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jueves, 22 de octubre de 2020

LA RESURRECCIÓN Y ASCENSIÓN DE LA IGLESIA

 



"Así como los impíos no prevalecieron contra Cristo, aun cuando lo amarraron con cuerdas, lo arrastraron al juicio, le vendaron los ojos, se burlaron de Él como un rey falso, lo hirieron en la cabeza como un falso Profeta, le arrastraron, y lo crucificaron, y en el ejercicio de su poder parecían tener un dominio absoluto sobre Él, de modo que Él cayó en tierra y casi fue aniquilado bajo sus pies; y como en el mismo tiempo en que estaba muerto y sepultado fuera de sus ojos, fue conquistador de todos, resucitó al tercer día y ascendió al Cielo, y fue coronado, glorificado e investido con Su Realeza, y reina, Rey de reyes y Señor de señores, así será con Su Iglesia: aunque por un tiempo perseguida y, a los ojos del hombre, derrocada y pisoteada, destronada, despojada, burlada y aplastada, incluso en ese gran tiempo de triunfo las puertas del infierno no prevalecerán. En la Iglesia de Dios hay una Resurrección y una Ascensión, una Realeza y un Dominio, una recompensa de Gloria por todo lo que ha soportado".


Cardenal Henry Edward Manning




sábado, 28 de septiembre de 2019

LA VIRGEN NUESTRA MADRE LLEVABA EN SÍ MISMA LA ALEGRÍA INFINITA


               Sabemos que la Virgen no se quejaba de la pobreza y escasez que encuentra en Belén. A Su Niño y a Su Dios, tiene que ponerle en pesebre y no limpio, por no haber otra cosa más digna. La Virgen no se queja ni impacienta cuando inesperadamente tiene que ir a Egipto o volver de allí, encontrando quizá ya ocupada Su casita de Nazaret. 





               No se impacienta en los contratiempos de Su vida ordinaria ni aun al ver a Su Hijo en la Cruz, aunque traspasada de dolor. Todo lo recibe venido de la mano de Dios, pues en todo ve la Providencia de Dios y al mismo Dios y todo lo ofrece a Él. Su amor era Su sabiduría y Su maestro; la enseñaba a convertirlo todo en gozo y en cántico de alabanza a Dios sin sentimientos de envidia hacia nadie ni por su posición, ni por el desahogo de su vida en sus bienes terrenos, ni por cosa alguna de tierra que pueda codiciar el corazón. Era la Esclava de Dios y de los hombres por amor a Dios. 

               Sabemos que Su Corazón estaba radiante de gozo. Nos lo dijo Ella misma en las pocas palabras con que saludó a Su prima Isabel "Mi espíritu salta de gozo en Dios mi Salvador". Llevaba en Sí misma, en Sus benditas entrañas al que es la Alegría infinita. El gozo sobrenatural de María era el cántico que continuamente resonaba en Su Corazón, porque todo era de Dios. 

               La Virgen María, Nuestra Santa Madre, era pobre y sin nada y no se quejaba; pero era rica porque tenía a Dios en Sus brazos y en Su Corazón; en todo miraba a Dios y en todo encontraba a Dios, que vive en Ella en Amor altísimo en Su Corazón y esto le basta mientras permanezca en el destierro de este mundo.

Padre Valentín de San José, carmelita descalzo, eremita
 en el Santo Desierto de San José de las Batuecas




sábado, 21 de septiembre de 2019

LA VIRGEN NUESTRA MADRE EN TODO VEÍA Y VIVÍA A DIOS...


               Sabemos que la Virgen fue Santísima, sí, pero la sencilla mujer de un pobre trabajador artesano. Toda humana, toda Santísima y por Santísima elegida para Madre de Jesús. Dios se encarnó en Ella.

               No la impidieron los sencillos, pobres y ordinarios quehaceres de su casita, también pobre, como no la habían impedido antes los trabajos duros de la limpieza del Templo, ser el alma más fiel, el alma más atenta a Dios, el alma pronta a cumplir con todo detalle la Voluntad de Dios y cumplirla con el mayor amor. La Virgen, en Su vida ordinaria y en su trabajo, fue el alma que más ha amado en la tierra y que más perfecta y efectivamente le ha estado ofrecida, y el alma que más ha amado a los hombres.




