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viernes, 14 de junio de 2019

ANIVERSARIO DE SOR MÓNICA DE JESÚS, LA MÍSTICA DESCONOCIDA


               Su nacimiento tuvo lugar el 17 de Mayo del año 1889 en un pequeño pueblo de la Ribera de Navarra llamado Monteagudo, pequeño en habitantes -unos 1400- pero no en historia -su fundación parece remontarse a la época visigoda-, situado a la falda del Moncayo. Ese mismo día recibió el bautismo con el nombre de Basilia. Fue la tercera de los 10 hijos que tendrían sus padres, Eusebio Cornago y María Zapater.

               Basilia fue de niña muy normal, -la mamá solía decir que Basilia era la hija más guapa y salada que tenía-; bailaba muy bien la jota y otros bailes regionales. Aprendió a coser, a bordar; hacía punto (toquillas), labores de ganchillo y no se le daba nada mal la cocina. Era muy amiga de los animales y con predilección de los corderillos.




               Fue educada en una familia campesina de profundas raíces cristianas, de costumbres edificantes, de comportamiento cabal, sencillo, austero. A los cuatro años vio por primera vez a su ángel junto con el de una amiga. Basilia le pidió al suyo que le enseñara a amar mucho a Jesús. Sentía pasión por la Eucaristía. Se preparó intensamente a su Primera Comunión; ese primer encuentro con Jesús no lo olvidará nunca.

               A los 19 años pide su ingreso en el monasterio de Santa María Magdalena de Baeza, (Jaén) de Monjas Agustinas Recoletas, fundado a mediados del siglo XVI.

               El 6 de Enero de 1910 fue admitida a la Primera Profesión como Basilia de Santa Mónica. Se le llamará Sor Mónica.

               Bien proporcionada, más bien alta, de color agradable, morena y algo sonrosada. Ojos grandes y negros, de mirada profunda y dulce. Voz agradable. Su andar, muy natural aunque algo vivo. Gran personalidad. De temperamento alegre, simpático, muy equilibrado.

               “Su manera de ser inspiraba algo especial, sobre todo con la mirada, como si estuviera siempre en la presencia de Dios y es que de hecho estaba siempre en Él y con Él, aunque atendía muy bien y con toda servicialidad a cuantos acudíamos a ella” (Testimonio de una monja del Monasterio).

               La vida de Sor Mónica transcurre entre las labores propias del Monasterio a las que coopera conforme la obediencia y, sobre todo, el trato directo y espontáneo con Jesús, conformándose siempre a Su Voluntad, llenando las horas de vehementes y apasionados actos de amor a Dios, con confianza ciega en la Divina Providencia; contemplando y viviendo la Pasión de Cristo como cosa propia: “Así he aprendido a amarte más cada día, subiendo a la Cruz contigo y padeciendo por Ti”.

               El demonio le pone continuas asechanzas para apartarla del camino de la virtud. Sor Mónica lo vence, ayudada por la gracia divina, una y otra vez. Por encargo de su padre espiritual un día le pregunta: "¿Por qué me tratas así?, ¿qué te he hecho?"- A lo que el demonio responde: “¡Anda, maldita!, si no has hecho otra cosa que darme guerra desde que tienes uso de razón”. Escribe Sor Mónica: “Jesús me libra de sus garras”.

               “Era muy devota del Divino Corazón de Jesús en la Eucaristía -dice una hermana- del que estaba locamente enamorada; por eso sentía muchísimo los ultrajes, desprecios, pecados, faltas y ofensas que se le hacían, y, en cambio, se regocijaba cuando le hacíamos honores, o se enteraba de que se los hacían”.

              El Ángel, a quien llamaba Hermano Mayor, a lo largo de su vida le aconseja, alienta, reprende; le explica la Voluntad de Dios y las verdades de nuestra Fe; la urge a crecer en el amor de Dios y a mantenerse en Su Presencia; la estimula a amar a Jesús, a inmolarse por los pecadores y le ayuda en su conversión.

              Sor Mónica murió santamente el 14 de Junio de 1964, y dejó una promesa: “Desde el Cielo miraré mucho más por vosotros”.


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domingo, 24 de marzo de 2019

SAN GABRIEL ARCÁNGEL, Fortaleza de Dios

Según el Calendario Católico Tradicional celebramos hoy al Arcángel San Gabriel.


"Yo soy Gabriel, el que está en la presencia de Dios" 

(Evangelio de San Lucas, cap. 1, vers. 19)



          San Gabriel había sido ya enviado a Daniel para anunciarle la época en que el Cristo había de nacer; y a Zacarías, cuando estaba ofreciendo en el templo el incienso, para avisarle del nacimiento del Bautista Precursor del Mesías. "Sólo San Gabriel, cuyo nombre significa Fortaleza de Dios, fue hallado digno, entre todos los Ángeles, de anunciar a María el plan divino respecto a Ella", dice San Bernardo.

          San Gabriel se acerca con un santo respeto a la Virgen escogida desde toda la eternidad para ser en la tierra la madre de Aquél de quien Dios es Padre en el Cielo. La saluda con las palabras que le fueron dictadas por el Altísimo y que la Santa Iglesia gusta de repetir a menudo: "Dios te salve, llena de gracia; el Señor es contigo; bendita Tu eres entre todas las mujeres".

