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jueves, 16 de abril de 2026

Aniversario de la muerte de Santa Bernardita Soubirous

 


                       En un día como hoy, el 16 de Abril de 1879, a la edad de 35 años, y después de 12 años de Profesión Religiosa, moría a este mundo para nacer en el Cielo Santa Bernardita Soubirous.

                      Su último aliento le llegó rezando el Santo Rosario, asegurando entonces: "La he visto otra vez... ¡Qué hermosa es!. Madre, ruega por mí que soy pecadora". Bernardita fallecía después de padecer las consecuencias de un cruel tumor óseo, que le afectó gravemente una rodilla, impidiéndole caminar y participar regularmente de las actividades de la Comunidad.

                      Los funerales de Bernardita fueron notables; las palabras que corrieron en boca de todos fueron: "La Santa ha muerto". Inhumada en la Capilla de San José en el Convento de San Gildard de Nevers, que abrieron las hermanas para que la muchedumbre de toda Francia pudiera rezar ante el cuerpo de Santa Bernardita, lugar donde ocurrieron varias conversiones y curas milagrosas.

                      La Pastorcita de Tarbes sería beatificada el 14 de Junio de 1925 y posteriormente canonizada el 8 de Diciembre de 1933, ambas ceremonias presididas por el Papa Pío XI. 

                      Con motivo del proceso de Canonización, el virginal cuerpo de Bernardita sería exhumado en tres ocasiones: la primera fue el 22 de Septiembre de 1909, la segunda el 3 de Abril de 1919 y la última el 18 de Abril de 1925; en las tres ocasiones encontraron el cadáver intacto; aún hoy día lo podemos ver, ya que está colocado para la veneración en un relicario de cristal, en la Capilla de las Hermanas de la Caridad de San Gildard de Nevers.

                     Santa Bernardita se llevaría consigo tres Secretos que le confió Nuestra Señora; providencialmente, a pocos meses de su muerte, otra Vidente de Nuestra Señora, Melanie Calvat, daba a conocer al mundo el Secreto de la Salette, publicado el 15 de Noviembre de 1879... 


miércoles, 11 de febrero de 2026

"...ROGAD A DIOS POR LOS PECADORES, BESAD LA TIERRA EN PENITENCIA POR LOS PECADORES", el siempre actual Mensaje de Lourdes

 

Pobreza, Oración y Penitencia, 
en el sentido pleno de conversión, 
son las tres palabras clave con las 
que se concluye el lado práctico 
del Mensaje de Lourdes 


                   En 1846, Nuestra Señora se aparecía en la montaña francesa de La Salette; allí comunicaba un Secreto a dos jóvenes pastores, Maximino y Melanie; a esta sencilla muchacha advierte: Esto que Yo te voy a decir no será siempre secreto; puedes publicarlo en 1858. Llegado el año fijado por la Virgen Santa, Melanie Calvat lucha por imprimir el Secreto según los pedidos de la Madre de Dios, pero sólo encontrará reticencias e impedimentos hasta que consiguió publicarlo en 1879. No obstante, la Virgen sí cumplió con la fecha y en 1858 se manifestaba de nuevo en Francia, esta vez en la humilde población de Lourdes.

                    Jueves, 11 de Febrero de 1858, en la humilde familia de Los Soubirous habían tomado un pobre desayuno a las nueve. Bernadette, de catorce años pero con cuerpo de niña de menor edad, hilaba la estopa con su hermana Toinette, de once años. Su padre, François Soubirous, enfermo, estaba acostado. Los dos más pequeños jugaban en un rincón. La madre, Louise, se atareaba en la preparación de un pobre puchero con los ingredientes que tenía. —Dios mío —exclamó Bernadette—, ya no queda leña. —¿Y la que fuimos a buscar ayer? —protestó Toinette. El día anterior, Toinette había salido con su madre a las cuatro de la mañana a recoger leña. Había pasado tanto frío con los pies descalzos dentro de los zuecos, que Louise tuvo que envolvérselos con su delantal mientras ella preparaba la gavilla. Sí, pero ya se habían comido el haz... la leña les dio los seis céntimos de pan de la jornada anterior. Había que salir otra vez. 

                   Al poco rato, en torno a las once de la mañana, tres pares de zuecos golpearon los adoquines de la calle des Petits Fossés, giraron a la derecha por la calle de Baous, cruzaron la puerta del mismo nombre, cuya bóveda resonaba. Y de pronto ya estaban en el campo. Las niñas torcieron a la derecha delante del cementerio y rodearon el llamado «prado del paraíso» recogiendo algunas ramitas. El cesto iba de mano en mano: de Jeanne a Toinette y de Toinette a Bernadette. Volvieron a bajar hacia el torrente. No fue necesario ir tan lejos. A doscientos metros de allí estaba la lengua puntiaguda de arena donde se unían el Gave y el canal.

                   Se trataba de una formación rocosa de veintisiete metros de alto, nudosa, abultada por protuberancias, surcada por grietas y anfractuosidades de distintos tamaños, coronada de una avara maleza. Por todo adorno tenía un penacho de hiedra hacia la cima, y en un nicho a unos tres metros y medio del suelo, justo enfrente, un rosal salvaje cuyas ramas caían hasta el suelo. El lugar llevaba el adecuado nombre de Masse-vieille (vieja roca) o Massabielle, como todavía se pronuncia. La vieja roca parecía sostenida por un enorme arco rocoso entre cuatro y cinco metros de ancho, que cubría una gruta alargada de ocho metros de anchura. El pie izquierdo estaba apuntalado en el agua del Gave y se elevaba, con suavidad y oblicuamente, hasta una altura de tres o cuatro metros. El lado derecho caía en vertical. En el interior de la gruta, tan profunda como ancha, el suelo lleno de arena y morrena formaba un plano inclinado que confluía en la bóveda, al fondo. Sobre esta pendiente el torrente había depositado la madera y los huesos.


