miércoles, 17 de agosto de 2022

LAS MONEDAS DE VALOR INFINITO

 



               Si consideramos al Corazón de Jesús, que es —en su realidad material y carnal— el objeto de nuestro culto como símbolo de la voluntad de Nuestro Señor y, por lo tanto, del amor de Nuestro Señor; si consideramos que el Corazón de Jesús fue formado en el seno Inmaculado de Nuestra Señora y con la materia que la Madre da para la formación del cuerpo del hijo. Y, por tanto, la carne santísima, y ligada a la divinidad en la unión hipostática de Nuestro Señor Jesucristo, es la propia carne de María; la Sangre de Jesús es la propia sangre de María; el Corazón de Jesús es de algún modo el Corazón de María.

              Y en esa evocación de ese proceso de generación tan admirable, por el cual la madre como que se desdobla y da de sí mismo todo para constituir el cuerpo del hijo; si recordamos que Jesús fue todo Él así formado del cuerpo de María y esto es un océano, en un incendio de amor y de adoración para con ese Hijo que Ella estaba formando en sus entrañas, comprenderemos aún más cómo el Corazón de Jesús está unido al Corazón Inmaculado de María y cómo podemos tener una confianza sin reserva en la eficacia de la intercesión de Nuestra Señora junto a Nuestro Señor, tomando en consideración que Nuestro Señor no podría rehusar nada a aquella Madre Santísima. 


Doctor Plinio Corrêa de Oliveira




MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, DÍA 17º

          

            Por la señal de la Santa Cruz  de nuestros enemigos  líbranos Señor  Dios Nuestro.

          En el Nombre del Padre, y del Hijo  y del Espíritu Santo. Amén.

          Padre Eterno, yo os ofrezco por las manos de María Santísima, la Preciosísima Sangre de vuestro Hijo. Os ofrezco también las lágrimas de Nuestra Señora por la purificación de la tierra y la conversión de los hombres, por la fidelidad de vuestros escogidos, por la Victoria de la Santa Iglesia y el Triunfo del Inmaculado Corazón de María.

        
MEDITACIÓN DÍA 17



SÚPLICA 

(Compuesta por la Mística Berthe Petit, aprobada por el Card. Mercier)

               ¡Doloroso e Inmaculado Corazón de María! Habitación Pura y Santa: cobija mi alma con Tu Maternal Protección, así permanecerá fiel a la voz de Jesús y mi alma, podrá entonces corresponder a Su Amor y obedecer Su Divina Voluntad.

   -Dios te salve, María, etc...

                Oh Madre mía, mi deseo es mantener ante mi vista sin cesar, Tu participación de Co-Redentora; con este recuerdo, viviré íntimamente unido a Tu Corazón Inmaculado, que siempre permanece totalmente unido al Sagrado Corazón de Tu Divino Hijo.

   -Dios te salve, María, etc...

                Por los méritos de Tus virtudes y angustias, clávame a éste Divino Corazón y protégeme ahora y siempre.

   -Dios te salve, María, etc...


ORACIÓN FINAL

               Nos consagramos, oh María, a Tu Doloroso e Inmaculado Corazón, junto con nuestras familias, nuestra Patria. Ten piedad de nosotros; mira las tribulaciones y las angustias de nuestros corazones en medio del luto y calamidades que atacan a este mundo. 

               Dígnate, Oh Madre de Dios, obtenernos la Misericordia para que, una vez siendo convertidos y purificados por la tristeza y fortalecidos en la Fe, de ahora en adelante seamos devotos sirvientes de Jesucristo y de su Iglesia, por cuyo triunfo oramos. 

              Oh María Inmaculada, prometemos ser fieles devotos de Tu Doloroso Corazón. Te suplicamos que intercedas por nosotros ante Tu Hijo, para que, al grito de Tu Doloroso e Inmaculado Corazón, Su Poder Divino lleve a cabo con rapidez el triunfo de los Derechos y la Justicia de Dios. Amén.




℣. Nos cum prole pía
℟. Benedícat ✠ Virgo María

Nos bendiga ✠ la Virgen María
con Su descendencia bendita



martes, 16 de agosto de 2022

SAN ROQUE DE MONTPELLIER

  

               Nacido en Montpellier, capital de la desaparecida región de Languedoc-Rosellón, entonces perteneciente a la Corona de Aragón. No hay unanimidad en el año de su nacimiento, que lo sitúan entre 1295 algunos y otros entre 1348 y 1350 aproximadamente; Roque significa etimológicamente "fuerte como roca". 



