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miércoles, 11 de marzo de 2026

SAN JOSÉ, EJEMPLO VIVIENTE DE LA JUSTICIA CRISTIANA

 


                    ...para acelerar la Paz de Cristo en el Reino de Cristo, por todos tan deseada, ponemos la actividad de la Iglesia Católica contra el comunismo ateo bajo la égida del poderoso Patrono de la Iglesia, San José.

                    San José perteneció a la clase obrera y experimentó personalmente el peso de la pobreza en sí mismo y en la Sagrada Familia, de la que era padre solícito y abnegado; a San José fue confiado el Infante Divino cuando Herodes envió a sus sicarios para matarlo. Cumpliendo con toda fidelidad los deberes diarios de su profesión, ha dejado un ejemplo de vida a todos los que tienen que ganarse el pan con el trabajo de sus manos, y, después de merecer el calificativo de "Justo", ha quedado como ejemplo viviente de la Justicia Cristiana, que debe regular la vida social de los hombres.

                    Nos, levantando la mirada, vigorizada por la virtud de la Fe, creemos ya ver los nuevos cielos y la nueva tierra de que habla nuestro primer antecesor, San Pedro. Y mientras las promesas de los falsos profetas de un paraíso terrestre se disipan entre crímenes sangrientos y dolorosos, resuena desde el ciclo con alegría profunda la gran profecía apocalíptica del Redentor del mundo: "He aquí que hago nuevas todas las cosas" (Libro del Apocalipsis, cap. 21, vers. 5).


Extractos de la Encíclica "Divini Redemptoris" 
del Papa Pío XI, 19 de Marzo de 1937



jueves, 8 de enero de 2026

LOS SACERDOTES, TROPA ESCOGIDA PARA LA BATALLA ENTRE LA VERDAD Y EL ERROR

 


                      El Sacerdote es Ministro de Jesucristo; por lo tanto, instrumento en las manos del Redentor Divino para continuar Su Obra Redentora en toda su universalidad mundial y eficacia divina para la construcción de esa Obra admirable que transformó el mundo; más aún, el Sacerdote, como suele decirse con mucha razón, es verdaderamente otro Cristo, porque continúa en cierto modo al mismo Jesucristo: «Así como el Padre me envió a Mí, así os envío Yo a vosotros» (1), prosiguiendo también como Él en dar, conforme al canto angélico, «Gloria a Dios en lo más alto de los cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad» (2).

                       Nuestro Señor Jesucristo, en la última Cena, aquella noche en que iba a ser entregado (3), declarándose estar constituido Sacerdote eterno según el Orden de Melquisedec (4), ofreció a Dios Padre Su Cuerpo y Sangre bajo las especies de pan y vino, lo dio bajo las mismas especies a los Apóstoles, a quienes ordenó sacerdotes del Nuevo Testamento para que lo recibiesen, y a ellos y a sus sucesores en el Sacerdocio mandó que lo ofreciesen, diciéndoles: «Haced esto en memoria Mía» (5).

                       Y desde entonces, los Apóstoles y sus sucesores en el Sacerdocio comenzaron a elevar al Cielo la ofrenda pura profetizada por Malaquías (6), por la cual el Nombre de Dios es grande entre las gentes; y que, ofrecida ya en todas las partes de la tierra, y a toda hora del día y de la noche, seguirá ofreciéndose sin cesar hasta el fin del mundo.

                       Verdadera acción sacrificial es ésta, y no puramente simbólica, que tiene eficacia real para la reconciliación de los pecadores en la Majestad Divina: porque, aplacado el Señor con la oblación de este Sacrificio, concede Su Gracia y el don de la penitencia y perdona aun los grandes pecados y crímenes.

                       La razón de esto la indica el mismo Concilio Tridentino con aquellas palabras: «Porque es una sola e idéntica la Víctima y quien la ofrece ahora por el Ministerio de los Sacerdotes, el mismo que a Sí propio se ofreció entonces en la Cruz, variando sólo el modo de ofrecerse»...

                       ¿Cómo podrá un Sacerdote meditar el Evangelio, oír aquel lamento del Buen Pastor: «Tengo otras ovejas que no son de este aprisco, las cuales también debo Yo recoger» (7), y ver «los campos con las mieses ya blancas y a punto de segarse» (8), sin sentir encenderse en su corazón el ansia de conducir estas almas al corazón del Buen Pastor, de ofrecerse al Señor de la mies como obrero infatigable?. 

                       ¿Cómo podrá un Sacerdote contemplar tantas infelices muchedumbres, no sólo en los lejanos países de misiones, pero desgraciadamente aun en los que llevan de Cristianos ya tantos siglos, que yacen como ovejas sin Pastor, que no sienta en sí el eco profundo de aquella divina compasión que tantas veces conmovió al Corazón del Hijo de Dios?. 

                       Nos referimos al Sacerdote que sabe que en sus labios tiene la Palabra de Vida, y en sus manos instrumentos divinos de regeneración y salvación. Pero, loado sea Dios, que precisamente esta llama del celo apostólico es uno de los rayos más luminosos que brillan en la frente del Sacerdote Católico; contemplamos y vemos a nuestros Obispos y los Sacerdotes, como tropa escogida, siempre pronta a la voz del Supremo Jefe de la Iglesia para correr a todos los frentes del campo inmenso donde se libran las pacíficas pero duras batallas entre la verdad y el error, la luz y las tinieblas, el Reino de Dios y el reino de Satanás.


Papa Pío XI 
Extractos de "Ad Catholici Sacerdotii", del 20 de Diciembre de 1935


NOTAS

1) Evangelio de San Juan, cap. 20, vers. 21
2) Evangelio de San Lucas, cap. 2, vers. 14
3) 1 Corintios, cap. 11, vers. 23 y ss.
4) Salmo 109, vers. 4
5) Evangelio de San Lucas, cap. 22, vers. 19; 1 Corintios, cap. 11, vers. 24
6) Profeta San Malaquías, cap. 1, vers. 11
7) Evangelio de San Juan, cap. 10, vers. 16
8) Evangelio de San Juan, cap. 4, vers. 35



jueves, 6 de noviembre de 2025

PRIMER JUEVES. EL SACERDOTE, INSTRUMENTO PARA CONTINUAR SU OBRA REDENTORA

 

Iam non dicam vos servos: quia servus nescit 
quid faciat Dominus ejus. Vos autem dixi amicos: quia 
omnia quaecumque audivi a Patre Meo, nota feci vobis.


Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe 
lo que hace su Señor; pero os he llamado amigos, porque 
todas las cosas que oí de Mi Padre os las he dado a conocer.


Evangelio de San Juan, cap. 15, vers. 15



               El Sacerdote es Ministro de Jesucristo; por lo tanto, instrumento en las manos del Redentor Divino para continuar Su Obra Redentora en toda su universalidad mundial y eficacia divina para la construcción de esa Obra admirable que transformó el mundo; más aún, el Sacerdote, como suele decirse con mucha razón, es verdaderamente otro Cristo, porque continúa en cierto modo al mismo Jesucristo: «Así como el Padre me envió a Mí, así os envío Yo a vosotros», prosiguiendo también como Él en dar, conforme al canto angélico, «Gloria a Dios en lo más alto de los cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad».

               En primer lugar, como enseña el Concilio de Trento, Jesucristo en la última Cena instituyó el Sacrificio y el Sacerdocio de la Nueva Alianza: Jesucristo, Dios y Señor Nuestro, aunque se había de ofrecer una sola vez a Dios Padre muriendo en el Ara de la Cruz para obrar en ella la Eterna Redención, pero como no se había de acabar Su Sacerdocio con la muerte, a fin de dejar a Su amada Esposa la Iglesia un sacrificio visible, como a hombres correspondía, el cual fuese representación del sangriento, que sólo una vez había de ofrecer en la Cruz, y que perpetuase Su Memoria hasta el fin de los siglos y nos aplicase Sus frutos en la remisión de los pecados que cada día cometemos; en la Última Cena, aquella noche en que iba a ser entregado, declarándose estar constituido Sacerdote Eterno según el Orden de Melquisedec, ofreció a Dios Padre Su Cuerpo y Sangre bajo las especies de pan y vino, lo dio bajo las mismas especies a los Apóstoles, a quienes ordenó Sacerdotes del Nuevo Testamento para que lo recibiesen, y a ellos y a sus sucesores en el Sacerdocio mandó que lo ofreciesen, diciéndoles: «Haced esto en memoria Mía».

               Y desde entonces, los Apóstoles y sus sucesores en el Sacerdocio comenzaron a elevar al Cielo la ofrenda pura profetizada por Malaquías, por la cual el Nombre de Dios es grande entre las gentes; y que, ofrecida ya en todas las partes de la tierra, y a toda hora del día y de la noche, seguirá ofreciéndose sin cesar hasta el Fin del Mundo.

               Verdadera acción sacrificial es ésta, y no puramente simbólica, que tiene eficacia real para la reconciliación de los pecadores en la Majestad Divina: Porque, aplacado el Señor con la oblación de este Sacrificio, concede Su Gracia y el Don de la penitencia y perdona aun los grandes pecados y crímenes.


               La razón de esto la indica el mismo Concilio Tridentino con aquellas palabras: «Porque es una sola e idéntica la Víctima y quien la ofrece ahora por el Ministerio de los Sacerdotes, el mismo que a Sí propio se ofreció entonces en la Cruz, variando sólo el modo de ofrecerse»


              Por donde se ve clarísimamente la inefable grandeza del Sacerdote Católico que tiene potestad sobre el Cuerpo mismo de Jesucristo, poniéndolo presente en nuestros Altares y ofreciéndolo por manos del mismo Jesucristo como Víctima infinitamente agradable a la Divina Majestad. Admirables cosas son éstas —exclama con razón San Juan Crisóstomo—, admirables y que nos llenan de estupor


               Además de este poder que ejerce sobre el Cuerpo Real de Cristo, el Sacerdote ha recibido otros poderes sublimes y excelsos sobre su Cuerpo Místico. El Sacerdote está constituido dispensador de los Misterios de Dios en favor de estos miembros del Cuerpo Místico de Jesucristo, siendo, como es, Ministro Ordinario de casi todos los Sacramentos, que son los canales por donde corre en beneficio de la humanidad la Gracia del Redentor. 




                El cristiano, casi a cada paso importante de su mortal carrera, encuentra a su lado al Sacerdote en actitud de comunicarle o acrecentarle con la potestad recibida de Dios esta Gracia, que es la vida sobrenatural del alma. Apenas nace a la vida temporal, el Sacerdote lo purifica y renueva en la fuente del agua lustral, infundiéndole una vida más noble y preciosa, la vida sobrenatural, y lo hace hijo de Dios y de la Iglesia; para darle fuerzas con que pelear valerosamente en las luchas espirituales, un Sacerdote revestido de especial dignidad lo hace soldado de Cristo en el Sacramento de la Confirmación; apenas es capaz de discernir y apreciar el Pan de los Ángeles, el Sacerdote se lo da, como Alimento vivo y vivificante bajado del Cielo; caído, el Sacerdote lo levanta en Nombre de Dios y lo reconforta por medio del Sacramento de la Penitencia; si Dios lo llama a formar una familia y a colaborar con Él en la transmisión de la vida humana en el mundo, para aumentar primero el número de los fieles sobre la tierra y después el de los elegidos en el Cielo, allí está el Sacerdote para bendecir sus bodas y su casto amor; y cuando el cristiano, llegado a los umbrales de la Eternidad, necesita fuerza y ánimos antes de presentarse en el Tribunal del Divino Juez, el Sacerdote se inclina sobre los miembros doloridos del enfermo, y de nuevo le perdona y le fortalece con el Sagrado Crisma de la Extremaunción; por fin, después de haber acompañado así al cristiano durante su peregrinación por la tierra hasta las puertas del Cielo, el Sacerdote acompaña su cuerpo a la sepultura con los ritos y oraciones de la esperanza inmortal, y sigue al alma hasta más allá de las puertas de la Eternidad, para ayudarla con cristianos sufragios, por si necesitara aún de purificación y refrigerio. Así, desde la cuna hasta el sepulcro, más aún, hasta el Cielo, el Sacerdote está al lado de los fieles, como guía, aliento, Ministro de salvación, distribuidor de gracias y bendiciones...



