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martes, 23 de septiembre de 2025

PADRE PÍO DE PIETRELCINA, VÍCTIMA POR LOS PECADORES Y POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO

 

              El Padre Pío nació el 25 de Mayo de 1887, en una aldea llamada Pietrelcina, al sur de Italia, en la provincia de Benevento; sus padres, Horacio Forgione y Giuseppa de Nunzio unos humildes agricultores, encomendaron su protección al Seráfico San Francisco de Asís, por eso le bautizaron con su nombre. Con el pasar de los años, el Padre Pío se configuraría con aquél santo no sólo por pertenecer a su Orden, sino por llevar en su cuerpo los estigmas de la Pasión. 




                  Desde muy niño fue profundamente sensible y espiritual; así a la corta edad de cinco años, se ofreció al Señor como víctima y comenzó a tener frecuentes visiones de su ángel custodio, de Nuestra Señora la Virgen y del mismo Jesucristo, visiones estas que le acompañarían el resto de su vida.

                  Pero también el demonio se le representaría de distintas maneras; cuando esto ocurría, nunca le falló la ayuda su ángel de la guarda o incluso de Nuestro Señor, que ponían al diablo en fuga.

                  "Cada Misa escuchada con devoción, produce en nuestra alma efectos maravillosos, abundantes gracias materiales y espirituales que no alcanzamos a comprender. A tal fin, no malgastes tu dinero, sacrifícalo y ven a escuchar Misa. El mundo puede existir sin el sol, pero no puede existir sin la Misa."

                  Siendo apenas un adolescente, Francisco manifestó su deseo de ser franciscano capuchino. Ya que la familia era sumamente pobre, su padre se vio obligado a emigrar a Estados Unidos y Jamaica, en busca de medios económicos con los que sustentar la carrera eclesiástica de su hijo.

                  La víspera de su entrada en el Noviciado Capuchino de Morcone, el futuro santo recibió la visita de Nuestro Señor, que le animó a seguirle; también la Virgen Santa le consoló y prometió ayuda en el camino que iba a comenzar. Al tomar el hábito, cambió el nombre de Francisco por el de Pío.

                  Años más tarde, el 10 de Agosto de 1910, Fray Pío es ordenado sacerdote en la Catedral de Benevento; como recuerdo de aquél día, el ya Padre Pío escribió: “Oh Jesús, mi suspiro y mi vida, te pido que hagas de mí un sacerdote santo y una víctima perfecta”.

                  Aquejado por su débil salud, pasó algún tiempo en su pueblo natal, donde vivía retirado en una pequeña choza; fue precisamente allí donde sufrió los síntomas de unos estigmas aún invisibles, pero que de cierto le hacían padecer como un auténtico crucificado. Aturdido, confundido por semejante gracia, rogó al Señor que nunca se hicieran visibles aquellas heridas que ya sufría.

                  Continuaba su convalecencia en Pietrelcina, pero el demonio no dejaba de molestarle; se le manifestaba de diversas maneras, unas veces con forma de animales, otras de mujeres en actitudes lascivas… sin embargo, era después consolado por aquellas visiones celestiales que desde su infancia le acompañaban. Su Santo Ángel Custodio, San Francisco, la Purísima Virgen María, le sostenían y aumentaban el sentido del continuo sufrimiento que iba a padecer pronto, cuando se asemejase con Cristo en los sufrimientos de la Pasión.

                  El 12 de Agosto de 1912, sufrió -a semejanza de Santa Teresa de Jesús y de Santa Verónica Giuliani- lo que era tener herido el corazón por el Amor de Dios. Así mismo lo narró él en una carta a su director espiritual: “Estaba en la iglesia haciendo la acción de gracias tras la Misa, cuando de repente sentí mi corazón herido por un dardo de fuego, hirviendo en llamas, y yo pensé que iba a morir”.

                  Tras un largo período en su Pietrelcina natal, el Padre Pío, casi recuperado de sus dolencias físicas y por orden de sus superiores, se dirige a Foggia el 17 de Febrero de 1916, para pocos meses después, entrar en el convento de San Giovanni Rotondo, donde probaría si salud mejoraba por el particular clima de la región. Los superiores del Padre Pío, al comprobar que era aquel el lugar donde más alivio encontraría para sus dolencias, se resolvieron a enviarle definitivamente allí. Desde que entró, el 4 de Septiembre de 1916 hasta su muerte, jamás volvió a salir de aquel convento.

                  Durante la Primera Guerra Mundial, el Padre Pío sería llamado a filas hasta en tres ocasiones, pero siempre sería devuelto al convento por su pésima salud.





                  Cuando apenas había pasado un mes de la transverberación, una nueva gracia espiritual marcaría el resto de la vida del Padre Pío. De nuevo, tenemos conocimiento exacto de los hechos a través de una carta que él mismo escribió a su director espiritual:

                  “Era la mañana del 20 de Septiembre de 1918. Yo estaba en el coro, haciendo la acción de gracias de la Misa y sentí que me elevaba poco a poco siempre a una oración más suave, de pronto una gran luz me deslumbró y se me apareció Cristo, que sangraba por todas partes. De su cuerpo llagado salían rayos de luz, que más bien parecían flechas que herían las manos, los pies y el costado.

                  Cuando volví en mí, me encontré en el suelo y llagado. Las manos, los pies y el costado me sangraban hasta hacerme perder las fuerzas para levantarme. Me sentía morir, y hubiera muerto si el Señor no hubiera venido a sostenerme el corazón que sentía palpitar fuertemente en mi pecho. A gatas me arrastré hasta la celda. Me recosté y recé, miré otra vez mis llagas y lloré, elevando himnos de agradecimiento a Dios.”

                  Pero a estas dolorosas experiencias, se le sumaría la de la incomprensión humana; el Padre Agustín Gemelli, franciscano, doctor en medicina, se acercó al convento de San Giovanni Rotondo para examinar los estigmas del Padre Pío, que se negó, ya que el P. Gemelli no traía consigo autorización alguna. Eso fue el detonante para que el médico franciscano publicase un artículo calificando al Padre Pío de neurótico y se ser él mismo el que se había autolesionado.

