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viernes, 1 de mayo de 2026

SAN JOSÉ, "HOMO FABER", Modelo y Patrón de los trabajadores

 


                       No solo es San José modelo de todos los estados, sino también de diversas clases y oficios de la sociedad. Sin embargo, no puede negarse que lo es especialmente de aquellos que más parecido y semejanza tienen con el oficio que él ejercitó, "Homo faber" (1), tales son los obreros y artesanos. Estos pueden decir a boca llena que San José les pertenece, que es de los suyos.

                       Y es así, en verdad. San José se presta más directamente a la imitación de los obreros, porque obrero fue el Santo Patriarca; y por lo mismo, si vale decirlo, a los obreros y artesanos profesa especial cariño y está a primera vista más dispuesto a favorecer en igualdad de circunstancias.

                       Fácilmente se comprende que tenga San José predilección por los de su clase y oficio, y que se compadezca mejor de sus trabajos, por la sencilla razón de haber pasado por ellos y tener conocimiento experimental de los apuros en que suelen hallarse y de los vejámenes que a veces tienen que sufrir de parte de los patronos y de los ricos. Sabe por experiencia San José lo que es ganar su sustento cotidiano con el sudor de su frente; sabe cómo duele, después de haber estado trabajando con esmero y diligencia todo el santo día, cuando se esperaba el salario con una sonrisa de aprobación al presentar terminada la tarea, ver despreciada su obra, dejar descontento al que la encargó y recabar a duras penas, no sin bochorno, el precio estipulado; sabe qué es pasar un día y otro en forzosa ociosidad por falta de trabajo o excesiva multitud de brazos; qué es echarse encima la noche o acercarse el fin de semana sin poder llevar a casa lo necesario para comprar el sustento de la familia, y verse obligado a pedir que le presten fiado el pedazo de pan que han de llevarse los hijos a la boca. Todo eso y mucho más sabe San José como ninguno, y natural es que a ese conocimiento se siga la compasión y el amor hacia los que padecen las mismas miserias que un día padeció.

                      Pues por lo mismo es el más alto y perfecto modelo, y el que más autoridad tiene para instruir y consolar a obreros y artesanos. Porque San José, que pasó por todas esas molestias y contrariedades de la vida laboriosa, fue, no obstante, en su mortal carrera, feliz en cuanto se puede ser; y ahora que goza de inmenso valimiento en el Cielo, puede ya quiere favorecer a los artesanos y obreros como ninguno.

                       ¿De qué manera? ¿Haciendo que éstos naden en la abundancia? No. ¿Haciendo que desaparezcan de la vida las penas y trabajos? Tampoco. ¿Trayendo la nivelación social y aboliendo la diferencia de clases?. Mucho menos. ¿Pues cómo?. Con lo mismo que él fue relativamente feliz.

                       Lo que hizo relativamente feliz a San José es, en primer lugar, la Fe y la Religión. El conocimiento y esperanza de lo sobrenatural, de otra vida, de otros bienes que no consume el hollín, ni roban los ladrones, ni están expuestos a las vicisitudes de las cosas terrenas. A medida que esta Fe y esperanza crezcan y reinen en el corazón, decrecerá la estima de los bienes de este mundo y no se mirarán como la suprema felicidad del hombre. Nacerá de aquí la resignación cristiana y la confianza en Dios y en Su amorosa Providencia, que nunca desampara a los suyos y acude en la mayor necesidad, y nunca dejará de mover los corazones de los cristianos.

                       Cristo Nuestro Señor y San José, el hijo del artesano y el artesano, que vivieron en la oscuridad y llevaron una vida pobre y laboriosa. Entonces aparecerá con todo su esplendor la excelsa dignidad de los pobres y obreros en la Iglesia, y resonarán con eco potente, para consuelo de los humildes y resignados, las profundas palabras del Salvador del mundo: "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos". Se amará la imitación de Cristo; seguirán con holgura las pisadas del Divino Maestro sobre la tierra, y ante la perspectiva de la corona inmarcesible que ha de ceñir eternamente las sienes del humilde y resignado artesano, parecerá menos dura la pobreza y más llevadera la condición de los obreros.

