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viernes, 8 de mayo de 2026

LA GLORIOSA APARICIÓN DEL ARCÁNGEL SAN MIGUEL en el Monte Gargano

   


                       En la Provincia de Foggia, de la actual Italia, se eleva el Monte Gargano, dominando las colinas que le rodean, muy cerca de San Giovanni Rotondo, el pueblecito donde vivió el Padre Pío. Hasta el siglo quinto, la cima estaba recubierta de un bosque tupido e ignorada por todo el mundo. Pero en el año 490 nació la aurora de su inmortal gloria; su fama sobrepasó los confines de Italia, resonó en todo el mundo y comenzó a atraer a sí Papas, Emperadores, Príncipes reinantes, nobles y pueblo de todas las naciones. ¿Qué sucedió?

                       Leamos la narración original del antiguo libro del “Liber Pontificalis” de la Curia Romana:

                       Bajo el gobierno del Papa Felice y del Emperador Zeno, un día de aquel siglo tan lejano, un noble y muy rico señor del Monte Gargano, que se llamaba también Gargano y era el propietario de aquella montaña, desapareció su toro más bello de grandeza superior. 

                       Después de tres días de búsqueda, decidió ir personalmente a buscarlo. Después de algunas horas de una búsqueda angustiosa, con gran estupor encontraron a la bestia de rodillas en la entrada de una caverna inaccesible. El patrón, viendo la imposibilidad de salvarlo, quiso matarlo con una flecha envenenada. Pero ante la maravilla de todos, la flecha regresó e hirió a quien la había lanzado. El patrón cayó sangrando al suelo y los siervos asustados lo fajaron de prisa y lo llevaron a su casa en Siponto, que actualmente es una fracción de Manfredonia. 

                       La noticia de lo ocurrido se divulgó rápidamente en el pueblo y se convirtió en el único objeto de las conversaciones. Bajo la impresión de este extraño hecho, todos fueron a visitar al Obispo del lugar, San Lorenzo Maiorano, primo del emperador Zanone, para consultarle por lo acontecido.

                       El Santo Obispo, después de una breve reflexión ordenó que toda la población hiciese ayuno y oraciones durante tres días, para encontrar gracia ante Dios y para conocer el significado de dicho prodigio. Al alba del tercer día, que fue precisamente el 8 Mayo del año 490, el santo prelado, sumergido en su oración nocturna, de repente vio ante sí a un Ángel más esplendoroso que el Sol que iluminó el ambiente y le dijo:

                      “Yo soy el Arcángel Miguel que continuamente está en la Presencia de Dios. Deseando que este lugar se venere en toda la tierra y sea privilegiado, quise probar con ese acontecimiento insólito, que todo lo que se obra en este lugar, sucede por Voluntad Divina. Es Dios que me ha constituido Protector y Defensor de este lugar”.

                       A la mañana siguiente el Obispo comunicó el celestial mensaje a los habitantes de Siponto. El pueblo, lleno de alegría y de gratitud por dicha aparición, bajo la guía de San Lorenzo Maiorano se encaminó en una devota procesión hacia la cima del Gargano para venerar la caverna milagrosa. Cuando regresaron a Siponto veían con alegría la prodigiosa curación del Señor Gargano y se congratulaban con él por el santo privilegio concedido por el Cielo, de tener en sus tierras el Palacio terrenal del Gran Príncipe San Miguel Arcángel.



lunes, 29 de septiembre de 2025

ARCÁNGEL SAN MIGUEL, vencedor del Demonio

 

Enemigo de la mentira y del orgullo, 
San Miguel venció al Demonio cuando éste, 
a pesar de ser un espíritu elevadísimo, 
se reveló contra Dios. Tal lucha se perpetúa 
y, por tanto, esa parte de su misión 
es permanentemente actual

Doctor Plinio Correa de Oliveira




San Miguel, Modelo de humildad

                    La Santa Iglesia venera a San Miguel Arcángel, principalmente, como modelo de la humildad cristiana. Lucifer rechazó el homenaje que el Altísimo le exigía. San Miguel, acompañado de los ángeles que permanecieron fieles, prestó ese homenaje. Mientras que Lucifer personifica a la Revolución, San Miguel personifica el espíritu de jerarquía y de disciplina que es la quintaesencia de la humildad cristiana. 

                    En una época profundamente socavada por el espíritu de la revolución, cuando todos los poderes legítimos, sea en el orden espiritual, sea en lo político, social, económico o familiar, son objeto de un odio y de una desconfianza generalizada, es especialmente difícil para un católico conservar intacto el espíritu de jerarquía que, en todos los campos de la actividad, es la nota distintiva de un verdadero cristiano. Sin embargo, la alternativa es inexorable. O tenemos el espíritu de jerarquía que caracterizó a San Miguel, o nuestro espíritu es el de Lucifer. El patronazgo de San Miguel es, pues, singularmente precioso para quienes quieren permanecer fieles a la Ortodoxia, a la genuina Doctrina de la Iglesia Católica, en todos los puntos atacados por el espíritu de revuelta.

San Miguel, Modelo de combatividad

                    San Miguel es asimismo el modelo del guerrero cristiano, por la fortaleza que demostró al arrojar al Infierno a las legiones de espíritus malditos. Es el Guerrero de Dios, que no tolera que la Majestad Divina sea contestada u ofendida en su presencia, y que está dispuesto en todo momento a empuñar la espada para aplastar a los enemigos del Altísimo. Él nos enseña que al católico no le basta con hacer el bien: también tiene el deber de combatir el mal. Y no solo un mal abstracto, sino el mal tal y como existe en los impíos y pecadores. 

