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jueves, 16 de enero de 2025

EN ESTA ÍNTIMA UNIÓN. Meditaciones del Santo Cura de Ars

 



               "El Santo Cura de Ars ha brotado de la tierra de un hogar labrado y sostenido con la hospitalidad generosa de sus padres para con los peregrinos, con la fortificante austeridad del pan ganado con el sudor de cada día y con la oración en familia y con la silenciosa y fecunda práctica de las virtudes domésticas, y tiene por cultivador el celo de apóstol y el ejemplo de cura cabal del Sacerdote Balley, y por tutor, que le impide ladearse y crecer torcido, el amor, transformado en pasión obsesionante y triunfador de imposibles, por su vocación sacerdotal y su hambre de salvar almas. Hecho Sacerdote, su oración interminable ante el Sagrario, en la que, hablando con Dios, aprenderá a hablar con los hombres, su Misa de cada mañana, en la que aprenderá a vivir en cruz cada día y su obediencia rendida a su Prelado en cuanto le mande o pida, darán la última mano para hacer del hijo de los cristianos labriegos Vianney el Cura Santo de Ars..."


Obispo Manuel González, en el prólogo del libro 
"El Cura de Ars", del Padre Francis Trochu



jueves, 14 de noviembre de 2024

HAY TANTOS INFIERNOS COMO CONDENADOS. Meditaciones del Santo Cura de Ars


Ibi erit fletus et stridor dentium

Evangelio de San Mateo, cap. 8, vers. 12




               Nosotros leemos en el Evangelio que, cuando el Salvador entró en Cafarnaum, un Centurión vino a su encuentro, diciéndole: "Señor, mi siervo está enfermo en mi casa, de una parálisis que lo hace sufrir mucho.  - ¡Y bien! le dice el buen Salvador, iré y yo lo curaré. ¡Ah! Mi Señor, le dice el Centurión, no soy digno de que entres en mi casa; pero di sólo una palabra, y mi siervo será curado. Puesto que yo soy un hombre sujeto a las órdenes de mis superiores, sin embargo, tengo soldados bajo mi mando que hacen todo por mí, digo a uno: ve allí, y va ; a otro: ven aquí, y viene; y a mi siervo: haz esto, y lo hace. Jesús habiéndole escuchado así quedó lleno de admiración, y les dice a aquellos que le seguían: En verdad les digo que no he encontrado una fe más grande en todo Israel. Por ello les dice que muchos vendrán de Oriente y Occidente y se colocarán junto con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos, mientras que los hijos de este reino serán lanzados a las tinieblas, donde habrá llanto y rechinar de dientes". 

               Que será de nosotros, hijos míos, aquel que, queriendo tomarse la molestia de penetrar el sentido de estas palabras, no se sentirá convencido y llegará con espanto casi a la desesperación pensando que verdaderamente son los malos cristianos quienes son estos desgraciados, que serán expulsados del Reino de los Cielos y arrojados a las tinieblas exteriores, es decir, hijos míos, en el Infierno, donde habrá llanto y rechinar de dientes: mientras que a los idólatras y paganos, que nunca han tenido la felicidad de conocer a Jesucristo, se les abrirán los ojos del alma, abandonarán el camino de la perdición, vendrán para entrar en el seno de la Iglesia y ocuparán el sitio que estos malos cristianos perdieron por el desprecio de las gracias que recibieron. 

               Pero no es todavía bastante, hijos míos, los cristianos condenados sufrirán en efecto de tormentos infinitamente más rigurosos que los infieles. La razón es que estos extranjeros serán condenados en parte porque nunca han oído hablar de Jesucristo y de su religión; que vivieron y que murieron en la ignorancia: mientras que los cristianos vieron, a la edad de la razón, la antorcha de la fe brillar delante de ellos como un bello sol y recibieron luces más que suficientes para conocer lo que ellos mismos debían a Dios, al prójimo y a ellos mismos. ¡Oh Infierno del cristiano, que tú serás terrible y riguroso ! Pero voy a decir, hijos míos, ¿y podrán ustedes oírlo sin temblar? que tanto, el Cielo es alejado de la tierra, tanto el Infierno de los infieles será alejado de aquello del cristiano. 

