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martes, 21 de febrero de 2023

LA SANTA FAZ de Nuestro Señor Jesucristo

 

No hay en él parecer, no hay hermosura que atraiga 
las miradas, ni belleza que agrade. Despreciado, 
desecho de los hombres, varón de dolores, 
conocedor de todos los quebrantos, ante quien 
se vuelve el rostro, menospreciado, estimado en nada 


Profeta Isaías, cap. LIII, vers. 2-3



               Históricamente, el origen de la Devoción a la Santa Faz que no es otra cosa que el culto tributado al Rostro de Nuestro Señor Jesucristo en Sus Misterios de dolor se remonta al memorable día del Viernes Santo, cuando cargado con la Cruz, Nuestro Señor ascendía a la cima del Monte Gólgota. Según el evangelista San Lucas le seguía una gran muchedumbre; destacaban las piadosas mujeres, que se deshacían en llanto y se lamentaban.

               La Verónica es un personaje que no aparece en el Evangelio; se la relaciona en la Edad Media con la hemorroisa, curada por Jesús de los flujos de sangre y se le denomina Bereniké y la hace residir en Panéas (Cesarea de Filipo). 

               La Tradición dirá que la misma Verónica, al ver pasar a Jesús camino del Calvario, se acercó a Él pasando entre los soldados y le enjugó el Rostro con su velo, en el que quedó su Santa Faz impresa. Este piadoso suceso pasará a la posteridad como la VI estación del Vía Crucis.

              En el siglo XII se testimonia que ante la Santa Faz que se conservaba dentro de un marco de plata en Roma, ardían día y noche diez lámparas. En 1193 a instancias del Papa Celestino III fue venerada por el Rey Felipe Augusto de Francia a su paso por Roma. En el siglo XV se hace famosa la Santa Faz de Alicante (España) copia de la venerada en el Vaticano.
               
               La Devoción a la Santa Faz inspiró toda una espiritualidad, sobre todo en Francia; allí en la ciudad de Tours, la Venerable Sor María de San Pedro, carmelita descalza, mística, tuvo diferentes visiones y conversaciones con Nuestro Señor y la Santísima Virgen, en los que la instaron a difundir la Devoción a la Santa Faz de Jesús, en reparación por los muchos insultos que sufrió Jesucristo Nuestro Señor en Su Santa Pasión. 

              El 24 de Noviembre de 1843, Nuestro Señor le advirtió: La Tierra está repleta de crímenes. La violación de los primeros tres mandamientos de Dios ha molestado a mi Padre. El Santo Nombre de Dios ha sido blasfemado, y el Santo Día del Señor profanado, saturado de cantidad de iniquidades. Estos pecados se han acumulado hasta el Trono de Dios y han provocado su ira, la cual estallará pronto si su justicia no es apaciguada. Jamás han llegado estos crímenes a tal punto.

               Anteriormente, el 24 de Agosto de 1843, Sor María de San Pedro había recibido una revelación especial de Nuestro Señor: Él me abrió Su Corazón, y juntando allí las fuerzas de mi alma, se dirigió a mí con estas palabras: Mi Nombre es blasfemado en todas partes. Hasta los niños me blasfeman. Él me hizo entender que este espantoso pecado lastima penosamente Su Divino Corazón más que cualquier otro. Por medio de la blasfemia el pecador maldice el Rostro de Dios, lo ataca abiertamente, anula la redención y pronuncia su propia condenación y juicio. La blasfemia es una flecha envenenada que siempre lastima su Divino Corazón.

                Sor María añadía: Él me hizo ver entonces que este pecado aterrador hiere Su Divino Corazón más gravemente que cualquier otro pecado, mostrándome cómo por la blasfemia el pecador lo maldice en Su Rostro, Lo ataca públicamente, anula Su Redención y pronuncia su propio juicio y condenación.




