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martes, 13 de mayo de 2025

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE FÁTIMA

  



                  Fátima es una región ubicada en el centro de Portugal, unos 100 kilómetros al norte de Lisboa. Consta de numerosas pequeñas aldehuelas escondidas en la elevación conocida como la Sierra de Aire. Una tal aldehuela se llama Aljustrel; y es aquí, y más precisamente en los rocosos pastizales circundantes, que nuestra historia toma lugar. Allí, cuando Europa vivía en medio de la Gran Guerra, Nuestra Señora quiso manifestarse a tres niños: dos hermanos,  Jacinta (7 años) y Francisco Marto (8 años), y su prima Lucía Dos Santos (10 años), de familias muy humildes, eran medio analfabetos, de profesión pastores y dotados de una profunda religiosidad. 

                  Aunque los tres eran Videntes, pues observaron a Nuestra Señora como gracia espiritual, tan sólo Lucía hablaba con Ella; Jacinta solo la escuchaba y su hermano Francisco también gozaba de la visión pero no podía escuchar a la Virgen.


RELATO DE LAS APARICIONES
según las "Memorias" de Sor Lucía Dos Santos


PRIMERA APARICIÓN DEL ÁNGEL

               Por este tiempo, (Primavera de 1916) Francisco y Jacinta pidieron y obtuvieron permiso de sus padres para comenzar a guardar sus rebaños. Entonces acordamos pastorear nuestros rebaños en las propiedades de mis tíos y de mis padres, para no juntarnos en la sierra con los otros pastores.

               Un bello día fuimos con nuestras ovejas a una propiedad de mis padres, situada al fondo de dicho monte, mirando al saliente. Esa propiedad se llama «Chousa Velha». Alrededor de media mañana comenzó a caer una lluvia fina, algo más que orvallo. Subimos la falda del monte seguidas por nuestras ovejas, buscando un resguardo que nos sirviese de abrigo.

               Allí pasamos el día, a pesar de que la lluvia había cesado y el sol había aparecido, hermoso y claro. Comimos nuestra merienda, rezamos nuestro Rosario, y no recuerdo si no fue uno de aquellos Rosarios que solíamos rezar, cuando teníamos ganas de jugar, pasando las cuentas y diciendo solamente las palabras: “Padre nuestro y Ave María”. Terminado nuestro rezo, comenzamos a jugar a las chinas. Hacía poco tiempo que jugábamos, cuando un viento fuerte sacudió los árboles y nos hizo levantar la vista para ver lo que pasaba, pues el día estaba sereno. Vemos, entonces, que, desde el olivar  se dirige hacia nosotros un joven de unos 14 ó 15 años, más blanco que la nieve, el sol lo hacía transparente, como si fuera de cristal, y de una gran belleza. Al llegar junto a nosotros, dijo: 

               – ¡No temáis! Soy el Ángel de la Paz. Rezad conmigo.

               Y arrodillándose en tierra, dobló la frente hasta el suelo y nos hizo repetir por tres veces estas palabras: 

               – ¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y Os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no Os aman. 

              Después, levantándose, dijo: 

              – Rezad así. Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas. 

              Sus palabras se grabaron de tal forma en nuestras mentes, que jamás se nos olvidaron. Y, desde entonces, pasábamos largos ratos así, postrados, repitiéndolas muchas veces, hasta caer cansados. 




SEGUNDA APARICIÓN DEL ÁNGEL

              Pasado bastante tiempo, en un día de verano, en que habíamos ido a pasar el tiempo de siesta a casa, jugábamos al lado de un pozo que tenía mi padre en la huerta. De repente vimos junto a nosotros la misma figura o Ángel, como me parece que era, y dijo: 

               – ¿Qué hacéis? Rezad, rezad mucho. Los Santísimos Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios. 

               – ¿Cómo nos hemos de sacrificar? – le pregunté. 

               – En todo lo que podáis, ofreced a Dios un sacrificio como acto de reparación por los pecados con que El es ofendido y como súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra Patria la paz. Yo soy el Ángel de su guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad, con sumisión, el sufrimiento que el Señor os envíe. 