                  Por tal motivo, la Santa Sede, confiando en el juicio del Padre Gemelli, tomó la decisión de “aislar” al Padre Pío durante casi diez años, entre 1923 y 1933, donde se le requisaba hasta la correspondencia epistolar. Durante todo ese período no dejó de sufrir la Pasión de Nuestro Señor.

                  Al estar tan configurado con Nuestro Señor, el Padre Pío vivía la Santa Misa como en lo que en realidad es: un Sacrificio. Por eso, su Misa duraba unas dos horas, tiempo en el cual se sumergía en los dolores no sólo de Cristo, sino de la Virgen Santa. Conformo avanzaba la Santa Misa, era como si subiese al Monte Calvario. De hecho sufría la misma agonía que el Crucificado y sangraba abundantemente durante la Consagración. 

                  El mismo Padre Pío explicaba así lo que es el Santo Sacrificio de la Misa: “la Misa es Cristo en la Cruz, con María y San Juan a los pies de la misma y los ángeles en adoración. Lloremos de amor y adoración en esta contemplación”.

                  Una vez alguien le preguntó cómo es que podía pasar tanto tiempo de pie durante la Santa Misa, a lo que el Padre Pío contestó: “Hija mía, no estoy de pie, estoy suspendido con Cristo en la Cruz”.

                  Y como resumen de su amor por la Sagrada Eucaristía, cerramos este artículo con una de sus advertencias:

                  "En estos tiempos tristemente faltos de Fe, de impiedad triunfante, donde todos los que nos rodean tienen siempre el odio en el corazón, y la blasfemia en los labios, el mejor medio de mantenerse libre del mal es fortificarse con el Alimento Eucarístico."

                A partir del 16 de Julio de 1933 la Santa Sede levanta las restricciones al Padre Pío y éste puede volver a celebrar Misa en público; a partir del año siguiente se le permitiría de nuevo confesar. 

               Con el dinero de los donativos que sus devotos hacían llegar al Convento de San Giovanni Rotondo, el Padre Pío proyecta la creación de un Hospital, "la Casa Sollievo della Sofferenza", que sería inaugurada el 5 de Mayo de 1956.

                 A raíz de la Segunda Guerra Mundial, el mismo Padre funda los "Grupos de Oración del Padre Pío". Los Grupos se multiplicaron por toda Italia y el mundo. A la muerte del Padre los Grupos eran 726 y contaban con 68.000 miembros.

               Desde 1959, periódicos y semanarios empezaron a publicar artículos y reportajes mezquinos y calumniosos contra la "Casa Alivio del Sufrimiento". Para quitar al Padre los donativos que le llegaban de todas partes del mundo para el sostenimiento de la Casa, sus enemigos envidiosos planearon una serie de documentaciones falsas y hasta llegaron, sacrílegamente, a colocar micrófonos en su confesionario para sorprenderlo en error.

               Algunas oficinas de la Curia Romana condujeron investigaciones, le quitaron la administración de la Casa Alivio del Sufrimiento y sus Grupos de Oración fueron dejados en el abandono. A los fieles se les recomendó no asistir a sus Misas ni confesarse con él.

               El Padre Pío sufrió mucho a causa de esta última persecución que duró hasta su muerte, pero su fidelidad y amor intenso hacia la Santa Madre Iglesia fue firme y constante. En medio del dolor que este sufrimiento le causaba, solía decir: "Dulce es la mano de la Iglesia también cuando golpea, porque es la mano de una madre".

               El Viernes 20 de Septiembre de 1968, el Padre Pío cumplía 50 años de haber recibido los estigmas del Señor; celebró la Santa Misa a la hora acostumbrada. Alrededor del altar había 50 grandes macetas con rosas rojas para sus 50 años de sangre... De la misma manera milagrosa como los estigmas habían aparecido en su cuerpo 50 años antes, ahora, 50 años más tarde y unos días antes de su muerte, habían desaparecido sin dejar rastro alguno de cinco décadas de dolor y sangre, con lo cual el Señor ha confirmado su origen místico y sobrenatural. Tres días después, el 23 de Septiembre, murmurando por largas horas "¡Jesús, María!", entregó su alma al Altísimo.



jueves, 28 de agosto de 2025

LA VIRGEN MARÍA PRESENTE EN EL CALVARIO MÍSTICO DEL ALTAR

 


                    El Padre Pío fue y aún es un caso excepcional en la Historia de la Mística Católica, ya que hasta el día de hoy ha sido el único Sacerdote estigmatizado; tras recibir en 1918 las Llagas de Cristo Nuestro Señor, cada Santa Misa que celebró  era ya no sólo la renovación incruenta del Drama del Calvario, sino que el mismo Sacerdote sufriría agudos dolores y sangraciones durante la liturgia, convirtiéndolo en un crucificado sin Cruz.

                    Si la Pasión de Jesús fue su principal amor, la devoción filial y tierna a Nuestra Santa Madre ocuparía el resto de su corazón  sacerdotal. La entrega total a la Virgen María le llevaría a ser apóstol incansable de la Madre de Dios, hasta el punto de asegurar ante sus hermanos frailes "me gustaría tener una voz tan fuerte para invitar a los pecadores de todo el mundo a amar a Nuestra Señora. Ella es el océano que debemos cruzar para llegar a Jesús.”

                    El Padre Pío fue siempre extremadamente reservado con todo lo referente a su vida interior, nunca presumió ni hizo alarde de los muchos dones místicos y gracias sobrenaturales con los que el Cielo le bendecía; no obstante, esa discreción suya a veces se veía alterada por las preguntas de no pocas almas que a él se arrimaban, como en cierta ocasión que alguien le preguntó si la Santísima Virgen María estaba presente durante la Santa Misa, a lo cual el Padre Pío respondió con sencillez: 

                    “Sí, Ella se pone a un lado, pero yo la puedo ver, qué alegría. Ella está siempre presente. ¿Como podría ser que la Madre de Jesús, presente en el Calvario al pie de la Cruz, que ofreció a Su Hijo como Víctima por la salvación de nuestras almas, no esté presente en el Calvario místico del Altar?”. 



jueves, 30 de enero de 2025

CUANDO EL ALMA SUFRE. Meditaciones del Padre Pío de Pietrelcina

 

                La Piedad Católica dedica los Jueves a contemplar el Misterio Eucarístico, donde Jesucristo Nuestro Señor se hace presente en la Santa Misa, mediante las palabras de la Consagración que pronuncia el sacerdote en el Altar, donde presta su ser entero a Cristo y con Él y en Él, se ofrece como una sola y misma Víctima. De ahí que el Jueves sea también el día elegido para rezar por la Santidad de los Sacerdotes, pues fue Jesús mismo, quien confirió a Sus Apóstoles la plenitud del Sacerdocio en la noche del Jueves Santo, durante la Última Cena, y a los que encomendó celebrar la Santa Misa hasta la consumación de los Tiempos.




