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jueves, 19 de septiembre de 2019

EL SECRETO CONFIADO POR NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE a Melanie Calvat (Texto completo)


               Movidos por presiones del Arzobispo de Lyon, Melanie Calvat y Maximino Giraud, videntes de Nuestra Señora de La Salette, escribieron en Julio de 1851 y por separado, el Secreto que la Virgen había confiado a cada uno; lo hicieron con el engaño del Arzobispo, que les aseguró "que era un mandato del Papa Pío IX", desatendiendo así el pedido de la Virgen que había advertido que se revelase sólo a partir de 1958; tal vez por ese motivo Melanie no plasmó entonces en la carta la totalidad del contenido del Secreto. 

              Ambos escritos fueron guardados en un sobre, lacrado y firmado por dos testigos y en teoría, enviados a Roma; nada claro hay sobre si Pío IX los leyó, ya que existen relatos contradictorios, pero lo cierto es que Melanie Calvat, la principal portadora del Secreto de La Salette, volvió a escribir al Papa para revelarle más detalles: lo hizo en 1958, desde el Carmelo de Darlington en Inglaterra, donde la habían exiliado para apartarla de su influencia entre los devotos de La Salette que no apoyaban al entonces emperador Napoleón III. Tampoco se supo nunca de aquella misiva. A partir de ahí, Melania, obediente al mandato de Nuestra Señora,  trataría de dar a conocer el Secreto por todos los medios posibles.


              El Obispo de Lecce, Salvatore Luigi Zola, con fama de Santo, era protector y confesor de Melanie cuando dio su autorización en 1879, para que Melanie redactase la historia de lo acontecido en la Aparición de La Salette así como el Secreto confiado por la Virgen. El libro es atacado por la masonería, infiltrada en el clero y episcopado francés, y Roma termina poniéndolo en el Índice de libros prohibidos.


               Pese a que en los últimos años se ha aireado el "descubrimiento casi milagroso" de aquella primera carta que Melanie envió al Pío IX, y en donde no se citan muchos de los acontecimientos y profecías que la vidente sí incluiría en la segunda versión, insistimos en que en el momento de aquella primera redacción, Melanie sabía que incumplía con lo pedido por Nuestra Señora, que le autorizaba a hablar del Secreto doce años más tarde de la Aparición; Melanie, lejos de la imagen de mujer inconstante que han tratado de tejer en torno a ella, fue una valiente defensora del espíritu inicial de La Salette y hasta el último día mantuvo la integridad de su testimonio. Aquella primera redacción, la realizó Melania por los engaños del Arzobispo de Lyon, colaborador del régimen francés, por lo que años después, consciente de la farsa, la vidente volvió a redactarlo bajo la protección de su amigo Monseñor Zola, que autorizó su publicación. 





               Precisamente por haber redactado el Secreto de La Salette en calma, bajo la dirección y protección de un Obispo, no es decente pensar que Melania era una fabuladora o que la movían intereses de otro tipo, pues si por algo se caracterizó su vida fue por la pobreza y la sencillez, impulsada sólo por su afán de cumplir con el mandato de Nuestra Señora.


EL SECRETO DE LA SALETTE
Última redacción hecha por la vidente Melanie Calvat
Autorizada por el Obispo de Lecce, Mons. Zola en 1879




                      Melania: Esto que yo te voy a decir ahora no será siempre secreto; puedes publicarlo en 1858. 


              Los Sacerdotes, Ministros de mi Hijo, los Sacerdotes, por su mala vida, por sus irreverencias e impiedad al celebrar los Santos Misterios por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza, sí, los Sacerdotes piden venganza y la venganza pende de sus cabezas. Ay de los sacerdotes y personas consagradas a Dios que por sus infidelidades y mala vida crucifican de nuevo a Mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al Cielo y piden venganza, y he aquí que la venganza está a las puertas, pues ya no se encuentra nadie que implore misericordia y perdón para el Pueblo; ya no hay almas generosas ni persona digna de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno a favor del mundo. 

               Dios va a castigar de una manera sin precedentes. ¡Ay de los habitantes de la Tierra!. Dios va a derramar Su cólera y nadie podrá sustraerse a tantos males juntos. 

