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martes, 5 de agosto de 2025

LAS ROSAS DE SANTA TERESITA: ALMAS VÍCTIMAS, HIJAS ESPIRITUALES DE LA SANTA CARMELITA DE LISIEUX. BIENAVENTURADO TEÓFANO VÉNARD

 

                    Había pasado casi un año desde que Santa Teresita leyó sobre el entonces Venerable Padre Teófano Vénard, Mártir, y le rezó una novena para su curación. Continuó sintiendo gran devoción por él y conservaba una imagen suya en la enfermería. También había deseado profundamente una reliquia suya, pero no la había recibido, así que la aceptó como la Voluntad de Dios. Esto cambió el 6 de Septiembre, cuando la Madre María le trajo la reliquia que tanto deseaba. Santa Teresita la besó repetidamente y le explicó por qué lo amaba tanto: "Théophane Vénard es un pequeño Santo; su vida no estuvo marcada por nada extraordinario. Sentía una ardiente devoción a Nuestra Madre Inmaculada y un tierno amor por su familia. Y yo también amo a mi familia con tierno amor; no comprendo a los santos que no comparten mis sentimientos...".




                    Aquí hay un extracto de lo que Santa Teresita copió de las últimas cartas del Beato Teófano Vénard; estas cartas expresan los mismos sentimientos que tenía la Santa carmelita en su corazón, razón por la cual le tenía tanta devoción al jóven Mártir.

            "No encuentro nada en la tierra que me haga verdaderamente feliz; los deseos de mi corazón son demasiado vastos, y nada de lo que el mundo llama felicidad puede satisfacerlos. El tiempo pronto se acabará para mí; mis pensamientos están fijos en la eternidad. Mi corazón está lleno de paz, como un lago tranquilo o un cielo sin nubes. No me arrepiento de esta vida en la tierra. Tengo sed de las aguas de la Vida Eterna...

            Dentro de poco, mi alma habrá abandonado esta tierra, habrá terminado su exilio, habrá concluido su combate. Voy al Cielo. Estoy a punto de entrar en la Morada de los Bienaventurados: para ver lo que el ojo nunca ha visto, para oír lo que el oído nunca ha oído, para gozar de lo que el corazón humano no ha concebido... He llegado a la hora tan anhelada por todos nosotros. Es cierto que Nuestro Señor elige a los pequeños para confundir a los grandes de esta tierra. No confío en mi propia fuerza, sino en Aquel que, en la Cruz, venció los poderes del Infierno.

            Soy una flor de primavera que el Divino Maestro recoge para Su placer. Todos somos flores, plantadas en esta tierra, y Dios nos recogerá a su debido tiempo, algunas antes, otras después... Yo, pequeña flor de un día, ¡soy la primera en ser recogida! Pero nos volveremos a encontrar en el Paraíso, donde la alegría eterna será nuestra porción".

                    El Bienaventurado Teófano Vénard fue un misionero francés que sirvió en Indochina. Fue arrestado en Vietnam el 30 de Noviembre de 1860 y declarado culpable de proselitismo poco después. Permaneció en prisión hasta su decapitación el 2 de Febrero de 1861 en Tonkín, Vietnam, cuando contaba 31 años de edad. Durante su encarcelamiento, entre Diciembre y Enero, el Padre Teófano escribió numerosas y hermosas cartas a familiares y otras personas. La Hermana Teresa se refiere a estas cartas anteriormente. Camino a su ejecución, el verdugo le preguntó qué le daría si le permitía morir pronto, a lo que el joven Sacerdote respondió: «Cuanto más dure, mejor». En 1909 fue beatificado por el Papa San Pío X.



jueves, 10 de julio de 2025

LAS ROSAS DE SANTA TERESITA: ALMAS VÍCTIMAS, HIJAS ESPIRITUALES DE LA SANTA CARMELITA DE LISIEUX. MARCEL VAN

 

               “Como mi destino es ser un pétalo desprendido, pienso que en mi vida no habrá casi ninguna dulzura. El sufrimiento, he aquí la imagen de toda mi vida. Sí, Padre, es verdad, muy temprano conocí el sufrimiento, y casi toda mi vida ha sido un sufrimiento”. (Hno. Marcel Van)



                    Marcel Van nació en Vietnam el 15 de Marzo de 1928. A los 7 años dejó su hogar y empezó a estudiar en una casa parroquial, como solía hacerse entonces allí. Pronto, el Demonio, rabioso por la inocencia y el ejemplo que el pequeño da a todos, empezó a asediarlo a través de la envidia y de la malicia de un catequista, que le proporcionaba humillaciones y vejaciones inimaginables: trató varias veces violarlo, sin conseguirlo; con pretexto de educarlo en la penitencia, le impuso recibir cada noche, dieciocho golpes de bambú, prohibiéndole decírselo a nadie. 

                    Aprovechando la ausencia del Párroco, le puso como condición para comulgar recibir tres golpes de bambú, que él aceptó valientemente para no verse privado de Jesús. Al final, llegó a negarle el alimento y Van, para no morir de hambre, tuvo que dejar de comulgar diariamente.

