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sábado, 19 de septiembre de 2026

NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE, LAS LÁGRIMAS POR EL PECADO DEL MUNDO

 


               "La Santísima Virgen lloró durante casi todo el tiempo que me habló. Sus lágrimas fluían lentamente, una a una, hasta Sus rodillas… y luego, como chispas de luz, desaparecían. Eran brillantes y llenas de amor. Yo hubiera querido consolarla y que no llorara. Pero me parecía que necesitaba mostrar Sus lágrimas para demostrar mejor su amor olvidado por los hombres. 

                Las lágrimas de Nuestra tierna Madre, lejos de debilitar Su aire majestuoso de Reina y Señora, parecían, por el contrario, embellecerla, hacerla más amable, más radiante. Los ojos de la Santísima Virgen, Nuestra tierna Madre, no pueden describirse con lenguaje humano. Haría falta un serafín para hablar de ellos, haría falta el lenguaje mismo de Dios, de Dios que formó a la Virgen Inmaculada, Obra Maestra de Su Poder. 

                Los ojos de la augusta María parecían mil y mil veces más hermosos que los brillantes, los diamantes y las piedras preciosas. Eran como la Puerta de Dios, a través de la cual se veía todo lo que puede encantar el alma... bastarían para ser el Cielo de un bienaventurado; bastaría para hacer entrar a un alma en la plenitud de la Voluntad del Altísimo, entre todos los acontecimientos que se suceden en el curso de la vida; bastaría para impulsar a un alma a continuos actos de alabanza, de acción de gracias, de reparación y de expiación..."


Declaración de Mélanie Calvat, recogida por el Padre Fray Pie Raymond Régamey O.P.
en “Les plus beaux textes sur la Vierge”


                   Sucedió este gran acontecimiento en una meseta montañosa al sudeste de Francia, cerca del poblado de La Salette. Un niño llamado Maximino Giraud, de once años y la joven Melania Mathieu, de quince años, estaban cuidando el ganado. Melanie estaba acostumbrada y entrenada a este tipo de trabajo desde que tenía nueve años de edad, pero todo era nuevo para Maximino. Su padre le había pedido que lo hiciera como un acto generoso para cooperar con el granjero que tenía a su ayudante enfermo por esos días. 

                   Según el propio Relato de Melania: El día 18 de Septiembre de 1846, víspera de la Aparición de la Santísima Virgen, estaba yo sola, como siempre, cuidando el ganado de mi amo, alrededor de las once de la mañana vi a un niño que se aproximaba hacia mí. Por un momento tuve miedo, pues me parecía que todos deben saber que evitaba todo tipo de compañía. El niño se acercó y me dijo: "Hey niña, voy a ir contigo, soy de Corps". A estas palabras mi malicia natural se mostró y le dije: "No quiero a nadie a mi alrededor. Quiero estar sola". Pero él, siguiéndome, dijo: "Mi amo me envió aquí para que contigo cuidara el ganado. Vengo de Corps". Me separé molesta de él, dándole a entender que no quería a nadie alrededor mío. Cuando estaba ya a cierta distancia me senté en la hierba. Usualmente de esta forma hablaba a las florecitas o al Buen Dios.




                   Después de un momento, detrás de mí estaba Maximino sentado y directamente me dijo: "Déjame estar contigo, me portaré muy bien". Aún en contra de mi voluntad y sintiendo un poco de lástima por Maximino le permití quedarse. Al oír la campana de la Salette para el Ángelus, le indiqué elevar su alma a Dios. El se quitó el sombrero y se mantuvo en silencio por un momento. Luego comimos y jugamos juntos. Cuando cayó la tarde bajamos la montaña y prometimos regresar al día siguiente para llevar al ganado nuevamente.

                  Al día siguiente, Sábado, 19 de Septiembre, de 1846, el día estaba muy caluroso y los dos jovencitos acordaron comer su almuerzo en un lugar sombreado. Melania había descubierto que Maximino era muy buen niño, simple y dispuesto a hablar de lo que ella deseara. Era muy flexible y juguetón, pero sí un poco curioso. Llevaron el ganado a una pequeña quebrada y encontrando un lugar agradable decidieron tomar una siesta. Ambos durmieron profundamente. Melania fue la primera en despertar. El ganado no estaba a su vista, entonces rápidamente llamó a Maximino. Juntos fueron en su búsqueda por los alrededores y lo encontraron pastando plácidamente.

                   Los dos jóvenes volvían en la búsqueda de sus utensilios donde habían llevado su almuerzo y cerca de la quebrada en donde habían hecho la siesta divisaron un globo luminoso que parecía dividirse. Melania pregunta a Maximino si el ve lo que ella está viendo. ¡Oh Dios mío!, exclamó Melania dejando caer la vara que llevaba. Algo fantásticamente inconcebible la inundaba en ese momento y se sintió atraída, con un profundo respeto, llena de amor y el corazón latiéndole más rápidamente. Vieron a una Señora que estaba sentada en una enorme piedra. Tenía el rostro entre sus manos y lloraba amargamente. Melania y Maximino estaban atemorizados, pero la Señora, poniéndose lentamente de pie, cruzando suavemente sus brazos, les llamó hacía ella y les dijo que no tuvieran miedo. Agregó que tenía grandes e importantes nuevas que comunicarles. Sus suaves y dulces palabras hicieron que los jóvenes se acercaran apresuradamente. Melania cuenta que su corazón deseaba en ese momento adherirse al de la bella Señora.

                    La Señora era alta y de apariencia majestuosa. Tenía un vestido blanco con un delantal ceñido a la cintura, no se podría decir que era de color dorado pues estaba hecho de una tela no material, más brillante que muchos soles. Sobre Sus hombros lucía un precioso chal blanco con rosas de diferentes colores en los bordes. Sus zapatos blancos tenían el mismo tipo de rosas. De Su cuello colgaba una cadena con un Crucifijo. Sobre la barra del Crucifijo colgaban de un lado el martillo y del otro las tenazas. De Su cabeza una corona de rosas irradiaba rayos luminosos, como una diadema. En Sus preciosos ojos habían lágrimas que rodaban sobre Sus mejillas. Una luz más brillante que el Sol pero distinta a éste le rodeaba.

                      Le dijo a los jóvenes que la mano de Su Hijo era tan fuerte y pesada que ya no podría sostenerla, a menos que la gente hiciera penitencia y obedeciera las Leyes de Dios. Si no, tendrían mucho que sufrir. "La gente no observa el Día del Señor, continúan trabajando sin parar los Domingos. Tan solo unas mujeres mayores van a Misa en el verano. Y en el Invierno cuando no tienen más que hacer van a la iglesia para burlarse de la Religión. El tiempo de Cuaresma es ignorado. Los hombres no pueden jurar sin tomar el Nombre de Dios en vano. La desobediencia y el pasar por alto los Mandamientos de Dios son las cosas que hacen que la mano de Mi Hijo sea más pesada".

