Mostrando entradas con la etiqueta Madre María Ángeles Sorazu. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Madre María Ángeles Sorazu. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de octubre de 2025

LA VIDA ESPIRITUAL ( III ) por la Madre María de los Ángeles Sorazu, Concepcionista Franciscana. La primera noche y el desierto

 



1. Camino de perfección 


                    Inmediatamente o poco después de su conversión -algunas veces lo conocen antes- Dios Nuestro Señor muestra al alma un camino recto, seguro, espacioso y real, que conduce al Cielo. Es la Vida de Jesucristo, Su Divino Hijo, Nuestro Redentor y Modelo, cuyo camino comprende una infinidad de estrechos senderos que empiezan y terminan en el mismo lugar. Señalando uno de dichos senderos, dice al alma que vaya por él, porque en el punto donde termina, la espera con los brazos abiertos para asociarla a Su Beatitud y Gloria divina, que es la recompensa prometida a Sus fieles servidores e imitadores de Su Divino Hijo.

                    Al mismo tiempo le presenta un Santo o varios para que se inspire en ellos en las disposiciones con que debe caminar para conseguir su perfección y para que a través de sus virtudes contemple a Jesucristo, sobre todo en los principios, hasta que adaptada su alma pueda contemplar de hito en hito su fisonomía humano-divina

                    El camino —así como los senderos en él comprendidos— está sembrado de flores, cruces y espinas, y las vías se diferencian unas de otras por el mayor o menor número de cruces plantadas en ellas y por la calidad y dimensiones de las mismas, pues unas son mayores y más pesadas que otras. Las flores simbolizan las virtudes, privilegios y perfecciones divinas de Jesucristo; las cruces significan su vida paciente, y las espinas los agravios que le infiere la ingrata correspondencia de los hijos de Adán, por cuya redención tomó carne humana y padeció y murió en una cruz.


2. En marcha 


                    Conocido el sendero que debe seguir -el cual fija la vocación del alma- entra en él y comienza a caminar con la bendición de Dios Padre, auxiliada con la presencia y eficaz socorro del Espíritu Santo y adherida al mismo Jesucristo, su Camino, Verdad y Vida, patrocinada además por la Virgen Santísima, su Ángel tutelar y los Santos de su especial devoción. Camina gozosa, sufriendo resignada las punzadas de las espinas, besando con amor y respeto las cruces que encuentra a su paso y recogiendo las flores, emblema de las virtudes y perfecciones de Jesucristo, cuyas flores, unas come y asimila, con otras teje el vestido nupcial y se adorna con él, y las restantes, en forma de hermoso ramillete, las ofrece al Padre Celestial por las inmaculadas manos de la Santísima Virgen, para Su eterna Gloria y alabanza, suplicándole que en retorno y por el valor infinito de las mismas, perdone a la humanidad culpable y nos prodigue a todos Su Amor y protección soberana y divinas bendiciones.


3. Desaparece la devoción sensible


                    Después de un periodo de consolación más o menos largo, durante el cual ha caminado con paso firme y presuroso y salvando algunas distancias, he aquí que de repente le sorprende la noche, la primera noche después del radiante y festivo día de su Vida Espiritual, noche en que no sospechaba siquiera, pues ignoraba que tales noches existieran en los caminos de Dios. 

                    La noche consiste en que el Señor -para altísimos fines de Su Gloria y bien de la misma alma- le retira la gracia de la devoción sensible y demás consolaciones que antes le prodigaba; devoción y consuelos espirituales en donde ella leía el Amor que Dios le profesaba y la aprobación que merecían sus obras en la estimación del mismo Dios; veía, en una palabra, la prueba inequívoca del buen estado de su conciencia y de su progreso en la Vida Espiritual. En el momento en que le falta esta devoción y este consuelo, el alma se queda a oscuras, como quedamos cuando el eclipse nos priva de la luz solar. Busca la razón del extraño fenómeno que experimenta y no la ve. Extiende sus brazos para probar si puede proseguir su marcha en medio de las tinieblas, palpando las cruces y las flores que antes veía, y solo halla el vacío, porque ya no hay flores ni cruces, ni siquiera espinas, cuyas punzadas le sabrían a gloria por la noticia y seguridad que su presencia le inspiraría de la firmeza del terreno que pisa. No, ya no hay seguridad para ella, porque el sendero se ha convertido en desierto. Se encuentra en una soledad pavorosa, triste, árida y desnuda de toda vegetación, en medio de las tinieblas de la noche. Es que Jesús, al retirarle la devoción sensible, le quitó también el sentimiento de Su Divina Presencia; y con esta doble privación se queda la pobre alma no solamente a oscuras, sino también desolada, padeciendo un completo y triste desamparo. He aquí el desierto.