Carta Encíclica "Ad Catholici Sacerdotii
del Papa Pío XI, 20 de Diciembre de 1935



domingo, 26 de octubre de 2025

LA PAZ DE CRISTO EN EL REINO DE CRISTO

  

               El Papa Pío XI, durante el Jubileo del Año Santo de 1925, instituyó la Fiesta de Cristo Rey del Universo. El título y poder de Rey pertenecen en derecho propio a Nuestro Señor Jesucristo, como Dios y como hombre; es también Rey por derecho de conquista en cuanto es el libertador de toda la humanidad redimida con Su Sangre según se canta en el Introíto de la Misa de hoy; más como explica el Evangelio, Su Reino no es de este mundo, sino de las almas en las cuales Él estableció el Reino de Dios.

               Además, Jesucristo, como Dios, tiene soberanía sobre todas las cosas, que fueron precisamente creadas por el Verbo Eterno, la tiene sobre los Estados que han de regirse por las Leyes del que es Rey de Reyes.

               La Fiesta de Su Realeza se celebra el Domingo antes de la Fiesta de los Cortesanos de Su Gloria, que son todos los Santos.





Para esto Yo he nacido
 y para esto he venido al mundo, 
para dar testimonio de la Verdad. 
Todo el que es de la Verdad escucha Mi voz

Evangelio de San Juan, cap. 18, vers. 37


La enseñanza de los dos últimos Papas
sobre la Realeza de Cristo Nuestro Señor


               "Hay, además, otro motivo, que con grande urgencia exige que las falanges cristianas cuanto antes se unan y combatan bajo una sola bandera central los tempestuosos asaltos del enemigo infernal. ¿A quién no horroriza el odio y la ferocidad con que los enemigos de Dios, en muchos países del mundo, amenazan y tienden a destruir todo lo que es divino y cristiano? Contra sus confederadas milicias no podemos seguir divididos y dispersos, perdiendo el tiempo, todos los que señalados con el carácter bautismal, estamos destinados a combatir con valor los combates de Cristo".


("Sempiternus Rex Christus", Papa Pío XII, 8 de Septiembre de 1951)


               "...este cúmulo de males había invadido la tierra, porque la mayoría de los hombres se habían alejado de Jesucristo y de su Ley Santísima, así en su vida y costumbres como en la familia y en la gobernación del Estado, sino también que nunca resplandecería una esperanza cierta de paz verdadera entre los pueblos mientras los individuos y las naciones negasen y rechazasen el imperio de nuestro Salvador.

              ...no sólo exhortamos entonces a buscar la Paz de Cristo en el Reino de Cristo, sino que, además, prometimos que para dicho fin haríamos todo cuanto posible nos fuese. En el Reino de Cristo, dijimos: pues estábamos persuadidos de que no hay medio más eficaz para restablecer y vigorizar la paz que procurar la restauración del Reinado de Jesucristo.

               Y así, mientras los hombres y las naciones, alejados de Dios, corren a la ruina y a la muerte por entre incendios de odios y luchas fratricidas, la Iglesia de Dios, sin dejar nunca de ofrecer a los hombres el sustento espiritual, engendra y forma nuevas generaciones de Santos para Cristo, el cual no cesa de levantar hasta la Eterna Bienaventuranza del Reino Celestial a cuantos le obedecieron y sirvieron fidelísimamente en el reino de la tierra...

               ...es evidente que también en sentido propio y estricto le pertenece a Jesucristo como hombre el título y la potestad de Rey; pues sólo en cuanto hombre se dice de El que recibió del Padre la potestad, el honor y el reino; porque como Verbo de Dios, cuya sustancia es idéntica a la del Padre, no puede menos de tener común con él lo que es propio de la divinidad y, por tanto, poseer también como el Padre el mismo imperio supremo y absolutísimo sobre todas las criaturas..."


(Extractos de la Encíclica "Quas primas" del Papa Pío XI, 11 de Diciembre de 1925)




Consagración del Género Humano
al Sacratísimo Corazón de Jesús


                Dulcísimo Jesús, Redentor del Género Humano, miradnos humildemente postrados delante de Vuestro altar; Vuestros somos y Vuestros queremos ser y a fin de poder vivir más estrechamente unidos con Vos, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a Vuestro Sacratísimo Corazón.

                Muchos, por desgracia, jamás os han conocido; muchos, despreciando Vuestros Mandamientos, os han desechado. Oh Jesús benignísimo, compadeceos de los unos y de los otros, y atraedlos a todos a Vuestro Corazón Sacratísimo.

                Oh Señor, sed Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que os han abandonado; haced que vuelvan pronto a la casa paterna, para que no perezcan de hambre y de miseria.

                Sed Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Vos: devolvedlos al puerto de la Verdad y a la Unidad de la Fe, para que en breve, se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor.

               Sed Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría o del islamismo; dignaos atraerlos a todos a la luz de Vuestro Reino.

                Mirad, finalmente, con ojos de misericordia a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo fue vuestro predilecto: descienda también sobre ellos como bautismo de redención y de vida, la Sangre que un día contra sí reclamaron.

               Conceded, oh Señor, incolumnidad y libertad segura a Vuestra Iglesia; otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro confín de la tierra no suene sino esta voz:

                ¡Alabado sea el Corazón Divino, causa de nuestra salud, a Él se entonen cánticos de Honor y de Gloria por los siglos de los siglos! Amén.



martes, 1 de julio de 2025

FESTIVIDAD DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

 


               El Papa Pío IX cumpliendo una sugerencia del Padre Giovanni Merlini, tercer Moderador General de los Padres de la Preciosísima Sangre, una vez vencida la revolución que le había expulsado de la ciudad de Roma, instituyó la Fiesta de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, mediante el Decreto "Redempti sumus", el 10 de Agosto de 1849; el Papa San Pío X, en 1914, asignó el 1 de Julio como la fecha fija de esta celebración, que sería elevada en 1934 al rango de Fiesta de rito doble de primera clase por el Papa Pío XI, con ocasión del decimonono centenario de la muerte de Nuestro Salvador.

               El Corazón de Jesús ha hecho que circulase por sus miembros esta Sangre adorable y por eso, el Evangelio de hoy nos hace presenciar la escena que se desarrolló en el Calvario, al ser atravesado el pecho del Divino Crucificado por la lanza, derramando enseguida Sangre y agua; se ha significado con ello la unión de los dos testimonios que el Espíritu Santo dio al Mesías al ser Éste bautizado en las aguas del río Jordán, y al ser bautizado con Su propia Sangre en la Cruz.