QUÉDATE CONMIGO, SEÑOR

Súplica que rezaba con frecuencia el Padre Pío

               Quédate conmigo, Señor, porque es necesario tenerte presente para no olvidarte. Tú sabes con cuánta facilidad te abandono. 

               Quédate conmigo, Señor, porque soy débil y tengo necesidad de Tu fortaleza para no caer tantas veces.

               Quédate conmigo, Señor, porque Tú eres mi vida y sin Ti disminuye mi fervor. 

               Quédate conmigo, Señor, para mostrarme Tu Voluntad. 

               Quédate, Señor, conmigo, para que oiga Tu voz y la siga. 

               Quédate, Señor, conmigo, porque deseo amarte mucho y estar en Tu compañía. 

               Quédate, conmigo, Señor, si quieres que te sea fiel.

               Quédate conmigo, Señor, porque aunque mi alma sea tan pobre, desea ser para Ti un lugar de descanso, un nido de amor…

               Quédate, Jesús conmigo, porque se hace tarde y el día declina… Esto es, se acerca la muerte, el Juicio, la Eternidad… 

               Quédate conmigo; necesito redoblar mis fuerzas a fin de no desfallecer en el camino y para esto tengo necesidad de Ti. Se hace tarde y viene la muerte. Me inquietan las tinieblas, las tentaciones, las arideces, las cruces, las penas… 

               ¡Cuánta necesidad tengo de Ti! Haz que te conozca, como Tus Discípulos, al partir el pan. Esto es: que la Unión Eucarística sea la luz que disipe las tinieblas, la fuerza que me sostenga y la única alegría de mi corazón.

               Quédate, Señor, conmigo, porque cuando llegue la muerte quiero estar unido a Ti, si no realmente por la Santa Comunión, al menos por la Gracia y el Amor. 

               ¡Quédate, Jesús, conmigo! No te pido Tu divina consolación, porque no la merezco, pero el don de Tu Santísima Presencia… ¡eso sí, te lo pido! ¡Quédate, Señor, conmigo! A Ti solo busco: Tu Amor, Tu gracia, Tu voluntad, Tu Corazón, Tu Espíritu, porque te amo y no quiero otra recompensa que amar. 

               Quiero un amor ferviente y profundo. Quiero amarte con todo mi corazón, aquí en la tierra, para seguir amándote con perfección por toda la Eternidad. Así sea.



martes, 10 de diciembre de 2024

EL CALVARIO ES EL MONTE DE LOS SANTOS. Meditaciones del Padre Pío de Pietrelcina

  



               La Piedad Católica ha consagrado el día Martes para honrar de manera especial a nuestro Ángel Custodio; podemos saludarle con alguna oración especial; también podemos ofrecer un pequeño sacrificio (privarnos de ver televisión, no comer dulce, etc) como desagravio por tantas almas que ignoran a su Custodio.

               Es opinión muy común entre los teólogos, que recibimos la asistencia de nuestro Ángel de la Guarda desde el momento mismo de la concepción y así, el Ángel particular que todos tenemos, nos cuida ya desde el vientre materno. Jamás podrás tener amigo más fiel y mejor confidente... hasta más allá de esta vida terrena te acompañará, para consolarte en el Purgatorio y para hacerte más feliz en el Paraíso, donde a buen seguro entrarás de su mano. No dejes de encomendarte ni una sola mañana al Ángel Custodio y procura que otros lo hagan también; acude a Él con la seguridad de ser atendido y pronto sentirás su ayuda.


ORACIÓN AL ÁNGEL DE LA GUARDA
compuesta por el Padre Pío de Pietrelcina


               Oh mi Ángel de la Guarda, cuida mi alma y mi cuerpo. Ilumina mi mente para que pueda conocer mejor al Señor mi Dios y amarlo con todo el corazón. Vigílame cuando rezo para que no ceda a las distracciones de la vida.

               Sostenme con tus consejos para vivir como un buen Cristiano y ayúdame a cumplir obras de generosidad. Defiéndeme de los engaños del maligno y socórreme durante las tentaciones para que pueda vencer en la lucha contra el mal. 

               Oh mi querido Ángel de la guarda, recito esta oración para pedirte que permanezcas siempre a mi lado y para pedirte que no ceses nunca de ser mi Ángel de la Guarda, hasta que no sea llamado al recinto del Señor, donde adoraremos juntos, por toda la Eternidad a Dios Nuestro Señor. Amén.





jueves, 10 de octubre de 2024

NO TE PREOCUPES POR EL MAÑANA. Meditaciones del Padre Pío de Pietrelcina

 


               Francesco Forgione más conocido como Padre Pío, había nacido en 1887, en Pietrelcina (Benevento). Fue bautizado un día después de su nacimiento. Ya desde muy temprana edad  acariciaba el sueño de consagrar su vida al Señor. 

               Fue aceptado  como novicio en la Orden de Frailes Capuchinos Menores  en Morcone (Benevento). El 10 de Agosto de 1910 fue ordenado Sacerdote. Inició su vida sacerdotal, teniendo una salud bastante frágil, por eso estará peregrinado por varios conventos antes de llegar a San Giovanni Rotondo, en 1916; allí vivirá hasta el día de su muerte el 23 de Septiembre  de 1968. 

               A la edad de cinco años había recibido la visita de Jesús  y María; veía también a los Ángeles, sin embargo pensaba que todos tenían la misma posibilidad...

