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sábado, 7 de noviembre de 2026

LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, MADRE, CONSUELO Y LIBERACIÓN DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

 


                    Aquella que fue constituida en el Monte Calvario como Madre de los hombres por voluntad de Nuestro Señor, no abandona a Sus hijos cuando estos comparecen ante el Tribunal de Dios, ni deja de ejercer Su maternal solicitud por quienes, habiendo muerto en Su gracia y amistad, necesitan todavía ser purificados antes de entrar en la Bienaventuranza Eterna.

                    La Iglesia de Cristo ha contemplado siempre a María Santísima como Madre misericordiosa, Abogada de los pecadores y poderosa Intercesora ante el Trono de Dios. De manera se ha señalado Su maternal solicitud por las Almas del Purgatorio, aquellas almas santas que ya tienen asegurada la salvación, pero que todavía no pueden gozar de la Visión Beatífica.

                    No se trata de presentar la devoción mariana como un camino alternativo a la Redención de Jesucristo, ni de atribuir a la Santísima Virgen una potestad independiente de Dios: toda gracia procede de Cristo, único Redentor y Mediador necesario; María intercede por los méritos de Su Hijo y por la Voluntad Divina, que ha querido asociarla de manera singular a la Obra de la Salvación.

                    No debemos olvidar que aquellas almas están salvadas, pertenecientes a Cristo, que esperan la purificación necesaria para entrar en la gloria. Por eso, la Caridad Cristiana no puede permanecer indiferente ante su situación.

                    La Santa Misa, las oraciones, las limosnas y las obras de penitencia ofrecidas por los difuntos constituyen una expresión eminente de la Comunión de los Santos, una obra de misericordia espiritual que la Iglesia ha recomendado desde sus primeros tiempos.

                    Para comprender la especial relación de la Santísima Virgen con las Almas del Purgatorio debemos recordar Su Maternidad espiritual: María no es Madre de los hombres por una atribución meramente sentimental, puesto que Su maternidad espiritual está vinculada a su cooperación singularísima en la Obra Redentora de Jesucristo.

                    El Papa Pío XII, en su encíclica Mystici Corporis Christi expuso solemnemente esta doctrina al hablar de la Virgen al pie de la Cruz: "De tal suerte que la que era Madre corporal de nuestra Cabeza, fuera, por un nuevo título de dolor y de gloria, Madre espiritual de todos sus miembros" (1).

                    Por tanto, si María es Madre espiritual de los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, Su solicitud maternal no puede entenderse como limitada exclusivamente a los Fieles que todavía peregrinan en este mundo, por lo que las Almas del Purgatorio pertenecen también a Cristo, ya que han muerto en Su gracia, permanecen unidas a Él y esperan alcanzar la consumación de su felicidad eterna.

                    Por consiguiente, resulta plenamente coherente con la Maternidad espiritual de María confiar en Su intercesión por aquellas almas. El mismo Pío XII, al concluir su exposición sobre la Santísima Virgen, escribe que "Ella, pues, Madre Santísima de todos los miembros de Cristo, a cuyo Corazón Inmaculado hemos consagrado confiadamente todos los hombres, la que ahora brilla en el Cielo por la gloria de Su Cuerpo y de su Alma, y reina juntamente con Su Hijo, obtenga de Él, con su apremiante intercesión que de la excelsa Cabeza desciendan sin interrupción -sobre todos los miembros del Cuerpo místico- copiosos raudales de gracias" (2).

                    San Alfonso María de Ligorio en su conocida obra Las Glorias de María escribe "Muy felices son los devotos de esta Madre clementísima, porque además de socorrerlos en esta vida, los asiste y consuela en el Purgatorio, y aun allí con más amor y misericordia, por la mayor necesidad en que ve aquellas almas, sin poderse aliviar á sí mismas ninguna parte del rigor de sus penas" (3).

                    San Alfonso desarrolla aquí una consideración profundamente maternal: las Almas del Purgatorio padecen sin poder aplicarse por sí mismas los sufragios que necesitan. La Iglesia Militante, sin embargo, puede socorrerlas mediante sus oraciones y sacrificios, y María, como Madre espiritual, es invocada por los Fieles para que interceda por Ellas.

                    El Santo Doctor continúa recogiendo testimonios de diversos autores espirituales y tradiciones devocionales relativas a la protección de Nuestra Señora, entre ellos reproduce unas palabras atribuidas a la propia Virgen en las revelaciones de Santa Brígida: "Yo, como Madre, cuido de los que padecen en el Purgatorio, aliviándoles de hora en hora sus penas" (4).

                    San Alfonso añade una recomendación concreta para quienes desean ejercer la caridad con los difuntos: "Finalmente, por lo que hace a los sufragios, si deseamos aliviarlas, pidamos a Nuestra Señora por Ellas en todas nuestras oraciones, ofreciendo siempre por su alivio y descanso el Santo Rosario, que les sirve grandemente" (5).

                    La Santísima Virgen es Madre de misericordia, pero también modelo de fidelidad, pureza, humildad y obediencia a la Voluntad Divina. Encomendemos, pues, a Su maternal intercesión a las Benditas Almas del Purgatorio. Pidámosle que alcance para Ellas el alivio de sus penas y la pronta entrada en la Gloria Celestial.

                    Que jamás olvidemos que la mejor manera de honrar a Nuestra Santa Madre es vivir como verdaderos hijos Suyos, unidos a Su Divino Hijo y perseverando hasta el final en la Gracia.

                    Nuestra Señora, Madre de Misericordia, ruega por las Benditas Almas del Purgatorio. Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para Ellas la Luz perpetua. Descansen en paz. Amén.


NOTAS

            1) Encíclica Mystici Corporis Christi, 29 de Junio de 1943. 

2) Idem.

            3) Las Glorias de María, primera parte, capítulo VIII: «María alivia á los suyos las penas del purgatorio y los saca de ellas». 

            4) Santa Brígida de Suecia. Revelaciones, libro IV, capítulo 132. Testimonio reproducido por San Alfonso María de Ligorio en Las Glorias de María, primera parte, capítulo VIII. 

            5) Las Glorias de María, primera parte, capítulo VIII.



martes, 13 de octubre de 2026

EL MILAGRO DEL SOL DE FÁTIMA, "No ofendan más a Dios..."

  



               El 13 de Octubre de 1917 aconteció la última de las Apariciones de Nuestra Señora en Fátima; como las otras veces, los niños videntes notaron el reflejo de una luz y, enseguida, a Nuestra Señora sobre la encina. Entonces, la mayor de los tres videntes, Lucía Dos Santos, entabla conversación con la Madre de Dios:

               Lucía: ¿Qué quiere Vuestra Merced de mí?

