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lunes, 25 de septiembre de 2023

TRADICIONAL DEVOCIÓN DE LAS TRES AVEMARÍAS

 

Servus Mariae nunquam peribit
"Un siervo devoto de María nunca perecerá"

San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia


Modelo 1 (Díptico, para imprimir por ambas caras con el modelo 2 que aparece más abajo)


             Fue Nuestra Señora misma quien prometió a Santa Matilde -y posteriormente, a otras almas piadosas- que quien rezara diariamente Tres Avemarías, tendría Su auxilio durante la vida y Su especial asistencia a la hora de la muerte, presentándose en esa hora final con el brillo de una belleza tal que con sólo verla la consolaría y le transmitiría las alegrías del Cielo.

               Una manera sencilla de saludar y encomendarse a la Virgen Purísima es usando la tradicional Devoción de Las Tres Avemarías, una piadosa forma de agradecer a la Santísima Trinidad los Tres principales Privilegios que le han sido otorgados a la Virgen María: Poder, Sabiduría y Misericordia. Como cualquier otra devoción mariana, no tiene otro fin que el de dar Gloria a Dios y reconocer Su Obra perfecta en la Virgen Nuestra Madre. 

               La devoción de las Tres Avemarías es muy grata a la Madre de Dios y es recomendable rezarla cada día, o cada noche a antes de retirarse a descansar.



Modelo 2 (Díptico, para imprimir por ambas caras con el modelo 1 que aparece más arriba)


               La Santísima Virgen, refiriéndose a todo aquel que la haya invocado diariamente conmemorando el Poder, la Sabiduría y el Amor misericordioso que le fueron comunicados por la Augusta Trinidad, dijo a Santa Gertrudis que, "a la hora de su muerte Me mostraré a él con el brillo de una belleza tan grande, que Mi vista le consolará y le comunicará las alegrías celestiales". 


Modelo 3 (Para imprimir por ambas caras con el modelo 4 que aparece más abajo)


               Esta sencilla plegaria de las Tres Avemarías nos recuerda nuestra vocación de entrar, como María, en comunión de Vida con las Tres Personas de la Santísima Trinidad. Por eso, muchos Santos han rezado a María, recitando cada día con perseverancia las Tres Avemarías.

               Este es particularmente el caso de Santa Juana de Arco, quien recomendó a sus soldados rezar las Tres Avemarías antes de ir a la batalla. Otros ardientes propagadores fueron San Antonio de Padua, que las rezaba para honrar a la Virgen y conseguir el don de la santa pureza; también San Leonardo de Porto Mauricio, que rezaba las Tres Avemarías cada mañana y cada noche. San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia, no cesaba de recomendar la piadosa práctica del rezo de las Tres Avemarías; el Santo Cura de Ars, San Juan Bosco y otras muchas almas santas, que pese a no estar en los altares, difundieron con el ejemplo y con la palabra esta tradicional devoción de las Tres Avemarías. 



Modelo 4 (Para imprimir por ambas caras con el modelo 3 que aparece más arriba)



                    El Papa Pío IX comenzó a rezar las Tres Avemarías después de la Santa Misa en su Capilla privada; el Papa León XIII mandó que se extendiese esta práctica a toda la Iglesia, por eso que aún permanece esa piadosa costumbre al terminar el Sacrificio de la Misa. Concedió el mismo León XIII doscientos días de indulgencias a todos los que rezasen las Tres Avemarías y añadiesen esta jaculatoria: "Madre mía, líbrame en este día (o en esta noche) de pecado mortal". El Papa San Pío X concedió además, trescientos días de indulgencia a los que rezaren las Tres Avemarías con esta otra jaculatoria, compuesta por San Alfonso María de Ligorio: "¡Oh María!, por Tu Inmaculada Concepción, purifica mi cuerpo y santifica mi alma." 




sábado, 12 de enero de 2019

LAS TRES AVEMARÍAS, la tradicional forma de encomendarse a diario a la Virgen Nuestra Señora


                La Piedad Católica dedica los Sábados a honrar de una manera más especial que otros días, a Nuestra Santa Madre, la Virgen María. Lo hacemos en este orden porque si en el Domingo reconocemos el inicio de la semana cristiana, por la Resurrección de Cristo, es obvio que antes, el Sábado, reconozcamos a Aquella Virgen, que fue el medio para que Dios se hiciera hombre entre nosotros. Por María vino Cristo al mundo la primera vez, como manso Cordero, y por Ella ha de regresar una segunda vez, pero como Juez Justo.

                Una manera sencilla de saludar a la Virgen Purísima es con la tradicional Devoción de Las Tres Avemarías, una piadosa forma de agradecer a la Santísima Trinidad los Tres principales Privilegios que le han sido otorgados a la Virgen María: Poder, Sabiduría y Misericordia. Como cualquier otra devoción mariana, no tiene otro fin que el de dar Gloria a Dios y reconocer Su Obra perfecta en la Virgen Nuestra Madre.

                 Lo mejor es rezarlas por la mañana, después de hacer el OFRECIMIENTO DIARIO DE OBRAS, para buscar así la protección maternal de la que es Madre de Dios y Madre nuestra. No dejes de llamar a la Virgen en tus necesidades, apenas te llevará tres minutos dedicarle LAS TRES AVEMARÍAS ante cualquier problema o -por qué no- a modo de agradecimiento por cuantas gracias recibimos de Dios por medio de Sus purísimas manos. 

                 Por la noche, no te retires a descansar sin rezar otras tres Avemarías: no hay mayor felicidad que dormir con la certeza en nuestro corazón, de que nos cuida la que veló al Niño Jesús.


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                Ella misma reveló a Santa Gertrudis:"Después del Poder del Padre, la Sabiduría del Hijo y la Ternura misericordiosa del Espíritu Santo, nada se aproxima al Poder, la Sabiduría y la Ternura misericordiosa de María."

               Santa Gertrudis continua narrando que la Virgen le comunicó que Quien la venerase en su relación con la Beatísima Trinidad, experimentaría el Poder que le ha comunicado la Omnipotencia del Padre como Madre de Dios; admiraría los ingeniosos medios que le inspira la Sabiduría del Hijo para la salvación de los hombres, y contemplaría la ardiente Caridad encendida en su corazón por el Espíritu Santo” 

                En otra ocasión la Virgen María le manifestó a esta Santa, refiriéndose a todos los que la invocamos diariamente con el rezo de las Tres Avemarías: “A la hora de su muerte me mostraré a él con el brillo de una belleza tan grande, que Mi vista le consolará y le comunicará las alegrías celestiales”. Es la Virgen misma, quien nos promete Su asistencia visible en los últimos momentos de la vida a quienes la honremos cada día con Las Tres Avemarías.

                Según el Bienaventurado Fray Diego José de Cádiz, capuchino que vivió en el siglo XVIII, la Madre de Dios le reveló que: “Una de las más agradables devociones que se le pueden ofrecer, es la de ayudarle a dar gracias a la Augusta Trinidad por el Poder que recibió del Padre Eterno, por la Sabiduría con que la enriqueció su Hijo y por la Caridad de que la llenó el Espíritu Santo”. Todo ello mediante el rezo cotidiano de Las Tres Avemarías

                Cuando Sor María Villani, religiosa Dominica del siglo XVI, rezaba un día Las Tres Avemarías, oyó de labios de la Virgen María esta promesa: “No solo alcanzarás las gracias que me pides, sino que en la vida y en la muerte prometo ser especial Protectora tuya y de cuantos como tu practiquen esta Devoción”