TERCERA APARICIÓN DEL ÁNGEL 

              Pasó bastante tiempo y fuimos a pastorear nuestros rebaños a una propiedad de mis padres, que queda en la falda del mencionado monte, un poco más arriba que los Valinhos. Es un olivar al que llamábamos «Pregueira». Después de haber merendado, acordamos ir a rezar a la gruta que queda al otro lado del monte; para lo cual, dimos una vuelta por la cuesta y tuvimos que subir un roquedal que queda en lo alto de la «Pregueira». Las ovejas consiguieron pasar con muchas dificultades.

             Después que llegamos, de rodillas, con los rostros en tierra, comenzamos a repetir la oración del Ángel: ¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo, etc. No sé cuántas veces habíamos repetido esta oración, cuando vimos que sobre nosotros brillaba una luz desconocida. Nos levantamos para ver lo que pasaba y vimos al Ángel, que tenía en la mano izquierda un Cáliz, sobre el cual había suspendida una Hostia, de la que caían unas gotas de Sangre dentro del Cáliz. En Ángel dejó suspendido en el aire el Cáliz, se arrodilló junto a nosotros, y nos hizo repetir tres veces. 

               – Santísima Trinidad, Padre, Hijo, Espíritu Santo, Os adoro profundamente y Os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de Su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. 

              Después se levanta, toma en sus manos el Cáliz y la Hostia. Me da la Sagrada Hostia a mí y la Sangre del Cáliz la divide entre Jacinta y Francisco, diciendo al mismo tiempo: 





               – Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios. 

              Y, postrándose de nuevo en tierra, repitió con nosotros otras tres veces la misma oración: «Santísima Trinidad... etc.», y desapareció. Nosotros permanecimos en la misma actitud, repitiendo siempre las mismas palabras; y cuando nos levantamos, vimos que era de noche y, por tanto, hora de irnos a casa.

PRIMERA APARICIÓN DE NUESTRA SEÑORA, 13 DE MAYO DE 1917

               Estando jugando con Jacinta y Francisco encima de la pendiente de Cova de Iría, haciendo una pared alrededor de una mata, vimos, de repente, como un relámpago. 

             – Es mejor irnos ahora para casa –dije a mis primos–, hay relámpagos; puede venir tormenta. – Pues sí. Y comenzamos a descender la ladera, llevando las ovejas en dirección del camino. 

              Al llegar poco más o menos a la mitad de la ladera, muy cerca de una encina grande que allí había, vimos otro relámpago; y, dados algunos pasos más adelante, vimos sobre una carrasca una Señora, vestida toda de blanco, más brillante que el sol, irradiando una luz más clara e intensa que un vaso de cristal, lleno de agua cristalina, atravesado por los rayos del sol más ardiente. Nos detuvimos sorprendidos por la aparición. Estábamos tan cerca que nos quedábamos dentro de la luz que la cercaba, o que Ella irradiaba. Tal vez a metro y medio de distancia más o menos. Entonces Nuestra Señora nos dijo: – No tengáis miedo. No os voy a hacer daño.

              – ¿De dónde es Vd.? – le pregunté.

              – Soy del Cielo.

              – ¿Y qué es lo que Vd. quiere?

              – Vengo a pediros que vengáis aquí seis meses seguidos, el día 13 a esta misma hora. Después os diré quién soy y lo que quiero. Después volveré aquí aún una séptima vez (1).

               – Y yo, ¿también voy al Cielo?

               – Sí, vas.

               – Y, ¿Jacinta?

               – También.

               – Y ¿Francisco?

               – También; pero tiene que rezar muchos Rosarios.

               Entonces me acordé de preguntar por dos muchachas que habían muerto hacía poco. Eran amigas mías e iban a mi casa a aprender a tejer con mi hermana mayor.

                – ¿María de las Nieves ya está en el Cielo?

                – Sí, está. (Me parece que debía de tener unos dieciséis años).

                – Y, ¿Amelia?

                – Estará en el Purgatorio hasta el Fin del Mundo. (Me parece que debía de tener de dieciocho a veinte años).

               –¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que El quisiera enviaros, en acto de desagravio por los pecados con que es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?

               – Sí, queremos.

               – Tendréis, pues, mucho que sufrir, pero la gracia de Dios será vuestra fortaleza.



