangre y permanece en el tuyo Mi Divino Corazón para continuar el milagro, para que puedas vivir y resistir el dolor... y dar vida a las almas y hacerlas vencer en la guerra contra Satanás. ¡Que unión tan íntima! ¡Su divino Corazón unido al mío!

               Otro día vinieron los Ángeles y Jesús le dice: Esposa mía, te doy la gota de Mi Divina Sangre. Dos Ángeles introducirán en tu corazón la cañita del Amor. Vinieron dos Ángeles, introdujeron en mi corazón una cañita dorada. Vino Jesús y, sobre la parte superior de la cañita, colocó el centro de Su Divino Corazón. La gota de la Sangre cayó mientras los Ángeles con toda reverencia se inclinaban ante Jesús y batían lentamente cada uno a su vez sus propias alas blancas. Después de comulgar, vino Jesús, tomó Su Divino Corazón y echó, en el cáliz que tenía el Ángel, la pequeña gota de Su Divina Sangre y el Ángel me la dio a beber. 

               En muchas transfusiones se hace presente también la Virgen María. Dice Alejandrina: Vino la Virgen, se puso a mi costado, extrajo del pecho el Corazón Divino de Jesús y lo unió al mío. Recibí la gota de Sangre y María soplaba sobre mí y me lavaba y me purificaba. Los Ángeles cantaban: Venimos del Cielo a adorar a nuestro Rey y Creador, venimos del Cielo a contemplar las maravillas de Su Amor... 

               Un día, vino del Cielo la Virgen María con millones de Ángeles. El Ángel Custodio de Alejandrina llevaba una corona de flores en unión con San Miguel Arcángel. Ella se inclinó y la Virgen le puso sobre la cabeza la corona de flores… Después, Jesús hizo de Su Corazón una copa y muy despacio la inclinó para echar en el mío la gota de Su Sangre... Después, me sentí entre los brazos de María. Sus caricias, Su ternura y Su Amor me dieron de nuevo la vida. 

              Otra vez, una bandada de Ángeles bajaron del Cielo, batiendo sus almas. Por último, vino María coronada como Reina sobre un trono. Se puso delante de mí. Sentí como si se abriese mi pecho y María introdujo en mi corazón Sus santísimas manos. Y del Corazón Divino de Jesús salió hacía mi corazón fuego, mucho fuego y, por último, la gota de Sangre... María me acariciaba y, gracias a estas caricias y besos que me daba, pude soportar el Amor de Jesús. Vino María y Jesús se acercó y unió los tres corazones en uno solo e hizo pasar a mí la gota de Sangre Divina, diciendo: Recibe esta Vida, Vida Divina, Vida de Gracia, Fortaleza y Amor. Comunícala a las almas en abundancia. Tú eres de Jesús y por tu medio ellas reciben a Jesús.



viernes, 26 de junio de 2026

EL REINO DEL CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS, según las revelaciones a la Madre Rafols

 

                    Después de comulgar y dar gracias estaba yo pensando como de costumbre, en los muchos ultrajes que hicieron al Santo Cristo Desamparado (1), y me ofrecí a mi Dulce Jesús con toda mi alma todo lo que Él quiera con tal que mis padecimientos sirvieran para desagraviarle algo de los que recibió entonces y recibe todos los días de tantos pecadores como le ofenden. Y con toda claridad me ha dicho el Corazón de Jesús para que lo consigne: 



                    "Hija Mía, en los tiempos venideros, cuando esta imagen Mía esté a la veneración de los fieles, Me habrán hecho grandes profanaciones en muchas imágenes Mías, de Mi Madre Santísima y de los Santos; pero como amo tanto a los hombres y deseo tanto su salvación, que por solo Mi Misericordia Yo haré resucitar de la tierra esta imagen Mía para que en ella Me desagravien de tantas ofensas y sacrilegios: quiero muchos actos de reparación y Me serán tan agradables estos actos de reparación y desagravios que Me hagan ante esta Imagen, que Yo derramaré grandes gracias a todos los que con verdadera fe y humildad y contrición acudan a Mí. Mi Padre Eterno se complacerá mucho siempre que se le adore y venere haciendo interiormente actos de contrición por sí y por los pobres pecadores". 

                    Me dió a entender también mi Dulce Jesús en este mismo día, que este robo sacrílego lo cometieron en la madrugada de aquella noche tan memorable, o sea el día 14 de Septiembre 1809 y que los Religiosos Dominicos a nadie dieron parte por temor a que hicieran mayores robos y sacrilegios, porque en aquellos años se hacían muchos robos en las iglesias. 

                    Desgraciadamente, también ahora se han hecho y se hacen muchos. Los Religiosos Dominicos sintieron mucho perder dicha imagen, pues la tenían en mucha estima y veneración, por habérsela regalado un personaje gran Siervo de Dios, muy adicto a la Orden de Predicadores. 

                    También quiere mi Jesús que cuando se edifique el templo en Villafranca le dediquen una Capilla a esta imagen, colocándola en el centro sobre una cruz grande, y no han de colocar en ese altar ninguna otra Imagen; pero ha de estar en tal forma que los Fieles puedan verla y adorarla. De tal forma ha de estar hecho el relicario que no lo puedan coger, porque me inspira él Corazón de Jesús que los perseguidores de la Religión, al ver los portentosos milagros que por mediación de esta imagen se obrarán, intentarán robarla nuevamente. De modo que han de procurar que esté bien sujeta y resguardada por medio de un cristal recio. La podrán sacar del relicario o camarín, los días de Viernes Santo, catorce de Septiembre y el día quince de Noviembre, y siempre que el Señor Obispo de Barcelona lo crea de utilidad para el bien de las almas. Como, por ejemplo, en tiempos de ejercicios, peregrinaciones, etc. 

                    Cuando se saque esta veneranda Imagen del relicario para adorarla, que la adoren de rodillas y que esté "Bien custodiada por Sacerdotes. La imagen de la Virgen del Pilar la deben poner también en forma que los Fieles la puedan adorar a semejanza de la de Zaragoza. 

                    Pidan todos y cooperen en lo que esté de su parte para que el Reinado del Corazón de Jesús venga pronto a su amada España; tan pronto como Él lo desea, y después trabajen todos los habitantes de esta nación en cooperar cuanto puedan para que reine también cuanto antes en todo el mundo, pues los que de veras aman a Dios no se contentan con amarle ellos solos, sino que trabajan para que no haya una alma, si fuera posible, que deje de conocerle y amarle, y de esta manera será para todos muy fructuosa la Redención de Nuestro Divino Salvador. 