               La historiografía interpreta de forma diferente su vida, sobre todo desde el punto de vista cronológico, pero es indiscutible que , bien por sus hechos como hombre o por sus milagros, San Roque gozó de gran popularidad entre sus coetáneos a causa de los grandes favores que dispensó a pobres y enfermos, sanándolos de las frecuentes epidemias pestíferas, mostrando valores cristianos y personales que han forjado su devoción hasta la actualidad.

               De familia sumamente rica, vástago del Gobernador de Montpellier, Jean Roch de La Croix, San Roque nació tras la promesa hecha por sus padres de donar su hacienda a los más necesitados si Dios les concedía descendencia, pues sufrían mucho debido a este motivo, haciendo realidad la cita evangélica de San Mateo que reza: "Vende los bienes que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en el Cielo". 

               Siendo muy joven, San Roque se deshace de sus posesiones y reparte el dinero entre los pobres, se hace Terciario Franciscano y decide peregrinar a Roma, practicando en el camino la caridad a la vez que asistía a moribundos en el último trance. Heroica fue su entrega en Acquapendente, Cesena, Roma, Rímini y Novara.

               En este permanente peregrinar, se contagia de la peste en la ciudad de Rímini (Italia) y se retira a un bosque. Cuenta la piadosa leyenda que es atendido por un perro que lleva el pan en la boca, cuyo propietario le cuida y cura sus llagas. También se cuenta que, en este lugar apartado, brotó un manantial para dar de beber a San Roque. Otras teorías dicen que fue esta persona el autor de los documentos históricos más fiables sobre su vida, como el hecho de su fallecimiento ocurrido casi con certeza en la ciudad de Anghera, cerca del lago Maggiore, en el Norte de Italia , el 15 de Agosto de 1378, Festividad de la Asunción de la Virgen María. San Roque sería canonizado por el gran Papa Gregorio XIII en 1584. El cuerpo de San Roque se encuentra en la iglesia veneciana que lleva su nombre, pero existen multitud de reliquias del Santo repartidas por todo el Orbe. 



MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, DÍA 16

           

            Por la señal de la Santa Cruz  de nuestros enemigos  líbranos Señor  Dios Nuestro.

          En el Nombre del Padre, y del Hijo  y del Espíritu Santo. Amén.

          Padre Eterno, yo os ofrezco por las manos de María Santísima, la Preciosísima Sangre de vuestro Hijo. Os ofrezco también las lágrimas de Nuestra Señora por la purificación de la tierra y la conversión de los hombres, por la fidelidad de vuestros escogidos, por la Victoria de la Santa Iglesia y el Triunfo del Inmaculado Corazón de María.

        
MEDITACIÓN DÍA 16



SÚPLICA 

(Compuesta por la Mística Berthe Petit, aprobada por el Card. Mercier)

               ¡Doloroso e Inmaculado Corazón de María! Habitación Pura y Santa: cobija mi alma con Tu Maternal Protección, así permanecerá fiel a la voz de Jesús y mi alma, podrá entonces corresponder a Su Amor y obedecer Su Divina Voluntad.

   -Dios te salve, María, etc...

                Oh Madre mía, mi deseo es mantener ante mi vista sin cesar, Tu participación de Co-Redentora; con este recuerdo, viviré íntimamente unido a Tu Corazón Inmaculado, que siempre permanece totalmente unido al Sagrado Corazón de Tu Divino Hijo.

   -Dios te salve, María, etc...

                Por los méritos de Tus virtudes y angustias, clávame a éste Divino Corazón y protégeme ahora y siempre.

   -Dios te salve, María, etc...


ORACIÓN FINAL

               Nos consagramos, oh María, a Tu Doloroso e Inmaculado Corazón, junto con nuestras familias, nuestra Patria. Ten piedad de nosotros; mira las tribulaciones y las angustias de nuestros corazones en medio del luto y calamidades que atacan a este mundo. 

               Dígnate, Oh Madre de Dios, obtenernos la Misericordia para que, una vez siendo convertidos y purificados por la tristeza y fortalecidos en la Fe, de ahora en adelante seamos devotos sirvientes de Jesucristo y de su Iglesia, por cuyo triunfo oramos. 

              Oh María Inmaculada, prometemos ser fieles devotos de Tu Doloroso Corazón. Te suplicamos que intercedas por nosotros ante Tu Hijo, para que, al grito de Tu Doloroso e Inmaculado Corazón, Su Poder Divino lleve a cabo con rapidez el triunfo de los Derechos y la Justicia de Dios. Amén.