                    La Santísima Virgen continuó conversando y les predijo una terrible hambruna y escasez. Dijo que la cosecha de patatas se había echado a perder por esas mismas razones el año anterior. Cuando los hombres encontraron las patatas podridas, juraron y blasfemaron contra el Nombre de Dios aún más. Les dijo que ese mismo año la cosecha volvería a echarse a perder y que el maíz y el trigo se volverían polvo al golpearlo, las nueces se estropearían, las uvas se podrirían. Después, la Señora comunica a cada joven un secreto que no debían revelar a nadie, excepto al Santo Padre, en una petición especial que el mismo les haría.

                   La Señora agregó que si el pueblo se convirtiera, las piedras y las rocas se convertirían en trigo y las patatas se encontrarían sembradas en la tierra. Entonces preguntó a los jovencitos: "¿Hacéis bien vuestras oraciones, hijos Míos?" Respondieron los dos: "¡Oh! no, Señora; no muy bien." ; "¡Ay, hijos Míos! Hay que hacerlas bien por la noche y por la mañana. Cuando no podáis hacer más, rezad un Padrenuestro y un Avemaría; y cuando tengáis tiempo y podáis, rezad más."

                   Con su voz maternal y solícita les termina diciendo: "Pues bien, hijos míos, decid esto a todo Mi pueblo". Luego continuó andando hasta el lugar en que habían subido para ver donde estaban las vacas. Sus pies se deslizan, no tocan más que la punta de la hierba sin doblarla. Una vez en la colina, la hermosa Señora se detuvo. Melania y Maximino corren hacia ella apresuradamente para ver a donde se dirige. La Señora se eleva despacio, permanece unos minutos a unos metros de altura, mira al cielo, a su derecha (¿hacia Roma?), a su izquierda (¿Francia?), a los ojos de los niños, y se confunde con el globo de luz que la envuelve. Este sube hasta desaparecer en el firmamento.

                   Al principio solo algunos creían lo que los jóvenes decían haber visto y oído. Los campesinos que habían contratado a los jóvenes estaban sorprendidos que, siendo estos tan ignorantes, fueran capaces de transmitir y relacionar tan complicado mensaje tanto en francés, el cual no entendían bien, como en patuá (dialecto francés) en el cual describían exactamente lo que decían.




                   A la mañana siguiente Melania y Maximino fueron llevados a ver al Párroco. Era un Sacerdote de edad avanzada, muy generoso y respetado. Al interrogar a los jóvenes, escuchó todo el relato, ante el cual quedó muy sorprendido y realmente pensó que ellos decían la verdad. En la Misa del Domingo siguiente habló de la visita de la Señora y Su petición. Cuando llegó a oídos del Obispo que el Párroco había hablado sobre la Aparición desde el púlpito, éste fue reprendido y reemplazado por otro Sacerdote.

                   Melania y Maximino eran constantemente interrogados tanto por los curiosos como por los devotos. Ellos simplemente contaban la misma historia, repitiéndola una y otra vez. A los que estaban interesados en subir la montaña, les señalaban el lugar exacto donde la Señora se había aparecido. En varias ocasiones fueron amenazados de ser arrestados si no negaban lo que continuaban diciendo. Sin ningún temor y vacilación reportaban a todos los mensajes que la Señora había dado.

                   Surgió una fuente cerca del lugar donde la Señora se había aparecido y el agua corría colina abajo. Muchos milagros empezaron a ocurrir. Las terribles calamidades que fueron anunciadas se empezaron a cumplir. La terrible hambruna de patatas de 1846 se difundió, especialmente en Irlanda donde muchos murieron. La escasez de trigo y maíz fue tan severa que más de un millón de personas en Europa murieron de hambre. Una enfermedad afectó las uvas en toda Francia. Probablemente el castigo hubiera sido peor de no haber sido por los que acataron el mensaje de La Salette. Muchos comenzaron a ir a Misa. Las tiendas fueron cerradas los Domingos y la gente cesó de hacer trabajos innecesarios el Día del Señor. Las malas palabras y las blasfemias fueron disminuyendo.


EL SECRETO DE LA SALETTE
Última redacción hecha por la vidente Melanie Calvat
Autorizada por el Obispo de Lecce, Mons. Zola en 1879


                      Melania: Esto que Yo te voy a decir ahora no será siempre secreto; puedes publicarlo en 1858. 

              Los Sacerdotes, Ministros de Mi Hijo, los Sacerdotes, por su mala vida, por sus irreverencias e impiedad al celebrar los Santos Misterios por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza, sí, los Sacerdotes piden venganza y la venganza pende de sus cabezas. ¡Ay de los Sacerdotes y personas consagradas a Dios que por sus infidelidades y mala vida crucifican de nuevo a Mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al Cielo y piden venganza, y he aquí que la venganza está a las puertas, pues ya no se encuentra nadie que implore misericordia y perdón para el Pueblo; ya no hay almas generosas ni persona digna de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno a favor del mundo. 

               Dios va a castigar de una manera sin precedentes. ¡Ay de los habitantes de la Tierra!. Dios va a derramar Su cólera y nadie podrá sustraerse a tantos males juntos. 

              Los jefes, los conductores del Pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la antigua serpiente poner divisiones entre los soberanos, en todas las sociedades y en todas las familias. Se sufrirán penas físicas y morales. Dios abandonará a los hombres a sí mismos y enviará castigos que se sucederán durante más de 35 años. 

               La Sociedad está en vísperas de las más terribles calamidades y los más grandes acontecimientos. Se verá obligada a ser gobernada por una vara de hierro y a beber el cáliz de la Cólera de Dios. 

               Que el Vicario de Mi Hijo, el soberano Pontífice Pío IX, no salga ya de Roma después del año de 1859; pero que sea firme y generoso; que combata con las armas de la fe y del amor. Yo estaré con él. 

               Que desconfíe de Napoleón, su corazón es doble, y cuando quiera ser a la vez Papa y Emperador, muy pronto se retirará Dios de él. Es esa águila que queriendo siempre elevarse, caerá sobre la espada de la cual quería servirse para obligar a los pueblos a ensalzarlo. 

               Italia será castigada por su ambición de querer sacudir el yugo del Señor de los Señores; también será entregada a la guerra. La sangre correrá por todas partes. Las Iglesias serán cerradas o profanadas. Los Sacerdotes y religiosos serán perseguidos; se les hará morir, y morir con una muerte cruel. Muchos abandonarán la Fe y el número de Sacerdotes y religiosos que se separarán de la Verdadera Religión será grande; entre estas personas se encontrarán incluso Obispos. 

               Que el Papa se ponga en guardia contra los obradores de milagros, pues ha llegado el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar en la tierra y en los aires.  

               En el año de 1864 Lucifer, con gran número de demonios, serán desatados del Infierno. Abolirán la Fe poco a poco, aún entre las personas consagradas a Dios; las cegarán de tal manera que, a menos de una gracia particular, esas personas tomarán el espíritu de sus malos ángeles: muchas casas religiosas perderán completamente la Fe y perderán a muchísimas almas. 