                    Pues San Miguel no arrojó al Infierno el mal como un principio, una mera concepción de la inteligencia, ni los principios y concepciones meramente intelectuales son susceptibles de ser quemados por el fuego eterno. Fue a Lucifer y a sus secuaces a quienes arrojó al Infierno, pues odiaba el mal como existente en ellos, amado por ellos. 

                    Vivimos en una época de profundo liberalismo religioso. Pocos son los cristianos que tienen la idea de pertenecer a una Iglesia Militante, tan militante en la tierra como lo fueron San Miguel y los Ángeles fieles en el Cielo. También nosotros debemos saber aplastar la insolencia de la impiedad. También nosotros debemos oponer al adversario una resistencia tenaz, atacarlo en sus posiciones, expulsarlo y reducirlo a la impotencia. San Miguel, en esta lucha, no debe ser solamente nuestro modelo, sino nuestro auxilio. La lucha entre San Miguel y Lucifer no ha cesado, sino que se extiende a lo largo de los siglos. Él ayuda a todos los Cristianos en los combates que emprenden contra el poder de las tinieblas.

San Miguel, Protector de la Santa Iglesia

                    No es de extrañar, por lo tanto, que San Miguel haya sido considerado patrono de la antigua Sinagoga. Esta fue una prefigura de la Iglesia Católica. Y a ese título era la organización militante de todos los hijos de Dios. Por ello, los que luchan por la Iglesia hoy en día pueden venerar a San Miguel como su Patrono, al igual que lo hacían los antiguos judíos. 

                    Este patrocinio es especialmente sensible en un punto. Es en la lucha contra la Masonería. En efecto, la Masonería no es más que la anti-Iglesia, constituida por el poder de las tinieblas para socavar y destruir la Civilización Cristiana, como medio para reducir al mínimo la influencia de la Iglesia y perder el mayor número de almas. Está bien visto que la Masonería es satánica en su espíritu, su programa, sus métodos. Y así, San Miguel es por excelencia el Patrono de los que luchan contra esta secta infernal.

San Miguel, Protector de los moribundos

                    Se admite generalmente que el Demonio, deseoso de perder las almas, descarga contra ellas tremendas tentaciones en el momento de la muerte. Por eso, en la oración por los agonizantes, la Santa Iglesia incluye una invocación a San Miguel, pidiéndole que abra las puertas del Cielo para el moribundo. Así pues, San Miguel Arcángel debe ser invocado a este título, y muy asiduamente, por todos los fieles, y en especial por aquellos que tienen algún motivo más particular para sentir que su vida está en peligro.

San Miguel, Modelo de los adoradores eucarísticos

                    En nuestros días, la piedad eucarística ha alcanzado un grado de desarrollo admirable (1). Las asociaciones destinadas a promover la adoración al Santísimo Sacramento se multiplican por doquier. En varias ciudades existe la obra de la Adoración Perpetua, organizada por los beneméritos Padres Sacramentinos. De este modo, se presta a Dios un culto que le es sumamente grato y, al mismo tiempo, se repara la inmensa cantidad de pecados y de ultrajes que se cometen constantemente contra la Majestad Divina. 

                    Ahora bien, aún a este título San Miguel Arcángel tiene una relación especial con la Piedad de nuestro tiempo. En efecto, es el modelo de los adoradores eucarísticos. Conocemos por la Sagrada Escritura que San Miguel asiste perpetuamente junto al Trono de Dios, presidiendo el culto de adoración que se le tributa al Altísimo y ofreciéndole las oraciones de los Santos, simbolizadas por el incienso cuyo humo asciende a los cielos. Por lo tanto, es muy justo ver en él al Modelo de los adoradores eucarísticos.

San Miguel, Patrono de la lucha contra el Comunismo

                    Estos comentarios sobre la devoción a San Miguel Arcángel serían incompletos si no contuvieran una referencia a la magnífica oración en alabanza suya, que León XIII quiso que se recitara en todo el Orbe Católico, después de la Misa, por el celebrante arrodillado a los pies del Altar. 

                    Es sabido que el propósito de esta oración era obtener una solución a la cuestión romana, que mantenía en litigio a la Santa Sede y a Italia desde la conquista de Roma por las tropas garibaldinas. Lo que parecía imposible para la sabiduría humana fue obtenido gracias a las oraciones de toda la Iglesia. El Tratado de Letrán (1929) puso término a la espinosa cuestión. 



Como ocurre con muchas imágenes de este blog, la presente estampa se puede
imprimir a doble cara, para uso personal o hacer apostolado, gratuito, sin fines de lucro


                    Después de esto, Pío XI dispuso que esta oración se rezara por la conversión de Rusia y la derrota mundial del Comunismo. El Comunismo constituye, en nuestros días, un tremendo peligro que pone en sobresalto a todas las naciones de la tierra. Por su ateísmo radical, por el espíritu de revuelta que preside toda su concepción de la sociedad, de la cultura, de la economía y de la vida en general, es nítidamente diabólico. Por ello, San Miguel Arcángel es el Patrono naturalmente indicado para la lucha contra el comunismo.

                    Así debemos hacer nuestro el propósito expresado en el himno que la Sagrada Liturgia canta en alabanza a San Miguel en su Fiesta: “Contra ducem superbiae sequamur hunc nos Principem, ut detur ex Agni Throno nobis corona Gloriae”: en la lucha contra el jefe del orgullo, sigamos al Príncipe San Miguel, para que del Trono del Cordero nos llegue la corona de Gloria.