               Nuestra Señora: Quiero decirte que hagan aquí una capilla en Mi honor. Que Soy la Virgen del Rosario y que continuéis rezando el Rosario todos los días. La guerra va a terminar y los militares volverán pronto a sus casas.

               Lucía: Tengo que pedirle muchas cosas: la curación de unos enfermos, la conversión de unos pecadores...

                Nuestra Señora: A unos sí, a otros no. Es preciso que se enmienden, que pidan perdón de sus pecados. Y tomando un aspecto más triste dijo: No ofendan más a Dios Nuestro Señor que ya está muy ofendido.

               Enseguida, abriendo las manos, Nuestra Señora las hizo reflejar en el Sol, y mientras se elevaba, continuaba el reflejo de su propia luz proyectándose en el Sol.

               En ese momento, Lucía exclamó: ¡Miren el Sol!.

               Desaparecida Nuestra Señora en la inmensidad del firmamento, se desarrollaron ante los ojos de los videntes tres cuadros sucesivamente, simbolizando primero los Misterios Gozosos del Rosario, después los Dolorosos y finalmente los Gloriosos (sólo Lucía vio los tres cuadros; Francisco y Jacinta vieron sólo el primero).

               Aparecieron, al lado del Sol, San José con el Niño Jesús y Nuestra Señora del Rosario. Era la Sagrada Familia. La Virgen estaba vestida de blanco, con un manto azul. San José también estaba vestido de blanco y el Niño Jesús de rojo claro. San José bendijo a la multitud, haciendo tres veces la señal de la Cruz. El Niño Jesús hizo lo mismo.

                Siguió la visión de Nuestra Señora de los Dolores y de Nuestro Señor agobiado de dolor en el camino del Calvario. Nuestro Señor hizo la señal de la Cruz para bendecir al pueblo. Nuestra Señora no tenía espada en el pecho. Lucía veía solamente la parte superior del cuerpo de Nuestro Señor.

               Finalmente apareció, en una visión gloriosa, Nuestra Señora del Carmen, coronada Reina del Cielo y de la Tierra, con el Niño Jesús en los brazos.

               Mientras estas escenas se desarrollaban ante los ojos de los videntes, la gran multitud, -de 50 a 70 mil espectadores- asistía al Milagro del Sol: había llovido durante toda la Aparición. Al terminar el coloquio de Lucía con Nuestra Señora, en el momento en que la Santísima Virgen se elevaba y Lucía gritaba “¡Miren el Sol!”, las nubes se entreabrieron, dejando ver el Sol como un inmenso disco de plata. Brillaba con una intensidad jamás vista, pero no cegaba. Esto duró apenas un instante. La inmensa bola de fuego comenzó a “bailar”.



El diario filomasónico O Seculo dejó constancia de todo lo acontecido 
el 13 de Octubre en la aldea de Fátima; toca sobre la imagen para verla
en su tamaño original


                Cual gigantesca rueda de fuego, el Sol giraba rápidamente. Paró por cierto tiempo, para enseguida volver a girar vertiginosamente sobre sí mismo. Después sus bordes se volvieron escarlata y se deslizó en el Cielo como un remolino, esparciendo llamas rojas. Esa luz se reflejaba en el suelo, en los árboles, en los arbustos, en los propios rostros de las personas y en las ropas, tomando tonalidades brillantes y diferentes colores. Animado tres veces por un movimiento loco, el globo de fuego pareció temblar, sacudirse y precipitarse en zig-zag sobre la multitud aterrorizada.

                 Duró todo esto unos diez minutos. Finalmente, el Sol volvió en zig-zag hasta el punto desde donde se había precipitado, quedando de nuevo tranquilo y brillante, con el mismo fulgor de todos los días. El ciclo de las Apariciones de Fátima había terminado.

               Muchas personas notaron que sus ropas, empapadas por la lluvia, se habían secado súbitamente.

               El Milagro del Sol fue observado también por numerosos testigos situados fuera del lugar de las Apariciones, hasta una distancia de 40 kilómetros.



lunes, 12 de octubre de 2026

NUESTRA SEÑORA MARÍA SANTÍSIMA DEL PILAR

  

Este pilar permanecerá en este 
sitio hasta el Fin del Mundo 
y nunca faltarán en esta ciudad 
verdaderos Cristianos




LA PIADOSA TRADICIÓN DEL PILAR


                    Una antigua y venerada tradición refiere que la Santísima Virgen María, en carne mortal, se apareció en Zaragoza sobre una columna o pilar, signo visible de su presencia, alentando al apóstol Santiago en su evangelización por tierras españolas. El santuario levantado en ese lugar es uno de los más visitados en el mundo católico. Bajo su patrocinio de inició la evangelización de América el 12 de Octubre del 1492.

                    El Papa Clemente XII aprobó su Misa y Oficio litúrgico para toda España. Pío VII lo elevó a la categoría litúrgica de Fiesta. Y Pío XII otorgó a todas las naciones hispanoamericanas la posibilidad de celebrar la misma Misa que se celebra en España.               

                       "Después de la Pasión y Resurrección del Salvador y de Su Ascensión al Cielo, la Virgen María quedó encomendada al Apóstol San Juan. De Ella recibieron los Apóstoles el impulso para salir a anunciar el Evangelio en todo el mundo. El Apóstol Santiago, hermano de Juan e Hijo de Zebedeo, movido por el Espíritu Santo se dirigió a las provincias de España. Antes de partir besó las manos de la Virgen y pidió Su bendición.

                      Ella lo despidió con estas palabras: "Ve, hijo, cumple el mandato del Maestro y por Él te ruego que en aquella ciudad de España en que mayor número de hombres conviertas a la Fe, edifiques una Iglesia en Mi memoria, como Yo te lo mostraré". Saliendo de Jerusalén, Santiago llegó a España y pasando por Asturias llegó a la ciudad de Oviedo, donde sólo pudo bautizar a un hombre. Luego, entrando por Galicia, predicó en la ciudad de Padrón. De allí volviendo por Castilla se dirigió a Aragón, donde se encuentra Zaragoza, a orillas del Ebro. 

                       En esta ciudad, luego de predicar muchos días, bautizó a ocho varones con quienes conversaba durante el día del Reino de Dios. Por la noche, solo y descorazonado, se encamina por la ribera del río para descansar y orar en silencio. Durante la oración, una de esas noches oyó voces de Ángeles que cantaban: "Ave María llena de gracia..." al oírlos se postró de rodillas y vio sobre un pilar de mármol a la Virgen que le decía: "He aquí, Santiago, el lugar donde edificarás un templo en Mi memoria. Mira bien este pilar en que estoy, al que Mi Hijo y Maestro tuyo trajo de lo alto por mano de los Ángeles. Alrededor de él harás el Altar de la capilla, en este lugar obrará la Virtud del Altísimo portentos y maravillas por Mi intercesión por aquellos que, en sus necesidades imploren Mi Patrocinio. Este pilar permanecerá en este sitio hasta el Fin del Mundo y nunca faltarán en esta ciudad verdaderos Cristianos. 