               El 5 de Agosto de 1918 se manifestó la transverberación (perforación  espiritual del corazón) y después, el 20 de Septiembre  de 1918 recibió los estigmas en las manos, en los pies y en el costado, delante del crucifijo del coro de la vieja iglesia conventual. Poco antes de su muerte, las heridas, que de continuo estaban abiertas y sangrando, sanan y milagrosamente desaparecen.



lunes, 23 de septiembre de 2024

PADRE PÍO, SACERDOTE SANTO, VÍCTIMA PERFECTA

   

               El Padre Pío nació el 25 de Mayo de 1887, en una aldea llamada Pietrelcina, al sur de Italia, en la provincia de Benevento; sus padres, Horacio Forgione y Giuseppa de Nunzio eran unos humildes agricultores, que encomendaron su protección al Seráfico San Francisco de Asís, por eso le bautizaron con su nombre. Con el pasar de los años, el Padre Pío se configuraría con aquél Santo no sólo por pertenecer a su Orden, sino por llevar en su cuerpo los estigmas de la Pasión.

              Desde muy niño fue profundamente sensible y espiritual; así a la corta edad de cinco años, se ofreció al Señor como Víctima y comenzó a tener frecuentes visiones de su ángel custodio, de Nuestra Señora la Virgen y del mismo Jesucristo, visiones estas que le acompañarían el resto de su vida.




               Pero también el Demonio se le representaría de distintas maneras; cuando esto ocurría, nunca le falló la ayuda su ángel de la guarda o incluso de Nuestro Señor, que ponían al diablo en fuga.


"Cada Misa escuchada con devoción, produce
en nuestra alma efectos maravillosos,
abundantes gracias materiales y espirituales
que no alcanzamos a comprender.
A tal fin, no malgastes tu dinero, sacrifícalo 
y ven a escuchar Misa. El mundo puede existir 
sin el sol, pero no puede existir sin la Misa."

(Padre Pío)


               Siendo apenas un adolescente, Francisco manifestó su deseo de ser franciscano capuchino. Ya que la familia era sumamente pobre, su padre se vio obligado a emigrar a Estados Unidos y Jamaica, en busca de medios económicos con los que sustentar la carrera eclesiástica de su hijo.

               La víspera de su entrada en el Noviciado Capuchino de Morcone, el futuro Santo recibió la visita de Nuestro Señor, que le animó a seguirle; también la Virgen Santa le consoló y prometió ayuda en el camino que iba a comenzar. Al tomar el hábito, cambió el nombre de Francisco por el de Pío.

               Años más tarde, el 10 de Agosto de 1910, Fray Pío es ordenado sacerdote en la Catedral de Benevento; como recuerdo de aquél día, el ya Padre Pío escribió: “Oh Jesús, mi suspiro y mi vida, te pido que hagas de mí un Sacerdote Santo y una Víctima perfecta”.

               Aquejado por su débil salud, pasó algún tiempo en su pueblo natal, donde vivía retirado en una pequeña choza; fue precisamente allí donde sufrió los síntomas de unos estigmas aún invisibles, pero que de cierto le hacían padecer como un auténtico crucificado. Aturdido, confundido por semejante gracia, rogó al Señor que nunca se hicieran visibles aquellas heridas que ya sufría.

               Continuaba su convalecencia en Pietrelcina, pero el demonio no dejaba de molestarle; se le manifestaba de diversas maneras, unas veces con forma de animales, otras de mujeres en actitudes lascivas… sin embargo, era después consolado por aquellas visiones celestiales que desde su infancia le acompañaban. Su Santo Ángel Custodio, San Francisco, la Purísima Virgen María, le sostenían y aumentaban el sentido del continuo sufrimiento que iba a padecer pronto, cuando se asemejase con Cristo en los sufrimientos de la Pasión.


"Durante el día, cuando no puedas hacer otra cosa,  
       llama a Jesús, en el medio de tus ocupaciones,
      con gemido resignado de tu alma, y El vendrá,
          quedará siempre unido al alma por medio 
   de Su gracia y Su santo amor. Vuela con tu espíritu 
       hacia el tabernáculo, cuando no puedas llegar
         con tu  cuerpo, y desahoga allí tus deseos...
  habla, reza, abraza al dilecto de las almas mejor aún
       que si lo pudieras recibir sacramentalmente."

(Padre Pío)


               El 12 de Agosto de 1912, sufrió -a semejanza de Santa Teresa de Jesús y de Santa Verónica Giulianni- lo que era tener herido el corazón por el Amor de Dios. Así mismo lo narró él en una carta a su director espiritual: “Estaba en la iglesia haciendo la acción de gracias tras la Misa, cuando de repente sentí mi corazón herido por un dardo de fuego, hirviendo en llamas, y yo pensé que iba a morir”.

               Tras un largo período en su Pietrelcina natal, el Padre Pío, casi recuperado de sus dolencias físicas y por orden de sus superiores, se dirige a Foggia el 17 de Febrero de 1916, para pocos meses después, entrar en el convento de San Giovanni Rotondo, donde probaría si salud mejoraba por el particular clima de la región. Los superiores del Padre Pío, al comprobar que era aquel el lugar donde más alivio encontraría para sus dolencias, se resolvieron a enviarle definitivamente allí. Desde que entró, el 4 de Septiembre de 1916 hasta su muerte, jamás volvió a salir de aquel convento.

               Durante la Primera Guerra Mundial, el Padre Pío sería llamado a filas hasta en tres ocasiones, pero siempre sería devuelto al convento por su pésima salud.




               Cuando apenas había pasado un mes de la transverberación, una nueva gracia espiritual marcaría el resto de la vida del Padre Pío. De nuevo, tenemos conocimiento exacto de los hechos a través de una carta que él mismo escribió a su director espiritual:

                “Era la mañana del 20 de Septiembre de 1918. Yo estaba en el coro, haciendo la acción de gracias de la Misa y sentí que me elevaba poco a poco siempre a una oración más suave, de pronto una gran luz me deslumbró y se me apareció Cristo, que sangraba por todas partes. De su cuerpo llagado salían rayos de luz, que más bien parecían flechas que herían las manos, los pies y el costado.