               Los libros malos abundarán en la Tierra y los espíritus de las tinieblas extenderán por todas partes un relajamiento universal en todo lo relativo al servicio de Dios y obtendrán un poder extraordinario sobre la naturaleza: habrá Iglesias para servir a esos espíritus. Habrá por todas partes prodigios extraordinarios, porque la Verdadera Fe se ha extinguido y la falsa luz alumbra al mundo. Ay de los Príncipes de la Iglesia que se hayan dedicado únicamente a amontonar riquezas sobre riquezas, poner en salvo su autoridad y a dominar con orgullo!. 

               El Vicario de Mi Hijo tendrá mucho que sufrir, porque por un tiempo la Iglesia será entregada a grandes persecuciones. Esta será la hora de las tinieblas. La Iglesia tendrá una crisis espantosa. 

               Dado el olvido de la Santa Fe en Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. Se abolirán los poderes civiles y eclesiásticos; todo orden y toda justicia serán pisoteados; no se verán más que homicidios, odio, envidia, mentira y discordia sin amor por la patria y por la familia. 

               El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio. Los malvados atentarán muchas veces contra su vida, sin poder poner fin a sus días; pero ni él ni su sucesor verán el Triunfo de la Iglesia de Dios. 

               Los gobernantes civiles tendrán todos un mismo plan, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso, para dar lugar al materialismo, al ateísmo, al espiritismo y a toda clase de vicios.




               En el año de 1865 se verá la abominación en lugares santos, en los conventos, las flores de la Iglesia estarán corrompidas y el demonio será como el rey de los corazones. Que los que estén al frente de las comunidades religiosas vigilen a las personas que han de recibir, porque el demonio usará toda su malicia para introducir en las órdenes religiosas a personas entregadas al pecado, pues los desórdenes y el amor de los placeres carnales se extenderán por toda la Tierra. 

               Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá por las calles; el francés luchará contra el francés, el italiano contra el italiano; enseguida habrá una guerra universal que será espantosa. Por algún tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, porque el Evangelio de Cristo no es ya conocido. Los malvados desplegarán toda su malicia, se matarán, se asesinarán mutuamente aún dentro de las casas. 

               Al primer golpe de su espada fulminante las montañas y la naturaleza temblarán de espanto, porque los desórdenes y los crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los Cielos. París será quemado y Marsella engullida. Varias grandes ciudades serán sacudidas y engullidas por terremotos. Se creerá que todo está perdido. No se verán más que homicidios, no se verá más que ruido de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho; sus oraciones, su penitencia y sus lágrimas subirán hasta el Cielo y todo el Pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia e implorarán Mi ayuda y mi intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de Justicia y de Su Gran Misericordia con los justos, mandará a sus Ángeles que mueran todos sus enemigos. 

               De golpe los perseguidores de la Iglesia de Cristo y todos los hombres dados al pecado perecerán y la Tierra quedará como un desierto. Entonces será la Paz, la reconciliación de Dios con los hombres; Jesucristo será servido, adorado y glorificado; la caridad florecerá en todas partes. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado por todas partes y los hombres harán grandes progresos en la Fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo, y los hombres vivirán en el Temor de Dios.

               Esta paz entre los hombres no será larga: 25 años de abundantes cosechas harán olvidar que los pecados de los hombres son la causa de todos los males que suceden en la Tierra. 

              Un precursor del Anticristo, con sus tropas de muchas naciones, combatirá contra el verdadero Cristo, el único Salvador del mundo; derramará mucha sangre y pretenderá aniquilar el culto a Dios para ser tenido como un Dios. 

               La Tierra será castigada con todo género de plagas; habrá guerras, hasta la última que harán los diez reyes del Anticristo, los cuales tendrán todos un mismo plan, y serán los únicos que gobernarán al mundo. Antes que eso suceda, habrá una especie de falsa paz en el mundo; no se pensará más que en divertirse; los malvados se entregarán a toda clase de pecados; pero los hijos de la Santa Iglesia; los hijos de la Fe, Mis verdaderos imitadores, creerán en el Amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas. Dichosas las almas humildes guiadas por el Espíritu Santo!. Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud de la edad. 

               La naturaleza clama venganza contra los hombres y tiembla de espanto en espera de lo que debe suceder en la Tierra encharcada de crímenes, temblad, Tierra y vosotros que hacéis profesión de servir a Jesucristo y que interiormente adoráis a vosotros mismos, temblad; pues Dios va a entregarlos a sus enemigos, porque los lugares santos están en la corrupción; muchos conventos no son ya casa de Dios, sino pastizales de Asmodeo. 

               Durante este tiempo nacerá el Anticristo, de una religiosa hebrea, de una falsa Virgen, que tendrá comunicación con la antigua serpiente, maestra de impureza. Su padre será Obispo. Al nacer vomitará blasfemias, tendrá dientes; en una palabra, será el demonio encarnado, lanzará gritos espantosos, hará prodigios y no se alimentará sino de impurezas. Tendrá hermanos, que aunque no sean como él, demonios encarnados, serán hijos del mal; a la edad de 12 años llamará la atención por las ruidosas victorias que alcanzarán. Bien pronto estará cada uno en la cabeza de los ejércitos, asistidos por las legiones del infierno. 

              Se cambiarán las estaciones. La Tierra no producirá mas que malos frutos. Los astros perderán sus movimientos regulares. La luna no reflejará más que una débil luz rojiza. El agua y el fuego causarán en el globo terrestre movimientos convulsivos y horribles terremotos que tragarán montañas, ciudades, etc. 

               Roma perderá la Fe y se convertirá en la sede del Anticristo. 

               Los demonios del aire, con el Anticristo, harán grandes prodigios en la Tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán más y más. Dios cuidará de sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad. El Evangelio será predicado por todas partes. Todos los pueblos y todas las naciones conocerán la Verdad. 

               Yo dirijo una apremiante llamada a la Tierra; llamo a los verdaderos Discípulos del Dios que Vive y Reina en los Cielos; llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho Hombre, el único y verdadero salvador de los hombres; llamo a Mis hijos, a Mis verdaderos devotos, a los que se Me han consagrado a fin de que los conduzca a Mi Divino Hijo, los que llevo, por decirlo así, en Mis brazos, los que han vivido de Mi espíritu; finalmente, llamo a los Apóstoles de los Últimos Tiempos, los fieles Discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo.

               Ya es hora que salgan y vengan a iluminar la Tierra. Id y mostraos como Mis hijos queridos, Yo estoy con vosotros y en vosotros, con tal que vuestra Fe sea luz que os ilumine en esos días de infortunio. Que vuestro celo os haga hambrientos de la Gloria de Dios y de la Honra de Jesucristo. Pelead, Hijos de la Luz, vosotros, pequeño número que ahí veis; pues he aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines.

               La Iglesia será eclipsada, el mundo quedará consternado. Pero he ahí a Enoc y Elías llenos del espíritu de Dios; predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas; harán grandes prodigios por la virtud del Espíritu Santo y condenarán los errores diabólicos del anticristo. 