                       Quien se penetre bien de estas ideas, antes será envidiado que envidioso. Pues éstas fueron las que alimentaron y nutrieron el espíritu de San José, y las que él procurará inculcar en el espíritu de los obreros sus devotos.


Extraído de la "Vida de San José"
por el Padre Francisco de Paula García, SI


NOTA

                1) Expresión que deriva del pasaje "Nonne hic est fabri filius? Nonne mater ejus dicitur Maria...?"  (Evangelio de San Mateo, cap. 13, vers. 55); en el siglo IV, cuando San Jerónimo tradujo las Sagradas Escrituras del griego al latín, utilizó el término "faber", que se puede traducir por "artesano" o "carpintero"), que corresponde al término griego "tekton", indicando a alguien que trabaja con madera o piedra. 




miércoles, 13 de noviembre de 2024

SAN JOSÉ VIVIÓ POBRE Y MURIÓ POBRE

   



               Algunos escritores opinan que el Glorioso Patriarca San José, con la herencia de sus padres hubiera podido llevar una vida, si no rodeada de comodidades, pasajera y desahogada por lo menos;  pero conociendo ya desde los albores de su juventud cuánto agradaba a Dios la pobreza voluntaria, se abrazó interiormente con ella, esperando tiempo y sazón para desprenderse de todo y repartirlo con los pobres; y cuando siguiendo los designios del Eterno, contrajo matrimonio con la Reina de los Cielos, presto dio feliz cumplimiento a sus felices propósitos de pobreza, pues en compañía de su Esposa, y con su consentimiento y acuerdo, se despojó de todos sus bienes, distribuyéndolos generosa y caritativamente entre los menesterosos, contento de ganar el pan con el sudor de su frente.

               De esta suerte, bien se puede asegurar que San José, por su propia elección y con gran contento de su alma, se hizo pobre, vivió pobre y murió pobre, pues nada tuvo que legar en su tránsito ni a Jesús ni a su queridísima María, si no fueron las herramientas de su oficio. Pero su pobreza, tan santa y tan sublime, no fue perezosa ni holgazana, sino sumamente activa y diligente; de manera que trabajando con solícito afán, no solo atendía a las propias necesidades y a las de la familia, más también como éstas eran cortas e insignificantes, socorría igualmente con lo sobrante a los pobres del Señor.

               ¡Con qué brillo se manifestó esta edificante pobreza en su viaje a Belén!. Por verle tan pobre le rechazaron sus parientes y le despidieron en las posadas, hasta obligarle a hospedarse en una cueva, refugio de pastores errantes y abierta a todas las inclemencias del tiempo; y allí, sufriendo los rigores de la pobreza, vio recién nacido al Redentor del mundo, reclinado en un pesebre y envuelto en pobres pañales, permaneciendo pobremente allí por espacio de cuarenta días. Mucho sentía San José contemplar a las prendas más queridas de su alma rodeadas de tanta miseria, sin ni siquiera poder gozar de un camastro de pajas para tomar un descanso; pero, ¿qué podía hacer sino resignarse con la Divina Providencia?. ¿Puede imaginarse una pobreza más santa y elevada, pobreza semejante a la cueva de Belén?. San José no se queja, sino que adora, contento y agradecido los designios del Altísimo; saborea humildemente los efectos de la santa pobreza, y prendado de aquella pobrísima morada, no la hubiera trocado por los más suntuosos y espléndidos palacios del Universo.

               ¡Con qué gozo y veneración bendecía y alababa las disposiciones del Todopoderoso en preparar para Su Hijo Eterno, alojamiento tan miserable!. ¡Cómo se imprimían en su corazón aquellas lecciones que con su ejemplo soberano nos daba el Señor desde su entrada en el mundo!. No tardó mucho en confirmarlas son sus propios hechos, porque la ofrenda que presentó en el Templo, después de los cuarenta días del Nacimiento de Nuestro Señor, no fue sino la propia de los pobres, consistente en un par de palomas, señalada así por la Ley...


"Vida de San José" 
por el Padre Francisco de Paula García, SI