martes, 24 de marzo de 2026

SAN GABRIEL, EL ARCÁNGEL DE LA ANUNCIACIÓN

   


"Yo soy Gabriel, el que está
en la Presencia de Dios" 

(Evangelio de San Lucas, cap. 1, vers. 19)


                       San Gabriel había sido ya enviado al Profeta Daniel para anunciarle la época en que el Cristo había de nacer; y a Zacarías, cuando estaba ofreciendo en el templo el incienso, para avisarle del nacimiento del Bautista Precursor del Mesías. "Sólo San Gabriel, cuyo nombre significa Fortaleza de Dios, fue hallado digno, entre todos los Ángeles, de anunciar a María el plan divino respecto a Ella", dice San Bernardo.

                       San Gabriel se acerca con un santo respeto a la Virgen escogida desde toda la eternidad para ser en la tierra la madre de Aquél de quien Dios es Padre en el Cielo. La saluda con las palabras que le fueron dictadas por el Altísimo y que la Santa Iglesia gusta de repetir a menudo: "Dios te salve, llena de gracia; el Señor es contigo; bendita Tu eres entre todas las mujeres".

                           Y como ve el Ángel que María se asombra de semejante salutación, explícale cómo ha venido a pedir su Fiat, para que se cumpla el Gran Misterio, que es la condición de la redención del humano linaje. "Yo soy Gabriel, el que estoy delante del Señor Dios, y que he venido a hablarte y a traerte esta feliz nueva".

                           Pero María quiere permanecer siempre Virgen; y entonces el Ángel la ilustra acerca del Misterio, y le dice cómo ha de concebir por obra del Espíritu Santo, y que dará a luz un Hijo, al cual llamará Jesús, es decir, Salvador. Todo ello sin detrimento alguno del lirio virginal que ofreciera a Dios desde su más tierna infancia.

                          María entonces obedece sin titubeo y con la más profunda humildad, diciendo: "He aquí la Esclava del Señor; hágase en Mí según tu palabra."

                          Y en este momento se obró el más grande de todos los milagros, elevando Dios hasta Sí, en unión personal, al Fruto Bendito del seno de la Virgen. "Y el Verbo se hizo carne, habitando entre nosotros"; se desposó con la humanidad, con nuestra pobreza, con nuestra nada, y en cambio de ellos nos dio Su Divinidad.



LOS TRECE MARTES DE SAN ANTONIO. MARTES 2º: EL GOZO ESPIRITUAL

    


            Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos, Señor, Dios nuestro + 

            En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICIÓN


            Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

            Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.

ORACIÓN INICIAL


            Postrado a tus pies, oh amantísimo protector mío San Antonio, te ofrezco el piadoso ejercicio que voy a practicar para que me alcances del Señor el perdón de mis pecados, las virtudes propias de mi estado, la perseverancia final y la gracia especial que solicito con esta devoción. Más si ésta no me conviniese, obtenme conformidad con la Voluntad de Dios. Amén.


MARTES 2º: EL GOZO ESPIRITUAL 


            ¡Oh, fidelísimo observador de los divinos preceptos y de la Regla Seráfica, San Antonio! Otorgadme el gozo espiritual en el cumplimiento de mis deberes y seré feliz en este mundo y en el otro. 

A continuación rezamos un Padrenuestro
un Avemaría y un Gloria. Luego, terminamos 
rezando el tradicional Responsorio de San Antonio...




Y terminamos este ejercicio piadoso signándonos 
en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.




lunes, 23 de marzo de 2026

ANA DE MONTEAGUDO Y LAS ALMAS DEL PURGATORIO (II)



                    En el año 1676, el granadino Fray Juan de Calle y Heredia, mercedario, era trasladado como Obispo desde Trujillo a la ciudad de Arequipa. Cuando entró en la ciudad, estaban las Novicias y algunos seglares preparando la decoración para cuando llegara a visitar el Monasterio. La Madre Ana de Monteagudo les dijo: Hermanas, no se afanen, porque no lo hemos de ver. Y, cuando lo dijo, el Obispo estaba bien de salud, pero se enfermó antes de visitar a las Madres Dominicas y murió el 15 de Febrero de ese mismo año. Dos meses después de la muerte del Obispo, Don Juan de Meza y su esposa Francisca Manzo fueron a visitar a la Madre Ana de Monteagudo y ella le encomendó que dijera al sacerdote compañero del obispo que él tenía necesidad de muchos sufragios, a pesar de que este testigo le había mandado celebrar dos mil misas. La razón era, porque siendo Obispo en España, cuando todavía era muy joven, no había puesto mucha disciplina a los religiosos, siendo condescendiente con ellos. 

                    La noche del Corpus Christi de aquel año, aseguró la Madre Ana que el Obispo Fray Juan de la Calle había salido del Purgatorio y que, al mismo tiempo que salía el Obispo, entraba al Purgatorio un religioso de la Compañía de Jesús, que tenía la cara muy triste. Al salir el dicho Obispo, le encargó a la sierva de Dios que se interesara por un religioso mercedario llamado Ponce que llevaba ya 50 años en el purgatorio. 