                       Confortado por esta presencia de María, edificó un templo. Es la primera iglesia del mundo dedicada a la Virgen". 

                    Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio y, con el concurso de los conversos, la obra se puso en marcha con rapidez. Pero antes que estuviese terminada la Iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresar a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima.

                    Muchos historiadores e investigadores defienden esta tradición y aducen que hay una serie de monumentos y testimonios que demuestran la existencia de una iglesia dedicada a la Virgen de Zaragoza. El más antiguo de estos testimonios es el famoso sarcófago de Santa Engracia, que se conserva en Zaragoza desde el siglo IV, cuando la santa fue martirizada. El sarcófago representa, en un bajo relieve, el descenso de la Virgen de los cielos para aparecerse al Apóstol Santiago.


LA SANTA COLUMNA O PILAR


                    "Es de jaspe, de dos varas de alta y descansa en una piedra que la continúa algo oscura que está sobre otra más clara, fijada en una base redonda y está sobre un plano de piedra como la que circuye toda la obra. La columna de jaspe está cubierta de bronce y, sobre el bronce, de plata, cuyas dos cubiertas llegan hasta el pie de la sagrada imagen que está colocada en la Columna sin otra seguridad y su diámetro mide 24 ctms". Manuel Vicente Aramburu en su descripción de la Santa Columna del Pilar en 1766.




                    Fragmento visible de la Santa Columna, en el humilladero que está en la parte posterior del Pilar de Zaragoza: la costumbre de besar el Pilar ya está atestiguada desde la Edad Media. El desgaste sufrido por la Santa Columna a causa de los continuos ósculos de los fieles, llevó a Julián de Yarza a modificar la altura de la apertura de la funda. El óvalo de oro que lo rodea se colocó a mediados del siglo XX, donado por el médico y escritor Ricardo Royo Villanova, Terciario Franciscano.





                    El Santo Pilar que la Tradición asegura que no se ha movido del mismo lugar donde se produjo la Venida, representa la idea de la estabilidad del edificio que simboliza la Iglesia gracias a la solidez y firmeza de la columna que viene a ser la confianza en la Fe que nos demuestra María.



miércoles, 7 de octubre de 2026

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO

 


                    Según la venerable Tradición, la Santísima Virgen reveló la devoción del Rosario a Santo Domingo de Guzmán, a principios del siglo XIII. Fue el medio escogido por la Divina Providencia para salvar a Europa de una herejía especialmente virulenta que, como una epidemia maldita, contagiaba con sus errores varias regiones europeas a partir del norte de Italia y de la región de Albi, al sur de Francia. De ahí el nombre de “albigenses” atribuido a esos herejes, conocidos también como cátaros (del griego: puros), pues así soberbiamente se autodenominaban.

                    Estos herejes se infiltraron en los medios católicos para engañar mejor y captar simpatía; predicaban, entre otros errores, el panteísmo, el amor libre, la abolición de las riquezas, de la jerarquía social y de la propiedad particular; sus semejanzas con el Comunismo saltan a la vista.

                    En las regiones infestadas por la herejía albigense, toda la reacción católica apuntando a contenerla se mostraba ineficaz. Los herejes, después de conquistar muchas almas, destruir multitud altares y derramar infinita sangre católica, parecían definitivamente victoriosos.

                    Santo Domingo (más tarde fundador de la Orden de Predicadores) se empeñó intrépidamente en el combate a la secta albigense, pero sin embargo no conseguía sobrepujar el ímpetu de los herejes, que continuaban pervirtiendo a los fieles católicos, y aquellos que no accedían a apostatar eran masacrados.

                    Desolado, Santo Domingo suplicó a la Virgen Santísima que le señalase una arma espiritual eficaz, capaz de derrotar a aquellos terribles adversarios de la Santa Iglesia Católica.

                    Cuando todo parecía perdido, la Santísima Virgen intervino en los acontecimientos para salvar a la Cristiandad de ese mal.

                    El Beato Alano de la Rupe (1428-1475), célebre predicador de la Orden Dominicana, en el libro De la dignidad del Salterio narra la aparición de Nuestra Señora a Santo Domingo en 1214: 

                    "Viendo Santo Domingo que los crímenes de los hombres obstaculizaban la conversión de los albigenses, entró en un bosque próximo a Tolosa y permaneció allí tres días y tres noches dedicado a la penitencia, a la oración continua, sin cesar de gemir, llorar y mortificar su cuerpo con disciplinas para calmar la Cólera Divina, hasta que cayó medio muerto. La Santísima Virgen se le apareció en compañía de tres princesas celestiales y le dijo: "¿Sabes, querido Domingo, de qué arma se ha valido la Santísima Trinidad para reformar el mundo?".

                    ¡Oh Señora -respondió Santo Domingo- Tú lo sabes mejor que yo, porque después de Jesucristo, Tu Hijo, Tú fuiste el principal instrumento de nuestra Salvación!.

                    Pues sabe -añadió Ella- que la principal pieza de batalla ha sido el Salterio Angélico (El Rosario), que es el fundamento del Nuevo Testamento. Por ello, si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, predica Mi Rosario.

                    Levantóse el Santo muy consolado, inflamado de celo por la salvación de aquellas gentes, entró en la Catedral. Al momento repicaron las campanas para reunir a los habitantes, gracias a la intervención de los Ángeles. Al comenzar él su predicación, se desencadenó una terrible tormenta, tembló la tierra, se oscureció el Sol, truenos y relámpagos repetidos hicieron temblar y palidecer a los oyentes. El terror de estos aumentó cuando vieron que una imagen de la Santísima Virgen expuesta en un lugar prominente, levantaba por tres veces los brazos al Cielo para pedir a Dios venganza contra ellos si no se convertían y recurrían a la protección de la Santa Madre de Dios.

                    Quería el Cielo con estos prodigios promover esta nueva devoción del Santo Rosario y hacer que se la conociera más.

                    Gracias a la oración de Santo Domingo, se calmó finalmente la tormenta. Prosiguió él su predicación, explicando con tanto fervor y entusiasmo la excelencia del Santo Rosario, que casi todos los habitantes de Tolosa lo aceptaron, renunciaron a sus errores. En poco tiempo se experimentó un gran cambio de vida y de costumbres en la ciudad".



                   En gratitud perpetua a Dios por la Victoria de Lepanto, el Papa San Pío V instituyó la Fiesta de la Virgen de las Victorias y a las Letanías de Nuestra Señora añadió "Auxilio de los Cristianos"; fue el Papa Gregorio XIII quien en 1573 definió su nombre actual como Nuestra Señora del Rosario, para el primer Domingo de Octubre y el Papa San Pío X fijó su celebración para el 7 de Octubre, día de la Batalla de Lepanto.