               Ay de los habitantes de la Tierra!. Habrá guerras sangrientas y hambres, pestes y enfermedades contagiosas; habrá lluvias de un granizo espantoso para los animales; tempestades que arruinarán ciudades; terremotos que engullirán países; se oirán voces en el aire; los hombres se golpearán la cabeza contra los muros; llamarán a la muerte, y, por otra parte, la muerte será su suplicio. Correrá la sangre por todas partes ¿quién podrá resistir si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y oraciones de los justos Dios se dejará aplacar. Enoc y Elías serán muertos. Roma pagana desaparecerá; caerá fuego del Cielo y consumirá tres ciudades; el Universo entero estará preso del terror, y muchos se dejarán seducir por no haber adorado al Verdadero Cristo, que vivía entre ellos. Ha llegado el tiempo; El sol se oscurece; sólo la Fe vivirá.

               He aquí el tiempo: el abismo se abre. He aquí el rey de los reyes de las tinieblas. He aquí la Bestia con sus súbditos, llamándose el Salvador del Mundo. Se retomará con orgullo por los aires para subir hasta el Cielo; será sofocado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá, y la Tierra, que llevará tres días en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego; será hundido para siempre, con todos los suyos, en los abismos eternos del infierno. 

               Entonces el agua y el fuego purificarán y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado: Dios será servido y glorificado”.



martes, 15 de septiembre de 2026

NUESTRA SEÑORA Y SUS DOLORES CORREDENTORES

 


                    Quién podrá jamás detener sus lágrimas cuando considere a la gran Madre de Dios atada con las cadenas de la compasión al lecho del dolor de Su Hijo en el Calvario?. Dice el Profeta Jeremías: «¿A quién te compararé, o a quién te asemejaré, oh hija de Jerusalén? Grande como el mar es tu quebranto; ¿quién te curará?» (Libro de las Lamentaciones, cap. 2, vers. 13). 

                    Como el mar no tiene límites ni orillas en su centro, así el Dolor de María fue tan inmenso que no tuvo medida respecto de las penas de las demás criaturas. Para comprender en algún modo la grandeza del Martirio de María, es preciso considerar dos cosas principales:

            1ª) Que el Dolor de María fue un Martirio de Amor.  

            2ª) Que Su Martirio sobrepasó a todos los martirios de la tierra.

1ª) El Martirio de María fue un Martirio de Amor

                    Es sentencia de los Santos Padres que María sufrió en Su Alma todos los tormentos que los Mártires sufrieron en sus cuerpos. Unos fueron despedazados por uñas de hierro, otros quemados en parrillas, otros arrojados a las fieras; pero María sufrió en Su Alma lo que todos los Mártires sufrieron juntos en su carne.

                    Y ¿quién fue el verdugo que ejecutó en el Corazón de María tan horrendo martirio? El verdugo fue el Amor. Hay dos clases de mártires: unos por el odio de los hombres contra la Fe de Cristo; otros por el amor que le profesan. El amor de María hacia Su Divino Hijo fue el que ejecutó en Su Alma el más atroz de los martirios.

                    Dice San Bernardino de Sena que si se reunieran todos los dolores del mundo y se pusieran en un lado de la balanza, y en el otro el Dolor de la Virgen Madre, este peso superaría al de todos los demás.

                    Dice San Anselmo que si Dios no hubiese conservado por un milagro especial la vida a María en el tiempo de la Pasión de Su Hijo, María habría muerto a cada instante de dolor. El dolor no mató a la Madre porque la Virtud Divina la sostuvo para que sufriese lo que nunca persona alguna sufrió ni sufrir podrá.

2ª) Su Martirio superó a todos los martirios de la tierra

                    Los demás Mártires sufrieron penas corporales, pero sus almas estaban consoladas por el Amor de Dios y por la esperanza del Cielo. María, por el contrario, no tuvo consolación alguna en el día de la Pasión. Todo para Ella era dolor, todo era tinieblas, todo era desolación.  En los demás Mártires, las penas duraban horas o días; en María, el Martirio duró toda la vida. Apenas escuchó la profecía de Simeón en el Templo de Jerusalén: «Una espada traspasará Tu propia Alma», el dolor no se apartó jamás de Su memoria. Consideraba las manos de Su Niño y las veía ya traspasadas; miraba Sus pies y los contemplaba clavados en el madero; observaba Su Rostro hermosísimo y lo imaginaba cubierto de salivazos y de golpes. Cada acto de ternura con el Niño Jesús traía consigo el recuerdo amargo de la Crucifixión futura.

                    Decía San Bernardo: «En el Calvario, mientras el Cuerpo de Jesús moría en la Cruz por las heridas recibidas, el Alma de María moría en Su Pecho por las Llagas de Su Hijo». Por esto la Iglesia canta de María que es la Reina de los Mártires, porque Su Martirio fue el más largo, el más amargo y el más sublime de cuantos se han padecido sobre la tierra.

María Corredentora de las almas

                    Dios quiso que el mundo no fuese redimido sino por la Pasión de Jesús; pero quiso también que la Pasión de Jesús fuese acompañada por las Lágrimas y los Dolores de María, para que la que había sido Madre del Redentor fuera también asociada a la Obra de nuestra Redención.

                    María cooperó con Su Caridad a que nacieran en la Iglesia los Fieles, los Miembros de aquella Cabeza que es Jesús. Ella misma, al pie de la Cruz, ofreció al Eterno Padre, con el dolor de Su Corazón, el Sacrificio de la Vida de Su Divino Hijo por la salvación del mundo...

                    Grandísimo amor fue el haber querido que María misma asistiese a Su Muerte para cooperar a nuestra salvación; de suerte que si Jesús nos compró con el precio de Su Sangre, María cooperó a la misma compra con la aflicción de Su Corazón, ofreciendo la vida de Su Hijo a la Divina Justicia por nuestra salvación.


San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia
"Las Glorias de María"


Toca sobre el siguiente título para rezar el

domingo, 13 de septiembre de 2026

"CONTINUAD REZANDO EL ROSARIO", la quinta Aparición de Nuestra Señora en Fátima

 


                    Después de las primeras apariciones de Nuestra Señora en la aldea portuguesa de Fátima, el boca a boca de la gente llegó a congregar a más de 30.000 personas para la aparición del mes de Septiembre, el día 13, como así lo había pedido la Virgen en Su primera manifestación. Algunos enfermos y sus familiares gritaban al paso de los tres niños, pidiéndoles entre lágrimas que pidieran a la Señora por su salud.

                    Llegados cerca de la encina de las apariciones, la piadosa multitud comenzó a recitar el Rosario que dirigía Lucía; de repente se pudo ver un relámpago -como en las anteriores apariciones y que avisaba de la llegada de la Virgen- y los niños se pusieron de pie mirando hacia el Este, mientras que sus rostros se llenaban de admiración. Se hincaron de rodillas de nuevo y personas cerca de Lucía la escucharon decir:

                    - ¿Qué quiere de mí?.

                    - Continuad rezando el Rosario hijos Míos. Rezadlo todos los días para que cese la guerra. En Octubre vendrá Nuestro Señor, así como Nuestra Señora de los Dolores y Nuestra Señora del Monte Carmelo. San José se aparecerá con el Niño Jesús para bendecir al mundo. A Dios le agradan vuestros sacrificios, pero no quiere que uséis la cuerda de noche para ir a dormir. Llevadla sólo durante el día (1).

                    - ¿Tengo las súplicas de muchas personas que piden Su ayuda. ¿Asistirá a una niña que es sordomuda?.

                    - Ella mejorará en un año.

                    - ¿Y las conversiones que algunos han pedido?, ¿las sanaciones de los enfermos?

                    - A algunas las curaré a otras no, porque el Señor no confía en ellas (2). 

                    - Muchos creen que yo soy una impostora y un fraude, dicen que merezco ser colgada o quemada. ¿Puede por favor hacer un milagro para que ellos crean?”.

                    - En Octubre haré un milagro para que todos crean.

                    Algunas mujeres le habían dado a Lucia dos cartas y una botellita de perfume para ofrecerlas a la Virgen; la niña lo hizo, pero Nuestra Señora le advirtió Estas cosas no sirven en el Cielo”.

                    La celestial aparición terminó; la visión se elevó como antes, y Lucía, señalando a la Señora le dijo a la multitud, Si desean verla ¡miren! ¡miren!”.


NOTAS ACLARATORIAS

            1) Los niños videntes de Fátima se mortificaban usando una cuerda que llevaban atada a la cintura, bajo la ropa: era una de las más dolorosas mortificaciones que ofrecían por la conversión de los pecadores. También evitaban algunas meriendas o dejaban de tomar agua. Pero aún mayores eran los sacrificios que exigía la misión que la Virgen les encomendó: las vejaciones, la curiosidad, las molestias de la gente, las interminables visitas, preguntas, persecución, ridículo, etc.

            2) Tal vez estas personas necesitaban de la enfermedad para su santificación y tal vez habrían usado mal el don de la curación, para daño de la propia alma.



sábado, 12 de septiembre de 2026

EL DULCE Y MUY SANTO NOMBRE DE MARÍA

 

"Y el nombre de la Virgen era María"

Evangelio de San Lucas, cap. 1, vers. 27



                    Vamos a ocuparnos un poco de este nombre, que significa «Estrella del mar», y por eso se aplica con toda propiedad a la Virgen Madre. Efectivamente, es correctísimo compararla con una estrella.

                    Porque si todo astro irradia su luz sin destruirse, la Virgen dio a luz sin lesionarse su virginidad. Los rayos que emite no menguan a la estrella en su propia claridad como no menoscaba a la Virgen en su integridad el Hijo que nos da. María es la estrella radiante que nace de Jacob, cuya luz se difunde al mundo entero, cuyo resplandor brilla en los cielos y penetra en los abismos, se propaga por toda la tierra, abriga no tanto los cuerpos, como los espíritus, vigoriza las virtudes y extingue los vicios. María es, repito, la estrella más brillante y hermosa. Ahí está el mar ancho y dilatado, sobre el que se levanta infaliblemente esplendorosa con sus ejemplos y titilante con sus méritos.

                    Tú, quienquiera que seas y te sientas arrastrado por la corriente de este mundo, náufrago de la galerna y la tormenta, sin estribo en tierra firme, no apartes tu vista del resplandor de esta estrella si no quieres sumergirte bajo las aguas. Si se levantan los vientos de las tentaciones, si te ves arrastrado contra las rocas del abatimiento, mira a la estrella, invoca a María. Se eres batido por las olas de la soberbia, de la ambición, de la detracción o la envidia, mira a la estrella, invoca a María. Si la ira o la avaricia o la seducción carnal sacuden con furia la navecilla de tu espíritu, vuelve los ojos a María. Si angustiado por la enormidad de tus crímenes, o aturdido por la deformidad de tu conciencia, o aterrado por el pavor del juicio, comienza a engullirte el abismo de la tristeza o el infierno de la desesperación, piensa en María. Se te asalta el peligro, la angustia o la duda, recurre a María, invoca a María. Que nunca se cierre tu boca al nombre de María, que no se ausente de tu corazón, que no olvides el ejemplo de su vida; así podrás contar con el sufragio de su intercesión.

                    Si la sigues, no te desviarás; si recurres a Ella, no desesperarás. Si la recuerdas, no caerás en el error. Si Ella te sostiene, no vendrás abajo. Nada temerás si te protege; si te dejas llevar por Ella, no te fatigarás; con su favor llegarás a puerto. De modo que tú mismo podrás experimentar con cuánta razón dice el evangelista: y la virgen se llamaba María.'

                    Y no menos hermosas son estas palabras del mismo santo, fundador de una orden contemplativa, de los Templarios y autor de la Salve Regina:

                    Nos ha precedido nuestra Reina. Sí, se nos ha anticipado y ha sido recibida con todos los honores; sus siervecillos la siguen llenos de confianza y gritando: Llévanos contigo. Correremos al olor de tus perfumes. Los peregrinos hemos enviado por delante a nuestra abogada; es la Madre del Juez y Madre de Misericordia. Negociará con humildad y eficacia nuestra salvación.

                    ¡Qué regalo más hermoso envía hoy nuestra tierra al cielo! Con este gesto maravilloso de amistad -que es dar y recibir- se funden lo humano y lo divino. Lo terreno y lo celeste, lo humilde y lo sublime. El fruto más granado de la tierra está allí, de donde proceden los mejores regalos y los dones de más valor. Encumbrada a las alturas, la Virgen Santa prodigará sus dones a los hombres.

                    ¿Y, cómo no lo va a hacer? Lo puede y lo quiere. Es la Reina del cielo, es misericordiosa. Y, sobre todo, es la Madre del Hijo único de Dios.'

                    Dice el profeta que vio construir en un monte altísimo una ciudad cuyas múltiples puertas describe. Señala, sin embargo, entre todas una cerrada, de la cual dice: Llevóme luego hacia la puerta exterior del santuario, que mira al oriente; y se hallaba cerrada. Y me dijo el Señor: Esta puerta ha de estar cerrada; no se abrirá ni entrará por ella hombre alguno; porque el Señor Dios de Israel penetrará por ella. Ha de estar cerrada porque aquí se sentará el príncipe para comer el pan en presencia del Señor (Ez 44.1-3). ¿Qué puerta es esta sino María, que permanece cerrada por ser virgen? Por tanto, esta puerta fue María, a través de la cual Cristo vino a este mundo, cuando salió a la luz gracias a un parto virginal. Se conservaron los sellos de la virginidad, mientras se desprendía Cristo de una virgen cuya grandeza no podía sostener el mundo entero.

                    Esta puerta ha de permanecer cerrada, dijo el Señor, y no se abrirá. ¡Bella puerta, María, que siempre se mantuvo cerrada y no se abrió! Pasó a Cristo a través de ella, pero no se abrió.