               La historia de la Devoción a la Preciosa Sangre de Nuestro Señor es la misma Historia de la Santa Iglesia Católica, porque Nuestro Señor, con el derramamiento de Su Bendita Sangre, desde la flagelación hasta la inmolación en la Cruz, nos ha redimido de nuestros pecados; en esta necesaria devoción se condensa la Predicación del Evangelio y la administración de los Sacramentos, especialmente en la confesión sacramental, donde místicamente, vuelve a rociarnos con esa Preciosa Sangre para lavarnos de la inmundicia del pecado.



El Padre Giovanni Merlini sugirió al Papa Pío IX que instituyera la Fiesta
a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo; el Papa, exiliado de
Roma por la revolución de 1848, se refugió en el pueblo costero de Gaeta.
El 30 de Junio de 1849 declaró su intención de crear una fiesta en honor 
de la Preciosísima Sangre. La guerra pronto terminó y regresó a Roma 
poco después. El 10 de Agosto confirmó la institución de esta Festividad.


               Los Santos Padres fueron devotísimos de la Preciosa Sangre, como San Juan Crisóstomo en Oriente y San Agustín en Occidente. Entre las Santas, las revelaciones de Santa Gertrudis están llenas de las palabras más dulces y profundas acerca de la Preciosa Sangre.

               La Devoción de la Preciosa Sangre es inseparable del Santo Sacrificio de la Misa, donde Nuestro Señor se hace presente en el Altar con Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad por medio de las palabras de la Consagración; sería ideal que todo buen católico, en el momento de la elevación del Cáliz, rogase para sí y para los suyos, ser lavados en esta Bendita Sangre; que pidamos al Buen Jesús, que si fuese necesario, también nosotros derramemos nuestra sangre para defender y transmitir la Fe Católica, como han hecho los innumerables Mártires que no dudaron en entregarse como Nuestro Señor lo hizo en la Cruz Redentora.

              En ese momento culmen de la elevación del Cáliz, no olvidemos a nuestras Hermanas las Almas del Purgatorio, y solicitemos también para Ellas, que la Preciosa Sangre de Cristo las libere -o al menos alivie- de sus tormentos purificadores.



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Se permite su copia y difusión, sin fines lucrativos

              Un rasgo distintivo de la Devoción a la Preciosa Sangre es el principio cristiano del sacrificio, palabra desterrada por el mundo moderno y hasta por los sectores más progresistas del catolicismo; y es que el sacrificio es el elemento cristiano de la santidad, ya que implica pisotear el amor propio y amar la humildad y el olvido de todo afecto que nos aparte del amor de Dios.

               No podemos contemplar a Cristo en la Cruz, llagado, ensangrentado, muerto por nuestros crímenes, y pretender vivir sin renunciar a un apego, rodeados de comodidades y lujos innecesarios. Los verdaderos devotos de la Preciosa Sangre, serán católicos fieles, sumisos a la Voluntad de Dios y a la Doctrina de la Iglesia, pero también almas piadosas y mortificadas, no en grandes penitencias, sino en el silencio de aquél que por ejemplo se priva de ver la televisión, de llamar por teléfono a un buen amigo o del que prefiere dar a una obra de caridad antes que comprarse un par de zapatos.



sábado, 17 de mayo de 2025

CENTENARIO DE LA CANONIZACIÓN DE SANTA TERESITA, 1925-2025

 

                    Justo hoy, hace 100 años, el 17 de Mayo de 1925, el Romano Pontífice Pío XI, rodeado de 23 Cardenales y 250 Obispos, procedió a la Solemne Canonización de Teresita de Lisieux. De los 50.000 fieles que de todas partes del mundo llegaron a Roma para la ceremonia, tan solo 5.000 pudieron entrar en la Basílica de San Pedro y escuchar al Papa pronunciar la fórmula infalible de la canonización, declarando que en adelante podríamos llamar a la humilde Carmelita de Lisieux: “Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz”.



Apoteosis de Santa Teresita, pintada por su hermana Celina
como estandarte para la Canonización la nueva Santa carmelita


                    ...agradecemos a Dios porque hoy se nos permite, como Vicario de Su Unigénito, de repetir e inculcar en todos ustedes, desde esta Cátedra de la Verdad y durante este solemne rito, un recordatorio muy saludable de las enseñanzas del Divino Maestro. Después de que los discípulos le interrogaron sobre quién era el mayor en el Reino de los Cielos, Él, “llamando a un niño lo puso en medio de ellos” y pronunció aquellas memorables palabras: “En verdad os digo, que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos”.  (Evangelio de San Mateo, cap. 18, vers. 2)

                    Teresa, la nueva Santa, habiendo vivamente absorbido esta doctrina evangélica, la traduce a la práctica de la vida cotidiana; de hecho, con la palabra y con el ejemplo enseñó a las novicias de su monasterio esta vía de la Infancia Espiritual, y a todos que por medio de sus escritos, escritos que, se han difundido por todo el mundo y que después de leer se siguen leyendo una y otra vez por el máximo beneficio y alegría que dan al alma. De hecho, esta joven que floreció en el claustro del Carmelo, y que agregó a su nombre el del Niño Jesús, volvió sobre sí misma Su imagen; entonces hay que decir que cualquier persona que venera a Teresa, venera y alaba el divino ejemplo que ella copio en sí.

                    Hoy en día, por lo tanto, esperamos que en la mente de los Fieles pueda venir el deseo de practicar esta Infancia Espiritual, que consiste en esto: que todo lo que el niño piensa y hace por naturaleza, nosotros lo hagamos en ejercicio de la virtud. Los niños pequeños no están perturbados por los pecados e cegados por las pasiones y disfrutan de la paz en la posesión de su inocencia (y sin ningún medio de engaño o hipocresía expresan sinceramente sus pensamientos y obras, de forma que se muestran como realmente son), por lo que Teresa mostraba una naturaleza más angélica que humana, y conquistó la simplicidad del niño, según la Ley de la Verdad y la Justicia.

                    La Doncella de Lisieux tenía siempre presente en la memoria la invitación y las promesas de su Esposo Divino: “Quien sea pequeño (Libro de los Proverbios, cap. 9, vers. 4), venga a Mí. Será llevado a Mi pecho y os acariciaré sobre Mis rodillas como lo hace una madre, así os consolaré” (Profeta Isaías, cap. 64, vers. 12-13), por lo que Teresa es consciente de su debilidad, se encomendó a la Divina Providencia a fin de que, apoyándose únicamente en Su ayuda, podría lograr la perfecta Santidad de la vida, incluso cuando experimentaba dificultades, y de una absoluta abdicación, pero gozosa, de su propia voluntad...