PRIMERA APARICIÓN: UNA MARAVILLOSA NIÑA BLANCA

                   En medio del paisaje inmóvil, en una especie de nicho que formaba una mancha oscura en la parte derecha de la roca, a tres metros por encima del suelo, se agitaba una mata de espinos. Una suave luz iluminó progresivamente aquel agujero en sombra. Y dentro de la luz, una sonrisa; era una maravillosa niña blanca. Separó los brazos al tiempo que se inclinaba en un gesto de recibimiento que parecía decir: «Acercaos...» Bernadette, paralizada por la sorpresa, pasmada, no se atrevió a moverse. ¿Era el miedo? Quizá, ¡pero era tan dulce! No sentía el menor deseo de escapar. No, se quedaría para siempre ahí, contemplando. Algo, sin embargo, luchaba en su interior. No estaba acostumbrada a escucharse, a alimentar fantasías agradables. Reaccionó diciéndose: «¡Vamos!, me estoy engañando.» Se frotó enérgicamente los ojos varias veces. La fricción de las palmas de sus manos borró el paisaje, sumergiéndola en la oscuridad. Los dos globos aplastados, reducidos a su consistencia material, le procuraron una innegable sensación de realidad. 

                   Volvió a abrir los ojos. La niña blanca seguía ahí, con su sonrisa. Con un gesto habitual, casi instintivo, se llevó la mano derecha al bolsillo del delantal, encontró el Rosario, el tranquilizador Rosario de las noches de asma. Levantó el brazo mecánicamente para hacer la señal de la Cruz con el crucifijo. ¡Sorpresa! el brazo se detuvo a medio camino; la mano cayó. ¡Da igual! Querer es poder... Pero no, el brazo le colgaba invenciblemente flojo y sin energía, aunque no dejaba de notar el tacto de la cruz de madera entre los dedos. De golpe, el sobrecogimiento se convirtió en miedo. Le temblaba la mano. 

                   En el hueco de la roca, la Aparición esbozó un gesto, el gesto que Bernadette quisiera hacer. También Ella sostenía un Rosario en la mano, un Rosario blanco con una gran Cruz brillante (1). Se lo llevó a la frente. Acompañando su gesto, el brazo de Bernadette se levantó por sí solo y dibujó a su vez una amplia señal de la Cruz. Con este gesto se desvaneció todo el temor y sólo quedó una intensa alegría. Bernadette se arrodilló. 

                   Las dos compañeras que se alejaban distinguieron, al volverse, la minúscula silueta en su postura de oración, arrodillada sobre el banco de arena en pleno torrente. Ranne se encogió de hombros. —¡Está loca si se pone a rezar ahí! ¡Ya es suficiente con rezar en la iglesia! 

                   De pronto... mientras pasaba las cuentas del Rosario, Bernadette observaba todo lo que podía, y ambas acciones se acompañaban maravillosamente. El tiempo volaba y permanecía como una pequeña eternidad. La Aparición hacía correr las cuentas entre sus dedos pero no movía los labios. Tan pronto terminó la oración, desapareció. Los ojos de Bernadette escrutaron en vano una estela de luz que se prolongó un instante antes de disiparse como una nube. ¡Sólo quedó la roca negra, la llovizna, el cielo gris, el tiempo encapotado! Pero nada de todo eso pesaba ya. La fatiga y la preocupación de hacía un momento habían desaparecido. Aquellas Apariciones se repetirían hasta en diecisiete ocasiones más.


ROCÍA A LA VIRGEN CON AGUA BENDITA

                   El 14 de Febrero, pese a la prohibición de sus padres, Bernadette regresa a la Gruta movida por una fuerza interior que la llama; de nuevo se presenta la Señora ante ella y Bernadette, la rocía con agua bendita... la Señora sonríe e inclina la cabeza. Acabado de rezar el Rosario, la Señora desaparece.


LA VOZ DE LA VIRGEN, APARICIÓN DEL 18 DE FEBRERO DE 1858

                   Llegada a la Gruta, Bernadette se puso de rodillas, sabedora que tenía el encargo de algunas personas de preguntar a la Aparición su nombre; pero no de cualquier manera pretendían que la niña interrogara a la Señora, sino que deseaban dar cierta autoridad al acontecimiento y por eso pidieron a Bernadette que la misma Señora escribiese su nombre. 

                  Una vez la Señora se hizo presente, la joven vidente, se puso de puntillas y le alargó con los brazos extendidos la pluma y el papel, diciéndole al mismo tiempo «Boulet aoue era bouentat de mettre vostre noum per escriout?» (¿Tendría la bondad de poner su nombre por escrito?). (2)

                   La Señora se echó a reír, envuelta en su propia luz, con una risa como las que tienen las niñas en el Cielo. ¿Qué era lo que le hacía tanta gracia?. ¿Eran los avíos sacados de la escribanía del tribunal en manos de Bernadette, que no sabía leer?. 

                   En cualquier caso, era una risa benévola y Bernadette se echó a reír al igual que ella de la extravagante ofrenda que sostenía en sus manos. Aquello inauguró entre ellas un sentimiento de complicidad. ¡Qué amistosa era la mirada de la bella Señora! ¡Y qué dulce iniciar con risas esa amistad! 




                   Bernadette se atrevía a amarla sin miedo. La risa de la Señora terminó en una sonriente respuesta. «N'ey pas necessari.» (No es necesario.) Era la primera vez que oía su voz fina y suave. Ahora estaba segura de que no se trataba de una ilusión. La Virgen, más real aún que todo aquello y más presente, esa vez enlazó sus frases en tono serio y sumamente elegante: «Boulet aoue era gracia de bié aci penden quinze dias?» (¿Quiere tener la cortesía de venir aquí durante quince días?

                   La hija de los Soubirous, poco habituada a tanta deferencia, se quedó totalmente desconcertada. La Señora llamaba de usted a una chiquilla a la que todo el mundo tuteaba; había dicho si quería tener la cortesía, una bonita y educada fórmula del dialecto de Lourdes. Bernadette respondió de corazón, sin detenerse a pensar en las consecuencias. A su promesa le respondió otra promesa. «Non proumeti pas deb hé urousa en este mounde, mès en aoute.» (No prometo hacerla feliz en este mundo, sino en el otro.) Estas parcas palabras parecían dulces bajo la mirada de Aquélla que las pronunciaba. 


EL CIRIO QUE NO QUEMABA

                   El 19 de Febrero Bernadette llegó a la Gruta portando un cirio encendido; a partir de ese momento, muchos devotos del lugar la empezarían a imitar y pronto nacería la procesión de antorchas que aún hoy perdura. Durante la Aparición, la parte inferior del cirio se coló entre los dedos de Bernadette, quedando la llama a la altura de los dedos; sin embargo la joven vidente no sufrió quemadura alguna pese haber estado expuesta al fuego por más de quince minutos, como confirmó un médico presente.