                   La Devoción del Santo Rosario tiene su origen en los 150 Salmos del Antiguo Testamento, así el Rosario contiene 150 Avemarías, repartidas entre los 15 Misterios de la Vida y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y de la Santa Virgen María. A su vez, los Misterios de dividen en tres grupos: los Gozosos, los Dolorosos y los Misterios de Gloria, a través de los cuales el Cristiano, transita por aquellos lugares y circunstancias que vivieron Jesús y Nuestra Santa Madre. 

                   Rosario quiere decir "Corona de Rosas", en alusión a la hermosura y aroma que exhalan las Avemarías que dedicamos una y otra vez, como los enamorados, a Nuestra Señora, esperando en Su poderosa intercesión en las dificultades cotidianas y en especial, para obtener importantes gracias espirituales. Corona de rosas que desgranamos a fin de exhalar en nosotros el buen olor de Jesús-María, a quienes aprenderemos a imitar si sabemos contemplar con devoción los Misterios del Santo Rosario.

                   El Santo Rosario es de las oraciones más perfectas y la predilecta de Nuestra Señora; el rezo del Rosario se compone de una breve meditación de los acontecimientos más relevantes de la Vida de Nuestro Señor Jesucristo y de Su Santa Madre, por lo que lo convierte en un referente evangélico que nos ayuda y alienta a conocer a estas dos Santísimas personas, desde la intimidad de la Encarnación hasta la Coronación de María como Reina del Universo, y además una continua súplica mediante la Oración por antonomasia del cristiano, el Padrenuestro y la invocación angelical a Nuestra Señora, el Avemaría, lo que convierte al Rosario en perfecta Teología condensada en forma de Piedad.

                   Todo buen Católico, o aquellos tibios que desean serlo, han de ser continuos en la práctica del REZO DIARIO DEL SANTO ROSARIO, con o sin ganas, llenos de fervor o asaltados por molestos inconvenientes... no busquemos excusa alguna, pues el Rosario sólo ocupa apenas media hora, frente a las muchos ratos que dedicamos a la televisión, redes sociales, ocio...

                   El verdadero devoto de la Virgen la imita en Sus virtudes y es obediente a la voz de Su Madre del Cielo que en Lourdes, Fátima, Garabandal, entre otras muchas Apariciones, nos pide con insistencia EL REZO DIARIO de Su Santo Rosario, del cual asegura la misma Virgen será el único medio "para alcanzar la paz en el mundo y la conversión de los pecadores", como afirmó en Fátima.


“El Rosario o Salterio de la Bienaventurada Virgen María 
es un modo piadosísimo de oración y petición a Dios, 
modo fácil al alcance de todos, que consiste en alabar 
a la Santísima Virgen repitiendo el saludo angélico 
ciento cincuenta veces, tantas cuantas son los Salmos 
del Salterio de David, interponiendo entre cada decena 
la oración del Señor con determinadas meditaciones 
que ilustran toda la Vida de Nuestro Señor Jesucristo” 

Papa San Pío V, Bula Consueverunt Romani Pontífices
17 de Septiembre de 1569


                   Cuando reces el Rosario, recita con ternura el Padrenuestro, despacio, saboreando lo que dices y seguro que la oración llega al Padre Eterno. En la recitación del Avemaría, después de saludar a la Virgen, pide con fe sencilla ese "ahora y en la hora de nuestra muerte"; un "ahora" que tienes ésta o aquélla dificultad, un "ahora" que tus hijos andan con problemas, un "ahora" en que tu matrimonio no va bien... ese "ahora" es presente, como eternamente la Virgen es presente en aquellos que la llaman y la honran con Su Rosario. 

                   Reza el Rosario cada día: si nunca lo has hecho, empieza poco a poco, rezando por la mañana unos cuantos Misterios y por la tarde el resto. Intenta no dejar el rezo del Rosario para la noche, porque el cansancio puede vencerte y no rezarlo. 

                   Si lo rezabas habitualmente pero lo has dejado por desidia o por no tener compañía, sé original, sal y reza el Rosario mientras paseas por un parque agradable, tal vez puedes buscar a alguien piadoso que te acompañe en el rezo o, ¿por qué no? busca en internet algún audio con el rezo del Rosario y así puedes ayudarte. Cualquier lugar es apropiado, depende de la actitud del corazón y del amor que queramos poner, depende de ti, querer más a la Virgen y rezarle cada día Su Rosario. No encontrarás mejor regalo para demostrarle tu amor a María Purísima que regalándole a diario unos minutos con Su Rosario. 


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sábado, 26 de septiembre de 2026

MARÍA NUESTRA SEÑORA y MADRE, Casa de Oro

 

Soy morena, pero hermosa, 
oh hijas de Jerusalén, 
como las tiendas de cedro, 
como las cortinas de Salomón 

Cantar de los Cantares, cap. 1, vers. 4



                    Después de la caridad, no hay virtud más grata a Dios que la humildad cristiana. Esta virtud, desconocida para los paganos, nos la enseñó Dios mismo cuando se humilló y se hizo hombre por amor a nosotros. Y como si tal humillación no fuera suficiente, Nuestro Redentor también eligió vivir oculto y despreciado a los ojos de los hombres, hasta tal punto que San Pablo dice de Él: «Se humilló a Sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz».

                    De esta manera podemos comprender cuán preciada es la humildad para Dios, y por qué a menudo se vale de aquellos que son de poca importancia, pero de corazón humilde, para realizar grandes cosas en Su Iglesia. «Cuando eras pequeño a tus propios ojos, ¿no fuiste hecho la cabeza de las tribus de Israel?».

                    Admira, alma mía, la Sabiduría del Altísimo, cuyos caminos son tan diferentes de los de los hombres, y que se deleita en escoger “lo necio del mundo, para confundir a los sabios, y lo débil, para confundir a los fuertes”.

                    La dignidad sin igual a la que María fue elevada puede ayudarnos a formarnos una idea justa de la excelencia de la virtud de la humildad, pues fue precisamente Su profunda humildad, unida a un grado supereminente de gracia y caridad, lo que, según la enseñanza de los Santos Padres, hizo digna a la Santísima Virgen de ser la Madre del Verbo Encarnado.

                    La virginidad que María había consagrado a Dios desde la infancia atrajo sobre Ella la mirada amorosa divina; sin embargo, fue a Su humildad a la que debió Su elevación a la dignidad de Madre del Verbo. «Por Su virginidad María se hizo grata al Señor; por Su humildad concibió al Verbo», dice San Bernardo.