                    Para colmo de su desgracia, ha perdido la facilidad que tenía para orar mentalmente, lo mismo que las energías que hallaba en el fondo de su ser para ejercitarse en las virtudes y practicar la penitencia. Al vivo anhelo, ardiente júbilo y dilatación suma que experimentaba en el ejercicio de la oración y demás prácticas piadosas, le sustituyen el tedio y la repugnancia, la pena y la aridez, el decaimiento, la tristeza y el desamparo, un vacío inmenso que nada puede llenarlo y las dudas y los temores de si está en pecado mortal y será esta la causa de lo que está padeciendo, si habrá consentido en la tentación A o B, que sintió en el día o días que precedieron a su desolación, y enojado Dios le habrá retirado Sus gracias, etc., etc.... Todo es confusión para la pobre alma.


4. La acción del Director espiritual 


                    Si tiene Director espiritual y le comunica su trabajo y angustia, encuentra en él luz y apoyo para sostenerse firme en su propósito de servir a Dios y no se desalienta, porque entiende por las instrucciones que recibe del mismo, que su trabajo es una prueba del Amor que Dios le profesa, y que su término será glorioso para Dios y consolador para ella. Y esta noticia la anima, consuela y sustrae del abismo de la desesperación y desaliento. 

                    Pero si no tiene Director, y más si jamás trató con sus Confesores de cosas espirituales, ni ha leído libros de Teología Mística -como algunas veces acontece- padece tribulaciones tantas y tan penosas que no hay términos para expresarlas, porque a los muchos trabajos y terribles desolaciones que padecen todas las almas en dicha noche, se agregan las ansiedades de su conciencia alarmada, la firme convicción de que recayó en pecado el día y hora en que el Señor le retiró la gracia sensible, que ya no hay perdón ni salvación para ella, que es esclava del demonio (1), a quien pertenece, y otras mil ideas angustiosas y trabajos que el diablo le procura o ella misma se crea, porque ignora en absoluto los caminos por donde Dios lleva a las almas. 


5. Exigencias de Dios


                    Cuando entra el alma en esta noche y desierto, Dios Nuestro Señor le pide sacrificios, esto es, que inmole en sí misma todo aquello que se opone al grado de perfección y unión divina a que la destina, sus apetitos desordenados, inclinaciones torcidas e imperfectas, orgullo, amor propio, sensibilidad, ambición y demás vicios, más o menos fuertes, que radican en la naturaleza viciada, empezando por la pasión dominante que le muestra cuál es, así como los medios de destruirla completamente para que los practique.

                    Si el alma responde a las exigencias de Dios, inmolando sus apetitos y torcidas inclinaciones en la forma que le pide, y practica las virtudes contrarias, pronto se termina para ella el periodo de prueba, porque en el momento en que se prepara para obedecerle, a la noche oscura en que se encuentra y al desamparo que padece se agregan nuevas tinieblas, mayores tentaciones y otros trabajos, entrando de lleno en el periodo de purgación, del que no sale hasta haberse purificado y espiritualizado. Mas si se resiste a obedecer a Dios, o le niega los sacrificios que Él le exige, u opone obstáculos a Su acción divina, entonces permanece estacionaria en el desierto hasta que se resigna enteramente en Su Divina Voluntad.

                    Esta es la razón por la que el periodo de prueba se prolonga y es más largo que el de las almas dóciles que tienen que purgar igual número de faltas y se hallan en las mismas condiciones y, a pesar de ello, salen antes del desierto.

