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martes, 24 de febrero de 2026

LA FAZ DE JESUCRISTO, poderosa arma contra Satanás

 

Oh, Faz adorable, que haces 
estremecer a los demonios, 
ten misericordia de nosotros



                    Adoremos la adorable Faz de Jesús, ante quien debe doblarse toda rodilla, en el Cielo, en la Tierra y en el Infierno, que permite a los demonios acercársele y contemplar Sus rasgos. 

                    Bajo el velo de humanidad, Su Divinidad sólo tiene que manifestarse por sí Misma, bastando un momento para arrojar a los enemigos de Dios y a todos los injustos al abismo. 

                    Jesús quiso ser tentado por el Demonio, quiso someterse a sus asaltos. La Luz Increada no tuvo miedo de estar a menudo en presencia del Ángel de las tinieblas. En el desierto el Tentador se le acercó, y sugirió al Divino Penitente las tres tentaciones que tienen como origen la triple concupiscencia del orgullo, del amor a las cosas terrenas, y de la sensualidad. 

                    Jesús no las combatió con nada, excepto dulzura y paciencia. Se opuso a ellas con calma, energía y dignidad, con una mirada de Sus ojos, con una palabra salida de Su boca divina.  A menudo tendrá ocasión de expulsar al espíritu impuro fuera de los cuerpos de los poseídos, y fuera de las almas de los pobres pecadores, su forma de actuar será siempre la misma.  

                    Quiere enseñarnos que mientras permanezcamos en la tierra, tendremos que luchar contra esto "un león rugiente que siempre busca a quien devorar". Si se trató con rigor al Maestro, igual debe ser con el discípulo. ¡Acaso los Santos no soportaron la tentación en proporción a la altura de Santidad que habían alcanzado!. 

                    La tentación no es un pecado. El pecado consiste en una voluntad perversa y en el consentimiento; la voluntad siempre permanece libre. El Diablo siempre merodeará el corazón con ruidosos rugidos, él no puede entrar en él, y enlodar su pureza, a menos que se lo permitamos voluntariamente.

                    ¿Cuál es el requisito, Oh mi Dios, a fin de no sucumbir?. Desconfiar de las criaturas, confiar en Vuestra Gracia, recurrir a vuestro Poder: "Señor, muéstranos Tu Santa Faz y seremos salvos". 

                    Oh Buen Jesús, a la hora del peligro, al momento en que las aguas de la iniquidad están a punto de desbordar mi corazón, mostradme Vuestra Faz Divina; y el Demonio, desarmado y vencido, volará lleno de confusión a sus oscuros abismos: Ostende Faciem Tuam, et salvi erimus. 

                    Es a la hora del peligro que los polluelos se refugian bajo las alas de su madre, y las ovejas bajo el cayado de su Pastor. Cuando no encontramos reposando en los pastos del Señor, nada tenemos que temer a los dardos del Enemigo; por un momento, podemos olvidarnos de él cuando nos viene toda ayuda; pero de repente, dejemos se nos presente el Enemigo, y es entonces cuando nos apresuraremos a arrojarnos al Seno del Padre, quien puede defendernos. 

                    Armados con el pensamiento que estamos bajo la Mirada de Dios, como buenos soldados combatiremos bajo la mirada de su líder, probaremos a Dios nuestra fidelidad y amor, lucharemos contra el Enemigo, venceremos sus tramas alejándonos del pecado y de las ocasiones que nos conducen a él.  

                    Contra las tentaciones de orgullo, el alma Cristiana sólo tiene que considerar la Faz de su Dios cubierta de oprobios, ensangrentada y desfigurada, a fin de expiar las rebeliones de su criatura culpable, contra las tentaciones de sensualidad, sólo tiene que pensar en sus sufrimientos, contra las tentaciones de apego a los bienes mundanos, sólo tiene que contemplar a Cristo desnudo sobre la Cruz, y ante tal vista, ¿quién no se sentirá fortalecido a luchar el buen combate del Señor?.