               Si ustedes quieren saber la razón, hijos míos, he aquí. Si Dios es justo, como nosotros no podemos dudar, debe castigar a una alma al Infierno en proporción de las gracias que recibió y despreció, del conocimientos que tenía para servir a Dios. Después de eso, pues es muy justo que un cristiano condenado sufra infinitamente más que un infiel en el Infierno, porque las gracias, los medios para salvarse eran infinitamente más grandes. Para hacernos sentir, hijos míos, la necesidad de aprovechar las gracias que recibimos en nuestra Santa Religión, quisiera destacar que un cristiano condenado será más atormentado que un Infiel. Para darles a entender, hijos míos, la magnitud de los tormentos que están reservados a los malos cristianos, habría que ser Dios mismo, porque sólo el que le comprenda, y los condenados le sienten, puesto que Dios es infinito en sus castigos como en sus recompensas. 

               Cuando el buen Dios me daría el poder de arrastrar aquí, en mi lugar, un infame Judas que ha cometido un horrible Sacrilegio en comulgar indignamente y vendiendo a su divino Maestro, lo que hacen tan a menudo los malos cristianos por sus confesiones y sus comuniones indignas, su solo grito sería decirme: ¡Oh! ¡yo sufro! ¡Lenguaje triste que no puede expresar ni la grandeza, ni la magnitud de sus sufrimientos! ¡Oh Infierno de los cristianos, que serás terrible! Ya que Jesucristo parece agotar su potencia, su cólera y su furor para hacer sufrir a estos malos cristianos. ¡Oh mi Dios, cómo podemos pensar bien en eso, y sentirse de este número, y vivir tranquilo! Mi Dios, ¿qué desgracia es comparable al de estos cristianos! - pero, dígaseme, según esto parecería que hay varios infiernos. - ¡Pues bien! hijos míos, yo, les diré que, si los sufrimientos y los tormentos de los condenados fueran los mismos, Dios no sería justo.

               Digo además, que hay tantos infiernos como condenados, y que sus sufrimientos son grandes en proporción de la magnitud y del número de los pecados que cometieron y gracias que despreciaron. Dios, que es todopoderoso, nos hace sensibles a nuestra desgracia en proporción del mal que hicimos. Hay de los condenados como los Santos. Éstos son totalmente felices, es verdad; sin embargo, hay unos que son más elevados en gloria, y esto, según las penitencias y otras buenas obras que hicieron durante su vida. Lo mismo ocurre con los condenados: son totalmente desgraciados, totalmente privados de la vista de Dios, lo que es la más grande de todas las desgracias; porque si un condenado tuviera la felicidad de ver al buen Dios, una vez cada mil años, y esto durante cinco minutos, su Infierno dejaría de ser un Infierno. Sí, hijos míos, el buen Dios nos hará sensibles a esta privación y a otros tormentos, según el número, el tamaño y la malicia de los pecados que hayamos cometido. Díganme, hijos míos, ¿podemos oír, sin estremecernos, el lenguaje de estos impíos que les dicen que les gusta ser condenados tanto por mucho como por poco?




miércoles, 9 de octubre de 2024

PREFIERO MORIR AMÁNDOTE. Meditaciones del Santo Cura de Ars

  



              
               San Juan María Vianney nació en Dardilly, cerca de Lyon, el 8 de Mayo de 1786. Muy joven todavía aprovechaba del trabajo de los campos o de la guarda de las ovejas para pasar largas horas en el recogimiento y la oración. Gustaba reunir junto a sí a los niños de su edad y les enseñaba a amar a Dios y a rezar el rosario. Deseando ser sacerdote, fue conducido al cura de Ecully para que le enseñara el latín. Pero como encontraba grandes dificultades en el estudio, marchó en peregrinación a pedir a San Francisco Regis, en Louvesc, la gracia de aprender lo suficiente para ser sacerdote. 

               Fue ordenado Sacerdote en 1815 y nombrado Vicario de Ecully. Permaneció allí unos tres años viviendo en medio de una gran austeridad. Luego fue nombrado párroco de Ars donde encontró a unos vecinos poco cristianos a los que pronto convirtió, tanto por su caridad y penitencias heroicas, como por su predicación. El Demonio, envidioso de semejante resultado, le persiguió de mil maneras. Pronto acudieron de todas partes a su confesonario muchedumbres de gentes que venían a buscar junto a él la luz de la gracia de la conversión. Acabado por las fatigas murió el 4 de Agosto de 1859 a la edad de 73 años. 

               El Papa San Pío X le beatificó en 1905 y le nombró Patrono de todos los Sacerdotes de Francia que tienen el cuidado de las almas; el Papa Pío XI le canonizó el 31 de Mayo de 1925, por lo que el próximo año, celebraremos el Centenario de su elevación a los altares.