                    Y para que aprendamos que todo hombre tiene una puerta por la cual pasa Cristo, se dice: Elevad vuestras puertas, príncipes; elevaos puertas eternales, y penetrará el Rey de la gloria. ¡Con cuánta mayor razón puede decirse que había en María una puerta ante la cual se sentó y por la que pasó Cristo!

                    Esta puerta miraba a Oriente; porque difundió verdaderos resplandores aquella que engendró al Oriente y dio la luz al Sol de justicia.

                    Ya sabes que has de concebir y dará a luz un hijo; ya has oído que no será por obra de varón, sino del Espíritu Santo. El ángel aguarda tu respuesta; es hora ya de que suba al que lo envió.

                    Señora, también nosotros esperamos esa palabra tuya de conmiseración, oprimidos miserablemente por la sentencia de nuestra condena. Mira que te ofrecen nada menos que el precio de nuestra salvación; si tú lo aceptas, seremos liberados inmediatamente. Todos fuimos creados en la eterna Palabra de Dios; pero estamos muriéndonos vivos. Con tu brevísima respuesta, seremos reanimados para recuperar la vida. Todo el mundo te espera expectante y postrado a tus pies. Y no sin razón; ya que de tu boca cuelga el consuelo de los afligidos, la liberación de los cautivos, la redención de los condenados y la salvación, en fin, de todos los hijos de Adán, de todo tu linaje.

                    Responde ya, oh Virgen, que nos urge. Señora, di la palabra que ansían los cielos, los infiernos y la tierra. Ya ves que el mismo Rey y Señor de todos se ha prendado de tu belleza y desea ardientemente el asentimiento de tu palabra, por la que se ha propuesto salvar al mundo. hasta ahora le has complacido con tu silencio. Pero ahora suspira por escucharte.

                    Tú eres la mujer, por medio de la cual, Dios mismo, nuestro Rey, dispuso desde el principio realizar la salvación del mundo. Contesta con prontitud al ángel. ¿Qué digo yo? Al Señor mismo en la persona del ángel. Di una palabra y recibe a la Palabra; pronuncia la tuya y engendra la divina; expresa la transitoria y abraza la eterna. Es encantador el silencio pudoroso, pero es más necesaria la palabra sumisa. Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al consentimiento y las entrañas al Creador.

                    Mirad, se ha parado detrás de la tapia. Atisba por las ventanas, mira por las celosías (Cant 2,9) El esposo se aproxima al muro, se acerca a la pared, cuando se unió a la carne humana. La carne es la pared; la encarnación del Verbo es la aproximación del Esposo. Con las celosías y ventanas, por donde se dice que mira, pienso que se refiere a los sentidos corporales y a los afectos humanos, con los que comenzó a experimentar toda la indigencia del hombre. Se sirvió de las afecciones humanas y de los sentidos corporales, como si fueran celosías y ventanas, para conocer las miserias humanas y hacerse misericordioso por su propia experiencia de hombre.




                    Ya lo sabía antes, pero de otra manera. Se hizo lo que ya era, aprendió lo que ya sabía y buscó entre nosotros celosías y ventanas para explorar con mayor atención nuestras adversidades. Y encontró tantas aberturas en nuestra pared ruinosa y llena de resquicios, como debilidades y miserias nuestras experimentó en su cuerpo.

                    Debes procurar con toda vigilancia que encuentre siempre abiertas las celosías y ventanas de tus confesiones; a través de ellas podrá mirar con bondad en tu interior, porque su mirada es tu salvación. Y como hay dos clases de compunción: primero la tristeza por nuestros pecados y después la alegría por los dones recibidos, cuando confieso mis pecados sin la menor angustia de mi corazón es como si le abriera las celosías, o sea la ventana más cerrada.

                    Pero a veces el corazón se dilata con el amor, al considerar las bondades divinas y prorrumpe en alabanza y acción de gracias. Entonces le abro al Esposo, no la ventana estrecha, sino la más amplia, y por ella mira más complacido cuanto mayor es el sacrificio de alabanza que se le tributa.


San Bernardo de Claraval, Doctor de la Iglesia



martes, 8 de septiembre de 2026

LA NATIVIDAD DE LA VIRGEN MARÍA, según las revelaciones de Sor María de Jesús de Ágreda

 


                    Llegó el día alegre para el mundo del parto felicísimo de Santa Ana y nacimiento de la que venía a él santificada y consagrada para Madre del mismo Dios. Sucedió este parto a los ocho días de Septiembre, cumplidos nueve meses enteros después de la Concepción del Alma Santísima de Nuestra Reina y Señora. Fue prevenida Su madre Ana con ilustración interior, en que el Señor le dio aviso cómo llegaba la hora de su parto. Y llena de gozo del Divino Espíritu atendió a Su voz; y postrada en oración pidió al Señor la asistiese su gracia y protección para el buen suceso de su parto. Sintió luego un movimiento en el vientre, que es el natural de las criaturas para salir a luz; y la más que dichosa niña María al mismo tiempo fue arrebatada por Providencia y Virtud Divina en un éxtasis altísimo, en el cual absorta y abstraída de todas las operaciones sensitivas nació al mundo sin percibirlo por el sentido; como pudiera conocerlo por ellos, si junto con el uso de razón que tenía, los dejara obrar naturalmente en aquella hora; pero el Poder del Muy Alto lo dispuso en esta forma, para que la Princesa del Cielo no sintiese lo natural de aquel suceso del parto.

                    Nació pura, limpia, hermosa y llena toda de gracias, publicando en ellas que venía libre de la ley y tributo del pecado; y aunque nació como los demás hijos de Adán en la sustancia, pero con tales condiciones y accidentes de gracias, que hicieron este nacimiento milagroso y admirable para toda la naturaleza y alabanza eterna del Autor. Salió, pues, este Divino Lucero al mundo a las doce horas de la noche, comenzando a dividir la de la Antigua Ley y primeras tinieblas del día nuevo de la gracia, que ya quería amanecer. La envolvieron en paños y fue puesta y aliñada como los demás niños la que tenía su mente en la Divinidad, y tratada como párvula la que en Sabiduría excedía a los mortales y a los mismos Ángeles. No consintió su madre que por otras manos fuese tratada entonces, antes ella por las suyas la envolvió en las mantillas, sin embarazarle el sobreparto; porque fue libre de las pensiones onerosas que tienen de ordinario las otras madres de sus partos.