          Y como ve el Ángel que María se asombra de semejante salutación, explícale cómo ha venido a pedir su Fiat, para que se cumpla el Gran Misterio, que es la condición de la redención del humano linaje. "Yo soy Gabriel, el que estoy delante del Señor Dios, y que he venido a hablarte y a traerte esta feliz nueva".

          Pero María quiere permanecer siempre Virgen; y entonces el Ángel la ilustra acerca del Misterio, y le dice cómo ha de concebir por obra del Espíritu Santo, y que dará a luz un Hijo, al cual llamará Jesús, es decir, Salvador. Todo ello sin detrimento alguno del lirio virginal que ofreciera a Dios desde su más tierna infancia.




              María entonces obedece sin titubeo y con la más profunda humildad, diciendo: "He aquí la Esclava del Señor; hágase en Mí según tu palabra."

            Y en este momento se obró el más grande de todos los milagros, elevando Dios hasta Sí, en unión personal, al Fruto Bendito del seno de la Virgen. "Y el Verbo se hizo carne, habitando entre nosotros" ; se desposó con la humanidad, con nuestra pobreza, con nuestra nada, y en cambio de ellos nos dio su divinidad.






martes, 26 de febrero de 2019

LOS ÁNGELES CUSTODIOS en la vida del Padre Pío (Parte II)


Continuación del artículo con el mismo título publicado el pasado 19 de Febrero

                 Cuando estaba enfermo y no había nadie que le pudiera ayudar en un momento determinado, era su Ángel Custodio quien le hacía pequeños servicios. Uno de los compañeros del Padre Pío, el Padre Paolino cuenta al respecto: 




                Viviendo con el Padre Pío, llegué a tenerle cierta confianza. Cuando estaba enfermo, sudaba mucho y tenía necesidad de ayuda para cambiarse. Muchas veces yo estaba tan cansado que, apenas iba a la cama, me quedaba dormido.

               Un día le dije:

          -Si quieres que te ayude de noche, mándame tu Ángel para que despierte.

          -Está bien- respondió el Padre Pío

                Ese día a medianoche fui despertado bruscamente. Pensé de inmediato en el Padre Pío, pero me quedé dormido de nuevo.

                A la mañana siguiente, le dije que había sentido que me despertaban y de nuevo me había dormido. Le dije:

          -¿Para qué ha venido su Ángel a despertarme, si me ha dejado dormir otra vez? Si viene, que me despierte de modo que me levante.

               En la tarde de ese mismo día, le recordé lo mismo. En la noche me desperté y de nuevo me dormí.

               La tercera noche desperté de nuevo y me levanté corriendo para ir a la celda del Padre Pío. Le pregunté qué necesitaba y me respondió:

          -Estoy lleno de sudor y no puedo cambiarme solo.

               Las otras noches ¿quién lo cambiaba? Con seguridad su Ángel.

(Continuará...)



martes, 19 de febrero de 2019

LOS ÁNGELES CUSTODIOS en la vida del Padre Pío (Parte I)


                Como cada Martes, procura honrar a tu Ángel Custodio, aquél mismo que Dios dispuso para ti desde el vientre de tu madre; el mismo que te acompañó al altar cuando recibiste el Bautismo y lo sigue haciendo cuando te acercas a recibir la Sagrada Comunión. Sin embargo, en el día a día, con las obligaciones familiares y del trabajo...¡cuántas veces olvidamos su presencia!. 

                 Nuestro Ángel Custodio es un espíritu celestial, que pese a su inmaterialidad puede ayudarnos en los quehaceres cotidianos: a llevar el trabajo con la alegría de estar en la presencia de Dios, sabedores que cumpliendo nuestras obligaciones estamos dando Gloria a Dios, pues Él ve nuestro esfuerzo por superarnos.

               El Ángel, como buen Guardián que vigila por los intereses de nuestra alma, nos aligera el trabajo, nos ahorra fatiga, para que podamos tener más intimidad con Jesús y María. Todo depende de ti, de que solicites su auxilio y confíes en su intercesión cuando tú no puedas más.

                Tu Ángel Custodio es el satélite que te recuerda la trascendencia de este mundo, donde todo es prueba a superar para nuestra santificación personal. No desprecies nunca la idea consoladora de tu Ángel Custodio, porque perderías la influencia benigna de un protector celestial, de un amigo que tendrás a tu lado en todo momento, incluso en la eternidad, donde sí podrás contemplarlo en su plenitud angelical.

                  Trata de ser un poco niño, abandona por un momento los prejuicios personales y del mundo, y retorna a la Fe sencilla de tus mayores, la que tanto les ayudó a ser buenos cristianos y santificarse a diario; repite despacio y varias veces a lo largo del día de hoy la oración que aparece más adelante y ten claro que pronto verás la ayuda inestimable de tu Ángel de la Guarda.




                El Padre Pío recomendaba a sus hijos espirituales que, en caso de dificultad, le enviaran a su Ángel para pedir por sus necesidades y él les ayudaría.

                El Padre Alessio Parente declaró: Cuando confesaba, les decía a los penitentes que, si no podían venir a verlo, le mandaran su ángel. Un día estaba en la terraza con él. Le pedí consejo para una persona y me respondió: “Déjame en paz, ¿no ves que estoy ocupado?”. Yo me callé, pero lo veía rezar el rosario y no me parecía demasiada ocupación. Pero él añadió: “¿No has visto todos estos ángeles custodios de mis hijos espirituales, que van y vienen?”. Yo le respondí: “No los he visto, pero lo creo porque usted cada día les repite a sus hijos que se los manden”.