              Los jefes, los conductores del Pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la antigua serpiente poner divisiones entre los soberanos, en todas las sociedades y en todas las familias. Se sufrirán penas físicas y morales. Dios abandonará a los hombres a sí mismos y enviará castigos que se sucederán durante más de 35 años. 

               La Sociedad está en vísperas de las más terribles calamidades y los más grandes acontecimientos. Se verá obligada a ser gobernada por una vara de hierro y a beber el cáliz de la Cólera de Dios. 

               Que el Vicario de Mi Hijo, el soberano Pontífice Pío IX, no salga ya de Roma después del año de 1859; pero que sea firme y generoso; que combata con las armas de la fe y del amor. Yo estaré con él. 

               Que desconfíe de Napoleón, su corazón es doble, y cuando quiera ser a la vez Papa y Emperador, muy pronto se retirará Dios de él. Es esa águila que queriendo siempre elevarse, caerá sobre la espada de la cual quería servirse para obligar a los pueblos a ensalzarlo. 

               Italia será castigada por su ambición de querer sacudir el yugo del Señor de los Señores; también será entregada a la guerra. La sangre correrá por todas partes. Las Iglesias serán cerradas o profanadas. Los Sacerdotes y religiosos serán perseguidos; se les hará morir, y morir con una muerte cruel. Muchos abandonarán la Fe y el número de Sacerdotes y religiosos que se separarán de la Verdadera Religión será grande; entre estas personas se encontrarán incluso Obispos. 

               Que el Papa se ponga en guardia contra los obradores de milagros, pues ha llegado el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar en la tierra y en los aires.  

               En el año de 1864 Lucifer, con gran número de demonios, serán desatados del Infierno. Abolirán la Fe poco a poco, aún entre las personas consagradas a Dios; las cegarán de tal manera que, a menos de una gracia particular, esas personas tomarán el espíritu de sus malos ángeles: muchas casas religiosas perderán completamente la Fe y perderán a muchísimas almas

               Los libros malos abundarán en la Tierra y los espíritus de las tinieblas extenderán por todas partes un relajamiento universal en todo lo relativo al servicio de Dios y obtendrán un poder extraordinario sobre la naturaleza: habrá Iglesias para servir a esos espíritus. Habrá por todas partes prodigios extraordinarios, porque la Verdadera Fe se ha extinguido y la falsa luz alumbra al mundo. Ay de los Príncipes de la Iglesia que se hayan dedicado únicamente a amontonar riquezas sobre riquezas, poner en salvo su autoridad y a dominar con orgullo!. 

               El Vicario de Mi Hijo tendrá mucho que sufrir, porque por un tiempo la Iglesia será entregada a grandes persecuciones. Esta será la hora de las tinieblas. La Iglesia tendrá una crisis espantosa

               Dado el olvido de la Santa Fe en Dioscada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. Se abolirán los poderes civiles y eclesiásticos; todo orden y toda justicia serán pisoteados; no se verán más que homicidios, odio, envidia, mentira y discordia sin amor por la patria y por la familia. 

               El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio. Los malvados atentarán muchas veces contra su vida, sin poder poner fin a sus días; pero ni él ni su sucesor verán el Triunfo de la Iglesia de Dios. 

               Los gobernantes civiles tendrán todos un mismo plan, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso, para dar lugar al materialismo, al ateísmo, al espiritismo y a toda clase de vicios. 
  
               En el año de 1865 se verá la abominación en lugares santos, en los conventos, las flores de la Iglesia estarán corrompidas y el demonio será como el rey de los corazones. Que los que estén al frente de las comunidades religiosas vigilen a las personas que han de recibir, porque el demonio usará toda su malicia para introducir en las órdenes religiosas a personas entregadas al pecado, pues los desórdenes y el amor de los placeres carnales se extenderán por toda la Tierra. 

               Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá por las calles; el francés luchará contra el francés, el italiano contra el italiano; enseguida habrá una guerra universal que será espantosa. Por algún tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, porque el Evangelio de Cristo no es ya conocido. Los malvados desplegarán toda su malicia, se matarán, se asesinarán mutuamente aún dentro de las casas. 