APARICIÓN DEL 24 DE FEBRERO, "PENITENCIA..."

                   Llegada a los pies de la gruta Bernadette se arrodilló, encendió un cirio y se persignó con una devoción contagiosa. Las cuentas del rosario corrían entre sus dedos cruzados. Cuando terminaba la primera decena, se produjo algo imponderable, una especie de movimiento hacia adelante, o más bien un impulso muy suave, pues Bernadette no se había movido. Pero su semblante había cambiado. A la lívida luz del amanecer, que la amarilla oscilación del cirio calentaba apenas, la cara palideció adquiriendo una luminosa blancura. La niña acababa de pasar a otro mundo.

                   Bernadette ya no sonreía... Nuestra Señora tampoco. Una especie de nube cubrió el resplandor de su cara. Recuperó el color. Al levantarse parecía triste, preocupada; incluso disgustada... la Virgen, con semblante profundamente triste le dice: "¡Penitencia!, ¡Penitencia!, ¡Penitencia!, ¡Rogad a Dios por los pecadores!, ¡Besad la tierra en penitencia por los pecadores!". Esta frase la repetiría la Señora en las siguiente Apariciones.

                   La noticia de las Apariciones se extendió por toda la comarca, y muchos acudían a la Gruta creyendo en el suceso, otros se burlaban. En la novena Aparición, el 25 de Febrero, la Señora mandó a Santa Bernadette a beber y lavarse los pies en el agua de una fuente, señalándole el fondo de la gruta. La niña no la encontró, pero obedeció la solicitud de la Virgen, y escarbó en el suelo, produciéndose el primer brote del milagroso manantial de Lourdes. Bernadette realiza ejercicios repulsivos, como besar la tierra, cavar en el suelo embarrado y comer hierba. Los asistentes menos devotos la tachan de visionario y loca.

                   En las Apariciones, la Señora exhortó a la niña a rogar por los pecadores, manifestó el deseo de que en el lugar sea erigida una capilla y mandó a Bernadette a besar la tierra, como acto de penitencia para ella y para otros, el pueblo presente en el lugar también la imitó y hasta el día de hoy, esta práctica continúa.



YO SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN

                   El 25 de Marzo, a pedido del Párroco del lugar, la niña debe preguntar a la Señora quién es...

                   Durante tres semanas Bernadette permanece ausente de la Gruta, pero ha estado ensayando mentalmente una bonita frase, ceremoniosa como una reverencia, que en parte le habían sugerido: «Mademisello, boulet aoué la bountat de me disé que es, s’il bou plan?» (Señorita, ¿tendría la bondad de decirme quién es, por favor?) Pero la «frase bonita» era demasiado complicada. Bernadette se liaba, tropezó y dijo voluntad (boulentat) en lugar de bondad (bountat), dos palabras que era incapaz de distinguir. La más larga le parecía más educada. 

                   La Señora sonrió de nuevo. ¿Se estaba burlando, como decía el Párroco? No... había tanta amabilidad y tanta bondad en su mirada. Tenía que volver a empezar. «Boulet aoué la boulentat de disé...» La sonrisa de la Virgen se hizo aún más amplia. Se echó a reír, pero esta vez Bernadette no iba a renunciar. 

                  «Boulet aoué la boulentat!», suplicó una vez más. Silencio... Pero Bernadette estaba decidida y nada la detendría ya. Lo repetiría diez veces si hacía falta, ya que la Señora no mostraba enfado. No fue necesario llegar a tanto. A la cuarta ocasión la Virgen dejó de reír. Cambió el rosario, llevándoselo al brazo derecho. Sus manos se separaron, y las extendió con las palmas hacia el suelo. De aquel gesto tan sencillo emanaba majestad; su silueta de niña adquirió grandeza; su juventud, un peso de eternidad. Con un movimiento acompasado, juntó luego las manos a la altura del pecho, levantó los ojos al cielo y dijo: «Que soy era Immaculada Councepciou» (Soy la Inmaculada Concepción)»

                   Bernadette fue a contar lo sucedido a su Párroco, pero éste dudó de que una simple jovencita analfabeta pudiese saber sobre el Dogma de la Inmaculada Concepción, declarado por el Papa Pío IX cuatro años antes. 


ÚLTIMA APARICIÓN, "JAMÁS LA HABÍA VISTO TAN BELLA"

                  El 16 de Julio de 1858, Festividad de la Virgen del Carmen, tiene lugar la última Aparición; Bernardette, siente una vez más en su interior el misterioso llamamiento de la Virgen y se dirige a la Gruta; pero el acceso a ella estaba prohibido y la gruta, vallada. Se dirige, pues, al otro lado del río Gave, enfrente de la Gruta. «Me parecía que estaba delante de la Gruta, a la misma distancia que las otras veces, no veía más que a la Virgen. Jamás la había visto tan bella.»

                  Las Apariciones fueron declaradas auténticas el 18 de Enero 1862. En el lugar se comenzó a construir un Santuario, que el Papa Pío IX concedió el título de Basílica en 1874. Bernadette, que había ingresado en las Hermanas de la Caridad de Nevers, entró en la Vida en 1879 y fue canonizada en 1933. 



     NOTAS

                  1   Según el relato de la misma Bernardette el Rosario que llevaba Nuestra Señora era como el de la vidente: de seis decenas, más conocido como Corona de Santa Brígida.

                  2  Bernadette hablaba tan solo su lengua materna, el gascón, típico de aquella región francesa; la Virgen siempre se comunicó con la joven en ese dialecto.



miércoles, 16 de abril de 2025

TESTAMENTO ESPIRITUAL DE SANTA BERNARDETTE SOUBIROUS


                Tal día como hoy, 16 de Abril, pero de 1879, Bernardette Soubirous, vidente de la Inmaculada Concepción en la gruta bendita de Lourdes, moría a este mundo a la edad de 35 años, después de 12 años de profesión religiosa en la Congregación de Hermanas de la Caridad y de la Instrucción Cristiana. Entre otras dolencias, Bernadette sufría de un tumor en su pierna, más concretamente, de tuberculosis ósea, extremadamente dolorosa. Sus últimas palabras fueron una súplica y a la vez una postrera confirmación de las Apariciones de la Señora en Lourdes:«La he visto otra vez... ¡Qué hermosa es! Madre, ruega por mí que soy pecadora»




Testamento Espiritual 
de Santa Bernardette Soubirous

(redactado por la escritora Marcelle Auclair
a partir de los escritos originales de la Santa)



                Por la pobreza en la que vivieron papá y mamá, por los fracasos que tuvimos, porque se arruinó el molino, por haber tenido que cuidar niños, vigilar huertos frutales y ovejas; y por mi constante cansancio... Te doy gracias, Jesús.