Todas las imágenes de esta página tienen por objeto
elevar el alma, animar a los tibios, enfervorizar a los píos.
Recomendamos su copia y difusión, sin fines de lucro




               El Salvador me hizo entender que Su Justicia estaba enormemente irritada por los pecados de la humanidad, pero particularmente contra aquellos que directamente ultrajan la Majestad de Dios, esto es: el ateísmo, las blasfemias y la profanación del Domingo y los Días Santos. Nuestro Señor me dijo: Los verdugos Me crucificaron un Viernes, los Cristianos Me crucifican el Domingo.

               Él me dijo que desea darme una Flecha de Oro con la cual herir con delicias su Corazón y sanar esas heridas infligidas por la malicia de los pecadores. Este es el origen de la oración que conocemos, La Flecha de Oro: Que el Santísimo, Sacratísimo, Adorabilísimo, Misteriosísimo e Inefable Nombre de Dios, sea por siempre alabado, bendecido, amado, adorado y glorificado, en el Cielo, en la Tierra y en los Infiernos, por todas las criaturas de Dios, y por el Sagrado Corazón de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, en el Santísimo Sacramento del Altar. Amén.

               Nuestro Señor dijo que esta oración desencadena un torrente de gracia para los pecadores. En estos Mensajes del Cielo, se le pidió a Sor María de San Pedro hacer una Comunión de reparación por la profanación dominical (Pecado contra el Tercer Mandamiento). Sor María de San Pedro escribe: Nuestro Señor me ordenó comulgar los Domingos por estas tres intenciones particulares: en espíritu de expiación por todas las tareas prohibidas que se hacen los domingos, que como día de observancia debe ser santificado. Para apaciguar la Justicia Divina que estaba a punto de descargarse a causa de la profanación de los días de guardar. Para implorar la conversión de aquellos pecadores que profanan los domingos, y para lograr la terminación del trabajo dominical prohibido.

               Nuestro Señor desea que Su Divino Rostro sea ofrecido como objeto exterior de adoración a todos Sus hijos que se asociarán a esta Obra de Reparación. Su Divino Rostro es la Imagen misma de Dios.

              "Ofrécelo incesantemente a Mi Padre por la salvación de tu país. El tesoro de Mi Divino Rostro en sí mismo posee un valor tan extraordinario que por medio de él todos los asuntos de Mi Casa se arreglan rápidamente. Si supieras cuánto complace a Mi Padre ver Mi Rostro. Regocíjate, hija Mía, porque se acerca la hora en que nacerá la Obra más bella bajo el sol". 

                El 11 de Octubre de 1845, Nuestro Señor le dio una revelación en relación a la importancia de hacer reparación a su Santa Faz. En ese día Nuestro Señor le dijo a Sor María de San Pedro: Busco Verónicas para enjugar y venerar Mi Divina Faz, la cual tiene pocos adoradores.

               Le dictó entonces una Oración de Reparación a la Santa Faz: Padre Eterno, Te ofrezco la adorable Faz de Tu amado Hijo, por el Honor y la Gloria de Tu Nombre, para la conversión de los pecadores, para la salvación de los moribundos. 

               En 1835 el Papa León XIII, aprobó la Archicofradía de la Santa Faz; a esta pía organización pertenecería la familia de Santa Teresita de Lisieux, que se inscribió en ella tres años antes de entrar en el Carmelo. Una de las reglas de la Archicofradía consistía en recitar frecuentemente la jaculatoria “¡Muéstranos Señor Tu Santa Faz y seremos salvos!”. En el Carmelo de Lisieux tenían una copia de la reliquia del Velo de la Verónica y ante ella exclamaba Santa Teresita: ¡Oh, ¡cuánto bien me ha hecho la Santa Faz en mi vida!. De hecho, su nombre religioso completo era "Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz". 

               Su hermana Celina, (Sor Genoveva de Santa Teresa y la Santa Faz) diría con respecto a su hermana Teresita: "La Devoción a la Santa Faz era para ella la corona y el complemento de su amor por la Sagrada Humanidad de Nuestro Señor. El Rostro Bendito era el espejo donde ella contemplaba el Corazón y el Alma de su Bien Amado". Esta devoción fue la inspiración ardiente de la vida de la Santa. Su devoción a la Santa Faz trascendía, o más exactamente, abrazaba, todas las demás atracciones de su vida espiritual.