               Al primer golpe de su espada fulminante las montañas y la naturaleza temblarán de espanto, porque los desórdenes y los crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los Cielos. París será quemado y Marsella engullida. Varias grandes ciudades serán sacudidas y engullidas por terremotos. Se creerá que todo está perdido. No se verán más que homicidios, no se verá más que ruido de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho; sus oraciones, su penitencia y sus lágrimas subirán hasta el Cielo y todo el Pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia e implorarán Mi ayuda y mi intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de Justicia y de Su Gran Misericordia con los justos, mandará a sus Ángeles que mueran todos sus enemigos. 

               De golpe los perseguidores de la Iglesia de Cristo y todos los hombres dados al pecado perecerán y la Tierra quedará como un desierto. Entonces será la Paz, la reconciliación de Dios con los hombres; Jesucristo será servido, adorado y glorificado; la caridad florecerá en todas partes. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado por todas partes y los hombres harán grandes progresos en la Fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo, y los hombres vivirán en el Temor de Dios.

               Esta paz entre los hombres no será larga: 25 años de abundantes cosechas harán olvidar que los pecados de los hombres son la causa de todos los males que suceden en la Tierra. 

              Un precursor del Anticristo, con sus tropas de muchas naciones, combatirá contra el verdadero Cristo, el único Salvador del mundo; derramará mucha sangre y pretenderá aniquilar el culto a Dios para ser tenido como un Dios. 

               La Tierra será castigada con todo género de plagas; habrá guerras, hasta la última que harán los diez reyes del Anticristo, los cuales tendrán todos un mismo plan, y serán los únicos que gobernarán al mundo. Antes que eso suceda, habrá una especie de falsa paz en el mundo; no se pensará más que en divertirse; los malvados se entregarán a toda clase de pecados; pero los hijos de la Santa Iglesia; los hijos de la Fe, Mis verdaderos imitadores, creerán en el Amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas. Dichosas las almas humildes guiadas por el Espíritu Santo!. Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud de la edad. 

               La naturaleza clama venganza contra los hombres y tiembla de espanto en espera de lo que debe suceder en la Tierra encharcada de crímenes, temblad, Tierra y vosotros que hacéis profesión de servir a Jesucristo y que interiormente adoráis a vosotros mismos, temblad; pues Dios va a entregarlos a sus enemigos, porque los lugares santos están en la corrupción; muchos conventos no son ya casa de Dios, sino pastizales de Asmodeo. 

               Durante este tiempo nacerá el Anticristo, de una religiosa hebrea, de una falsa Virgen, que tendrá comunicación con la antigua serpiente, maestra de impureza. Su padre será Obispo. Al nacer vomitará blasfemias, tendrá dientes; en una palabra, será el demonio encarnado, lanzará gritos espantosos, hará prodigios y no se alimentará sino de impurezas. Tendrá hermanos, que aunque no sean como él, demonios encarnados, serán hijos del mal; a la edad de 12 años llamará la atención por las ruidosas victorias que alcanzarán. Bien pronto estará cada uno en la cabeza de los ejércitos, asistidos por las legiones del infierno. 

              Se cambiarán las estaciones. La Tierra no producirá mas que malos frutos. Los astros perderán sus movimientos regulares. La luna no reflejará más que una débil luz rojiza. El agua y el fuego causarán en el globo terrestre movimientos convulsivos y horribles terremotos que tragarán montañas, ciudades, etc. 

               Roma perderá la Fe y se convertirá en la sede del Anticristo

               Los demonios del aire, con el Anticristo, harán grandes prodigios en la Tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán más y más. Dios cuidará de sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad. El Evangelio será predicado por todas partes. Todos los pueblos y todas las naciones conocerán la verdad. 

               Yo dirijo una apremiante llamada a la Tierra; llamo a los verdaderos Discípulos del Dios que Vive y Reina en los Cielos; llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho Hombre, el único y verdadero salvador de los hombres; llamo a Mis hijos, a Mis verdaderos devotos, a los que se Me han consagrado a fin de que los conduzca a Mi Divino Hijo, los que llevo, por decirlo así, en Mis brazos, los que han vivido de Mi espíritu; finalmente, llamo a los Apóstoles de los Últimos Tiempos, los fieles Discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo.

