jueves, 4 de junio de 2026

EL SANTÍSIMO CORPUS CHRISTI: "El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, permanece en Mí y Yo en él"

                


               La Santa Iglesia Católica después del Dogma de la Trinidad Santa, nos recuerda el de la Encarnación, haciéndonos festejar al Sacramento por excelencia, que, sintetizando toda la Vida del Salvador, tributa a Dios Gloria infinita, y aplica a las almas, en todos los tiempos, los frutos pingües de la Redención.

               Si Jesucristo en la Cruz nos salvó, al instituir la Sagrada Eucaristía la víspera de Su Muerte, quiso dejarnos en Ella un vivo recuerdo de Su Pasión. El Altar viene siendo como la prolongación del Calvario, y la Santa Misa "anuncia la Muerte del Señor". Porque en efecto, allí está Jesús como una víctima, pues las palabras de la doble consagración nos dicen que primero se convierte el pan en Cuerpo de Cristo, y luego el vino en Su Sangre, de manera que, bajo las Sagradas Especies, Jesús mismo ofrece a Su Padre, en unión con Sus Sacerdotes, la sangre vertida y el cuerpo clavado en la Cruz, aunque sabemos que está todo entero bajo las dos especies. 

               Según la Tradición Católica, esta Fiesta tuvo su origen en el siglo XIII en la Abadía de Mont Cornillón en la región de Lieja, en Bélgica.

               Fue la religiosa agustina Santa Juliana de Mont Cornillón, por aquel entonces priora de dicha Abadía, la que con sus visiones sobrenaturales, propició que se celebrase esta fiesta dedicada a la Santísima Eucaristía.

               Sor Juliana nació en Retines, cerca de Lieja, en el año 1193. Al quedar huérfana a los cinco años fue confiada a los cuidados de las Monjas Agustinas de Mont Cornillón, junto con su hermana Agnes, donde fueron cuidadas y educadas. A los catorce años sintió una fuerte vocación religiosa e ingresó en las mismas Agustinas donde llegó a ser Superiora de la Comunidad. Murió en Fosses el 5 de Abril de 1258, a la edad de  65 años, y fue enterrada en Villiers. Santa Juliana deseaba que hubiera una Fiesta especial en honor al Sacramento de la Eucaristía; este deseo se intensificó por unas visiones cuando apenas tenía 16 años: una luna llena y brillante atravesada por una franja oscura, lo que ella interpretó como la Iglesia (la luna) oscurecida por la ausencia de una especial conmemoración del Santísimo Sacramento.



               Sor Juliana comunicó estas visiones a Monseñor Roberto de Thorete, entonces Obispo de Lieja, también al docto dominico Hugh, quien sería más tarde Cardenal Legado de los Países Bajos y además al Archidiácono de Lieja Jacques Pantaleón, quien sería en 1261 el Papa Urbano IV. El Obispo Roberto, convencido por las visiones y por la  interpretación de las mismas y como en ese tiempo los Obispos tenían el derecho de ordenar Fiestas para sus diócesis, invocó un Sínodo en 1246 y ordenó que la celebración en honor al Sacramento de la Eucaristía se tuviera al año siguiente. 

               La celebración tuvo lugar en 1247 en la iglesia de San Martín en Lieja pero sin la presencia de dicho Obispo porque había fallecido. No obstante muchos consideraban las visiones de Sor Juliana como fruto de su imaginación y a la muerte de su protector fue desterrada a Namur en dos ocasiones. 

               Años más tarde, en 1263, en la ciudad de Bolsena, al norte de Roma, muy cerca de Orvieto, donde el Papa Urbano IV tenía la residencia papal, se produjo un hecho milagroso conocido como el Milagro de Bolsena; aconteció que el sacerdote Pedro de Praga viajaba de vuelta de una peregrinación que había hecho desde Bohemia hasta Roma. El sacerdote estaba afectado por varias dudas de Fe, pese a lo cual, siguiendo la norma eclesiástica, celebraba la Santa Misa a diario. 

               En el camino de retorno a su patria pasó por la pequeña cripta de Santa Cristina, en Bolsena, y allí decidió celebrar el Santo Sacrificio. Durante la Consagración, el sacerdote sintió dudas acerca del milagro de la Transubstanciación y fue justo ahí, en el momento de partir la Sagrada Forma, que el infeliz sacerdote vio salir de Ella sangre de la que se fue empapando el corporal y hasta la piedra ara del altar. Con la esperanza de ocultar a los presentes lo sucedido y con el deseo de pedir ayuda y explicación a la autoridad, resolvió suspender la celebración de la Santa Misa. Y recogidas las Sagradas Especies en paños, corrió a la Sacristía, sin reparar que, en el trayecto, algunas gotas de la Preciosísima Sangre habían caído sobre el mármol del pavimento.

                La venerada reliquia fue llevada en procesión a la presencia del Papa, en Orvieto, el 19 Junio de 1264. Allí, en Orvieto, se conservan aún los corporales manchados por la Sangre Milagrosa y también se puede ver la piedra ara del altar, manchada de sangre en Bolsena.

               El Santo Padre movido por el prodigio, y a petición de varios Obispos, hizo que se extendiera la Fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia por medio de la bula "Transiturus", fechada el 8 Septiembre de ese año de 1264. La Fiesta se fijó para el Jueves después de la Octava de Pentecostés, otorgándose Indulgencias a todos los Fieles que asistieran ese día al Santo Sacrificio de la Misa.

               Poco después de la publicación del Decreto moría el Papa Urbano IV (el 2 de Octubre de 1264) lo que obstaculizó la difusión de la Fiesta. Pero en 1311 el Papa Clemente V en el Concilio General de Vienne, en Francia, ordenó una vez más la adopción de esta Fiesta.