                    Y en verdad, ¡cómo resplandece la humildad de la Madre de Dios en la Anunciación! Ante las palabras del Ángel, la humilde Virgen se turba y se pregunta en Su interior qué significa aquel saludo. El Ángel continúa: «No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios; he aquí que concebirás en Tu vientre;… y Él será llamado Hijo del Altísimo». A estas palabras, por las que conoció Su futura grandeza, la humilde Virgen no respondió sino: «He aquí la Sierva del Señor; hágase en Mí según tu palabra». Y a lo largo de Su vida mortal, María jamás tuvo otra norma de conducta, ni escogió jamás otra cosa que el oprobio de la Cruz de Cristo.

                    ¡Oh, prodigio de humillación! A esto debemos la consumación del gran Misterio de nuestra Redención.

                    El Cristiano que desee agradar a Dios y crecer en Santidad, debe esforzarse, siguiendo el ejemplo de María, por progresar continuamente en la humildad, pues está escrito que «Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes». Para ello, debe reconocer, en primer lugar, que todos los dones que posea, ya sean naturales o por gracia, todas sus prerrogativas de nacimiento o posición social, provienen de la mano de Dios. Pero, para conservarnos en santa humildad, debemos someternos libremente a las disposiciones de Dios y contentarnos con la porción que Él nos ha asignado, sin buscar honores ni preeminencia, sino, por el contrario, recibiendo con resignación, si no con alegría, las humillaciones que nos sobrevengan.

                    Una lectura atenta de las Sagradas Escrituras nos convencerá de que María, durante la vida pública de Jesús, nunca perdió la oportunidad de compartir Su oprobio. Por tanto, elijamos también nosotros la Cruz de Cristo y alegrémonos de ser considerados de poco valor por los hombres.

                    Pide a tu Dios, alma mía, que rehúyas los honores mundanos y que recibas con perfecta sumisión las humillaciones que le plazca enviarte, recordando las palabras del Libro de Proverbios: «La humildad precede a la gloria».

                    La incomparable humildad de la Virgen María, quien, al ser saludada por el Ángel como Madre de Dios, se declaró Sierva del Señor, ha inspirado en la Iglesia numerosos actos de heroica abnegación. Un ejemplo notable de desprecio por los honores mundanos por amor a María se encuentra en la vida de Giovanni Antonio de Santis. Su sólida reputación teológica en sus primeros años como Sacerdote fue lo que llamó la atención de la Curia Papal. En pleno contexto del Cisma de Occidente, el Papa Bonifacio IX lo eligió y elevó formalmente en 1395 a la altísima dignidad de Arzobispo de las sedes unidas de Matera y Acerenza, en el sur de Italia. 

                    Sucedió que una vez escuchó un sermón sobre las maravillosas obras que la Virgen María había realizado en Monte Senario en favor de Sus Siervos, los Siete Santos Fundadores, quienes se habían retirado allí y cuyos hijos vivían completamente dedicados a su servicio. Tan ardiente era su deseo de unirse a esta santa comunidad que, renunciando a su obispado en manos del mismo Papa que lo había elegido, le solicitó de inmediato su incorporación a la Orden de los Servitas.

                    Su petición fue concedida; y así, en el año 1402, el mismo día en que la Iglesia celebró el nacimiento del Rey de Gloria en este mundo, el Obispo Giovanni Antonio renunció a la dignidad episcopal y cambió sus costosas vestiduras por el hábito negro de los Siervos de María, Aquella que, por la muerte de Su Hijo unigénito, dio a los hombres el nacimiento espiritual a la Vida de la Gracia.

                    Giovanni Antonio permaneció en Monte Senario durante unos diez años, desempeñando los oficios más humildes, como si hubiera sido el último religioso del monasterio. Era tan humilde que no dejaba entrever su antigua dignidad, y nada lo distinguía de los religiosos sencillos, no solo durante su noviciado, sino también cuando fue nombrado Superior de la comunidad.

                    Pero tal humildad no quedó sin recompensa. Nuestra Señora, que no se deja superar en generosidad, lo colmó de favores celestiales y se dignó a aparecerse ante él, ordenándole que acudiera al Obispo de Vicenza para encomendar el cuidado del Santuario de Monte Berico a los religiosos de su Orden. El Obispo de Vicenza accedió de buen grado a su petición.

                    Más tarde, Giovanni Antonio fue elegido para fundar la Congregación de los Servitas de Mantua, de la cual fue elegido Vicario General en tres ocasiones. En este cargo, nunca dejó de promover el amor por la observancia regular y la devoción a la Reina del Cielo. De esta y muchas otras maneras, Giovanni Antonio, Siervo de Nuestra Señora, dio prueba de su fidelidad al servicio de la Divina Madre, por cuya causa había renunciado a la dignidad y los bienes terrenales.


Extraído de "La más bella flor del Paraíso" 
escrito por el Cardenal Alexis-Henri-Marie Lépicier, 
de la Orden de los Siervos de María


sábado, 19 de septiembre de 2026

NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE, LAS LÁGRIMAS POR EL PECADO DEL MUNDO

 


               "La Santísima Virgen lloró durante casi todo el tiempo que me habló. Sus lágrimas fluían lentamente, una a una, hasta Sus rodillas… y luego, como chispas de luz, desaparecían. Eran brillantes y llenas de amor. Yo hubiera querido consolarla y que no llorara. Pero me parecía que necesitaba mostrar Sus lágrimas para demostrar mejor su amor olvidado por los hombres. 

                Las lágrimas de Nuestra tierna Madre, lejos de debilitar Su aire majestuoso de Reina y Señora, parecían, por el contrario, embellecerla, hacerla más amable, más radiante. Los ojos de la Santísima Virgen, Nuestra tierna Madre, no pueden describirse con lenguaje humano. Haría falta un serafín para hablar de ellos, haría falta el lenguaje mismo de Dios, de Dios que formó a la Virgen Inmaculada, Obra Maestra de Su Poder. 

                Los ojos de la augusta María parecían mil y mil veces más hermosos que los brillantes, los diamantes y las piedras preciosas. Eran como la Puerta de Dios, a través de la cual se veía todo lo que puede encantar el alma... bastarían para ser el Cielo de un bienaventurado; bastaría para hacer entrar a un alma en la plenitud de la Voluntad del Altísimo, entre todos los acontecimientos que se suceden en el curso de la vida; bastaría para impulsar a un alma a continuos actos de alabanza, de acción de gracias, de reparación y de expiación..."


Declaración de Mélanie Calvat, recogida por el Padre Fray Pie Raymond Régamey O.P.
en “Les plus beaux textes sur la Vierge”


                   Sucedió este gran acontecimiento en una meseta montañosa al sudeste de Francia, cerca del poblado de La Salette. Un niño llamado Maximino Giraud, de once años y la joven Melania Mathieu, de quince años, estaban cuidando el ganado. Melanie estaba acostumbrada y entrenada a este tipo de trabajo desde que tenía nueve años de edad, pero todo era nuevo para Maximino. Su padre le había pedido que lo hiciera como un acto generoso para cooperar con el granjero que tenía a su ayudante enfermo por esos días. 