               Ya es hora que salgan y vengan a iluminar la Tierra. Id y mostraos como Mis hijos queridos, Yo estoy con vosotros y en vosotros, con tal que vuestra Fe sea luz que os ilumine en esos días de infortunio. Que vuestro celo os haga hambrientos de la Gloria de Dios y de la Honra de Jesucristo. Pelead, Hijos de la Luz, vosotros, pequeño número que ahí veis; pues he aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines.

               La Iglesia será eclipsada, el mundo quedará consternado. Pero he ahí a Enoc y Elías llenos del espíritu de Dios; predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas; harán grandes prodigios por la virtud del Espíritu Santo y condenarán los errores diabólicos del anticristo. 

               Ay de los habitantes de la Tierra!. Habrá guerras sangrientas y hambres, pestes y enfermedades contagiosas; habrá lluvias de un granizo espantoso para los animales; tempestades que arruinarán ciudades; terremotos que engullirán países; se oirán voces en el aire; los hombres se golpearán la cabeza contra los muros; llamarán a la muerte, y, por otra parte, la muerte será su suplicio. Correrá la sangre por todas partes ¿quién podrá resistir si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y oraciones de los justos Dios se dejará aplacar. Enoc y Elías serán muertos. Roma pagana desaparecerá; caerá fuego del Cielo y consumirá tres ciudades; el Universo entero estará preso del terror, y muchos se dejarán seducir por no haber adorado al Verdadero Cristo, que vivía entre ellos. Ha llegado el tiempo; El sol se oscurece; sólo la Fe vivirá.

               He aquí el tiempo: el abismo se abre. He aquí el rey de los reyes de las tinieblas. He aquí la Bestia con sus súbditos, llamándose el Salvador del Mundo. Se retomará con orgullo por los aires para subir hasta el Cielo; será sofocado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá, y la Tierra, que llevará tres días en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego; será hundido para siempre, con todos los suyos, en los abismos eternos del infierno. 

               Entonces el agua y el fuego purificarán y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado: Dios será servido y glorificado”.



miércoles, 4 de septiembre de 2019

LA APOSTASÍA ACTUAL. Parte 1 EL SEDEVACANTISMO

     
           El Sedevacantismo es la posición de los Católicos que rehúsan reconocer a Jorge Mario Bergoglio como verdadero Papa. Los Católicos sedevacantistas afirman que la Sede de Pedro está vacante en razón de la Apostasía de la Fe Católica por parte de la "Jerarquía" oficial a partir de la promulgación, en 1965, de los documentos del "Concilio Vaticano II".

         El razonamiento sedevacantista es sencillo y los hechos en que se funda son constatables empíricamente; al comparar las enseñanzas de la Iglesia Católica antes y después del Concilio Vaticano II, nos damos cuenta de que hay un cambio sustancial en la Doctrina. El trilema revolucionario se hizo presente en Roma: “libertad, igualdad y fraternidad”: libertad religiosa (Dignitatis humanae), la Colegialidad (Lumen Gentium) que “iguala” el Episcopado al Papado, y el ecumenismo, que iguala todas las religiones (Nostra aetate).

         Pero la Iglesia Católica no puede sufrir un cambio sustancial en su enseñanza, pues goza de una asistencia especial del Espíritu Santo que la vuelve Infalible en cuestiones de Fe y Moral y, por la tanto, indefectible, o sea, la Iglesia permanecerá la misma en sus constitutivos esenciales hasta el Fin del Mundo. 




         Dicho sea de paso, la Infalibilidad e indefectibilidad de la Iglesia son Verdades de Fe, es decir nadie puede negar estas prerrogativas sin dejar, por el mismo hecho, de ser católico. 

         Por tanto, la única conclusión válida es que la “Jerarquía" responsable de la ruptura doctrinal en el "Concilio Vaticano II" carece de toda Autoridad eclesiástica; esto aplicado al Papado significa simplemente que no hay Papa, o sea, que la Sede de Pedro está Vacante. De aquí el nombre "sedevacantismo". 


¿Cómo se explica que la Sede de Pedro
 esté vacante por tanto tiempo?