                En 1317 el Papa Juan XXII promulga una recopilación de leyes y  extendió la Fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia. Ninguno de los Decretos habla de la Procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración, sin embargo estas procesiones fueron dotadas de Indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV y se hicieron bastante comunes a partir del siglo XIV.



               Finalmente, el Sacrosanto Concilio de Trento, declaró que fuese introducida en la Santa Iglesia la costumbre de que todos los años se celebrase este Sacramento con singular veneración y solemnidad:

               "Después de la Consagración del pan y del vino se contiene en el saludable Sacramento de la Santa Eucaristía, verdadera, real y sustancialmente Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y hombre, bajo las especies de aquellas cosas sensibles..."

              "...por la Consagración del pan y del vino se convierte toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, y toda la sustancia del vino en la sustancia de Su Sangre, cuya conversión ha llamado oportuna y propiamente Transubstanciación la Santa Iglesia Católica" 

               "...que todos los Fieles Cristianos hayan de venerar a este Santísimo Sacramento, y prestarle el culto de latría que se debe al mismo Dios".



martes, 2 de junio de 2026

LOS TRECE MARTES DE SAN ANTONIO. MARTES 12º: LA CASTIDAD

    


            Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos, Señor, Dios nuestro + 

            En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICIÓN


            Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

            Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.

ORACIÓN INICIAL


            Postrado a tus pies, oh amantísimo protector mío San Antonio, te ofrezco el piadoso ejercicio que voy a practicar para que me alcances del Señor el perdón de mis pecados, las virtudes propias de mi estado, la perseverancia final y la gracia especial que solicito con esta devoción. Más si ésta no me conviniese, obtenme conformidad con la Voluntad de Dios. Amén.


MARTES 12º: LA CASTIDAD 


            ¡Oh, lirio de pureza, San Antonio! Tened compasión de mí, para que, a pesar de las dificultades que me rodean, guarde la castidad según mi estado y logre ver a Dios en el Cielo.  

A continuación rezamos un Padrenuestro
un Avemaría y un Gloria. Luego, terminamos 
rezando el tradicional Responsorio de San Antonio...




Y terminamos este ejercicio piadoso signándonos 
en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.




domingo, 31 de mayo de 2026

LA SANTÍSIMA TRINIDAD, EL MISTERIO PRINCIPAL DE NUESTRA FE

    

                  El Misterio de la Santísima Trinidad penetra toda la Liturgia Católica. Celebramos ante todo los sucesos de la Vida del Verbo hecho carne, pero una de nuestras grandes fiestas está consagrada a rendir nuestros homenajes al Espíritu Santo, y constantemente enviamos nuestras oraciones al Padre por medio del Hijo.

                  No obstante, la Santa Madre Iglesia ha querido reunir en una sola Fiesta los Nombres de las tres Divinas Personas. Desde los primeros siglos, celebraron los cristianos este día, si bien fue el Papa Juan XXII quien extendió su celebración a toda la Universal Iglesia en 1334.

                   Las tres Divinas Personas han contribuido a la Obra de nuestra Redención: el Padre envió a Su Hijo a la Tierra; "Tanto amó Dios al mundo que le dio a Su Hijo Unigénito". El Hijo, se hizo hombre y murió por nosotros, para salvarnos y hacernos hijos de Dios. Desde que Él se apartó de nosotros, quedó a nuestro lado el Espíritu Santo, para ser nuestro Guía , nuestro Maestro, nuestra fuerza y nuestro aliento.



                    En el Evangelio de hoy escuchamos a Jesús Resucitado decir a Sus Apóstoles sobre una montaña de Galilea: “Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo” (Evangelio de San Mateo, cap. 28, vers. 19). Es la única vez que aparece en todos los Evangelios en labios de Nuestro Señor las Tres Divinas Personas nombradas con orden y explícitamente. Jesucristo manda a Sus Apóstoles enseñar a los hombres con un Misterio incompresible. Porque en sí es incomprensible, pero hace comprensible todas las cosas, todo el Universo. Porque es el centro y el punto de partida y el punto final de todo lo que existe. Es como el sol que no se puede mirar y que ilumina todo. 

                   La Civilización Cristiana debe su existencia a este Misterio, es este Misterio el que destruyó los antiguos ídolos de la humanidad. Es este Misterio de la Unidad y Trinidad en Dios. Y ahora de nuevo el mundo vuelve al paganismo, ¿por qué? Porque la Fe en la Trinidad se apaga. En el Nombre de Dios Uno y Trino se halla no sólo la verdadera Civilización, sino también nuestra santificación y salvación eterna. Dios es Uno solo, pero en Él hay Tres Personas verdaderamente distintas: 1) El Padre (la primera persona, que no procede de ninguna otra). 2) El Hijo (la segunda persona, engendrado por el Padre). 3) El Espíritu Santo (la tercera persona). 

                   Las Tres Divinas Personas son iguales, cada una es Dios, pero no hay tres dioses, porque tienen la misma esencia y naturaleza divina. No estamos diciendo que 3=1, o que 1=3, sino que Dios es Uno si miramos a Su Naturaleza, y es Trino, si miramos a las personas que tienen esta única naturaleza divina. ¿Pero cómo es posible que haya una única naturaleza divina idéntica en 3 Personas? Aquí nos topamos con el gran misterio (un ejemplo muy lejano que puede ayudar: el alma es una sola pero tiene tres potencias).

                   Este Misterio es demasiado grande para que podamos comprenderlo con nuestras pequeñas cabezas. Debemos creerlo y adorarlo humildemente. ¿Por qué? Pues porque Dios ‒que no puede engañarse ni engañarnos, según nos enseña el Catecismo‒ nos lo ha revelado, más concretamente lo ha revelado el Dios hecho hombre, Jesucristo, 2ª Persona de esa misma Santísima Trinidad.

