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jueves, 2 de abril de 2026

EL EJERCICIO DE LA HORA SANTA: REPARACIÓN INFINITA A DIOS PADRE



                    La Hora Santa nació en 1674, cuando en una alocución de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque, desde el Tabernáculo de Paray-le-Monial, le dijo:

                    «Todas las noches del Jueves al Viernes te haré participar de la mortal tristeza que quise padecer en el Huerto de los Olivos; tristeza que te reducirá a una especie de agonía más difícil de soportar que la muerte. Y para acompañarme en aquella humilde plegaria, que entonces presenté a Mi Padre entre todas Mis angustias, te levantarás entre las 11 y las 12 de la noche y te postrarás con la faz en tierra, deseosa de aplacar la cólera divina y en demanda de perdón por los pecadores».

                    Dos son, evidentemente, las ideas fundamentales de este ejercicio. Es la primera, una intención de amor compasivo, que une en esa hora el alma del consolador, y del confidente, al Corazón Agonizante de su Salvador. «Te haré compartir, dice Jesús, la tristeza mortal de Mi Getsemaní...». Y es la segunda, una reparación del pecado, un fin de desagravio redentor y de consuelo: «Pedirás perdón por los pecadores». Desde entonces, la práctica de La Hora Santa, ha sido practicada cada Jueves por millones de almas enamoradas de Jesús Sacramentado. 

                    Este canal de gracias espirituales que produce la práctica de La Hora Santa, ha alcanzado no sólo a quienes acompañan al Señor en el Sagrario o expuesto solemnemente, sino que el influjo divino de la Caridad Eucarística, llega también a todos aquellos enfermos que hacen su Hora Santa desde la cama, así como a todas aquellas buenas almas que no tienen la posibilidad material de estar cerca de un templo, y que se transportan en espíritu, rindiendo su corazón a los pies del Tabernáculo, donde vive, con Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad el que es Rey de todos los corazones.


LA HORA SANTA
reparación infinita a Dios Padre

                       "Quiero conquistar los corazones por la fuerza de Mi amor. Quiero que las almas se dejen penetrar por la verdadera luz. Quiero que los niños, esos corazones inocentes, que no me conocen y crecen en el hielo de la indiferencia, ignorando lo que vale su alma... Sí, quiero que esas almitas que son Mis delicias, encuentren un asilo donde les enseñen a conocerme y donde crezcan en el temor de Mi ley y en el amor de Mi Corazón.

                     Mi deseo es el que seáis el combustible de este fuego que quiero derramar sobre la tierra, porque de nada sirve encender la llama si no hay con qué alimentarla. Por eso quiero formar una cadena de almas encendidas en el Amor, en ese Amor que se confía y lo espera todo de Mi Corazón, a fin de que, inflamadas ellas, lo comuniquen al mundo entero. 

                       No penséis que voy a hablaros de otra cosa que de la Cruz. Por Ella he salvado a los hombres, por Ella quiero atraerlos ahora a la Verdad de la Fe y al Camino del Amor. Os manifestaré Mis deseos: He salvado al mundo desde la Cruz, o sea, por medio del sufrimiento. Ya sabéis que el pecado es una ofensa infinita; por eso os pido que ofrezcáis vuestros trabajos y sufrimientos, unidos a los méritos infinitos de Mi Corazón.

                     Inculcad a las almas, con quienes estéis en contacto, el Amor y la Confianza... Empapadlas en Amor, en Confianza, en la Bondad y Misericordia de Mi Corazón. Y cuando tengáis ocasión de darme a conocer decidles que no me teman porque Soy Dios de Amor.

                       Tres cosas especiales os pido:

             1ª El Ejercicio de la Hora Santa; por él se hace a Dios Padre reparación infinita, en unión y por medio de Jesucristo Su Divino Hijo.

            2ª La Devoción de los Cinco Padrenuestros a Mis Llagas, pues por Ellas ha recibido el mundo la salvación.

            3ª En fin, la unión constante, o sea, el ofrecimiento cotidiano de los méritos de Mi Corazón, porque así lograreis que vuestras acciones tengan valor infinito. Valerse continuamente de Mi Sangre, de Mi Vida, de Mi Corazón; confiar incesantemente y sin temor en Mi Corazón; he aquí un secreto desconocido para muchas almas... Quiero lo conozcáis y que sepáis aprovecharlo".


Extraído de "Un Llamamiento al Amor"
Revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús 
a la mística española Sor Josefa Menéndez



lunes, 29 de diciembre de 2025

SOR JOSEFA MENÉNDEZ, Confidente y Víctima del Sagrado Corazón de Jesús

 


                           Josefa Menéndez y del Moral nació en el barrio madrileño de Lavapiés, el 4 de Febrero de 1890. Segunda hija de un matrimonio muy cristiano: su padre, Leonardo, también madrileño, fue un reconocido militar de artillería, educado en los Padres Escolapios; la madre de Josefa se llamaba Lucía, era natural del pueblo de Loeches, caracterizada por ser una mujer fuerte y piadosa, entregada de lleno a sus labores de esposa y de madre. Los padres procuraron el Bautismo de Josefa tan solo cinco días después del nacimiento de la niña: sería acristianada el 9 de Febrero en la Iglesia de San Lorenzo, "la Parroquia de las Chinches", conocida así por lo pobre y ruinoso que era el templo.

                        El modesto hogar fue duramente golpeado por la muerte de Francisco, el primogénito de la prole, que situaría a Josefa en dicho lugar. A la edad de cinco años Josefa recibió la Confirmación, y el Espíritu Santo se apoderó del pequeño Instrumento para hacerlo dócil a la acción divina. Tenía siete años cuando se confesó por primera vez, en un Primer Viernes, día memorable en su vida, del que escribía más tarde: "3 de Octubre de 1897: Mi primera confesión. ¡Si siempre tuviera la misma contrición de aquel día!". Su Confesor y Director fue el afamado Padre José María Rubio, que admirando las aptitudes sobrenaturales de la niña, la inició a una vida interior proporcionada a su edad. Le enseñó a sembrar de jaculatorias los días y las horas y, poco a poco, Josefa se acostumbró a conversar con el Huésped Divino de su alma, en cuya Presencia vivía. Para formarla en la oración mental el Padre Rubio le dio el libro "El Cuarto de Hora de oración".