                    Las almas rebeldes padecen infinitas torturas con la memoria de los favores recibidos y de su ingrata correspondencia a ellos, memoria que les persigue noche y día, cual amoroso reclamo, invitándolas a una segunda conversión o, mejor dicho, al perfeccionamiento de su conversión primera, que deberán completar con su perfecta sumisión al querer de Dios, que desea destruir en ellas el yo humano. De cuando en cuando se impone la gracia a estas almas; Dios lucha o se bate con ellas en su afán de subyugar su rebelde voluntad y conducirlas a sus altos destinos. Y si no lo consigue, emplea otros medios, hasta que por fin logra someterlas a Su dulce imperio. ¡Así ama Dios a las almas y se interesa por su salvación!. Bendito sea. Pero cuando ha triunfado del corazón rebelde y de los obstáculos que le ponía, se resarce de sus agravios ventajosamente con las penas que inflige en justo castigo de su insubordinación, si bien esta conducta no la observa con todas las almas, sino con las que llama a Su Unión divina.

                    En el momento, como antes se dijo, que el alma responde a los requerimientos de la Gracia y se dispone para la inmolación o muerte mística, la noche se oscurece mucho más, ya no es noche oscura la que padece, sino puras tinieblas, y lo que antes parecía desierto, ahora parece calabozo subterráneo, vecino del Infierno o situado en los dominios de satanás (2).


6. Benéfico influjo de María Santísima.


                    Dios prepara al alma para esta dura prueba, comunicándole Su Divino Amor y una estima del mismo Dios tan grande, que no solo la obliga a servirle con perfección y padecer por Él cuanto le ordena, sino que lo hace sin interés, por ser Él quien es, estimando como singular beneficio que Dios se digne emplearla en Su servicio y concederle la dicha de amarle y padecer por Él.

                    A este auxiliar poderoso del amor estimativo de Dios, en algunas almas, se agrega el amor, devoción y adhesión inviolable a la Virgen. Santísima en grado tan alto que viven más de la Vida de María que de su vida propia. Las que practican la Vida Mariana tienen en la Virgen una ayuda poderosísima y un lenitivo para sus penas en todas las tribulaciones, sobre todo durante los periodos de prueba y desamparo que padecen.

                    Es admirable la conducta que observa la Señora con las almas que Le pertenecen -por su devoción y consagración perfecta- y el celo que despliega en favor de las mismas. ¡Con cuánto amor y ternura las visita, asiste en la tribulación, las protege y defiende de sus enemigos, las socorre en sus necesidades, las enamora de Dios, las adorna y prepara para su divina unión y obtiene esta gracia para ellas!. 

                    Estas almas pueden repetir con verdad las palabras del libro de la Sabiduría: "Todos los bienes me vinieron juntamente con ella, y por su medio he recibido innumerables riquezas", "Venerunt autem mihi omnia bona pariter cum illa et innumerabilis honestas per manus illius" (Sab 7, 11); porque quien tiene de su parte a la Virgen, y la tienen todos los que de veras la aman, posee un tesoro infinito, pues posee al mismo Dios. Y no hay quien prodigue los consuelos inefables que prodiga la Señora a Sus devotos en el tiempo de la tribulación.

                    Por esto las almas interiores, llamadas a vivir en intimidad con Dios, como preparación a las pruebas que les esperan en las noches y cavernas, en los desiertos y en los túneles que comprende su sendero, deben procurar identificarse con la Virgen y merecer Su amparo y protección, que si así lo hacen, padecerán menos y siempre aprovecharán más, pero singularmente en los periodos de sufrimiento, que es cuando más necesitan Su patrocinio. Padecerán menos, porque las almas que practican la Vida Mariana, cuando se ven abandonadas de Dios, acusadas de su propia conciencia, atormentadas por el demonio y desesperadas de su salvación, además de la protección que experimentan en su recurso frecuente a la Virgen, el afecto de complacencia que sienten por Ella les hace participantes de Su felicidad y gozan del torrente de Sus delicias. Aprovechan más, porque iluminada su alma con el resplandor de esta Estrella matutina, que jamás se oculta a Sus fieles servidores, tienen conciencia de la purgación dolorosa que en ellas opera la gracia y, confortadas con el patrocinio de la Señora, la sufren enseñadas por Ella con perfecta resignación, sin defenderse ni sustraerse, antes bien procuran cooperar con ella en la forma que les es posibles. Laus Deo.


NOTAS

            1 y 2) "demonio" y "satanás", aunque sean nombres propios la Madre Sorazu siempre lo escribía con minúsculas.


¿QUIÉN FUE LA MADRE MARÍA ÁNGELES SORAZU?

                    Florencia Sorazu Aizpurua nació el 22 de Febrero de 1873, en Zumaya (Guipúzcoa, España),  fue bautizada al día siguiente, en la Parroquia de San Pedro, en su pueblo natal. Desde su más tierna infancia Florencia se vio adornada de gracias sobrenaturales, que de algún modo anunciaban una predilección por parte de Dios. 

                    Creció humana y espiritualmente, venciendo las dificultades y luchas propias de su edad; el 26 de Agosto de 1891 ingresó en la Orden de la Inmaculada Concepción, en la ciudad de Valladolid. Al recibir el hábito blanco de la Orden tornó su nombre por el Sor María de los Ángeles: "María" por su amor a Nuestra Señora y "de los Ángeles" por la devoción que siempre tuvo a los Espíritus Celestiales. Realizó la Profesión solemne de votos el 6 de Octubre de 1892, y desde entonces se entregó con todo su ser a Jesucristo y a María Inmaculada. 

                    En Julio de 1907 el Señor permitió que comenzara una purificación interior, que la dispuso interiormente para el Matrimonio Espiritual, gracia que finalmente recibió el 10 de Junio de 1911. La Madre Sorazu, por obediencia a su Director, fue dejando constancia escrita de los aspectos de la vida de unión con Dios, su contemplación de la vida humana y divina de Jesucristo, los atributos divinos, la lectura y comentario de diversos pasajes bíblicos, destacando sus escritos referentes a la Virgen María.

                    En la Navidad de 1920 hace unos Ejercicios Espirituales de cuarenta días con la intención de prepararse para la Vida del Cielo. El 28 de Agosto de 1921, la Madre María Ángeles Sorazu expiraba tras haber compartido los padecimientos de Cristo, que según ella tanto deseó y pidió en su oración.



domingo, 21 de septiembre de 2025

LA VIDA ESPIRITUAL ( II ) por la Madre María de los Ángeles Sorazu, Concepcionista Franciscana. Estado del alma penitente inmediatamente después de su conversión o justificación

 


1. Cambio radical


                    Las almas que, arrastradas por la corriente del mundo, siguieron sus vanidades y vivieron por algún tiempo bajo el dominio de Satanás, cuando de veras se convierten a Dios, siéntense libres del enorme peso que las oprimía, henchidas de gozo, fuerte y suavemente atraídas por Dios y dispuestas a inmolar en sí mismas todo lo que se opone a su divina Voluntad y al cumplimiento de sus deberes. El inmenso y triste vacío que experimentaban en las diversiones mundanales y placeres terrenos desaparece; las negras tinieblas que envolvían su alma y cegaban su inteligencia se disipan o desvanecen; su conciencia, que parecía haberse muerto, revive; y sus potencias, antes embotadas para comerciar con el mundo superior de los espíritus y ejercitarse en las virtudes, quedan como revestidas de cierta facultad para el ejercicio de sus nobles funciones; adquiere de nuevo los dones y virtudes que recibió en la fuente bautismal, especialmente la fe, esperanza y caridad, cuya presencia siente visiblemente, y halla energías hasta entonces desconocidas en el fondo de su ser para practicar el bien, venciendo los obstáculos que se le presentan en su nueva vidas.