                   ¿Pero para qué, podríamos preguntarnos, Dios nos reveló un misterio que no podemos comprender? El dogma de la Trinidad es la confidencia más sublime que Nuestro Señor nos haya hecho a nosotros, pobres creaturas; es además la fuente de donde proceden nuestros sentimientos de amor a Dios y al prójimo.

                   Es decir que nos fue revelado para que amásemos mejor a Dios. Dios Padre creó el universo para nosotros, para que admirando y disfrutando de la belleza y de la bondad creadas comprendiésemos mejor su amor y su gloria.

                   Dios Hijo tomó nuestra naturaleza con sus debilidades, padeció y murió por nosotros. Quiso habitar entre nosotros y hacerse nuestro Alimento en el Santísimo Sacramento del Altar.

                   Dios Espíritu Santo, que no es sino el Amor del Padre y del Hijo, habita en las almas y las santifica por la Gracia. Así comprendemos mejor el Amor de este Dios Uno, que se nos reveló también Trino, por nosotros.

                    Este Misterio también nos fue revelado para que amáramos mejor a nuestro prójimo. Nuestro Señor rezó en la Última Cena por sus discípulos: “para que todos sean uno, como Tu, Padre, en Mi y Yo en Ti somos uno” (Juan 17, 21). Debemos amar a nuestro prójimo a imitación del amor que se tienen las 3 divinas personas. La más hermosa oración que podemos dirigir a la Santísima Trinidad es la Santa Misa, así como la mejor obra que podemos hacer en honor de la Santísima Trinidad es la caridad para con nuestro prójimo. De ahí entonces la importancia de este misterio en nuestra vida:

                   - nacemos y somos bautizados en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; - vivimos y comenzamos todo acto de la vida espiritual, recibimos las absoluciones y las bendiciones en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; - morimos y volvemos a la Santísima Trinidad (al Padre que nos creó, al Hijo que nos redimió, al Espíritu Santo que nos santificó).

                   Estamos hechos, el hombre está hecho, nos lo dice el Génesis, a imagen y semejanza de Dios. Estamos hechos a imagen y semejanza de un Dios Trino; en nosotros hay una imagen y semejanza de la Santísima Trinidad. Hay en nosotros, como dice San Bernardo, una trinidad creada: la mente que comprende, el corazón que ama y la voluntad que gobierna las acciones. Con esta trinidad creada que hay en nosotros debemos alabar a la Trinidad increada, creyendo con la mente, amando con el corazón, y obrando con la voluntad. De esa manera imitamos este misterio de la mejor manera. Veamos un poco:

                   1) Creyendo con la mente. En las Letanías de la Virgen decimos: “Sancta Trinitas, unus Deus”. Las Tres Personas son distinguibles, pero son en todo iguales. Hay un único Dios: tres personas, pero una única Naturaleza Divina. Debemos creer este Misterio, como dijimos, porque Dios lo ha revelado, aunque no podamos comprenderlo (la Fe no contradice la razón, pero la supera). Es el Misterio principal de nuestra Fe, debemos creer en él si queremos salvarnos (¡Oh, Santa Trinidad!, decía San Francisco Javier enseñando a los paganos).

                   2) Debemos adorar, alabar a la Trinidad, amando con el corazón. Hemos visto como cada una de las Personas merece nuestro amor (el Padre como Creador; el Hijo como Redentor; el Espíritu Santo como Santificador), y este amor por la Santísima Trinidad tiene que brillar especialmente en la oración, especialmente por la señal de la Cruz y por el “Gloria Patri”. Enrique IV, luego de humillarse en Canosa, se rebeló contra el Papa otra vez y fue con su ejército a sitiar Roma. En el segundo asalto, luego de incendiar las murallas, en medio de las llamas y el llanto de las mujeres y los quejidos de los agonizantes, apareció en una torre el Papa Gregorio VII e hizo la señal de la Cruz contra las llamas, e inmediatamente se apagó el fuego, como si hubiera recibido una lluvia torrencial. Cuántas veces nos sintamos atacados por el demonio, por las angustias o los peligros, hagamos la señal de la Cruz, con lo cual alabaremos a la Santísima Trinidad y experimentaremos en seguida un gran alivio. Que el respeto humano no nos impida hacer la señal de la cruz delante de otros, por ejemplo, cuando pasamos frente a una iglesia o cuando rezamos viajando. También la oración del "Gloria Patri" agrada mucho a la Santísima Trinidad. Recémosla varias veces al día a modo de jaculatoria, y nos mantendremos en Presencia de Dios.

                   3) Debemos alabar a la Santísima Trinidad obrando con la voluntad. Debemos obrar valientemente para reproducir en nosotros a la Santísima Trinidad. Nuestro Señor dijo: “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto” (Mt. 5, 48) ¿Qué debemos hacer para ello? Debemos tener en cuenta que a la Santísima Trinidad se opone la trinidad infernal.

                   4) Por lo tanto, para ser perfectos y reproducir en nosotros a la Santísima Trinidad, debemos luchar ante todo contra la trinidad infernal. ¿Y cuál es esa trinidad infernal? Es, como dice San Juan, la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida (1 Jn. 2, 16). Allí tenemos a los tres enemigos contra los cuales tenemos que luchar todos los días.

                   Imitaremos a las Tres Personas de la Santísima Trinidad que se aman entre sí, amando al prójimo como a nosotros mismos, como hemos dicho antes, de manera que formemos un solo corazón y una sola alma, como debe ser entre cristianos, cuanto más hoy en día.