               Una de las compañeras de Santa Teresita, que testificó durante su proceso de canonización dijo que “por muy tierna que fuera su devoción al Niño Jesús, no puede compararse con lo que la Hermana Teresa sentía por la Santa Faz”. 




sábado, 29 de junio de 2019

LE HABLO EN LA SOLEDAD DE ESTE DELICIOSO CORAZÓN




          "Yo pienso que el Corazón de mi Esposo es sólo para mí, como el mío es sólo para Él, y por eso le hablo en la soledad de este delicioso corazón a corazón, a la espera de llegar a contemplarlo un día cara a cara…"

(Fragmento de una carta de Santa Teresita a su hermana Celina, el 14 de Octubre de 1890)



viernes, 17 de mayo de 2019

ANIVERSARIO DE LA CANONIZACIÓN DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS Y DE LA SANTA FAZ ( I )


                  SERMÓN PRONUNCIADO POR EL PAPA PÍO XI, con motivo de la Canonización de Santa Teresa de Liseux, el 17 de Mayo de 1925

          Venerables hermanos, amados hijos:

               “Sea bendito Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación” que en medio de las innumerables preocupaciones de nuestro ministerio apostólico, nos ha concedido la alegría de inscribir como nuestra primera santa a aquella virgen que en un primer momento, después del inicio nuestro pontificado, elevamos al honor de los beatos. Se trata de aquella que fue como un niño en el espíritu: de aquella infancia que no es posible separarla de la grandeza de su alma pero cuya gloria, de acuerdo con las mismas promesas de Jesucristo, es absolutamente digna de ser consagrada en la Jerusalén celestial como en la Iglesia militante.




Cuadro pintado por su hermana Celine con motivo de la Canonización


                De igual manera, agradecemos a Dios porque hoy se nos permite, como Vicario de su Unigénito, de repetir e inculcar en todos ustedes, desde esta Cátedra de la verdad y durante este solemne rito, un recordatorio muy saludable de las enseñanzas del divino Maestro. Después de que los discípulos le interrogaron sobre quién era el mayor en el Reino de los Cielos, Él, “llamando a un niño lo puso en medio de ellos” y pronunció aquellas memorables palabras: “En verdad os digo, que si no os convertís y os hacéis como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos”. (Mateo 18: 2)

               Teresa, la nueva santa, habiendo vivamente absorbido esta doctrina evangélica, la traduce a la práctica de la vida cotidiana; de hecho, con la palabra y con el ejemplo enseñó a las novicias de su monasterio esta vía de la infancia espiritual, y a todos que por medio de sus escritos, escritos que, se han difundido por todo el mundo y que después de leer se siguen leyendo una y otra vez por el máximo beneficio y alegría que dan al alma. De hecho, esta joven que floreció en el claustro del Carmelo, y que agregó a su nombre el del Niño Jesús, volvió sobre sí misma su imagen; entonces hay que decir que cualquier persona que venera a Teresa, venera y alaba el divino ejemplo que ella copio en sí.

                 Hoy en día, por lo tanto, esperamos que en la mente de los fieles pueda venir el deseo de practicar esta infancia espiritual, que consiste en esto: que todo lo que el niño piensa y hace por naturaleza, nosotros lo hagamos en ejercicio de la virtud. Los niños pequeños no están perturbados por los pecados e cegados por las pasiones y disfrutan de la paz en la posesión de su inocencia (y sin ningún medio de engaño o hipocresía expresan sinceramente sus pensamientos y obras, de forma que se muestran como realmente son), por lo que Teresa mostraba una naturaleza más angélica que humana, y conquistó la simplicidad del niño, según la ley de la verdad y la justicia.