                    Una vez se le apareció el Demonio a uno de los Siervos de Cristo, quien ya le había infringido la más de las ignominiosas derrotas. San Martín se encontraba en oración, en su celda. De repente se miró bañado en una luz púrpura; seguido vio ante sus ojos a un personaje resplandeciente de luz, de rostro sereno y aire gozoso, envuelto en traje real, su frente coronada con una diadema. "Martín", "Soy Cristo, adórame". El Santo se detuvo y reflexionó un momento: "Mi Señor Jesús", respondió, "¿acaso no me anunciaste que Te aparecería vestido de púrpura y coronado con una diadema?. Por mi parte, si no Te veo con el Rostro bajo lo que sufriste, con Tus estigmas y Tu Cruz, no creeré que eres Tú". Ante estas palabras, el fantasma se desvaneció. 

                    Si deseamos poner al Demonio a volar, recordemos entonces de la Pasión de Nuestro Señor, y contemplemos Su Santa Faz desfigurada por el pecado. 


Jaculatoria para repetir a lo largo de hoy...

Christo igitur passo in carne, 
et vos eadem cogitationi armamini 
(I Pedro, 1,4) 

Armémonos contra el Demonio 
con el pensamiento de Cristo crucificado.


Tomado del libro "Un mois en l'honneur de la Sainte Face",
por el Sacerdote Jean-Baptiste Fourault, 
editado por vez primera en 1903


martes, 29 de octubre de 2024

LA FAZ DE JESÚS Y MAGDALENA

 

Oh, Faz adorable, cuya modestia 
y dulzura atrajo a justos y pecadores, 
ten piedad de nosotros


               Había una mujer de gran renombre en la ciudad, y esta mujer era una pecadora. El poder de una mirada de Jesús, la generosidad del amor de Magdalena, estos son los dos misterios que presenta este pasaje del Evangelio, tan consolador para el alma cristiana. 

               Delante de Ti, ¿quién puede llamarse a sí mismo justo, Oh mi Dios? Tus ojos divinos, que iluminan los esplendores del Cielo, aún en los Ángeles descubren manchas, esos espíritus que son tan puros.

               ¿Cómo me atreveré a comparecer ante Ti? La consideración de Tu misericordia hacia María Magdalena serán mi esperanza y mi consuelo.  

               Cierta tarde, de acuerdo con una piadosa tradición, María Magdalena estaba sentada a la puerta de su lugar de habitación, inhalando el balsámico aire de la primavera, cuando un grupo de viajeros pasaron frente a ella. Uno de ellos, quien parecía ser un profeta, estaba explicando la Ley, y cuando se acercó donde estaba Magdalena, ella escuchó estas palabras: "Os digo que aún habrá gozo en el Cielo por un pecador que haga penitencia". Y al mismo tiempo, alzando su cabeza, arrojó, con sus ojos, una mirada a Magdalena, y la mirada de la Faz Divina se encontró con la mirada de la pecadora. 

               Unos días después, Jesús fue invitado a una fiesta en la casa de un fariseo, cuando apareció una mujer, llevando una jarra de alabastro lleno de un delicioso perfume. Derramándolos sobre los pies del Salvador, los enjugó con sus lágrimas, y luego se los secó reverentemente con su cabello. 

               "Muchos pecados le son perdonados", le dijo inmediatamente el Salvador, "porque ha amado mucho". Tal fue la recompensa de la pecadora. 

               La primera mirada que la Faz Divina lanzó sobre ella fue un destello de gracia; la segunda mirada hizo que Magdalena cayera a los pies de Jesús, para levantarla de nuevo, purificada, curada y renovada. 

               Oh incomparable Faz de Jesús, mira también sobre mi pobre alma, y conviérteme como a la Magdalena. 

               Luego de encontrarse con Jesús, María Magdalena regresó a su casa paterna, la cual había olvidado hace mucho tiempo. Pasaron varios meses en medio de los gozos que acompañaron su regreso, de los placeres por los deberes cumplidos, y de la unión fraterna.  

               Sucedió un día, que el divino Maestro, se apareció en el umbral del lugar de habitación de Lázaro y sus hermanas. Fatigado por sus trabajos apostólicos. Vino a Betania, a pedir reposo en medio de sus amigos. Magdalena fue la primera en comprender la felicidad de poseer al Salvador. De rodillas a sus pies, escucha, contempla, adora, y pronto merece escuchar estas palabras consoladoras que caen de los labios del Mesías: "María, ha escogido la mejor parte, y no le será quitada". Las recibe, las pone en su corazón, y de ahí en adelante se agarra a Jesús, para nunca de nuevo separarse de Él. Por dondequiera busca una mirada de su Faz Divina, y en el día de la prueba, se precipita sobre Él exclamando "Señor si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto".