                    Lo que más desea este Sagrado Corazón es que se Le adore en el Santísimo Sacramento de Su Amor, y para que todos los Fieles lo puedan hacer sería muy conveniente que los días festivos y aún con más frecuencia hubiera en las Parroquias y Comunidades Religiosas, una hora de Exposición del Santísimo, donde deben cantar alguna alabanza todos los Fieles, con lo cual se encenderá en sus almas el fuego del Divino Amor; y antes de reservar darán la bendición a los Fieles. Mucho le agradaría esta práctica al Corazón de Jesús, porque Sus mayores delicias son vivir entre los hombres. 

                    Además, una hora de tiempo se pierde en cualquiera parte, y en cambio para visitar a Jesús Sacramentado, que es donde encontrarían remedio en todas sus necesidades, lo tienen la mayor parte de los hombres casi siempre olvidado y abandonado. 

                    Sólo el Corazón de Jesús sabe la violencia tan grande que he tenido que hacerme para cumplir Sus mandatos y escribir todo lo que me ha dicho, y aún no se acaba este martirio para mí, pues en estos instantes me está diciendo que este tiempo de mi destierro, como podré estar más unida con Él y libre de las terrenas ocupaciones, quiere que en los ratos que me lo permitan mis quehaceres, pues de ordinario estoy enferma, escriba un tratadito pequeño para Religiosas y principalmente para mis Hermanas en Religión. Al recibir estos nuevos mandatos del Corazón de Jesús, que tanto me mortifican, he hecho el propósito de olvidarme del todo de mí misma y hacerme cuenta que soy un instrumento Suyo sin ningún valor, para que haga de mí lo que quiera. Yo sólo deseo Su Divino Amor y que todo sea para Su mayor Gloria.


Extraído de los escritos de la Madre María Rafols,
Fundadora de la Congregación de las Hermanas
de la Caridad de Santa Ana

NOTA 

1) Toca AQUÍ para conocer la milagrosa historia del Santo Cristo Desamparado.




viernes, 6 de febrero de 2026

PRIMER VIERNES, día de especial reparación al Sagrado Corazón de Jesús

  


              Cristo Nuestro Señor quiso escoger a Santa Margarita María de Alacoque (1647-1690), humilde monja visitandina del Monasterio de Paray-le-Monial (Francia), para revelarle los deseos de Su Corazón y para confiarle la tarea de dar a conocer al mundo esta Devoción, que la Providencia ha reservado para los Últimos Tiempos. 

               Según dejó escrito la Santa, entre los años 1673 y 1675, en la intimidad del alma, Jesús la hace reposar en Su Divino Pecho, donde descubre a Santa Margarita las maravillas de Su Amor y los secretos de Su Corazón. "Mi Divino Corazón -le dice- está tan apasionado de Amor a los hombres, que no pudiendo contener en Él las llamas de Su ardiente Caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti, y se manifieste a ellos para enriquecerlos con preciosos dones".

               En otra ocasión, volvió Nuestro Señor a manifestarse a la religiosa para hacerle un pedido de Amor y Piedad hacia el Santísimo Sacramento; así lo dejó reflejado Santa Margarita en una misiva: "Un Viernes, en la Sagrada Comunión, me dijo el Señor estas Palabras: 

               Te prometo, en la excesiva Misericordia de Mi Corazón, que Su Amor Omnipotente concederá a todos los que comulguen Nueve Primeros Viernes de mes seguidos, la Gracia de la penitencia final; no morirán en Mi desgracia y sin haber recibido los Sacramentos; Mi Divino Corazón será su Asilo seguro en el último momento."  (Carta de Santa Margarita a la Madre Saumaise, de Mayo de 1688)



lunes, 29 de diciembre de 2025

SOR JOSEFA MENÉNDEZ, Confidente y Víctima del Sagrado Corazón de Jesús

 


                           Josefa Menéndez y del Moral nació en el barrio madrileño de Lavapiés, el 4 de Febrero de 1890. Segunda hija de un matrimonio muy cristiano: su padre, Leonardo, también madrileño, fue un reconocido militar de artillería, educado en los Padres Escolapios; la madre de Josefa se llamaba Lucía, era natural del pueblo de Loeches, caracterizada por ser una mujer fuerte y piadosa, entregada de lleno a sus labores de esposa y de madre. Los padres procuraron el Bautismo de Josefa tan solo cinco días después del nacimiento de la niña: sería acristianada el 9 de Febrero en la Iglesia de San Lorenzo, "la Parroquia de las Chinches", conocida así por lo pobre y ruinoso que era el templo.

                        El modesto hogar fue duramente golpeado por la muerte de Francisco, el primogénito de la prole, que situaría a Josefa en dicho lugar. A la edad de cinco años Josefa recibió la Confirmación, y el Espíritu Santo se apoderó del pequeño Instrumento para hacerlo dócil a la acción divina. Tenía siete años cuando se confesó por primera vez, en un Primer Viernes, día memorable en su vida, del que escribía más tarde: "3 de Octubre de 1897: Mi primera confesión. ¡Si siempre tuviera la misma contrición de aquel día!". Su Confesor y Director fue el afamado Padre José María Rubio, que admirando las aptitudes sobrenaturales de la niña, la inició a una vida interior proporcionada a su edad. Le enseñó a sembrar de jaculatorias los días y las horas y, poco a poco, Josefa se acostumbró a conversar con el Huésped Divino de su alma, en cuya Presencia vivía. Para formarla en la oración mental el Padre Rubio le dio el libro "El Cuarto de Hora de oración".