                   Concluyamos con un ejemplo, el del diácono Mártir Euplio de Catania: lo habían torturado durante mucho tiempo para que renegara de la Fe Católica. Tenía mucha sed y sentía grandes dolores. Entonces el juez le grita: “Adora a Marte y Apolo, y tendrás agua abundante para beber”. El Mártir contestó: ¡Yo adoro al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que me darán a beber dentro de poco el agua viva del goce eterno! Y doblando las rodillas, inclinó la cabeza, como si bebiera de un río invisible, y enseguida murió. También nosotros, al mundo, ídolos, placer, dinero, orgullo, contestemos como el Mártir: la Santísima Trinidad me dará la única y verdadera felicidad.

                   Que la Santísima Virgen (Hija del Padre, Madre del Hijo, y Esposa del Espíritu Santo) nos enseñe a honrar y agradar a la Santísima Trinidad.




viernes, 29 de mayo de 2026

SANTA MARÍA MAGDALENA DE PAZZI

 



INFANCIA

             Nació en Florencia (Italia) el 2 de Abril de 1566, de padres nobles, Camilo de Gen de Pazzi y Magdalena María Buendelmonto.

             Fue bautizada al día siguiente de su nacimiento y le fue impuesto el nombre de Catalina.

              El 25 de Marzo de 1576 hizo su Primera Comunión y el 19 de Abril 1576 hizo a Dios Voto de Virginidad. El 30 de Noviembre 1578 tuvo el primer éxtasis en presencia de su madre. A este le seguirán tantos que merecerá el sobrenombre de "la extática" por excelencia.

             A los 8 años estuvo internada un tiempo en el Monasterio de la Damas de San Giovannino, y a los 14 volvió al mismo Monasterio con la condición de que pudiera comulgar todos los días festivos, cosa insólita en aquellos tiempos.

ENTRA EN EL CARMELO

             El 14 de Agosto de 1582 entró de prueba en el monasterio de las Carmelitas de Santa María de los Ángeles, para conocer la Regla y ver si ésta podía responder a la llamada divina y a su particular inclinación; se decidió por este monasterio, a lo cual le ayudó también el hecho de que las Carmelitas, por concesión excepcional, podían comulgar diariamente.

             El 1 de Diciembre de 1582, sábado anterior al primer Domingo de Adviento, traspasó Catalina para siempre los umbrales de la clausura y entró a formar parte de la Comunidad el las Carmelitas de Santa María de los Ángeles, en calidad de Terciaria.

             El 3 de Enero de 1583 vistió el hábito Carmelita, dando comienzo fervorosamente a su año de noviciado.

ÉXTASIS DIARIOS

             A primeros de Marzo de 1584 se le manifestó una misteriosa enfermedad que los médicos declararon incurable. La Priora y Maestra resolvieron que hiciera la profesión de sus votos y la hizo, llena de gozo, el 27 de Mayo 1584, fiesta de la Santísima Trinidad. La hizo "sobre una camilla acomodada delante del Altar de la Virgen".

            Desde aquel momento comenzó un período sorprendente de éxtasis todos los días, después de la Comunión, quedaba extática por espacio de dos o tres horas.

             En ocasiones tuvo nuevos y repetidos excesos de amor a lo largo del día, mientras los favores divinos se renovaban.




DESPOSORIO MÍSTICO Y ESTIGMAS

             Quedó curada el 16 de Julio y el 24  de Marzo de 1585, vigilia de la Anunciación, San Agustín le escribió en el corazón las palabras "Verbum caro factum est". El 15 de Abril le fueron impresos para siempre en el alma los estigmas invisibles. El 28 del mismo mes recibió de Jesús el anillo que sellaba su Místico Desposorio con Él.

              El 16 de Junio, fiesta de la Santísima Trinidad, comenzó la gran prueba llamada "lago de leones", que iba a durar cinco años.

             Fue llamada en estos años a la ardua empresa de la "renovación de la Iglesia y particularmente de los religiosos". Le repugnaba el hacerlo, pero fue preciso obedecer. Por esta razón escribió algunas cartas, mientras estaba arrobada su mente, al Sumo Pontífice y a otros Prelados y Siervos de Dios, hablándoles de renovación.

             El 24 de Agosto de 1590 murió su madre y la vio "en las penas del Purgatorio alegre y contenta".

AMAR AL AMOR

            El 3 de Mayo, también de 1592, año en que le confiaron el oficio de sacristana, tuvo un gran arrebato de amor: corría por el Monasterio y tocaba la campana llamando a todas las almas "a amar al Amor". El 1 de Mayo de 1595 pidió al Señor el "desnudo padecer'.

            El 1595 fue elegida Maestra de las jóvenes y tres años después de las novicias, con las que trabajó con toda su alma para formarías a imagen de Jesucristo.

            El 24 de Junio de 1604, en un rapto que le duró todo el día, terminaron los éxtasis y comenzó el período del "desnudo padecer" que se prolongó hasta su muerte.

CAMINO DEL CIELO

             El 13 de Mayo de 1607, Magdalena recibió la extremaunción. A las ocho de la mañana del Viernes 25 de Mayo entró en agonía, y a las dos de la tarde murió. Junto a su lecho, sus hermanas religiosas rezaron el Símbolo de San Atanasio, o sea, la Profesión de Fe en la Santísima Trinidad, el mismo Símbolo que había hecho extasiarse a la Santa desde los primeros años de su vida.

             Al año de su muerte se abrió su sepulcro y su cuerpo apareció fresco, entero y flexible.

            Fue beatificada en 1626 por el Papa Urbano VIII y Clemente IX, la canonizó el 28 de Abril de 1669.




martes, 26 de mayo de 2026

LOS TRECE MARTES DE SAN ANTONIO. MARTES 11º: LA CONTINENCIA

    


            Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos, Señor, Dios nuestro + 

            En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICIÓN


            Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

            Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.