                    Un día le refirió la Madre Ana de Monteagudo a Sor Juana de Santo Domingo que fue llevada a una sala muy grande donde vio que estaban penando, como en un círculo, muchas Almas. En una parte, estaban los Religiosos; en otra parte, las Religiosas o los Clérigos; y en el suelo del salón vio las Almas de los seglares. Observó que en ese salón había una puerta que daba a otra sala que parecía más horrorosa, de donde salía un rumor espantoso, donde conoció algunas personas. Y con esta visión se acentuó más en ella el fervor por las Almas. Y muchas de ellas venían a pedir oraciones y sufragios a la Sierva de Dios. 



sábado, 21 de marzo de 2026

"LA SABATINA", la plegaria de cada Sábado a Nuestra Señora del Carmen

 


La Virgen liberará del Purgatorio
a las Almas que en vida mortal vistieron
el Santo Escapulario del Carmelo


                    Entre los devotos de la Virgen del Carmen, es bien conocido el llamado “Privilegio Sabatino”, creencia que sostiene que los que vistieron piadosamente el Escapulario del Carmen durante su vida, saldrán del Purgatorio el primer Sábado después de su muerte. Para un católico no es esta una cuestión discutible o dudosa, sino de obligada creencia ya que ha sido enseñada y refrendada -como a continuación se expondrá- por el Magisterio de varios Papas, y por tanto, verdad segura e infalible.

                    La Orden del Carmen consiguió del Papa Clemente VII en 1530, la Bula "Ex Clementi" que afirmaba que la Virgen Santísima ayudará con Sus ruegos y una especial protección después de su muerte a todos los que hayan vestido el Escapulario del Carmelo.

                    En 1566, el Papa San Pío V publicó el Motu Proprio "Superna dispositione", donde confirmaba las gracias, indulgencias y privilegios concedidos por la Iglesia a la Orden del Carmen, “también el Sabatino”. 

                    Tras las nuevas normas sobre las indulgencias, emanadas por el Concilio de Trento, será el Papa Gregorio XIII, en 1577, quien con el breve "Ut laudes" confirme de nuevo todas las indulgencias, gracias y privilegios anteriores, entre los que se incluye el “Privilegio Sabatino”, pero precisando que la ayuda de la Virgen ocurre “el Sábado después de su muerte, con Su continua protección, misericordiosos ruegos, méritos y especial protección”. 

                    Por eso, el “Privilegio Sabatino” siempre aparecerá ya incluido en el Índice de las indulgencias aprobadas por la Iglesia. Así lo vemos, por ejemplo, en el publicado por el Papa Inocencio XI en 1678, o en el de San Pío X en 1910. Y el Papa Pío XII, en 1950, en la conocida Carta Apostólica "Neminem profecto latet", dice: "Ni la piadosísima Madre dejará de intervenir para que Sus hijos detenidos en el Purgatorio por su faltas alcancen lo más pronto posible la Patria Celeste, por Su intercesión, según el tan conocido ‘Privilegio Sabatino’ transmitido por la Tradición”.

                    Nosotros podemos ayudar a esas pobres Almas que están retenidas en el Purgatorio, a fin de que sean liberadas lo antes posible por medio de nuestras oraciones, sacrificios y limosnas; así lo hizo Judas Macabeo cuando tras “recoger los cadáveres de los caídos en el combate, para enterrarlos junto a sus parientes en los sepulcros familiares (…) hicieron una oración para pedir a Dios que perdonara por completo el pecado que habían cometido” (2 Libro de los Macabeos, cap. 12, vers. 39.42). “Después recogió unas dos mil monedas de plata y las envió a Jerusalén, para que se ofreciera un sacrificio por el pecado. Hizo una acción noble y justa (…) Como tenía en cuenta que a los que morían piadosamente los aguardaba una gran recompensa, su intención era santa y piadosa. Por esto hizo ofrecer ese sacrificio por los muertos, para que Dios les perdonara su pecado” (2 Libro de los Macabeos, cap. 12, vers. 43.45). Y también San Pablo cuando ora a Dios por el eterno descanso de su amigo difunto: “Que el Señor tenga misericordia de la familia de Onesíforo; él me trajo alivio muchas veces y no se avergonzó de que yo estuviera preso. Al contrario, en cuanto llegó a Roma comenzó a buscarme sin descanso, hasta que me encontró. Que el Señor le conceda encontrar su misericordia en aquel día” (2 Carta a Timoteo, cap. 1, vers. 16-18).


Oración inicial


               En el Nombre del Padre, y del Hijo ☩ y del Espíritu Santo. Amén.

               Virgen del Carmen, llevamos sobre nuestro pecho Vuestro Santo Escapulario, signo de nuestra consagración a Vuestro Corazón Inmaculado. Madre querida, somos Vuestros hijos, unos hijos de Vuestra entera pertenencia.

               Nuestra consagración, Señora, nos exige una entrega sin reservas a Vuestra Sagrada persona, una dedicación generosa a Vuestro servicio, una fidelidad inquebrantable a Vuestro amor y una solicita imitación de Vuestras virtudes. Queremos vivir, conforme al viejo ideal carmelitano: en Vos, con Vos, por Vos y para Vos. 

               Gracias a Vuestro Bendito Escapulario, Virgen del Carmelo, somos miembros de Vuestro cuerpo místico del Carmelo y participamos de la consagración comunitaria de la Orden a Vos, que Sois su cabeza. Nuestra consagración se une pues, a la Orden de toda la Familia Carmelitana y acrecienta así su valor y eficacia. 

               Santa María, Abogada y Mediadora de los hombres, no podríamos vivir nuestra consagración con olvido de quienes son Vuestros hijos y nuestros hermanos. Por eso, nos atrevemos a consagraros la Iglesia y el mundo, nuestras familias y nuestra amada Patria.