                       Cumplidos los once años, por recomendación de su Director Espiritual, Padre José María Rubio, la admitieron las Religiosas de María Reparadora en el grupo de niñas que, por las tardes, se reunían para prepararse a la Primera Comunión, y los deseos de Josefa se enardecían a la perspectiva de tan dichoso día. Cuando llegó su Primera Comunión escribiría: "Desde hoy, 19 de Marzo de 1901, prometo a mi Jesús, delante del Cielo y de la tierra, poniendo por testigos a mi Madre la Virgen Santísima y a mi Padre y Abogado San José, guardar siempre la preciosa virtud de la virginidad, no teniendo otro deseo que agradar a Jesús, ni otro temor que desagradarle...". Josefa conservó preciosamente el testimonio de su primera ofrenda, la repetiría cada vez que comulgaba y la hojita amarillenta, escrita con gruesos caracteres de letra infantil, fue hasta su muerte el tesoro de su fidelidad. La Sagrada Comunión era la felicidad de Josefa, y desarrollaba en su corazón los inicios de las virtudes sólidas que ya se revelaban en ella.

                        A los trece años sus padres la envían al "Taller del Fomento del Arte", mientras que sus hermanas estudiarían en el Colegio del Sagrado Corazón en la Calle de Leganitos, donde educaban las Religiosas a las que Josefa se uniría más adelante. En el interior de la familia reinaba el bienestar y la felicidad; la mayor recompensa de las niñas era, por aquel tiempo, un pequeño viaje al pueblo de Loeches, para visitar a su tía materna, la Madre Priora del Carmelo. Cuando las pequeñas regresaban a casa jugaban "a los conventos": rezaban el oficio en coro, imitaban, con más o menos realismo, las penitencias del claustro. "Pepa" -como llamaban en casa a Josefa- participaba también, pensando interiormente que para ella todo aquello era más que un juego. 

                        Para complacer a sus padres, Josefa comenzó a trabajar en el taller de una conocida modista de Madrid; allí la joven conocería y sufriría la frivolidad del mundo, un ambiente que en nada era comparable al de su hogar, donde rezaban en familia y tenían a Dios como único y soberano Bien. El sufrimiento, que debía imprimir su huella en toda la vida de Josefa, pronto penetró en la familia: en 1907 moría su hermana Carmen a los doce años de edad. Poco después, la abuela materna siguió a la niña al sepulcro. La muerte de la pequeña dejaría a los padres sumidos en una pena que les tocó para siempre, y Josefa se convirtió entonces en la enfermera de sus padres y en el sostén económico de su familia.

                       La última enfermedad y muerte del padre de Josefa, en Abril de 1910, fue piadosamente asistida por el Reverendo Padre Rubio, dejando a la jovencita como único apoyo de su madre y de dos hermanas, a las que sostenía con su trabajo. Josefa hábil costurera, conoció las privaciones y preocupaciones, el trabajo asiduo y las vigilias prolongadas de la vida obrera, pero su alma enérgica y bien templada vivía ya del amor del Corazón de Jesús, que le atraía a sí irresistiblemente. Su carácter jovial, el ardor que ponía en todo, su intuición para adivinar lo que agradaba a los demás, olvidándose a sí misma, hacían de ella el alma de su hogar en el que todo era dicha y unión y donde las alegrías mejores iban siempre marcadas con el sello de la Fe. Durante mucho tiempo deseó la vida religiosa, sin que le fuese dado romper los lazos que la unían al mundo; su trabajo era necesario a los suyos y su corazón, tan amante y tan tierno, no se resolvía a separarse de su madre, que a su vez creía no poder vivir sin el cariño y el apoyo de su hija mayor. Un profundo dolor la hirió cuando su hermana Mercedes obtuvo el consentimiento materno en 1911, y la precedió como religiosa en la Sociedad del Sagrado Corazón en el Noviciado de Chamartín, en Madrid.

                       Por fin, el 5 de Febrero de 1920, Josefa dejaba a otra hermana, Ángela, ya en edad al cuidado de su madre y abandonaba su casa y su Patria querida, para seguir más allá de la frontera a Aquél cuyo amor divino y soberano tiene derecho a pedírselo todo. Sola y pobre se presentó en Poitiers, en el convento del Sagrado Corazón de los Feuillants, santificado en otros tiempos por la estancia en él de Santa María Magdalena Sofía Barat. Allí se había reanudado hacía poco la obra de la Santa Fundadora y a su Sombra florecía de nuevo un Noviciado de Hermanas Coadjutoras del Sagrado Corazón. Nadie pido sospechar los designios divinos que ya empezaban a ser realidad. Sencilla y laboriosa, entregada por completo a su trabajo y a su formación religiosa, Josefa en nada se distinguía de las demás, desapareciendo en el conjunto. 

                        A finales de Junio de 1920 Sor Josefa sería agraciada con la experiencia mística de adentrarse en la Herida del Sagrado Corazón: "Vi cómo se habría aquella hendidura, por la que antes no podía pasar y me ha dado entender la felicidad que me esperaba si soy fiel a todas las gracias que Él me tiene preparadas... Yo no veía el término de este abismo, porque es como un espacio inmenso, lleno de luz... así he pasado la oración y parte de la Misa. Pero poco antes de la Elevación, mis ojos, ¡estos pobres ojos míos! han visto a mi amado Jesús... al único deseo de mi alma... a mi Dios y Señor... Su Corazón en medio de aquella gran hoguera... ni puedo decir lo que he sentido, porque es imposible... Pero quisiera que el mundo entero conociera el secreto de ser feliz: todo consiste en amar y abandonarse, Jesús se encarga de lo demás. Estando así anonada en presencia de tanta hermosura, de tanta luz me ha dicho estas palabras, con voz muy grave, aunque dulcísima: Así como Yo Me inmolo Víctima de Amor, quiero que tú también seas víctima: el Amor nada rehúsa".

                       El 16 de Julio de 1920, Josefa vestía el Santo Hábito. Gracias a la caridad de las Madres del Sagrado Corazón de Madrid, su madre y su hermana Ángela, pudieron acompañarla ese día; para su corazón tierno y amante fue gran consuelo verlas y hacerles compartir su dicha. Volvieron dos años después, el 16 de Julio de 1922, día radiante de sus primeros votos. Ni ellas, ni la familia religiosa de Josefa, pudieron traslucir la misteriosa unión que se realizaba entre el Corazón de Jesús y el de Su Esposa.


Sor Josefa recibía arrodillada las Confidencias del
Sagrado Corazón de Jesús y Nuestra Santa Madre,
en el silencio y recogimiento de su celda de Poitiers


                       El espíritu de mortificación de que estaba animada, la intensa vida interior que practicaba, y una como sobrenatural intuición en cuanto a su vocación se refería, llamaba la atención de algunas personas que la trataron con más intimidad. Pero las gracias de Dios permanecieron ocultas a cuantas la rodeaban, y desde el día de su llegada hasta su muerte, logró pasar desapercibida, en medio de la sencillez de una vida de la más exquisita fidelidad. Y en esta vida oculta, Jesús le descubrió su Corazón. "Quiero -le dijo- que seas el Apóstol de Mi Misericordia. Ama y nada temas. Quiero lo que tú no quieres... pero puedo lo que tú no puedes... A pesar de tu gran indignidad y miseria, me serviré de ti para realizar Mis designios". Desde entonces y hasta poco antes de su muerte, Sor Josefa recibiría numerosas revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús, de la Virgen Santísima y también de algunos Santos; en otras ocasiones sería místicamente transportada al Purgatorio y hasta el Infierno... todo de cuanto fue confidente y testigo sobrenatural, lo recogió por escrito, siguiendo las indicaciones de su Superiora y de su Confesor. Todos estos dones de Dios permanecieron ocultos a sus propios ojos y a su alrededor, y desde que ingresó en el Convento, hasta la muerte, pasó inadvertida bajo el velo de una vida perfectamente fiel.

                       Viéndose objeto de estas predilecciones divinas, y ante el Mensaje que debía transmitir, la humilde Hermanita temblaba y sentía levantarse gran resistencia en su alma. La Santísima Virgen fue entonces para ella la estrella que guía por camino seguro, y encontró en la Obediencia su mejor y único refugio, sobre todo, al sentir los embates del enemigo de todo bien, a quien Dios dejó tanta libertad. Su pobre alma experimentó terribles asaltos del infierno, y en su cuerpo llevó a la tumba las huellas de los combates que tuvo que sostener. Con su vida ordinaria de trabajo callado, generoso v a veces heroico, ocultaba el misterio de gracia y de dolor que lentamente consumía todo su ser. 

                       Por su experiencia como costurera fue designada para la hechura de los uniformes del Colegio; en cuanto hizo los Votos le confiaron la dirección del taller, con algunas novicias y postulantes para ayudarla. Sin escatimar trabajo las formaba, distribuyéndoles con discernimiento la labor, remediando sus torpezas con bondad.

                       Después de pasar por pruebas misteriosas y que debían completar su corona y consumar su ofrenda, se realizaba para Josefa en la soledad de su último suspiro la palabra del Divino Maestro: "Sufrirás, y abismada en el sufrimiento, morirás... No busques alivio ni descanso: no lo encontrarás, puesto que Yo Soy el que así lo dispongo..." . 

                       A principios de Diciembre de 1923, Sor Josefa guardaba cama por un fuerte agotamiento; allí emitiría su Profesión Religiosa al tiempo que recibía la Extremaunción. Obedeciendo a sus Superioras, Josefa tuvo aún fuerzas para escribir una carta de despedida a su madre y a sus hermanas. No pueden leerse sin emoción estos renglones tan sencillos y tan fervorosos. Dice así: "Miren, queridas mías; yo estoy contenta de morir porque sé que es la Voluntad de Aquel que amo. Además, mi alma tiene deseo de poseerle y verle sin velos, como se le ve aquí en la tierra... No lloren, ni estén tristes. Miren que la muerte es el principio de la vida para el alma que ama y espera. Nuestra separación será corta, porque la vida pasa muy pronto y luego estaremos juntas toda la eternidad. No crean que estoy triste. Estos cuatro años de vida religiosa han sido para mí cuatro años de Cielo. Lo único que deseo para mis hermanas, es que gocen como he gozado, pues crean que nada da tanta paz como hacer la Voluntad de Dios. No crean que muero de sufrimiento ni de pena, al contrario. ¿Mi muerte?, creo que es más, ¡de Amor! Yo no me siento enferma, pero tengo algo que me hace desear el Cielo porque no puedo pasar sin ver a Jesús y a la Virgen... Muero muy feliz, pero nada me da esta felicidad sino el saber que he hecho la Voluntad de Dios. Él me ha hecho marchar por caminos muy contrarios a mi gusto y a mis deseos, pero me recompensa en estos últimos días de mi vida que me encuentro envuelta en la paz del Cielo".

                       En la consumación del más fiel Amor, Sor Josefa entregaba su alma a Dios un Sábado, 29 de Diciembre 1923, a las ocho de la noche, consumida por la ardiente sed de las almas que le había comunicado el Corazón de Jesús; tiempo atrás el Señor le había advertido "Déjame escoger el día y la hora". En sus últimos minutos de vida, al oír el toque del Angelus, Josefa insistió a su enfermera que marchase al refectorio, asegurándole que se encontraba bien y que no necesitaba nada. Y en esta soledad, en este aparente abandono, dispuesto por Dios, pasa el Dueño y Señor de las almas y se la lleva, imprimiendo en ella esta última semejanza con Su agonía y su Muerte en la Cruz, completamente privado de todo auxilio humano. Cuando pocos momentos después vuelve la enfermera, Josefa ha dejado de existir para este mundo. La encuentra tendida en la cama, un poco echada la cabeza hacia atrás, semicerrados los ojos y una expresión dolorosa en su semblante: todo en ella recuerda a Jesús crucificado y muerto. Se ha cumplido al pie de la letra la revelación que en su día recibiera del Sagrado Corazón: "Sufrirás y, abismada en el sufrimiento, morirás"

                        Al instante, una impresión sobrenatural de gracia y de paz, se esparció por toda la Casa; el Cielo parecía descender a la celda de la Hermana. Rodeada de azucenas, Josefa descansaba... Su rostro reflejaba la estabilidad serena de la eternidad, con una expresión de majestad que impresionaba. Parecía que el Sagrado Corazón de Jesús, resplandeciendo ya a través de los restos mortales de Su pequeño instrumento, oculto hasta entonces de modo tan divino, comenzaba a descubrir a las almas el Llamamiento ardiente de Su Amor. Sor Josefa Menéndez sería inhumada en el Cementerio de Poitiers el 1 de Enero de 1923; sus honras fúnebres serían presididas por Monseñor Olivier de Durfort de Civrac, Obispo de Poitiers.



Estampa ideada para ser impresa; se permite 
su copia y difusión, sin fines comerciales

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viernes, 7 de noviembre de 2025

"NO MORIRÁN EN MI DESGRACIA", la Promesa de Nuestro Señor a los que comulguen los Primeros Viernes

  


               Esta piadosa práctica consiste en recibir a Nuestro Señor en la Sagrada Comunión en el Primer Viernes durante nueve meses consecutivos. Implica que el alma que se propone hacer esta Devoción ha de estar previamente en gracia de Dios mediante la Confesión sacramental con un Sacerdote y tener la clara intención de REPARAR al Sagrado Corazón de Jesús, por cuantos ultrajes recibe en el Santísimo Sacramento. 

               Debemos también ofrecer  -junto con la Sagrada Comunión- cualquier inconveniente, molestia personal, enfermedad... como un ACTO DE DESAGRAVIO; en la aceptación del dolor, nos unimos a los sentimientos del Sagrado Corazón de Jesús, en Su oración en el Huerto de los Olivos, en Su soledad en la cárcel, en Sus cruentos dolores durante la Pasión... y ahora, en nuestros días, esos dolores se vuelven pena por tantas almas como viven indiferentes a Su Amor.


 Para ganar esta gracia debemos:

 Recibir sin interrupción la Sagrada Comunión 

durante nueve primeros Viernes consecutivos.

 Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús 

y de alcanzar la perseverancia final.

 Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación

 por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.


               El 7 de Septiembre de 1897, la Sagrada Congregación de las Indulgencias concedió UNA INDULGENCIA PLENARIA por CADA Primer Viernes que se observe la práctica según las condiciones que anteriormente hemos citado. Si no logramos alcanzar la Plenaria, la Misericordia de Dios permitirá que consigamos algunas indulgencias parciales; en uno u otro caso, son aplicables a las Benditas Almas del Purgatorio, especialmente a aquellas que en este mundo terrenal fueron devotas del Sagrado Corazón.




domingo, 5 de octubre de 2025

CONSEJOS ESPIRITUALES DE SOR CONSOLATA BETRONE ( II )

 

                    La Obra de las pequeñísimas tiene por fin mantener viva en el mundo y desarrollar el Caminito que enseñó Santa Teresita del Niño Jesús: hacer todo con amor y por amor, repitiendo el Acto de Amor. En Julio de 1936 nació la "Obra de las Pequeñísimas", anunciada el 17 de Agosto de 1934. La Virgen María es su Patrona porque la Obra fue inspirada a Sor Consolata Betrone durante la Novena de la Natividad de Nuestra Señora. Podemos asegurar que María Santísima fue la primera y más perfecta pequeñísima, ya que Su vida entera fue real y efectivamente un Acto incesante de Amor y de Caridad en la aceptación continua de la Divina Voluntad.



CARTA DE SOR CONSOLATA BETRONE
A LAS PEQUEÑÍSIMAS 


                    Querida Pequeñísima:

                    En el trabajo, si te es posible, ten delante de ti escrito sobre una imagen o tarjetita: “Jesús, María os amo, salvad almas”. Te servirá de llamada. Entre los obstáculos para dar a Jesús el incesante Acto de Amor virginal, Jesús mismo enseña a combatir tres: pensamientos inútiles, intereses, habladurías inútiles. 

                    Pensamientos, preocupaciones, todo llega a ser inútil, desde el momento que Jesús promete a su Pequeñísima que Él pensará en todo, hasta en lo mínimo. Habladurías inútiles: si al hablar no nos obliga el deber, la Caridad, la conveniencia, es tiempo desperdiciado, que roba al amor. Intereses, curiosidades, etc.,todo lo que separa al espíritu de la única cosa a la cual estás obligada: amar a Jesús incesantemente y con amor virginal. 

                    Necesitas convencerte que para realizar el deseo divino: “No debes perder un Acto de Amor y un acto de caridad desde una Comunión a la otra”, el trabajo de tu alma, sostenida por la gracia, será largo y requerirá no poco tiempo, esfuerzo generoso y constancia y sobre todo nunca desanimarse. 

                    En cada infidelidad más o menos voluntaria, renueva tu propósito de amor virginal y vuelve a empezar. Si esta infidelidad te hace sufrir, ofrécela a Jesús... ¡qué acto de amor!. Verás y comprobarás con cuánta ternura Jesús te levantará después de una caída, una infidelidad; cómo se apresurará a ponerte en pie, para que tú puedas continuar tu canto de amor. 

                    Lo que más te ayudará a dar a Jesús el Acto incesante de Amor será el renovar el propósito en cada hora y en segundo lugar, el examen particular sobre eso. Recuerda que, el examen particular sobre el Acto incesante de Amor, señalará como falta solo el tiempo desperdiciado en habladurías inútiles o en el seguimiento de fantasías, pensamientos inútiles, etc. Arrepiéntete y continúa tranquilamente amando. Pero el propósito al cual debes consagrar todas tus energías será siempre sobre el Acto incesante de Amor. Pero no temas, Jesús te ayudará. Él ha dicho: “Ámame y serás feliz, cuanto más Me amares, más feliz serás”... Ánimo, Jesús y María te ayudarán. No temas nunca, confía y cree en Su Amor por ti. 



viernes, 26 de septiembre de 2025

CONSEJOS ESPIRITUALES DE SOR CONSOLATA BETRONE ( I )

 

                    "Esta tarde, abracé en mi pensamiento a las Pequeñísimas de todos los siglos y las consagré por adelantado al Corazón de Jesús. Dado que la primera de estas almas se consagró hoy, primer Viernes de Septiembre, en la Novena de la Natividad de María, el 8 de Septiembre los abrazaré a todas, consagrándolas a la Niña María. Y las Pequeñísimas amarán tanto a Nuestra Señora porque el Acto incesante que ofrecen a Jesús es también para María Santísima. Jesús, María, os amo, salvad almas". (Sor Consolata Betrone, 4 de Septiembre de 1936)

                    La "Obra de las Pequeñísimas" tiene por fin mantener viva en el mundo y desarrollar el Caminito de la Infancia Espiritual que enseñó Santa Teresita del Niño Jesús y que aceptó continuar Sor Consolata Betrone: hacer todo con amor y por amor, repitiendo el Acto de Amor. Podemos asegurar que María Santísima fue la primera y más perfecta "Pequeñísima", ya que Su vida entera fue real y efectivamente un Acto incesante de Amor y de Caridad en la aceptación continua de la Divina Voluntad.



CARTA DE SOR CONSOLATA BETRONE
A LAS PEQUEÑÍSIMAS 


                    Querida Pequeñísima: 

                    En la noche, cuando vayas a descansar, ruega a tu buen Ángel Custodio que mientras tú duermas, esté él amando a Jesús en tu lugar y que te despierte a la mañana siguiente inspirándote el Acto de Amor. Si tú eres fiel para rezar así cada noche, él será fiel cada mañana para despertarte con un ¡Jesús, María os amo, salvad almas!. Comienza así tu jornada, prosigue amando hasta tu encuentro con Jesús Eucaristía. Eso no quiere decir que tú debas dejar tu oración. No, continúa también con tus acostumbradas prácticas de Piedad, pero no agregues ninguna otra; deja que tu Acto de Amor absorba cada parte del tiempo libre y, si Jesús te lo inspira, también alguna de tus plegarias vocales. 

                    En la Santa Comunión confía, abandona en Jesús a ti misma, tus preocupaciones, tus proyectos, deseos, tus penas y no pienses más; porque toda la vida de una Pequeñísima se basa sobre la promesa divina: “Tú piensa sólo en amarme, Yo pensaré en ti y en todas tus cosas hasta en los más mínimos detalles”. (Copia estas palabras en el reverso de una imagen del Sagrado Corazón, para tenerlas siempre presentes; eso te ayudará mucho para liberar tu espíritu de todas las preocupaciones y experimentarás cómo Jesús es fiel para mantener esta promesa). 

                    Después de haber abandonado todo a Jesús en la Santa Comunión, renueva tu promesa del incesante Acto de Amor, del “sí” a todo lo que Él te pedirá a lo largo del día y el propósito de verlo, hablarle y servirle con amor en todas las criaturas con las cuales te encontrarás. 

                    Pon de una vez para siempre la intención de que cada Acto tuyo de Amor suba al Cielo como súplica para que te obtenga la fidelidad de continuarlo ininterrumpidamente hasta la siguiente Comunión y sea como una reparación por cada una de tus infidelidades. 

                    Dejarás la iglesia comenzando tu Acto de Amor que continuarás por el camino a casa y en la realización de cada uno de tus deberes. Fíjate que Jesús ha prometido que, cuando tú escribas, ores, medites o hables por necesidad o Caridad, el Acto de Amor continúa igualmente... 



lunes, 1 de septiembre de 2025

ESTAR CUANTO MÁS SE PUEDA EN EL SANTUARIO DE SU CORAZÓN, Sor Benigna Consolata Ferrero

  

                       Sor Benigna Consolata Ferrero nació el 5 de Agosto 1885 en Turín (Italia). Bautizada al día siguiente, recibió los nombres de María de la Consolación, Teresa, Rosalía y Filomena. Pertenecía a una familia distinguida, no solo por su posición social sino por su vida Cristiana, que era ejemplar en todos. Tras una infancia llena de pureza, empezó a sentirse fuertemente atraída hacia la vida contemplativa. El Divino Maestro le hablaba interiormente a su alma y le decía: “Irás a la Visitación y podrás no solamente hacerte santa, sino llegar a aquel grado sublime de perfección que Yo quiero, para bien espiritual de los demás. Yo te pagaré todos tus sacrificios... Cuando hayas probado lo que es el monasterio, ya no querrás volver al mundo por ningún motivo... Allí tendrás humillaciones, tendrás recogimiento y todo aquello que necesitas… Cuando entres al monasterio me ganarás almas”.





                       Despedida de la Visitación de Pignerol por su vida mística, ingresó a la Visitación de Como (al norte de Milán) el 30 de Diciembre de 1907, cuando contaba 22 años y recibió el santo hábito el 5 de Noviembre de 1908, con el nombre de Benigna Consolata Desde entonces, la joven Salesa no puso límites a su fervor y Jesús no puso límites a sus comunicaciones sobrenaturales. 

                       La sed ardiente de la salvación de las almas que devora al Corazón de Jesús se había apoderado también de Su "Benjamina", como con cariño la llama el Señor. No descuidaba medio alguno, por insignificante que fuese, para saciar esta sed: penitencias, mil intenciones piadosas y sobre todo, sus oraciones continuas.

                       El modo divino que empleará el Señor para comunicarse con Benigna será por medio de palabras interiores y visiones intelectuales. Jesús mismo le mandó que fuese escribiendo los coloquios íntimos a medida que los fuese recibiendo, y por supuesto, que no hablase ni respondiese cosa alguna sin consultárselo a Él primero.

                       Los escritos que por obediencia dejó Sor Benigna manifiestan las extraordinarias virtudes que en su alma se iban desarrollando, entregada por completo a la Voluntad de Dios con una confianza ciega, y además un conocimiento clarísimo de la Misericordia del Corazón de Jesús, de Su incomparable ternura, y de las mil delicadezas con las que se dirige a los pobres pecadores, así como a los justos y a los Santos, para la conquista de una sola cosa: el amor de Sus criaturas. 

                       Dócil a las enseñanzas de San Francisco de Sales, en lo exterior se conformaba por completo a la vida ordinaria de sus Hermanas. En lo interior, por el contrario, todo era extraordinario y luminoso, si bien el Divino Esposo de Benigna Consolata, lejos de regalarle una corona de flores, la conformó de espinas y abrojos, a fin de configurarla con Él.

                       Fiel al mandato de Nuestro Señor y con el permiso de la Superiora, Sor Benigna Consolata realizó el voto del puro amor, como muestra de lo mucho que Jesús deseaba de ella, pues según le regalaba comunicaciones celestiales, más entrega exigía de la joven religiosa; por eso vinieron después los votos de humildad, el de abandono a su querer y el voto de hacer lo más perfecto. De esta forma progresiva el Sagrado Corazón, gracias a estos votos de desprendimiento personal, concedió a Sor Benigna un tiempo de paz espiritual. 

                       Desencadenada en 1914 Primera Guerra Mundial, creyeron los Superiores de esta confidente de los secretos divinos que podrían forzarla a que obtuviese del Señor el término de un azote tan espantoso. La respuesta de Jesús fue consoladora, asegurando que no era esa guerra castigo de su justicia, sino castigo enviado por la Divina Misericordia, que serviría para salvar infinidad de almas que corrían a la condenación eterna. Al año siguiente exigió Jesús de Sor Benigna el sacrificio de su vida para conseguir la paz según las intenciones del Romano Pontífice.

                       A finales de Julio de 1916, Jesús la invitó a hacer un retiro de doce días para prepararse a la muerte. Corona de estos ejercicios fue una maravillosa fórmula de voto de humildad inspirada por el Señor. Hasta la extinción completa de sus fuerzas tenía que escribir, en secreto y con aprobación de sus Superiores, lo que Dios le iba comunicando. 

                       Durante su última enfermedad, los asaltos del enemigo infernal fueron espantosos. Desde la cama donde tiene que permanecer, pidió el Sacramento de la Extremaunción, que le fue administrado el 14 de Agosto. Tenía siempre en los labios el Dulcísimo Nombre de Jesús, pasando las largas horas de insomnio sentada en la cama, juntas las manos, en profundo recogimiento.

                       Después de grandes sufrimientos físicos y morales, llegaba el día de encontrarse con el Divino Esposo; el Primer Viernes, 1 de Septiembre de 1916, decaían las fuerzas del cuerpo de Benigna Consolata, pero su alma inocente conservaba cabal el conocimiento y fervor. Mientras el Capellán de la Comunidad rezaba las oraciones de recomendación del alma, en presencia de todas sus Hermanas, reunidas en torno a su cama, Sor Benigna entregó plácidamente su alma en las manos de Dios, muriendo en el ósculo santo de su Esposo divino, que recogió su alma a las tres de la tarde. Tenía 31 años.


Para leer algunos de los extractos de los Dictados de Jesús 
a Sor Benigna Consolata, solo tiene que tocar AQUÍ.




martes, 19 de agosto de 2025

SAN JUAN EUDES, APÓSTOL DE LA DEVOCIÓN A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA

   

"No debemos separar lo que Dios 
ha unido tan perfectamente. 
Quien ve a Jesús ve a María, 
quien ama a Jesús ama a María. 
No es verdaderamente Cristiano 
el que no tiene devoción 
a la Madre de Jesucristo 
y de todos los Cristianos"




                   San Juan Eudes nació el 14 de Noviembre de 1601. Vino a este mundo en una granja cerca de la villa de Ri, en Francia. Fue uno de los siete hijos del matrimonio formado por Isaac Eudes y Marta Corbin, humildes granjeros. 

                  A los catorce años, Juan ingresó en el colegio de los Jesuitas de Caén. Sus padres deseaban que se casara y siguiera trabajando la granja de la familia, pero Juan, que había hecho voto de virginidad, recibió las Órdenes Menores en 1621 y estudió Teología en Caén con la intención de ser Sacerdote. Sin embargo, poco después determinó ingresar en la Congregación del Oratorio, que había sido fundada en 1611 por el futuro Cardenal Pedro de Bérulle. Tras de recabar con gran dificultad el permiso paterno, fue recibido en París por el Superior General en 1623.

                 Dos años más tarde, se desató en Normandía una violenta epidemia de peste, y Juan se ofreció para asistir a sus compatriotas. Bérulle le envió al Obispo de Séez con una carta de presentación, en la que decía: "La caridad exige que emplee sus grandes dones al servicio de la provincia en la que recibió la vida, la gracia y las Órdenes Sagradas, y que su diócesis sea la primera en gozar de los frutos que se pueden esperar de su habilidad, bondad, prudencia, energía y vida".  Fue ordenado Sacerdote el 20 de Diciembre de 1625 y celebró su primera Misa el día de Navidad. El Padre Eudes pasó dos meses en la asistencia a los enfermos en lo espiritual y en lo material. Después fue enviado al oratorio de Caén, donde permaneció hasta que una nueva epidemia se desató en esa ciudad, en 1631. Para evitar el peligro de contagiar a sus hermanos, Juan se apartó de ellos y vivió en el campo, donde recibía la comida del convento.

                  Pasó los diez años siguientes en la prédica de misiones al pueblo, preparándose así para la tarea a la que Dios le tenía destinado. En aquella época empezaron a organizarse las misiones populares en su forma actual. San Juan Eudes se distinguió entre todos los misioneros. En cuanto acababa de predicar, se sentaba a oír confesiones, ya que, según él, "el predicador agita las ramas, pero el confesor es el que caza los pájaros". Mons. Le Camus, amigo de San Francisco de Sales, dijo refiriéndose al P. Eudes: "Yo he oído a los mejores predicadores de Italia y Francia y os aseguro que ninguno de ellos mueve tanto a las gentes como este buen padre". San Juan Eudes predicó en su vida unas ciento diez misiones.

                 Una de las experiencias que adquirió durante sus años de misionero, fue que las mujeres de mala vida que intentaban convertirse, se encontraban en una situación particularmente difícil. Durante algún tiempo, trató de resolver la dificultad alojándolas provisionalmente en las casas de las familias piadosas, pero cayó en la cuenta de que el remedio no era del todo adecuado. Magdalena Lamy, una mujer de humilde origen, que había dado albergue a varias convertidas, dijo un día al Santo: "Ahora os vais tranquilamente a una iglesia a rezar con devoción ante las imágenes y con ello creéis cumplir con vuestro deber. No os engañéis, vuestro deber es alojar decentemente a estas pobres mujeres que se pierden porque nadie les tiende la mano".

                  Estas palabras produjeron profunda impresión en San Juan Eudes, quien alquiló en 1671, una casa para las mujeres arrepentidas; en la que podían albergarse en tanto que encontraban un empleo decente. Viendo que la obra necesitaba la atención de religiosas, el Santo la ofreció a las visitandinas, quienes se apresuraron a aceptarla.

                  Después de mucho orar, reflexionar y consultar, San Juan Eudes abandonó la Congregación del Oratorio en 1643. La experiencia le enseñó que el Clero necesitaba reformarse antes que los Fieles y que la Congregación sólo podría conseguir su fin mediante la fundación de seminarios. El Padre Condren, que había sido nombrado Superior General, estaba de acuerdo con el Santo; pero su sucesor, el Padre Bourgoing, se negó a aprobar el proyecto de la fundación de un Seminario en Caén.

                 Entonces el Padre Eudes decidió formar una asociación de sacerdotes diocesanos, cuyo fin principal sería la creación de seminarios con miras a la formación de un Clero celoso. La nueva asociación quedó fundada el día de la Anunciación de 1643, en Caén, con el nombre de "Congregación de Jesús y María". Sus miembros, como los del Oratorio, eran Sacerdotes diocesanos y no estaban obligados por ningún voto. San Juan Eudes y sus cinco primeros compañeros se consagraron a "la Santísima Trinidad, que es el primer principio y el último fin de la Santidad del Sacerdocio". El distintivo de la Congregación era el Corazón de Jesús, en el que estaba incluido místicamente el de la Purísima María, como símbolo del amor eterno de Jesús por los hombres.

                 La Congregación encontró gran oposición, sobre todo por parte de los jansenistas y de los Padres del Oratorio. En 1646, el Padre Eudes envió a Roma al Padre Manoury para que recabase la aprobación pontificia para la congregación, pero la oposición era tan fuerte, que la empresa fracasó.

                 En 1650, el Obispo de Coutances pidió a San Juan que fundase un seminario en dicha ciudad. El año siguiente, Monseñor Oliver, que consideraba al Santo como "la maravilla de su época", le invitó a predicar una misión de diez semanas en la iglesia de, San Sulpicio de París. Mientras se hallaba en esa misión, el Padre Eudes recibió la noticia de que el Obispo de Bayeux acababa de aprobar la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio, formada por las religiosas que atendían a las mujeres arrepentidas de Caén. En 1653, San Juan fundó en Lisieux un seminario, al que siguió otro en Rouén en 1659. 

                 Un año después, una bula del Papa Alejandro VII aprobó la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio. Ese fue el coronamiento de la obra que el Padre Eudes y Magdalena Larny habían emprendido treinta años antes en favor de las pecadoras arrepentidas. San Juan siguió predicando misiones con gran éxito; en 1666, fundó un seminario en Evreux y, en 1670, otro en Rennes.

                  Al año siguiente, publicó un libro titulado "La Devoción al Adorable Corazón de Jesús". Ya antes, el Santo había instituido en su Congregación una Fiesta del Santísimo Corazón de María. En su libro incluyó el propio de una misa y un oficio del Sagrado Corazón de Jesús. El 31 de Agosto de 1670, se celebró por primera vez dicha Fiesta en la Capilla del Seminario de Rennes y pronto se extendió a otras diócesis. Así pues, aunque San Juan Eudes no haya sido el primer Apóstol de la Devoción al Sagrado Corazón en su forma actual, fue sin embargo él "quien introdujo el culto del Sagrado Corazón de Jesús y del Santo Corazón de María", como lo dijo el Papa León XIII en 1903. El Decreto de Beatificación añadía: "El fue el primero que, por divina inspiración les tributó un culto litúrgico."

                 El Papa Clemente X publicó seis breves por los que concedía indulgencias a las Cofradías de los Sagrados Corazones de Jesús y María, instituidas en los seminarios de San Juan Eudes.

                 Durante los últimos años de su vida, el Santo escribió su tratado sobre "el Admirable Corazón de la Santísima Madre de Dios"; trabajó en la obra mucho tiempo y la terminó un mes antes de morir. Su última misión fue la que predicó en Sain-Lö, en 1675, en plena plaza pública, con un frío glacial. La misión duró nueve semanas. El esfuerzo enorme acabó con su salud y a partir de entonces se retiró prácticamente de la vida activa.

                 Entregó a Dios su alma de apóstol el 19 de Agosto de 1680, a las tres de la tarde. Fue canonizado por el Papa Pío XI en 1925.




lunes, 30 de junio de 2025

EJERCICIO PIADOSO EN HONOR DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. Día 30: HEREDERA DE MI CORAZÓN

   

Ejercicio piadoso en Honor del 
Sagrado Corazón de Jesús
según los escritos de la mística Santa Margarita Mª. de Alacoque,
virgen salesa, Vidente y Apóstol de la Devoción al Sacratísimo Corazón



               Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos Señor + Dios Nuestro.

               En el Nombre del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICIÓN

               Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

               Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonareis, por los Méritos de vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.


ORACIÓN INICIAL 

               Oh queridísimo y divino Corazón de mi Jesús, ¡qué caricias os haría si os poseyera! ¡Cómo os abrazaría! Oh Corazón todo amable, mil veces os besaría y me pondría de rodillas para adoraros; mil veces os apretaría estrechamente contra mi pecho, a fin de abrasarme con las llamas con que Vos os abrasáis. Oh Corazón sagrado, Corazón encendido, Corazón abrasado, Corazón divino, que habéis respirado y suspirado tantas veces por mí; no quiero de aquí en adelante respirar sino por Vos. ¡Oh Buen Jesús!, separad de mi pobre corazón todo lo que os desagrade, y hacedlo manso, sencillo y humilde.


MEDITACIÓN DIARIA
(Extraída de los escritos de Santa Margarita María de Alacoque)


               Yo te constituyo heredera de Mi Corazón y de todos Sus tesoros en el tiempo y en la eternidad, permitiéndote usar de ellos según tus deseos; te prometo que no dejaré de socorrerte sino cuando Mi Corazón carezca de poder; tú serás para siempre Su discípula muy amada, el juguete de Su beneplácito y el holocausto de Sus deseos; y Él será el único regocijo de tus deseos que reparará y suplirá tus defectos y desempeñará tus obligaciones.


ORACIÓN DIARIA


Toca sobre la imagen para verla en su tamaño original; se recomienda imprimirla, así como difundirla en redes sociales, aplicaciones de mensajería, etc. 
Se puede emplear SIN FINES COMERCIALES ni de lucro personal.


ORACIÓN FINAL 

               Renovad completamente el estado de mi alma, oh mi divino Jesús, y tomad entera y perfecta posesión de todo mi ser, el cual dedico y consagro en perfecto holocausto de amor a vuestro amable Corazón. Haced de mi pobre y mezquino corazón un paraíso de vuestras delicias, con las flores y frutos de las sólidas virtudes de humildad, mansedumbre, sencillez; abrasadlo sobre todo en un vivo y ardiente deseo de vuestro Amor; que el único objeto de todas mis aspiraciones sea agradaros a Vos, a fin de que en el momento en que me saquéis de esta vida, no muera de otra muerte que la de vuestro Amor y por vuestro Amor. Así sea.


               Terminamos este Ejercicio signándonos en el Nombre del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.