Doctor Plinio Corrêa de Oliveira, 
revista "Catolicismo", nº. 9, Septiembre de 1951


NOTA

                    1) Debe tener en cuenta el lector que el Doctor Plinio escribió este artículo cuando empezaba la década de 1950, los últimos años de gloria de la Iglesia Romana, hoy tomada por el Modernismo; esa época, otrora cargada de Piedad y Temor de Dios ya pasó: los católicos íntegros permanecemos en catacumbas, muy lejos de la "Iglesia del Concilio" que desterró para siempre todo aquello que santificara a nuestros abuelos.



domingo, 29 de septiembre de 2024

GLORIOSÍSIMO PRÍNCIPE DE LA MILICIA CELESTIAL, SAN MIGUEL ARCÁNGEL

 

Michaël et Angeli ejus prœliabantur 
cum Dracone et Draco pugnabat 
et angeli ejus et non valuerunt 
neque locus inventus est 
eorum amplius in Cælo

Apocalipsis, cap. 12, vers, 7-8



               San Miguel es uno de los siete Arcángeles; está entre los tres espíritus angélicos cuyos nombres aparecen en la Biblia. Los otros dos son San Gabriel y San Rafael. La Santa Iglesia Católica da a San Miguel el más alto lugar entre los Arcángeles y demás Coros Celestiales, puesto que le llama "Príncipe de los Espíritus Celestiales" y también "Jefe o Cabeza de la Milicia Celestial".

               El mismo nombre de Miguel, nos invita a darle honor, ya que su nombre evoca la batalla diaria que hemos de librar los Católicos contra los enemigos de Dios y de la Santa Iglesia, y es que Miguel significa "Quién como Dios". Por eso se le representa como un Ángel guerrero, espada en mano, pues capitaneó el Ejército de Dios que expulsó a los ángeles rebeldes de las esferas celestes; por eso es normal comprender que su sólo nombre causa pavor en el mismo infierno. ¡De cuántos males nos libraría en esta tierra si le fuésemos fieles devotos!.

               San Miguel Arcángel, tiene además, como especial misión, presentar nuestras almas a Dios justo después de morir, en el momento del Juicio Particular; de alguna manera actuará como abogado o fiscal en nuestra causa y tratándose del Príncipe de los Ángeles, ¿acaso no influirá su intercesión por nosotros?. Otro motivo más para empezar a ser devotos sinceros de este Defensor de la Iglesia.



Tríptico diseñado para ser impreso a dos caras,
junto con la otra parte que aparece más abajo.
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               San Miguel es figura principal entre los que sirven inmediatamente al Trono del Señor y bajan a la tierra para anunciar o hacer cumplir Sus Designios. Fue Protector del Pueblo de Dios, de Israel, en la Antigua Ley, pero ahora lo es de la Iglesia de Cristo, en el Nuevo Testamento. En la Sagrada Escritura ha hallado su fundamento la Piedad popular de todos los tiempos para erigir a San Miguel en Príncipe de los Ejércitos Celestiales, guerrero victorioso en las luchas cósmicas contra el espíritu rebelde, el Dragón de las tinieblas.

               Daniel, el Profeta de las Revelaciones Angélicas, nos da a conocer el nombre de nuestro Arcángel. Miguel, llamado gran jefe de los israelitas, que luchan por la liberación del pueblo de Dios, desterrado y sometido al dominio persa. Allí mismo se habla de los príncipes de Persia y de Grecia, refiriéndose, según el común sentir, a los Ángeles Guardianes de estas naciones.

                El Apocalipsis, nos presenta a San Miguel en su misión definitiva, culminante. Ante la aparición de la Mujer, símbolo de la Purísima María y de la Santa Iglesia, con su Hijo, en el Cielo se traba una batalla. Miguel y el Dragón frente a frente, el Arcángel fiel contra el soberbio ángel de la luz. Cada uno manda un ejército de Ángeles. Vence San Miguel y el Dragón es precipitado y sepultado para siempre en el Infierno.

                De esta visión del Profeta de Patmos se derivan las imágenes medievales del guerrero de alas brillantes con labrada armadura, al que no le falta la lanza que destruye al dragón, vencido a sus pies.




               La Iglesia misma reconoce los privilegios de San Miguel en las Letanías de los Santos, en las que le asigna el primer lugar detrás de la Santísima Virgen, y es que, como enseña la Piedad tradicional, la poderosa protección del Arcángel guerrero, no nos abandona ni después de la muerte.

               En el momento solemne de ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa por sus difuntos, la Santa Iglesia le invoca, para que presente las almas de los Fieles Difuntos ante la Luz Santa del Juicio Divino.



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viernes, 29 de septiembre de 2023

TRÍPTICO CON EL EXORCISMO formulado por el Papa León XIII

 

                    Aunque sobren en el mundo los amigos y socios de Satanás que se dediquen a predicar que el Diablo no existe, la Iglesia Católica siempre enseña que para salvarnos, tenemos que transitar por este mundo liberando una batalla contra ese ser infernal, que lucha por arrebatar a Dios el mayor número de almas.

                    La obra maestra de Satanás ha sido pasar inadvertido, tratando de hacernos creer que no existe. Y esa errónea idea ha conseguido infinidad de adeptos, almas que quieren tranquilizar su conciencia, porque igual que niegan la existencia del Demonio hacen lo propio con el Infierno; verdades ambas definidas por la Iglesia, en el Magisterio y en la Doctrina, sin percatarse tal vez que este hecho, el negar el Infierno y la existencia del Maligno, les sitúa inmediatamente fuera de la Iglesia; todo buen cristiano ha de creer y profesar fielmente durante su vida, el conjunto de Dogmas, que gozan de infalibilidad y no son otra cosa más que la Enseñanza misma de Nuestro Señor. 

