Concilio de Éfeso, año 431
Entre los cuatro Dogmas Marianos (1), ninguno tan inculcado y venerado por la Liturgia Sagrada como el de la Maternidad Divina de la Bienaventurada Virgen María, por ser el principal y la raíz de todas las prerrogativas que distinguen a Nuestra Señora y la encumbran a la vez sobre las demás criaturas, ya que concibió por obra del Espíritu Santo y dio a luz, según la carne, a aquel que posee dos naturalezas —la humana y la divina— unidas en una sola persona, el Verbo Eterno.
Fue en el Concilio de Éfeso (año 431) cuando los Padres, reunidos bajo la presidencia de San Cirilo de Alejandría, legado al efecto del Papa San Celestino, excomulgaron al patriarca Nestorio y definieron la Divina Maternidad de la Virgen María, proclamándola Theotokos, Deípara o Madre de Dios, por ser la Madre de Cristo, el cual es Dios a la par que hombre.
De donde resulta para la Virgen Madre "una dignidad casi infinita", como enseña Santo Tomás de Aquino, pudiéndola llamar de algún modo los Santos Padres como el complemento de la Trinidad, Su instrumento y cooperadora en la magna obra de la Encarnación y de la Redención. "La Bienaventurada Virgen, por el hecho de ser Madre de Dios, tiene una dignidad en cierto modo infinita, a causa del bien infinito que es Dios" (2).
Pero al ser María Madre del Hijo de Dios por naturaleza, es también Madre de los hijos de Dios por adopción y por gracia. Este aspecto tenía menor relieve en la Liturgia; de ahí que ahora insista en él la Iglesia, por ser uno de los mayores consuelos que caben al hombre huérfano y pecador. "Recurrir a María Santísima es recurrir a la Madre de la Misericordia, dispuesta de tal modo en nuestro favor que cualesquiera que sean nuestras necesidades y, especialmente las del alma, movida por Su misma caridad y aun adelantándose a nuestras súplicas, nos socorre siempre y siempre nos infunde los tesoros de aquélla gracia con que desde el principio la adornó Dios para que fuera digna Madre Suya", enseñó el Papa León XIII en su encíclica "Magnae Dei Matris" (8 de Septiembre de 1892).
María Nuestra Señora es Madre de todos los cristianos en el orden sobrenatural, por serlo Cristo, el cual se declaró a boca llena nuestro hermano mayor, dispuesto a compartir Su herencia con nosotros y su divina filiación. Es además Madre de los cristianos por Su cooperación en nuestro rescate, y mejor que Eva merece ser llamada "Madre de todos los vivientes".
La Virgen es además Madre por Su amor y maternal solicitud, ya que fue Nuestro Señor Jesucristo quien nos hizo donación de Ella a través de San Juan en la agonía del Calvario. "Aquella que había sido Cooperadora en el Misterio de la Redención Humana, sería asimismo Cooperadora en la dispensación de la Gracia (...). Jesús desde la Cruz la miró y le habló: "Ahí tienes a Tu hijo"; y a Juan: "Ahí tienes a tu madre". Al decir esto, Jesús le daba como hijos, en la persona del discípulo Juan, a todos los hombres, especialmente a los que debían creer en Él" (3).
En 1931, coincidiendo con el decimoquinto centenario de la Definición Dogmática de María como Madre de Dios por el Concilio de Éfeso, el Romano Pontífice Pío XI decretó que se celebrase la Maternidad de Nuestra Señora el 11 de Octubre.
El mismo Papa, en su Encíclica "Lux Veritatis" del 25 de Diciembre de 1931, que conmemoró el 1500 aniversario del Concilio de Éfeso, reiteró la Fe Católica en esta Doctrina:
“Y, ciertamente, si el Hijo de la Santísima Virgen María es Dios, seguramente a Ella, quien lo llevaba, se le debe justa y merecidamente llamar la Madre de Dios. Si hay una sola Persona en Cristo, y esta es divina, sin duda alguna a María deberían todos llamarle no solo la Madre de Cristo el Hombre, sino Theotokos, o Portadora de Dios.
Veneremos, por tanto, a la tierna Madre de Dios, a quien Su prima Isabel saludó como ‘la Madre de mi Señor’ (Evangelio de San Lucas, cap. 1, vers. 43), y a quien, según Ignacio Mártir, dio a luz a Dios (Ad Ef. 7:18-20); y de quien, como profesa Tertuliano, nació Dios; a quien la Eterna Divinidad ha llenado con la plenitud de la gracia y dotada de tan gran dignidad.”
NOTAS ACLARATORIAS:
1- Los "Dogmas marianos" son aquellos concernientes a Nuestra Señora la Virgen María, que forman parte de las cuestiones de Fe Católica que todo fiel está obligado a creer: la Maternidad Divina, la Inmaculada Concepción, la Perpetua Virginidad, la Asunción de María. Los Dogmas Católicos constituyen la base inalterable de la Doctrina Católica y por lo tanto todo católico está obligado a aceptar, creer y profesar de manera irrevocable, de lo contrario queda fuera de la Comunión de la Iglesia.
2- Santo Tomás de Aquino, "Suma Teológica", Iª parte, cuestión 25.
3- Papa León XIII, Carta Encíclica "Adiutricem Populi", 1895.



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