                 Cuando volví en mí, me encontré en el suelo y llagado. Las manos, los pies y el costado me sangraban hasta hacerme perder las fuerzas para levantarme. Me sentía morir, y hubiera muerto si el Señor no hubiera venido a sostenerme el corazón que sentía palpitar fuertemente en mi pecho. A gatas me arrastré hasta la celda. Me recosté y recé, miré otra vez mis llagas y lloré, elevando himnos de agradecimiento a Dios.”

             Pero a estas dolorosas experiencias, se le sumaría la de la incomprensión humana; el Padre Agustín Gemelli, franciscano, doctor en medicina, se acercó al convento de San Giovanni Rottondo para examinar los estigmas del Padre Pío, que se negó, ya que el Padre Gemelli no traía consigo autorización alguna. Eso fue el detonante para que el médico franciscano publicase un artículo calificando al Padre Pío de neurótico y se ser él mismo el que se había autolesionado.

             Por tal motivo, la Santa Sede, confiando en el juicio del Padre Gemelli, tomó la decisión de “aislar” al Padre Pío durante casi diez años, entre 1923 y 1933, donde se le requisaba hasta la correspondencia epistolar. Durante todo ese período no dejó de sufrir la Pasión de Nuestro Señor.

             Al estar tan configurado con Nuestro Señor, el Padre Pío vivía la Santa Misa como en lo que en realidad es: un Sacrificio. Por eso, su Misa duraba unas dos horas, tiempo en el cual se sumergía en los dolores no sólo de Cristo, sino de la Virgen Santa. Conforme avanzaba la Santa Misa, era como si subiese al Monte Calvario. De hecho sufría la misma agonía que el Crucificado y sangraba abundantemente durante la Consagración. 

             El mismo Padre Pío explicaba así lo que es el Santo Sacrificio de la Misa: “La Misa es Cristo en la Cruz, con María y San Juan a los pies de la misma y los ángeles en adoración. Lloremos de amor y adoración en esta contemplación”.

             Una vez alguien le preguntó cómo es que podía pasar tanto tiempo de pie durante la Santa Misa, a lo que el Padre Pío contestó: “Hija mía, no estoy de pie, estoy suspendido con Cristo en la Cruz”.


"En estos tiempos tristemente faltos de fe, 
de impiedad triunfante, donde todos los que nos rodean
 tienen siempre el odio en el corazón, y la blasfemia 
en los labios, el mejor medio de mantenerse libre 
del mal es fortificarse con el alimento eucarístico."

(Padre Pío)

               A partir del 16 de Julio de 1933 la Santa Sede levanta las restricciones al Padre Pío y éste puede volver a celebrar Misa en público; a partir del año siguiente se le permitiría de nuevo confesar. 

               Con el dinero de los donativos que sus devotos hacían llegar al Convento de San Giovanni Rottondo, el Padre Pío proyecta la creación de un Hospital, "la Casa Sollievo della Sofferenza", que sería inaugurada el 5 de Mayo de 1956.



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               A raíz de la Segunda Guerra Mundial, el mismo Padre funda los "Grupos de Oración del Padre Pío". Los Grupos se multiplicaron por toda Italia y el mundo. A la muerte del Padre los Grupos eran 726 y contaban con 68.000 miembros.

               Desde 1959, periódicos y semanarios empezaron a publicar artículos y reportajes mezquinos y calumniosos contra la "Casa Alivio del Sufrimiento". Para quitar al Padre los donativos que le llegaban de todas partes del mundo para el sostenimiento de la Casa, sus enemigos envidiosos planearon una serie de documentaciones falsas y hasta llegaron, sacrílegamente, a colocar micrófonos en su confesionario para sorprenderlo en error.

               Algunas oficinas de la Curia Romana condujeron investigaciones, le quitaron la administración de la Casa Alivio del Sufrimiento y sus Grupos de Oración fueron dejados en el abandono. A los fieles se les recomendó no asistir a sus Misas ni confesarse con él.

               El Padre Pío sufrió mucho a causa de esta última persecución que duró hasta su muerte, pero su fidelidad y amor intenso hacia la Santa Madre Iglesia fue firme y constante. En medio del dolor que este sufrimiento le causaba, solía decir: "Dulce es la mano de la Iglesia también cuando golpea, porque es la mano de una madre".

               El Viernes 20 de Septiembre de 1968, el Padre Pío cumplía 50 años de haber recibido los estigmas del Señor; celebró la Santa Misa a la hora acostumbrada. Alrededor del altar había 50 grandes macetas con rosas rojas para sus 50 años de sangre... De la misma manera milagrosa como los estigmas habían aparecido en su cuerpo 50 años antes, ahora, 50 años más tarde y unos días antes de su muerte, habían desaparecido sin dejar rastro alguno de cinco décadas de dolor y sangre, con lo cual el Señor ha confirmado su origen místico y sobrenatural.

               Tres días después, murmurando por largas horas "¡Jesús, María!", muere el Padre Pío... era el 23 de Septiembre de 1968. 



sábado, 23 de septiembre de 2023

LV Aniversario del Padre Pío de Pietrelcina



                Se cumplen cincuenta y cinco años de la entrada en la Vida del Padre Pío, hasta el momento, el primer y único Sacerdote estigmatizado; su nombre de pila, Francisco, fue como un anuncio providencial de su misión en la tierra: ser un crucificado sin cruz, a semejanza del primer estigmatizado, San Francisco de Asís, y como él, padecer las heridas de la Pasión de Cristo en sí mismo, configurándose física y místicamente con la Víctima del Calvario, en especial, en el momento cumbre de un Sacerdote, la Santa Misa. Era allí, en el ara del Altar, donde el Padre Pío se transfiguraba y se hacía doblemente Víctima: primero en virtud de su Sacerdocio, gracias al cual prestaba sus labios, sus manos, su cuerpo todo, al Verdadero Sacerdote, Cristo, en quien el pobre hombre opera in Persona Christi; pero además, el Padre Pío, jamás se pudo abstraer de esa mística realidad, ya que sólo tenía que sufrir las heridas que el Cielo le había regalado, para unirse aún más a Jesús inmolado, a Jesús Sacramentado, la Víctima Divina.