ORACIÓN INICIAL


            Postrado a tus pies, oh amantísimo protector mío San Antonio, te ofrezco el piadoso ejercicio que voy a practicar para que me alcances del Señor el perdón de mis pecados, las virtudes propias de mi estado, la perseverancia final y la gracia especial que solicito con esta devoción. Más si ésta no me conviniese, obtenme conformidad con la Voluntad de Dios. Amén.


MARTES 11º: LA CONTINENCIA 


            ¡Oh virginal amador de Jesús, San Antonio! Suplicad para mí la gracia de la continencia en todos las cosas exteriores referentes a los placeres, honras y riquezas, para que prepare a Cristo digna morada en mi corazón.  

A continuación rezamos un Padrenuestro
un Avemaría y un Gloria. Luego, terminamos 
rezando el tradicional Responsorio de San Antonio...




Y terminamos este ejercicio piadoso signándonos 
en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.




domingo, 24 de mayo de 2026

     


                   Celebramos hoy el día de Pentecostés, que significa día cincuenta después de Pascua, el feliz cumplimiento de la promesa de Nuestro Señor Jesucristo de enviar el Espíritu Santo que baja sobre la Iglesia naciente, en figura de lenguas de fuego. Si en Pentecostés los judíos ofrecían agradecidos al Señor, los primeros frutos de la tierra, nosotros, más afortunados, podremos exclamar con San Agustín: "Pascua fue el principio de la gracia, Pentecostés fue su coronamiento".

                   Si ellos -los judíos- recordaban la promulgación de los Mandamientos de Dios dados en el Monte Sinaí, la Ley Cristiana que los perfecciona fue hoy con valentía promulgada por el Cabeza de los Apóstoles, en virtud  de la luz y fuerza que le infundió el Espíritu Santo.

                   Es tan solemne esta fiesta como la de Pascua; su celebración se remonta a la más lejana antigüedad, así en la Edad Media, se le daba relieve mediante diversas representaciones, como la típica lluvia de rosas, símbolo de los Dones del Espíritu Santo mencionados de varias maneras en los textos de la Misa de hoy.

                   El color litúrgico que se ha de usar en este día es el encarnado, que simboliza la llama de amor ardiente y activo, ya que el Espíritu Santo es el Amor personificado entre el Padre y el Hijo.


EL DÍA DE PENTECOSTÉS
según las revelaciones de Sor María de Jesús de Ágreda


               En compañía de la Reina del Cielo perseveraban alegres los doce Apóstoles con los demás discípulos y fieles aguardando en el Cenáculo la promesa del Salvador, confirmada por la Madre, de que les enviaría de las alturas al Espíritu consolador, que les enseñaría y administraría todas las cosas que en su Doctrina habían oído. Estaban todos unánimes y tan conformes en la caridad, que en todos aquellos días ninguno tuvo pensamiento, afecto ni ademán contrario de los otros. María Santísima con la plenitud de sabiduría y gracia conoció el tiempo y la hora determinada por la Divina Voluntad para enviar al Espíritu Santo sobre el Colegio Apostólico.

               El día de Pentecostés por la mañana la Reina previno a los Apóstoles, a los demás discípulos y mujeres santas (que todas eran ciento veinte personas) para que orasen y esperasen con mayor fervor, porque muy presto serían visitados de las alturas con el Divino Espíritu. Y estando así orando todos juntos, a la hora de tercia se oyó en el aire un gran sonido de espantoso tronido, y un viento o espíritu vehemente con grande resplandor, como de relámpago y de fuego; y todo se encaminó a la casa del Cenáculo, llenándola de luz y derramándose aquel divino fuego sobre toda aquella santa congregación. Aparecieron sobre la cabeza de cada uno de los ciento veinte unas lenguas del mismo fuego en que venía el Espíritu Santo, llenándolos a todos y a cada uno de divinas influencias y dones soberanos, causando a un mismo tiempo muy diferentes y contrarios efectos en el Cenáculo y en todo Jerusalén, según la diversidad de sujetos.



               Los Apóstoles fueron también llenos y repletos del Espíritu Santo, porque recibieron admirables aumentos de la gracia justificante en grado muy levantado; y solos ellos doce fueron confirmados en esta gracia para no perderla. Respectivamente se les infundieron hábitos de los siete dones, sabiduría, entendimiento, ciencia, piedad, consejo, fortaleza y temor, todos en grado convenientísimo. En este beneficio tan grandioso y admirable, como nuevo en el mundo, quedaron los doce Apóstoles elevados y renovados para ser idóneos ministros del Nuevo Testamento y fundadores de la Iglesia evangélica en todo el mundo.

               En todos los demás discípulos, y otros fieles que recibieron el Espíritu Santo en el Cenáculo, obró el Altísimo los mismos efectos con proporción y respectivamente, salvo que no fueron confirmados en gracia como los Apóstoles; mas según la disposición de cada uno se les comunicó la gracia y dones con más o menos abundancia para el ministerio que les tocaba en la Iglesia. La misma proporción se guardó en los Apóstoles; pero San Pedro y San Juan señaladamente fueron aventajados con estos dones por los más altos oficios que tenían; el uno de gobernar la Iglesia como cabeza, y el otro de asistir y servir a María Santísima. El texto de San Lucas dice que el Espíritu Santo llenó toda la casa donde estaba aquella feliz congregación, no sólo porque todos en ella quedaron llenos del divino Espíritu y de sus inefables dones, sino porque la misma casa fue llena de admirable luz y resplandor. Esta plenitud de maravillas y prodigios redundó Y se comunicó a otros fuera del cenáculo; porque obró también diversos y varios efectos el Espíritu Santo en los moradores y vecinos de Jerusalén.

               No son menos admirables, aunque más ocultos, otros efectos muy contrarios a los que he dicho que el mismo Espíritu divino obró este día en Jerusalén.