                El mismo Padre Alessio nos refiere otro caso: Una tarde, después de haberlo ayudado a acostarse, me senté en el sillón, esperando que llegara el padre Pellegrino a cuidarlo. Mientras estaba esperando, sentía que el padre Pío rezaba el rosario y, a veces, interrumpía el rezo y decía frases como: “Dile que rezaré por él. Dile que intensificaré mis plegarias para obtener su salvación. Dile que llamaré al Corazón de Jesús para conseguir esa gracia. Dile que la Virgen no le negará esa gracia”.

                 El Padre Pierino Galeone, refiere que en 1947 estuvo 20 días en san Giovanni Rotondo. Las personas, viéndome siempre cerca del Padre Pío, me pedían encomendarle sus penas: la suerte de familiares desaparecidos en Rusia, la curación de un hijo, la solución de sus problemas, encontrar trabajo, etc. El Padre Pío siempre me respondía con dulzura y amor. Un día me dijo: Cuando tengas necesidad de algo, mándame tu Ángel y yo te responderé. Una mañana una mamá se me acercó llorando, antes de la Misa, para recomendarme a su hijo. El Padre Pío ya había subido al altar y yo no me atreví a hablarle, así que, conmovido, como me había aconsejado, le mandé a mi Ángel para encomendarle el hijo de aquella madre. Terminada la Misa, me acerco al Padre Pío y le encomiendo al joven. Y él me responde: “Hijo mío, ya me lo has dicho”. Entendí entonces que mi Ángel Custodio le había advertido oportunamente y el Padre Pío había orado por él.




                La Señora Pía Garella manifestó que en 1945, poco después de terminada la guerra, el 20 de Septiembre, se hallaba en el campo a unos kilómetros de Turín y deseó enviarle al Padre Pío un telegrama de felicitación por el Aniversario de sus llagas, pero no encontró a nadie que se lo pudiese enviar por estar en el campo. De pronto, se acordó de la recomendación del Padre Pío: Cuando tengas necesidad, mándame a tu Ángel…

                Entonces, se recogió unos momentos y le pidió a su Ángel que le diera personalmente la felicitación. A los pocos días, recibía una carta de una amiga de San Giovanni Rotondo, Rosinella Placentino, en la que le informaba que el Padre Pío le había dicho: Escribe a la Señora Garella y dile que le doy las gracias por la felicitación espiritual que me ha mandado.

(Continuará...)



martes, 22 de enero de 2019

EL ÁNGEL DE FÁTIMA, ante la impiedad del mundo pidió a los niños "reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios"

               Desde que tenemos uso de razón en nuestros hogares cristianos se nos infunde la devoción al Ángel de nuestra Guarda y se nos recomienda que no demos oído al ángel malo que nos instigará al pecado y que tratemos de oír siempre al Ángel bueno que nos inspirará lo que hemos de hacer y hemos de evitar.

               Es doctrina comúnmente admitida que, al nacer, el Señor ya nos señala un Ángel para nuestra custodia y que cada familia, cada pueblo, cada Nación tienen su propio Ángel. El sabio Orígenes ya decía algo parecido en el siglo III: «Sí, cada uno de nosotros tenemos un Ángel que nos dirige, nos acompaña, nos gobierna, nos amonesta y presenta a Dios nuestras plegarias y buenas obras».

               Dios se vale de Sus Ángeles como Mensajeros entre el Cielo y la Tierra, para advertirnos y ayudarnos, por eso, nunca dejemos de invocar con confianza y piedad sincera, a nuestro Ángel Custodio ante cualquier dificultad: estas criaturas celestiales gozan de nuestra compañía y nos alientan siempre a obrar el bien; su mayor tristeza será que no los tratemos como verdaderos aliados.

               A lo largo de los siglos, los Ángeles han intercedido en momentos de dificultad, como los brazos de Dios que tocan la tierra para bendecirla o para amonestarla por su olvido de Dios. Éste es el caso que aconteció en Fátima, en 1916, algunos meses antes de que Nuestra Señora se apareciese a los tres niños Lucía, Francisco y Jacinta. Quiso Dios preparar a los que serían los videntes de la Virgen María mediante tres visitas celestiales del que se identificaría como "el Ángel de Portugal". (1)

               Como cada Martes, honremos de manera especial a los Santos Ángeles Custodios, en particular al nuestro; que el relato que hoy te traigo de las Apariciones del Ángel en Fátima, te ayuden a extraer buenos propósitos tras su lectura, entre otros, un mayor amor a los Corazones de Jesús y de María, necesitados de tu amor y reparación...






PRIMERA APARICIÓN DEL ÁNGEL Outeiro do Cabeço, Aljustrel, Primavera de 1916

Cuenta Lucía Dos Santos:

               Sólo habíamos jugado unos momentos cuando un viento fuerte sacude los árboles y nos hace levantar la vista para ver qué pasaba, pues el día estaba sereno. Comenzamos a ver, a cierta distancia, sobre los árboles que se extendían en dirección al este, una luz más blanca que la nieve, con la forma de un joven transparente más brillante que un cristal atravesado por los rayos del sol.

               A medida que se aproximaba fuimos distinguiendo sus facciones: era un joven de unos catorce o quince años, de una gran belleza. Estábamos sorprendidos y absortos; no decíamos ni una palabra.

