martes, 25 de junio de 2019

MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. DÍA 25: Día de Dolor



Ejercicio Piadoso del Mes del Sagrado Corazón de Jesús


            Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos Señor + Dios Nuestro.

           En el Nombre del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.

           Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

           Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.


Día 25: Día de Dolor

              "Hay tantas almas que me abandonan y tantas que se pierden, y lo que más triste es que a a muchas las he colmado de dones y he fijado en ellas los ojos, en cambio unas me responden con frialdad, muchas con ingratitud. ¡Qué pocas! ¡Qué pocas las que me devuelven amor por amor."

             "Escóndeme en tu corazón y quítame un poco la amargura que me consume. Sí, son muchas las almas que me afligen y muchas las que se pierden, pero las que más hieren Mi Corazón son éstas que tanto amo y no se entregan del todo a Mí..."

(Palabras de Jesús al alma, tomadas de "Un Llamamiento al Amor", por Sor Josefa Menéndez)

A continuación rezamos la



Jaculatoria para repetir a lo largo del día

Sagrado Corazón de Jesús, en Tí confío.

(100 días de indulgencia cada vez; Papa León XIII, 1893)


lunes, 24 de junio de 2019

San Juan Bautista: modelo de los que dicen no a la revolución


            Abatiendo las montañas del orgullo y llenando los valles de la impureza, San Juan Bautista es modelo de los que dicen no a la revolución. San Juan Bautista es el hombre que le dijo a Herodes, lo que hoy nadie tiene el valor de decirle a la revolución. Él dijo esas palabras: a ti no es lícito. Quiero decir, no puedes.

            Ante Herodes él dijo: a ti no es lícito tener por mujer la esposa de tu hermano. Herodes vivía en adulterio y se lo dijo Herodes. Y por eso pagó con la cabeza. Los señores ven, por tanto, que su función era eliminar los dos defectos que son las causas de la revolución.




             El que de tal manera pisó a los pies el orgullo y la impureza, fue también una magnífica manifestación del audacia. Y terminó muerto por eso. Los señores dirán: terminó muerto. ¿De qué sirvió?

            Adelantó lo que decía San Agustín. San Agustín tiene un tramo magnífico en el que imagina la cabeza de San Juan Bautista traída a Herodes para ver y Herodes mirando esos ojos. Y los ojos de San Juan Bautista cerrados y san Agustín diciendo: nunca una mirada humana penetró tan profundo como la mirada de esos ojos cerrados y muertos, dentro de la mirada de Herodes.

             El hombre que mata la impureza, el hombre que lucha contra el orgullo, el hombre que dice las verdades a la vanidad y corta el camino de la impiedad, era digno de ser el precursor de Nuestro Señor Jesucristo.

            Y según todo indica, no hay de ninguna manera seguro a este respecto, San Juan Bautista pertenecía a esos eremitas del Monte Carmelo, que son nuestros antepasados, exactamente como carmelitas. Razones otras tantas para nosotros rezar a San Juan Bautista esta noche, pidiendo que nos dé esto: el odio a los vicios que son los defectos de la revolución y este coraje de decir la verdad íntegra en la cara de quien sea.


Plinio Corrêa de Oliveira, "Comentario del Santo del día " 24 de Junio de 1965




MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. DÍA 24: Día de Apostolado



Ejercicio Piadoso del Mes del Sagrado Corazón de Jesús


            Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos Señor + Dios Nuestro.

           En el Nombre del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.

           Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

           Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.


Día 23: Día de Apostolado


              "Para que el mundo conozca Mi Bondad necesito apóstoles que le muestren Mi Corazón, pero que sobro todo lo conozcan, porque nadie puede enseñar lo que no sabe. Deseo formar una liga de amor entre Mis almas consagradas para que ellas enseñen y publiquen por el mundo Mi Misericordia y Mi Amor."

          "No todas las almas pueden ir a evangelizar y predicar a países salvajes, pero sí, todas pueden hacer conocer y amar Mi Corazón. Mi Amor se sirve no solamente de su vida ordinaria y de sus menores acciones, sino también de sus miserias y debilidades, y muchas veces de sus caídas para bien de otras almas..."

(Palabras de Jesús al alma, tomadas de "Un Llamamiento al Amor", por Sor Josefa Menéndez)


A continuación rezamos la



Jaculatoria para repetir a lo largo del día

Corazón de Jesús, encendido por nuestro amor,
 inflama mi corazón con Tu Amor

(100 días de indulgencia cada vez; Papa León XIII, 1893)



domingo, 23 de junio de 2019

MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. DÍA 23: Día de Amor a las almas



Ejercicio Piadoso del Mes del Sagrado Corazón de Jesús


            Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos Señor + Dios Nuestro.

           En el Nombre del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.

           Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

           Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.



Día 23: Día de Amor a las almas


              "Es tanto el amor hacia las almas que me consume el deseo de su salvación. Cuántas se pierden y cuántas esperan sacrificios para salir del estado en que se encuentran. Quiero que te abrases en el deseo de salvarme almas"

          "Yo no puedo contener el amor que siento por las almas, y el Amor es tan fuerte que triunfará de todas las resistencias, no quiero que las almas se aparten de Mí. ¡Las amo tanto! y quiero que sepan que Yo deseo ser su recompensa y su felicidad..."


(Palabras de Jesús al alma, tomadas de "Un Llamamiento al Amor", por Sor Josefa Menéndez)


A continuación rezamos la




Jaculatoria para repetir a lo largo del día

Sagrado Corazón de Jesús, venga a nosotros Tu Reino

(300 días de indulgencia cada vez; Papa San Pío X, 1906)




sábado, 22 de junio de 2019

TODAS LAS GRACIAS DEPENDEN DE NUESTRA SEÑORA


            "... la Virgen merece el título de Reina en cuanto Madre del Rey, pero no únicamente porque a Él le convenía ser hijo de una Soberana sobre las criaturas visibles e invisibles, los Ángeles y los Santos del Cielo, los hombres vivos, las Almas del Purgatorio, así como sobre los réprobos y demonios del Infierno.

            De tal suerte que, a partir de entonces, Dios ejecuta todas Sus obras y realiza todas Sus voluntades por intercesión de Su Madre. No sólo es el canal por donde pasa el Imperio del Rey, sino que es una Reina que decide por arbitrio propio, consonante con los designios de Él.




            Esa sapiencial disposición de la Beatísima Trinidad, al concederle tal poder a la Virgen, nos lleva a considerar otro precioso fundamento de la Realeza mariana: la prerrogativa de Medianera Universal de todas las gracias.

             Se da por sentado en Teología que, también por Voluntad divina, todos los dones celestiales nos son otorgados por medio de María Santísima, al igual que todas nuestras súplicas y oraciones solamente llegan al Trono de Dios si son presentadas por las maternales y compasivas manos de su Madre. 

            Él la ha constituido Dispensadora de Su inextinguible Tesoro de gracias y favores, y por medio de Ella desea atender nuestras peticiones.

             Si todos los Ángeles y Santos reunidos suplicaran algo en provecho de un fiel sin invocar la intercesión de María no obtendrían nada. Ella sola lo logra todo al pedir por nosotros. La Virgen, en relación con nuestras preces, es un incomparable altavoz que resuena en el Cielo. Transforma nuestras palabras, les da una melodía, un sonido, el valor de un himno, purifica nuestra pronunciación de todas las marcas de nuestro desorden y de nuestras insuficiencias. 

            Y no contenta con esto, acaba sustituyendo nuestra voz por la suya, pues nuestro timbre, bastante menos eminente que el de María, únicamente vale como un susurro que se une y se pierde en su cántico al Señor de la Creación.

             ...la Realeza de Nuestra Señora está en íntima conexión con el hecho de que sea Ella el canal de todas las gracias. Es la Reina de todo, porque todas las cosas son pedidas y otorgadas a través de Ella. Una verdad que es corroborada por el título de Omnipotencia Suplicante, con lo cual se explican aún más los atributos regios de la Santísima Virgen: para que sea genuinamente Soberana, conlleva que ante Dios tenga una influencia sin restricciones..."


"Materna y Omnipotente Realeza" 
Plinio Corrêa de Oliveira 




MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. DÍA 22: Día de Inmolación



Ejercicio Piadoso del Mes del Sagrado Corazón de Jesús


            Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos Señor + Dios Nuestro.

            En el Nombre del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.

            Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

            Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.


Día 22: Día de Inmolación

         "Si vieras cuántas almas me afligen! Por eso busco víctimas que quieran consolarme y sufrir por Mi Amor. Yo te he escogido a ti, sí sufrirás para ganar almas... no temas, Yo soy tu fortaleza. Cuando el peso de la Cruz te parezca superior a tus fuerzas, pide socorro a Mi Corazón..."

         "Mi Corazón busca víctimas que conquisten el mundo para el Amor. Yo Soy la gran Víctima, tú la víctima pequeñita que uniéndote a Mí, pueda ser el agrado de Mi Padre. La mayor recompensa que puedo dar a un alma es hacerla víctima de Mi Amor y Misericordia, porque la hago semejante a Mí, que soy Víctima Divina por los pecados"

(Palabras de Jesús al alma, tomadas de "Un Llamamiento al Amor", por Sor Josefa Menéndez)


A continuación rezamos la 



Jaculatoria para repetir a lo largo del día

Sagrado Corazón de Jesús, en Tí confío.

(300 días de indulgencia cada vez; Papa San Pío X, 1906)



viernes, 21 de junio de 2019

SAN LUIS GONZAGA, PATRÓN Y MODELO DE LA JUVENTUD CATÓLICA




Breve reseña biográfica:

               San Luis Gonzaga nació en Castiglione, Italia, en 1568. Era de noble familia, hijo del Marqués de Gonzaga; como era habitual en la época, de pequeño aprendió las artes militares y el más exquisito trato social.

               La Primera Comunión la recibió de manos de San Carlos Borromeo, Arzobispo de Milán. Desde temprana edad, San Luis vivió como acompañante de nobles en palacios de altos gobernantes, aunque nunca puso su corazón en aquél mundo lleno de frivolidades.

Su Director espiritual, San Roberto Belarmino, le aconsejó tres medios para llegar a ser santo:

   1º. Frecuente confesión y comunión.

   2º. Mucha devoción a Nuestra Señora

   3º  Leer vidas de Santos.

               Ante una imagen de Nuestra Señora, hizo voto de castidad perpetua. Cuando iba a hacer o decir algo importante se preguntaba: "¿De qué sirve esto para la eternidad?" y si no le servía para la eternidad, ni lo hacía ni lo decía.

               En cierta ocasión, se encontraba arrodillado ante la imagen de Nuestra Señora del Buen Consejo, entonces se le pareció que la Virgen y le pidió: "¡Debes entrar en la Compañía de mi Hijo!". Con esto entendió que su vocación era entrar en la Comunidad Compañía de Jesús, o sea hacerse jesuita.

               Pidió el permiso paterno para hacerse religioso, pero se lo negó. Y lo llevó a grandes fiestas y a palacios y juegos para que se le olvidara su deseo de ser sacerdote. 

               Después de varios meses le preguntó: "¿Todavía sigue deseando ser sacerdote?", y el joven le respondió: "En eso pienso noche y día". Entonces, su padre, comprendiendo que no lo haría cambiar de opinión, le permitió entrar en la Compañía de Jesús. 



San Luis Gonzaga con 17 años, cuando era cortesano


              San Luis Gonzaga tuvo que hacer muchos sacrificios para poder mantenerse siempre puro, y por eso la Santa Iglesia Católica lo ha nombrado Patrono de los Jóvenes que quieren conservar la santa pureza. El repetía la frase de San Pablo: "Domino mi cuerpo y lo reduzco a servidumbre, no sea que enseñando a otros a salvarse, me condene yo mismo".

               Sufría mucho de mal de riñones y esta enfermedad lo obligaba a quedarse días enteros quieto en su cama. Pero esta quietud le trajo un gran bien: le permitió dedicarse a leer las Vidas de Santos, y esto lo animó muchísimo a volverse mejor. 

               Su confesor, San Roberto, que lo acompañó en la hora de la muerte, dice que Luis Gonzaga murió sin haber cometido ni un sólo pecado mortal en su vida.

              Apenas el hijo se hizo religioso su padre empezó a volverse mucho más piadoso de lo que era antes y murió después santamente. Luis renunció a todas las grandes herencias que le correspondían con tal de poder hacerse religioso y santo.

               En 1581 el joven Luis Gonzaga, que era seminarista y se preparaba para ser sacerdote, se dedicó a cuidar a los enfermos de la peste de tifo negro. Se encontró en la calle a un enfermo gravísimo. Se lo echó al hombro y lo llevó al hospital para que lo atendieran. Pero se le contagió el tifo y Luis murió el 21 de Junio de 1591, a la edad de sólo 23 años. Murió mirando el crucifijo y diciendo "Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la Casa del Señor".

               Santa Magdalena de Pazzi vio en un éxtasis a San Luis en el Cielo, y decía: "Yo nunca me había imaginado que Luis Gonzaga tuviera un grado tan alto de gloria en el Paraíso".





                Un oficio muy importante que hizo San Luis durante su vida fue el ir de ciudad en ciudad poniendo la paz entre familias que estaban peleadas. Cuando él era enviado a poner paz entre los enemistados, estos ante su gran santidad, aceptaban hacer las paces y no pelear más. El era extraordinariamente amable y bien educado.

               Después de muerto se apareció a un jesuita enfermo, y lo curó y le recomendó que no se cansara nunca de propagar la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. De hecho, San Luis fue avisado en sueños que moriría el viernes de la semana siguiente al Corpus, y en ese día murió. Ese Viernes era la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

               Su madre tuvo la dicha de asistir a la Beatificación de su hijo en 1621. El Papa Benedicto XIII lo Canonizó en 1726, proponiéndolo como ejemplo de los jóvenes; sería el Papa Pío XI, quien lo confirmaría como Patrono de la Juventud Católica, el 13 de Junio de 1926.