                       Cumplidos los once años, por recomendación de su Director Espiritual, Padre José María Rubio, la admitieron las Religiosas de María Reparadora en el grupo de niñas que, por las tardes, se reunían para prepararse a la Primera Comunión, y los deseos de Josefa se enardecían a la perspectiva de tan dichoso día. Cuando llegó su Primera Comunión escribiría: "Desde hoy, 19 de Marzo de 1901, prometo a mi Jesús, delante del Cielo y de la tierra, poniendo por testigos a mi Madre la Virgen Santísima y a mi Padre y Abogado San José, guardar siempre la preciosa virtud de la virginidad, no teniendo otro deseo que agradar a Jesús, ni otro temor que desagradarle...". Josefa conservó preciosamente el testimonio de su primera ofrenda, la repetiría cada vez que comulgaba y la hojita amarillenta, escrita con gruesos caracteres de letra infantil, fue hasta su muerte el tesoro de su fidelidad. La Sagrada Comunión era la felicidad de Josefa, y desarrollaba en su corazón los inicios de las virtudes sólidas que ya se revelaban en ella.

                        A los trece años sus padres la envían al "Taller del Fomento del Arte", mientras que sus hermanas estudiarían en el Colegio del Sagrado Corazón en la Calle de Leganitos, donde educaban las Religiosas a las que Josefa se uniría más adelante. En el interior de la familia reinaba el bienestar y la felicidad; la mayor recompensa de las niñas era, por aquel tiempo, un pequeño viaje al pueblo de Loeches, para visitar a su tía materna, la Madre Priora del Carmelo. Cuando las pequeñas regresaban a casa jugaban "a los conventos": rezaban el oficio en coro, imitaban, con más o menos realismo, las penitencias del claustro. "Pepa" -como llamaban en casa a Josefa- participaba también, pensando interiormente que para ella todo aquello era más que un juego. 

                        Para complacer a sus padres, Josefa comenzó a trabajar en el taller de una conocida modista de Madrid; allí la joven conocería y sufriría la frivolidad del mundo, un ambiente que en nada era comparable al de su hogar, donde rezaban en familia y tenían a Dios como único y soberano Bien. El sufrimiento, que debía imprimir su huella en toda la vida de Josefa, pronto penetró en la familia: en 1907 moría su hermana Carmen a los doce años de edad. Poco después, la abuela materna siguió a la niña al sepulcro. La muerte de la pequeña dejaría a los padres sumidos en una pena que les tocó para siempre, y Josefa se convirtió entonces en la enfermera de sus padres y en el sostén económico de su familia.

                       La última enfermedad y muerte del padre de Josefa, en Abril de 1910, fue piadosamente asistida por el Reverendo Padre Rubio, dejando a la jovencita como único apoyo de su madre y de dos hermanas, a las que sostenía con su trabajo. Josefa hábil costurera, conoció las privaciones y preocupaciones, el trabajo asiduo y las vigilias prolongadas de la vida obrera, pero su alma enérgica y bien templada vivía ya del amor del Corazón de Jesús, que le atraía a sí irresistiblemente. Su carácter jovial, el ardor que ponía en todo, su intuición para adivinar lo que agradaba a los demás, olvidándose a sí misma, hacían de ella el alma de su hogar en el que todo era dicha y unión y donde las alegrías mejores iban siempre marcadas con el sello de la Fe. Durante mucho tiempo deseó la vida religiosa, sin que le fuese dado romper los lazos que la unían al mundo; su trabajo era necesario a los suyos y su corazón, tan amante y tan tierno, no se resolvía a separarse de su madre, que a su vez creía no poder vivir sin el cariño y el apoyo de su hija mayor. Un profundo dolor la hirió cuando su hermana Mercedes obtuvo el consentimiento materno en 1911, y la precedió como religiosa en la Sociedad del Sagrado Corazón en el Noviciado de Chamartín, en Madrid.

                       Por fin, el 5 de Febrero de 1920, Josefa dejaba a otra hermana, Ángela, ya en edad al cuidado de su madre y abandonaba su casa y su Patria querida, para seguir más allá de la frontera a Aquél cuyo amor divino y soberano tiene derecho a pedírselo todo. Sola y pobre se presentó en Poitiers, en el convento del Sagrado Corazón de los Feuillants, santificado en otros tiempos por la estancia en él de Santa María Magdalena Sofía Barat. Allí se había reanudado hacía poco la obra de la Santa Fundadora y a su Sombra florecía de nuevo un Noviciado de Hermanas Coadjutoras del Sagrado Corazón. Nadie pido sospechar los designios divinos que ya empezaban a ser realidad. Sencilla y laboriosa, entregada por completo a su trabajo y a su formación religiosa, Josefa en nada se distinguía de las demás, desapareciendo en el conjunto. 

                        A finales de Junio de 1920 Sor Josefa sería agraciada con la experiencia mística de adentrarse en la Herida del Sagrado Corazón: "Vi cómo se habría aquella hendidura, por la que antes no podía pasar y me ha dado entender la felicidad que me esperaba si soy fiel a todas las gracias que Él me tiene preparadas... Yo no veía el término de este abismo, porque es como un espacio inmenso, lleno de luz... así he pasado la oración y parte de la Misa. Pero poco antes de la Elevación, mis ojos, ¡estos pobres ojos míos! han visto a mi amado Jesús... al único deseo de mi alma... a mi Dios y Señor... Su Corazón en medio de aquella gran hoguera... ni puedo decir lo que he sentido, porque es imposible... Pero quisiera que el mundo entero conociera el secreto de ser feliz: todo consiste en amar y abandonarse, Jesús se encarga de lo demás. Estando así anonada en presencia de tanta hermosura, de tanta luz me ha dicho estas palabras, con voz muy grave, aunque dulcísima: Así como Yo Me inmolo Víctima de Amor, quiero que tú también seas víctima: el Amor nada rehúsa".