              Al llegar junto a nosotros nos dijo:

           – “No temáis, soy el Ángel de la Paz. Rezad conmigo”.

               Y arrodillándose, inclinó su frente hasta el suelo. Llevados por un movimiento sobrenatural, le imitamos y repetimos las palabras que le oímos pronunciar:

           – “Dios mío, yo creo, adoro, espero y Te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no Te aman”.

               Después de repetir esto tres veces se irguió y dijo:

           – “Rezad así. Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas”.

              Y desapareció.

              El ambiente sobrenatural que nos rodeaba era tan intenso, que casi no nos dimos cuenta de nuestra propia existencia durante mucho tiempo y permanecimos en esta posición en que nos había dejado repitiendo siempre la misma oración. La presencia de Dios se sentía tan intensa y tan íntima que ni entre nosotros nos atrevíamos a hablar. Al día siguiente todavía sentíamos nuestro espíritu envuelto por esa atmósfera, que sólo muy lentamente desapareció.

              Ninguno pensó en hablar de esta aparición ni en recomendar secreto. Se imponía por sí solo. Era tan íntima, que no era fácil decir sobre ella la menor palabra. Quizá nos hizo tan fuerte impresión por ser la primera en que así se manifestaba.



SEGUNDA APARICIÓN DEL ÁNGEL, en el pozo de la casa de los padres de Lucía, Verano de 1916

               Mientras jugaban los niños se les aparece el Ángel a ella y a sus primos:

          – ¿Qué hacéis? Rezad, rezad mucho. Los Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de Misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios.

          – ¿Cómo nos tenemos que sacrificar?, pregunté.

          – De todo lo que podáis, ofreced a Dios un sacrificio de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así la paz sobre vuestra patria. Yo soy su Ángel de la Guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad con resignación el sufrimiento que Nuestro Señor os envíe.

                Y desapareció. Estas palabras del Ángel se grabaron en nuestro espíritu como una luz que nos hacía comprender quién era Dios, cómo nos amaba y quería ser amado; el valor del sacrificio y cómo le era agradable; y cómo en atención a él, convertía a los pecadores.





TERCERA APARICIÓN DEL ÁNGEL, Gruta del Cabeço, final del Verano de 1916
         
               En cuanto llegamos allí, de rodillas, con los rostros en tierra, comenzamos a repetir la oración del Ángel: “Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo...” No sé cuantas veces habíamos repetido esta oración cuando advertimos que sobre nosotros brillaba una luz desconocida. Nos incorporamos para ver lo que pasaba y vemos al Ángel trayendo en la mano izquierda un cáliz sobre el cual está suspendida una hostia de la que caían, dentro del cáliz, algunas gotas de sangre. Dejando el cáliz y la hostia suspendidos en el aire, se postró en tierra y repitió tres veces la oración:

          – Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Vuestro amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios de la tierra, en reparación por las iniquidades, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de Su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores.

               Después se levantó, tomó de nuevo en la mano el Cáliz y la Hostia, y me dio la Hostia a mí. Lo que contenía el Cáliz se lo dio a beber a Jacinta y a Francisco, diciendo al mismo tiempo:

          – Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios.

                De nuevo se postró en tierra y repitió con nosotros otras tres veces la misma oración: – “Santísima Trinidad...” Y desapareció.


NOTAS ACLARATORIAS

1- Según algunos teólogos, Dios Nuestro Señor designa un Ángel Protector para cada nación. Otros se inclinan por pensar que se trataba del Arcángel San Miguel, como Guardián único de todas las naciones. Ocurrirá décadas más tarde en San Sebastián de GARABANDAL.






lunes, 12 de noviembre de 2018

LA SEMANA DEL BUEN CRISTIANO, resumen de la Piedad Católica


             “El cristiano que comprende su Religión, está persuadido de que cada día es para él un Domingo, un día del Señor en el que fija su corazón y sus pensamientos todos; de que cada día es para él un Viernes, y aun un Viernes Santo, porque doma sus pasiones y recibe en su carne las impresiones de la Cruz de Jesucristo; de que cada día es para él una fiesta de Pascua, porque incesantemente se separa de este mundo de corrupción y pasa al mundo invisible e incorruptible, alimentándose con la Palabra y Carne del Verbo humanado; y finalmente de cada día es para él una Fiesta de Pentecostés, porque resucitó en espíritu con Jesucristo, subió con Él a los Cielos, hasta el Trono del Padre, donde está sentado con Jesucristo, y en Jesucristo, por el cual recibe la plenitud del Espíritu Santo”.

 (Orígenes, Contra Celso, Lib. VIII)



                Ha sido un empeño continuo dar a conocer LA SEMANA DEL BUEN CRISTIANO desde los inicios de este modesto Blog; una y otra vez hemos recordado las Verdades de Fe que entrañan las Devociones más tradicionales y que en otras épocas, ilustraban el entendimiento de aquellas almas sencillas que si bien eran iletradas, precisamente gracias a su Piedad tenían grandes conocimientos de la Doctrina Católica.

                El origen de dedicar cada día de la semana a una Devoción en particular tiene sus inicios en la Edad Media, y transmitido a través de los siglos, con pequeñas variaciones; el esquema final fue recogido en el maravilloso Catecismo de la Perseverancia del sacerdote francés Jean Joseph Gaume, editado por primera vez en 1854 y que ahora actualizamos al vocabulario y estilo de nuestros días.