               Os consagramos especialmente los que sufren en el alma o en el cuerpo: los pecadores, los tentados, los perseguidos, los marginados, los presos, los desterrados, los enfermos, los hambrientos…. 

               Madre y Reina del Carmelo, por nuestra consagración somos del todo Vuestros ahora en el tiempo; que los sigamos siendo también un día en la Eternidad. Así sea.



Angelical Salutación
a Nuestra Señora del Carmen


              1ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los Ángeles, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque me habéis dado Vuestro Bendito Escapulario.

   Dios te salve, María, llena eres de gracia etc.


               2ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los Arcángeles, y los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con Vuestro Bendito Escapulario me habéis hecho especialísimo hijo Vuestro. 

   Dios te salve, María, llena eres de gracia etc.


                3ª. Madre mía, Madre de mi corazón y Reina de mi amor, os doy mi alma, mi vida, mi corazón, y quiero que os alaben las Virtudes y todas las criaturas, porque con Vuestro Bendito Escapulario me habéis infundido la esperanza de que os veré en el Cielo.

   Dios te salve, María, llena eres de gracia etc.


                4ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis una y mil veces; las Dominaciones, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con Vuestro Bendito Escapulario me defendéis de las tentaciones del enemigo. 

   Dios te salve, María, llena eres de gracia etc.


               5ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los Tronos, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con Vuestro Bendito Escapulario me protegéis contra todos los peligros. 

   Dios te salve, María, llena eres de gracia etc.


               6ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los Serafines, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con Vuestro Bendito Escapulario Sois salud de mi alma. 

   Dios te salve, María, llena eres de gracia etc.


               7ª. Madre mía del Carmen y Reina de mi corazón, bendita seáis; los Querubines, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con Vuestro Escapulario Sois la paz y la alegría de mi alma. 

   Dios te salve, María, llena eres de gracia etc.


Oración final


              Señor Dios Nuestro, que habéis honrado a la Orden del Carmen con la advocación especial de la Bienaventurada y siempre Virgen María, Madre de Vuestro Hijo; conceded a cuantos hoy celebramos su recuerdo que, guiados por Su ejemplo y protección, lleguemos hasta la cima del monte de la perfección que es Cristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

               En el Nombre del Padre, y del Hijo ☩ y del Espíritu Santo. Amén.



viernes, 20 de marzo de 2026

MARÍA MARTA CHAMBON, Apóstol de Las Santas Llagas de Nuestro Señor

 


                    María Francisca Chambón nació el 6 de Marzo de 1841 en Croix-Rouge una pequeña región cercana a Chambéry, cuando ésta formaba parte del Reino de  Saboya con capital, Torino. Hija de pobres campesinos, en una familia compuesta por sus padres y ocho hermanos, de condición humildísima, logró realizar su vida de unión con Cristo, a través de una experiencia de inmensa profundidad y trabajo espiritual.

                    Era pobre, de escasa inteligencia, de aspecto poco agradable, sin saber leer ni escribir, y sin embargo, sabía el Catecismo a la perfección y era muy piadosa; tal vez por eso es escogida por Jesús para hacerla Su confidente privilegiada y mostrarle los tesoros de Su Amor, porque se había entregado por completo a Él; Sor María Martha como una enamorada vivía continuamente en la presencia de su Esposo: desde pequeña había recibido frecuentes visitas del Niño Jesús que conversaba con ella, la ayudaba, la reemplazaba en sus labores más humildes. Era una sustitución íntima, radical, en la cual su alma se hacía una con Cristo. Cuando era una niñita, la mandaban a pastorear la única cabra que sus padres poseían. Aquellos momentos eran una posibilidad de estar en la presencia de Dios. Siempre sola con el Señor.

                    Después de la Primera Comunión, el Niño Jesús en persona la acompañaba en los trabajos del campo y pasaba con ella las jornadas cómo hacemos con los compañeros de juegos. Y, era precisamente cómo un juego alegre, aquel permanecer en compañía del Divino Niño, con el trabaría una amistad de niños, sincera y alegre.

                    A los 18 años entró a la Orden de la Visitación de Santa María (Salesas) porque en el Carmelo no la habían recibido a causa de su débil salud; allí le darían el nombre de María Marta, en honor de las piadosas hermanas que atendían a Nuestro Señor; fueron frecuentes sus íntimos coloquios con San Francisco de Sales, durante los cuales él la animaba a ser fiel a la Regla de la Orden.

                    En la Visitación fue acogida como conversa, y le fue confiado el encargo del pensionado, destinado a las alumnas que a causa de los sucesos políticos franceses, las monjas se vieron obligadas a abrir, no de buen agrado, para poder continuar como comunidad religiosa, después de la supresión.

                    El 2 de Agosto de 1864, Sor María Martha sellaría su desposorio con Cristo emitiendo los votos perpetuos; tenía entonces 23 años.

                    A partir de Mayo de 1866, empezaría a recibir frecuentes comunicaciones celestiales con Nuestro Señor, que le revelaría Su deseo de dar a conocer la Devoción por Sus Santas Llagas. Sin embargo, Sor María Martha permaneció siempre sin relevancia y oculta; sólo los superiores estaban al tanto cuánto sucedía en su alma, mientras toda la comunidad desconocía tantas gracias, y sólo después de su muerte los manuscritos sobre sus experiencias fueron revelados a sus compañeras. Es éste un hecho bellísimo, que sólo una espiritualidad fuerte puede permitir: que un alma viva en dulcísimos coloquios con Su Señor, mientras las demás, las circunstantes, permanecen a oscuras en medio de tanta luz, que se difunde sobre todos y por todas partes.