ALGUNAS NOTAS SOBRE 
LA ESTIGMATIZACIÓN DEL PADRE PÍO


               "El 20 de Septiembre de 1918, después de la celebración de la Misa, al entretenerme para hacer la acción de gracias en el Coro, en un momento fui asaltado por un gran temblor, después volví a la calma y vi a Nuestro Señor con la postura de quien está en cruz. No me ha impresionado si tuviera la Cruz, lamentándose de la mala correspondencia de los hombres, especialmente de los consagrados a Él y por ello más favorecidos (1). De aquí se manifestaba que Él sufría y que deseaba asociar a las almas a Su Pasión. Me invitaba a compenetrarme con Sus dolores y a meditarlos: al mismo tiempo, a ocuparme en la salud de los hermanos. Seguidamente me sentí lleno de compasión por los dolores del Señor y le preguntaba qué podía hacer. Oí esta voz: ‘Te asocio a Mi Pasión’. Y acto seguido, desaparecida la visión, volví en mí, recobré la razón y vi estos signos aquí, de los que goteaba sangre..." (De la declaración del Padre Pío al Obispo Monseñor Raffaele Rossi (2), el 15 de Junio de 1921) 



Rostro del Crucifijo ante el que rezaba el Padre Pío
cuando fue agraciado con los Sagrados Estigmas


               "Las manos, los pies y el costado me sangraban y me dolían hasta hacerme perder todas las fuerzas para levantarme. Me sentía morir, y hubiera muerto si el Señor no hubiera venido a sostenerme el corazón, que sentía palpitar fuertemente en mi pecho. A gatas me arrastré hasta la celda. Me recosté y recé, miré otra vez mis llagas y lloré, elevando himnos de agradecimiento a Dios". (De una carta del Padre Pío a su Director Espiritual, el Padre Benedetto de San Marco in Lamis)

               "...de las llagas se desprendía un perfume intenso de violeta... los estigmas en cuestión no son obra del Diablo, ni un engaño burdo, un fraude, una artimaña de persona artera y maliciosa... " sus estigmas no me parecen un producto morboso de sugestión externa." (Monseñor Raffaele Rossi, en las conclusiones del informe oficial que presentó ante el Santo Oficio después de examinar al Padre Pío).


NUESTRO SEÑOR REVELÓ AL PADRE PÍO
EL INMENSO VALOR DE LA SANTA MISA


              Durante la persecución puesta en marcha por la Jerarquía de la Iglesia, entre finales de los años 20 y comienzo de los 30 del siglo XX, el Padre Pío se dedicó a rezar, leer, estudiar y escribir; en un diario personal dejó anotadas algunas revelaciones de Nuestro Señor acerca del valor de la Santa Misa:

               "Pensad que el Sacerdote que Me llama entre sus manos tiene un poder que ni a Mi Madre concedí. Reflexionad que si sirviesen al Sacerdote, en vez que un sacristán, los más excelsos Serafines, no serían suficientemente dignos de estarles cerca. Domándoos sí, considerando la preciosidad del regalo que os hago, es indigno asistir a Misa pensando en otra cosa que no sea Yo. Más bien sería justo que, humillados y agradecidos, palpitarais alrededor Mío y, con toda el alma, me ofrecierais al Padre de las Misericordias; más bien sería justo considerar el Altar no por lo que han hecho los hombres, sino por lo que vale, por Mi Presencia Mística, pero Real. Mirad la Hostia, en la que cada especie es aniquilada, y me veréis a Mí, humillado por vosotros. Mirad el Cáliz en el que Mi Sangre vuelve a la tierra, rica como es de toda bendición. Ofrecedme, ofrecedme al Padre. No olvidéis que para esto Yo vuelvo entre vosotros.




          Si os dijeran: ‘Vámonos a Palestina para conocer los Santos Lugares en los que Jesús vivió y donde murió’ vuestro corazón daría un vuelco ¿verdad? Sin embargo, el Altar sobre el que bajo ahora es más que Palestina, porque de ella partí hace veinte siglos y sobre el Altar Yo retorno todos los días Vivo, Verdadero, Real, si bien escondido, pero Soy Yo, Yo mismo Soy el que palpito entre las manos de Mi Ministro. Yo vuelvo a vosotros, no simbólicamente, oh no, sino verdaderamente. Os lo digo una vez más: verdaderamente. 

          ¡Getsemaní, Calvario, Altar! Tres lugares de los que el último, el Altar, es la suma del primero y del segundo; son tres lugares, pero uno sólo es Aquél que encontrareis ahí. […]

          Yo vuelvo sobre el Altar Santo desde el cual os llamo. Llevad vuestros corazones sobre el corporal santo que sujeta Mi Cuerpo. Hundíos, almas dilectas, en aquel Cáliz Divino que contiene Mi Sangre. Es ahí que el Amor estrechará a vuestros espíritus al mismo Creador, al Redentor, a vuestra Víctima; es ahí donde celebraréis Mi Gloria en la humillación infinita de Mí Mismo. Venid al Altar, miradme a Mí, pensad intensamente en Mí…"


NOTAS

                1- Contaba el Padre Pío que en una aparición, sucedida el 7 de Abril de 1913, Nuestro Señor, con "una gran expresión de disgusto en el rostro" mirando a una multitud de Sacerdotes, le dijo: "Yo estaré en agonía hasta el Fin del Mundo por causa de las almas más beneficiadas por Mí".

               2- Monseñor Raffaelle Carlo Rossi, Obispo de Volterra, Carmelita Descalzo, que en 1921 fue enviado como Visitador Apostólico por el Santo Oficio, para examinar al Padre Pío en su convento de San Giovanni Rotondo. En 1930 sería elevado al Cardenalato por el Papa Pío XI.


Para leer una reseña biográfica
del Padre Pío de Pietrelcina
sólo tienes que cliquear en el siguiente enlace

PADRE PÍO: EL SACERDOTE QUE SUFRIÓ 


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jueves, 7 de noviembre de 2019

PRIMER JUEVES de Mes: recemos por la Santidad Sacerdotal




               Santo Tomás enseña que todos estamos obligados a observar cuantos deberes van anejos al estado elegido. Por otra parte, el clérigo, dice San Agustín, está obligado a aspirar la santidad (...). Y Casiodoro escribe: “El eclesiástico está obligado a vivir una vida celestial”. “El Sacerdote está obligado a mayor perfección mayor perfección que el que no lo es”, como asegura Tomás de Kempis (...), pues su estado es más sublime que todos los demás. Y añade Salviano que Dios aconseja la perfección a los seglares, al paso que la impone a los clérigos (...).