               La siguiente estampa se ha diseñado para el Apostolado: se puede imprimir a modo de esquema, como parte de nuestro plan de vida espiritual. También es ideal esta estampa para niños que van a recibir a Jesús en la Primera Comunión.

                Aunque como casi siempre que publico algo, he pensado en los "niños grandes", aquellos que un día tuvieron fe y luego la perdieron... a esas almas que andan como ovejas sin Pastor, les he dedicado mis pobres esfuerzos en este apostolado virtual y cuento con la ayuda de Dios, me siga dando energía para seguir en esta labor.






BREVE EXPLICACIÓN DE
 LA SEMANA DEL BUEN CRISTIANO


                "No bastaba a la Iglesia haber desterrado el lenguaje de la idolatría; como madre tierna e ilustrada conocía la flaqueza de sus hijos, y por este motivo, y para conservar continuamente suspenso su fervor con nuevos objetos, piadosas y antiguas tradiciones consignaron a cada feria una devoción particular. El Domingo, o la primera feria, se consagró en todos los tiempos al Señor.

                A principios de la Edad Media, el Lunes, o segunda feria, estaba consagrado al culto especial del Hijo de Dios, la Sabiduría Eterna; mas adelante fue dedicado al Espíritu Santo, para implorar su asistencia al principiar las tareas de la semana, y finalmente en el día se consagra al alivio de las Almas del Purgatorio.

               El Martes, o tercera feria, está generalmente consagrado al culto de los Santos Ángeles y en especial al Ángel Custodio. 

               El Miércoles, o cuarta feria, es el día elegido por la devoción para honrar a San José, y alcanzar la gracia de una buena muerte. Desde los siglos apostólicos ha sido el Miércoles el objeto de una devoción particular en la Iglesia de Oriente y en la de Occidente... era un día de estación, es decir de ayuno y de reunión en los sitios de oración o en los sepulcros de los Mártires, a donde acudían muy temprano, y no salían hasta la hora nona, es decir hasta las tres de la tarde en que acababa la Misa y el pequeño ayuno que se practicaba en este día. Llamábase “pequeño ayuno”, porque tenía tres horas menos que el de la Cuaresma, de las cuatro Témporas y de las vigilias de las grandes festividades, y porque no era de obligación tan estricta, al menos en Occidente.

                Iguales ejercicios de piedad y de penitencia se practicaban el viernes o sexta feria. ¿Deseáis por qué había consagrado la Iglesia estos dos días a reanimar la devoción de sus hijos con el ayuno y la oración? En conmemoración de lo que sucedió a Nuestro Señor la antevíspera y el día de la Pasión. En el miércoles recordaba a sus hijos el consejo de los judíos, en que se había resuelto dar muerte a Jesucristo, y en el viernes les mostraba la ejecución del proyecto deicida. La Iglesia ha creído, por consiguiente, ¿y quién puede vituperarla? Que los crímenes de los hombres, verdadera causa de la muerte del Hijo de Dios, deberían ser para sus hijos un motivo de tristeza en estos dos días de la semana, así como su resurrección era para ellos motivo de consuelo y regocijo en el día domingo (San Agustín, Epístola XXXVI. Ad Casul. n. 30; Baron. Ann. 34, n. 168).

                La Iglesia griega, a pesar de sus tribulaciones y de las diversas revoluciones que ha sufrido, ha conservado hasta nuestros días la costumbre de ayunar todos los Miércoles y Viernes del año, con pocas excepciones. En la Iglesia latina, el ayuno de estos días fue libre hasta el siglo IX, pero se cambio después en simple abstinencia. La del Viernes fue muy pronto considerada como de obligación, y pasó a ser de Ley. Las abstinencia del Miércoles y del Sábado fue libre hasta el siglo XIV, pero habiéndose abolido paulatinamente la del Miércoles, se fortaleció de tal suerte la del Sábado, que llegó a ser tan indispensable como la del viernes.

                  El Jueves, o la quinta feria, se refiere, como sabéis, a un recuerdo tan consolador, que los fieles han honrado este día con un fervor particular. El Hijo de Dios instituyó en un Jueves el Sacramento de la Eucaristía, en el cual lega al género humano para siempre su carne y su sangre para que la comamos y la bebamos: Sacramento augusto que constituye al Salvador, triunfante en el cielo, en compañero de nuestra peregrinación, y en prisionero de su amor en nuestros tabernáculos. Los Jueves del año parecen haber sido destinados, especialmente desde la institución de la Festividad del Corpus, a renovarla, por los oficios públicos, como por las devociones particulares; de modo que casi sucede todos los Jueves del año, relativamente a la fiesta del Corpus, lo que todos los Domingos respecto de la Festividad de Pascua, es decir, que son aquellos una octava continua del Misterio de la Eucaristía, como estos de la Resurrección.

                El Viernes, o sexta feria, está consagrado a la Pasión. En Una gran parte de la Cristiandad se cerraban en este día los tribunales y el ayuno se observó en él tanto en Oriente como en el Occidente hasta el siglo IX. En esta época se trocó en una simple abstinencia, pero de la cual hizo la Iglesia una ley tan rigurosa que solo dispensa de ella en la Fiesta de Navidad, cuando cae en viernes. Los fieles tienen costumbre de añadir a las tres de la tarde de este día a la abstinencia la recitación de cinco Padre nuestros y cinco Ave Marías, en honor de las Cinco Llagas de Nuestro Señor.