                    De aquí en adelante, toda la comunidad se sintió más unida al recibir y transmitir el Mensaje recibido y vivido verdaderamente por la humilde conversa, e hizo propia su misión, la de difundir la Devoción a Las Santas Llagas. 

                    A semejanza de Santa Margarita María Alacoque, Apóstol del Sagrado Corazón, Sor María Martha no salió del convento, ni siquiera habiendo recibido de Dios un Mensaje importante para la Iglesia entera. 

                    Durante cuatro años, desde Enero de 1869 hasta Septiembre de 1873, viviría sostenida sólo con la Sagrada Eucaristía: Jesús Sacramentado fue para ella alimento no sólo del espíritu, sino también del cuerpo; cuando sus fuerzas la abandonaban, se confiaba en el Poder de Dios; cuando la debilidad se apoderaba de su físico, ella invocaba el Auxilio de Dios y cuando el demonio la asaltaba, ella se refugiaba en las Santas Llagas del Señor.

                    Las Llagas del Señor eran su única defensa, la riqueza de su vida, su salvación permanente. Es este el camino del amor: anhelar totalmente el Amado, quererlo, conocerlo, experimentarlo completamente, no aceptar ningún otro fuera de Él, vivir siempre y únicamente en espera del encuentro, sufrir terriblemente por cada retardo. Desesperar de su posible ausencia o distanciamiento. Ni siquiera el enemigo podía abrirse caminos en aquella alma bendita y perfectamente rendida a su único Señor.

                    Y el Señor mismo reveló a la Hermana María Martha las grandes potencialidades de las Santas Llagas, tanto para los pecadores como para la Iglesia y para las Almas del Purgatorio. Se complacía contemplándolas y honrándolas en la siguiente forma: Primero, la llaga de los pies, después el Costado, enseguida la mano izquierda, la mano derecha y por último, la cabeza coronada de espinas. 

                    El 12 de Junio de 1874 recibiría el don de los Sagrados Estigmas en sus pies. Cristo Nuestro Señor la hacía así partícipe de Su Pasión. Pronto le revelaría: “Yo concederé todo cuánto se me pida por la invocación de Mis Santas Llagas. Hay que difundir la Devoción”, y ella fiel a la solicitud del Señor por toda la vida tendrá en sus labios la invocación enseñada por Él mismo:  “Jesús mío, perdón y misericordia, por los méritos de Tus Santas Llagas”. 


Díptico con la Devoción de Las Santas Llagas

según las revelaciones de la Hermana María Marta Chambón




Está diseñado para poder ser impreso a doble cara;
se autoriza su copia, sin fines comerciales ni lucrativos



                    El Señor enseñó a la hermana a valorizar todas las pequeñas cosas cotidianas, los sencillos trabajos domésticos, como atender el refectorio del pensionado o recoger las frambuesas del huerto, todo se convertía en un momento de glorificación a Dios, sea por Su Presencia, sea por la alabanza que ofrecía al Señor. El trabajo, la oración, la meditación, los quehaceres diarios: todo puede ser camino hacia lo eterno.

                    La Santa Sede concedió pronto a las religiosas de la Visitación 300 días de indulgencia por el rezo del Rosario de las Santas Llagas. El 16 de Enero de 1924 y por indulto de la Sagrada Penitenciaría, estas indulgencias se extendieron a todos los fieles.

                    Sor María Martha Chambón entró en la Vida el Jueves de Pasión, 21 de Marzo de 1907, a las ocho de la tarde, después de recibir los Santos Sacramentos y el consuelo de su Comunidad, en la Víspera de los Dolores de la Virgen. Tenía sesenta y seis años. En la actualidad, sus virginales restos reposan en la Capilla del Monasterio de la Visitación de Marclaz, en Thonon les Bains, cerca del lago Leman, Francia. En 1923 se publicó el libro en francés "Soeur Marie-Marthe Chambon de la Visitation Sainte-Marie de Chambéry et des Saintes Plaies de N.S. J.C."; al año siguiente se publicó la edición española y muy pronto surgirían nuevas ediciones en otros idiomas.



jueves, 19 de marzo de 2026

LE ROGUÉ QUE VELASE POR MÍ... el amor de Santa Teresita por San José

 


                    "¡Oh, qué bueno es San José!. ¡Cuántas cosas le he confiado y cuántas veces me ha respondido!"

                    "Desde mi infancia había sentido hacia San José una devoción que se confundía con mi amor a la Santísima Virgen... Rogué también a San José que velase por mí. Todos los días le rezaba la oración: “San José, padre y protector de las vírgenes”. Con esto, emprendí sin miedo el largo viaje..." (Historia de un alma, escrita por Santa Teresa de Niño Jesús y de la Santa Faz)

                    El amor y la confianza que Santa Teresita profesó a San José le acompañará en toda su vida; a él dedicará una poesía: 


Vuestra admirable vida en la sombra, 
José, se deslizó humilde y escondida, 
¡pero fue augusto privilegio vuestro 
contemplar muy de cerca 
la belleza de Jesús y María! 