℣. Nos cum prole pía
℟. Benedícat ✠ Virgo María

Nos bendiga ✠ la Virgen María
con Su descendencia bendita



lunes, 15 de agosto de 2022

LA GLORIOSA ASUNCIÓN DE MARÍA A LOS CIELOS EN CUERPO Y ALMA

 


               El día tercero que el Alma Santísima de María gozaba de esta Gloria para nunca dejarla, manifestó el Señor a los Santos Su Voluntad Divina de que volviese al mundo y resucitase Su Sagrado Cuerpo uniéndose con Él, para que en cuerpo y alma fuese otra, vez levantada a la diestra de Su Hijo Santísimo, sin esperar a la general resurrección de los muertos.

               Pero conociéronla los Bienaventurados con mayor claridad, y la determinación del tiempo y hora, cuando en sí mismo les manifestó su eterno decreto y cuando fue tiempo de hacer esta maravilla, descendió del Cielo el mismo Cristo Nuestro Salvador, llevando a su diestra el alma de su Beatísima Madre, con muchas legiones de Ángeles y los Padres y Profetas antiguos.

               Y llegaron al sepulcro en el valle de Josafat y estando todos a la vista del virginal templo habló el Señor con los Santos y dijo estas palabras: "Mi Madre fue concebida sin mácula de pecado, para que de Su virginal sustancia purísima y sin mácula me vistiese de la humanidad en que vine al mundo y le redimí del pecado. Mi carne es carne Suya, y Ella cooperó Conmigo en las obras de la Redención, y así debo resucitarla como Yo resucité de los muertos, y que esto sea al mismo tiempo y a la misma hora, porque en todo quiero hacer a Mí semejante".

               Todos los antiguos Santos de la naturaleza humana agradecieron este beneficio con nuevos cánticos de alabanza y Gloria del Señor y los que especialmente se señalaron fueron nuestros primeros padres Adán y Eva, y después de ellos Santa Ana, San Joaquín y San José, como quien tenía particulares títulos y razones para engrandecer al Señor en aquella maravilla de Su Omnipotencia.

               Luego la Purísima Alma de la Reina con el imperio de Cristo Su Hijo Santísimo entró en el virginal cuerpo y le informó y resucitó, dándole nueva vida inmortal y gloriosa y comunicándole los cuatro dotes de claridad, impasibilidad, agilidad y sutileza, como correspondientes a la gloria del alma, de donde se derivan a los cuerpos.

               Con estos dotes salió María Santísima en alma y cuerpo del sepulcro, sin remover ni levantar la piedra con que estaba cerrado y porque es imposible manifestar Su hermosura, belleza y refulgencia de tanta Gloria no me detengo en esto. Bástame decir que, como la Divina Madre dio a Su Hijo Santísimo la forma de hombre en su tálamo virginal y se la dio pura, limpia, sin mácula e impecable para redimir al mundo, así también en retorno de esta dádiva la dio el mismo Señor en esta resurrección y nueva generación otra gloria y hermosura semejante a Sí mismo.

               Luego desde el sepulcro se ordenó una solemnísima procesión con celestial música por la región del aire, por donde se fue alejando para el Cielo empíreo. Y sucedió esto a la misma hora que resucitó Cristo nuestro Salvador, domingo inmediato después de media noche; y así no pudieron percibir esta señal por entonces todos los Apóstoles fuera de algunos que asistían y velaban al sagrado sepulcro.

               Entraron en el Cielo los Santos y Ángeles con el orden que llevaban, y en el último lugar iban Cristo Nuestro Salvador y "a Su diestra la Reina vestida de oro de variedad", como dice David, y tan hermosa que pudo ser admiración de los Cortesanos del Cielo. Convirtiéronse todos a mirarla y bendecirla con nuevos júbilos y cánticos de alabanza.

               Allí se oyeron aquellos elogios misteriosos que dejó escritos Salomón: "Salid, hijas de Sion, a ver a vuestra Reina, a quien alaban las estrellas matutinas y festejan los hijos del Altísimo. ¿Quién es Ésta que sube del desierto, como varilla de todos los perfumes aromáticos? ¿Quién es Ésta que se levanta como la aurora, más hermosa que la luna, electa como el sol y terrible como muchos escuadrones ordenados? ¿Quién es Ésta que asciende del desierto asegurada en su dilecto y derramando delicias con abundancia? ¿Quién es Ésta en quien la misma Divinidad halló tanto agrado y complacencia sobre todas sus criaturas y la levanta sobre todas al Trono de su inaccesible luz y majestad? ¡Oh maravilla nunca vista en los Cielos!, ¡oh novedad digna de la sabiduría infinita!, ¡oh prodigio de esa Omnipotencia que así la magnificas y engrandeces!".