                Te doy las gracias, Dios mío, por el Fiscal y por el Comisario, por los gendarmes y por las duras palabras del Padre Peyremale...(1)

                No sabré cómo agradecerte, si no es en el Paraíso, por los días en que viniste, María, y también por aquellos en los que no viniste. Por la bofetada recibida, y por las burlas y ofensas sufridas; por aquellos que me tenían por loca, y por aquellos que veían en mí a una impostora; por alguien que trataba de hacer un negocio... Te doy las gracias, Madre.

                Por la ortografía que jamás aprendí, por la mala memoria que siempre tuve, por mi ignorancia y por mi estupidez, Te doy las gracias.

                Te doy las gracias porque, si hubiese existido en la tierra un niño más ignorante y estúpido, Tú lo hubieses elegido...

                Porque mi madre haya muerto lejos. Por el dolor que sentí cuando mi padre, en vez de abrazar a su pequeña Bernardita, me llamó "Hermana María Bernarda"... Te doy las gracias.

                Te doy las gracias por el corazón que me has dado, tan delicado y sensible, y que me colmaste de amargura...

                Porque la Madre Josefina (2) anunciase que no sirvo para nada, te doy las gracias. Por el sarcasmo de la Madre Maestra (3)por su dura voz, por sus injusticias, por su ironía y por el pan de la humillación...Te doy gracias.

                Gracias por haber sido como soy, porque la Madre Teresa pudiese decir de mí: " Jamás le cedáis lo suficiente"...

                Doy las gracias por haber sido una privilegiada en la indicación de mis defectos, y que otras hermanas pudieran decir: "Qué suerte que no soy Bernardita..."

                Agradezco haber sido la Bernardita a la que amenazaron con llevarla a la cárcel porque Te vi a Ti, Madre... Agradezco que fui una Bernardita tan pobre y tan miserable que, cuando me veían, la gente decía: "¿Esa cosa es ella?" la Bernardita que la gente miraba como si fuese el animal más exótico...

                Por el cuerpo que me diste, digno de compasión y putrefacto... por mi enfermedad, que arde como el fuego y quema como el humo, por mis huesos podridos, por mis sudores y fiebre, por los dolores agudos y sordos que siento... Te doy las gracias, Dios mío.

                Y por el alma que me diste, por el desierto de mi sequedad interior, por Tus noches y por Tus relámpagos, por Tus rayos... por todo. Por Ti Mismo, cuando estuviste presente y cuando faltaste... Te doy las gracias, Jesús.


NOTAS

        1- El Padre Dominique Peyramale era el Párroco de Lourdes en los días de las Apariciones de la Virgen Inmaculada.

        2- La Madre Josefina era la Superiora del Convento de Nevers en donde viviría sus últimos años Bernardette. Siempre mostró antipatía manifiesta hacia la Santa.

        3- La Madre María Teresa Vauzou era la Maestra de Novicias; jamás creyó en la veracidad de las Apariciones de Lourdes ni tampoco en las dolencias de Bernardette, como ocurrió con su cojera por el tumor, que la Maestra de Novicias aseguraba que la fingía para llamar la atención.



domingo, 11 de febrero de 2024

EN PENITENCIA POR LOS PECADORES

 

Pobreza, Oración y Penitencia, 
en el sentido pleno de conversión, 
son las tres palabras clave con 
las que se concluye el lado práctico 
del Mensaje de Lourdes 


               En 1846, Nuestra Señora se aparecía en la montaña francesa de La Salette; allí comunicaba un Secreto a dos jóvenes pastores, Maximino y Melanie; a esta sencilla muchacha advierte: Esto que Yo te voy a decir no será siempre secreto; puedes publicarlo en 1858. Llegado el año fijado por la Virgen Santa, Melanie Calvat lucha por imprimir el Secreto según los pedidos de la Madre de Dios, pero solo encontrará reticencias e impedimentos hasta que consiguió publicarlo en 1879. No obstante, la Virgen sí cumplió con la fecha y en 1858 se manifestaba de nuevo en Francia, esta vez en la humilde Lourdes.

                Jueves, 11 de Febrero de 1858, once de la mañana. Los Soubirous tomaron un pobre desayuno a las nueve. Bernadette, de catorce años pero con cuerpo de niña de menor edad, hilaba la estopa con su hermana Toinette, de once años. Su padre, François Soubirous, enfermo, estaba acostado. Los dos más pequeños jugaban en un rincón. La madre, Louise, se atareaba en la preparación de un pobre puchero con los ingredientes que tenía. —Dios mío —exclamó Bernadette—, ya no queda leña. —¿Y la que fuimos a buscar ayer? —protestó Toinette. El día anterior, Toinette había salido con su madre a las cuatro de la mañana a recoger leña. Había pasado tanto frío con los pies descalzos dentro de los zuecos, que Louise tuvo que envolvérselos con su delantal mientras ella preparaba la gavilla. Sí, pero ya se habían comido el haz... la leña les dio los seis céntimos de pan de la jornada anterior. Había que salir otra vez. 

               Al poco rato, tres pares de zuecos golpearon los adoquines de la calle des Petits Fossés, giraron a la derecha por la calle de Baous, cruzaron la puerta del mismo nombre, cuya bóveda resonaba. Y de pronto ya estaban en el campo. Las niñas torcieron a la derecha delante del cementerio y rodearon el llamado «prado del paraíso» recogiendo algunas ramitas. El cesto iba de mano en mano: de Jeanne a Toinette y de Toinette a Bernadette. Volvieron a bajar hacia el torrente. No fue necesario ir tan lejos. A doscientos metros de allí estaba la lengua puntiaguda de arena donde se unían el Gave y el canal.