                    Por el momento sus viciadas pasiones quedan como dormidas, porque todo la arrastra hacia Dios, que la atrae con la infinita dulzura de su amor, superior a todo deleite terreno. Maravillada de verse favorecida con la amistad y amor de un Dios a quien creía enojado y con espada en mano para vengar los agravios que le ha hecho con sus pecados, liquídase toda de gratitud y amor, lo estima sobre todas las cosas e incondicionalmente se pone a su servicio. El cielo le sonríe y promete franquear sus puertas cuando llame a ellas, si persevera en el servicio del Señor, a quien ha consagrado su vida. Con tal firmeza espera la gloria del paraíso, que primero se dejaría cortar la cabeza que desconfiar de su salvación. Su confianza es hija de su ciega y ardiente fe en la fidelidad, amor y méritos de Jesús, que la Iglesia pone a su disposición en los santos sacramentos, y de su sincero deseo de servirle con fidelidad hasta la muerte.


2. Ejercicios de Piedad


                    Ama con cariño filial a la Santísima Virgen, en quien, después de Jesús, deposita toda su confianza, invócala con frecuencia con la salutación angélica y se impone el deber de obsequiarla con todas las prácticas piadosas que conoce y se le ocurren, singularmente con el santo Rosario, que empieza a recitar diariamente desde el día de su conversión —si ya no lo hacía—, y quisiera, si fuera posible, recitarlo en todas las horas del día. ¡Tal es la necesidad que experimenta de testimoniarle su filial cariño y franca adhesión, honrándola por todos los medios que puede! Tiene fe vivísima en la protección de los santos, a quienes ama con relativo fervor, invoca y obsequia con triduos, novenas, etc. Entre estos elige por patronos a los que le inspiran mayor devoción y con fianza y les invoca una o varias veces todos los días, antes o después del ángel tutelar, por quien siente igualmente especial amor.

                    Siente la feliz necesidad de frecuentar los sacramentos, oír una o varias misas, visitar al Santísimo, practicar el ejercicio del Via Crucis, asistir a los sermones y funciones religiosas que se practican en los templos y de alistarse en una o varias cofradías. Lo realiza, y en dichas prácticas halla consuelos celestiales, que quisiera compartir con los pecadores que viven lejos de Dios y de su santo templo, para atraerlos por este medio al conocimiento y amor de su Dios Redentor. Ruega mucho para que se conviertan y consagren al servicio de un Dios infinitamen-te amante, porque le inspiran mucha compasión, viéndoles sacrificarse a toda hora por agradar y servir al mundo que ella tan justamente abandonó y conculcó bajo sus pies.


3. Práctica de las virtudes


                    Agradece en gran manera el amor misericordioso de Dios, que generosamente le perdonó sus muchos y graves pecados y le promete el paraíso celestial para su día. Pero ama igualmente su Verdad y Justicia, amor que la impulsa a resarcir el detrimento causado a su gloria con las faltas que cometió en su vida pasada, haciendo la penitencia debida por ellas y practicando con singular esmero las virtudes contrarias a las mismas, sin perdonarse nada en este punto. Si fue vanidosa, callejera y amiga de diversiones y pasatiempos, practica la humildad, el retiro, desprecio y abstracción del mundo en tanto grado, que admira a cuantos la conocieron antes de su conversión y los mueve a lástima. Si fue regalona y amiga de comodidades, cultiva la virtud de la abstinencia y mortificación de la carne cuanto pueden sufrir sus fuerzas, ayudadas de la divina gracia. 

                    Para que su sacrificio resulte provechoso para su prójimo, entrega a los pobres los regalos que niega a su cuerpo, procurando que quede tan en secreto que ni los mismos socorridos con su diaria limosna, si fuera posible, conocieran su caridad; y para revelar su mortificación y caridad al confesor que dirige su conciencia, con el fin de obtener su permiso, tiene que hacerse suma violencia. Si alguna vez agravió al prójimo directa o indirectamente -aun en materia leve— es tal el remordimiento que siente y su deseo de resarcir el doble agravio inferido a Dios y a la criatura, que no se aquieta mientras no visita a las personas agraviadas y les da una satisfacción que resarza ventajosamente la ofensa, sin reparar en lo bochornoso que será para ella la revelación de una falta conocida solo de Dios y la manifestación asimismo de su amor a la Justicia que la mueve a reparar su falta de un modo tan costoso para el amor propio.