               Con estas glorias llegó María Santísima en cuerpo y alma al Trono Real de la Beatísima Trinidad, y las Tres Divinas Personas la recibieron en Él con un abrazo indisoluble.



               El Eterno Padre le dijo: Asciende más alta que todas las criaturas, electa Mía, Hija Mía y Paloma Mía.

               Allí quedó absorta María Santísima entre las Divinas Personas y como anegada en aquel piélago interminable y en el Abismo de la Divinidad; los Santos llenos de admiración, de nuevo gozo accidental.

               El Verbo Humanado dijo: Madre Mía, de quien recibí el ser humano y el retorno de Mis obras con Tu perfecta imitación, recibe ahora el premio de Mi mano que tienes merecido.

               El Espíritu Santo dijo: Esposa Amantísima, entra en el Gozo Eterno que corresponde a Tu fidelísimo amor y goza sin cuidados, que ya pasó el invierno del padecer y llegaste a la posesión eterna de Nuestros abrazos.


Mística Ciudad de Dios
Venerable Sor María de Jesús de Ágreda



MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, DÍA 15º

         

            Por la señal de la Santa Cruz  de nuestros enemigos  líbranos Señor  Dios Nuestro.

          En el Nombre del Padre, y del Hijo  y del Espíritu Santo. Amén.

          Padre Eterno, yo os ofrezco por las manos de María Santísima, la Preciosísima Sangre de vuestro Hijo. Os ofrezco también las lágrimas de Nuestra Señora por la purificación de la tierra y la conversión de los hombres, por la fidelidad de vuestros escogidos, por la Victoria de la Santa Iglesia y el Triunfo del Inmaculado Corazón de María.

        
MEDITACIÓN DÍA 15



SÚPLICA 

(Compuesta por la Mística Berthe Petit, aprobada por el Card. Mercier)

               ¡Doloroso e Inmaculado Corazón de María! Habitación Pura y Santa: cobija mi alma con Tu Maternal Protección, así permanecerá fiel a la voz de Jesús y mi alma, podrá entonces corresponder a Su Amor y obedecer Su Divina Voluntad.

   -Dios te salve, María, etc...

                Oh Madre mía, mi deseo es mantener ante mi vista sin cesar, Tu participación de Co-Redentora; con este recuerdo, viviré íntimamente unido a Tu Corazón Inmaculado, que siempre permanece totalmente unido al Sagrado Corazón de Tu Divino Hijo.

   -Dios te salve, María, etc...

                Por los méritos de Tus virtudes y angustias, clávame a éste Divino Corazón y protégeme ahora y siempre.

   -Dios te salve, María, etc...


ORACIÓN FINAL

               Nos consagramos, oh María, a Tu Doloroso e Inmaculado Corazón, junto con nuestras familias, nuestra Patria. Ten piedad de nosotros; mira las tribulaciones y las angustias de nuestros corazones en medio del luto y calamidades que atacan a este mundo. 

               Dígnate, Oh Madre de Dios, obtenernos la Misericordia para que, una vez siendo convertidos y purificados por la tristeza y fortalecidos en la Fe, de ahora en adelante seamos devotos sirvientes de Jesucristo y de su Iglesia, por cuyo triunfo oramos. 

              Oh María Inmaculada, prometemos ser fieles devotos de Tu Doloroso Corazón. Te suplicamos que intercedas por nosotros ante Tu Hijo, para que, al grito de Tu Doloroso e Inmaculado Corazón, Su Poder Divino lleve a cabo con rapidez el triunfo de los Derechos y la Justicia de Dios. Amén.




℣. Nos cum prole pía
℟. Benedícat ✠ Virgo María

Nos bendiga ✠ la Virgen María
con Su descendencia bendita



domingo, 14 de agosto de 2022

EL TRÁNSITO DE LA VIRGEN MARÍA, QUE MURIÓ DE AMOR

  

              Corriendo el curso de los tres últimos años de la vida de Nuestra Señora, ordenó el Poder Divino con una oculta y suave fuerza que todo el resto de la naturaleza comenzara a sentir el llanto y prevenir el luto para la muerte de la que con Su vida daba hermosura y perfección a todo lo criado. 