               Los sacerdotes de la Antigua Ley llevaban escritas estas palabras en la tiara que coronaba su frente: SANTIDAD PARA YAHVEH (Libro del Éxodo, cap. 39, vers. 29), para recordar la santidad que debían confesar. Las víctimas que ofrecían los sacerdotes habían de consumirse en el fuego completamente. ¿Por qué? Pregunta Teodoreto, y responde. “Para inculcar a aquellos sacerdotes la integridad de la vida que han de tener los que se han consagrado completamente a Dios (...). Decía San Ambrosio que el Sacerdote, para ofrecer dignamente el sacrificio, primero se ha de sacrificar a sí propio, ofreciéndose enteramente a Dios (...). Y Esiquio escribe que el sacerdote debe ser un continuo holocausto de perfección, desde la juventud a la muerte (...). Por eso decía Dios a los sacerdotes de la antigua ley: “Os he separado entre los pueblos para que seáis Míos(Levítico, cap. 20, vers. 26). Con mayoría de razón en la Ley Nueva quiere el Señor que los Sacerdotes dejen a un lado los negocios seculares y se dediquen solo a complacer a Dios a quien se ha dedicado: “que se dedica a la milicia se ha de enredar en los negocios de la hacienda, a fin de contentar al que lo alistó en el ejército” [2 Carta a Timoteo, cap. 2, vers. 4). Y es precisamente la promesa que la Iglesia exige de los que ponen el pie en el Santuario por medio de la tonsura: hacerles declarar que en adelante no tendrán más heredad que a Dios: “El Señor es la parte de mi heredad y mi copa. Tú mi suerte tienes (Salmo 15 5). Escribe San Jerónimo que “Hasta el mismo traje talar y el propio estado claman y piden la santidad de la vida” (...). De aquí que el Sacerdote no solo has de estar alejado de todo vicio, sino que se debe esforzar continuamente por llegar a la perfección, que es aquella a que sólo pueden llegar los viadores (...).


"La Dignidad y la Santidad Sacerdotal" 
por San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia




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lunes, 14 de octubre de 2019

EL OFRECIMIENTO DEL PADRE PÍO por las Almas del Purgatorio




               Era tal el amor que el Padre Pío sentía por las Almas que padecen en el Bendito Purgatorio, que a los pocos meses de haber sido ordenado sacerdote, se sentó a escribir al Padre Benedetto, su Director Espiritual, con el que podía compartir todos los anhelos del alma sin temor al rechazo o incomprensión:

              "Ahora mi querido Padre, quiero pedir vuestro permiso para algo. Hace ya un tiempo que he sentido la necesidad de ofrecerme al Señor como víctima por los pobres pecadores y por las Almas del Purgatorio. Este deseo ha estado creciendo continuamente en mi corazón, hasta el punto de que ahora ha llegado a ser, lo que llamaría una fuerte pasión. 

               He hecho este ofrecimiento al Señor varias veces, suplicándole que derrame sobre mí el castigo preparado para los pecadores y por las Almas del Purgatorio, aun aumentándolas cien veces más para mí, siempre que Él convierta a los pecadores y rápidamente admita al Paraíso a las Almas del Purgatorio. Pero ahora me gustaría hacer esta ofrenda de mí mismo al Señor en obediencia a usted o en otras palabras por orden suya. A mí me parece que Jesús realmente quiere esto. Estoy seguro de que usted no tendrá dificultad en concederme este permiso." (1)




               El Padre Benedetto, conmovido por los buenos deseos del joven sacerdote, no quiso demorarse en la respuesta y le concedió el permiso para ofrecerse a Dios como víctima por los pecadores y por las Almas del Purgatorio:

               "Haga el ofrecimiento del cual usted me habla y será el más aceptable al Señor. Extienda sus brazos también sobre la Cruz y al ofrecer al Padre el sacrificio de sí mismo en unión con el Amantísimo Salvador, sufra, quéjese y ruegue por los pecadores de la tierra y por las pobres Almas en la otra vida que tanto merecen de nuestra compasión en sus sufrimientos pacientes e indecibles." (2)


NOTAS ACLARATORIAS

   1 - Carta del 29 de Noviembre de 1910 
   2 - Carta del 1 de Diciembre de 1910.


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lunes, 23 de septiembre de 2019

PADRE PÍO: EL SACERDOTE QUE SUFRIÓ LAS MISMAS LLAGAS DE CRISTO


          El Padre Pío nació el 25 de Mayo de 1887, en una aldea llamada Pietrelcina, al sur de Italia, en la provincia de Benevento; sus padres, Horacio Forgione y Giuseppa de Nunzio unos humildes agricultores, encomendaron su protección al Seráfico San Francisco de Asís, por eso le bautizaron con su nombre. Con el pasar de los años, el Padre Pío se configuraría con aquél santo no sólo por pertenecer a su Orden, sino por llevar en su cuerpo los estigmas de la Pasión. 




          Desde muy niño fue profundamente sensible y espiritual; así a la corta edad de cinco años, se ofreció al Señor como víctima y comenzó a tener frecuentes visiones de su ángel custodio, de Nuestra Señora la Virgen y del mismo Jesucristo, visiones estas que le acompañarían el resto de su vida.

          Pero también el demonio se le representaría de distintas maneras; cuando esto ocurría, nunca le falló la ayuda su ángel de la guarda o incluso de Nuestro Señor, que ponían al diablo en fuga.

          "Cada Misa escuchada con devoción, produce en nuestra alma efectos maravillosos, abundantes gracias materiales y espirituales que no alcanzamos a comprender. A tal fin, no malgastes tu dinero, sacrifícalo y ven a escuchar Misa. El mundo puede existir sin el sol, pero no puede existir sin la Misa."