               Sucedió, pues, que con el espantoso trueno y vehemente conmoción del aire y relámpagos en que vino el Espíritu Santo, turbó y atemorizó a todos los moradores de la ciudad enemigos del Señor, respectivamente a cada uno según su maldad y perfidia. Señalóse este castigo con todos cuantos fueron actores y concurrieron en la muerte de Nuestro Salvador, particularizándose y airándose en malicia y rabia. Todos éstos cayeron en tierra por tres horas, dando en ella de cerebro.

                Y los que azotaron a Su Majestad murieron luego todos ahogados de su propia sangre, que del golpe se les movió y trasvenó hasta sofocarlos, por la que con tanta impiedad derramaron. El que dio la bofetada a Su Majestad Divina, no sólo murió repentinamente, sino que fue lanzado en el Infierno en alma y cuerpo. Otros de los judíos, aunque no murieron, quedaron castigados con intensos dolores y algunas enfermedades abominables, que con la Sangre de Cristo de que se cargaron han pasado a sus descendientes, y aun perseveran hoy entre ellos, y los hacen inmundísimos y horribles. Este castigo fue notorio en Jerusalén, aunque los pontífices y fariseos pusieron gran diligencia en desmentirlo, como lo hicieron en la Resurrección del Salvador.


“Vida de la Virgen María”, 
por la Venerable Sor María de Jesús de Ágreda



sábado, 23 de mayo de 2026

SOR MARÍA DE JESÚS DE ÁGREDA

 


                    Sor María de Jesús nació en la villa de Ágreda, provincia de Soria, España, en 1602, vivió y murió allí mismo en 1665.

                    Célebre religiosa, confidente y consejera del Rey Felipe IV, fundadora y escritora. Se llamaba en el mundo María Coronel y Arana y en religión María de Jesús, pero fue conocida por el nombre de su ciudad natal. 

                    Sor María de Jesús, perteneció a una familia hidalga y de extremada religiosidad, hasta tal punto que, cuando María tenía dieciséis años, padres e hijos abandonan el mundo y abrazan la vida religiosa; su propia casa quedó convertida en convento y en ella continúa con su madre y su hermana, las tres como Concepcionistas Franciscanas. 

                    Fue adquiriendo fama de santidad y de ser favorecida con revelaciones sobrenaturales y, antes de cumplir los veinticinco años, era elegida abadesa, dispensándole el Papa la falta de edad. Con recursos de la caridad fundó en las afueras de la villa de Ágreda el Monasterio de la Inmaculada Concepción, al que se traslada la Comunidad en 1633. La fama de sus virtudes y sabiduría movieron al Monarca Felipe IV a visitarla cuando en Julio de 1643 pasaba hacia Aragón con motivo de la Guerra de Cataluña.

                    La situación de España era crítica y el Rey debió encontrar consuelo en la conversación de la abadesa, solicitando una amistad epistolar que con gran sigilo y puntualidad había de durar hasta la muerte de la monja. En esta correspondencia, de la que hizo copia por mandato de su confesor, no sólo levanta el espíritu apocado del rey y le da consuelos de perfección espiritual, sino que trata de los asuntos más arduos de la gobernación del Reino. Trabaja en pro y en contra de validos (mano derecha del Rey), aconseja campañas y provoca medidas públicas. Abarca resueltamente la cuestión del gobierno del Conde-Duque de Olivares, al que censura con energía como perturbador de la paz del Estado, y recuerda al Rey la obligación que tenía de hacerlo todo por sí mismo sin privados ni favoritos. 

                    Cuando durante la guerra de Cataluña estuvo el Monarca a punto de indisponerse con Aragón, por la jurisdicción del Tribunal de la Fe, le aconseja con buen criterio que aplazase a toda costa el negocio de la Inquisición «por ser de mucho peso y preciso resolverle con tiento y tomando medios y arbitrios para ajustarse a todos». 

                    En política exterior es partidaria de la paz. Durante las negociaciones en Münster y Osnabruck, que habían de culminar en la paz de Westfalia, trató de inclinar a Felipe IV a terminar la guerra con Francia, para ocuparse con todas sus fuerzas en el problema de Portugal, y hasta escribió al Papa Alejandro VII solicitando su mediación en favor de la concordia entre los Príncipes Cristianos.

                    En el orden místico, sus ideas fueron elevadas y dentro de la más firme ortodoxia, pero se vio envuelta por la Santa Inquisición en un proceso, del que salió absuelta con las más favorables censuras, en 1650, tras quince años de litigios; la Universidad de la Sorbona de París llegó a condenar varias proposiciones de sus libros.  

                    El más notable de sus escritos religiosos es "Mística Ciudad de Dios", (con más de ciento setenta ediciones en diez idiomas) una historia de la Virgen en la que están resumidas las más importantes de sus tesis teológicas, el Dogma de la Inmaculada y la Infalibilidad Pontificia. Acerca de esta obra se entabló apasionada controversia que duró más de un siglo.

                    Se cuenta que Sor María de Jesús de Ágreda poseía diferentes dones místicos, entre otros, el de la bilocación, lo que supuestamente la llevó a evangelizar a los aborígenes de las regiones de Texas, Arizona y Nuevo México, donde fue llamada "la Dama azul", en una clara alusión a la capa de las religiosas concepcionistas, como lo narra el Franciscano Padre Benavides, que además informó a sus Superiores en México y el Rey Felipe IV; en 1630, este mismo religioso se trasladó a España para conocer a Sor María de Jesús de Ágreda y a conminarla bajo juramento a decir la verdad. Ella le confirmó que, efectivamente, era llevada por Ángeles a países para ella desconocidos a predicar a Jesucristo entre paganos e idólatras y explicarles cómo llegar hasta los Sacerdotes que pudiesen bautizarles. 