                   Según el propio Relato de Melania: El día 18 de Septiembre de 1846, víspera de la Aparición de la Santísima Virgen, estaba yo sola, como siempre, cuidando el ganado de mi amo, alrededor de las once de la mañana vi a un niño que se aproximaba hacia mí. Por un momento tuve miedo, pues me parecía que todos deben saber que evitaba todo tipo de compañía. El niño se acercó y me dijo: "Hey niña, voy a ir contigo, soy de Corps". A estas palabras mi malicia natural se mostró y le dije: "No quiero a nadie a mi alrededor. Quiero estar sola". Pero él, siguiéndome, dijo: "Mi amo me envió aquí para que contigo cuidara el ganado. Vengo de Corps". Me separé molesta de él, dándole a entender que no quería a nadie alrededor mío. Cuando estaba ya a cierta distancia me senté en la hierba. Usualmente de esta forma hablaba a las florecitas o al Buen Dios.




                   Después de un momento, detrás de mí estaba Maximino sentado y directamente me dijo: "Déjame estar contigo, me portaré muy bien". Aún en contra de mi voluntad y sintiendo un poco de lástima por Maximino le permití quedarse. Al oír la campana de la Salette para el Ángelus, le indiqué elevar su alma a Dios. El se quitó el sombrero y se mantuvo en silencio por un momento. Luego comimos y jugamos juntos. Cuando cayó la tarde bajamos la montaña y prometimos regresar al día siguiente para llevar al ganado nuevamente.

                  Al día siguiente, Sábado, 19 de Septiembre, de 1846, el día estaba muy caluroso y los dos jovencitos acordaron comer su almuerzo en un lugar sombreado. Melania había descubierto que Maximino era muy buen niño, simple y dispuesto a hablar de lo que ella deseara. Era muy flexible y juguetón, pero sí un poco curioso. Llevaron el ganado a una pequeña quebrada y encontrando un lugar agradable decidieron tomar una siesta. Ambos durmieron profundamente. Melania fue la primera en despertar. El ganado no estaba a su vista, entonces rápidamente llamó a Maximino. Juntos fueron en su búsqueda por los alrededores y lo encontraron pastando plácidamente.

                   Los dos jóvenes volvían en la búsqueda de sus utensilios donde habían llevado su almuerzo y cerca de la quebrada en donde habían hecho la siesta divisaron un globo luminoso que parecía dividirse. Melania pregunta a Maximino si el ve lo que ella está viendo. ¡Oh Dios mío!, exclamó Melania dejando caer la vara que llevaba. Algo fantásticamente inconcebible la inundaba en ese momento y se sintió atraída, con un profundo respeto, llena de amor y el corazón latiéndole más rápidamente. Vieron a una Señora que estaba sentada en una enorme piedra. Tenía el rostro entre sus manos y lloraba amargamente. Melania y Maximino estaban atemorizados, pero la Señora, poniéndose lentamente de pie, cruzando suavemente sus brazos, les llamó hacía ella y les dijo que no tuvieran miedo. Agregó que tenía grandes e importantes nuevas que comunicarles. Sus suaves y dulces palabras hicieron que los jóvenes se acercaran apresuradamente. Melania cuenta que su corazón deseaba en ese momento adherirse al de la bella Señora.

                    La Señora era alta y de apariencia majestuosa. Tenía un vestido blanco con un delantal ceñido a la cintura, no se podría decir que era de color dorado pues estaba hecho de una tela no material, más brillante que muchos soles. Sobre Sus hombros lucía un precioso chal blanco con rosas de diferentes colores en los bordes. Sus zapatos blancos tenían el mismo tipo de rosas. De Su cuello colgaba una cadena con un Crucifijo. Sobre la barra del Crucifijo colgaban de un lado el martillo y del otro las tenazas. De Su cabeza una corona de rosas irradiaba rayos luminosos, como una diadema. En Sus preciosos ojos habían lágrimas que rodaban sobre Sus mejillas. Una luz más brillante que el Sol pero distinta a éste le rodeaba.

                      Le dijo a los jóvenes que la mano de Su Hijo era tan fuerte y pesada que ya no podría sostenerla, a menos que la gente hiciera penitencia y obedeciera las Leyes de Dios. Si no, tendrían mucho que sufrir. "La gente no observa el Día del Señor, continúan trabajando sin parar los Domingos. Tan solo unas mujeres mayores van a Misa en el verano. Y en el Invierno cuando no tienen más que hacer van a la iglesia para burlarse de la Religión. El tiempo de Cuaresma es ignorado. Los hombres no pueden jurar sin tomar el Nombre de Dios en vano. La desobediencia y el pasar por alto los Mandamientos de Dios son las cosas que hacen que la mano de Mi Hijo sea más pesada".

                    La Santísima Virgen continuó conversando y les predijo una terrible hambruna y escasez. Dijo que la cosecha de patatas se había echado a perder por esas mismas razones el año anterior. Cuando los hombres encontraron las patatas podridas, juraron y blasfemaron contra el Nombre de Dios aún más. Les dijo que ese mismo año la cosecha volvería a echarse a perder y que el maíz y el trigo se volverían polvo al golpearlo, las nueces se estropearían, las uvas se podrirían. Después, la Señora comunica a cada joven un secreto que no debían revelar a nadie, excepto al Santo Padre, en una petición especial que el mismo les haría.

                   La Señora agregó que si el pueblo se convirtiera, las piedras y las rocas se convertirían en trigo y las patatas se encontrarían sembradas en la tierra. Entonces preguntó a los jovencitos: "¿Hacéis bien vuestras oraciones, hijos Míos?" Respondieron los dos: "¡Oh! no, Señora; no muy bien." ; "¡Ay, hijos Míos! Hay que hacerlas bien por la noche y por la mañana. Cuando no podáis hacer más, rezad un Padrenuestro y un Avemaría; y cuando tengáis tiempo y podáis, rezad más."

                   Con su voz maternal y solícita les termina diciendo: "Pues bien, hijos míos, decid esto a todo Mi pueblo". Luego continuó andando hasta el lugar en que habían subido para ver donde estaban las vacas. Sus pies se deslizan, no tocan más que la punta de la hierba sin doblarla. Una vez en la colina, la hermosa Señora se detuvo. Melania y Maximino corren hacia ella apresuradamente para ver a donde se dirige. La Señora se eleva despacio, permanece unos minutos a unos metros de altura, mira al cielo, a su derecha (¿hacia Roma?), a su izquierda (¿Francia?), a los ojos de los niños, y se confunde con el globo de luz que la envuelve. Este sube hasta desaparecer en el firmamento.