               La Virgen limpiaba Su casa, iba a por agua a la fuente de Nazaret, hacía Su comida para San José y para Jesús, buscaba la leña para el fuego, amasaba el pan casero en el horno doméstico y molía el trigo rudimentariamente. No podía quedar mucho tiempo libre a la Virgen, y el que le quedaba no lo empleaba en vagar.

               La Virgen no tenía criada. Las criadas son para ricos y ansiosos en comodidad, y la Virgen era pobre y trabajadora. No bajaban los Ángeles a servirla ni aun a ayudarla visiblemente en Sus quehaceres. La Virgen vivía lo sublime de la realidad de la vida con toda su dureza e ingratitud, pero con toda la virtud y amor de Dios, y sobrenauralizaba los trabajos y santificaba las ocupaciones. La Virgen era la criada de sí misma y la criada de Jesús y de San José. La criada siempre contenta, siempre amable y dulcísima, siempre abnegada y caritativa. La Virgen en Su cotidiano trabajo fue Santísima y la llena de gracia y virtudes.

               La Virgen fue alma de oración íntima, profundísima, constante; apartada de todo lo mundano y de todo lo social, estaba sumergida en Dios en silencio profundo de amor. Pero la Virgen se santificaba, con una maravillosa y altísima presencia de Dios y atentísima oración, en Sus continuas ocupaciones y en Sus trabajos humildes de fregar, coser, limpiar, hilar... Todo estaba a cargo de la Virgen; en todo procuraba el contento y el bienestar de San José y de Jesús. En todo veía y vivía a Dios.

               No leemos en el Santo Evangelio que la Virgen hiciera milagros. Sus milagros eran la sobrenaturalización de Sus trabajos. No leemos que anduviera recorriendo naciones ni visitando monumentos artísticos. Vivía recogida; aún después de la Ascensión de Jesús a los Cielos, a pesar de las magníficas cualidades y dones de la naturaleza con que Dios la había dotado, no la vemos ejerciendo el apostolado externo entre las gentes y en las naciones. Continuaba siendo la cocinera y criada de San Juan Evangelista. Y llegó a ser, por Sus virtudes, por Su oración, por Su amor a Dios y a las almas la Reina de los Apóstoles, sin dejar Su trabajo. ¿Cómo lo haría, con qué amor realizaría cada una de Sus obras? ¿Con qué amor y con qué sencillez y reverencia trataría con los hombres? La Virgen en todo miraba y veía a Dios...



lunes, 17 de diciembre de 2018

LA NAVIDAD en el BENDITO PURGATORIO


Una breve Meditación sobre la caridad de rezar
 por las Almas del Purgatorio 
en la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo


                En estos días cercanos a la Navidad muchos andan realmente ocupados: compran regalos, preparan banquetes, adornan la casa, viven como un frenesí de felicidad... falsa felicidad, porque olvidan el origen de esta Festividad: el Nacimiento de Cristo Nuestro Redentor.

               Tal vez encontremos católicos que sí se toman estos días como lo que son, de gozo espiritual, de alegría cristiana, de esperanza en que una vez más, vemos en pañales y en la pobreza a Aquél que un día volverá como Juez; por eso nos enternece que Dios se ha hecho hombre, de nuestra misma condición y Su Testimonio, como el de la Virgen y San José, es el mayor ejemplo de amor a la Pobreza, de ser humildes hasta el punto de guarecerse en una gruta destinada al ganado.

               Y si seguimos contemplando este Misterio del inicio de nuestra Redención, pronto nos vendrán a la mente aquellos que un día compartieron la Navidad con nosotros y hoy, ya no están en este mundo... nuestros padres, abuelos, hermanos, amigos... Que ese recuerdo por nuestros Difuntos no sea un mero sentimiento fugaz de pesar o angustia, sino un momento de oración sincera, de súplica que brote del corazón, para rogar a Dios y a la Virgen María que les ayuden a alcanzar el Cielo. Y es que pocas veces pensamos en las realidades eternas, aquellas mismas que nacen de la Misericordia de Dios, como lo es el Bendito Purgatorio, también llamado Cárcel de Amor.