         Si bien el Concilio Vaticano II dio origen a una nueva religión, no constituyó, jurídicamente hablando, una nueva Iglesia. La facultad para designar al Papa todavía se encuentra en los Cardenales. 

         La herejía, que es obstáculo a la Jurisdicción, o Autoridad eclesiástica, no es obstáculo al poder de designación, que es una facultad humana.

         Puesto que los Cardenales, responsables de designar al Papa, se adhieren también a las enseñanzas del Vaticano II, la vacancia de la Sede se prolongará hasta tanto esta situación no cambie, o sea, hasta la elección de un candidato capaz de recibir Autoridad. 

         Para lo cual, uno o más Cardenales deberían volver a la Fe de siempre... difícil, pero recordemos que lo que es imposible para los hombres, es fácil para Dios. 


¿Por qué permite Dios esta situación?

         El principio general es válido: Dios permite los males para sacar de ellos mayores bienes. La Sagrada Escritura habla de una Apostasía general, la defección del Occidente Cristiano, lo cual será ocasión para la conversión del pueblo judío.

         No olvidemos que el rechazo de Cristo por parte de los hebreos devino en ocasión de la conversión de las naciones gentiles. 

         Según los ojos de la Fe, vivir estos tiempos es un privilegio para los verdaderos Católicos. 

(Continuará...)



sábado, 29 de junio de 2019

SAN PEDRO Y SAN PABLO, Apóstoles y Mártires, Columnas de la Iglesia




"Et ego dico tibi, quia tu es Petrus,
 et super hanc petram ædificabo Ecclesiam meam, 
et portæ inferi non prævalebunt adversus eam"

Evangelio de San Mateo, cap. 16, vers. 18


"...tenemos ante los ojos el camino 
por el que llegar a Cristo: la Iglesia.
Pues para eso la ha fundado Cristo, y la ha conquistado 
al precio de Su Sangre; y a Ella encomendó 
Su Doctrina y los preceptos de Sus Leyes, 
al tiempo que la enriquecía con 
los generosísimos dones de Su Divina Gracia 
para la santidad y la salvación de los hombres..."

E Supremi Apostolatus, Papa San Pío X, 4 de Octubre de 1903


              San Pedro y San Pablo están unidos por la Liturgia tanto en la celebración del día de su Martirio, el 29 de Junio, como en la celebración de la Consagración de sus Basílicas, el 18 de Noviembre. Para eso son dos columnas de la Iglesia estos Apóstoles, dispares en el origen y en el modo de cumplir su común mandato, pero unidos en idéntico testimonio martirial en la misma persecución. La Festividad de hoy recuerda a todos los cristianos en el mundo que la Fe Católica se fundamenta en la predicación fiel del Evangelio de Cristo Nuestro Señor y en la sangre bendita de los primeros discípulo que supieron ser leales hasta el Martirio.


LA SANTA IGLESIA CATÓLICA,
 SOCIEDAD PERFECTA

                "Por lo cual lamentamos y reprobamos asimismo el funesto error de los que sueñan con una Iglesia ideal, a manera de sociedad alimentada y formada por la caridad, a la que —no sin desdén— oponen otra que llaman jurídica. Pero se engañan al introducir semejante distinción; pues no entienden que el Divino Redentor por este mismo motivo quiso que la Comunidad por Él fundada fuera una Sociedad perfecta en su género y dotada de todos los elementos jurídicos y sociales: para perpetuar en este mundo la Obra Divina de la Redención.

               Y para lograr este mismo fin, procuró que estuviera enriquecida con celestiales dones y gracias por el Espíritu Paráclito. El Eterno Padre la quiso, ciertamente, como Reino del Hijo de su Amor; pero un verdadero Reino, en el que todos sus fieles le rindiesen pleno homenaje de su entendimiento y voluntad, y con ánimo humilde y obediente se asemejasen a Aquél que por nosotros se hizo obediente hasta la muerte.




               No puede haber, por consiguiente, ninguna verdadera oposición o pugna entre la misión invisible del Espíritu Santo y el oficio jurídico que los Pastores y Doctores han recibido de Cristo; pues estas dos realidades —como en nosotros el cuerpo y el alma— se completan y perfeccionan mutuamente y proceden del mismo Salvador nuestro, quien no sólo dijo al infundir el soplo divino: Recibid el Espíritu Santo, sino también imperó con expresión clara: Como me envió el Padre, así os envío Yo; y asimismo: El que a vosotros oye, a Mí me oye.