                 La Doncella de Lisieux tenía siempre presente en la memoria la invitación y las promesas de su Esposo divino: “Quien sea pequeño (Prov. 9:4), venga a mí. Sera llevado a mi pecho y os acariciare sobre mis rodillas como lo hace una madre, así os consolare” (Is. 64: 12-13), por lo que Teresa es consciente de su debilidad, se encomendó a la divina providencia a fin de que, apoyándose únicamente en su ayuda, podría lograr la perfecta santidad de la vida, incluso cuando experimentaba dificultades, y de una absoluta abdicación, pero gozosa, de su propia voluntad...

(Continuará mañana)



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 sobre la milagrosa curación de la mística y estigmatizada Teresa Neumann
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martes, 14 de mayo de 2019

NUESTRA SEÑORA DE LA SONRISA: la curación de Santa Teresita


          Relato de la milagrosa curación de Santa Teresita por intercesión de Nuestra Señora, cuando la futura carmelita apenas contaba 10 años de edad. El texto principal ha sido extraído del Capítulo III de "Historia de un alma", la auto-biografía de la Santa.



Pintura realizada por Celine Martin, hermana de Santa Teresita



                El 25 de Marzo de 1883, mientras se hallaba en casa de sus tíos maternos, Santa Teresita cayó gravemente enferma, víctima de temblores nerviosos. La niña solo tenía diez años y hacía cinco que había perdido a su madre, Celia Guérin.

               A partir de entonces Teresa, dueña de un carácter alegre y feliz, pasó abruptamente a otro, tímido y triste. La enfermedad la tenía angustiada, más, después de la recaída que había experimentado el 7 Abril, al día siguiente de que su querida hermana Paulina tomase los hábitos.

               Y postrada se hallaba en su cama cuando desesperada y abatida por su condición, volteó su rostro hacia la imagen de Nuestra Señora de las Victorias que se hallaba sobre su mesa de luz y le imploró por su pronta curación.

               Era el 13 de Mayo de 1883, fiesta de Pentecostés, cuando Teresa suplicó con fuerza a la Virgen. Seguramente pensó en muchas cosas y rezó por otras, ignorando que un día como ese, treinta y cuatro años después, la Santísima Madre se le aparecería por primera vez a tres pequeños pastorcitos en la pequeña aldea de Fátima, Portugal, para anunciar al mundo que después de mucho sufrimiento, su Inmaculado Corazón iba a triunfar.

               Rogaba Santa Teresita a la Madre de Dios suplicándole piedad cuando, repentinamente, vio que el rostro de la bendita imagen le sonreía dulcemente.

               Leonia vigila a su hermana en la habitación. Como casi siempre, Teresa gime y llama indefinidamente: “Mamá…, Mamá..”, queriendo que María esté a su lado.

               La hija mayor atraviesa, por fin el jardín, pero la enferma no la reconoce.




               Todas sus hermanas se arrodillan alrededor de la cama. Entonces se produce lo inesperado:

               “De repente la Santísima Virgen me pareció bella, tan bella que nunca había visto cosa tan hermosa, su rostro respiraba una bondad y una ternura inefables, pero lo que llegó hasta el fondo de mi alma fue la arrebatadora sonrisa de la Santísima Virgen. 
En aquel momento todas mis penas se desvanecieron, dos gruesas lágrimas brotaron de mis párpados y corrieron silenciosamente por mis mejillas. Eran lágrimas de una alegría pura…”

               Santa Teresita de Lisieux necesitaba un milagro para curar sus males y el mismo llegó de la mano de la Virgen de las Victorias, de la que era fiel devota.

               A partir de ese día, la imagen que Santa Teresita tenía sobre la mesa de luz, pasó a ser llamada “Nuestra Señora de la Sonrisa”. 

              Quien, desde lo más profundo de su corazón, sonríe a los deprimidos y los enfermos de cuerpo y espíritu, aliviando sus dolencias y transmitiéndoles paz.