                La Fe Católica nos enseña que así como los Ángeles fueron creados como espíritus puros, y por eso están en presencia de Dios, en un continuo acto de adoración, el hombre fue creado originalmente puro en cuerpo y alma, pero cayó por el pecado de nuestros padres Adán y Eva. Desde allí hasta ahora el hombre nace con el pecado original manchando su alma, y tiene su vida, gracia divina, para elegir el camino estrecho que conduce al Creador o la amplia calle para perderse eternamente. Sólo las almas puras pueden estar en Presencia de Dios, en el Cielo, como lo están los Ángeles ("Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios" Evangelio de San Mateo, cap. 5)

               El Bendito Purgatorio es pues una ayuda que Dios nos regala para completar lo que no hicimos en nuestra vida en la tierra, purgando los pecados y falta de amor en que incurrimos, así como para purificar nuestro afecto al pecado.

                Las Almas retenidas en el Purgatorio nos tienen a nosotros, sus Hermanos en la Fe, a quienes acudir para ser socorridas en el trance de sus sufrimientos purificativos; buscan que tengamos presente su existencia, su dolor y también su alegría de ser almas que ya están salvadas. Cuando un familiar nuestro fallece, debe ser motivo de inmensa alegría pensar que el alma está en el Purgatorio, que se ha salvado. Pero también, y mucho más importante aún, es la necesidad urgente y apremiante de orar e implorar a Dios por esta alma, para que sea liberada del Purgatorio lo antes posible.

                 Toma unos minutos y plantéate: ¿Cuántos de nuestros familiares habrán ido al Purgatorio?, ¿hacemos algo para liberarlos?, ¿rezamos por sus almas?, ¿ofrecemos Misas por su salvación en el Paraíso?

               ¿Y cómo podemos ayudar a las Almas del Purgatorio?. La forma más efectiva es ofrecer y escuchar Misas por Ellas, el Cuerpo Santísimo de Cristo, Su Preciosísima Sangre, que se inmola y derrama cada día en nuestros Altares, es el modo más poderoso de liberarlas por anticipado.

               "...cuando queramos liberar a nuestros seres queridos que están en el Purgatorio... ofrezcamos al Padre, por medio del Santo Sacrificio de la Misa, a Su Hijo Dilecto, junto con todos los méritos de Su Pasión y Muerte, así no podrá rechazarnos nada." San Juan María Vianney

               También es muy efectiva la oración por ellas del Santo Rosario de la Virgen  o repetir la oración de Santa Gertrudis. Sea nuestra caridad acordarnos cada día de las Almas del Purgatorio, conversar interiormente con Ellas, pedir a Dios repetidas veces su liberación... Cuando se pasa cerca de un cementerio, hagamos sobre nosotros la señal de la Cruz y no dejemos de saludarlas y pedir a Dios por Ellas. Difundir la importancia de reconocer y ayudar a las Benditas Almas, reducir la enorme ignorancia que existe sobre tan fundamental tema, es también un modo poderoso de socorrerlas.




                Toda ocasión es buena, como lo son también los pequeños sacrificios corporales que suframos y que podemos ofrecer a Dios a cambio del alivio de las Almas del Purgatorio; también es más que recomendable soportar las contradicciones, humillaciones o cualquier agravio hacia nuestra persona: ofrécelo todo por la pronta liberación de aquellas Almas que sufren en el Purgatorio por la soberbia que derrocharon en este mundo. 

                San Alfonso María Ligorio decía que "aunque las Santas Almas del Purgatorio no pueden ya lograr méritos para sí mismas, pueden obtener para nosotros grandes gracias." No son, formalmente hablando, intercesores, como lo son los Santos, pero a través de la dulce Providencia de Dios, pueden obtener para nosotros asombrosos favores, espirituales y materiales así como defendernos de los peligros que nos puedan acechar. Santa Catalina de Bolonia, hablando sobre la intercesión del Purgatorio aseguraba: “He recibido muchos y grandes favores de los Santos, pero mucho más grandes de las Santas Almas del Purgatorio”.

            No son pocos los Místicos que afirman que en días señalados por la Fe, como el día de Pascua de Resurrección o en la Fiesta de la Navidad, las puertas del Purgatorio se abren de manera especial para liberar a multitud de Almas, al igual que Nuestro Señor mandó abrir la puerta del sepulcro de su difunto amigo Lázaro; no desaprovechemos estos días para incrementar nuestras oraciones por nuestras Hermanas del Purgatorio y conseguir  así, en la Patria Eterna, una legión de santos amigos a los que nos uniremos en alabanza a Dios.