                   Al principio solo algunos creían lo que los jóvenes decían haber visto y oído. Los campesinos que habían contratado a los jóvenes estaban sorprendidos que, siendo estos tan ignorantes, fueran capaces de transmitir y relacionar tan complicado mensaje tanto en francés, el cual no entendían bien, como en patuá (dialecto francés) en el cual describían exactamente lo que decían.




                   A la mañana siguiente Melania y Maximino fueron llevados a ver al Párroco. Era un Sacerdote de edad avanzada, muy generoso y respetado. Al interrogar a los jóvenes, escuchó todo el relato, ante el cual quedó muy sorprendido y realmente pensó que ellos decían la verdad. En la Misa del Domingo siguiente habló de la visita de la Señora y Su petición. Cuando llegó a oídos del Obispo que el Párroco había hablado sobre la Aparición desde el púlpito, éste fue reprendido y reemplazado por otro Sacerdote.

                   Melania y Maximino eran constantemente interrogados tanto por los curiosos como por los devotos. Ellos simplemente contaban la misma historia, repitiéndola una y otra vez. A los que estaban interesados en subir la montaña, les señalaban el lugar exacto donde la Señora se había aparecido. En varias ocasiones fueron amenazados de ser arrestados si no negaban lo que continuaban diciendo. Sin ningún temor y vacilación reportaban a todos los mensajes que la Señora había dado.

                   Surgió una fuente cerca del lugar donde la Señora se había aparecido y el agua corría colina abajo. Muchos milagros empezaron a ocurrir. Las terribles calamidades que fueron anunciadas se empezaron a cumplir. La terrible hambruna de patatas de 1846 se difundió, especialmente en Irlanda donde muchos murieron. La escasez de trigo y maíz fue tan severa que más de un millón de personas en Europa murieron de hambre. Una enfermedad afectó las uvas en toda Francia. Probablemente el castigo hubiera sido peor de no haber sido por los que acataron el mensaje de La Salette. Muchos comenzaron a ir a Misa. Las tiendas fueron cerradas los Domingos y la gente cesó de hacer trabajos innecesarios el Día del Señor. Las malas palabras y las blasfemias fueron disminuyendo.


EL SECRETO DE LA SALETTE
Última redacción hecha por la vidente Melanie Calvat
Autorizada por el Obispo de Lecce, Mons. Zola en 1879


                      Melania: Esto que Yo te voy a decir ahora no será siempre secreto; puedes publicarlo en 1858. 

              Los Sacerdotes, Ministros de Mi Hijo, los Sacerdotes, por su mala vida, por sus irreverencias e impiedad al celebrar los Santos Misterios por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza, sí, los Sacerdotes piden venganza y la venganza pende de sus cabezas. ¡Ay de los Sacerdotes y personas consagradas a Dios que por sus infidelidades y mala vida crucifican de nuevo a Mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al Cielo y piden venganza, y he aquí que la venganza está a las puertas, pues ya no se encuentra nadie que implore misericordia y perdón para el Pueblo; ya no hay almas generosas ni persona digna de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno a favor del mundo. 

               Dios va a castigar de una manera sin precedentes. ¡Ay de los habitantes de la Tierra!. Dios va a derramar Su cólera y nadie podrá sustraerse a tantos males juntos. 

              Los jefes, los conductores del Pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la antigua serpiente poner divisiones entre los soberanos, en todas las sociedades y en todas las familias. Se sufrirán penas físicas y morales. Dios abandonará a los hombres a sí mismos y enviará castigos que se sucederán durante más de 35 años. 

               La Sociedad está en vísperas de las más terribles calamidades y los más grandes acontecimientos. Se verá obligada a ser gobernada por una vara de hierro y a beber el cáliz de la Cólera de Dios. 

               Que el Vicario de Mi Hijo, el soberano Pontífice Pío IX, no salga ya de Roma después del año de 1859; pero que sea firme y generoso; que combata con las armas de la fe y del amor. Yo estaré con él. 

               Que desconfíe de Napoleón, su corazón es doble, y cuando quiera ser a la vez Papa y Emperador, muy pronto se retirará Dios de él. Es esa águila que queriendo siempre elevarse, caerá sobre la espada de la cual quería servirse para obligar a los pueblos a ensalzarlo. 

               Italia será castigada por su ambición de querer sacudir el yugo del Señor de los Señores; también será entregada a la guerra. La sangre correrá por todas partes. Las Iglesias serán cerradas o profanadas. Los Sacerdotes y religiosos serán perseguidos; se les hará morir, y morir con una muerte cruel. Muchos abandonarán la Fe y el número de Sacerdotes y religiosos que se separarán de la Verdadera Religión será grande; entre estas personas se encontrarán incluso Obispos. 

               Que el Papa se ponga en guardia contra los obradores de milagros, pues ha llegado el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar en la tierra y en los aires.  

               En el año de 1864 Lucifer, con gran número de demonios, serán desatados del Infierno. Abolirán la Fe poco a poco, aún entre las personas consagradas a Dios; las cegarán de tal manera que, a menos de una gracia particular, esas personas tomarán el espíritu de sus malos ángeles: muchas casas religiosas perderán completamente la Fe y perderán a muchísimas almas. 

               Los libros malos abundarán en la Tierra y los espíritus de las tinieblas extenderán por todas partes un relajamiento universal en todo lo relativo al servicio de Dios y obtendrán un poder extraordinario sobre la naturaleza: habrá Iglesias para servir a esos espíritus. Habrá por todas partes prodigios extraordinarios, porque la Verdadera Fe se ha extinguido y la falsa luz alumbra al mundo. Ay de los Príncipes de la Iglesia que se hayan dedicado únicamente a amontonar riquezas sobre riquezas, poner en salvo su autoridad y a dominar con orgullo!. 

               El Vicario de Mi Hijo tendrá mucho que sufrir, porque por un tiempo la Iglesia será entregada a grandes persecuciones. Esta será la hora de las tinieblas. La Iglesia tendrá una crisis espantosa. 

               Dado el olvido de la Santa Fe en Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. Se abolirán los poderes civiles y eclesiásticos; todo orden y toda justicia serán pisoteados; no se verán más que homicidios, odio, envidia, mentira y discordia sin amor por la patria y por la familia. 

               El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio. Los malvados atentarán muchas veces contra su vida, sin poder poner fin a sus días; pero ni él ni su sucesor verán el Triunfo de la Iglesia de Dios. 

               Los gobernantes civiles tendrán todos un mismo plan, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso, para dar lugar al materialismo, al ateísmo, al espiritismo y a toda clase de vicios.