¡Más de una vez, el que es Hijo de Dios,  
y entonces era niño y sometido en todo 
a la obediencia vuestra, sobre el dulce refugio 
de vuestro pecho amante descansó con placer! 

Y como vos, nosotros, en la tranquila soledad, 
servimos a María y Jesús, nuestro mayor cuidado 
es contentarles, no deseamos más. 

A vos, Teresa, nuestra Santa Madre,
acudía amorosa y confiada en la necesidad, 
y asegura que nunca su plegaria
dejasteis de escuchar. 

Tenemos la esperanza de que un día,
cuando haya terminado la prueba de esta vida,  
al lado de María iremos, Padre, a veros.
Bendecid, tierno Padre, nuestro Carmelo, 
y tras el destierro de esta vida reunidnos en el Cielo! 


Santa Teresa del Niño Jesús, “A Nuestro Padre San José” (Poesía Nº 14)


                    ¡Qué hermoso será conocer en el Cielo todo lo que ocurrió en el seno de la Sagrada Familia! […] ¿Y San José?, ¡ay, cuánto lo quiero!. Él no podía ayunar, debido a su trabajo. Lo veo acepillar, y después secarse la frente de vez en cuando. ¡Qué lástima me da de él!. ¡Qué sencilla me parece que debió de ser la vida de los tres! […] 

                    …Lo que me hace mucho bien, cuando pienso en la Sagrada Familia, es imaginármela llevando una vida totalmente ordinaria. […] No, el Niño Jesús no hacía milagros inútiles como ésos, ni siquiera por complacer a Su Madre. Y si no, ¿por qué no fueron transportados a Egipto en virtud de un milagro, que, por lo demás, habría sido más necesario y tan fácil para Dios?. En un abrir y cerrar de ojos habrían sido llevados allá. Pero no, en su vida todo discurrió como en la nuestra. ¡Y cuántas penas, cuántas decepciones!. ¡Cuántas veces se le habrán hecho reproches al bueno de San José!. ¡Cuántas veces se habrán negado a pagarle su trabajo!. ¡Qué sorprendidos quedaríamos si supiésemos todo lo que sufrieron!. 


Santa Teresa del Niño Jesús, "Últimas conversaciones"



SAN JOSÉ, COLABORADOR EN EL PLAN DIVINO DE LA REDENCIÓN



                    La Redención de la Humanidad, que es el hecho central de toda nuestra Historia, determinó la caída del paganismo, el surgimiento y el triunfo de la Iglesia Católica, la implantación de una Civilización basada en concepciones completamente nuevas de la familia, del Estado, del individuo y de la Religión, que fueron los hechos iniciales y la causa del gran progreso.

                    La familia pagana, transformada y sobrenaturalizada por el contacto con los Sacramentos de la Iglesia, se transformó en foco admirable de perfección espiritual, y en escuela austera de disciplina de los instintos inferiores. 

                    El Estado pagano, transformado desde sus fundamentos por el Catolicismo, dejó de ser privilegio de plutócratas o demagogos, para ser antes que nada un admirable medio de distribución equitativa de la justicia y protección a todos los individuos. 

                    El individuo, que en el paganismo era presa de sus pasiones, vio abrirse delante de sí el admirable ideal de perfección espiritual predicado por el Hombre-Dios; y el hombre medieval, descendiente de los sibaritas de la Antigüedad, se transformó en el cruzado, en el asceta o en el filósofo cristiano. 

                    La Religión, en fin, consiguió traer al mundo, con sus Sacramentos, con la gracia de que es vehículo, y con el admirable apostolado jerárquico de la Iglesia, una continuidad de acción santificadora que ha sido la columna de la Civilización, y que es aún hoy el único obstáculo contra la acción invasora del Comunismo, como lo fue contra las invasiones bárbaras o musulmanas. 

                    Todos estos acontecimientos gloriosos tuvieron su origen en la Redención. San José, por la admirable correspondencia a la Gracia con que se distinguió, colaboró de modo eminente en el Plan Divino de la Redención. Y, como tal, es merecedor de una gran parte de la Gloria que, legítimamente, le cabe al Divino Salvador por la inmensidad de beneficios con que nos colmó. 

                    Vemos, pues, la admirable fecundidad de una vida que todas las circunstancias naturales tendían a volver estéril. Vemos la prodigiosa capacidad de acción de la Santidad, que en el recogimiento y en la humildad, colaboró directamente en acontecimientos mucho más importantes, y tuvo una participación incalculablemente más notable en toda la Historia de la humanidad que Alejandro con sus ejércitos, Kant con su saber arrogante, o Maquiavelo con su diplomacia astuta y amoral. 

                    Vida interior, por lo tanto. Vida interior intensa, constante, ilimitadamente ambiciosa, en el sentido espiritual de la palabra, es la gran lección que la Fiesta de San José nos deja. 

                    Íntimamente unidos a Nuestra Señora como lo fue San José, la grandeza de la lección no debe desanimar la escasez de nuestras fuerzas, pues debemos exclamar como aliento: Omnia possum in Eo qui me confortat - “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Filp. 4, 13)


Doctor Plinio Corrêa de Oliveira



San José, 
Corredentor perfectísimo


                    José conoció y vivió anticipadamente el drama de la Pasión desde los primeros misterios de la Infancia de Jesús. Y acepta la parte que le corresponde en él, que fue precisamente sufrido en su corazón, a la vez que preparaba la Víctima y compadecía a nuestra Madre Dolorosa. El no asistir a él fue quizá uno de sus grandes dolores. Pero aceptó siempre los Planes Divinos de la Providencia. Y cuando Dios dio por cumplida su misión en la tierra, salió silenciosamente, inmolando su vida por la regeneración del mundo.