                    Para luchar contra estos errores, tenemos que valernos del Catecismo Católico, de nuestra palabra, del ejemplo personal: con sana gallardía debemos hablar de esas realidades sobrenaturales, del Demonio y del Infierno. Y tenemos que hacerlo sin respetos humanos ni miedos, porque es Verdad revelada, en la Sagrada Escritura reflejada en numerosos capítulos y definida por la Iglesia de Cristo. Pero como se trata ésta, sobre todo argumento humano, de una BATALLA ESPIRITUAL, nos valdremos como principal arma, de la oración, poderoso remedio contra el Demonio, máxime si nos cobijamos bajo el estandarte de San Miguel, vencedor apocalíptico de la Bestia infernal.

                    El exorcismo que el Papa León XIII ideara en 1884 tras una visión mística, supone una de las oraciones más importantes a San Miguel. Aunque ya lo he publicado anteriormente, ahora, a fin de poder rezarlo con mayor frecuencia, te presento este sencillo tríptico donde se recoge de forma íntegra dicha oración; si bien se ideó para los Sacerdotes, puede ser rezada también por los seglares, con una mínima modificación en las palabras referentes a la intención de realizar la oración, ya que obviamente, los seglares no poseen el carácter ministerial de los Sacerdotes, verdaderos exorcistas. 




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                    Rezada por seglares, esta oración no dejaría de ser una súplica, pero jamás resultaría un verdadero y efectivo exorcismo, reservado a los ungidos, a los Sacerdotes de Cristo. En ningún caso debe ser usada como "liberación" de un alma que presunta o efectivamente esté poseída.

                    Cuando desde Roma se dio a conocer dicho exorcismo, advirtieron que "El Santo Padre León XIII exhorta a los Sacerdotes a rezar esta oración con mucha frecuencia, como un exorcismo simple para contener el poder del Demonio e impedir que haga daño. El fiel, asimismo, puede también decirla en su propio nombre, con el mismo propósito, como oración aprobada. Se recomienda su uso donde se sospeche que esté actuando el Demonio, ya sea causando la maldad de los hombres, inspirando violentas tentaciones, y hasta produciendo tormentas y calamidades públicas. Puede usarse como un exorcismo solemne, en una ceremonia oficial y pública en latín, para expulsar al Diablo. Un Sacerdote solo la puede decir en nombre de la Iglesia si ha recibido el permiso de su Obispo". (Acta Sanctae Sedis, Romae, 1890)



La Sagrada Escritura y el Magisterio infalible de la Iglesia; 
algunas citas sobre el Infierno y la necesidad de creer en él


               "Apartaos de Mí, malditos. Id al fuego eterno, que fue destinado para el Diablo y sus ángeles" (Mat. 25, 41)

               "El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la gehenna. Y, si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la gehenna, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga" (Mc. 9, 42-48).

               "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes" (Mt. 22, 13)

               "El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes" (Mt. 13, 41-42).

               "Y los que obraron bien irán a la Vida Eterna, y los que mal, al fuego eterno" Símbolo o Credo Atanasiano

                "Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los Infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, el fuego eterno" Concilio IV de Letrán, 1215

               "Las almas de los que mueren en pecado mortal con sólo el original descienden inmediatamente al Infierno, para ser castigadas, con penas desiguales" Concilio II de Lyón, 1274



domingo, 18 de junio de 2023

LA PRIMERA APARICIÓN CELESTIAL EN GARABANDAL

 

               Las Apariciones del Arcángel San Miguel en la aldea de San Sebastián de Garabandal fueron las más frecuentes, después de las de la Virgen del Carmen. De hecho, el Príncipe de los Ángeles precedió a la Madre de Dios en solitario, desde el 18 de Junio hasta el día 1 de Julio de 1961, como preparación a las niñas; después la acompañó en la primera Aparición de Nuestra Señora, junto al Arcángel San Gabriel, el día 2 de Julio, Fiesta de la Visitación de Nuestra Señora.

               San Miguel, cuando no había Sacerdote en la aldea, se encargaría de dar la Comunión a las niñas videntes, en forma habitualmente invisible a las demás personas presentes, excepto el día 18 de Julio de 1962 (cuando aconteció el "Milagruco", como fue llamada la Comunión visible de Conchita). San Miguel, fue además el transmisor directo de los dos Mensajes públicos que la Virgen dio en Garabandal.




RELATO DE LA APARICIÓN 
DEL ARCÁNGEL SAN MIGUEL


               Era un Domingo por la tarde, donde nos encontrábamos todas las niñas jugando en la plaza. De repente Mari Cruz y yo pensamos ir a coger manzanas y nos dirigimos directamente allí (se trata del lugar donde se encuentra el manzano de la primera aparición), sin decir nada a nadie que íbamos a coger manzanas.

               Las niñas al ver que nos alejábamos las dos solas nos preguntaron: -¿A dónde vais?-. Nosotras les contestamos: -¡Por ahí!-. Y seguimos nuestro camino, pensando cómo íbamos a apañárnosla para cogerlas. Una vez ahí nos pusimos a coger manzanas y cuando estábamos más entusiasmadas vimos llegar a Loli, a Jacinta y a otra cría que venía a buscarnos.