               En el Calvario, la pecadora, permanece al lado de la Virgen de los Dolores; embalsama el cuerpo de su Maestro, se sujeta a su sepulcro, y es una de los primeros que merece la gracia particular, de recibir la primera mirada de la Santa Faz resucitada. 

               Alma mía, mira tu modelo: una pecadora como Magdalena, una mirada de la Faz de Jesús cae sobre ti, para tocarte y convertirte. Busca siempre esta Divina Mirada, y si no se te permite disfrutar durante largo tiempo de los deleites de la contemplación, ve y anuncia al mundo, como Magdalena, la felicidad de haber encontrado de nuevo a Jesús y las maravillas de su Amor.


Jaculatoria para repetir a lo largo de hoy...

"Faciem Tuam Domine requiram".  
Buscaré Señor tu Faz
(Salmo 31)


Tomado del libro "Un mois en l'honneur de la Sainte Face",
por el Sacerdote Jean-Baptiste Fourault, 
editado por vez primera en 1903



martes, 30 de abril de 2024

LA SANTA FAZ Y EL APÓSTOL PEDRO

 

Oh, Faz adorable, 
cuya divina mirada traspasó 
el corazón de San Pedro 
con una flecha de dolor y amor, 
ten piedad de nosotros.


               Jesús se encontraba a orillas del lago de Genesareth, y Andrés vino y dijo a sus hermanos "Hemos encontrado al Mesías".  De inmediato le condujo a Jesús, habiendo visto a Simón -Intuitus autem eum Jesus- , en el mismo instante le dijo "Tú eres Simón, hijo de Juan, de ahora en adelante te llamarás Cefas, que quiere decir piedra". Admiremos el poder y la eficacia de la mirada de Jesús. 

               Él vuelve Su Santa Faz sobre un pobre pescador, y descubre en él lo que hasta entonces nadie había visto, un alma elegida, un futuro pescador de hombres, él quien estaba destinado a ser la piedra angular sobre la que habría de edificar Su Iglesia. 

               Esta mirada penetró tanto el alma de Pedro, que inmediatamente abandonó sus redes y su familia, y siguió a su Maestro.

               ¿Acaso no fue también una mirada de los ojos del Salvador, que cayeron sobre mi alma, en el instante en que quizás me encontraba lejos de la grey celestial, y que, iluminándome con un rayo de gracia, me capacitaron para comprender la nada de las cosas creadas, y la felicidad de seguir al Divino Maestro? 

               Oh, Señor, obra Tu tierna mirada para que brille una vez más, y señálame el camino que debo seguir, a fin de que de ahora en adelante evite las sendas del vicio y el error.  

               "Aunque todos se escandalicen de Ti, Yo nunca me escandalizaré" , replicó el Apóstol a su Maestro en la víspera de Su Pasión; y como castigo de su arrogante confianza en sí mismo, Jesús permitió que las palabras dichas por una sirvienta hicieran que Su Vicario le negara por tres veces y afirmara con juramento que no conocía al hombre. 

               ¡Oh, Jesús, qué lección! ¡Pero, mira! apenas se había consumado la caída antes que el Salvador piense en nada más que en levantar de nuevo a Su Apóstol. Se olvida de Sus propios sufrimientos e ignominias, y vuelve hacia él Su Faz adorable; un rayo de luz de amor, proveniente de los ojos del Maestro, penetra el corazón del discípulo infiel, y Pedro confiesa su culpa. "Flevit amare", dice el Evangelio, "lloró amargamente", y tan amargamente, que un riachuelo de incesantes lágrimas trazó sobre la cara de Pedro un surco imborrable. 

               ¿No es la historia de Tu Apóstol de alguna manera la mía?.  ¿Cuántas veces no Te he negado por el pecado?. ¡Cuántas me has levantado de nuevo con una mira tierna de Tus ojos!. 

               Pero, Oh mi Jesús, ¿se ha asemejado mi contrición a esa del Apóstol penitente?. Dame su verdadero dolor por mis culpas, y que aprenda, contemplando Tu augusta Faz, desfigurada por mis pecados, de aquí en adelante a llevar una vida de reparación y amor. 


Jaculatoria para repetir a lo largo de hoy...