               Se trataba de una formación rocosa de veintisiete metros de alto, nudosa, abultada por protuberancias, surcada por grietas y anfractuosidades de distintos tamaños, coronada de una avara maleza. Por todo adorno tenía un penacho de hiedra hacia la cima, y en un nicho a unos tres metros y medio del suelo, justo enfrente, un rosal salvaje cuyas ramas caían hasta el suelo. El lugar llevaba el adecuado nombre de Masse-vieille (vieja roca) o Massabielle, como todavía se pronuncia. La vieja roca parecía sostenida por un enorme arco rocoso entre cuatro y cinco metros de ancho, que cubría una gruta alargada de ocho metros de anchura. El pie izquierdo estaba apuntalado en el agua del Gave y se elevaba, con suavidad y oblicuamente, hasta una altura de tres o cuatro metros. El lado derecho caía en vertical. En el interior de la gruta, tan profunda como ancha, el suelo lleno de arena y morrena formaba un plano inclinado que confluía en la bóveda, al fondo. Sobre esta pendiente el torrente había depositado la madera y los huesos.


PRIMERA APARICIÓN: UNA MARAVILLOSA NIÑA BLANCA

               En medio del paisaje inmóvil, en una especie de nicho que formaba una mancha oscura en la parte derecha de la roca, a tres metros por encima del suelo, se agitaba una mata de espinos. Una suave luz iluminó progresivamente aquel agujero en sombra. Y dentro de la luz, una sonrisa; era una maravillosa niña blanca. Separó los brazos al tiempo que se inclinaba en un gesto de recibimiento que parecía decir: «Acercaos...» Bernadette, paralizada por la sorpresa, pasmada, no se atrevió a moverse. ¿Era el miedo? Quizá, ¡pero era tan dulce! No sentía el menor deseo de escapar. No, se quedaría para siempre ahí, contemplando. Algo, sin embargo, luchaba en su interior. No estaba acostumbrada a escucharse, a alimentar fantasías agradables. Reaccionó diciéndose: «¡Vamos!, me estoy engañando.» Se frotó enérgicamente los ojos varias veces. La fricción de las palmas de sus manos borró el paisaje, sumergiéndola en la oscuridad. Los dos globos aplastados, reducidos a su consistencia material, le procuraron una innegable sensación de realidad. 

               Volvió a abrir los ojos. La niña blanca seguía ahí, con su sonrisa. Con un gesto habitual, casi instintivo, se llevó la mano derecha al bolsillo del delantal, encontró el Rosario, el tranquilizador Rosario de las noches de asma. Levantó el brazo mecánicamente para hacer la señal de la Cruz con el crucifijo. ¡Sorpresa! el brazo se detuvo a medio camino; la mano cayó. ¡Da igual! Querer es poder... Pero no, el brazo le colgaba invenciblemente flojo y sin energía, aunque no dejaba de notar el tacto de la cruz de madera entre los dedos. De golpe, el sobrecogimiento se convirtió en miedo. Le temblaba la mano. 

               En el hueco de la roca, la Aparición esbozó un gesto, el gesto que Bernadette quisiera hacer. También Ella sostenía un Rosario en la mano, un Rosario blanco con una gran Cruz brillante(1). Se lo llevó a la frente. Acompañando su gesto, el brazo de Bernadette se levantó por sí solo y dibujó a su vez una amplia señal de la Cruz. Con este gesto se desvaneció todo el temor y sólo quedó una intensa alegría. Bernadette se arrodilló. 

               Las dos compañeras que se alejaban distinguieron, al volverse, la minúscula silueta en su postura de oración, arrodillada sobre el banco de arena en pleno torrente. Ranne se encogió de hombros. —¡Está loca si se pone a rezar ahí! ¡Ya es suficiente con rezar en la iglesia! 

               De pronto... mientras pasaba las cuentas del Rosario, Bernadette observaba todo lo que podía, y ambas acciones se acompañaban maravillosamente. El tiempo volaba y permanecía como una pequeña eternidad. La Aparición hacía correr las cuentas entre sus dedos pero no movía los labios. Tan pronto terminó la oración, desapareció. Los ojos de Bernadette escrutaron en vano una estela de luz que se prolongó un instante antes de disiparse como una nube. ¡Sólo quedó la roca negra, la llovizna, el cielo bajo, el tiempo encapotado! Pero nada de todo eso pesaba ya. La fatiga y la preocupación de hacía un momento habían desaparecido. Aquellas Apariciones se repetirían hasta en diecisiete ocasiones más.


ROCÍA A LA VIRGEN CON AGUA BENDITA

               El 14 de Febrero, pese a la prohibición de sus padres, Bernadette regresa a la Gruta movida por una fuerza interior que la llama; de nuevo se presenta la Señora ante ella y Bernadette, la rocía con agua bendita... la Señora sonríe e inclina la cabeza. Acabado de rezar el rosario, la Señora desaparece.


LA VOZ DE LA VIRGEN, APARICIÓN DEL 18 DE FEBRERO DE 1858

               Llegada a la Gruta, Bernadette se puso de rodillas, sabedora que tenía el encargo de algunas personas de preguntar a la Aparición su nombre; pero no de cualquier manera pretendían que la niña interrogara a la Señora, sino que deseaban dar cierta autoridad al acontecimiento y por eso pidieron a Bernadette que la misma Señora escribiese su nombre. 

              Una vez la Señora se hizo presente, la joven vidente, se puso de puntillas y le alargó con los brazos extendidos la pluma y el papel, diciéndole al mismo tiempo «Boulet aoue era bouentat de mettre vostre noum per escriout?» (¿Tendría la bondad de poner su nombre por escrito?). (2)

               La Señora se echó a reír, envuelta en su propia luz, con una risa como las que tienen las niñas en el Cielo. ¿Qué era lo que le hacía tanta gracia? ¿Eran los avíos sacados de la escribanía del tribunal en manos de Bernadette, que no sabía leer? 

               En cualquier caso, era una risa benévola y Bernadette se echó a reír al igual que ella de la extravagante ofrenda que sostenía en sus manos. Aquello inauguró entre ellas un sentimiento de complicidad. ¡Qué amistosa era la mirada de la bella Señora! ¡Y qué dulce iniciar con risas esa amistad! 