               Al vernos coger manzanas exclamó Jacinta: -¡Ay Conchita, que coges manzanas!-. -¡Calla!- le contesté yo, -que te oye la señora del maestro y se lo dice a mi mamá- (Aniceta González, viuda, con cuatro hijos: Serafín, Aniceto, Miguel y Conchita).

               Yo me escondí entre las patatas y Mari Cruz echó a correr por las tierras. Entonces Loli exclamó: -¡No corras Mari Cruz que te vimos, ya se lo diremos al dueño!-. Entonces Mari Cruz vuelve a donde mí y salimos de nuestro escondrijo para reunimos todas. Estando hablando llamaron a la cría que venía con Jacinta y Loli, y se fue. Nos quedamos las cuatro solas y pensándolo mejor, volvimos las cuatro a coger manzanas.




               Cuando estábamos más divertidas oímos la voz del maestro, quien al ver que se movían tanto las ramas, creyó que eran las abejas y le dijo a su mujer Concesa: -¡Vete al huerto, que andan las abejas donde está el manzano!-. Nosotras al oírlo, nos entró mucha risa. Cuando ya nos llenamos los bolsillos echamos a correr para comerlas más tranquilamente en el camino o sea en La Calleja (es el camino pedregoso que va desde el pueblo a un bosquecillo de nueve pinos). 

                Estando entretenidas comiéndolas escuchamos un fuerte ruido como de trueno (es interesante recalcar que en Fátima, poco antes de la primera aparición del Ángel de la Paz, los pastorcillos oyeron el ruido de un trueno). Y nosotras exclamamos a la vez: -¡Parece que truena!-. Eso sucedió a las ocho y media de la noche (el "Gran Milagro" anunciado para Garabandal deberá producirse también a las ocho y media de la noche). 

               Una vez terminadas las manzanas digo yo: -¡Hay que gorda!. Ahora que cogimos las manzanas que no eran nuestras el demonio estará contento y el pobre Ángel de la Guarda estará triste-. Entonces empezamos a coger piedras y a tirárselas con todas nuestras fuerzas al lado izquierdo. Decíamos ahí estaba el demonio. Una vez cansadas de tirar piedras y ya más satisfechas empezamos a jugar a las canicas con piedras. De pronto se me apareció una figura muy bella con muchos resplandores que no me lastimaban nada los ojos. Las otras niñas Jacinta, Loli, y Mari Cruz al verme en este estado creían que me daba un ataque, porque yo decía con las manos juntas: -¡Ay!... ¡Ay!...- .

               Cuando ellas ya iban a llamar a mi mamá se quedaron en el mismo estado que yo y exclamamos a la vez: -¡Ay, el Ángel!-. Luego hubo un cierto silencio entre las cuatro... y de repente desapareció. Al volver normales y muy asustadas corrimos hacia la Iglesia, pasando de camino por la función del baile que había en el pueblo. Entonces una niña del pueblo, que se llama Pili González nos dijo: -¡Qué blancas y asustadas estáis!. ¿De dónde venís?-. Nosotras muy avergonzadas de confesar la verdad le dijimos: -¡De coger manzanas!- (La Visión parece haber acentuado en las niñas el remordimiento intenso y el arrepentimiento de su falta). Y ella dijo: -¿Por eso venís así?- . Nosotras le contestamos todas a una: -¡Es que hemos visto al Ángel!-. Ella dijo: -¿De verdad?- Nosotras: -...sí, sí...- y seguimos nuestro camino en dirección a la Iglesia, y esta chica, se quedó diciéndoselo a otras. 

               Una vez en la puerta de la Iglesia y pensándolo mejor nos fuimos detrás de la misma a llorar. Unas crías que estaban jugando nos encontraron y al vemos llorar nos preguntaron: -¿Por qué lloráis?- Nosotras les dijimos: -Es que hemos visto al Ángel-. Ellas echaron a correr a comunicárselo a la señora maestra. Una vez que terminamos de llorar a la puerta de la Iglesia, entramos en ella. En aquel mismo momento llegó la señora maestra toda asustada y en seguida nos dijo: -Hijas mías, ¿es verdad que habéis visto al Ángel?- .-¡Sí señora!-. -¿A la mejor es imaginación vuestra?- . -¡No, señora, no!. Hemos visto bien al Ángel-. 




                Entonces la maestra nos dijo: -Pues vamos a rezar una Estación a Jesús Sacramentado en acción de gracias.-

               Cuando hubimos terminado de rezar la Estación nos fuimos para nuestras casas. Ya eran las nueve de la noche y mi mamá me había dicho que fuera a casa de día, y yo ese día fui ya de noche. Cuando llegué a mi casa mi mamá me dice: -¿No he dicho yo, que a casa se viene de día?. 

               Yo toda asustada por las dos cosas: por haber visto aquella figura tan bella y por venir tarde a casa, no me atrevía a entrar a la cocina y me he quedado junto a una pared, muy triste y le dije yo a mi mamá -he visto al Ángel-. Ella me respondió: -¡Todavía de venir tarde a casa me vienes diciendo esas cosas!-. Yo le respondí de nuevo: -pues yo he visto al Ángel-. Ella me respondió lo mismo, pero ya más dudosa de que yo hubiera visto al Ángel. 

               Esto fue a las nueve y media de la noche. Después ya esa noche ya no hablamos más de ello, fue una noche corriente igual que las otras sin hablar nada, ni nada.


Extraído de el "Diario" de Conchita González, 1963


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jueves, 29 de septiembre de 2022

GLORIOSO ARCÁNGEL SAN MIGUEL

  


               San Miguel es el Príncipe de los Ángeles fieles al Señor. Su nombre significa: «¿Quién como Dios?». En la Sagrada Escritura, aparece en el Libro del Profeta Daniel y en el Libro del Apocalipsis. Como a San Gabriel y a San Rafael, se le llama "Arcángel".