                    Desde el punto de vista histórico, es de sumo interés su correspondencia con el Rey, que duró más de veinte años, con un total de seiscientas cartas, algunas publicadas por Francisco Silvela, precedida de un bosquejo histórico, en el que va encajando la actuación de Sor María (Cartas de la Venerable Madre Sor María de Ágreda y del Rey Don Felipe IV, Madrid, 1885). «En ellas no sólo se alcanzan pormenores de la mayor importancia sobre personajes y sucesos de aquel tiempo, sino que se descubre también en sus más íntimos repliegues el carácter moral del Monarca, completándose con nuevas perspectivas el cuadro de la Corte y de la sociedad española en el siglo XVII» . 

                    Sor María de Jesús, falleció el 24 de Mayo de 1655, a los 63 años, en el Convento de Ágreda. Hoy día en la Capilla del Convento de la Inmaculada Concepción, puede verse su sepulcro y la urna de cristal, donde se venera su cuerpo incorrupto.


De una carta de Sor María de Jesús 
de Ágreda al Rey Felipe IV


                    "Confieso que de lo que más necesita la Monarquía de Vuestra Majestad es de paz; ésta se alcanzará con la justicia, porque David juntó estas dos virtudes y nunca se vio ser un príncipe fielmente servido si no es temido, y el temor no se consigue sin alguna demostración prudente de rigor; y como la justicia consiste principalmente en dar a cada uno lo que le pertenece, usando de ella V. M. hará que en primer lugar se le dé a Dios el culto, reverencia y servicio que le debemos, como hijos de la Iglesia y profesores de su Fe Santa, evitando las ofensas que le hacemos, castigando al malo y premiando al bueno; y en segundo lugar, el cumplimiento de buenos vasallos y fieles a su Rey y Monarca, y tanto más cuanto V. M. defendiere la causa del Altísimo, correrá por su cuenta la de V. M. y se podrá animar a la confianza".



miércoles, 20 de mayo de 2026

SAN BERNARDINO DE SIENA, Misionero Franciscano, Apóstol del Santo Nombre de Jesús

 


                  Nació cerca de Siena, en Italia en el año 1380. Su padre era gobernador. El niño quedó huérfano de padre y madre a los siete años. Dos tías se encargaron de su educación y lograron formarlo lo mejor posible en ciencias religiosas y darle una educación muy completa. Sus estudios de bachillerato los hizo con tal dedicación que obtuvo las mejores notas.

                  De joven se afilió a una asociación piadosa llamada "Devotos de Nuestra Señora" que se dedicaba a hacer obras de caridad con los más necesitados. Y sucedió que en el año 1400 estalló en Siena la epidemia de tifo negro. Cada día morían centenares de personas y ya nadie se atrevía a atender los enfermos ni a sepultar a los muertos, por temor a contagiarse. Entonces Bernardino y sus compañeros de la asociación se dedicaron a atender a los apestados. Trabajaban de día y de noche. Bernardino preparaba muy bien a los que ya se iban a morir, para que murieran en paz con Dios y bien arrepentidos de sus pecados. Y como por milagro, este grupo de jóvenes se libró del contagio de la peste del tifo. Pero cuando pasó la enfermedad, Bernardino estaba tan débil y sin alientos, que estuvo por varios meses postrado en cama, con alta fiebre. Esto le disminuyó mucho las fuerzas de su cuerpo, pero le sirvió enormemente para aumentar la santidad de su alma.

                  Cuando ya recobró otra vez su salud, de vez en cuando se alejaba de casa y a quienes le preguntaba a dónde se dirigía les respondía: "Voy a visitar a una personita de la cual estoy enamorado". La gente creía que era que se iba a casar, pero un día sus tías le siguieron los pasos y se dieron cuenta de que se iba a una ermita donde había una estatua de la Virgen Santísima y allí le rezaba con gran fervor.

                  En el año 1402 entró de religioso franciscano. Lo recibieron en un convento cercano a su familia, pero como allí iban muchos amigos a visitarlo pidió que lo enviaran a otro más alejado y donde la disciplina era muy rígida, y así en el silencio, la oración y la mortificación se fue santificando.

                  Nuestro Santo había nació el día de la Natividad de la Santísima Virgen, el 8 de Septiembre, y en esa misma fecha recibió el Santo Bautismo. Sería también un 8 de Septiembre cuando recibiría el hábito de los hijos de San Francisco y en ese gran día de la Natividad de Nuestra Señora recibió la ordenación sacerdotal en 1404. Fue pues siempre para él muy grata y muy significativa esta santa fecha.

                  Los primeros 12 años de sacerdocio los pasó San Bernardino casi sin ser conocido de nadie. Vivía retirado, dedicado al estudio y la oración. Dios lo estaba preparando para su futura misión.

                  Ni la voz ni las cualidades oratorias le ayudaban a San Bernardino para tener éxito en la predicación. Entonces se dedicó a pedir a Nuestro Señor y a la Santísima Virgen que lo capacitaran para dedicarse a evangelizar con éxito y de pronto Dios le envió a predicar. Y esto sucedió de un modo bien singular. Durante tres días seguidos, estando rezando todos los religiosos por la mañana, de pronto un joven novicio, sin poder contenerse, interrumpió la oración y le dijo: "Hermano Bernardino: no ocultes más las cualidades que Dios te ha dado. Vete a Milán a predicar". Iguales palabras le fueron dichas cada uno de los tres días. Todos consideraron que esto era una manifestación de la Voluntad de Dios y le aconsejaron que se fuera a la gran ciudad a predicar la Cuaresma. Y los éxitos fueron impresionantes. Las multitudes empezaron a asistir en inmensas cantidades a sus sermones. Al principio le costaba mucho hacerse oír a lo lejos pero le pidió con toda fe a la Virgen Santísima y Ella le concedió una voz potente y muy sonora (en vez de la voz débil y desagradable que antes tenía).