                El Sábado fue durante muchos siglos tanta fiesta como los Domingos, y esto por varias razones: en primer lugar para honrar el descanso del Señor después de la Creación, y recordar al hombre que también él, imagen de Dios, creaba en cierto modo durante esta vida, y que entraría un día en el Sábado, o el descanso eterno, figurado por el séptimo día. En segundo lugar, se recuerda que el Salvador había escogido con frecuencia el día del Sábado para hacer curaciones y milagros, y para ir a predicar en las sinagogas. Esta consideración decidió al Emperador Constantino a dar su ley para que se honrase particularmente el Sábado.


 “Catecismo de Perseverancia” por el Padre Jean Joseph Gaume (1854)






martes, 6 de noviembre de 2018

LOS ÁNGELES CUSTODIOS, Santa Compañía en el Purgatorio


"...y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham..."

(Evangelio de San Lucas, cap.16, vers. 19)


       La Mística Ana Catalina Emmerick fue agraciada desde niña con diferentes dones místicos, entre otros con el conocido como "Don de Ánimas", que es la comunicación especial con las Almas que se encuentran en el Purgatorio y que normalmente suplican oraciones y limosnas a quienes tienen la gracia de poder escucharlas en este mundo. Esta gracia es dada por Dios mismo y nada tiene que ver con la invocación de los muertos o espiritismo, condenado por la Iglesia, sino que se trata de un favor sobrenatural, como testimonio de la existencia de aquél lugar de tormentos y purificación que es el Bendito Purgatorio.


            "Estaba yo con mi Ángel en el Purgatorio y veía la gran aflicción de aquellas Almas, porque no podían valerse por sí mismas, y notaba cuán poco las socorren los hombres de nuestro tiempo. Indecible es su necesidad.

            Comprendiendo esto, vine a hallarme separada de mi guía por una montaña y experimenté tan vivo anhelo y afán de volver a su lado que casi perdí el conocimiento. Le veía a través de la montaña, pero no podía ir hacia él. Entonces, me dijo el Ángel: 





            “Ese mismo deseo que tú sientes, lo sienten esas Almas para que se les socorra”… A la vista de aquellos lugares, lloraba yo de rodillas y clamaba a Dios con los brazos abiertos hasta que Él se compadecía.

             El Ángel me exhortaba a ofrecer todas mis privaciones y mortificaciones por las Almas Benditas, las cuales no pueden valerse por sí mismas y son cruelmente olvidadas y abandonadas por los hombres.

            Yo enviaba muchas veces a mi Ángel Custodio al Ángel de aquellos a quienes veía padecer, para que él los moviese a ofrecer sus dolores por las Almas Benditas. Lo que hacemos por Ellas, oraciones u obras buenas, al punto se convierte en consuelo y alivio para Ellas ¡Se alegran tanto! ¡Son tan agradecidas!

           Cuando yo ofrezco por Ellas mis trabajos, ellas ruegan por mí. Lléname de espanto el horrible abandono y el desperdicio que se hace de las gracias de la Iglesia, que en tal abundancia son ofrecidas a los hombres y que estos tan poco aprecian, mientras las pobres Almas las anhelan y desfallecen a causa del deseo que tienen de Ellas."



miércoles, 24 de octubre de 2018

ARCÁNGEL SAN RAFAEL, Celestial Protector de la Noble Ciudad de Córdoba



                 Según el Calendario Católico, la Santa Iglesia recuerda hoy a uno de los tres principales Arcángeles, a San Rafael, que etimológicamente significa "Medicina de Dios". En la Sagrada Escritura, en el Libro de Tobías, se cuenta cómo Dios envió al Arcángel San Rafael a ayudar al anciano Profeta Tobías, que estaba ciego, y a Sarah, la hija de Raquel, cuyos siete maridos habían muerto la noche del día bodas. San Rafael tomó la forma humana y se hizo llamar Azarías. Éste, acompañó a Tobías en su viaje, le ayudó en sus dificultades y le explicó cómo podía casarse con Sarah sin peligro alguno. En el mismo relato del Libro de Tobías, el mismo Arcángel se describe como “uno de los siete que están en la presencia del Señor”. (1)

                  La Historia cuenta que el Arcángel San Rafael es Custodio de Córdoba desde que en la Edad Media una epidemia de peste asoló Europa diezmando la población. Córdoba entera se encomendó a San Rafael y milagrosamente la peste pasó por la ciudad sin apenas causar daño alguno. Ramírez de Arellano recoge en sus “Paseos por Córdoba” que cuando la peste asolaba la ciudad en el siglo XVI, el Arcángel se apareció al Padre Roelas en cuatro ocasiones, revelándole que él salvaría a la ciudad. 




                  En aquel entonces, el sacerdote, temeroso de que todo fuera un engaño de sus sentidos y después de consultar el caso con importantes teólogos de la Compañía de Jesús, visitó al Provisor, quien le ordenó que si se producía una quinta aparición, le preguntase quién era. Así fue, en la madrugada del 7 de Mayo de 1578, se produjo esta Quinta Aparición en la que San Rafael le dijo al sacerdote: 

           “Yo te juro, por Jesucristo Crucificado, que soy Rafael, Ángel a quien Dios tiene puesto por guarda de esta Ciudad

                  Al poco tiempo dejaron de morir personas en Córdoba a causa de la epidemia.