                       El 16 de Julio de 1920, Josefa vestía el Santo Hábito. Gracias a la caridad de las Madres del Sagrado Corazón de Madrid, su madre y su hermana Ángela, pudieron acompañarla ese día; para su corazón tierno y amante fue gran consuelo verlas y hacerles compartir su dicha. Volvieron dos años después, el 16 de Julio de 1922, día radiante de sus primeros votos. Ni ellas, ni la familia religiosa de Josefa, pudieron traslucir la misteriosa unión que se realizaba entre el Corazón de Jesús y el de Su Esposa.


Sor Josefa recibía arrodillada las Confidencias del
Sagrado Corazón de Jesús y Nuestra Santa Madre,
en el silencio y recogimiento de su celda de Poitiers


                       El espíritu de mortificación de que estaba animada, la intensa vida interior que practicaba, y una como sobrenatural intuición en cuanto a su vocación se refería, llamaba la atención de algunas personas que la trataron con más intimidad. Pero las gracias de Dios permanecieron ocultas a cuantas la rodeaban, y desde el día de su llegada hasta su muerte, logró pasar desapercibida, en medio de la sencillez de una vida de la más exquisita fidelidad. Y en esta vida oculta, Jesús le descubrió su Corazón. "Quiero -le dijo- que seas el Apóstol de Mi Misericordia. Ama y nada temas. Quiero lo que tú no quieres... pero puedo lo que tú no puedes... A pesar de tu gran indignidad y miseria, me serviré de ti para realizar Mis designios". Desde entonces y hasta poco antes de su muerte, Sor Josefa recibiría numerosas revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús, de la Virgen Santísima y también de algunos Santos; en otras ocasiones sería místicamente transportada al Purgatorio y hasta el Infierno... todo de cuanto fue confidente y testigo sobrenatural, lo recogió por escrito, siguiendo las indicaciones de su Superiora y de su Confesor. Todos estos dones de Dios permanecieron ocultos a sus propios ojos y a su alrededor, y desde que ingresó en el Convento, hasta la muerte, pasó inadvertida bajo el velo de una vida perfectamente fiel.

                       Viéndose objeto de estas predilecciones divinas, y ante el Mensaje que debía transmitir, la humilde Hermanita temblaba y sentía levantarse gran resistencia en su alma. La Santísima Virgen fue entonces para ella la estrella que guía por camino seguro, y encontró en la Obediencia su mejor y único refugio, sobre todo, al sentir los embates del enemigo de todo bien, a quien Dios dejó tanta libertad. Su pobre alma experimentó terribles asaltos del infierno, y en su cuerpo llevó a la tumba las huellas de los combates que tuvo que sostener. Con su vida ordinaria de trabajo callado, generoso v a veces heroico, ocultaba el misterio de gracia y de dolor que lentamente consumía todo su ser. 

                       Por su experiencia como costurera fue designada para la hechura de los uniformes del Colegio; en cuanto hizo los Votos le confiaron la dirección del taller, con algunas novicias y postulantes para ayudarla. Sin escatimar trabajo las formaba, distribuyéndoles con discernimiento la labor, remediando sus torpezas con bondad.

                       Después de pasar por pruebas misteriosas y que debían completar su corona y consumar su ofrenda, se realizaba para Josefa en la soledad de su último suspiro la palabra del Divino Maestro: "Sufrirás, y abismada en el sufrimiento, morirás... No busques alivio ni descanso: no lo encontrarás, puesto que Yo Soy el que así lo dispongo..." . 

                       A principios de Diciembre de 1923, Sor Josefa guardaba cama por un fuerte agotamiento; allí emitiría su Profesión Religiosa al tiempo que recibía la Extremaunción. Obedeciendo a sus Superioras, Josefa tuvo aún fuerzas para escribir una carta de despedida a su madre y a sus hermanas. No pueden leerse sin emoción estos renglones tan sencillos y tan fervorosos. Dice así: "Miren, queridas mías; yo estoy contenta de morir porque sé que es la Voluntad de Aquel que amo. Además, mi alma tiene deseo de poseerle y verle sin velos, como se le ve aquí en la tierra... No lloren, ni estén tristes. Miren que la muerte es el principio de la vida para el alma que ama y espera. Nuestra separación será corta, porque la vida pasa muy pronto y luego estaremos juntas toda la eternidad. No crean que estoy triste. Estos cuatro años de vida religiosa han sido para mí cuatro años de Cielo. Lo único que deseo para mis hermanas, es que gocen como he gozado, pues crean que nada da tanta paz como hacer la Voluntad de Dios. No crean que muero de sufrimiento ni de pena, al contrario. ¿Mi muerte?, creo que es más, ¡de Amor! Yo no me siento enferma, pero tengo algo que me hace desear el Cielo porque no puedo pasar sin ver a Jesús y a la Virgen... Muero muy feliz, pero nada me da esta felicidad sino el saber que he hecho la Voluntad de Dios. Él me ha hecho marchar por caminos muy contrarios a mi gusto y a mis deseos, pero me recompensa en estos últimos días de mi vida que me encuentro envuelta en la paz del Cielo".

                       En la consumación del más fiel Amor, Sor Josefa entregaba su alma a Dios un Sábado, 29 de Diciembre 1923, a las ocho de la noche, consumida por la ardiente sed de las almas que le había comunicado el Corazón de Jesús; tiempo atrás el Señor le había advertido "Déjame escoger el día y la hora". En sus últimos minutos de vida, al oír el toque del Angelus, Josefa insistió a su enfermera que marchase al refectorio, asegurándole que se encontraba bien y que no necesitaba nada. Y en esta soledad, en este aparente abandono, dispuesto por Dios, pasa el Dueño y Señor de las almas y se la lleva, imprimiendo en ella esta última semejanza con Su agonía y su Muerte en la Cruz, completamente privado de todo auxilio humano. Cuando pocos momentos después vuelve la enfermera, Josefa ha dejado de existir para este mundo. La encuentra tendida en la cama, un poco echada la cabeza hacia atrás, semicerrados los ojos y una expresión dolorosa en su semblante: todo en ella recuerda a Jesús crucificado y muerto. Se ha cumplido al pie de la letra la revelación que en su día recibiera del Sagrado Corazón: "Sufrirás y, abismada en el sufrimiento, morirás"

                        Al instante, una impresión sobrenatural de gracia y de paz, se esparció por toda la Casa; el Cielo parecía descender a la celda de la Hermana. Rodeada de azucenas, Josefa descansaba... Su rostro reflejaba la estabilidad serena de la eternidad, con una expresión de majestad que impresionaba. Parecía que el Sagrado Corazón de Jesús, resplandeciendo ya a través de los restos mortales de Su pequeño instrumento, oculto hasta entonces de modo tan divino, comenzaba a descubrir a las almas el Llamamiento ardiente de Su Amor. Sor Josefa Menéndez sería inhumada en el Cementerio de Poitiers el 1 de Enero de 1923; sus honras fúnebres serían presididas por Monseñor Olivier de Durfort de Civrac, Obispo de Poitiers.



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su copia y difusión, sin fines comerciales

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Resumen de las Revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús
a la mística Sor Josefa Menéndez; se venden por un precio
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sábado, 30 de marzo de 2024

MI MADRE NO ME ABANDONÓ. Sábado Santo, según las revelaciones de Sor Josefa Menéndez

 


               Seguid  Conmigo unos momentos y a los pocos pasos me veréis en presencia de Mi Madre Santísima, que con el Corazón traspasado de dolor sale a Mi encuentro para dos fines: cobrar nueva fuerza para sufrir a la vista de Su Dios... y dar a Su Hijo con Su actitud heroica aliento para continuar la Obra de la Redención.

               Considerad el Martirio de estos dos Corazones: lo que más ama Mi Madre es Su Hijo... y no puede darme ningún alivio, y sabe que Su vista aumentará Mis sufrimientos. 

               Para Mí lo más grande es Mi Madre, y no solamente no la puedo consolar, sino que el lamentable estado en que Me ve procura a Su Corazón un sufrimiento semejante al Mío. ¡La muerte que Yo sufro en el Cuerpo la recibe Mi Madre en el Corazón! ¡Ah! ¡Cómo se clavan en Mí Sus ojos, y los Míos, oscurecidos y ensangrentados, se clavan también en Ella! No pronunciamos una sola palabra; pero ¡cuántas cosas se dicen Nuestros Corazones en esta dolorosa mirada!...

               Sí, Mi Madre estuvo presente a todos los tormentos de Mi Pasión, que por revelación divina se presentaba a Su Espíritu. Además, varios discípulos, aunque permaneciendo lejos por miedo a los judíos, procuraban enterarse de todo e informaban a Mi Madre. Cuando supo que ya se había pronunciado la sentencia de muerte, salió a Mi encuentro y no Me abandonó hasta que Me depositaron en el sepulcro. 



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               No estáis solos, vosotros por quienes he dado Mi vida. Tenéis ahora una Madre a la que podéis recurrir en todas vuestras necesidades. Y ahora el Amor Me lleva a unir a todos los hombres con lazos de hermandad, dándoles a todos Mi misma Madre.


Extraído de "Un Llamamiento al Amor", 
Revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús 
a la humilde religiosa Sor Josefa Menéndez



viernes, 29 de marzo de 2024

JESÚS TENDIDO EN LA CRUZ. Viernes Santo, según las revelaciones de Sor Josefa Menéndez

  


               ¡Contempladme, Ángeles del Cielo!... ¡Ved al Creador de todas las maravillas, al Dios a quien rinden adoración los Espíritus Celestiales, caminando hacia el Calvario y llevando sobre Sus hombros el leño santo y bendito que va a recibir Su último suspiro!... 

               Vedme también vosotras, almas que deseáis ser Mis fieles imitadoras. Mi Cuerpo, destrozado por tanto tormento, camina sin fuerzas, bañado de sudor y de Sangre... ¡Sufro... sin que nadie se compadezca de Mi dolor!... La multitud me acompaña y no hay una sola persona que tenga piedad de Mí!... ¡Todos me rodean como lobos hambrientos, deseosos de devorar su presa!

               Seguid conmigo unos momentos y a los pocos pasos me veréis en presencia de Mi Madre Santísima, que con el Corazón traspasado de dolor sale a Mi encuentro para dos fines: cobrar nueva fuerza para sufrir a la vista de Su Dios..., y dar a Su Hijo con su actitud heroica aliento para continuar la obra de la Redención.

               Para Mí lo más grande es Mi Madre, y no solamente no la puedo consolar, sino que el lamentable estado en que me ve procura a Su Corazón un sufrimiento semejante al mío. ¡La muerte que Yo sufro en el Cuerpo la recibe Mi Madre en el Corazón! ¡Ah! ¡Cómo se clavan en Mí Sus ojos, y los Míos, oscurecidos y ensangrentados, se clavan también en Ella! No pronunciamos una sola palabra; pero ¡cuántas cosas se dicen Nuestros Corazones en esta dolorosa mirada!...

               Pero... ha llegado la hora, y tendiéndome sobre la Cruz, los verdugos cogen Mis brazos y los estiran para que lleguen a los taladros preparados en ella. Con tal atroces sacudidas todo Mi Cuerpo se quebranta, se balancea de un lado a otro y las espinas de la corona penetran en Mi cabeza más profundamente. ¡Oíd el primer martillazo que clava Mi mano derecha...; resuena hasta las profundidades de la tierra!... Ya clavan mi mano izquierda...; ante semejante espectáculo los Cielos se estremecen; los Ángeles se postran. ¡Yo guardo profundo silencios... ¡Ni una queja se escapa de Mis labios! Después de clavarme las manos, tiran cruelmente de los pies...; las llagas se abren..., los nervios se desgarran..., los huesos se descoyuntan... ¡El dolor es inmenso!... ¡Mis pies quedan traspasados..., y Mi Sangre baña la tierra!...

               ¡Estad atentos, Ángeles del Cielo!, y vosotros, todos los que me amáis. Los soldados van a dar la vuelta a la Cruz para remachar los clavos y evitar que, con el peso de Mi Cuerpo, se salgan y lo dejen caer. ¡Mi Cuerpo va a dar a la tierra el beso de paz! ¡Mientras los martillazos resuenan por el espacio, en la cima del Calvario se realiza el espectáculo más admirable!... A petición de Mi Madre, que contemplando lo que pasaba y siéndole a Ella imposible darme alivio, implora la Misericordia de Mi Padre Celestial..., legiones de Ángeles bajan a sostener mi Cuerpo adorable para evitar que roce la tierra y que lo aplaste el peso de la Cruz...

               ¡Contempla a tu Jesús tendido en la Cruz!..., sin poder hacer el menor movimiento..., desnudo..., sin fama..., sin honra, sin libertad... Todo se lo han arrebatado... ¡No hay quien se apiade y se compadezca de Su dolor...; sólo recibe tormentos, escarnios y burlas!...; si me amas de veras, ¿qué no harás para asemejarte a Mí? ¿A qué no estarás dispuesta para consolarme?. Y ¿qué rehusarás a Mi Amor?. 


Extraído de "Un Llamamiento al Amor", 
Revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús 
a la humilde religiosa Sor Josefa Menéndez



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jueves, 28 de marzo de 2024

ALIMENTARSE CON MI CUERPO Y CON MI SANGRE. Jueves Santo, según las revelaciones de Sor Josefa Menéndez

   

              En la Cuaresma de 1923, Nuestro Señor reveló a Sor Josefa Menéndez los sentimientos de Su Corazón durante Su Sagrada Pasión. La mística española recibía de rodillas las Confidencias de su Maestro y mientras Él hablaba, ella las escribía.


Josefa, Esposa y Víctima de Mi Corazón, 
voy a hablarte de Mi Pasión, para que 
sea el objeto constante de tu pensamiento
y de Mis confidencias con las almas...



               En el momento de instituir la Eucaristía vi presentes a todas las almas privilegiadas que habían de alimentarse con Mi Cuerpo y con Mi Sangre y los diferentes efectos producidos en ellas. Para unas, sería remedio a su debilidad; para otras, fuego que consumiría sus miserias y las inflamaría en Amor. ¡Ah!... Esas almas reunidas ante Mí serán como un inmenso jardín en el que cada planta produce diferente flor; pero todas Me recrean con su perfume. Mi Sagrado Cuerpo será el sol que las reanime. Me acercaré a unas para consolarme, a otras para ocultarme, en otras descansaré. Si supierais, almas amadísimas, cuán fácil es consolar, ocultar y descansar a todo un Dios!.

               Este Dios que os ama con Amor infinito, después de libraros de la esclavitud del pecado, ha sembrado en vosotros la gracia incomparable de la vocación religiosa, os ha traído de un modo misterioso al jardín de sus delicias. Este Dios Redentor vuestro se ha hecho vuestro Esposo. Él mismo os alimenta con Su Cuerpo purísimo, y con Su Sangre apaga vuestra sed. En Él encontraréis el descanso y la felicidad.

               Qué amargura sentí en Mi Corazón cuando vi a tantas almas que, después de haberlas colmado de bienes y de caricias, habían de ser motivo de tristeza para Mi Corazón. 

               ¿No soy siempre el mismo?... ¿Acaso he cambiado para vosotras?... No, Yo no cambiaré jamás, y hasta el fin de los siglos os amaré con predilección y con ternura. Sé que estáis llenas de miserias, pero esto no Me hará apartar de vosotras Mis miradas más tiernas, y con ansia os estoy esperando, no sólo para aliviar vuestras miserias, sino también para colmaros de nuevos beneficios. 

               Si os pido amor, no Me lo neguéis; es muy fácil amar al que es el Amor mismo. Si os pido algo costoso a vuestra naturaleza, os doy juntamente la gracia y la fuerza necesaria para venceros. Os he escogido para que seáis Mi consuelo. Dejadme entrar en vuestra alma, y si no encontráis en ella nada que sea digno de Mí, decidme con humildad y confianza: Señor, ya veis los frutos y las flores que produce mi jardín. Venid y decidme qué debo hacer para que desde hoy empiece a brotar la flor que deseáis. Si el alma me dice esto con verdadero deseo de probarme su amor le responderé: alma querida, para que tu jardín produzca hermosas flores, deja que Yo mismo las cultive; deja que Yo labre la tierra; empezaré por arrancar hoy esta raíz que Me estorba y que tus fuerzas no alcanzan a quitar. 

               No te turbes si te pido el sacrificio de tus gustos, de tu carácter..., tal acto de caridad, de paciencia, de abnegación..., de celo, de mortificación, de obediencia. Este es el abono que mejorará la tierra y la hará producir flores y frutos. La victoria sobre tu carácter, en tal ocasión, obtendrá luz para un pecador; con esta contrariedad soportada con alegría, cicatrizarás las heridas que Me hizo con su pecado, repararás la ofensa y expiarás su falta... 

               Si no te turbas al recibir esta advertencia y la aceptas con cierto gozo alcanzarás que las almas a quienes ciega la soberbia abran los ojos a la luz y pidan humildemente perdón. Esto haré Yo en tu alma si Me dejas trabajar libremente: en ella no sólo brotarán flores en seguida, sino que darás gran consuelo a Mi Corazón... 

               Señor, ya veis que estaba dispuesta a dejaros hacer de mí lo que quisierais y no sé cómo he caído y os he disgustado. ¿Me perdonaréis? ¡Soy tan miserable!... ¡No sirvo para nada!... Sí, alma querida, sirves para consolarme. No te desanimes, porque si no hubieses caído tal vez no hubieras hecho este acto de humildad y de amor que la falta te obliga a hacer y que tanto Me consuela. Ánimo y adelante. Déjame trabajar en ti. Todo esto se Me puso delante al instituir la Eucaristía: el Amor Me encendía en deseos de ser el Alimento de las almas. No Me quedaba entre los hombres para vivir solamente con los perfectos, sino para sostener a los débiles y alimentar a los pequeños. Yo los haré crecer y robusteceré sus almas. Descansaré en sus miserias y sus buenos deseos Me consolarán.

               Pero, ¡ay, Josefa! Entre las almas escogidas, ¿no habrá algunas que Me causen pena?... ¿Perseverarán todas?... Este es el grito de dolor que se escapa de Mi Corazón. Este es el gemido que quiero oigan las almas. 

              Basta por hoy. Adiós. No sabes cuánto Me consuelas cuando te entregas a Mí con entero abandono... No todos los días puedo hablar a las almas. Deja que para ellas, te diga Mis secretos... Déjame aprovechar los días de tu vida...


Extraído de "Un Llamamiento al Amor", Revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús 
a la humilde religiosa Sor Josefa Menéndez



viernes, 29 de diciembre de 2023

ORACIÓN para obtener gracias por intercesión de Sor Josefa Menéndez

 



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CENTENARIO DE SOR JOSEFA MENÉNDEZ, Confidente y Víctima del Sagrado Corazón de Jesús

 


               Josefa Menéndez y del Moral nació en Madrid el 4 de Febrero de 1890, en un hogar modesto pero muy cristiano, bien pronto visitado por el dolor. A la edad de cinco años Josefa recibió la Confirmación, y el Espíritu Santo se apoderó del pequeño Instrumento para hacerlo dócil a la acción divina. Tenía siete años cuando se confesó por primera vez, en un Primer Viernes, día memorable en su vida, del que escribía más tarde: "3 de Octubre de 1897: Mi primera confesión. ¡Si siempre tuviera la misma contrición de aquel día!".

               Cumplidos los once años, por recomendación de su Director Espiritual, Padre José María Rubio (que ingresó más tarde en la Compañía de Jesús), la admitieron las Religiosas de María Reparadora en el grupo de niñas que, por las tardes, se reunían para prepararse a la primera comunión, y los deseos de Josefa se enardecían a la perspectiva de tan dichoso día. Cuando llegó su Primera Comunión escribiría: "Desde hoy, 19 de Marzo de 1901, prometo a mi Jesús, delante del Cielo y de la tierra, poniendo por testigos a mi Madre la Virgen Santísima y a mi Padre y Abogado San José, guardar siempre la preciosa virtud de la virginidad, no teniendo otro deseo que agradar a Jesús, ni otro temor que disgustarle. Enseñadme, ¡Dios mío!, cómo queréis que sea vuestra del modo más perfecto, para siempre amaros y nunca ofenderos. Esto lo quiero y pido hoy, día de mi Primera Comunión. Virgen Santísima, os lo pido hoy, que es la fiesta de vuestro Esposo San José". Josefa conservó preciosamente el testimonio de su primera ofrenda, y la hojita amarillenta, escrita con gruesos caracteres de letra infantil, fue hasta su muerte el tesoro de su fidelidad.

               La muerte del padre, piadosamente asistido por el Reverendo Padre Rubio, dejó a la jovencita como único apoyo de su madre y de dos hermanas, a las que sostenía con su trabajo. Josefa hábil costurera, conoció las privaciones y preocupaciones, el trabajo asiduo y las vigilias prolongadas de la vida obrera, pero su alma enérgica y bien templada vivía ya del amor del Corazón de Jesús, que le atraía a sí irresistiblemente. Su carácter jovial, el ardor que ponía en todo, su intuición para adivinar lo que agradaba a los demás, olvidándose a sí misma, hacían de ella el alma de su hogar en el que todo era dicha y unión y donde las alegrías mejores iban siempre marcadas con el sello de la Fe. Durante mucho tiempo deseó la vida religiosa, sin que le fuese dado romper los lazos que la unían al mundo; su trabajo era necesario a los suyos y su corazón, tan amante y tan tierno, no se resolvía a separarse de su madre, que a su vez creía no poder vivir sin el cariño y el apoyo de su hija mayor.



               Por fin, el 5 de Febrero de 1920, Josefa dejaba a su hermana a su hermana ya en edad al cuidado de su madre y abandonaba su casa y su Patria querida, para seguir más allá de la frontera a Aquél cuyo amor divino y soberano tiene derecho a pedírselo todo. Sola y pobre se presentó en Poitiers, en el convento del Sagrado Corazón de los Feuillants, santificado en otros tiempos por la estancia en él de Santa María Magdalena Sofía Barat. Allí se había reanudado hacía poco la obra de la Santa Fundadora y a su Sombra florecía de nuevo un Noviciado de Hermanas Coadjutoras del Sagrado Corazón. Nadie pido sospechar los designios divinos que ya empezaban a ser realidad. Sencilla y laboriosa, entregada por completo a su trabajo y a su formación religiosa, Josefa en nada se distinguía de las demás, desapareciendo en el conjunto. 

               El 16 de Julio de 1920, Josefa vestía el Santo Hábito. Gracias a la caridad de las Madres del Sagrado Corazón de Madrid, su madre y su hermana Ángela, pudieron acompañarla ese día; para su corazón tierno y amante fue gran consuelo verlas y hacerles compartir su dicha. Volvieron dos años después, el 16 de Julio de 1922, día radiante de sus primeros votos. Ni ellas, ni la familia religiosa de Josefa, pudieron traslucir la misteriosa unión que se realizaba entre el Corazón de Jesús y el de su Esposa.

               El espíritu de mortificación de que estaba animada, la intensa vida interior que practicaba, y una como sobrenatural intuición en cuanto a su vocación se refería, llamaba la atención de algunas personas que la trataron con más intimidad. Pero las gracias de Dios permanecieron ocultas a cuantas la rodeaban, y desde el día de su llegada hasta su muerte, logró pasar desapercibida, en medio de la sencillez de una vida de la más exquisita fidelidad. Y en esta vida oculta, Jesús le descubrió su Corazón. "Quiero —le dijo— que seas el Apóstol de Mi Misericordia. Ama y nada temas. Quiero lo que tú no quieres... pero puedo lo que tú no puedes... A pesar de tu gran indignidad y miseria, me serviré de ti para realizar Mis designios". Desde entonces y hasta poco antes de su muerte, Sor Josefa recibiría numerosas revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús, de la Virgen Santísima y también de algunos Santos; en otras ocasiones sería místicamente trasportada al Purgatorio y hasta el Infierno... todo de cuanto fue confidente y testigo sobrenatural, lo recogió por escrito, siguiendo las indicaciones de su Superiora y de su Confesor. Todos estos dones de Dios permanecieron ocultos a sus propios ojos y a su alrededor, y desde que ingresó en el Convento, hasta la muerte, pasó inadvertida bajo el velo de una vida perfectamente fiel.

               Viéndose objeto de estas predilecciones divinas, y ante el Mensaje que debía transmitir, la humilde Hermanita temblaba y sentía levantarse gran resistencia en su alma. La Santísima Virgen fue entonces para ella la estrella que guía por camino seguro, y encontró en la Obediencia su mejor y único refugio, sobre todo, al sentir los embates del enemigo de todo bien, a quien Dios dejó tanta libertad. Su pobre alma experimentó terribles asaltos del infierno, y en su cuerpo llevó a la tumba las huellas de los combates que tuvo que sostener. Con su vida ordinaria de trabajo callado, generoso v a veces heroico, ocultaba el misterio de gracia y de dolor que lentamente consumía todo su ser. 

               Por su experiencia como costurera fue designada para la hechura de los uniformes del Colegio; en cuanto hizo los Votos le confiaron la dirección del taller, con algunas novicias y postulantes para ayudarla. Sin escatimar trabajo las formaba, distribuyéndoles con discernimiento la labor, remediando sus torpezas con bondad.

               Después de pasar por pruebas misteriosas y que debían completar su corona y consumar su ofrenda, se realizaba para Josefa en la soledad de su último suspiro la palabra del Divino Maestro: "Sufrirás, y abismada en el sufrimiento, morirás... No busques alivio ni descanso: no lo encontrarás, puesto que Yo Soy el que así lo dispongo..." . 



               A principios de Diciembre de 1923, Sor Josefa guardaba cama por un fuerte agotamiento; allí emitiría su Profesión Religiosa al tiempo que recibía la Extremaunción. Obedeciendo a sus Superioras, Josefa tuvo aún fuerzas para escribir una carta de despedida a su madre y a sus hermanas. No pueden leerse sin emoción estos renglones tan sencillos y tan fervorosos. Dice así: "Miren, queridas mías; yo estoy contenta de morir porque sé que es la Voluntad de Aquel que amo. Además, mi alma tiene deseo de poseerle y verle sin velos, como se le ve aquí en la tierra... No lloren, ni estén tristes. Miren que la muerte es el principio de la vida para el alma que ama y espera. Nuestra separación será corta, porque la vida pasa muy pronto y luego estaremos juntas toda la eternidad. No crean que estoy triste. Estos cuatro años de vida religiosa han sido para mí cuatro años de cielo. Lo único que deseo para mis hermanas, es que gocen como he gozado, pues crean que nada da tanta paz como hacer la Voluntad de Dios. No crean que muero de sufrimiento ni de pena, al contrario. ¿Mi muerte?, creo que es más, ¡de amor! Yo no me siento enferma, pero tengo algo que me hace desear el Cielo porque no puedo pasar sin ver e Jesús y a la Virgen...Muero muy feliz, pero nada me da esta felicidad sino el saber que he hecho la Voluntad de Dios. El me ha hecho marchar por caminos muy contrarios a mi gusto y a mis deseos, pero me recompensa en estos últimos días de mi vida que me encuentro envuelta en la paz del Cielo".

               En la consumación del más fiel Amor, Sor Josefa entregaba su alma a Dios un Sábado, 29 de Diciembre 1923, a las ocho de la noche. Al instante, una impresión sobrenatural de gracia y de paz, se esparció por toda la Casa; el Cielo parecía descender a la celda de la Hermana. Rodeada de azucenas, Josefa descansaba... Su rostro reflejaba la estabilidad serena de la eternidad, con una expresión de majestad que impresionaba. Parecía que el Sagrado Corazón de Jesús, resplandeciendo ya a través de los restos mortales de Su pequeño instrumento, oculto hasta entonces de modo tan divino, comenzaba a descubrir a las almas el Llamamiento ardiente de Su Amor.

               Te animo a hacerte con un ejemplar de "UN LLAMAMIENTO AL AMOR"  y que divulgues su lectura, como eficaz apostolado de quienes desean que el Corazón de Jesús sea más conocido y amado. Puedes adquirir (toca AQUÍun resumen del mismo libro en un folleto editado en Barcelona (España), por un precio muy económico, a fin de distribuirlo fácilmente entre otras muchas almas.



viernes, 22 de diciembre de 2023

LAS SÚPLICAS DEL ALMA QUE TODO LO ESPERA DE MÍ. En el Centenario de Sor Josefa Menéndez

     

               Sor Josefa Menéndez fue una humilde religiosa lega, casi analfabeta y que jamás destacó en nada; a su muerte -que ahora celebramos el centenario- el mundo entero conoció las enormes gracias que el Sagrado Corazón de Jesús quiso regalar a esta sencilla mujer, que escribió, por estricta obediencia, todo cuanto el Divino Salvador quiso compartir con ella a través de hermosas e íntimas confidencias; compiladas en un libro titulado "Un Llamamiento al Amor", recibirían no sólo la aprobación de la Iglesia, sino además, la recomendación particular del entonces Cardenal Eugenio Pacelli, luego Papa Pío XII.

                Te animo pues a hacerte con un ejemplar de "UN LLAMAMIENTO AL AMOR"  y que divulgues su lectura, como eficaz apostolado de quienes desean que el Corazón de Jesús sea más conocido y amado. Puedes adquirir (toca AQUÍun resumen del mismo libro en un folleto editado en Barcelona (España), por un precio muy económico, a fin de distribuirlo fácilmente entre otras muchas almas.



               Yo pregunto: ¿es posible amar de veras a quien apenas se conoce?... ¿Se puede hablar íntimamente con aquel de quien vivimos alejados o en quien no confiamos bastante?... Esto es, precisamente, lo que quiero recordar a Mis almas escogidas..., nada nuevo, sin duda, pe ¿no necesitan reanimar la Fe, el Amor, la Confianza? Quiero que Me traten con más intimidad, que me busquen en ellas, dentro de ellas mismas, pues ya saben que el alma en gracia es morada del Espíritu Santo; y, allí, que me vean como Soy, es decir, como Dios, pero Dios de Amor... 

               Que tengan más amor que temor, que sepan que Yo las amo y que no lo duden; pues hay muchas que saben que las escogí porque las amo, pero cuando sus miserias y sus faltas las agobian, se entristecen creyendo no les tengo ya el mismo amor que antes. Estas almas no Me conocen; no han comprendido lo que es Mi Divino Corazón... porque precisamente sus miserias y sus faltas son las que inclinan hacia ellas Mi Bondad. Si reconocen su impotencia y su debilidad, y se humillan y vienen a Mí llenas de confianza, Me glorifican mucho más que antes de haber caído. Lo mismo sucede cuando Me piden algo para sí o para los demás... si vacilan, si dudan de Mí, no honran a Mi Corazón. 

               Cuando el Centurión vino a pedirme que curase a su criado, Me dijo con gran humildad: "Yo no soy digno de que Vos vengáis a mi casa"; mas, lleno de Fe y de Confianza, añadió: "Pero Señor, decid sólo una palabra y mi criado quedará curado..." Este hombre conocía Mi Corazón, sabía que no puedo resistir a las súplicas del alma que todo lo espera de Mí. Este hombre Me glorificó mucho, porque a la humildad añadió firme y entera confianza. Sí, este hombre conocía Mi Corazón y, sin embargo, no Me había manifestado a él como Me manifiesto a Mis almas escogidas. 

               Por medio de la confianza, obtendrán copiosísimas gracias para sí mismas y para otras almas. Quiero que profundicen esta verdad porque deseo que revelen los caracteres de Mi Corazón a las pobres almas que no Me conocen.


Extraído de "Un Llamamiento al Amor", 
Revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús 
a la mística española Sor Josefa Menéndez

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viernes, 15 de diciembre de 2023

SU VIDA UNA CONTINUA UNIÓN CON LA MÍA. En el Centenario de Sor Josefa Menéndez

  

               Sor Josefa Menéndez fue una humilde religiosa lega, casi analfabeta y que jamás destacó en nada; a su muerte -que ahora celebramos el centenario- el mundo entero conoció las enormes gracias que el Sagrado Corazón de Jesús quiso regalar a esta sencilla mujer, que escribió, por estricta obediencia, todo cuanto el Divino Salvador quiso compartir con ella a través de hermosas e íntimas confidencias; compiladas en un libro titulado "Un Llamamiento al Amor", recibirían no sólo la aprobación de la Iglesia, sino además, la recomendación particular del entonces Cardenal Eugenio Pacelli, luego Papa Pío XII.

                Te animo pues a hacerte con un ejemplar de "UN LLAMAMIENTO AL AMOR"  y que divulgues su lectura, como eficaz apostolado de quienes desean que el Corazón de Jesús sea más conocido y amado. Puedes adquirir (toca AQUÍun resumen del mismo libro en un folleto editado en Barcelona (España), por un precio muy económico, a fin de distribuirlo fácilmente entre otras muchas almas.



               ¡Cuántas almas encontrarán la vida en mis palabras! ¡Cuántas cobrarán ánimo al ver el fruto de sus trabajos! Un actito de generosidad, de paciencia, de pobreza, puede ser un tesoro que gane para mi Corazón gran número de almas. Yo no miro la acción, miro la intención. El acto más pequeño hecho por amor, ¡adquiere tanto mérito y puede darme tanto consuelo!... Mi Corazón da valor divino a esas cosas tan pequeñas. Lo que Yo quiero es amor. No busco más que amor. No pido más que amor. 

               El alma que sabe hacer de su vida una continua unión con la Mía, Me glorifica mucho y trabaja útilmente en bien de las almas. Está por ejemplo, ejecutando una acción que en sí misma no vale mucho, pero la empapa en Mi Sangre o la une a aquella acción hecha por Mí durante Mi vida mortal, el fruto que logra para las almas es tan grande o mayor quizá que si hubiera predicado al universo entero, y esto, sea que estudie o que hable, que escriba, ore, barra, cosa o descanse; con tal que la acción reúna dos condiciones: primera, que esté ordenada por la obediencia o por el deber no por el capricho; segunda, que se haga en íntima unión Conmigo, cubriéndola con Mi Sangre y con gran pureza de intención. ¡Cuánto deseo que las almas comprendan esto! ¡Que no es la acción lo que tiene en sí valor, sino la intención y el grado de unión con que se hace! Barriendo y trabajando en el taller de Nazaret, di tanta Gloria a Mi Eterno Padre como cuando prediqué durante Mi vida pública. 

               Hay muchas almas que a los ojos del mundo tienen un cargo elevado, y en él dan grande Gloria a Mi Corazón, es cierto, pero tengo muchas otras que, escondidas y en humildes trabajos, son obreras muy útiles a mi viña, porque es el amor el que las mueve y saben envolver en oro sobrenatural las acciones más pequeñas, empapándolas en mi Sangre. 

               Si desde por la mañana se unen a Mí y ofrecen el día con ardiente deseo de que Mi Corazón se sirva de sus acciones para provecho de las almas, y van, hora por hora y momento por momento, cumpliendo por amor con su deber, ¡qué tesoros adquieren en un día!... ¡Yo les iré descubriendo más y más Mi Amor!... ¡Es inagotable!... ¡Y es tan fácil al alma que ama dejarse guiar por el Amor!


Extraído de "Un Llamamiento al Amor", 
Revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús 
a la mística española Sor Josefa Menéndez

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