                    Desde 1418 hasta su muerte, San Bernardino recorre pueblos, ciudades y campos durante veintiséis años, predicando de una manera que antes la gente no había escuchado.

                   Se levantaba a las 4 de la mañana y durante horas y horas preparaba sus sermones. Y el efecto de cada predicación era un entusiasmarse todos por Jesucristo y una gran conversión de pecadores. Muchísimos terminaban llorando de arrepentimiento al escuchar sus palabras. Cuando su voz potentísima gritaba en medio de la silenciosa multitud: "Temblad tierra entera, al ver que la criatura se ha atrevido a ofender a su Creador", a la gente le parecía que el piso se movía debajo de sus pies y empezaban a llorar con gran arrepentimiento. Casi siempre tenía que predicar en las plazas y campos porque en los templos no cabía la gente que deseaba escucharle.

                  Recorrió toda Italia a pie, predicando. Cada día predicaba bastantes horas y varios sermones. A todos y siempre les recomendaba que se arrepintieran de sus pecados y que hicieran penitencia por su vida mala pasada. Atacaba sin compasión los vicios y las malas costumbres e invitaba con gran vehemencia a tener un intenso amor a Jesucristo y la Virgen María.

                  Por todas partes llevaba y repartía un estandarte con estas tres letras que formaban el Santo Nombre de Jesús: JHS (Jesús, Hombre, Salvador) e invitaba a sus oyentes a sentir un gran cariño por el nombre de Jesús. Donde quiera que San Bernardino predicaba, quedaban muchos estandartes en palacios y casas con sus tres letras: JHS.

                  En Polonia predicó contra los juegos de azar y las gentes quemaron todos los juegos de azar que tenían. Un fabricante de naipes se quejó con el santo diciéndole que lo había dejado en la ruina, y él aconsejó: "Ahora dedíquese a imprimir estampas de Jesús". Así lo hizo y consiguió más dinero que el que había logrado conseguir imprimiendo cartas de naipe.

                  Los envidiosos lo acusaron ante el Papa diciendo que San Bernardino recomendaba supersticiones. El Papa le prohibió predicar, pero luego lo invitó a Roma y lo examinó delante de los Cardenales y quedó tan conmovido el Sumo Pontífice al oírle sus predicaciones, que le dio orden para que pudiera predicar por todas partes.

                  El Papa quiso nombrarlo Arzobispo, pero el Santo no se atrevió a aceptar. Entonces lo nombraron Superior de los Franciscanos, porque era el que más vocaciones había conseguido para esa Comunidad: cuando San Bernardino entró en la comunidad de franciscanos observantes, solamente había en Italia trescientos de estos religiosos. Cuando él murió ya había más de cuatro mil.

                  Los grandes sacrificios que tenía que hacer para predicar tantas veces y en tan distintos sitios sumado a los muchos ayunos y penitencias que hacía, lo fueron debilitando notoriamente. En su rostro se notaba que era un verdadero penitente, pero esta misma apariencia de austero y mortificado, le atraía más la admiración de las gentes. El único lujo que aceptó en sus últimos años, fue el de un borriquillo, para no tener que hacer a pie todos sus largos viajes.

                   Su deseo de progresar en el arte de la elocuencia y del buen predicar era tal, que donde quiera que sabía que había un buen predicador, se iba a escucharlo y aún ya lleno de años, se sentaba como simple discípulo para escuchar las clases de los maestros afamados que enseñaban cómo hablar bien en público.

                  En su ciudad natal, Siena, había muchas divisiones y peleas. Se fue allá y predicó 45 sermones que devolvieron la paz a toda esa región. Uno de los oyentes logró copiar esos sermones y se conservan como una verdadera joya de la elocuencia sagrada, donde se combinan la teología con los consejos prácticos y la agradabilidad con la profundidad. 

                  Mientras viajaba por los pueblos predicando, con muy poca salud pero con un inmenso entusiasmo, se sintió muy débil y al llegar al convento de los franciscanos en Aquila, murió santamente el 20 de Mayo de 1444, cuando contaba 64 años. Su cuerpo, expuesto durante tres días, obró varios milagros documentados para el proceso de Canonización.

                  Ante la petición de todo el pueblo el Papa Nicolás V, lo canonizó en 1450, tan sólo a seis años de haber muerto. San Bernardino de Siena es, indudablemente, uno de los más grandes santos del siglo XV, uno de los mejores modelos de la predicación popular cristiana, uno de los más preciosos ejemplos de aquel puro y encendido amor de Cristo, tan característico de su padre San Francisco de Asís y del espíritu franciscano de todos los tiempos.




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martes, 19 de mayo de 2026

LOS TRECE MARTES DE SAN ANTONIO. MARTES 10º: LA MODESTIA

    


            Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos, Señor, Dios nuestro + 

            En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICIÓN


            Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

            Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.

ORACIÓN INICIAL


            Postrado a tus pies, oh amantísimo protector mío San Antonio, te ofrezco el piadoso ejercicio que voy a practicar para que me alcances del Señor el perdón de mis pecados, las virtudes propias de mi estado, la perseverancia final y la gracia especial que solicito con esta devoción. Más si ésta no me conviniese, obtenme conformidad con la Voluntad de Dios. Amén.


MARTES 10º: LA MODESTIA 


            ¡Oh, modelo perfectísimo de honestidad, San Antonio!. Alcanzadme la modestia, circunspección y recato en obras y palabras, para que pueda y sepa oponerme a las pompas y vanidades que renuncié en mi Bautismo.  

A continuación rezamos un Padrenuestro
un Avemaría y un Gloria. Luego, terminamos 
rezando el tradicional Responsorio de San Antonio...




Y terminamos este ejercicio piadoso signándonos 
en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.