                    El niño se aferró a la Virgen, particularmente al Rosario. Para doblegarlo su catequista se lo quitó pero el pequeño Marcel acabó rezándolo con los dedos, dispuesto a que se los cortaran, si fuera necesario, antes de dejar de rezarlo. 

                    La desgracia llegó también a su familia con unas terribles inundaciones, primero, y con la caída de su padre en la bebida y el juego, lo cual les causó una penuria económica que impidió que pudieran seguir enviando dinero para los estudios de Marcelo.

                    A raíz de eso, el Párroco le perdió todo el respeto al niño y lo tomó por su siervo. Pasó hambre en una casa de costumbres pervertidas, sin estudia, Marcel veía que se alejaba de él su deseo de ser Sacerdote... su único consuelo fue Jesús Sacramentado.

                    Con 12 años se escapó de la Parroquia y regresó a su casa. Sus padres no le creyeron y lo devolvieron. Su madre comprobó después que tenía razón pero por su pobreza económica le pidió que se quedara allí hasta encontrar algo mejor. Más tarde volvería a escaparse y durante dos semanas vivió como un vagabundo, trabajando en condiciones miserables. Famélico, sucio, andrajoso e irreconocible, decidió volver a su casa familiar, donde el ambiente seguía siendo hostil.

                    Sin embargo, a partir de la Nochebuena de 1940, la alegría le visitó.  Como en otro tiempo su hermana mayor, Santa Teresita, había recibido su particular gracia de la Navidad, que la fortaleció de su carácter sensible y susceptible, preparándola para su entrada en el Carmelo, Marcel Van también recibió su gracia de Navidad que le consoló, le fortaleció interiormente, y le reveló su misión.

                    En esa noche de Navidad recibió una luz que le hizo experimentar poderosamente que el sufrimiento es un regalo del amor de Dios. Su alma no solo se iluminó sino que se llenó de un gozo inefable. Acababa de recibir su misión: transformar el sufrimiento en alegría.

                    Marcel tuvo además una terrible visión de los pecados del mundo, especialmente contra la pureza. En ese momento, ante la imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro hizo voto de guardar su virginidad por toda la vida, a la vez que emprendió una cruzada por la pureza y se impuso, durante tres meses, oraciones y penitencias por esta intención.

                    Con apenas 13 años y consciente de su responsabilidad sobre los más pequeños, formó la Tropa de los “Ángeles de la Resistencia” para oponerse a la corrupción moral. 

                    En Enero de 1942 ingresó en el Seminario de los Padres Dominicos de Langson; allí, su anhelo de ser Sacerdote se volvería más ardiente que nunca. Por desgracia, algunos meses después, el Seminario cerró por falta de recursos, por lo que Marcel fue enviado a otro seminario, y ante su falta también de recursos, a la parroquia local; allí Santa Teresita salió a su encuentro.

                    Van estaba desalentado porque no encontraba ningún Santo que le ayudara. Quería probarle a Jesús su amor, pero le daba mucho miedo la penitencia. Una noche de combate espiritual, decidió ir a la sala de estudio, buscar la vida de algunos Santos, ponerlas sobre la mesa, cerrar los ojos, revolverlas, y tomar una al azar. Así lo hizo, y tomó entre sus manos "Historia de un Alma", la autobiografía de Santa Teresita. A poco de empezar su lectura, Marcel sintió de inmediato un gran alivio y una desbordante felicidad, como él mismo lo describió:

                    No había leído más de dos páginas, cuando mis ojos se llenaron de lágrimas y dos torrentes corrieron por mis mejillas, inundando las páginas del libro. Imposible seguir mi lectura. Mis lágrimas eran el testimonio de mi arrepentimiento por mi actitud anterior, y a la vez una fuente de alegría indescriptible […]. Lo que colmó mi emoción, fue este razonamiento de Santa Teresita: “Si Dios se rebajase solamente hacia las flores más bellas, símbolo de los Santos Doctores, Su Amor no sería un amor absoluto, pues lo propio del amor es abajarse hasta el extremo”. Y a continuación, poniendo como ejemplo al sol, escribe: “Así como el sol ilumina a la vez al cedro y a la pequeña flor, del mismo modo el Astro Divino ilumina particularmente a cada una de las almas, sean éstas grandes o pequeñas”».

                    Van comprendió que “Dios es amor y que el Amor se acomoda a todas las formas de amor”. Entonces podía santificarse a través de todas sus pequeñas acciones, con tal de que lo hiciera todo por amor. Aquel día Teresita se convirtió en su hermana mayor.

                    Una mañana, contemplando el amanecer, oyó una voz femenina que le llamaba: “¡Van! ¡Van! Mi querido hermanito”. Era ella hablándole. Teresita le anunció su vocación religiosa, pero no sacerdotal, y le animó:

                    “Si Dios no quiere que seas Sacerdote es para introducirte en una vida escondida en la que serás apóstol por el sacrificio y la oración, como yo lo he sido antes […]. Hermanito, alégrate y sé feliz por haber sido contado entre los Apóstoles del Divino Amor para ser la fuerza vital de los apóstoles misioneros […]. Cuando entiendas tu vocación y la gracia excepcional que Dios te ha concedido, serás tan feliz que no sabrás qué palabras utilizar para agradecérselo. Serás religioso”.