               Y si en la Iglesia se descubre algo que arguye la debilidad de nuestra condición humana, ello no debe atribuirse a su constitución jurídica, sino más bien a la deplorable inclinación de los individuos al mal; inclinación, que su Divino Fundador permite aun en los más altos miembros del Cuerpo Místico, para que se pruebe la virtud de las ovejas y de los Pastores y para que en todos aumenten los méritos de la Fe Cristiana. Porque Cristo no quiso excluir a los pecadores de la sociedad por Él formada; si, por lo tanto, algunos miembros están aquejados de enfermedades espirituales, no por ello hay razón para disminuir nuestro amor a la Iglesia, sino más bien para aumentar nuestra compasión hacia sus miembros."


Papa Pío XII, Encíclica "Mystici Corporis Christi",  29 de Junio de 1943


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jueves, 25 de abril de 2019

LA DIGNIDAD DEL SACERDOCIO CATÓLICO


               San Ignacio, el Mártir, dice que el sacerdocio es la cumbre de todas las dignidades que puedan existir en este mundo. Y San Efrén subraya: "Es un milagro admirable la inconmensurable dignidad sacerdotal". Bartolomé Caneo escribe apoyándose en San Agustín:"Oh sacerdote de Dios. Si contemplas lo alto del Cielo, más elevado eres tú... si contemplas la sublimidad de los señores terrenos, más sublime eres tú; sólo eres inferior a tu Creador”.




El Padre Nkamuke, Misionero en Lagos

                San Crisóstomo, recordando las palabras de Jesús: "Quién los escucha a ustedes, me escucha a mí", escribe: "Quien honra al sacerdote, honra a Cristo y quien injuria al sacerdote a Cristo injuria". Los sacerdotes son los dispensadores de las gracias divinas, son colaboradores de Dios. Por eso declara San Máximo de Torino que el juicio del Cielo está sometido a la voluntad del sacerdote porque ”el señor obedece al siervo y todo lo que aquel indica aquí abajo, lo cumple aquel arriba", se atreve escribir San Juan Crisóstomo.

               Si bajase el Redentor mismo a Su Iglesia y se sentase en el confesionario para perdonar los pecados diría Jesús: "Yo te absuelvo", y si estuviese sentado un sacerdote en el confesionario al lado también diría: "Yo te absuelvo", y ambos penitentes serían perdonados de la misma manera. ¡Qué honor sería si el jefe de gobierno le diese a alguien el poder de sacar de la cárcel a quien quiera! Pero más grande es el privilegio y el poder que el Padre le ha dado a Cristo y Éste a los sacerdotes de liberar a las almas del poder del infierno como dice San Crisóstomo: "Todo juicio del Cielo les ha sido entregado".

                Por eso podemos comprender que San Ambrosio afirma sin dudar: "No hay en este mundo nada que sea más elevado." O para utilizar las palabras de San Bernardo: "A ustedes los sacerdotes el Señor los ha puesto por encima de reyes y emperadores, encima de los mismos Ángeles". Continúa diciendo San Pedro Damiani: "Los Ángeles están al lado de los que ellos guardan y esperan la palabra del sacerdote; ni uno de ellos tiene el poder de atar o desatar".

               Se cuenta una historia de los tiempos de San Francisco de Sales. Éste había ordenado sacerdote a un joven clérigo. El Santo había observado antes cómo llegando a la puerta el joven solía siempre pararse como quien cede el paso a alguien. Después de la ordenación vio que ya no cedía al paso. San Francisco le preguntó al joven sacerdote al respecto y éste le respondió: "Tengo el privilegio de ver continuamente a mi Ángel de la guarda. Este siempre caminaba a mi derecha y delante de mí. Pero después de mi ordenación sacerdotal el Ángel camina a mi izquierda y ya no quiere pasar delante de mí por la puerta". Algo similar enseña San Francisco de Asís: "Si veo al mismo tiempo a un Sacerdote y a un Ángel, saludaría primero al Sacerdote y luego al Ángel."



San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia