lunes, 24 de agosto de 2020

CATECISMO DE LA DOCTRINA CRISTIANA, del Padre Jerónimo de Ripalda. PARTE 7 Del nombre y señal del Cristiano


               El Catecismo del Padre Jerónimo Martínez de Ripalda se editó por primera vez en la ciudad de Burgos, en el año 1591; desde entonces se hizo muy popular por la sencillez a la hora de exponer la sana Doctrina Católica, usando el clásico método de preguntas y respuestas. La edición española que compartimos en estos artículos es la del año 1957.





              P. Decid, niño, ¿cómo os llamáis? 

     Responda su nombre, fulano, Pedro, Juan o Francisco, etc. Encomiéndese cada uno, y tenga devoción al Santo de su nombre. 

               P. ¿Sois Cristiano? 

     R. Sí, por la gracia de nuestro Señor Jesucristo. 

               P. ¿Qué quiere decir Cristiano? 

     R. Hombre que tiene la Fe de Cristo, que profesó en el Bautismo. 

               P. ¿Quién es Cristo? 

     R. Dios y Hombre verdadero. 

               P. ¿Cómo es Dios? 

     R. Porque es natural Hijo de Dios vivo. 

               P. ¿Cómo es Hombre? 

     R. Porque es también Hijo de la Virgen María. 

               P. ¿Por qué se llama Cristo? 

     R. Por la Unción y plenitud de gracia que tiene sobre todos. 

               P. ¿Es este Cristo el Mesías verdadero? 

     R. Sí, Padre, el prometido en la Ley y en los Profetas. 

               P. ¿Qué fueron sus oficios más principales? 

     R. Los de Salvador y Maestro. 

               P. ¿Qué Doctrina enseñó? 

     R. La Doctrina Cristiana. 

               P. ¿Cuántas partes tiene la Doctrina Cristiana? 

     R. Cuatro principales. 

              P. ¿Cuáles son? 

     R. El Credo y Mandamientos, Oraciones y Sacramentos. 

               P. ¿Cuál es la insignia y señal del Cristiano? 

     R. La Santa Cruz. 

               P. ¿Por qué? 

     R. Porque es figura de Cristo crucificado, por quien fuimos redimidos en ella. 

               P. ¿Cómo usáis de ella? 

     R. Signándome y santiguándome. 

               P. ¿Veamos cómo? 

     R. Por la señal de la Santa Cruz... etc. 

               P. ¿Cuándo está bien usar de la señal de la Cruz? 

     R. Siempre que comenzáremos alguna obra o nos viéremos en alguna necesidad.





domingo, 23 de agosto de 2020

DOMINICA XII DESPUÉS DE PENTECOSTÉS; Santa Misa desde el Instituto Mater Boni Consilii de Bruselas

SANTA MISA DEL DOMINGO XII DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Desde el Instituto Mater Boni Consilii de Bruselas,
cuyo Superior es el Obispo Geert Jan Stuyver
(Sucesión Apostólica del Arzobispo Thuc)

A las 10:00 am, horario local





El Evangelio de hoy 
San Lucas, cap. 10, vers. 23-37


              Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.

             Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.

             También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino.

             Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.

              Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.

              Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: ‘Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver’.

             ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?».

               «El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera».





EXPLICACIÓN DE LA SANTA MISA, por San Juan María Vianney, Cura de Ars. PARTE 2: La Grandeza infinita del Santo Sacrificio de la Misa


In omni loco sacrificatur et ofiertur 
Nomini Meo Oblatio Munda 

"En todas partes, es sacrificada y ofrecida 
en Mi Nombre una Oblación Pura" 


(Profeta Malaquías, cap. 1, vers.11)


Continuación del Domingo 16 de Agosto...


LA PARTE INICIAL DE LA SANTA MISA

                    El Introito representa el ardiente deseo que los Patriarcas tenían de la Venida del Mesías, y por esto se repite dos veces. Cuando el Sacerdote reza el Confíteor, se nos representa a Jesucristo cargando con nuestros pecados a fin de satisfacer a la Justicia de Dios Padre. El Kirie eleison que quiere decir: «Señor, tened piedad de nosotros», representa el miserable estado en que nos hallábamos antes de la Venida de Jesucristo. 

                    La Epístola significa la doctrina del Antiguo Testamento; el Gradual significa la penitencia que hicieron los judíos después de la predicación del Bautista; el Aleluya nos representa la alegría de un alma que ha alcanzado la gracia; el Evangelio nos recuerda la Doctrina de Jesucristo. Los diferentes signos de la Cruz que se hacen sobre el cáliz y sobre la hostia, nos recuerdan todos los sufrimientos que Jesucristo hubo de experimentar durante el curso de Su Pasión.

                     Antes de mostraros la manera cómo debéis oír la Santa Misa, he de deciros dos palabras sobre lo que se entiende por Santo Sacrificio de la Misa. 




LA GRANDEZA INFINITA DEL SACRIFICIO DE LA SANTA MISA

                    Sabéis ya que el Santo Sacrificio de la Misa es el mismo Sacrificio de la Cruz que fue ofrecido allá en el Calvario el Viernes Santo. Toda la diferencia está en que, cuando Jesucristo se inmoló sobre el Calvario, aquel Sacrificio era visible, es decir, se presenciaba con los ojos del cuerpo; Jesucristo fue inmolado a Su Padre, por manos de Sus verdugos, y derramó Su Sangre; por esto se le llama Sacrificio Cruento: lo cual quiere decir que la Sangre manaba de sus venas y se la veía correr hasta el suelo. Más, en la Santa Misa, Jesucristo se ofrece a Su Padre de una manera invisible; es decir, tal Inmolación la vemos con los ojos del alma pero no con los del cuerpo. Ved, en resumen, lo que es el Santo Sacrificio de la Misa. 

                    Mas, para daros una idea de la grandeza y excelsitud del mérito de la Santa Misa, me bastará deciros, con San Juan Crisóstomo, que la Santa Misa alegra toda la Corte Celestial, alivia a las pobres Almas del Purgatorio, atrae sobre la tierra toda suerte de bendiciones, da más Gloria a Dios que todos los sufrimientos de los Mártires juntos, que las penitencias de todos los solitarios, que todas las lágrimas por ellos derramadas desde el principio del mundo y que todo lo que hagan hasta el fin de los siglos. 

                    Si me pedís la razón de esto, ella no puede ser más clara: todos estos actos son realizados por pecadores más o menos culpables; mientras que en el Santo Sacrificio de la Misa es el Hombre - Dios, igual al Padre, quien le ofrece los Méritos de Su Pasión y Muerte. Ya veis, pues, según esto, que la Santa Misa es de un valor infinito. Por eso hallamos en el Evangelio que, en el momento de la Muerte del Salvador, se obraron muchas conversiones: el buen ladrón recibió allí la seguridad de entrar en el Paraíso, muchos judíos se convirtieron y los gentiles golpeábanse el pecho reconociéndolo por Verdadero Hijo de Dios. Resucitaron los muertos, se abrieran las peñas y la tierra tembló.

LA SANTA MISA, EL MEJOR MEDIO DE VENCER AL DEMONIO

                    Si acertásemos a asistir a la Santa Misa con toda suerte de buenas disposiciones, aunque tuviésemos la desgracia de ser tan obstinados como los judíos, más ciegos que los gentiles, más duros que las rocas que se abrieron, es certísimo que alcanzaríamos nuestra conversión. En efecto, nos dice San Juan Crisóstomo que no hay momentos tan preciosos para tratar con Dios de la salvación de nuestra alma, como aquellos instantes en que se celebra la Santa Misa, en la que el mismo Jesucristo se ofrece en Sacrificio a Dios Padre, para obtenernos toda suerte de gracias y bendiciones. «¿Estamos afligidos, dice aquel gran Santo, pues hallaremos en la Misa toda suerte de consuelos. ¿Nos agobian las tentaciones? vayamos a oír la Santa Misa, y allí hallaremos la manera de vencer al demonio.» Y, de paso, voy a citaros un ejemplo. 

EL CABALLERO QUE SE SALVÓ POR LA SANTA MISA

                    Refiere el Papa Pío II que un Caballero de la provincia de Ostia estaba continuamente atormentado por una tentación de desesperación que le inducía a ahorcarse, lo cual había intentado ya varias veces. Habiendo ido a entrevistarse con un santo religioso para exponerle el estado de su alma y pedirle consejo, el Siervo de Dios, después de haberle consolado y fortalecido lo mejor que pudo, aconséjole, que tuviese en su casa un Sacerdote que celebrase allí todos los días la Santa Misa. Díjole el Caballero que lo haría gustosamente. Al mismo tiempo fue a recluirse en un castillo de su propiedad; allí un Sacerdote celebraba lodos los días la Santa Misa, que el Caballero oía con la mayor devoción. Después de haber permanecido allí por algún tiempo con gran tranquilidad de espíritu un día el Sacerdote le pidió permiso para ir a decir la Misa en una iglesia vecina en la que se celebraba una festividad extraordinaria; el Caballero no tuvo en ello inconveniente, pues se proponía ir también allí a oír la Santa Misa. Mas una ocupación imprevista le retuvo, sin que de ello se diese cuenta, hasta el mediodía. Entonces, lleno de espanto por haber perdido la Santa Misa, cosa que no le acontecía nunca, y sintiéndose otra vez atormentado por su antigua tentación, salió de su casa, y encontrose con un lugareño que le preguntó donde iba. “Voy, dijo el Caballero, a oír la Santa Misa.” “Es ya demasiado tarde, respondió aquel hombre, pues están todas celebradas.” Fue aquélla una noticia muy cruel para el Caballero, quien se puso a dar voces, diciendo: “¡Ay!, estoy perdido, pues se me escapó la Santa Misa”. Él lugareño, que era amigo del dinero, al verle en aquel estado, le dijo: “Si queréis, os venderé la Misa que he oído y todo el fruto que de ella he sacado”. El otro, sin reflexionar siquiera, lleno de pesar como estaba por haber faltado a la Santa Misa contestó: “Pues sí, aquí tenéis mi capa”. Aquel hombre no podía venderle la Santa Misa sin cometer un grave pecado. Al separarse, el Caballero no dejó, sin embargo, de proseguir su camino hacia la iglesia para rezar allí sus oraciones. Al volverse a su casa, después de sus prácticas piadosas, halló a aquel pobre paisano colgado de un árbol en el mismo lugar donde le había aceptado su capa. Nuestro Señor, en castigo de su avaricia, permitió que la tentación del Caballero pasase al avaro. Movido por un tal espectáculo, aquel caballero dio gracias a Dios durante toda su vida, por haberle librado de un tan grande castigo, y no dejó nunca de asistir a la Santa Misa a fin de agradecer a Dios tantas bondades. A la hora de la muerte confesó que desde que asistía diariamente a la Santa Misa el demonio había dejado de inducirle a la desesperación.

                    Pues bien, ¿tiene razón San Juan Crisóstomo al decirnos que, si somos tentados, procuremos oír devotamente la Santa Misa, con la cual alcanzaremos la seguridad de que Dios nos librará de la tentación? Si tuviésemos la debida Fe, la Santa Misa sería para nosotros un remedio para cuantos males nos pudiesen agobiar durante nuestra vida. ¿No es, en efecto, Jesucristo, nuestro Médico de cuerpo y alma ?...



Continuará...



Si desea colaborar en la difusión de 
la genuina Misa Católica,
 le recomendamos imprimir el Tríptico con la Doctrina 





sábado, 22 de agosto de 2020

EL CORAZÓN DE MARÍA según San Antonio María Claret


              "Desde que Dios determinó hacerse hombre, fijó su vista en María y desde entonces dispuso todos los preparativos necesarios. Además la previno con bendiciones de dulzura y puso sobre su cabeza una corona de piedras preciosas, esto es, de gracias y bellezas, pero mucho más enriqueció su Corazón."




              "En el Corazón de María se han de entender dos cosas: el corazón material y el formal o el amor. El material, como los ojos, manos y pies. Si veneramos las reliquias de los Santos, ¡cuánto más el Corazón de María! ¡Qué reliquia tan insigne!"

              "Un hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa; que desea eficazmente y procura, por todos los medios, encender a todo el mundo en el fuego del Divino Amor. Nada le arredra; se goza en las privaciones; aborda los trabajos; abraza los sacrificios; se complace en las calumnias y se alegra en los tormentos"

               "Las tres Divinas Personas tomaron tres gotas de la sangre del Purísimo Corazón de María; de esta sangre formaron un cuerpo, criaron un alma racional y la unieron a aquel cuerpo, y al cuerpo y al alma así unidos, se unió la segunda Persona de la Santísima Trinidad; y he aquí lo que fue encarnarse o hacerse hombre el Hijo de Dios." 

          "María es, pues, el Corazón de la Iglesia. He aquí por qué brotan de él todas las obras de caridad. Sabido es que el corazón tiene dos movimientos, que llaman los facultativos sístole y diástole. Con el primero se encoge y absorbe la sangre; con el segundo se dilata y la derrama por las arterias. Así también María está continuamente ejercitando esos dos movimientos: absorbiendo la gracia de Su querido Hijo y derramándola en los pecadores"


San Antonio María Claret, 
Catecismo Explicado, Barcelona, 1848 



EL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, tu refugio y el camino que te conducirá a Dios...





“María guardaba todas estas cosas
en Su Corazón, y las meditaba” 


Evangelio de San Lucas, cap. 2, vers. 19


               Si bien la Historia de la Devoción al Corazón de María hunde sus raíces en la Edad Media, ésta, no alcanzó su plenitud hasta el siglo XVII con el enorme Apostolado que San Juan Eudes realizó en favor de los Sagrados Corazones; vería un nuevo renacer a mediados del siglo XIX por el empeño de San Antonio María Claret y en las primeras décadas del pasado siglo XX, transcurridas las Apariciones de Nuestra Señora en la aldea de Fátima, la Devoción al Inmaculado Corazón de María volvió a brillar como en épocas anteriores.

              El 4 de Marzo de 1944, con el Decreto "Cultus liturgicus", el Sumo Pontífice Pío XII extendió a toda la Iglesia la Fiesta litúrgica del Inmaculado Corazón de María, y asigno como día propio el 22 de Agosto, Octava de la Asunción. 

              Transcurridos algunos años, el mismo Papa Pío XII consagró específicamente Rusia al Inmaculado Corazón de María, mediante el Breve Apostólico "Vergente Anno", del 7 de Julio de 1952: “… al igual como hace unos años Nos consagramos todo el género humano al Inmaculado Corazón de la Virgen María, Madre de Dios, así hoy Nos consagramos, y una manera más especial, encomendamos a todos los pueblos de Rusia a este Inmaculado Corazón…



Acto de Consagración del Mundo 
al Inmaculado Corazón de María
por el Papa Pío XII


               ¡Oh Reina del Santísimo Rosario, Auxilio de los Cristianos, Refugio del Género Humano, Vencedora de todas las batallas de Dios! Ante vuestro Trono nos postramos suplicantes, seguros de impetrar misericordia y de alcanzar gracia y oportuno auxilio y defensa en las presentes calamidades, no por nuestros méritos, de los que no presumimos, sino únicamente por la inmensa Bondad de vuestro Maternal Corazón.

               En esta hora trágica de la Historia humana, a Vos, a vuestro Inmaculado Corazón, nos entregamos y nos consagramos, no sólo en unión con la Santa Iglesia, Cuerpo Místico de vuestro Hijo Jesús, que sufre y sangra en tantas partes y de tantos modos atribulada, sino también con todo el Mundo dilacerado por atroces discordias, abrasado en un incendio de odio, víctima de sus propias iniquidades.

               Que os conmuevan tantas ruinas materiales y morales, tantos dolores, tantas angustias de padres y madres, de esposos, de hermanos, de niños inocentes; tantas vidas cortadas en flor, tantos cuerpos despedazados en la horrenda carnicería, tantas almas torturadas y agonizantes, tantas en peligro de perderse eternamente.

               Vos, oh Madre de Misericordia, impetradnos de Dios la Paz; y, ante todo, las gracias que pueden convertir en un momento los humanos corazones, las gracias que preparan, concilian y aseguran la paz. Reina de la Paz, rogad por nosotros y dad al mundo en guerra la Paz por que suspiran los pueblos, la Paz en la Verdad, en la Justicia, en la Caridad de Cristo. Dadle la Paz de las armas y la Paz de las almas, para que en la tranquilidad del orden se dilate el Reino de Dios.





              Conceded vuestra protección a los infieles y a cuantos yacen aún en las sombras de la muerte; concededles la paz y haced que brille para ellos el Sol de la Verdad y puedan repetir con nosotros ante el Único Salvador del mundo: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

              Dad la paz a los pueblos separados por el error o la discordia, especialmente a aquellos que os profesan singular devoción y en los cuales no había casa donde no se hallase honrada vuestra venerada imagen (hoy quizá oculta y retirada para mejores tiempos), y haced que retornen al único Redil de Cristo bajo el único Verdadero Pastor.

              Obtened Paz y libertad completa para la Iglesia Santa de Dios; contened el diluvio inundante del neopaganismo, fomentad en los fieles el amor a la pureza, la práctica de la Vida Cristiana y del celo apostólico, a fin de que aumente en méritos y en número el pueblo de los que sirven a Dios.

              Finalmente, así como fueron consagrados al Corazón de vuestro Hijo Jesús la Iglesia y todo el género humano, para que, puestas en Él todas las esperanzas, fuese para ellos señal y prenda de victoria y de salvación; de igual manera, oh Madre nuestra y Reina del Mundo, también nos consagramos para siempre a Vos, a vuestro Inmaculado Corazón, para que vuestro amor y patrocinio aceleren el Triunfo del Reino de Dios, y todas las gentes, pacificadas entre sí y con Dios, os proclamen Bienaventurada y entonen con Vos, de un extremo a Otro de la tierra, el eterno Magníficat de Gloria, de Amor, de reconocimiento al Corazón de Jesús, en sólo el cual pueden hallar la Verdad, la Vida y la Paz.



Toque sobre la imagen para verla en su tamaño original




Decreto de la Santa Sede por el cual
se establece para el Orbe Católico
LA FIESTA DEL CORAZÓN DE MARÍA

               El culto litúrgico al Corazón de la Santísima Virgen María, cuyos lejanos antecedentes se remontan a los comentarios de los Santos Padres sobre la Esposa de los Cantares y cuyo camino prepararon en la Edad Media y en tiempos más recientes santos varones y mujeres, fue por primera vez aprobado por la Sede Apostólica a comienzos del siglo XIX, cuando el Papa Pío VII instituyó la fiesta del Purísimo Corazón de María para todas aquellas diócesis y familias religiosas que la solicitaran, fijando su piadosa y santa celebración el Domingo infraoctavo de la Asunción.

                 A mediados de la misma centuria, esta Fiesta del Purísimo Corazón de la Santísima Virgen María, que se estaba propagando cada vez más en el Orbe Católico fue dotado, por mandato de Pío IX y obra de la Sagrada Congregación de Ritos con Misa y Oficio propios.


               Además, a este culto al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María la Iglesia tributó el honor debido toda vez que, bajo el símbolo de este Corazón, se venera con gran devoción la santidad eximia y singular del alma de la Madre de Dios, y especialmente su amor ardentísimo a Dios y a su hijo Jesús, así como su piedad maternal hacia el género humano, redimido por la Sangre divina. Fortalecíase, entre tanto, en las almas tanto de los pastores como de los fieles, el afán y el deseo que la fiesta del Purísimo Corazón de la Santísima Virgen María redundase en el bien común de toda la Iglesia.


               Por lo cual, el día de la Inmaculada Concepción de 1942, nuestro Santísimo Señor el Papa Pío XII, compadecido por los gravísimos sufrimientos con los que son afligidos los Pueblos Cristianos por causa de la cruel guerra presente, consagró también a perpetuidad al Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen y Madre al género humano que ya León XIII había dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. Y para que se conservara el recuerdo de dicha consagración decretó que se extendiera a la Iglesia universal la fiesta del Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María, con misa y oficio propios, a celebrarse cada año el día 22 de Agosto en lugar de la Octava de la Asunción de la misma Santísima Virgen, con rito doble de segunda clase. Y ello para que, con el auxilio de la Santísima Madre de Dios, obtengan todos los pueblos la paz y la Iglesia de Cristo la libertad, los pecadores, libres de sus reatos, y todos los fieles en fin se hagan fuertes en el amor a la pureza y en el ejercicio de las virtudes.


               Así pues, secundando estas disposiciones del Santo Padre, el infrascripto cardenal Carlo Salotti, obispo de Palestrina y prefecto de la Sagrada Congregación de Ritos, en la audiencia del día 10 de diciembre de 1943, sometió al mismo Santísimo Señor el esquema del oficio propio y de la misa del Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María.


               Finalmente, Su Santidad aprobó el esquema presentado y mandó que se lo utilizara para la fiesta del Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María en la Iglesia universal, tal como consta en el ejemplar adjunto. Obsérvese según las rúbricas, sin que obsten cualesquiera que fueren contrarias.


               En Roma, a 4 de Marzo de 1944.


               Carlos Cardenal Salotti, Obispo de Palestrina, Prefecto




TAL VEZ LE INTERESE LEER TAMBIÉN





viernes, 21 de agosto de 2020

CATECISMO DE LA DOCTRINA CRISTIANA, del Padre Jerónimo de Ripalda. PARTE 6 El Acto de Contrición y la Confesión general


Acto de contrición 
Señor mío Jesucristo

               Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois Bondad infinita y porque os amo sobre todas las cosas, (se golpea el pecho dos veces) a mí me pesa, pésame Señor de todo corazón de haberos ofendido; yo os propongo firmemente la enmienda de nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

              Os ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Divina Bondad y Misericordia infinita, me los perdonaréis por los merecimientos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracias para enmendarme y perseverar en Vuestro santo servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.




Confesión general
Yo pecador

               Yo pecador me confieso a Dios todopoderoso, y a la Bienaventurada siempre Virgen María, al Bienaventurado San Miguel Arcángel, al Bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, y a todos los Santos, y a Vos, Padre, que pequé gravemente con el pensamiento, palabra y obra, por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. 

               Por tanto, ruego a la Bienaventurada siempre Virgen María, al Bienaventurado San Miguel Arcángel, al Bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, y a todos los Santos, y a Vos, Padre, que roguéis por mí a Dios nuestro Señor. Amén.





"...LO QUE DIOS BUSCA PARA COMUNICARSE A UN ALMA..."




               Sor Benigna Consolata Ferrero entró en la Historia de la Mística Católica por ser un alma confidente del Divino Corazón de Jesús, gracia muy especial de la que han gozado sólo pocos Santos. Desde el anonimato de la clausura, escribía cuanto le dictaba el Sagrado Corazón de Jesús, como lo hiciera el Señor con Santa Gertrudis, de modo semejante a Santa Margarita María de Alacoque y como volverá a pasar con Sor Josefa Menéndez.



De los Dictados de Jesús 
a Sor Benigna Consolata


               "Dios trata con las almas de corazón puro, como una madre trata a su niño pequeño. La pureza del corazón, la humildad del corazón, el desprendimiento de todo y especialmente de sí mismo, es lo que Dios busca para comunicarse a un alma, con una comunicación íntima y amorosa.

               Cuanto más ama un alma la pureza de corazón, tanto más apta es para el consorcio con Dios. Un alma pura es como un lirio de amor... Un alma pura es como una flor rica de néctar, que con su perfume atrae a Jesús, el cual, como una Abeja Mística, se posa sobre esa flor para hacer Su cosecha de Amor. Si un alma quiere llegar a ser pronto interior y conservar y acrecentar en sí este tesoro debe:

     1º Amar el silencio.

     2º Entregarse a una completa mortificación.

     3º Abandonarse plenamente en poder del Amor, como una caña sobre el agua.

     4º Estar cuanto más pueda en el Santuario de Su Corazón para gozar de Dios, para hablar con Dios y para darse del todo a Dios.

               La vida interior es un gran don y a menudo piensan las almas que para adquirirle, es menester hacer grandes cosas. No, Yo vinculo esta gracia de la vida interior a la fidelidad que tiene un alma a las recomendaciones de la obediencia a un Superior o al Director Espiritual...






jueves, 20 de agosto de 2020

LA GRANDEZA DEL SACERDOCIO CATÓLICO




               Grande es este Misterio, y grande es la dignidad de los Sacerdotes, a los cuales es dado lo que no es concedido a los Ángeles. Pues sólo los Sacerdotes ordenados en la Iglesia tienen poder de Celebrar y Consagrar el Cuerpo de Jesucristo. El Sacerdote es Ministro de Dios, cuyas palabras usa por Su Mandamiento y Ordenación; mas Dios es allí el principal Autor y obrador invisible, a cuya Voluntad todo está sujeto, y a cuyo Mandamiento todo obedece.

               ¡Cuán grande y honorífico es el Oficio de los Sacerdotes, a los cuales es concedido Consagrar al Señor de la Majestad con las palabras sagradas, bendecirlo con sus labios, tenerlo en sus manos, recibirlo en su propia boca, y distribuirle a los demás!


La Imitación de Cristo, por Tomás de Kempis



SAN BERNARDO, el Doctor Melífluo


              San Bernardo (Bernardo Fontaine) nace aproximadamente en 1090 en el Castillo de Fontaine-lès-Dijon, (Borgoña). Hijo de un Caballero que formaba parte del círculo del Duque de Borgoña, Bernardo nació perteneciendo al estamento nobiliario, al igual que su progenitor, aunque no a sus rangos más altos.

             Era el tercer hijo de los siete que tuvo el matrimonio. Ambos padres, aunque se cuenta que especialmente su madre, pronto advirtieron las extraordinarias cualidades intelectuales de su hijo y, por ese motivo, decidieron eximirlo de continuar la tradición familiar del oficio de las armas y hacer que se encaminara hacia una vida de estudio. Por ello, ingresó en la escuela de canónigos regulares de Châtillon-sur-Seine.





              En el año 1112 o 1113 ingresaría formalmente en la Orden del Císter, fundada bajo la Regla de San Benito, acompañado de varios de sus hermanos y otras personas que siguen su fervoroso ejemplo.

              Tan sólo dos años después de su ingreso en la Orden, en 1115, se fundan dos monasterios bajo los auspicios del Císter. Su fuerte personalidad llevó al Abad Esteban a encargarle la fundación del Monasterio de Claraval (Clairvaux). 

              A partir del año 1119, el Císter inicia su expansión por Francia y otras áreas del continente europeo. A lo largo de su vida veremos como Bernardo combina armónicamente su faceta mística y la participación en la vida pública de la Iglesia, pues, pese a su deseo de llevar una vida de retiro espiritual, constantemente será reclamado como mediador, y su consejo se tornará imprescindible gracias a su sólida y esmerada formación teológica, además de ser el Predicador principal de la Segunda Cruzada.

              Uno de sus monjes, llegaría a ser Papa y reinó con el el nombre de Honorio III. Aprovechando su amistad con San Bernardo, le solicitó al Santo que escribiese un tratado con las obligaciones de los Papas; el Santo Abad escribió varios libros al respecto llamados "De consideratione", obra que fue consultada con posterioridad por muchos Pontífices.

             Murió en su Abadía el 20 de Agosto de 1153, cuando contaba 63 años de edad. Fue canonizado en 1174 por el Papa Alejandro III y proclamado Doctor de la Iglesia por Pío VIII en 1830. Se le llamó el Doctor Melífluo por la dulzura con que llenaba los corazones con sus prédicas.

            El amor que San Bernardo sentía por María Nuestra Señora quedó plasmado en aquellos versos que ya forman parte de la Piedad Tradicional "oh Clemente, oh Piadosa, oh Dulce Virgen María..." además de componer el conocido "Memorare", la súplica de los Esclavos de María.




¡Oh! tú, quien quiera que seas, 
que te sientes lejos de tierra firme, 
arrastrado por las olas de este mundo, 
en medio de las borrascas y tempestades, 
si no quieres zozobrar, 
no quites los ojos de la luz de esta estrella.

Si el viento de las tentaciones se levanta,
si el escollo de las tribulaciones se interpone en tu camino,
mira la estrella, invoca a María.

Si eres balanceado por las agitaciones del orgullo,
de la ambición, de la murmuración, de la envidia,
mira la estrella, invoca a María.

Si la cólera, la avaricia, los deseos impuros
sacuden la frágil embarcación de tu alma,
levanta los ojos hacia María.

Si perturbado por el recuerdo 
de la enormidad de tus crímenes, 
confuso ante las torpezas de tu conciencia,
aterrorizado por el miedo del Juicio,
comienzas a dejarte arrastrar por el torbellino de tristeza,
a despeñarte en el abismo de la desesperación, 
piensa en María.

Si se levantan las tempestades de tus pasiones,
mira a la Estrella, invoca a María.

Si la sensualidad de tus sentidos 
quiere hundir la barca de tu espíritu, 
levanta los ojos de la Fe, mira a la Estrella, 
invoca a María.




Si el recuerdo de tus muchos pecados 
quiere lanzarte al abismo de la desesperación, 
lánzale una mirada 
a la Estrella del Cielo y rézale a la Madre de Dios.

Siguiéndola, no te perderás en el camino. 
Invocándola no te desesperarás.
Y guiado por Ella llegarás al Puerto Celestial.

Que Su Nombre nunca se aparte de tus labios, 
jamás abandone tu corazón; y para alcanzar el socorro 
de Su intercesión, no descuides los ejemplos de Su Vida.
Siguiéndola, no te extraviarás, rezándole, no desesperarás,
pensando en Ella, evitarás todo error.

Si Ella te sustenta, no caerás; si Ella te protege, 
nada tendrás que temer; 
si Ella te conduce, no te cansarás; 
si Ella te es favorable, alcanzarás el fin.

Y así verificarás, por tu propia experiencia,
con cuánta razón fue dicho:
“Y el nombre de la Virgen era María”