                    Entró en el Noviciado de los Redentoristas, donde tuvo coloquios interiores con Jesús, la Virgen y Santa Teresita, pero estas experiencias místicas le hicieron sufrir múltiples incomprensiones.

                    El 8 de Septiembre de 1946 terminó su autobiografía, dejando, como testamento espiritual, unas palabras de alabanza a la dulzura del Amor de Dios que supera todo sufrimiento:

                    ¡Oh dulzura del Amor que penetra todas las situaciones, que supera miles de veces los sufrimientos de este mundo, que introduce al alma en tal estado de arrobamiento que le parece no haber conocido nunca la prueba!. A pesar de todos los sufrimientos, cuando se posee el Amor, también se posee el Paraíso con todo su esplendor. Hoy, oh querido Padre, aunque la herida de mi corazón se sigue agravando, y mi peregrinación por esta tierra no ha terminado aún, sean cual sean las circunstancias, mi alma se siente feliz y en paz”.

                    En Septiembre de 1954, al año siguiente de la división en dos del Vietnam, decidió regresar voluntariamente al Vietnam del Norte, formando parte del grupo de valientes que volvieron allí para ayudar a los católicos que permanecieron en la zona comunista.

                    A los nueve meses de estar allí fue detenido por la policía comunista. Permaneció preso durante cuatro años, en durísimas condiciones. Finalmente Marcel Van, extenuado y enfermo, murió en el campo de internamiento, trabajos forzados y “reeducación” comunista número 2 del Vietnam del Norte, el 10 de Julio de 1959, con 31 años de edad. Sus últimas palabras fueron: “El Amor no puede morir”.



lunes, 9 de junio de 2025

LAS ROSAS DE SANTA TERESITA: ALMAS VÍCTIMAS, HIJAS ESPIRITUALES DE LA SANTA CARMELITA DE LISIEUX. SOR MARÍA CONSOLATA BETRONE

 


                    El Camino de Infancia Espiritual no es una novedad en cuanto a la doctrina, no inventada por los hombres. Es Doctrina de Evangelio. Santa Teresita tuvo el mérito de haber comprendido con cierta intuición este punto particular de las enseñanzas del Divino Maestro y de haberlo aplicado al complejo de la vida espiritual, enseñando al mundo su práctica con el ejemplo. ¿Cómo poder decir el número de almas ganadas a Dios por la Santa carmelita de Lisieux?, ¿o que se han santificado siguiendo su Caminito de Amor?. 

                    Una de estas almas fue Sor María Consolata Betrone: la Historia de un Alma fue la lectura que la conquistó cuando siendo jovencita, estaba toda deseosa de darse a Dios, pero incierta aún sobre el camino que iba a recorrer. En efecto, en sus apuntes autobiográficos Sor María Consolata escribió: “Un Lunes del Verano de 1924, una amiga, Gina Richetto, me suplica que le guarde un libro, que más tarde pasaría a recogerlo. Lo abro... es la “Historia de un Alma”. Después de cenar, subo al entresuelo que da al despacho, y allí a la luz del farol del camino comienzo y sigo leyendo la vida de Santa Teresita. Al recorrer aquellas páginas, me embarga una conmoción nueva. Comprendo que soy precisamente esa alma débil que el Señor ha encontrado: “Si por un imposible el Señor encontrase un alma más débil que la mía, etc... “ pero lo que me atrae irresistiblemente es la invitación a las almas pequeñas, es el vivir de amor, es aquel Jesús, a quien querría amar tanto, amarle como nadie jamás le ha amado. Experimenté entonces en mi alma algo suavemente fuerte. Ocultando en las manos mi rostro, escucho la divina llamada, que se deja sentir en el corazón, urgente y apremiante... 

                    Era la voz de la gracia que mientras estimulaba a Sor María Consolata a superar todo obstáculo en lo concerniente a la vocación religiosa, mostraba en su alma el camino que debía recorrer: el Caminito del Amor. Que no se trata aquí de una mera impresión pasajera, sino de una profunda acción de la gracia, lo verá ella más tarde explícitamente confirmado por el mismo Jesús que le dirá (27 de Noviembre de 1935): Escribió Santa Teresita: “¿Por qué no me has dado, oh Jesús, referir a todas las almas pequeñas tu condescendencia inefable?. Siento que si, por un imposible, encontrases una más débil que la mía, te complacerías en colmarla de favores aún mayores, con tal que ella se abandonase confiadamente a Tu Infinita Misericordia”. Pues he encontrado esta alma debilísima que se ha abandonado con plena confianza a Mi Infinita Misericordia: eres tú, Consolata, y por ti obraré maravillas que superarán tus inmensos deseos

                    Sor María Consolata es, pues, gloria de Santa Teresita, conquistada por ella para el Caminito de Amor; elegida por Dios para confirmar esta doctrina y revestirla de una forma concreta, en ayuda de las almas que no son llamadas al acto del puro amor contemplativo.