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               Fue al pronunciar estas últimas palabras (la gracia de Dios, etc...) cuando abrió por primera vez las manos comunicándonos una luz tan intensa como un reflejo que de ellas se irradiaba, que nos penetraba en el pecho y en lo más íntimo del alma, haciéndonos ver a nosotros mismos en Dios que era esa luz, más claramente que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces por un impulso íntimo, también comunicado, caímos de rodillas y repetíamos íntimamente: 

               – Oh Santísima Trinidad, yo Os adoro. Dios mío, Dios mío, yo Os amo en el Santísimo Sacramento. 

               Pasados los primeros momentos, Nuestra Señora añadió: 

             – Rezad el Rosario todos los días, para alcanzar la paz para el mundo y el fin de la guerra

               En seguida comenzó a elevarse suavemente, subiendo en dirección al naciente, hasta desaparecer en la inmensidad de la lejanía. La luz que la rodeaba iba como abriendo camino en la bóveda de los astros, motivo por el cual alguna vez dijimos que habíamos visto abrirse el Cielo.


NOTAS ACLARATORIAS

              1- Esta «séptima vez» tuvo lugar la mañana del día 16 de Junio de 1921, cuando Lucía se despedía de la Cova de Iría. Se trataba de una Aparición particular y personal.


martes, 4 de abril de 2023

ANIVERSARIO DE FRANCISCO MARTO, el niño vidente de Fátima

  


               Nació en Aljustrel, Fátima, el 11 de Junio de 1908, siendo el décimo de once hermanos; fue bautizado nueve días más tarde. No frecuentaba la escuela y se dedicaba a cuidar del rebaño de la familia en un descampado llamado Cova da Iria, donde junto a su prima Lucía y su hermana Jacinta, sería testigo de seis Apariciones de la Virgen María, entre el 13 de Mayo y el 13 de Octubre de 1917. 

              Francisco, un niño de apenas ocho años, quedaría impresionado por el llamado del Cielo a hacer penitencia por los pecadores; pronto se convertiría en un alma contemplativa, con deseos de reparar a los Sagrados Corazones, tal y como se lo había solicitado el Ángel precursor de las Apariciones de Nuestra Señora.

          "¿Qué estáis haciendo? ¡Rezad! ¡Rezad! ¡Rezad mucho!. Los Sagrados Corazones de Jesús y de María tiene sobre vosotros designios de Misericordia. ¡Ofreced constantemente oraciones y sacrificios al Altísimo.

          De todo lo que pidierais ofreced un sacrificio como acto de reparación por los pecados con los cuales Él es ofendido, y de súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra patria la paz. Yo soy el Ángel de su guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad con sumisión el sufrimiento que el Señor os envíe."(El Ángel de Portugal a los Videntes de Fátima, en su segunda Aparición, en verano de 1916)





               Después de la primera Aparición de Nuestra Señora, el pequeño Francisco sufrió humillaciones cuando la noticia se extendió por la aldea de Aljustrel, donde vivía con su familia. En el colegio se burlaban de él, incluso su propio maestro, que no creía en Dios, le acusaba de ser "un falso vidente".

               Pero Francisco nunca se quejó, soportaba todas las humillaciones, verbales y físicas, sin decir nada, hasta el punto de que sus padres nunca supieron nada de ello. "Sufriréis mucho, pero la gracia de Dios será vuestro consuelo", había advertido la Virgen María a los tres pastorcitos.

               Francisco vivió intensamente la oración contemplativa, en donde sobresalía el deseo íntimo de consolar al Sagrado Corazón de Jesús, lo que hacía recogido de todos, para rezar el Rosario, o cuando pasaba varias horas seguidas en oración delante del Sagrario, "Nuestro Señor Escondido", como gustaba llamar Francisco a Jesús Sacramentado. 

               En una ocasión, su prima Lucía le preguntó, "Francisco, ¿qué prefieres más, consolar al Señor o convertir a los pecadores?" Y él respondió: "Yo prefiero consolar al Señor. ¿No viste que triste estaba Nuestra Señora cuando nos dijo que los hombres no deben ofender más al Señor, que está ya tan ofendido? A mí me gustaría consolar al Señor y después, convertir a los pecadores para que ellos no ofendan más al Señor." Y siguió, "Pronto estaré en el Cielo. Y cuando llegue, voy a consolar mucho a Nuestro Señor y a Nuestra Señora."

               Cayó víctima de la neumonía en Octubre de 1918; el 2 de Abril del año siguiente, se confesó y recibió la Comunión por última vez “con una gran lucidez y piedad”, como escribiría el Párroco de Fátima en el Libro de Óbitos, al registrar su muerte, en su casa de Aljustrel, el 4 de Abril de 1919.