"Conversus Domini respexit Petrum, 
egressus foras, Petrus flevit amare". 
Y el Señor, volviéndose, miró a Pedro, 
y Pedro, saliendo, lloró amargamente. 
(Evangelio de San Lucas, 22, 61)


Tomado del libro "Un mois en l'honneur de la Sainte Face",
por el Sacerdote Jean-Baptiste Fourault, 
editado por vez primera en 1903




martes, 23 de abril de 2024

EL BESO DEL TRAIDOR SOBRE LA FAZ DE JESÚS

 

Oh, Faz adorable, 
besada por Judas el traidor, 
ten piedad de nosotros


               Jesús, habiendo terminado su oración, regresó donde sus discípulos y les dijo "Levantaos, vamos ; mirad, está cerca el que habrá de traicionarme". Apenas había terminado de hablar, cuando Judas se presentó a la cabeza de una tropa armada con espadas y antorchas, para llevarse al Señor conforme el signo que les había dado a ellos... "Aquél, a quien yo bese, ése mismo es, lleváoslo rápidamente". Y mira que el traidor en verdad se acerca a Jesús, y le da un beso infame sobre Su augusta Faz, diciendo "Te saludo, Maestro", ¡qué hipocresía y qué ultraje! 

               Nuestro Señor había colmado a Judas con bondad, lo había llamado a la gloria del apostolado, lo había honrado con el don de realizar milagros, y había confiado a su cuidado los recursos de los que podía disponer el rebaño que le había seguido. 

               Después de haberle lavado sus pies, lo había admitido al primer banquete eucarístico y se le había dado Él mismo en la Santa Comunión... ¡Que Comunión sacrílega, oh, Buen Maestro, ¡y que terrible el resultado de ella! ¡El ultraje infringido sobre Jesús por el traidor se dirige a Su Corazón, y se manifiesta en Su Santa Faz!. 

               Cuán dolorosa para el Salvador fue la traición de Su apóstol. Jesús la recibe y Él aún llama a Judas su amigo "Amice, ad quid venisti?" (Evangelio de San Mateo, cap. 26, vers. 50).

               Era tanto como para decirle "Aunque ya no Me amas más, Yo siempre te amo, y Mi Corazón permanece abierto para ti, a pesar de la vergüenza que cubre Mi Rostro". 

               Perdón, Señor, perdón, mil veces, perdón por el beso traidor. Ah, ojalá con mi amor consolara Tu Corazón, y por mis reparaciones lavara Tu Faz divina por las afrentas recibidas en el Huerto de la Agonía. 

              ¡Cuántas veces, ah! ¡no ha sido renovado el beso de Judas! Conozco un hombre, oh, Dios mío, a quien colmaste con el exceso de Tu ternura, y en cuya alma, sumergida en la inmundicia del pecado, Te compadeciste. Tú la alzaste y la sumergiste en el baño de la Salvación, la acercaste a Tu Corazón, y la alimentaste en Tu mesa con el Pan de los Ángeles, y todavía este hombre Te traiciona. Y este pecador soy yo mismo, oh Señor, yo que he despedazado Tu Corazón, con mi ingratitud, y con mis iniquidades. He cubierto Tu Faz adorable de vergüenza. 

               Por último, no me permitas traicionarte con una Comunión sacrílega, con un beso hipócrita. Ah, Señor, sería mejor para mí morir mil veces que de nuevo traicionarte. Inclina sobre mí Tu Faz misericordiosa. Que escuche, caer de Tus labios, la dulce palabra pronunciada en el huerto "Amice", amigo... Sí, Jesús, de ahora en adelante, seré Tu amigo. ¡Qué insensatez traicionarte por una locura pasajera de orgullo, de sensualidad y de avaricia!. ¿En mi última hora que habré cosechado de ello?

               Amarte como un fiel apóstol, tal debe ser el pósito de mi vida; reparar los ultrajes que Te he infringido, será de ahora en adelante mi única ocupación, para que un día pueda escuchar pronunciar de Tus labios, ya no más un amable reproche, sino lleno de ánimo y salvación "Amice, ad quid venisti?" Y yo responderé "¡Señor, a alabarte, a amarte, a bendecirte por toda la Eternidad!


Jaculatoria para repetir a lo largo de hoy...

"Osculetur me osculo oris Sui".  
Que me bese con los besos de Su boca 
(Cantar de los Cantares, 1, 1)


Tomado del libro "Un mois en l'honneur de la Sainte Face",
por el Sacerdote Jean-Baptiste Fourault, 
editado por vez primera en 1903