                  Nueve años después, el padre Roelas fallecía en Córdoba, tras una vida marcada por la prudencia y discreción con la que en todo momento trató estos prodigios, dando conocimiento de ellos sólo a los teólogos.

                  Por eso tuvieron que pasar 25 años para que las revelaciones de San Rafael al sacerdote pudiesen ser leídas.

                  A partir de entonces, se estableció un oratorio en la casa en la que el padre Roelas había vivido. Pero, la devoción al Arcángel era tan grande que con donativos de los cordobeses y con la ayuda de la nobleza, en 1610 se iniciaron unas obras para levantar una iglesia dedicada a su culto, que finalizaron en 1732. Poco a poco, el templo se iba quedando pequeño, por lo que fue necesario ampliarlo con unas obras que concluyeron en 1806.

                  Así nació el culto a San Rafael, que para muchos cordobeses es el arcángel que vela por el destino de su tierra. En su honor se han erigido numerosos triunfos por múltiples calles y plazas de la ciudad. De hecho, en casi todos los barrios del casco histórico se levanta alguno. La mayoría datan del siglo XVIII aunque hay algunos incluso del XVI. Entre otros, el de la Plaza de la Compañía, Plaza del Conde de Guadalhorce y el de la Plaza del Potro. En todos ellos figura textualmente el juramento que el Arcángel hizo al padre Roelas en su última aparición.

                 También, en su honor se han levantado estatuas como la del Puente Romano, así como edificios religiosos como la Iglesia del Juramento y la Iglesia parroquial de San Rafael de Córdoba.



NOTAS ACLARATORIAS:

1- Libro de Tobías, cap.12, vers. 15



martes, 2 de octubre de 2018

LOS SANTOS ÁNGELES CUSTODIOS, celestiales compañeros que siempre nos acompañan

                La existencia de los Ángeles está fuera de duda y siempre la Santa Iglesia los veneró y difundió su culto. San Gregorio Magno llega a decir esta hipérbole: «En casi todas las páginas de las Sagradas Escrituras está contenida la existencia de los Ángeles». El Antiguo Testamento habla repetidas veces de su acción prodigiosa en favor de los hombres: Un Ángel avisa a Lot del peligro que corre Sodoma y el castigo que va a recibir esta ciudad. Otro Ángel conforta a la criada de Abrahán, Agar, cuando es despedida y camina por el desierto. Un espíritu angélico socorre al Profeta San Elías y le alimenta con pan y agua fresca por dos veces cuando huye de la persecución de la reina Jezabel. Un Ángel acompaña y colma de gracia al joven Tobías y a su padre y demás familiares. Casi todo el libro de Tobías está en torno al Arcángel San Rafael. También en el Nuevo Testamento aparecen desde el Arcángel San Gabriel anunciando a la Virgen la Encarnación del Hijo de Dios, el Ángel que baja a Getsemaní a consolar a Nuestro Señor en la agonía del Huerto de los Olivos o el Ángel liberando a San Pedro de las cadenas y abriéndole la puerta de la cárcel...





               En las vidas de los Santos, tanto antiguos, como Santa Inés, tanto de la Edad Media, como San Francisco de Asís, y modernos, como Santa Micaela del Santísimo Sacramento, Santa Gema Galgani y San Francisco de Sales... la presencia del Ángel de la Guarda en sus vidas es como algo inseparable. Mucho lo vivió también el Beato Manuel Domingo y Sol.

               Desde que tenemos uso de razón en nuestros hogares cristianos se nos infunde la devoción al Ángel de nuestra Guarda y se nos recomienda que no demos oído al ángel malo que nos instigará al pecado y que tratemos de oír siempre al Ángel bueno que nos inspirará lo que hemos de hacer y hemos de evitar.

               Es doctrina comúnmente admitida que, al nacer, el Señor ya nos señala un Ángel para nuestra custodia y que cada familia, cada pueblo, cada Nación tienen su propio ángel. El sabio Orígenes ya decía algo parecido en el siglo III: «Sí, cada uno de nosotros tenemos un Ángel que nos dirige, nos acompaña, nos gobierna, nos amonesta y presenta a Dios nuestras plegarias y buenas obras».

               Santo Tomás de Aquino dividió los Coros angélicos en nueve categorías diferentes: «Los Serafines, Querubines y Tronos, forman la augusta corte de la Santísima Trinidad; las Dominaciones presiden el gobierno del Universo; las Virtudes, la fijeza de las leyes naturales; las Potestades refrenan el poder de los demonios; los Principados tienen bajo su amparo a los reinos y naciones; lo Arcángeles defienden a las comunidades menores, y los Ángeles guardan a cada uno de los hombres».

INDULGENCIAS QUE PODEMOS LUCRAR
siendo devotos de nuestro Ángel Custodio
(para saber qué son las indulgencias sólo tiene que tocar aquí)




               Podemos ganar 300 días de indulgencia cada vez que la formulemos con los labios o el corazón. Indulgencia Plenaria al mes si se reza a diario. Plenaria el día de los Santos Ángeles Custodios si se reza habitualmente a lo largo del año. Plenaria también en la hora de la muerte, si durante la vida la hemos recitado con frecuencia



(Roma, 27 de Octubre de 1935)


SAN AGUSTÍN NOS HABLA DE LA MISIÓN DE LOS ÁNGELES CUSTODIOS


               "Ellos aman verdaderamente a los que en su compañía han de ser también ciudadanos de la Gloria y esperan que con la salvación de los hombres se han de reparar las ruinas de los Ángeles. Por tanto nos asisten con gran cuidado y vigilancia a todas horas y en todas las ocasiones, socorriéndonos y proveyéndonos en nuestras necesidades, siendo los mensajeros que corren con solicitud desde nosotros hasta el Trono de Vuestra Divina Majestad, para ofreceros nuestras lágrimas, sollozos y suspiros, para alcanzarnos de vuestra benignidad y clemencia el perdón de nuestras culpas, y traernos la deseada bendición de vuestra gracia.