               Bernadette se atrevía a amarla sin miedo. La risa de la Señora terminó en una sonriente respuesta. «N'ey pas necessari.» (No es necesario.) Era la primera vez que oía su voz fina y suave. Ahora estaba segura de que no se trataba de una ilusión. La Virgen, más real aún que todo aquello y más presente, esa vez enlazó sus frases en tono serio. «Boulet aoue era gracia de bié aci penden quinze dias?» (¿Quiere tener la cortesía de venir aquí durante quince días?

               La hija de los Soubirous, poco habituada a tanta deferencia, se quedó totalmente desconcertada. La Señora llamaba de usted a una chiquilla a la que todo el mundo tuteaba; había dicho si quería tener la cortesía, una bonita y educada fórmula del dialecto de Lourdes. Bernadette respondió de corazón, sin detenerse a pensar en las consecuencias. A su promesa le respondió otra promesa. «Non proumeti pas deb hé urousa en este mounde, mès en aoute.» (No prometo hacerla feliz en este mundo, sino en el otro.) Estas parcas palabras parecían dulces bajo la mirada de Aquélla que las pronunciaba. 


EL CIRIO QUE NO QUEMABA

               El 19 de Febrero Bernadette llegó a la Gruta portando un cirio encendido; a partir de ese momento, muchos devotos del lugar la empezarían a imitar y pronto nacería la procesión de antorchas que aún hoy perdura. Durante la Aparición, la parte inferior del cirio se coló entre los dedos de Bernadette, quedando la llama a la altura de los dedos; sin embargo la joven vidente no sufrió quemadura alguna pese haber estado expuesta al fuego por más de quince minutos, como confirmó un médico presente.



APARICIÓN DEL 24 DE FEBRERO, "PENITENCIA..."

               Llegada a los pies de la gruta Bernadette se arrodilló, encendió un cirio y se persignó con una devoción contagiosa. Las cuentas del rosario corrían entre sus dedos cruzados. Cuando terminaba la primera decena, se produjo algo imponderable, una especie de movimiento hacia adelante, o más bien un impulso muy suave, pues Bernadette no se había movido. Pero su semblante había cambiado. A la lívida luz del amanecer, que la amarilla oscilación del cirio calentaba apenas, la cara palideció adquiriendo una luminosa blancura. La niña acababa de pasar a otro mundo.

               Bernadette ya no sonreía... Nuestra Señora tampoco. Una especie de nube cubrió el resplandor de su cara. Recuperó el color. Al levantarse parecía triste, preocupada; incluso disgustada... la Virgen, con semblante profundamente triste le dice: "¡Penitencia!, ¡Penitencia!, ¡Penitencia!, ¡Rogad a Dios por los pecadores!, ¡Besad la tierra en penitencia por los pecadores!". Esta frase la repetiría la Señora en las siguiente Apariciones.

               La noticia de las Apariciones se extendió por toda la comarca, y muchos acudían a la Gruta creyendo en el suceso, otros se burlaban. En la novena Aparición, el 25 de Febrero, la Señora mandó a Santa Bernadette a beber y lavarse los pies en el agua de una fuente, señalándole el fondo de la gruta. La niña no la encontró, pero obedeció la solicitud de la Virgen, y escarbó en el suelo, produciéndose el primer brote del milagroso manantial de Lourdes. Bernadette realiza ejercicios repulsivos, como besar la tierra, cavar en el suelo embarrado y comer hierba. Los asistentes menos devotos la tachan de visionario y loca.

               En las Apariciones, la Señora exhortó a la niña a rogar por los pecadores, manifestó el deseo de que en el lugar sea erigida una capilla y mandó a Bernadette a besar la tierra, como acto de penitencia para ella y para otros, el pueblo presente en el lugar también la imitó y hasta el día de hoy, esta práctica continúa.


YO SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN

               El 25 de Marzo, a pedido del Párroco del lugar, la niña debe preguntar a la Señora quién es...

               Durante tres semanas Bernadette permanece ausente de la Gruta, pero ha estado ensayando mentalmente una bonita frase, ceremoniosa como una reverencia, que en parte le habían sugerido: «Mademisello, boulet aoué la bountat de me disé que es, s’il bou plan?» (Señorita, ¿tendría la bondad de decirme quién es, por favor?) Pero la «frase bonita» era demasiado complicada. Bernadette se liaba, tropezó y dijo voluntad (boulentat) en lugar de bondad (bountat), dos palabras que era incapaz de distinguir. La más larga le parecía más educada. 

               La Señora sonrió de nuevo. ¿Se estaba burlando, como decía el Párroco? No... había tanta amabilidad y tanta bondad en su mirada. Tenía que volver a empezar. «Boulet aoué la boulentat de disé...» La sonrisa de la Virgen se hizo aún más amplia. Se echó a reír, pero esta vez Bernadette no iba a renunciar. 

              «Boulet aoué la boulentat!», suplicó una vez más. Silencio... Pero Bernadette estaba decidida y nada la detendría ya. Lo repetiría diez veces si hacía falta, ya que la Señora no mostraba enfado. No fue necesario llegar a tanto. A la cuarta ocasión la Virgen dejó de reír. Cambió el rosario, llevándoselo al brazo derecho. Sus manos se separaron, y las extendió con las palmas hacia el suelo. De aquel gesto tan sencillo emanaba majestad; su silueta de niña adquirió grandeza; su juventud, un peso de eternidad. Con un movimiento acompasado, juntó luego las manos a la altura del pecho, levantó los ojos al cielo y dijo: «Que soy era Immaculada Councepciou» (Soy la Inmaculada Concepción)»

               Bernadette fue a contar lo sucedido a su Párroco, pero éste dudó de que una simple jovencita analfabeta pudiese saber sobre el Dogma de la Inmaculada Concepción, declarado por el Papa Pío IX cuatro años antes. 


ÚLTIMA APARICIÓN, "JAMÁS LA HABÍA VISTO TAN BELLA"

              El 16 de Julio de 1858, Festividad de la Virgen del Carmen, tiene lugar la última Aparición; Bernardette, siente una vez más en su interior el misterioso llamamiento de la Virgen y se dirige a la Gruta; pero el acceso a ella estaba prohibido y la gruta, vallada. Se dirige, pues, al otro lado del río Gave, enfrente de la Gruta. «Me parecía que estaba delante de la Gruta, a la misma distancia que las otras veces, no veía más que a la Virgen. Jamás la había visto tan bella.»



Santa Bernardette en la época de las Apariciones


              Las Apariciones fueron declaradas auténticas el 18 de Enero 1862. En el lugar se comenzó a construir un Santuario, que el Papa Pío IX concedió el título de Basílica en 1874. Bernadette, que había ingresado en las Hermanas de la Caridad de Nevers, entró en la Vida en 1879 y fue canonizada en 1933. 


     NOTAS

              1   Según el relato de la misma Bernardette el Rosario que llevaba Nuestra Señora era como el de la vidente: de seis decenas, más conocido como Corona de Santa Brígida.

              2  Bernadette hablaba tan solo su lengua materna, el gascón, típico de aquella región francesa; la Virgen siempre se comunicó con la joven en ese dialecto.



sábado, 18 de marzo de 2023

EN DEFENSA DE LAS APARICIONES DE LA SANTÍSIMA VIRGEN EN GARABANDAL (Parte I)



LAS APARICIONES DE GARABANDAL, 

OBJECIONES A LAS PRINCIPALES CRÍTICAS

               En sucesivos artículos trataré de explicar mi particular criterio acerca de las conocidas Revelaciones de Nuestra Señora en la aldea de San Sebastián de Garabandal, en Santander (España). No pretendo revelar ninguna novedad, sino más bien plasmar el afecto que -pese a los ataques que recibe esta Manifestación Mariana- se tiene a Garabandal en no pocos círculos tradicionalistas, y que muchas veces son silenciados -a pesar de creer en la veracidad del Mensaje de Garabandal- por el hecho que las videntes, entonces niñas, "abrazaron la iglesia que surgió del Concilio", con todos los cambios y novedades que supusieron el nacimiento de una nueva religión.

               Tristemente compruebo que se ha juzgado mal el fenómeno de Garabandal desde algunos "sectores tradicionalistas"; sin tan siquiera poner un pie en la aldea, sin leer las memorias de las videntes, los informes médicos, las declaraciones oficiales de la Guardia Civil... se ha atacado sistemáticamente el Mensaje de Nuestra Señora argumentando que "las videntes aceptaron la Misa Nueva y todos los cambios del Concilio Vaticano II"; a estas almas que parecen sentenciar olvidan que tampoco el Padre Pío alegó nada contrario al "Concilio" y aceptó, por obediencia, celebrar la Misa de Siempre pero de cara al pueblo, como atestiguan los vídeos que cualquiera puede ver en internet. Necesitaría días para compilar los miles de testimonios de almas santas, seglares y sacerdotes, que vieron con buenos ojos el "Concilio Vaticano II" y que sólo muchos años después, entendieron, ante la visión de los "frutos", que fue una perfecta maniobra para asentar errores en la Doctrina Católica, en la raíz misma de la Santa Iglesia.

               Así, comprobamos en otros lugares marianos, como Lourdes o Fátima, que la iglesia conciliar ha tomado posesión de ellos, de sus altares y confesonarios, y no por eso dejamos de creer en la veracidad de las apariciones originales; en la aldea de San Sebastián de Garabandal, como en casi todos los núcleos rurales de la época de las Apariciones (1961-1965), los Fieles asistían a la Santa Misa de siempre, precedida por el piadoso rezo del Rosario, cada día. También conviene señalar una acentuada devoción por las Benditas Ánimas del Purgatorio, por las que rezaba todo el pueblo cada tarde mientras eran avisados por una mujer que recorría las calles de Garabandal tocando una campana, demandando la limosna de oraciones para las Ánimas.

               Entre las muchas páginas que alegremente critican a Garabandal -compruebo que algunas páginas Católicas, lejos de razonar o investigar, se limitan a copiar y pegar el material de otros que se postulan como contrarios a estas manifestaciones- . No faltan "argumentos" que me han sacado alguna que otra sonrisa, "razonamientos" tales como que  "las niñas durante los éxtasis caminaban hacia atrás" o "hablaban con la Virgen de las vacas"; olvidan aquí, esos que se llaman devotos de Nuestra Señora, que la Virgen en Lourdes mandó a Bernardette lavarse la cara con fango, besar el suelo o comer hierba en señal de penitencia... tampoco entonces faltaron almas que tacharon a la niña vidente de "desequilibrada" o "histérica". 

               Se ataca el Mensaje de Garabandal tratando de desacreditar a las niñas, aún después de mayores, alegando que "ninguna de ellas abrazó la vida religiosa", olvidando -una vez más- que tampoco el pobre indio de Guadalupe, Juan Diego, así como los niños videntes de la Virgen en La Salette, fueron religiosos, como tampoco lo fueron otras tantas almas agraciadas incluso ya no sólo ver a la Virgen y a Nuestro Señor, sino además compartir con Él los estigmas de la Pasión, como ocurriera en la vida de Teresa Neumann, Santa Gema Galgani, Rosa Ferrón, etc.

               Se pude decir que las antipatías que desde los sectores tradicionales se levantan contra Garabandal, tienen su raíz en que las entonces niñas, con el tiempo -y como hicieron millones de almas- abrazaron la "misa nueva" y demás cambios post-conciliares, no hay más. A partir de esa premisa, cualquier elemento se convierte en arma arrojadiza para desprestigiar esta Aparición Mariana, como ocurre de igual forma desde los sectores más "progresistas", donde se tilda a Garabandal de "fenómeno de histerismo", "fanatismo reaccionario"... ni los unos (católicos tradicionalistas) ni los otros (modernistas), se ha molestado en leer y estudiar los testimonios no sólo de la gente sencilla del pueblo, sino además el relato formal y profesional de médicos, psiquiatras, de Sacerdotes con fama de santidad y hasta del suboficial de la Guardia Civil, testigos directos de las Apariciones de la Virgen en Garabandal y que desmontan todas las MENTIRAS y ABSURDOS ANÁLISIS que con posterioridad se han inventado.

              Más adelante procuraré argumentar en contra de otras objeciones sobre Garabandal, pero de entrada, quisiera compartir una sencilla reflexión acerca del contexto de las Apariciones de la Virgen en esta aldea del Norte de España.