               San Miguel es figura principal entre los que sirven inmediatamente al Trono del Señor y bajan a la tierra para anunciar o hacer cumplir Sus designios. Protector del Pueblo de Dios, de Israel, en la Antigua Ley; de la Iglesia de Cristo en el Nuevo Testamento. En la Sagrada Escritura ha hallado su fundamento la piedad popular de todos los tiempos para erigir a San Miguel en Príncipe de los Ejércitos Celestiales, Guerrero Victorioso en las luchas cósmicas contra el espíritu rebelde, el Dragón de las tinieblas.

               Daniel, el Profeta de las revelaciones angélicas, nos da a conocer el nombre de nuestro Arcángel. Miguel, llamado Gran Jefe de los israelitas, que luchan por la liberación del Pueblo de Dios, desterrado y sometido al dominio persa. Allí mismo se habla de los príncipes de Persia y de Grecia, refiriéndose, según el común sentir, a los Ángeles Guardianes de estas naciones.

               El Apocalipsis, nos presenta a San Miguel en su misión definitiva, culminante. Ante la Aparición de la Mujer, símbolo de María y de la Iglesia, con Su Hijo, en el Cielo se traba una batalla. Miguel y el Dragón frente a frente, el Arcángel fiel contra el soberbio ángel de la luz. Cada uno manda un ejército de ángeles. Vence Miguel y el Dragón es sepultado en los infiernos. (1)

               De esta visión de San Juan, Profeta de Patmos, se derivan las imágenes medievales del guerrero de alas brillantes con labrada armadura, al que no le falta la lanza que destruye al dragón, vencido a sus pies. La Iglesia misma le reconoce el título de defensor de sus huestes, por eso le llama "Ángel del Paraíso", "Príncipe de las Milicias Celestiales", y en las Letanías de los Santos le asigna el primer lugar detrás de la Santísima Virgen. Su protección no nos abandona hasta después de la muerte.

               En el momento solemne de ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa por sus difuntos, la Iglesia le invoca para que presente las almas a la Luz Santa del Juicio Divino. La devoción popular, que ha influido notablemente en estos textos litúrgicos, le considera como "pesador de las almas", y así le vemos en curiosas miniaturas de la Edad Media, con la balanza de la Justicia Divina en las manos, felizmente inclinado un platillo hacia la Gloria del Cielo.

               Sus apariciones más famosas son las del Monte Gárgano en Italia, alrededor del año 500, y la del Monte Adriano, donde el año 611 el Papa Adriano IV le construye un oratorio, sobre el que sería más tarde Castillo de Sant' Angelo.

              En España alcanzó renombre su aparición en la serranía navarra de Aralar (1) para ayudar al Noble Caballero Don Teodosio de Goñi en lucha contra el dragón infernal.

               Hoy día el Arcángel se mantiene fiel a su misión de Custodio de la Iglesia, como lo proclama la oración a él dirigida al fin de la Santa Misa, preceptuada por el Papa León XIII.


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EL SANTUARIO DE SAN MIGUEL DE ARALAR 
o "de Excelsis"


               1) El Santuario de San Miguel de Excelsis, enclavado entre las cumbres de la Sierra de Aralar, en término de Uharte Arakil, a 30 kilómetros de Pamplona; es uno de los centros de espiritualidad más antiguos y enraizados de Navarra. 

              Cuenta la tradición que, al comienzo de la Reconquista, el Caballero Teodosio de Goñi cometió por error un parricidio a causa de los celos que sentía al pensar que su mujer, Constanza de Brutón, se estaba acostando con un criado. Arrepentido, realizó una peregrinación a Roma para suplicar al Papa la absolución de su pecado. Éste le impuso como penitencia deambular por la sierra de Aralar con unas cadenas atadas a su cintura. 

               Una noche, en medio de una inmensa tormenta, un terrible dragón intentó devorarle. El penitente invocó al Arcángel Miguel que, en medio de un enorme estruendo, se le apareció y mató al animal mostrando la Cruz, momento en el que el Caballero Teodosio de Goñi quedó libre de las cadenas y fue perdonado. Agradecido, decidió fundar un santuario consagrado al Arcángel Miguel, en donde todavía pueden verse las cadenas que llevó durante su penitencia.



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domingo, 29 de septiembre de 2019

ARCÁNGEL SAN MIGUEL, Príncipe de las Milicias Celestiales, Protector de la Iglesia y Glorioso Vencedor del demonio


               Príncipe de los Ángeles fieles al Señor. Su nombre significa: «¿Quién como Dios?». En la Sagrada Escritura, aparece en el Libro del Profeta Daniel, en la Epístola del Apóstol Judas y en el Libro del Apocalipsis. Como a San Gabriel y a San Rafael, se le llama "Arcángel".

               San Miguel es figura principal entre los que sirven inmediatamente al Trono del Señor y bajan a la tierra para anunciar o hacer cumplir Sus designios. Protector del Pueblo de Dios, de Israel, en la Antigua Ley; de la Iglesia de Cristo en el Nuevo Testamento. En la Sagrada Escritura ha hallado su fundamento la piedad popular de todos los tiempos para erigir a San Miguel en Príncipe de los Ejércitos Celestiales, Guerrero Victorioso en las luchas cósmicas contra el espíritu rebelde, el Dragón de las tinieblas.