              El cadáver de Francisco Marto fue sepultado en el Cementerio de Fátima. Sus restos fueron exhumados el 17 de Febrero de 1952 y trasladados a la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima en Marzo de ese mismo año, donde se encuentran hasta la actualidad.




sábado, 5 de septiembre de 2020

"...VENDRÉ A PEDIR LA COMUNIÓN REPARADORA DE LOS PRIMEROS SÁBADOS..."


               "Mira, hija Mía, Mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer Sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante quince minutos, meditando en los Misterios del Rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación" 

               De esta manera se dirigía Nuestra Señora a Sor Lucía Dos Santos; acontecía la celestial revelación en la ciudad gallega de Pontevedra, era el 10 de Diciembre de 1925 y entonces, la que había sido vidente de la Virgen en Fátima, junto a sus primos Jacinta y Francisco, se preparaba ahora para ser Esposa de Cristo, como religiosa dorotea. 


               Años atrás, en la aldea de Fátima, cuando Lucía y sus primos eran unos niños, habían sido bendecidos con las visitas de la Madre de Dios; en la Aparición del 13 de Junio de 1917, Nuestra Señora les mostró la terrible visión del lugar de penas eternas... "Habéis visto el infierno -les dijo la Virgen- a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la Devoción a Mi Inmaculado Corazón." Fiel a la Voluntad de Dios, la Virgen Santa se manifiesta a una Lucía ya adulta para hacerle cumplir con el pedido que otrora le formulara en Fátima, "Para impedir la guerra vendré a pedir la Consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón y la Comunión Reparadora de los Primeros Sábados..." (13 de Julio de 1917). 


               En la última entrevista fiable que se realizó a Sor Lucía, ésta volvería a reafirmar su Misión de propagar la Devoción al Inmaculado Corazón de María. Fue el Padre Agustín Fuentes Anguiano, quien el 26 de Diciembre de 1957, en calidad de Postulador de la Causa de Canonización de Francisco y Jacinta, tuvo acceso a hablar con Sor Lucía, en un locutorio de la clausura del Monasterio de San José de Coimbra, donde ahora vivía como carmelita descalza.


               Sor Lucía desveló al Padre Fuentes que "mis primos Francisco y Jacinta se sacrificaron porque vieron siempre a la Santísima Virgen muy triste en todas sus apariciones. Nunca se sonrió con nosotros, y esa tristeza y angustia que notábamos en la Santísima Virgen, a causa de las ofensas a Dios y de los castigos que amenazaban a los pecadores, nos llegaban al alma..." También aseguró Sor Lucía que "el demonio está librando una batalla decisiva con la Virgen y una batalla decisiva, es una batalla final en donde se va a saber de qué partido es la victoria, de qué partido es la derrota. Así que ahora, o somos de Dios, o somos del demonio; no hay término medio."


               El Padre Agustín Fuentes dijo que Sor Lucía le aclaró que la Virgen "me dijo, tanto a mis primos como a mí, que dos eran los últimos remedios que Dios daba al mundo; el Santo Rosario y la devoción al Inmaculado Corazón de María. Y, al ser los últimos remedios, quiere decir que son los últimos, que ya no va a haber otros."






¿Cómo practicar la Devoción 
de los Cinco Primeros Sábados del Mes?


               1) Confesarse, dentro de los ocho días anteriores, con la intención de desagraviar las ofensas al Inmaculado Corazón de María. 

               2) Recibir la Comunión en el primer Sábado del mes, en gracia de Dios, con la misma intención de consolar y reparar al Doloroso Corazón de María. La Confesión y la Comunión deben repetirse durante cinco meses consecutivos, sin interrupción, de lo contrario se debe comenzar de nuevo.

               3) Rezar el Santo Rosario, al menos cinco Misterios, con la misma intención de desagraviar al Corazón de María.