LA VIRGEN SE MANIFIESTA EN GARABANDAL
TRAS NO LEERSE EL SECRETO DE FÁTIMA EN 1960
y coincidiendo con el inicio del "Concilio Vaticano II"


EN 1960, SE DESOYE A LA VIRGEN

               En el momento de las Primeras Apariciones (18 de Junio de 1961) las niñas, Mariloli Mazón, Conchita, Jacinta y Maricruz González -a pesar del apellido, sin parentesco entre ellas- apenas contaban entre 11 años tres de ellas y la mayor 12; eran pequeñas con apenas estudios básicos, cuasi aisladas en una aldea donde como mucho, se usaba una bombilla en el salón principal de las humildes casas.

               En Roma, el "Concilio Vaticano II" había sido convocado dos años antes, el 25 de Enero de 1959, por Angelo Roncalli, Juan XXIII, que desatendiendo la petición de Nuestra Señora de Fátima, no reveló al mundo la Tercera Parte del Secreto de Fátima.(1)

              No podemos dejar de recordar ahora, la curiosa y después "negada" ENTREVISTA DEL PADRE AGUSTÍN FUENTES (Postulador de la Causa de Canonización de Francisco y Jacinta Marto) con la única superviviente entonces de las Apariciones de Fátima, cuando refiriéndose al Tercer Secreto de Fátima Sor Lucía se queja: "La Santísima Virgen está muy triste, pues nadie le da ninguna importancia a Su Mensaje...Ni los buenos ni los malos..."

                Así, el 17 de Agosto de 1959, Juan XXIII había solicitado que le llevasen el Secreto que Sor Lucía había redactado en el Carmelo de Coimbra; lo leyó ayudado de un traductor portugués, Mons. Paulo José Tavarez; poco después, el Secreto sería leído al Cardenal Ottaviani, Prefecto del Santo Oficio. El 8 de Febrero de 1960, Roma se limitó a publicar un comunicado mediante el cual se explicaba que el Secreto de Fátima no se daría a conocer (2) y terminaba el comunicado diciendo literalmente “Aunque la Iglesia reconoce las apariciones de Fátima, no tiene el deseo de asumir la responsabilidad de garantizar la veracidad de las palabras que los tres pastorcitos dijeron que la Virgen María les había dirigido” (Poniendo en tela de juicio las palabras de Sor Lucía...)

               El Cardenal Ottaviani cuenta que "el Papa Juan XXIII puso el Secreto en uno de esos archivos que son como un pozo muy profundo, oscuro, en cuyo fondo caen papeles en forma tal que ya nadie los puede volver a ver". 


(Continuará...)


NOTAS:

         (1) El 3 de Enero de 1944, a instancias del Obispo de Leiria y con el debido permiso de Nuestra Señora, Sor Lucía, niña vidente de la Virgen en Fátima, escribió la Tercera Parte del Secreto, que mandó entregar al Obispo por medio de un portador, en sobre lacrado, con una nota que señalaba que no podía ser divulgado a su muerte o en 1960, según expreso deseo de Nuestra Señora.

               El Obispo, Mons. José Alves Correia da Silva, colocó el sobre enviado por Sor Lucía dentro de uno mayor, que asimismo lacró y guardó en la caja fuerte de la Curia episcopal.

               A comienzos de 1957, la Sagrada Congregación del Santo Oficio -actual Congregación para la Doctrina de la Fe- pidió que el documento fuese remitido a Roma. Para ese efecto, fue entregado en la Nunciatura Apostólica de Lisboa, desde donde el Nuncio, Mons. Fernando Cento, lo condujo al Vaticano, donde ingresó en el Archivo Secreto del Santo Oficio el día 4 de Abril de 1957.

          (2) La revelación de los primeros dos Secretos de Fátima,  sobre la Visión del Infierno y el Fin de la II Guerra Mundial, fue en 1942, con el consentimiento del Papa Pío XII, quedando pendiente la Tercera Parte o Tercer Secreto, previsto de anunciar al mundo en 1960.



sábado, 11 de febrero de 2023

EL MENSAJE DE LA VIRGEN EN LOURDES

  


               Todo sucedió a principios de 1858 en la gruta de Massabielle en Lourdes, Francia. Allí, a los pies de los Pirineos, una joven llamada María Bernadette Soubirous presenció dieciocho Apariciones de la Virgen. 

                Bernadette tenía 14 años y creció en el seno de una familia pobre y analfabeta. Un día estaba con su hermana y una amiga recogiendo leña en el campo y entonces ocurrió: una ráfaga de viento dio paso a la primera Aparición de la Virgen María. La joven declaró que: “Vi a una Señora vestida de blanco: llevaba un vestido blanco, un velo también de color blanco, un cinturón azul y una rosa amarilla en cada pie”.

               Al llegar a casa Bernadette se lo contó a sus padres y estos le prohibieron acercarse a ese lugar. Bernardita sentía una fuerza interior que la empujaba a volver a la gruta y tras su enorme insistencia la dejaron regresar al punto donde había sucedido el primer encuentro. Entonces, como ocurrió la vez anterior, vio aparecer de nuevo a la Virgen. Bernadette le echó agua bendita y la Señora sonrió e inclinó la cabeza. Al terminar de rezar el Rosario, la Señora desapareció.

               En la tercera Aparición, la niña habló con María en gascón, un dialecto occitano que se usaba en la zona. Entonces la Virgen le pidió lo siguiente: “¿Me haría Usted el favor de venir aquí durante quince días?”. Bernadette le prometió que lo haría, y a su vez, la Virgen María le dijo que le prometía hacerla feliz en el otro mundo.

               La Virgen siguió apareciéndose a Bernadette en sucesivas ocasiones. Poco a poco el Mensaje fue tomando cuerpo: invitación a la penitencia y a la oración por los pecadores, invitación a vivir una pobreza más evangélica, solicitud de que se hicieran procesiones a la gruta y que construyeran una capilla en ese lugar.  Además, la Virgen le mando excavar en la tierra y de allí surgió un manantial. Una fuente hasta la que peregrinan los Fieles y que ha sido testigo de numerosos milagros como la curación de enfermedades terminales.

               En 1874 el Papa Pío IX concedió al Santuario el título de Basílica y en 1876 coronó la estatua de la Virgen. Toca AQUÍ para leer un relato pormenorizado de las Apariciones de Lourdes.