                Y es que al sonreír, la Reina del Cielo cicatriza nuestras heridas, alivia los dolores, calma los sufrimientos y escucha las súplicas. Su sonrisa transmite amor, disipa los temores, ablanda los corazones más duros, reflota las esperanzas e infunde valor.

                Desde aquel milagroso día, Santa Teresita tuvo a esa imagen permanentemente a su lado hasta el día de su muerte el 30 de Septiembre de 1897, en Lisieux.



martes, 26 de marzo de 2019

LA SANTA FAZ pintada por Celina Martin




               Esta imagen sindónica no es una más. Estamos, probablemente, ante el primer acercamiento pictórico al cliché obtenido en 1898 por Secondo Pía. Más tarde vendrían otros (Reffo, Aggemian, Ranieri, Brunner, Miñarro…) más populares. Pero hoy vamos a conocer la historia de esta “Santa Faz”, obra sublime que debemos nada menos que a Celine Martin, hermana de Santa Teresa de Lisieux.

               Sor María de San Pedro fue una monja carmelita descalza del Convento de Tours (Francia) mundialmente conocida en el siglo XIX como Apóstol de la devoción a la Santa Faz tras las visiones que tuvo en noviembre de 1846. Luis Martin, padre de Celine y Teresa de Lisieux, leía asiduamente la vida de esta Mística y de todos era conocido su deseo de peregrinar algún día hasta el Convento de Tours, cosa que pudo hacer Celine en mayo de 1890. Según consta documentalmente, el 26 de Abril de 1885 toda la familia se inscribió en la Archicofradía de la Santa Faz de Tours (Luis Martín con el número 7.378; Celine, con el 7.381; y Teresita, de doce años, con el 7382).

              Una de las reglas de la Archicofradía consistía en recitar frecuentemente la jaculatoria “¡Muéstranos, Señor, Tu Santa Faz y seremos salvos!” Es evidente que esta espiritualidad de honrar de forma especial al Rostro de Cristo arraigó en el corazón de ambas niñas, quienes terminarían adoptando el nombre “de la Santa Faz” como apellido espiritual tras sus respectivas profesiones religiosas:  Santa Teresa se llamaría “del Niño Jesús y de Su Santa Faz” desde Junio de 1889 y Celine es conocida en religión como Sor Genoveva de Santa Teresa y de la Santa Faz.           

              La Santa de Lisieux, tal y como nos dejó patente en sus escritos [1], especialmente en sus Poesías místicas y en sus Oraciones, experimentaba una tierna adoración por el Rostro de Jesús. Sin embargo, falleció víctima de la tuberculosis ocho meses antes de que se tomase la primera fotografía a la Síndone y el mundo descubriese la cara del Hombre de la Sábana en el negativo fotográfico revelado por Pía. Es comprensible que Celine, que había estudiado pintura y fotografía y era la autora de las imágenes que de su hermana Teresa han pasado a la posteridad [2], se quedase muy impresionada no sólo por la belleza de la foto tomada por Pía, sino por descubrir que, inexplicablemente, la Síndone se comportaba como un cliché.

              La peripecia que ocupa nuestro artículo fue hábilmente relatada por el P. Fernando de Santa Inés en su obra “La Santa Faz”, y nos parece adecuado cederle a él la palabra para conocerla de primera mano:

                      “El Sudario de Turín abre a la investigación de los estudiosos, por las fotografías de Pía, nuevos e insospechados horizontes. (…) En 1902, por derroteros desconocidos y providenciales, llegó al monasterio carmelitano de Lisieux una de las fotografías de la Santa Síndone sacadas por Segundo Pía en la exposición de Mayo de 1898. Le tocó, en venturosa suerte, a la Hermana Genoveva de Santa Teresa y de la Santa Faz, la antigua Celine de los Buissonnets [3]; y desde el primer instante aquel Rostro de la Síndone –que parece levantarse majestuoso, como un sol, sobre veinte siglos de olvido- extasió e hirió de amor el corazón de su dueña. Así, dos años; hasta que en la Pascua de 1904, en una noche de primavera en la atmósfera y de inspiración en la fantasía, Celine sintió la irresistible inspiración de pintar el Rostro del Señor. Tomó pues, el lápiz, después de invocar fervorosamente el patrocinio de su hermana Santa Teresita, y, casi milagrosamente, en lo que la nota de un laúd hiere nuestro oído y se pierde en el espacio, había terminado su labor. La Faz de Sor Genoveva –trazada primero al carboncillo- es artística, veraz y sumamente expresiva. (…)