                Andan con nosotros en todos nuestros caminos, entran y salen siempre con nosotros, considerando atentamente con qué piedad y virtud, con qué honestidad vivimos en medio de otros muchos que son malos, y con cuanto cuidado y deseo buscamos Vuestro Reino y Vuestra Justicia, y con cuanto temor y respeto os servimos y nos alegramos en Vos también, ¡oh verdadera alegría de nuestro corazón!

               Ayudan a los que trabajan, defienden a los que reposan, exhortan a los que pelean, coronan a los que vencen. Se alegran con los alegres, con tal que esta alegría sea en Vuestra Majestad y se compadecen de los que ven padecer como padezcan por Vos."


( San Agustín, "Meditaciones, Soliloquios y Manual" )





SÚPLICA AL ÁNGEL CUSTODIO



¡Oh benignísimo Ángel Santo de la guarda,
 compañero de mi vida y tutor mío,
maestro, guía, defensor y sapientísimo consejero
 y fidelísimo amigo mío!,
a quien estoy encomendado por la Bondad del Señor
desde el momento que nací,
 hasta la postrera hora de mi vida.

Tú que nunca me abandonas, ni de noche ni de día.
Aunque espíritu invisible, se que te hallas a mi lado,
escuchas mis oraciones y cuentas todos mis pasos.
En las sombras de la noche, me defiendes del demonio,
tendiendo sobre mi pecho tus alas de nácar y oro.

¡Cuánta reverencia os debo, sabiendo que estáis presente donde estoy!
¡Y con cuanta devoción os debo servir, por el amor con que miráis por mí!
¡Y que gran confianza debo tener teniéndoos a mi lado para mi defensa!

Ángel de Dios, que yo escuche tu mensaje y que lo siga,
que vaya siempre contigo hacia Dios, que me lo envía.

Enséñame, Ángel Santo;
amparadme y guiadme por el camino derecho y seguro
a la Santa Ciudad y no permitáis que yo haga
en vuestra presencia cosa que os ofenda
y que no me atreviera a hacer sin vergüenza
delante de otro hombre como yo!
Representad mis deseos y miserias ante el Señor,
alcanzadme el remedio de ellas, en Su Infinita Bondad.

Testigo de lo invisible, presencia del cielo amiga,
gracias por tu fiel custodia, gracias por tu compañía.

En presencia de los Ángeles, suba al Cielo nuestro canto:
Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo. Amén.




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lunes, 1 de octubre de 2018

EL SANTO ÁNGEL CUSTODIO DE ESPAÑA


           
"Hoy se celebra en España la Festividad del Santo Ángel Custodio del Reino, con rezo propio y rito doble de segunda clase con octava. La santidad de León XII concedió al Católico Rey Don Fernando VII y asignole este día, para tributar las debidas gracias al Señor por los grandes y continuos beneficios que recibe la nación española por medio de su Santo Ángel tutelar. La Misa, a excepción de la Oración propia, es como la del día siguiente". 

("Año Cristiano", P. Juan Croisset, S.I., Barcelona, 1882)



               La imagen del Santo Ángel Custodio de España se encuentra en la iglesia de San José de Madrid. La fiesta del Ángel Custodio del Reino fue concedida a España en el siglo XIX por el Papa León XII.
               En el año 1897 el Obispo Manuel Domingo y Sol fundó la “Pía Unión de Oraciones al Santo Ángel de España", que años después estuvo presidida por la infanta Isabel de Borbón, hija de la Reina Isabel II de España.

               Esta Pía Unión de Oraciones tenía en proyecto construir un gran monumento al Santo Ángel de España, y con esa finalidad se confeccionó una preciosa imagen como boceto del monumento. Esa imagen se encuentra en un altar lateral en la iglesia de San José, en calle Alcalá, 43, de Madrid.




               Mons. Leopoldo Eijo Garay, primero Obispo de las diócesis de Tuy y Vitoria, y luego Obispo de Madrid-Alcalá, publicó en 1917 una extensa “Novena al Santo Ángel Custodio de España” de 105 páginas.
                En el escudo del Santo Ángel de España se pueden ver representados los antiguos Reinos de Castilla, León, Navarra y Aragón. En el centro del escudo, y en la pared, la flor de lis de la casa de Borbón.
                El altar del Santo Ángel Custodio de España fue inaugurado el 12 de mayo de 1920, en la iglesia de San José de Madrid, con asistencia de la Familia Real española. Ese mismo día el rey Alfonso XIII propuso la creación de la Asociación Nacional del Santo Ángel Custodio del Reino, que pronto se extendió en 40 provincias.

                 En la parte de abajo del Altar hay numerosos escudos de provincias y ciudades de España. La iglesia de San José fue de los pocos templos católicos que no fueron asaltados durante la Guerra Civil Española.





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