                    Recibió Santa Ana en sus manos a la que, siendo hija suya, era juntamente el Tesoro Mayor del Cielo y Tierra en pura criatura, sólo a Dios inferior y superior a todo lo criado; y con fervor y lágrimas la ofreció a Su Majestad, diciendo en su interior:

                    "Señor de infinita Sabiduría y Poder, Criador de todo cuanto tiene ser; el fruto de mi vientre, que de Vuestra bondad he recibido, Os ofrezco con eterno agradecimiento de que me le habéis dado, sin poderlo yo merecer. De hija y madre haced a Vuestra Voluntad Santísima, y mirad nuestra pequeñez desde lo alto de vuestra silla y grandeza. Eternamente seáis Bendito, porque habéis enriquecido al mundo con criatura tan agradable a Vuestro beneplácito y porque en Ella habéis preparado la morada y tabernáculo para que viva el Verbo Eterno. (Libro de la Sabiduría, capítulo 9, versículo 8)

                    A mis Santos Padres y Profetas doy la enhorabuena, y en ellos a todo el linaje humano, por la segura prenda que les dais de su Redención. Pero ¿cómo trataré yo a la que me dais por hija, no mereciendo ser Su sierva?. ¿Cómo tocaré la verdadera Arca del Testamento? (1). Dadme, Señor y Rey mío, la luz que necesito para saber Vuestra Voluntad, y ejecutarla en agrado Vuestro y servicio de mi hija".

                    Respondió el Señor a la Santa matrona en su interior, que tratase a la Divina Niña como madre a su hija en lo exterior, sin mostrarle reverencia, pero que se la tuviese en lo interior; y que en su crianza cumpliese con las leyes de verdadera madre, cuidando de su hija con solicitud y amor. Todo lo cumplió así la feliz madre; y usando de este derecho y licencia, sin perder la reverencia debida, se regalaba con su Hija Santísima, tratándola y acariciándola como lo hacen las otras madres con las suyas, pero con el aprecio y atención digna de tan oculto y divino sacramento como entre hija y madre se encerraba. 

                    Los Ángeles de Guarda de la dulce niña con otra gran multitud la adoraron y reverenciaron en los brazos de su madre y la hicieron música celestial, oyendo algo de ella la dichosa Ana; y los mil Ángeles señalados para la custodia de la gran Reina se le ofrecieron y se dedicaron para su ministerio; y fue esta la primera vez que la Divina Señora los vio en forma corpórea con las divisas y hábito que diré en otro capítulo; y la Niña les pidió que alabasen al Altísimo con Ella y en Su Nombre.

                    Al punto que nació nuestra Princesa María, envió el Altísimo al Santo Arcángel Gabriel para que evangelizase a los Santos Padres del Limbo esta nueva tan alegre para ellos; y el embajador celestial bajó luego, ilustrando aquella profunda caverna y alegrando a los Justos que en ella estaban detenidos. Les anunció cómo ya comenzaba a amanecer el día de la felicidad eterna y reparación del linaje humano, tan deseado y esperado de los Santos y preanunciado de los Profetas, porque ya era nacida la que sería Madre del Mesías prometido; y que verían luego la Salud y la Gloria del Altísimo. Y les dio noticia el Santo Príncipe de las excelencias de María Santísima y de lo que la mano del Omnipotente había comenzado a obrar en Ella, para que conocieran mejor el dichoso principio del Misterio que daría fin a su prolongada prisión; con que se alegraron en espíritu todos aquellos Padres y Profetas, y los demás justos que estaban en el limbo, y con nuevos cánticos alabaron al Señor por este beneficio.



                    Habiendo sucedido en breve tiempo todo lo que he dicho en que nuestra Reina vio la luz del sol material, conoció con los sentidos a sus padres naturales y otras criaturas, que fue el primer paso de Su vida en el mundo en naciendo. El brazo poderoso del Altísimo comenzó a obrar en Ella nuevas maravillas sobre todo el pensamiento de los hombres; y la primera y estupenda fue enviar innumerables Ángeles para que a la electa para Madre del Verbo Eterno la llevasen al Cielo empíreo en Alma y Cuerpo para lo que el Señor disponía. Cumplieron este mandato los Santos Príncipes y, recibiendo a la Niña María de los brazos de su madre Santa Ana, ordenaron una nueva y solemne procesión, llevando con cánticos de incomparable júbilo a la verdadera Arca del Nuevo Testamento, para que por algún espacio estuviese, no en casa de Obed-Edom (2), mas en templo del Sumo Rey de los reyes y Señor de los señores, donde después había de ser colocada eternamente. Y este fue el segundo paso que dio María Santísima en Su vida, desde el mundo al supremo Cielo.

                    ¿Quién podrá dignamente engrandecer este maravilloso prodigio de la diestra del Omnipotente?. ¿Quién dirá el gozo y admiración de los Espíritus celestiales, cuando miraban aquella tan nueva maravilla entre las obras del Altísimo y con nuevos cánticos la celebraban?. Allí reconocieron y reverenciaron a su Reina y Señora escogida para Madre del que había de ser su Cabeza, y que era la Causa de la Gracia y de la Gloria que poseían, pues Él se la había granjeado con Sus méritos previstos en la Divina aceptación. Pero ¿qué lengua o qué pensamiento de los mortales puede entrar en el secreto del Corazón de aquella Niña tan tierna en el suceso y efectos de tan peregrino favor?. Lo dejo a la Piedad Católica, y mucho más a los que en el Señor lo conocerán, y nosotros cuando por Su Misericordia infinita llegaremos a gozarle cara a cara.


"Mística Ciudad de Dios"

por la Venerable Sor María Jesús de Ágreda


NOTAS

            1) En la Antigua Ley estaba totalmente prohibido tocar directamente el Arca de la Alianza, que era transportada mediante varales que sostenían los levitas. "Y cuando Aarón y sus hijos acaben de cubrir el santuario y todos los utensilios del santuario, cuando haya de mudarse el campamento, vendrán después de ello los hijos de Coat para llevarlos; pero no tocarán ninguna cosa santa, no sea que mueran" (Libro de los Números, cap. 4, vers. 15). "Harás también varas de madera de acacia, las cuales cubrirás de oro. Y meterás las varas por los anillos a los lados del arca, para llevar el Arca en ellas" (Libro del Éxodo, cap. 25,vers. 13-14)

            2) Obed-Edom era un judío levita que recibió en su casa el Arca de la Alianza; "Y el Arca de Dios estuvo con la familia de Obed-Edom, en su casa, tres meses; y bendijo el Señor la casa de Obed-Edom, y todo lo que tenía" (Libro 1º de Crónicas, cap. 13, vers. 14)



sábado, 15 de agosto de 2026

LA GLORIOSA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA AL CIELO EN CUERPO Y ALMA

 

¿Quién es Ella que sube por el desierto
como una columna de humo, de especias
aromáticas, de mirra e incienso?


Libro del Cantar de los Cantares, cap. 3, vers. 6



                    Cuando llegó el momento, escogido por el Verbo Encarnado, de celebrar Sus místicas y solemnes nupcias con la Novia de Su Corazón, eligió revelarse a Ella en toda Su belleza, invitándola a venir y saborear los inefables deleites que la clara visión de la Esencia Divina transmite al alma.