                    Con toda justicia el Cardenal Lépicier, verdadero y profundo teólogo entre los escritores de San José, le llama «Corredentor perfectísimo». Dios le dio un conocimiento especial de este misterio, valorando a la luz del mismo el ministerio para el que era elegido, pues le correspondía preparar y custodiar la Víctima, participando en grado eminentísimo en los frutos de Su Sacrificio y cooperando en la misma forma para el bien del género humano.

                    San José no solo coopera -como todos estamos llamados a hacerlo- a la redención subjetiva del género humano, que es la aplicación de los méritos adquiridos por Cristo a cada uno de los hombres, sino también a la redención objetiva o adquisitiva, a la Obra Redentora en general y desde Nazaret hasta su consumación en el holocausto del Calvario. También San José, a semejanza de María prestó su libre consentimiento a los planes divinos. Cuando el Ángel le revela el Misterio obrado en su esposa por obra del Espíritu Santo, la acoge inmediatamente en su casa y se entrega con su mayor solicitud al ministerio que se le pide, el cual comprende su colaboración a la Obra Salvadora de Jesús, ya que el Ángel le dice: «Dará a luz un Hijo, a quién pondrás por Nombre Jesús, porque salvará a Su pueblo de sus pecados». (Mt. 1, 23). José entrega todo su ser en manos de Dios y acepta los sufrimientos que le deben corresponder en el Plan Salvífico Divino, ofreciéndolos en unión del sacrificio de Cristo Redentor. Su sacrificio, aún sin presenciar en vida mortal el drama sangriento de la Pasión, fue perfecto. El Santo se inmola a sí mismo silenciosamente, viviendo anticipadamente en su corazón la crucifixión dolorosísima de Cristo, las amarguras indecibles de su Santa esposa. 

                    Puede afirmarse -con el Cardenal Lépicier- que San José participó más que ningún otro, después de la Santísima Virgen, en la Pasión de Cristo, cuyos dolores, en conjunto, fueron los mayores que pudo padecer ninguna criatura por su inseparable e íntima unión con Jesús y con María. El mar de amargura de ambos se refleja en el corazón de San José. Y en proporción a la unión está, por otro lado, el mayor conocimiento de este tremendo Misterio del Dolor que tuvo el Santo ya por la revelación del Ángel y la profecía de Simeón, ya también por las confidencias íntimas de Jesús y por los presentimientos que en su alma ponía el Espíritu Santo. 

                    Por su voluntaria aceptación de su vocación de Padre y Señor de Familia predestinada a ser instrumento de salvación del mundo entero ("causa salutis", Heb 5, 9) y generoso ofrecimiento a participar en la Cruz del Señor, para satisfacer más abundantemente, por todos los hombres, la cooperación dolorosa de San José es la mayor después de la de María -y como ella única y singular en cuanto participante con el Redentor en la redención objetiva, no solo aplicativa-, e incomparablemente mayor que la que puede atribuirse a otros Santos.


Padre Bonifacio Llamera O.P.
"Teología de San José", BAC, Madrid, 1953


Nuestro Padre y Señor San José
en las revelaciones que recibiera la mística Sor María de Jesús de Ágreda


                    En todo fue renovado y elevado, para tratar dignamente con la que era Madre del mismo Dios y esposa propia suya y para dispensar juntamente con Ella lo que era necesario al Misterio de la Encarnación y crianza del Verbo humanado... Y para que en todo quedase más capaz y reconociese las obligaciones de servir a su Divina Esposa, se le dio también noticia que todos los dones y beneficios recibidos de la mano del Altísimo le habían venido por Ella y para Ella y los de antes de ser Su esposo, por haberlo elegido el Señor para esta dignidad, y los que entonces le daban, por haberlos Ella granjeado y merecido..." 

                    Aunque trabajaba de sus manos, y también la Divina Esposa, jamás pedían precio por la obra, ni decían: esto vale o me habéis de dar ; porque hacían las obras no por interés, sino por obediencia o caridad de quien las pedía y dejaban en su mano que les diese algún retorno, recibiéndolo no tanto por precio y paga como por limosna graciosa. Esta era la santidad y perfección que deprendía San José en la escuela del cielo que tenía en su casa..."

                    El Santo José, aunque no era muy viejo, pero cuando la Señora del mundo llegó a los treinta y tres años estaba ya muy quebrantado en las fuerzas del cuerpo, porque los cuidados y peregrinaciones y el continuo trabajo que había tenido para sustentar a su esposa y al Señor del mundo le habían debilitado más que la edad ; y el mismo Señor, que le quería adelantar en el ejercicio de la paciencia y otras virtudes, dio lugar a que padeciese algunas enfermedades y dolores que le impedían mucho para el trabajo corporal...

                    Y para satisfacer a su afecto y obligación, honrando y venerando a la que conocía por Madre del mismo Dios, cuando a solas la hablaba o pasaba por delante de Ella la hincaba la rodilla con grande reverencia. Y aunque pudiera aliviar a San José la compasión de la amabilísima Señora, que con rara discreción se la mostraba de verle trabajado y cansado, pero a este alivio añadía la doctrina celestial, con cuya atención el Santo dichoso trabajaba más con las virtudes que con las manos..."