               Daniel, el Profeta de las revelaciones angélicas, nos da a conocer el nombre de nuestro Arcángel. Miguel, llamado Gran Jefe de los israelitas, que luchan por la liberación del Pueblo de Dios, desterrado y sometido al dominio persa. Allí mismo se habla de los príncipes de Persia y de Grecia, refiriéndose, según el común sentir, a los Ángeles Guardianes de estas naciones.





               El Apocalipsis, nos presenta a San Miguel en su misión definitiva, culminante. Ante la Aparición de la Mujer, símbolo de María y de la Iglesia, con Su Hijo, en el Cielo se traba una batalla. Miguel y el Dragón frente a frente, el Arcángel fiel contra el soberbio ángel de la luz. Cada uno manda un ejército de ángeles. Vence Miguel y el Dragón es sepultado en los infiernos. (1)

               De esta visión de San Juan, Profeta de Patmos, se derivan las imágenes medievales del guerrero de alas brillantes con labrada armadura, al que no le falta la lanza que destruye al dragón, vencido a sus pies. La Iglesia misma le reconoce el título de defensor de sus huestes, por eso le llama "Ángel del Paraíso", "Príncipe de las Milicias Celestiales", y en las Letanías de los Santos le asigna el primer lugar detrás de la Santísima Virgen. Su protección no nos abandona hasta después de la muerte.

               En el momento solemne de ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa por sus difuntos, la Iglesia le invoca para que presente las almas a la Luz Santa del Juicio Divino. La devoción popular, que ha influido notablemente en estos textos litúrgicos, le considera como "pesador de las almas", y así le vemos en curiosas miniaturas de la Edad Media, con la balanza de la Justicia Divina en las manos, felizmente inclinado un platillo hacia la Gloria del Cielo.

               Sus apariciones más famosas son las del Monte Gárgano en Italia, alrededor del año 500, y la del Monte Adriano, donde el año 611 el Papa Adriano IV le construye un oratorio, sobre el que sería más tarde Castillo de Sant' Angelo.

              En España alcanzó renombre su aparición en la serranía navarra de Aralar para ayudar al Noble Caballero Don Teodosio de Goñi en lucha contra el dragón infernal.

               Hoy día el Arcángel se mantiene fiel a su misión de Custodio de la Iglesia, como lo proclama la oración a él dirigida al fin de la Misa, preceptuada por el Papa León XIII.



ORACIÓN PRIMITIVA DEL PAPA LEÓN XIII A 
SAN MIGUEL ARCÁNGEL

(Lo ideal es rezarla de rodillas y asperger el lugar 
con agua bendita, exorcizada con sal)


          ¡Oh Glorioso Príncipe de las Milicias Celestiales, San Miguel Arcángel, defendednos en el combate y terrible lucha que tenemos que sostener contra los poderes y potestades, contra los príncipes de este mundo de tinieblas y contra los malignos espíritus (Ef. 6, 12)! Venid en auxilio de los hombres que Dios hizo inmortales, formó a Su imagen y semejanza, y redimió a gran precio de la tiranía del demonio (Sab. 2, 23; I Cor. 6, 20).

          Pelead en este día con el Ejército de los Santos Ángeles las batallas del Señor, como en peleasteis en otra ocasión contra Lucifer, jefe de los soberbios, y contra los ángeles apóstatas, que fueron impotentes a resistiros, y para los cuales no hubo ya lugar en el Cielo.

          Sí, ese monstruo, esa antigua serpiente que se llama Demonio y Satanás, que seduce al mundo entero, fue precipitado con sus ángeles al fondo del abismo (Apoc. 12, 8-9). Pero he aquí que este antiguo enemigo, este primer homicida ha levantado fieramente la cabeza. Transfigurado en ángel de luz y seguido de toda la turba de espíritus malditos, recorre la tierra entera para apoderarse de ella y desterrar el nombre de Dios y de su Cristo, para robar, matar y entregar a la eterna perdición las almas destinadas a la Eterna Corona de Gloria. Además de los hombres de alma ya pervertida y corrompido corazón, este dragón perverso lanza encima, como un torrente de fango impuro, el veneno de su malicia, es decir, el espíritu de mentira, de impiedad y blasfemia, y el soplo emponzoñado de la impureza, de los vicios y de todas las abominaciones.

          Enemigos llenos de astucia han llenado de injurias y saturado de amargura a la Iglesia, Esposa del Cordero Inmaculado; y sobre sus más sagrados bienes han puesto sus manos criminales. En el mismo Lugar Santo, donde ha sido establecida la Silla de Pedro y la Cátedra de la Verdad, que debe iluminar el mundo, han alzado el abominable trono de su impiedad, con la intención perversa de herir al Pastor y dispersar el rebaño. (2)

          Os suplicamos, pues, oh Príncipe invencible, socorráis al Pueblo de Dios contra los ataques de esos espíritus malditos, y le concedáis la victoria. Este pueblo os venera como su Protector y Patrono, y la Iglesia se gloría de teneros por Defensor contra las malignas potestades del infierno. Dios os ha confiado el cuidado de conducir las almas a la Celeste Bienaventuranza. ¡Rogad, pues, al Dios de Paz, ponga bajo nuestros pies a Satanás y de tal modo aplastado, que no pueda retener más a los hombres en la esclavitud, ni causar perjuicio a la Iglesia! Presentad nuestras súplicas ante el Todopoderoso, para que seamos prevenidos cuanto antes de las Misericordias del Señor. Apoderaos del dragón, la serpiente antigua que es el Diablo y Satanás, encadenadlo y precipitadlo en el Abismo, para que no pueda seducir más a las naciones (Apoc. 20, 2-3). Amén.