          Siendo apenas un adolescente, Francisco manifestó su deseo de ser franciscano capuchino. Ya que la familia era sumamente pobre, su padre se vio obligado a emigrar a Estados Unidos y Jamaica, en busca de medios económicos con los que sustentar la carrera eclesiástica de su hijo.

          La víspera de su entrada en el Noviciado Capuchino de Morcone, el futuro santo recibió la visita de Nuestro Señor, que le animó a seguirle; también la Virgen Santa le consoló y prometió ayuda en el camino que iba a comenzar. Al tomar el hábito, cambió el nombre de Francisco por el de Pío.

          Años más tarde, el 10 de Agosto de 1910, Fray Pío es ordenado sacerdote en la Catedral de Benevento; como recuerdo de aquél día, el ya Padre Pío escribió: “Oh Jesús, mi suspiro y mi vida, te pido que hagas de mí un sacerdote santo y una víctima perfecta”.

          Aquejado por su débil salud, pasó algún tiempo en su pueblo natal, donde vivía retirado en una pequeña choza; fue precisamente allí donde sufrió los síntomas de unos estigmas aún invisibles, pero que de cierto le hacían padecer como un auténtico crucificado. Aturdido, confundido por semejante gracia, rogó al Señor que nunca se hicieran visibles aquellas heridas que ya sufría.

          Continuaba su convalecencia en Pietrelcina, pero el demonio no dejaba de molestarle; se le manifestaba de diversas maneras, unas veces con forma de animales, otras de mujeres en actitudes lascivas… sin embargo, era después consolado por aquellas visiones celestiales que desde su infancia le acompañaban. Su Santo Ángel Custodio, San Francisco, la Purísima Virgen María, le sostenían y aumentaban el sentido del continuo sufrimiento que iba a padecer pronto, cuando se asemejase con Cristo en los sufrimientos de la Pasión.

          El 12 de Agosto de 1912, sufrió -a semejanza de Santa Teresa de Jesús y de Santa Verónica Giulianni- lo que era tener herido el corazón por el Amor de Dios. Así mismo lo narró él en una carta a su director espiritual: “Estaba en la iglesia haciendo la acción de gracias tras la Misa, cuando de repente sentí mi corazón herido por un dardo de fuego, hirviendo en llamas, y yo pensé que iba a morir”.

          Tras un largo período en su Pietrelcina natal, el Padre Pío, casi recuperado de sus dolencias físicas y por orden de sus superiores, se dirige a Foggia el 17 de Febrero de 1916, para pocos meses después, entrar en el convento de San Giovanni Rotondo, donde probaría si salud mejoraba por el particular clima de la región. Los superiores del Padre Pío, al comprobar que era aquel el lugar donde más alivio encontraría para sus dolencias, se resolvieron a enviarle definitivamente allí. Desde que entró, el 4 de Septiembre de 1916 hasta su muerte, jamás volvió a salir de aquel convento.

          Durante la Primera Guerra Mundial, el Padre Pío sería llamado a filas hasta en tres ocasiones, pero siempre sería devuelto al convento por su pésima salud.




          Cuando apenas había pasado un mes de la transverberación, una nueva gracia espiritual marcaría el resto de la vida del Padre Pío. De nuevo, tenemos conocimiento exacto de los hechos a través de una carta que él mismo escribió a su director espiritual:

          “Era la mañana del 20 de Septiembre de 1918. Yo estaba en el coro, haciendo la acción de gracias de la Misa y sentí que me elevaba poco a poco siempre a una oración más suave, de pronto una gran luz me deslumbró y se me apareció Cristo, que sangraba por todas partes. De su cuerpo llagado salían rayos de luz, que más bien parecían flechas que herían las manos, los pies y el costado.

          Cuando volví en mí, me encontré en el suelo y llagado. Las manos, los pies y el costado me sangraban hasta hacerme perder las fuerzas para levantarme. Me sentía morir, y hubiera muerto si el Señor no hubiera venido a sostenerme el corazón que sentía palpitar fuertemente en mi pecho. A gatas me arrastré hasta la celda. Me recosté y recé, miré otra vez mis llagas y lloré, elevando himnos de agradecimiento a Dios.”

          Pero a estas dolorosas experiencias, se le sumaría la de la incomprensión humana; el Padre Agustín Gemelli, franciscano, doctor en medicina, se acercó al convento de San Giovanni Rottondo para examinar los estigmas del Padre Pío, que se negó, ya que el P. Gemelli no traía consigo autorización alguna. Eso fue el detonante para que el médico franciscano publicase un artículo calificando al Padre Pío de neurótico y se ser él mismo el que se había autolesionado.

          Por tal motivo, la Santa Sede, confiando en el juicio del Padre Gemlli, tomó la decisión de “aislar” al Padre Pío durante casi diez años, entre 1923 y 1933, donde se le requisaba hasta la correspondencia epistolar. Durante todo ese período no dejó de sufrir la Pasión de Nuestro Señor.

          Al estar tan configurado con Nuestro Señor, el Padre Pío vivía la Santa Misa como en lo que en realidad es: un Sacrificio. Por eso, su Misa duraba unas dos horas, tiempo en el cual se sumergía en los dolores no sólo de Cristo, sino de la Virgen Santa. Conformo avanzaba la Santa Misa, era como si subiese al Monte Calvario. De hecho sufría la misma agonía que el Crucificado y sangraba abundantemente durante la Consagración. 

          El mismo Padre Pío explicaba así lo que es el Santo Sacrificio de la Misa: “la Misa es Cristo en la Cruz, con María y San Juan a los pies de la misma y los ángeles en adoración. Lloremos de amor y adoración en esta contemplación”.

          Una vez alguien le preguntó cómo es que podía pasar tanto tiempo de pie durante la Santa Misa, a lo que el Padre Pío contestó: “Hija mía, no estoy de pie, estoy suspendido con Cristo en la Cruz”.

          Y como resumen de su amor por la Sagrada Eucaristía, cerramos este artículo con una de sus advertencias:

          "En estos tiempos tristemente faltos de Fe, de impiedad triunfante, donde todos los que nos rodean tienen siempre el odio en el corazón, y la blasfemia en los labios, el mejor medio de mantenerse libre del mal es fortificarse con el Alimento Eucarístico."