                    Según el concepto que yo tengo, si en el mundo hubiera otro hombre más perfecto y de mejores condiciones, ése diera el Señor por esposo a Su misma Madre, y pues le dio al Patriarca San José, él sería sin contradicción el mejor que Dios tenía en la tierra...

               Palabras de Nuestra Señora: "Hija Mía, aunque has escrito que Mi esposo San José es excelentísimo entre los Santos y Príncipes de la Celestial Jerusalén, pero ni tú puedes ahora manifestar su eminente Santidad, ni los mortales pueden conocerla antes de llegar a la Vida de la Divinidad, donde con admiración y alabanza del mismo Señor se harán capaces de este privilegio; el día último, cuando todos los hombres sean juzgados, llorarán amargamente los infelices condenados no haber conocido por sus pecados este medio tan poderoso y eficaz para su salvación (la devoción a San José), ni haberse valido de él para ganarse la amistad de Mi Divino Hijo, el Justo Juez.

               Y todos los del mundo han ignorado mucho los privilegios y prerrogativas que el Altísimo Señor concedió a Mi Santo Esposo José y cuánto puede su intercesión con su Majestad y Conmigo, porque te aseguro, muy querida hija, que en presencia de la Divina Justicia es uno de los grandes intercesores para detenerla contra los pecadores y alcanzar grandes mercedes.

               Y por la noticia y la luz que de esto has recibido y recién escrito, quiero que seas muy agradecida a la dignación del Señor y al favor que en esto hago contigo; y de aquí en adelante en lo que queda de tu vida procures adelantarte en la devoción y cordial afecto a Mi Santo Esposo José y bendecir al Señor, porque le favoreció con tantos dones y por el gozo que yo tuve de conocerlo. En todas tus necesidades te has de valer de su intercesión y solicitarle muchos devotos, y que las religiosas se fijen mucho en esto, pues lo que pide Mi Esposo José en el Cielo concede el Altísimo en la tierra y a sus peticiones y palabras tiene vinculados grandes y extraordinarios favores para los hombres, si ellos no se hacen indignos de recibirlos.

                Y todos estos privilegios corresponden a la perfección de este admirable Santo y a sus virtudes tan grandiosas, porque la Divina Misericordia se inclinó a ellas y le miró con mucho agrado, para conceder admirables misericordias para José y para los que acuden a su intercesión.


Venerable Sor María de Jesús de Ágreda, 
Extraído de su obra "Mística Ciudad de Dios" 



miércoles, 18 de marzo de 2026

CONOCER A CRISTO; CONOCER SU DOCTRINA, SU VIDA, SU PASIÓN Y SU GLORIA...

  


               Muchos, hoy día, desean y se esfuerzan por conseguir -y ojalá que fuese sin éxito- la perversión, tanto en la vida privada como en la pública, de las costumbres que había formado y protegido la Iglesia; borrando de la sociedad todo rastro de la sabiduría y honestidad cristianas, pretenden llevarla de nuevo a las lamentables costumbres del paganismo. 

              Los malos han escogido como blanco principal de sus dardos a la sociedad doméstica, que es el principio y germen de donde brota la sociedad civil; y les parece con razón que conseguirán infaliblemente la mudanza o mejor dicho la corrupción de la sociedad civil que se proponen buen punto consigan corromper las costumbres familiares. 

               Así, sancionan la ley del divorcio, con lo que destruyen la estabilidad del matrimonio; obligan a la juventud a seguir la enseñanza oficial (cuya institución dista mucho de ser conforme, a menudo, con la Religión), con lo que debilitan, en materia de tanta importancia, la patria potestad; enseñan el arte vergonzoso de satisfacer la voluntad defraudando la naturaleza, con lo que esterilizan impíamente la fuente misma del género humano, manchando con costumbres las más impuras la santidad del tálamo. 

               Con razón, para tomar la defensa de la sociedad humana se ha de esforzar sobre de todo en formar y fomentar en la familia el Espíritu Cristiano, empeñándose para que reine en lo más íntimo suyo la Caridad de Cristo. Lo cual hacemos avalados por el mismo Cristo que prometió bendecir con sus dones las casas en las que la imagen de Su Corazón estuviese expuesta y piadosamente honrada. 

               Muy santo es, por consiguiente, el tributar a nuestro amantísimo Redentor este honor y culto; pero no todo debe reducirse a esto. Es preciso, sobre todo, conocer a Cristo; conocer Su Doctrina, Su Vida, Su Pasión y Su Gloria; no seguirle por un superficial sentimiento de religiosidad, que fácilmente conmueve a los corazones tiernos y sentimentales, que hace derramar algunas lágrimas, pero que deja intactos los vicios; sino con una Fe viva y firme, que dirija y ordene los pensamientos, deseos y costumbres. 

               La causa de que la mayoría de los hombres prescinda por completo de Jesucristo en su vida y de que muchos otros le amen tan tibiamente reside en el desconocimiento casi absoluto, o en el conocimiento muy insuficiente que respectivamente tienen de Él.


Papa Benedicto XV, Carta al Padre Mateo Crawley, 27 de Abril de 1915



martes, 17 de marzo de 2026

LOS TRECE MARTES DE SAN ANTONIO. MARTES 1º: LA CARIDAD

   


            Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos, Señor, Dios nuestro + 

            En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICIÓN


            Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

            Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.

ORACIÓN INICIAL


            Postrado a tus pies, oh amantísimo protector mío San Antonio, te ofrezco el piadoso ejercicio que voy a practicar para que me alcances del Señor el perdón de mis pecados, las virtudes propias de mi estado, la perseverancia final y la gracia especial que solicito con esta devoción. Más si ésta no me conviniese, obtenme conformidad con la Voluntad de Dios. Amén.


MARTES 1º: LA CARIDAD 


            ¡Oh, llama de amor hacia Dios y el prójimo, San Antonio! Compadécete  de mi frialdad en el servicio de Dios y de mis hermanos, y alcánzame la virtud de la Caridad, con la cual pueda lograr todos los bienes temporales y eternos.  

A continuación rezamos un Padrenuestro
un Avemaría y un Gloria. Luego, terminamos 
rezando el tradicional Responsorio de San Antonio...




Y terminamos este ejercicio piadoso signándonos 
en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.




lunes, 16 de marzo de 2026

LA MADRE ANA DE MONTEAGUDO Y LAS ALMAS DEL PURGATORIO (I)

 


                    Ana de los Ángeles de Monteagudo y Ponce de León nació en Arequipa (Virreinato del Perú) en 1602. Fue desde los dieciséis años monja en el Monasterio de Santa Catalina de Siena de la misma ciudad, donde durante casi setenta años se dedicó a Dios y su pueblo, siendo un verdadero ángel del buen consejo en sus cargos de Sacristana, Maestra de Novicias y Priora. Vivió con incansable entusiasmo para la reforma del Monasterio, para la caridad con los necesitados, y rezando incesantemente por las Almas del Purgatorio. Sus últimos años fueron de penosa enfermedad, soportada con ejemplar serenidad. Entregó su alma a Dios el 10 de Enero de 1686 y su cuerpo se venera en la iglesia del mismo monasterio donde vivió. El 13 de Junio de 1917 fue nombrada Sierva de Dios por el Papa Benedicto XV.

                    Ana de Monteagudo -como sería llamada popularmente- conoció desde muy joven la vida de San Nicolás de Tolentino, Patrono de las Almas del Purgatorio; quiso imitarlo en su vida y, concretamente, en su amor por las Almas Benditas que padecían el rigor de aquella Cárcel de Amor. Se dedicó en cuerpo y alma a orar por Ellas y a buscar limosnas para mandar celebrar Santas Misas en su sufragio: todos los años mandaba celebrar varios cientos de Misas para la Fiesta y Novena de San Nicolás de Tolentino. Por esa caridad, las Almas purgantes se le aparecían para pedirle sufragios, aunque en ocasiones le comunicaban sucesos futuros, la ayudaban en todo y además la protegían de las influencias del Demonio.

                    Las misma Ánimas del Purgatorio la escogieron, como a San Nicolás, como su Patrona y Abogada. Así lo afirma Sor Juana de Santo Domingo -compañera de la Madre Ana de Monteagudo- a quien le dijo la Sierva de Dios que un día vio a dos jovencitos muy bellos que la condujeron a una sala muy grande, donde sufrían muchísimas almas. Los jovencitos le pusieron una capa de coro y le dijeron que entonase la Salve Regina. Ella se disculpó respondiendo que tenía mala voz, pero las Almas le insistieron... la Madre Ana de Monteagudo entonó la Salve y después cantaron el Oficio de Difuntos; le dieron un hisopo para que echase agua bendita donde estaban sufriendo las Almas y así lo hizo. Ellas le dijeron que debía ser su Patrona y Abogada: la Sierva de Dios se lo prometió y, desde entonces, con mucha diligencia, aplicaba todas sus obras y oraciones por las Almas del Purgatorio, haciendo por Ellas muchos sufragios.

                    Doña María de Garmendia, certifica haberle oído a la Madre Ana de Monteagudo que muchas veces la llevaba San Nicolás de Tolentino al Purgatorio, especialmente el día de su Fiesta y de su Octava, y veía salir a las Almas como estrellas resplandecientes que subían al Cielo. Algunas veces eran tantas que llenaban el aire. 

                    Una vez, estando en el coro haciendo oración, vio que San Nicolás bajó a la iglesia y un alma purgante sacó las manos de su sepultura y se aferró al vestido del Santo y éste, sacando al alma, la llevó al Paraíso, brillando el alma más que el Sol. 

                    En otra oportunidad, estaba enferma y las Almas le dieron una bebida con la que mejoró. Decía que en aquella enfermedad, el Señor se dignó concederle la Comunión por manos del glorioso San Bernardo, de quien era también muy devota. 

                    Un día no tenía dinero para los gastos de la próxima fiesta de San Nicolás y pidió a las Almas Benditas que movieran el corazón de alguien para que le ayudara. Y al rato vino al convento el Obispo Pedro de Ortega y Sotomayor, quien le preguntó en qué estaba ocupada. Ella le respondió que pedía a las Almas que movieran a alguien a ayudarle para celebrar la Fiesta de San Nicolás. Y el Obispo le respondió: ¡Qué grandes ladronas son estas Almas!. Yo estaba para dormir y me parecía que se llenaba la casa de gente y me decían: “La Madre Monteagudo te llama”. Y, por eso, vengo medio vestido para ver de qué tiene necesidad. Y el Obispo dio todo lo que necesitaba para la Fiesta.