               4) Hacer compañía a la Virgen durante quince minutos, meditando los Misterios del Rosario. Esto se puede hacer leyendo un pasaje de la Sagrada Escritura alusivo a los Misterios del Santo Rosario (por ejemplo la Anunciación del Arcángel San Gabriel a la Virgen Purísima). 






jueves, 4 de abril de 2019

CENTENARIO DE LA MUERTE DE FRANCISCO MARTO, EL NIÑO VIDENTE DE FÁTIMA


          Se cumplen hoy cien años de la entrada en el Cielo de Francisco de Jesús Marto, uno de los tres niños que en 1917, tuvieron la gracia de recibir la visita de Nuestra Señora en Fátima, Portugal. Francisco nación en Aljustrel, el 11 de Junio de 1908, era hermano de Jacinta y primo de Lucía Dos Santos, las otras dos videntes; en el momento de la Primera Aparición (13 de Mayo de 1917) a Francisco apenas le faltaba un mes para cumplir los nueve años. 




               Aunque pocas personas lo saben, el niño tan sólo veía a Nuestra Señora, su hermana, Jacinta, la veía y escuchaba y tan sólo Lucía dialogaba con la Virgen, pero luego compartían con Francisco las confidencias con la Virgen.

             En una ocasión, mientras Lucía y Jacinta jugaban corriendo detrás de mariposas, Francisco se aisló para rezar. Después las dos niñas fueron a llamarlo:

   — Francisco, ¿no quieres venir a comer?


   — ¡No! Coman ustedes.

   — ¿Y a rezar el Rosario?

   — A rezar, después voy. Vuélvanme a llamar.

   — Pero, ¿qué estás haciendo aquí tanto tiempo?

   — Estoy pensando en Dios que está tan triste por tantos pecados... ¡Si yo pudiera darle alegría! (Y pasó el día en ayuno y oración). […]

   — Francisco, ¿qué te gusta más? [preguntó Lucía].

   — Me gusta más consolar a Nuestro Señor. ¿No te diste cuenta cómo la Santísima Virgen, todavía en el último mes, se puso tan triste cuando dijo que no ofendieran más a Dios Nuestro Señor, que ya estaba muy ofendido? Yo querría consolar a Nuestro Señor y después convertir a los pecadores, para que no le ofendan más”.




               En una ida a la escuela en Fátima, Francisco le dijo a Lucía: “Mira, anda tú a la escuela, que yo me quedo aquí en la iglesia con Jesús Escondido (en el Sagrario). De nada me vale la pena aprender, porque dentro de poco me voy al Cielo. Al salir me llamas”.

               Mas que nada Francisco quería ofrecer su vida para aliviar al Señor quien él había visto tan triste, tan ofendido. Incluso, sus ansias de ir al cielo fueron motivadas únicamente por el deseo de poder mejor consolar a Dios. Con firme propósito de hacer aquello que agradase a Dios, evitaba cualquier especie de pecado y con siete años de edad, comenzó a aproximarse, frecuentemente al Sacramento de la Penitencia.

               El día 28 de Diciembre de 1918, Francisco y Jacinta enfermaron gravemente, atacados por la terrible epidemia de bronconeumonía, que tantas víctimas causaba entonces en toda Europa.

               Jacinta le dijo a su hermano: “No te olvides de ofrecer [tus padecimientos] por los pecadores”. A lo que Francisco respondió:

              “Sí, pero lo ofrezco primero para consolar a Nuestro Señor y a Nuestra Señora y después es que lo ofrezco por los pecadores y por el Santo Padre”.
       
               Ya en vísperas de su muerte, le dijo a Lucía:

        — “Estoy muy mal; me falta poco para ir al Cielo.


        — Entonces vete; pero no te olvides allí de pedir mucho por los pecadores, por el Santo Padre, por mí y por Jacinta.

        — Sí pediré; pero mira: prefiero que pidas esas cosas a Jacinta, porque yo tengo miedo de que se me olvide en cuanto vea a Nuestro Señor. Sobre todo quiero consolarle a Él”.

          El proceso canónico registra, según la declaración del Padre Manuel Marques Ferreira, que poco antes de su fallecimiento, Francisco recibió la Sagrada Comunión “con gran lucidez y piedad”.

          El día 4 de Abril de 1919, a las 6 de la mañana, le dijo a su madre: “Oh madre mía, qué luz tan bonita”. Instantes después, el rostro de Francisco se iluminó con una sonrisa angelical, y él, sin agonía, sin una contracción, sin un gemido, expiró suavemente en su habitación. 

          El 17 de Febrero de 1952, sus preciosos restos mortales serían trasladados a la Basílica de Nuestra Señora de Fátima.