                    Aquella visión fue la recompensa del ardiente amor que María, desde Su Concepción, había albergado por Su Dios, y que desde entonces había ido creciendo en Su Alma. Ese Amor alcanzó finalmente Su plenitud, y había llegado el momento de recibir, de la infinita Generosidad de Dios, Su corona final, en la clara e inmediata manifestación de la Esencia Divina a Su inteligencia. Pero es imposible ver a Dios cara a cara de manera constante y permanente, y seguir viviendo la vida mortal del cuerpo. Por eso, al revelarse esa visión inefable, el vínculo que unía el Alma de María a Su cuerpo se rompió, y Ella entró de inmediato en la Corte Celestial.

                    El día en que María hizo su entrada en el Cielo fue, para la gloriosa hueste de Ángeles, un día de inmensa alegría. Estos espíritus bienaventurados recibieron al Alma purísima de la Madre del Verbo con muestras de profunda reverencia. Su mirada no se saciaba con la contemplación de la belleza de esta criatura, que había conservado intacto el lirio de Su Inmaculada Concepción, y se preguntaban unos a otros con asombro: «¿Quién es Esta que sube por el desierto como una columna de humo, de especias aromáticas, de mirra e incienso?».

                    La separación del Alma de María de Su cuerpo sagrado duró apenas un instante. Apenas Su Alma fue admitida permanentemente a la visión de la Esencia Divina, fuente de todo deleite, entonces, sin apartar la mirada de aquella visión embriagadora, retomó, veloz como un relámpago, Su cuerpo santo, para morar con Él eternamente en el esplendor del Cielo.

                    María, glorificada en alma y cuerpo, ascendió a los Reinos de la Luz, tal como Su Hijo lo había hecho el día de la Ascensión. Ascendió, no con la ayuda de ningún poder externo, ni siquiera angélico, sino con esa fuerza de agilidad que la resurrección confiere al cuerpo glorificado. María ascendió al Cielo como un hermoso pájaro que se eleva hacia las profundidades azules del firmamento; ascendió hasta los pies del Trono de Dios, quien la coronó Reina del Cielo y de la Tierra. «Ven del Líbano, Esposa mía, ven del Líbano, ven, serás coronada».

                    Admira, oh alma mía, este espectáculo deslumbrante, y da gracias a Dios por las maravillas que ha obrado en esta Virgen incomparable, que, a pesar de Su grandeza, permanece siempre para ti como una Madre llena de ternura y compasión.

                    La Asunción de María, si bien para Ella representó la culminación de una vida totalmente sobrenatural y divina, fue también para la humanidad un nuevo motivo de alegría y triunfo.

                    Así como los Patriarcas en el Limbo habían contemplado el Nacimiento de María como el amanecer que les anunciaba su pronta liberación, así también la Asunción de esta Reina sin igual, junto con la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, se convirtió para el hombre mortal en una segura garantía de resurrección e inmortalidad.




                    El hombre, por naturaleza, es una criatura débil, y grandes son las aflicciones que debe soportar en esta vida; sin embargo, tan poderosas son las ayudas de la Gracia Divina, que, a pesar de nuestra miseria, podemos, mediante esa ayuda divina, participar con los Santos Ángeles de la Visión de Dios en el Cielo. Pero para alcanzar tan sublime fin, el cristiano debe luchar valientemente durante toda su vida. Debe esforzarse al máximo para crecer continuamente en la práctica de la Virtud y el Amor a Dios, según las palabras del Apóstol: «Prosigo hacia la meta, hacia el premio de la vocación celestial de Dios en Cristo Jesús».


Extraído de "La más bella flor del Paraíso" 
escrito por el Cardenal Alexis-Henri-Marie Lépicier, 
de la Orden de los Siervos de María


miércoles, 5 de agosto de 2026

NUESTRA SEÑORA DE LAS NIEVES, Patrona de la isla de San Miguel de La Palma

 


ORÍGENES DE LA DEVOCIÓN

                Una antigua tradición cuenta que en Roma vivían unos esposos ricos, de nobles familias patricias, que deseaban donar su fortuna a fin de hacer alguna obra buena en favor de la religión cristiana. En la noche del 5 de Agosto del año 358, escucharon en sueños una voz que les decía: “Acudan mañana al Monte Esquilino y en el sitio donde haya nieve, allí deben levantar un templo a la Santísima Virgen”.

                Al día siguiente acudieron al lugar señalado, situado en una de las siete colinas de Roma, y encontraron, con gran sorpresa, una franja de terreno cubierta de nieve en pleno verano. Con el apoyo del Papa Liberio, se empezó a construir el templo dedicado a Nuestra Señora, conocido más tarde como Basílica Liberiana, siendo el primer templo dedicado a la Madre de Dios y puesta bajo el título de Nuestra Señora de las Nieves. Con el tiempo, el templo se fue deteriorando, pero para mantener  aquél bendito lugar dedicado a la Virgen, se construyó otro templo en el año 434, ocupando en la actualidad ese milagroso lugar la Basílica de Santa María la Mayor, que es una de las cuatro basílicas mayores de Roma y una de las cinco patriarcales asociadas con la Pentarquía: San Juan de Letrán, San Lorenzo Extramuros, San Pedro, San Pablo extramuros y la citada.

PATRONA DE LA ISLA DE SAN MIGUEL DE LA PALMA

(Archipiélago Canario, España)

                La presencia de Nuestra Señora de Las Nieves en La Palma está envuelta en la leyenda. La Bula del Papa Martín V, fechada en Roma el 20 de Noviembre de 1423, hace mención a “Santa María de la Palma” y su llegada a la Isla se asienta sobre las hipótesis de algunos cronistas, que se refieren a viajes de frailes irlandeses o navegantes del Mediterráneo, misiones del Obispado de Telde o incursiones de los normandos asentados en las islas orientales desde comienzos del siglo XV.

EL VOLCÁN SOFOCADO POR LA VIRGEN

               Existe un documento de especial interés y que se refiere a la erupción del volcán de San Antonio, ocurrida en 1677. La versión corresponde al visitador Juan Pinto de Guisla, venerable beneficiado de la Parroquia de El Salvador y visitador general de La Palma, testigo presencial, según parece, del acontecimiento y que se expresa en los siguientes términos:

              “Ha padecido esta isla diversas veces la calamidad de estos volcanes, en la parte que mira al sur, o mediodía, como se reconoce por la tierra quemada reducida a riscos que llaman “mal país”, en que convierte la materia que arroja de sí, y aún está muy viva la memoria del último que reventó por principio del mes de Octubre del año 1646, que duró hasta 18 de Diciembre del mismo año, en que se celebra la Fiesta de la Expectación de Ntra. Señora, día en que amaneció de nieve la boca del volcán, con universal aclamación de milagro de Ntra. Señora de las Nieves, cuya Santa Imagen se venera como Patrona de esta isla y a cuyo patrocinio se recurre en sus mayores aflicciones y necesidades, como se recurrió en aquélla trayéndola a la Parroquia de esta ciudad, donde estaba colocada cuando cesó el volcán, y se cubrió de nieve”.

                De alguna manera fueron providenciales también la fecha y la hora de la última erupción volcánica en la isla: el 19 de Septiembre de 2021, Festividad de Nuestra Señora de La Salette, coincidiendo además en la hora, las 3 de la tarde.