                    En el lapso de medio siglo [4], la Santa Faz de Lisieux ha dado ya varias veces y triunfalmente la vuelta a toda la Tierra. Pero antes iniciar su gira internacional, el Santo Rostro arribó al Vaticano, en donde Pío X, hoy gloriosamente Beato [5], luego de adorarle e indulgenciarle, le auguró una festiva acogida familiar y un éxito mundial. (…) Pío X se sintió emocionado al verlo, y lo besó repetidas veces. (…) “Querido Padre (dijo el Papa al sacerdote que le había hecho llegar el cuadro por petición de Sor Genoveva), ¡cuán hermoso es este cuadro!…” Y como el Padre pidiera una bendición para la artista, agregó: “Quiero que le llevéis un recuerdo mío”. Abriendo sus armarios, el Papa busca algo que no puede encontrar… “¡Han desordenado todas mis cajas!”, dice con conmovedora simplicidad. Y dando sus ojos con una medalla de bronce, en la que estaba su retrato en relieve, se la da al Padre para entregársela en su nombre a la pequeña carmelita. Aunque el Padre en cuestión afirma que el Papa buscaba una medalla de plata, Sor Genoveva está toda ella jubilosa con su medalla de bronce. Y con razón, pues como dice nuestra artista: “Yo no presenté mi cuadro en ninguna sala de exposición, mas he aquí que el mismo Santo Padre es el que se ha encargado de condecorarme”. [6]

                El Cardenal Casimiro Gennari escribirá al abate Eugenio Prévost la siguiente carta fechada el 4 de Junio de 1906:

                       “Reverendísimo Señor: He expuesto al Santo Padre, en la audiencia de este día, el proyecto ideado por Vuestra Señoría Reverendísima con miras a la máxima difusión posible de la imagen de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, tal y como el Carmelo de Lisieux ha conseguido diseñarla, con arte inigualable, inspirándose en la verdadera imagen del Santo Sudario. Su Santidad –que acepta y agradece cordialmente el envío de una fotografía de esta Santa Faz- aprueba gustosamente vuestra empresa.

                      A la verdad, no se pueden considerar los rasgos y la expresión de esta adorable figura sin sentirse vivamente emocionado y sin que en el corazón florezcan sentimientos de compasión y amor. Esta imagen puede ser útil a toda clase de personas, ya que se  puede considerar como un libro de meditación sobre la Pasión y la muerte de Nuestro Divino Redentor.

                    Por todo esto, confirmando las indulgencias ya concedidas y firmadas de su mano, el Santo Padre declara de nuevo que a todos aquellos que meditaren algunos instantes delante de esta imagen en la Pasión de Nuestro Señor, por este solo hecho, les otorga todas las indulgencias concedidas por los Soberanos Pontífices  a la Corona de las cinco Llagas. Igualmente, Su Santidad desea que esta imagen se distribuya por todas partes y que se la venere en todas las familias cristianas, recomendando la propagación de su culto de manera particular a los Reverendísimos Obispos y a todos los eclesiásticos, y bendiciendo muy especialmente a todos aquellos que sean sus propagadores”. [7]

                     La imagen, en fin, obtuvo en Marzo de 1909 el Gran Premio en la Exposición Internacional de Arte Religioso de Bois-le-Duc (Países Bajos) y adornó, especialmente durante la primera mitad del siglo XX, buena parte de los oratorios del Planeta. En nuestros días ha sido “rescatada” por Pierre Descouvemont y Helmuth Nils Loose en su monumental obra “Teresa y Lisieux”, donde le dedican varias páginas y aparece magníficamente reproducida.[8]




                     Sor Genoveva de Santa Teresa y de la Santa Faz (Celine Martin en el siglo) falleció el 25 de Febrero de 1959; estamos seguros que hoy sigue venerando la Santa Faz, gloriosa, en compañía de su hermana Santa Teresita.