               En el año de 1865 se verá la abominación en lugares santos, en los conventos, las flores de la Iglesia estarán corrompidas y el demonio será como el rey de los corazones. Que los que estén al frente de las comunidades religiosas vigilen a las personas que han de recibir, porque el demonio usará toda su malicia para introducir en las órdenes religiosas a personas entregadas al pecado, pues los desórdenes y el amor de los placeres carnales se extenderán por toda la Tierra. 

               Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá por las calles; el francés luchará contra el francés, el italiano contra el italiano; enseguida habrá una guerra universal que será espantosa. Por algún tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, porque el Evangelio de Cristo no es ya conocido. Los malvados desplegarán toda su malicia, se matarán, se asesinarán mutuamente aún dentro de las casas. 

               Al primer golpe de su espada fulminante las montañas y la naturaleza temblarán de espanto, porque los desórdenes y los crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los Cielos. París será quemado y Marsella engullida. Varias grandes ciudades serán sacudidas y engullidas por terremotos. Se creerá que todo está perdido. No se verán más que homicidios, no se verá más que ruido de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho; sus oraciones, su penitencia y sus lágrimas subirán hasta el Cielo y todo el Pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia e implorarán Mi ayuda y mi intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de Justicia y de Su Gran Misericordia con los justos, mandará a sus Ángeles que mueran todos sus enemigos. 

               De golpe los perseguidores de la Iglesia de Cristo y todos los hombres dados al pecado perecerán y la Tierra quedará como un desierto. Entonces será la Paz, la reconciliación de Dios con los hombres; Jesucristo será servido, adorado y glorificado; la caridad florecerá en todas partes. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado por todas partes y los hombres harán grandes progresos en la Fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo, y los hombres vivirán en el Temor de Dios.

               Esta paz entre los hombres no será larga: 25 años de abundantes cosechas harán olvidar que los pecados de los hombres son la causa de todos los males que suceden en la Tierra. 

              Un precursor del Anticristo, con sus tropas de muchas naciones, combatirá contra el verdadero Cristo, el único Salvador del mundo; derramará mucha sangre y pretenderá aniquilar el culto a Dios para ser tenido como un Dios. 

               La Tierra será castigada con todo género de plagas; habrá guerras, hasta la última que harán los diez reyes del Anticristo, los cuales tendrán todos un mismo plan, y serán los únicos que gobernarán al mundo. Antes que eso suceda, habrá una especie de falsa paz en el mundo; no se pensará más que en divertirse; los malvados se entregarán a toda clase de pecados; pero los hijos de la Santa Iglesia; los hijos de la Fe, Mis verdaderos imitadores, creerán en el Amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas. Dichosas las almas humildes guiadas por el Espíritu Santo!. Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud de la edad. 

               La naturaleza clama venganza contra los hombres y tiembla de espanto en espera de lo que debe suceder en la Tierra encharcada de crímenes, temblad, Tierra y vosotros que hacéis profesión de servir a Jesucristo y que interiormente adoráis a vosotros mismos, temblad; pues Dios va a entregarlos a sus enemigos, porque los lugares santos están en la corrupción; muchos conventos no son ya casa de Dios, sino pastizales de Asmodeo. 

               Durante este tiempo nacerá el Anticristo, de una religiosa hebrea, de una falsa Virgen, que tendrá comunicación con la antigua serpiente, maestra de impureza. Su padre será Obispo. Al nacer vomitará blasfemias, tendrá dientes; en una palabra, será el demonio encarnado, lanzará gritos espantosos, hará prodigios y no se alimentará sino de impurezas. Tendrá hermanos, que aunque no sean como él, demonios encarnados, serán hijos del mal; a la edad de 12 años llamará la atención por las ruidosas victorias que alcanzarán. Bien pronto estará cada uno en la cabeza de los ejércitos, asistidos por las legiones del infierno. 

              Se cambiarán las estaciones. La Tierra no producirá mas que malos frutos. Los astros perderán sus movimientos regulares. La luna no reflejará más que una débil luz rojiza. El agua y el fuego causarán en el globo terrestre movimientos convulsivos y horribles terremotos que tragarán montañas, ciudades, etc. 

               Roma perderá la Fe y se convertirá en la sede del Anticristo. 

               Los demonios del aire, con el Anticristo, harán grandes prodigios en la Tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán más y más. Dios cuidará de sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad. El Evangelio será predicado por todas partes. Todos los pueblos y todas las naciones conocerán la Verdad. 

               Yo dirijo una apremiante llamada a la Tierra; llamo a los verdaderos Discípulos del Dios que Vive y Reina en los Cielos; llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho Hombre, el único y verdadero salvador de los hombres; llamo a Mis hijos, a Mis verdaderos devotos, a los que se Me han consagrado a fin de que los conduzca a Mi Divino Hijo, los que llevo, por decirlo así, en Mis brazos, los que han vivido de Mi espíritu; finalmente, llamo a los Apóstoles de los Últimos Tiempos, los fieles Discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo.

               Ya es hora que salgan y vengan a iluminar la Tierra. Id y mostraos como Mis hijos queridos, Yo estoy con vosotros y en vosotros, con tal que vuestra Fe sea luz que os ilumine en esos días de infortunio. Que vuestro celo os haga hambrientos de la Gloria de Dios y de la Honra de Jesucristo. Pelead, Hijos de la Luz, vosotros, pequeño número que ahí veis; pues he aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines.

               La Iglesia será eclipsada, el mundo quedará consternado. Pero he ahí a Enoc y Elías llenos del espíritu de Dios; predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas; harán grandes prodigios por la virtud del Espíritu Santo y condenarán los errores diabólicos del anticristo. 

               Ay de los habitantes de la Tierra!. Habrá guerras sangrientas y hambres, pestes y enfermedades contagiosas; habrá lluvias de un granizo espantoso para los animales; tempestades que arruinarán ciudades; terremotos que engullirán países; se oirán voces en el aire; los hombres se golpearán la cabeza contra los muros; llamarán a la muerte, y, por otra parte, la muerte será su suplicio. Correrá la sangre por todas partes ¿quién podrá resistir si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y oraciones de los justos Dios se dejará aplacar. Enoc y Elías serán muertos. Roma pagana desaparecerá; caerá fuego del Cielo y consumirá tres ciudades; el Universo entero estará preso del terror, y muchos se dejarán seducir por no haber adorado al Verdadero Cristo, que vivía entre ellos. Ha llegado el tiempo; El sol se oscurece; sólo la Fe vivirá.

               He aquí el tiempo: el abismo se abre. He aquí el rey de los reyes de las tinieblas. He aquí la Bestia con sus súbditos, llamándose el Salvador del Mundo. Se retomará con orgullo por los aires para subir hasta el Cielo; será sofocado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá, y la Tierra, que llevará tres días en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego; será hundido para siempre, con todos los suyos, en los abismos eternos del infierno. 

               Entonces el agua y el fuego purificarán y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado: Dios será servido y glorificado”.