ORIGEN DEL ICONO
Según una piadosa tradición del siglo XVI que ha llegado hasta nuestros días, un mercader de la isla de Creta robó una imagen milagrosa de una de las iglesias de la isla. La escondió entre sus cosas y zarpó hacia occidente. Gracias a la Divina Providencia se salvó de una terrible tempestad llegando a tierra firme. Después de un año, más o menos, llegó a Roma con la imagen robada.
En Roma cayó gravemente enfermo y fue en busca de un amigo que pudiera ayudarle. Cuando estaba a punto de morir, reveló al amigo su secreto sobre la imagen sagrada y le suplicó que la colocara en una iglesia. El amigo prometió hacerlo atendiendo sus deseos, pero también él murió sin haber cumplido la promesa.
Finalmente, la Bienaventurada Virgen se apareció a la pequeña hija de seis años de una familia romana diciéndole que indicara a su mamá y a su abuela que la imagen de la Virgen María del Perpetuo Socorro debía colocarse en la iglesia de San Mateo Apóstol, situada entre las Basílicas de Santa María Mayor y San Juan de Letrán.
Cuatro meses después se comenzó la construcción de una iglesia en honor del Santísimo Redentor, dedicada a San Alfonso de Ligorio, Fundador de la Congregación. El 24 de Diciembre de 1855, un grupo de jóvenes comenzaba el Noviciado en esta nueva casa.
Los Redentoristas demostraron tener un enorme interés por la historia de la propiedad adquirida; mucho más cuando, el 7 de Febrero de 1863, un famoso predicador jesuita, el Padre Francesco Blosi, hizo referencia en su sermón al tema del icono de María que "estuvo en la iglesia de San Mateo en Via Merulana y que era conocido como "La Virgen de San Mateo" o, más exactamente, como la "Virgen del Perpetuo Socorro".
En otra ocasión, el cronista de la Comunidad Redentorista, "examinando algunos autores que escribieron sobre la antigüedad romana, se encontró con referencias a la iglesia de San Mateo. Entre éstas, había una cita en que se hablaba de la iglesia (que había estado situada dentro del perímetro del jardín de la comunidad) y en la que había habido un antiguo icono de la Madre de Dios que gozó de gran veneración y fama debido a sus milagros". Luego, "tras contar todas estas cosas a la comunidad, se abrió un debate sobre cómo encontrar la imagen. El Padre Marchi se acordó de todo lo que le había contado Fray Agustín Orsetti y dijo a sus cohermanos que había visto aquel icono con mucha frecuencia y que sabía dónde se hallaba".
Con este nuevo conjunto de informaciones, el interés de los Redentoristas creció y quisieron saber aún más del icono y de cómo conseguirlo para su iglesia. El Superior General, Padre Nicolás Mauron, escribió una carta al Papa Pío IX pidiéndole a la Santa Sede que le concediera el icono del Perpetuo Socorro a fin de colocarlo en la nueva iglesia del Santísimo Redentor y San Alfonso que se había construido cerca del lugar en que se encontraba la antigua iglesia de San Mateo. El Papa accedió a esta petición y en el reverso de la misma solicitud escribió de su puño y letra justamente lo siguiente:
"El 11 de Diciembre de 1865: El Cardenal Prefecto de Propaganda debe llamar al Superior de la Comunidad de Santa María en Posterula diciéndole que es Nuestro deseo que la imagen de la Santísima Virgen, de la que se habla en esta petición, sea nuevamente colocada entre San Juan y Santa María Mayor. Los Redentoristas se encargarán de reemplazarla con otra imagen adecuada".
Según la tradición, fue entonces cuando el Papa Pío IX dijo al Superior General de los Redentoristas: "Dadla a conocer al mundo entero". En el mes de Enero de 1866, los Padres Michele Marchi y Ernesto Bresciani fueron a Santa María en Posterula para recibir la imagen de manos de los Agustinos.
Hubo que proceder a la limpieza y restauración del icono. La tarea se le confió al artista polaco Leopold Nowotny. Finalmente, el 26 de Abril de 1866, la imagen fue expuesta nuevamente a la pública veneración en la iglesia de San Alfonso en Via Merulana.
Con este hecho dio comienzo la más esplendorosa etapa de su historia: la difusión del icono por el mundo entero.
Santísima y siempre Pura Virgen María, Madre de Jesucristo, Reina del Mundo y Señora de todo lo creado; que a ninguno abandonáis, a ninguno despreciáis ni dejáis desconsolado a quien recurre a Vos con corazón humilde y puro.




