              Los Apóstoles, aunque estaban derramados por el mundo, comenzaron a sentir un nuevo cuidado que les llevaba la atención, con recelos de cuándo les faltaría su Maestra; porque ya les dictaba la Divina y oculta Luz que no se podía dilatar mucho este plazo inevitable. Los otros fieles moradores de Jerusalén y vecinos de Palestina reconocían en sí mismos como un secreto aviso de que su tesoro y alegría no sería para largo tiempo. 

               Los cielos, astros y planetas perdieron mucho de su hermosura y alegría, como lo pierde el día cuando se acerca la noche. Las aves del cielo hicieron singular demostración de tristeza en los dos últimos años; porque gran multitud de ellas acudían de ordinario donde estaba María, y rodeando su oratorio con extraordinarios vuelos y meneos, formaban en lugar de cánticos diversas voces tristes. De esta maravilla fue testigo muchas veces San Juan. Y pocos días antes del Tránsito de la Divina Madre concurrieron a ella innumerables avecillas, postrando sus cabecitas y picos por el suelo, y rompiendo sus pechos con gemidos, como quien dolorosamente se despedía para siempre. 

               Y puestos en su presencia, la Virgen Santísima comenzó a despedirse de ellos, hablando a todos los Apóstoles singularmente y algunos Discípulos, y después a los demás circunstantes juntos, que eran muchos.

               Sus palabras como flechas de divino fuego penetraron los corazones de los presentes y rompiendo todos en arroyos de lágrimas y dolor irreparable se postraron en tierra. Después de un intervalo, les pidió que con Ella y por Ella orasen todos en silencio, y así lo hicieron. En esta quietud sosegada descendió del Cielo el Verbo Humanado y se llenó de gloria la casa del Cenáculo. María Santísima adoró al Señor, quien le ofreció llevarla a la gloria sin pasar por la muerte.

              Se postró la prudentísima Madre ante su Hijo y con alegre semblante le dijo: Hijo y Señor mío, yo os suplico que vuestra Madre y Sierva entre en la Eterna Vida por la puerta común de la muerte natural, como los demás hijos de Adán. Vos que sois Mi verdadero Dios, la padecisteis sin tener obligación a morir; justo es que como Yo he procurado seguiros en la vida os acompañe también en morir.

               Entonces se reclinó María Santísima sobre Su lecho, con las manos juntas y los ojos fijos en Su Divino Hijo. Y cuando los Ángeles cantaban: “Levántate, apresúrate , amiga mía, paloma mía, hermosa mía, y ven que ya pasó el invierno...” (Cantar de los Cantares, cap. 2, vers. 10), en estas palabras pronunció Ella las que Su Hijo Santísimo en la Cruz: “En Tus manos Señor, encomiendo mi espíritu” (Evangelio de San Lucas, cap. 23, vers. 46). Cerró los virginales ojos y expiró. La enfermedad que le quitó la vida fue el Amor. 

               Pasó aquella Purísima Alma desde Su virginal Cuerpo a la diestra de Su Hijo Santísimo, donde en un instante fue colocada con inmensa gloria. Y luego se comenzó a sentir que la música de los Ángeles se alejaba, porque toda aquella procesión se encaminó al Cielo empíreo. El sagrado cuerpo de María Santísima, que había sido Templo y Sagrario de Dios vivo, quedó lleno de luz y resplandor y despidiendo de sí tan admirable y nueva fragancia que todos los circunstantes quedaron llenos de suavidad interior y exterior. 

               Los Apóstoles y Discípulos, entre lágrimas de dolor y júbilo de las maravillas que veían, quedaron como absortos por algún espacio. Sucedió este glorioso tránsito un Viernes a las tres de la tarde, a la misma hora que el de Su Hijo Santísimo, a los trece días del mes de Agosto y a los setenta años de edad, menos algunos días.

              Del cenáculo partió el solemne cortejo al cual acudieron casi todos los moradores de Jerusalén. Junto a éste había otro invisible de los Cortesanos del Cielo. Descendieron varias legiones de Ángeles con los Antiguos Padres y Profetas, especialmente San Joaquín, Santa Ana, San José, Santa Isabel y el Bautista, con otros muchos Santos que desde el Cielo envió Nuestro Salvador Jesús para que asistiesen a las exequias y entierro de Su Beatísima Madre.


La Mística Ciudad de Dios
Venerable Sor María de Jesús de Ágreda