          V/ He aquí la Cruz del Señor, huid, potestades enemigas;

R/ Venció el León de la tribu de Judá, el vástago de David.

           V/ Cúmplanse en nosotros, Señor, Vuestras Misericordias;

R/ Como hemos esperado de Vos.

          V/ Escuchad, Señor, mi oración:

R/ Y llegue mi clamor hasta Vos.


Oremos

            Oh Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, invocamos Vuestro Santo Nombre, e imploramos con instancia Vuestra clemencia, para que, por la intercesión de María Inmaculada siempre Virgen, Madre nuestra, y del Glorioso Arcángel San Miguel, os dignéis socorrernos contra Satanás y contra todos los otros espíritus inmundos que recorren la tierra para dañar al género humano y perder las almas. Amén.




Se recomienda su copia y difusión, siempre que se conserve en su edición original


NOTAS ACLARATORIAS

   (1)   En la historia de las Apariciones Marianas, vemos que el Arcángel San Miguel -u otro Ángel o Espíritu Celestial- a veces puede jugar un papel importante antes de las manifestaciones de Nuestra Señora, como en Fátima, Portugal, o en San Sebastián de Garabandal, España.

   (2)  Como si fuese una verdadera profecía, el Papa León XIII intuyó y plasmó en esta oración la terrible realidad de nuestros días, la usurpación de la Cátedra de San Pedro, en consonancia al Secreto de La Salette



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martes, 13 de agosto de 2019

Nestra Señora del Olvido, Triunfo y Misericordias, "el consuelo del mundo y la alegría de la Iglesia Católica"


Fiel relato de la Gloriosa Aparición de 
Nuestra Señora del Olvido, Triunfo y Misericordias
a Su Sierva Sor Patrocinio, 
de la Orden de la Inmaculada Concepción,
 que tuvo lugar en Madrid, el 13 de Agosto de 1831




               Clamaba mucho en esta ocasión por las necesidades que tanto afligen a la Santa Iglesia y el Dulce Amor se me manifestó severo, airado y como dando muestras de que quería castigarnos. Le dije: Esposo mío, ¿para cuándo son vuestras misericordias? Me dijo: Pide, Esposa mía, que cuanto pidas seré liberal para concedértelo. Pedía sin límites; entonces, mi Dulce Amor me manifestó el lastimoso estado en que se hallaba la Santa Iglesia. 


               Moría de dolor y mis angustias crecían sobremanera. Me dijo mi Dulce Esposo: Paloma mía, mi amor no puede verte afligida; aquí tienes a mi Madre, que siempre será tu guía, consuelo y amparo. Se manifestó de nuevo la Benditísima Virgen con esta preciosísima, portentísima (sic) e invictísima Imagen en sus soberanas manos. Me dijo la Soberana y Divina Señora: Hija mía ¿por qué se contrista tu corazón, si todas las misericordias y tesoros de mi Hijo voy a poner en tus manos, por medio de esta mi soberana Imagen, para que las distribuyas en mi nombre a los mortales, segura de que las que hicieses por amor a tus hermanos, esas mismas confirmamos mi Hijo y yo, que soy tu madre, en el Cielo? 

                Díjela: Señora y Reina mía, ¿no veis la España; no veis los males que nos afligen? 

               -Hija mía, los veo; pero no puede Mi amor ser más benéfico para con los hombres. Ellos se olvidan de Mí y retiran las misericordias; y por esto, a esta imagen le darás el título misterioso del Olvido; para darles a entender, que me han olvidado; pero Yo, que soy vuestra Tierna y Amorosa Madre, quiero poner a vista de todos los mortales en esta Imagen mía, que jamás Mis misericordias se apartan de ellos.

              Miraba yo con gran ternura a tan divino simulacro; cuando vi que mi invictísima Reina cogió un pañuelo de manos del Príncipe San Miguel, y aplicándole a la soberana Llaga del costado de nuestro amante Jesús, lo empapó la Divina Señora en sangre de aquel Divino y deífico Corazón; y después, aquel pañuelo, así empapado, le puso sobre esta encantadora Imagen, y después vi que la soberana Reina rociaba a este pueblo con la Sangre Preciosísima. 




               Díjome luego: -¿Hija mía, ¿me amas? Hasta tres veces. Díjela: Señora mía, Vos sabéis que os amo y deseo ser toda vuestra. -Pues a tu solicitud y cuidado dejo el culto y veneración de esta sagrada imagen mía con el título de Olvido, Triunfo y Misericordias. Ella será la consoladora del mundo y todo afligido encontrará en mí por la mediación de esta Mi imagen, el consuelo. Al alma que rendida a sus pies me pidiese alguna cosa, jamás se la negará mi amor. Será el consuelo del mundo y la alegría de la Iglesia Católica y, por su medio, mi Hijo y Yo recibiremos culto. Tú, hija mía, alcanzarás victoria del poder de Satanás, y tu Comunidad, perfección en servirme. 

               Me entregó la soberana Reina esta portentísima Imagen, este encanto de los Cielos y la Tierra, y empezó en el Cielo una celestial música entonando la Salve y otros sagrados cánticos; todos los cortesanos del Cielo se daban parabienes. La Santísima Trinidad la bendijo, igualmente la Santísima Virgen María y después todos los cortesanos del Cielo llegaron a adorar a su Reina y Señora en esta soberana y encantadora madre del Olvido. 


Sor María Isabel de Jesús, Vida admirable de la Madre Sor Patrocinio. pp. 48-53.