           NOTAS ACLARATORIAS:

[1] De Lisieux, T., “Santa Teresa de Lisieux. Obras completas”, Monte Carmelo, 2003.

[2] De hecho, ingresó en el Convento llevando su cámara fotográfica en el equipaje, cosa que hoy nos permite acceder a un extraordinario archivo gráfico que retrata a las carmelitas de Lisieux en su vida cotidiana.

[3] Se refiere al hogar paterno.

[4] Téngase en cuenta que el libro del que tomamos la cita fue escrito en 1952, estando aún viva Celine (Sor Genoveva), la autora del retrato.

[5] Vale para este detalle la observación anterior.

[6] De Santa Inés, F., “La Santa Faz”, Victoria Gráfica, Barcelona 1952.

[7] Ibidem.

[8] Descouvemont, P. Y Nils Loose, H., “Teresa y Lisieux”, Editorial de Espiritualidad, Madrid 1991.



sábado, 2 de marzo de 2019

NOVENA A LA SANTA FAZ de Nuestro Señor Jesucristo. Día 7


"¿Ves cómo sufro? Sin embargo, muy pocos me consuelan.
 ¡Cuánta ingratitud de los que dicen que me quieren! 
He dado Mi Corazón para demostrar Mi gran Amor
 por los hombres, y doy Mi Faz como prenda sensible
 de Mi Dolor por los pecados de los hombres..."


Revelación de Nuestro Señor a Sor María Pierina de Micheli



Reconstrucción de la Santa Faz de Nuestro Señor según 
la imagen impresa en la Sábana Santa de Turín



ORACIONES INICIALES

          Por la señal + de la Santa Cruz, etc.

          En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo

ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS

            Te adoro, oh Jesús mío, Hijo de Dios vivo y de María Virgen, que por mi amor diste la vida en el Ara de la Cruz. A Ti me consagro con todo mi corazón, suplicando humildemente que te dignes imprimir en mi alma la imagen de Tu adorable Faz.

           ¡Oh Padre Eterno! Mira la Santa Faz de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo y por Sus méritos infinitos concédeme un ardiente deseo de reparar las injurias hechas a Tu Divina Majestad y la gracia que deseo obtener en esta Novena. Así sea. (Pídase aquí por la necesidad o gracia espiritual que se desea obtener)

ORACIÓN DEL DÍA SÉPTIMO

            ¡Oh generosísimo Jesús! Tu Faz de Dios-Hombre se iluminó súbitamente con los resplandores de un santo gozo al estrechar entre Tus brazos la suspirada Cruz. Dame aliento para tomar resueltamente mi Cruz y seguirte con ánimo constante y generoso hasta el fin de mi vida.

           A continuación reza despacio y con piedad un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

JACULATORIA

            ¡Muéstranos, Señor, Tu Santa Faz y seremos salvos!

ORACIÓN FINAL

          Oh Dios Omnipotente y Misericordioso, concede, te pedimos, que cuantos veneramos la Faz de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, desfigurada en la Pasión a causa de nuestros pecados, merezcamos contemplarla eternamente en el resplandor de la Gloria Celestial. Amén.

          Y terminamos en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.

DEVOTOS DE LA SANTA FAZ

               Celine Martin (Sor Genoveva de la Santa Faz)hermana carnal de Santa Teresita del Niño Jesús, compartió con ella su vida y devoción predilecta, la Santa Faz, que pintó según la Sábana Santa de Turín.





       *Para conocer más sobre el origen de la Devoción a la Santa Faz sólo toque AQUÍ