Extracto del Sermón del Papa Pío XI con motivo 
de la Canonización de Santa Teresa de Lisieux, en la 
Basílica de San Pedro del Vaticano, el 17 de Mayo de 1925


LOS MILAGROS 
DE LA CANONIZACIÓN


"Lo que me impulsa a ir al Cielo 
es el pensamiento de poder 
encender en amor de Dios 
una multitud de almas 
que le alabarán eternamente"



Reproducción de una estampa editada en 1925 donde aparecen 
las dichosas agraciadas por un milagro de Santa Teresita


                    Para pasar de la Beatificación a la Canonización de un Bienaventurado, se requerían dos milagros durante el proceso de Canonización; una vez autenticados estos milagros, la canonización puede ser proclamada por el Papa que autoriza y recomienda el culto de este nuevo santo en la Iglesia Universal.

               En el Proceso de Canonización de Santa Teresita, los dos milagros aprobados para su canonización fueron los siguientes: 

          1º- La curación de Sor Gabrielle Trimusi, de las Hijas Pobres de los Sagrados Corazones de Jesús y María (Parma, Italia), de tuberculosis de las vértebras, sanada por intercesión de la Santa de Lisieux en 1923.

          2º- La curación de María Pellemans, Católica belga que acudió en peregrinación a la tumba de la entonces Beata Teresa del Niño Jesús, a la que se encomendó para curar de una tuberculosis intestinal que padecía desde 1919.


Seguro te interesará conocer más 
sobre Santa Teresita de Lisieux... 

(toca sobre el título para acceder al artículo)


      - VIVIR EN UN ACTO DE PERFECTO AMOR, Oración a la Santísima Trinidad compuesta por Santa Teresita

     - LA VIRGEN ALCANZA LA CURACIÓN DE SANTA TERESITA, mientras se hallaba en casa de sus tíos maternos, Santa Teresita cayó gravemente enferma, víctima de temblores nerviosos. La niña solo tenía diez años y hacía cinco que había perdido a su madre, Celia Guérin.

     - ¡QUÉ DULCE FUE EL PRIMER BESO DE JESÚS A MI ALMA...! En el Aniversario de la Primera Comunión de Santa Teresita



martes, 29 de abril de 2025

ANIVERSARIO DE LA BEATIFICACIÓN DE SANTA TERESITA



               Conmemoramos hoy el 102 Aniversario de la Beatificación de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, por el Papa Pío XI, el 29 de Abril de 1923. Un mes antes, sus virginales restos habían sido exhumados del cementerio de Lisieux, para ser trasladados al Convento que la vio nacer al Cielo.

               Los dos milagros exigidos para la Beatificación de Teresita fueron recogidos y escrupulosamente analizados por peritos médicos y eclesiásticos; el primer milagro atribuido a la intercesión de Santa Teresita fue con la hermana Luisa de Saint Germain, religiosa de las Hijas de la Cruz, que sufría de una grave úlcera hemorrágica en el estómago. Al recurrir a la intercesión de Santa Teresa de Lisieux, obtuvo salud perfecta. A petición de la Sagrada Congregación de Ritos, tres médicos unánimemente declararon que estaba sana.

              El segundo milagro, determinante para la Beatificación de Santa Teresita, fue la curación de un joven seminarista llamado Charles Anne. Charles fue víctima de hemoptisis pulmonar. Invocó la ayuda de Santa Teresa de Lisieux y quedó perfectamente curado, según testificaron tres médicos. El prestigioso médico De Charles testificó: "Los pulmones destruidos y arrasados habían sido reemplazados por nuevos pulmones, llevando a cabo sus funciones normales…" 

               El mismo día de la Beatificación se obraría un tercer milagro; en el momento en que el Romano Pontífice elevaba a los altares a Teresita de Lisieux, en Baviera, Alemania, Teresa Neumann, mística estigmatizada, tendrá una particular aparición de la nueva Beata, que le devolverá la vista perdida a causa de una rara enfermedad. La relación de ambas se extendería en el tiempo y seguro que también en la Eternidad.

               La Causa de Beatificación había sido presentada oficialmente el 10 de Junio de 1914, ante el Papa San Pío X, que calificó a Teresita como "la Santa más grande de los tiempos modernos...". El Papa Benedicto XV había firmado dos años antes el Decreto de Heroicidad de Virtudes de la entonces Sor Teresita.

               El Papa Pío XI, que tenía una devoción especial a la que él llamaba, entre otros apodos, "mi pequeña Santa", no solo la beatificó, sino que la canonizaría dos años después.

               Celine Martin, hermana de sangre y de religión de Teresita, había pintado en 1923 una pequeña Apoteosis, que sería usada como tapiz el día de la Beatificación.


EL MILAGRO 
que abrió el proceso 
para reconocer 
la Santidad de Teresita de Lisieux


Reine Fauquet, con ceguera irreversible


                    El 26 de Mayo de 1908, Reine Fauquet, una niña de cuatro años, ciega irreversible según la Medicina, visitaba con su familia la primera tumba de Teresita, en el Cementerio de Lisieux; al regresar de la peregrinación, la niña recuperó inesperadamente la vista. Marie, su hermana mayor le pregunta entonces cuándo había empezado a ver y la pequeña le desvela con detalle la celestial visita de Teresita... 

                    Marie, recuerda entonces haber visto a Reine, en la mañana de aquel 26 de Mayo, calmarse repentinamente después de un fuerte ataque de dolor, luego mirar fijamente algo, sonriendo, antes de quedarse dormida plácidamente. 

                    El testimonio de Reine, pese a su corta edad, nunca cambió, declarando ante las Carmelitas de Lisieux: «Vi a la pequeña Teresita allí, muy cerca de mi cama, me tomó de la mano, se rió conmigo, era hermosa, tenía un velo y todo estaba iluminado alrededor de su cabeza»

                    Una de las monjas pregunta entonces: "¿Cómo estaba vestida?" . "¡Como va vestida Usted!" respondió la niña. 

                    Los médicos que la habían tratado por la ceguera emitieron entonces un certificado el 6 de Julio de 1908, donde acreditaban la completa recuperación de Reine Fauquet. 

                    Al año siguiente, en 1909, tras el milagro de la Reine, se abrió una investigación para reconocer las virtudes heroicas de la Venerable Sierva de Dios.


LOS MILAGROS 
DE LA BEATIFICACIÓN


Charles Anne, enfermo de tuberculosis


                    "Soy un seminarista de 23 años. Después de numerosos vómitos de sangre y hemorragias violentas, había llegado a tal grado de debilidad que tuve que guardar cama el 23 de Agosto de 1906. Dos médicos juzgaron mi estado como muy grave: se había formado una caverna profunda en el pulmón derecho, los bronquios estaban muy dañados y el análisis del esputo reveló la presencia del bacilo de la tuberculosis. Los médicos admitieron su impotencia y me condenaron.

                    Entonces mis padres, entre lágrimas, pidieron mi curación a Nuestra Señora de Lourdes por intercesión de Sor Teresita del Niño Jesús y me colocaron alrededor del cuello una bolsita de cabellos de esta pequeña Santa. Durante los primeros días de esta novena, mi estado empeoró: tuve una hemorragia tan violenta que pensé que iba a morir; un sacerdote fue llamado apresuradamente; Pero, aunque me instaron a sacrificar mi vida, no pude resolverme a hacerlo y esperé con confianza el fin de la novena. Hasta el último día, nada había mejorado. Entonces el recuerdo de Teresa vino a mi corazón, las palabras que describían tan claramente su gran alma me llenaron de una confianza indescriptible: «Quiero pasar mi Cielo haciendo el bien en la tierra». Tomé la palabra de la joven carmelita. Ella estaba en el Cielo, ¡oh! sí, estaba seguro de ello; yo estaba en la tierra, yo estaba sufriendo, yo iba a morir: había algo bueno que hacer, ella tenía que hacerlo. Así pues, apretando fuertemente contra mi pecho la querida reliquia, recé a la Santa con tanta fuerza que, en verdad, los mismos esfuerzos realizados en vistas a la vida deberían haberme traído la muerte. 

                    Comenzamos de nuevo una novena, esta vez pidiendo directamente a Sor Teresa del Niño Jesús mi curación, con la promesa de que si concedía nuestra petición, publicaría el relato. Al día siguiente la fiebre bajó repentinamente y en los días posteriores, tras el examen, el médico concluyó que se había recuperado tan categóricamente como había afirmado que había muerto. No había rastro de la caverna pulmonar, la opresión había cesado y el apetito estaba volviendo notablemente. Me curé. Pero al mismo tiempo que renovaba mis fuerzas físicas, Teresa también realizaba una maravillosa transformación en mi alma. En un día ella hizo en mí la obra de toda una vida..."

                    Firmado en Lisieux (Normandía), el 29 de Enero de 1907.



Sor Luisa de Saint-Germain, enferma de úlcera de estómago


                    "Durante mi Noviciado (en la Congregación de las Hijas de la Cruz), en 1911 y 1912, había padecido con frecuencia dolores de estómago y de cabeza, acompañados de vómitos dolorosos; sin embargo, mi salud no se vio afectada hasta el punto de impedirme ser admitido en la Profesión Religiosa, tras lo cual partí para España. Pero, a partir de los primeros meses de 1913, los dolores de estómago reaparecieron con mayor frecuencia y los vómitos, mezclados con sangre, demostraron que se había formado una úlcera en el interior. De regreso en Ustaritz, lo primero que me pusieron fue una dieta de huevos y leche, con unas cuantas pastillas de bismuto. Una crisis más aguda que todas las anteriores, ocurrida en la noche del 14 de Noviembre, me obligó a veinticinco días de dieta acuosa y reposo absoluto. El médico indicó que la herida interna en el estómago continuaba a través del píloro hasta la parte superior del duodeno.

                    Después de ocho meses de cuidados en la enfermería, pensé que estaba lo suficientemente bien como para pedir volver a mi clase, y obtuve permiso para regresar a España. ¡Ay!, el mal sólo estaba dormido. Los mismos síntomas reaparecieron con un aumento sin precedentes acompañado de hemorragias profusas. Se consideró que era esencial una operación y me enviaron de regreso a nuestra Casa Provincial en Ustaritz. Después de un viaje extremadamente difícil, llegué allí en tal estado de debilidad que creyeron necesario administrarme los Últimos Sacramentos.

                    Era principios del Verano de 1915. Me encontraba en un estado de agotamiento total. Durante treinta y dos días, tomando como único alimento unos cuantos bocados de agua helada que luego rechacé a costa de crueles sufrimientos. Fue entonces cuando la Comunidad inició una novena a Sor Teresita del Niño Jesús. Me uní a ella con alegría, porque amaba mucho a la pequeña Santa, que incluso se dignó, durante esta novena, hacerme sentir su presencia. Tuve, en efecto, la impresión muy suave de su mano apoyada sobre mi cabeza, como para tranquilizarme, y, durante tres días, un perfume misterioso que las Hermanas no supieron explicar se extendió por la habitación que yo ocupaba. Esta gracia debía sostener mi ánimo, porque todavía tenía que sufrir mucho tiempo. Viendo que las oraciones no surtían efecto, ya no pedí a Sor Teresa mi curación; sólo la llamé para solicitar su ayuda.

                    Mientras tanto, a principios de Septiembre de 1916, una de nuestras Hermanas, al pasar por aquí, me inspiró a renovar mis peticiones a la querida Santa. Cediendo a su invitación, uní el sacrificio a la oración y redoblé mi confianza. Ahora bien, cuál no fue mi asombro cuando, en la noche del 10 de Septiembre, la misma Sor Teresa del Niño Jesús vino a mí y me dijo: “Sé generosa, pronto te curarás, te lo prometo”. Entonces desapareció. Y por la mañana, las tres monjas que dormían en mi enfermería se sorprendieron mucho al encontrar pétalos de rosa de todos los colores alrededor de mi cama. Era el presagio de mi recuperación; pero se retrasaría unos días más, durante los cuales sufrí un verdadero martirio y quedé completamente inmóvil. 

                    Fue solo la noche del 21 de Septiembre, tras un violento ataque, que me quedé dormida repentinamente, contra toda expectativa, para despertar al día siguiente perfectamente curada. Ya no sentía dolor, pero sí una sensación de bienestar general. Tenía mucha hambre y me levanté con alegría para pedir permiso para asistir a la Santa Misa. Por sabia prudencia, mi digna Superiora me obligó a volver a la cama, donde me trajeron un copioso desayuno; y pronto, ante la evidencia de mi completa recuperación, pude retomar mi vida normal. Desde entonces, es decir, desde hace un año, gozo de perfecta salud, y le estoy profundamente agradecida a la Hermana Teresita del Niño Jesús"

                    Firmado en Ustaritz, en Octubre de 1917.



sábado, 14 de diciembre de 2024

SANTA TERESITA, PATRONA DE LAS MISIONES. Centenario de la Canonización de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, 1925-2025

 

"Como un torrente, arrojándose con impetuosidad 
en el océano, arrastra consigo cuanto encuentra 
a su paso, de la misma forma, o Jesús mío, el alma 
que se sumerge en el océano sin riberas de Vuestro 
Amor arrastra con ella todos sus tesoros. Señor, 
Tú lo sabes, no tengo otros tesoros que las almas 
que Te complació unir a la mía; esos tesoros, 
Tú mismo me los has dado…"



               El 14 de Diciembre de 1927 la Congregación de Ritos publicaba el decreto por el que, por decisión del entonces Papa Pío XI, se declaraba a "Santa Teresita patrona especial de los misioneros, hombres y mujeres, existentes en el mundo". Se le confería este nombramiento "al igual que a San Francisco Javier, con todos los derechos y privilegios que comporta este título" (eran derechos y privilegios del culto litúrgico).  

              El año anterior, concretamente el 29 de Julio de 1926, el mismo Papa Pío XI la había declarado Patrona del Clero Indígena, conocida como "Obra Misional Pontificia de San Pedro Apóstol" y años atrás, el  30 de Abril de 1923, cuando Teresita aún era reconocida como Beata, había sido declarada Patrona de las Misiones Carmelitanas.

               Santa Teresita entendió su vocación como misionera desde la contemplación: "Lo que venía a realizar en el Carmelo, lo declaré a los pies de Jesús-Hostia, en el examen que precedió a mi profesión: He venido al Carmelo para salvar almas y, sobre todo, para rogar por los Sacerdotes. Cuando se desea un fin, hay que emplear los medios necesarios para alcanzarlo. Jesús me hizo comprender que las almas me las daría por medio de la Cruz".

               La conciencia misionera de la Santa de las rosas se reveló en la "conversión" de la Navidad de 1886; describiendo esta gracia, explicó "Como sus apóstoles, yo podía decirle: ‘Señor, he pescado toda la noche sin conseguir nada’ ... Él hizo de mí un pescador de almas, sentí un gran deseo de trabajar en la conversión de los pecadores, deseo que anteriormente nunca lo había sentido así…"Unos meses después, en julio de 1887, se verá confirmada en su vocación en la Catedral de Lisieux: "Un Domingo que contemplaba una estampa de Nuestro Señor en la Cruz, quedé impresionada por la sangre que caía de una de sus manos divinas; experimenté una grande pena pensando en la sangre que caía en tierra sin que nadie se apresurara a recogerla; y resolví de permanecer espiritualmente en pie al pie de la Cruz para recibir el rocío divino que manaba, comprendiendo que después tenía que verterla sobre las almas... Quería dar de beber a mi Bien Amado y me sentía yo misma devorada por la sed de almas... Todavía no eran las almas de los Sacerdotes que me atraían, sino la de los grandes pecadores…"



domingo, 8 de diciembre de 2024

LA INMACULADA CONCEPCIÓN: LA PRIMERA Y EXCLUSIVA OBRA DE DIOS. En el 170 Aniversario del Dogma de la Inmaculada Concepción de María Nuestra Señora

  

"Tú y Tu Madre sois los únicos 
que en todo aspecto 
sois perfectamente hermosos; 
pues en Ti, Señor, no hay mancilla, 
ni mácula en Tu Madre" 


(San Efrén, Doctor de la Iglesia)



               En virtud del pecado original, la inteligencia humana se volvió sujeta a errar, la voluntad quedó expuesta a desfallecimientos, la sensibilidad quedó presa de las pasiones desarregladas, el cuerpo por así decirlo fue puesto en estado de rebeldía contra el alma.

               ...por el privilegio de su Concepción Inmaculada, Nuestra Señora fue preservada de la mancha del pecado original desde el primer instante de Su Ser. Y, así, en Ella todo era armonía profunda, perfecta, imperturbable. El intelecto jamás expuesto a error, dotado de un entendimiento, una claridad, una agilidad inexpresable, iluminado por las gracias más altas, tenía un conocimiento admirable de las cosas del Cielo y de la Tierra. 

               La voluntad, dócil en todo al intelecto, estaba enteramente vuelta hacia el bien y gobernaba plenamente la sensibilidad, que jamás sentía en Sí ni pedía a la voluntad algo que no fuese plenamente justo y conforme a la razón.

               Imagínese una voluntad naturalmente tan perfecta, una sensibilidad naturalmente tan irreprensible, ésta y aquélla enriquecidas y super-enriquecidas de gracias inefables, perfectamente correspondidas en todo momento, y se puede tener una idea de lo que era la Santísima Virgen. O, mejor dicho, se puede comprender por qué motivo ni siquiera se es capaz de formarse una idea de lo que la Virgen era. 

                Dotada de tantas luces naturales y sobrenaturales, Nuestra Señora conoció por cierto la infamia del mundo en Sus días. Y con ello sufrió amargamente. Pues cuanto mayor es el amor a la virtud, tanto mayor es el odio al mal.

                Ahora bien, María Santísima tenía en Sí abismos de amor a la virtud, y, por lo tanto, sentía forzosamente en Sí abismos de odio al mal. María era pues enemiga del mundo, al cual vivió ajena, segregada, sin ninguna mezcla ni alianza, vuelta únicamente hacia las cosas de Dios.

               El mundo, a su vez, parece no haber comprendido ni amado a María. Pues no consta que le hubiese tributado admiración proporcionada a Su hermosura castísima, a Su gracia nobilísima, a Su trato dulcísimo, a Su Caridad siempre compasiva, accesible, más abundante que las aguas del mar y más suave que la miel.

               ¿Y cómo no habría de ser así? ¿Qué comprensión podría haber entre Aquella que era toda del Cielo y aquellos que vivían sólo para la tierra? ¿Aquella que era toda Fe, pureza, humildad, nobleza, y aquellos que eran todos idolatría, escepticismo, herejía, concupiscencia, orgullo, vulgaridad? ¿Aquella que era toda sabiduría, razón, equilibrio, sentido perfecto de todas las cosas, templanza absoluta y sin mancha ni sombra, y aquellos que eran todos exceso, extravagancia, desequilibrio, sentido equivocado, cacofónico, contradictorio, hiriente a respecto de todo, e intemperancia crónica, sistemática, vertiginosamente creciente en todo? ¿Aquella que era la Fe llevada por una lógica diamantina e inflexible a todas sus consecuencias, y aquellos que eran el error llevado por una lógica infernalmente inexorable, también a sus últimas consecuencias? ¿O aquellos que, renunciando a cualquier lógica, vivían voluntariamente en un pantano de contradicciones, en que todas las verdades se mezclaban y se corrompían en la monstruosa interpenetración con todos los errores que les son contrarios?

               Inmaculada significa etimológicamente la ausencia de mácula, y pues de todo y cualquier error por menor que sea, de todo y cualquier pecado por más leve e insignificante que parezca. Es la integridad absoluta en la Fe y en la Virtud. Es por lo tanto la intransigencia absoluta, sistemática, irreductible, la aversión completa, profunda, diametral a toda especie de error o de mal. La santa intransigencia en la verdad y en el bien es la Ortodoxia, la pureza, al estar en oposición a la heterodoxia y al mal. Por amar a Dios sin medida, Nuestra Señora correspondientemente amó de todo corazón todo cuanto era de Dios. Y porque odió sin medida al mal, odió sin medida a Satanás, a sus pompas y sus obras, al Demonio, al mundo y a la carne.

               Por esto, Nuestra Señora rezaba sin cesar. Y según tan razonablemente se cree, Ella pedía el Advenimiento del Mesías y la gracia de ser una Sierva de aquella que fuese escogida para ser Madre de Dios.

               Pedía al Mesías, para que viniese Aquel que podría hacer brillar nuevamente la Justicia sobre la faz de la Tierra, para que se levantase el Sol divino de todas las virtudes, golpeando por todo el mundo a las tinieblas de la impiedad y del vicio.

               Nuestra Señora deseaba, es cierto, que los Justos que vivían en la Tierra encontrasen en la Venida del Mesías la realización de sus deseos y de sus esperanzas, que los vacilantes se reanimasen, y que de todos los países, de todos los abismos, almas tocadas por la luz de la gracia levantasen vuelo a las más altas cumbres de la Santidad. Pues éstas son por excelencia las Victorias de Dios, que es la Verdad y el Bien, y las derrotas del Demonio, que es el jefe de todo error y de todo mal.

               La Virgen quería la Gloria de Dios por esa Justicia, que es la realización en la Tierra del Orden deseado por el Creador. Pero, pidiendo la Venida del Mesías, Ella no ignoraba que Él sería la piedra de escándalo, por la que muchos se salvarían y muchos recibirían también el castigo de su pecado. Este castigo del pecador empedernido, este aniquilamiento del impío obcecado y endurecido, Nuestra Señora también lo deseó de todo corazón, y fue una de las consecuencias de la Redención y de la fundación de la Iglesia, que Ella deseó y pidió como nadie. “Ut inimicus Sanctae Ecclesiae humiliare digneris; te rogamus, audi nos” [Para que os dignéis humillar a los enemigos de la Santa Iglesia; te rogamos, óyenos], canta la Liturgia. Y antes que la Liturgia, por cierto el Corazón Inmaculado de María ya elevó a Dios súplica análoga, por la derrota de los impíos irreductibles. Admirable ejemplo de verdadero Amor, de verdadero odio. 

               Dios quiere las obras. Él fundó la Iglesia para el Apostolado. Pero por encima de todo quiere la oración. Pues la oración es la condición de fecundidad de todas las obras. Y quiere como fruto de la oración, la virtud.

               Reina de todos los Apóstoles, Nuestra Señora es sin embargo principalmente modelo de las almas que rezan y se santifican, la estrella polar de toda meditación y vida interior. Pues, dotada de una virtud inmaculada, Ella hizo siempre lo que era más razonable, y si nunca sintió en Sí las agitaciones y los desórdenes de las almas que sólo aman la acción y la agitación, nunca experimentó en Sí, tampoco, las apatías y las negligencias de las almas flojas que hacen de la vida interior un cortaviento a fin de disfrazar su indiferencia por la causa de la Iglesia. Su alejamiento del mundo no significó un desinterés por el mundo. ¿Quién hizo más por los impíos y por los pecadores que Aquella que, para salvarlos, voluntariamente consintió en la inmolación crudelísima de Su Hijo infinitamente inocente y Santo? ¿Quién hizo más por los hombres que Aquella que consiguió que se realizase en Sus días la promesa del Salvador?



               Pero, confiando sobre todo en la oración y en la vida interior, ¿no nos dio la Reina de los Apóstoles una gran lección de Apostolado, haciendo de una y otra Su principal instrumento de acción? 

                Tanto valen a los ojos de Dios las almas que, como Nuestra Señora, poseen el secreto del verdadero Amor y del verdadero odio, de la intransigencia perfecta, del celo incesante, del espíritu de renuncia completo, que propiamente son ellas las que pueden atraer al mundo las gracias divinas.

               Estamos en una época parecida con la de la Venida de Jesucristo a la Tierra. En 1928 escribió el Santo Padre Pío XI que el espectáculo de las desgracias contemporáneas "es tan triste que por estos acontecimientos parecen manifestarse los principios de aquellos dolores que habían de preceder al hombre de pecado que se levanta contra todo lo que se llama Dios o que se adora" (Encíclica Miserentissimus Redemptor, del 8 de Mayo de 1928).

               Y a nosotros, ¿qué nos compete hacer?. Luchar en todos los terrenos permitidos, con todas las armas lícitas. Pero antes que nada, por encima de todo, confiar en la vida interior y en la oración. Es el gran ejemplo de Nuestra Señora.

                El ejemplo de Nuestra Señora, sólo se puede imitar con el Auxilio de Ella. Y el Auxilio de Nuestra Señora, sólo se puede conseguir con la devoción a Ella. Pues bien, ¿qué mejor forma de devoción a María Santísima puede haber que pedirle, no sólo el Amor de Dios y el odio al Demonio, sino aquella santa entereza en el amor al bien y en el odio al mal, en una palabra, aquella santa intransigencia que tanto resplandece en su Inmaculada Concepción?.