                    De esta manera practica las virtudes contrarias a los vicios que la dominaron y pecados que cometió en su vida pasada, satisfaciendo por ellos a la Justicia divina con tanto mayor gusto cuanto más generosamente la perdona su amor misericordioso. Practica la virtud sin gran dificultad, merced a las energías que le presta la gracia sensible y las consolaciones que experimenta en los ejercicios de piedad y en el trato amoroso de su Dios. Diríase que Jesús se ha constituido Padre, Madre y Nodriza de esta afortunada oveja que, después de su extravío, volvióse a su aprisco, y que por sí mismo y en sus brazos la conduce de justicia en justicia y de virtud en virtud, para que no tropiece en alguna dificultad y retroceda, y para mejor sustraerla a la influencia diabólica y mun-danal.


4. Lucha contra las tentaciones 


                    Alguna que otra vez se acerca a ella satanás, le pone delante los placeres terrenales que abandonó y las cruces espinosas que le esperan en su nueva vida, y la observa para ver si vacila; pero viéndola firme en su resolución, se retira desesperado de conseguir por el momento su pretensión, porque no ve ningún portillo abierto para penetrar en su corazón. El mundo, astuto cazador de las almas, apenado de haber perdido a esta que sedujo con mentidas promesas, hace los últimos y supremos esfuerzos para conquistarla de nuevo, y lo procura por medio de sus amadores, quienes ponen en juego todos los resortes de su falsa ciencia y profano querer para conseguirlo, aunque en vano, porque, fuerte con la conciencia del deber cumplido y de la fidelidad del divino Amante a quien ha consagrado su amor, contesta negativamente a todas las solicitaciones del mundo con acento que revela la firmeza de su resolución, lo feliz que se siente desde que pertenece a Dios y la compasión que le inspiran las almas que, arrastrando las cadenas de su esclavitud e insensibles a la propia y suprema desgracia, dicen que se compadecen de los que gozan la dichosa libertad de los hijos de Dios.

                    El mundo admira la transformación obrada en ella y su heroísmo desde que en realidad de verdad milita en las banderas de Cristo —no en apariencia ni a medias, como muchos cristianos— pero no la cree, porque no se explica cómo puede sentirse feliz quien, renunciando a los placeres terrenales, consagra su vida a la penitencia y al retiro, y calificando de fatuidad y fanatismo su cambio de vida, y de obstinación sus negativas respuestas, la deja seguir su camino.


5. Meditando la Pasión de Jesús


                    Habiéndose ejercitado algún tiempo en las prácticas piadosas que hemos insinuado, la fervorosa penitente -tránsfuga del mundo-siéntese llamada a la oración mental y trato íntimo y familiar con Dios, y empieza por la meditación de los novísimos y de la Pasión del Señor, dedicando a esta todos los días varios ratos y a aquella breves momentos. Al principio siente alguna dificultad en orar con la mente y, alguna que otra vez, siente repugnancia grande a dicho ejercicio cuando se acerca la hora de emplearse en él, tanto que con gusto vería sustituida la oración por sangrientas disciplinas u otras penitencias. ¡Tanta es la repugnancia que siente! Conoce que es tentación y procura vencerla, y venciéndola, lo mismo que los demás obstáculos, un día y otro día, logra adquirir el hábito de la oración, que cada vez se perfecciona más y más.

                    Jesús Paciente la atrae dulcemente y subyuga su corazón con su bondad y su amor, de tal manera que muy pronto siente la imperiosa necesidad de consagrar a la meditación de su santísima Pasión todas las horas del día y parte de la noche, si puede, y así lo practica. Lo que principalmente contempla en Jesús Paciente son sus afrentas y tormentos corporales o externos —pues de sus penas interiores solo tiene una idea vaga—, pero en todos los sufrimientos que contempla ve el Corazón de Cristo abrasado de amor y celo por la salvación de las almas; ve en Jesús un Padre, una Madre que ama al hombre con infinita ternura, un Amante divino que no rehusa sacrificios y que agota todos los recursos de su amor omnipotente para conquistarla. Agradecida a tanta fineza y amor, procura corresponderle, amándole con todo el ardor de que es capaz, y este mismo amor que por El siente le hace llorar sus penas con amargura misteriosa que sabe a cielo, y le obliga a reproducir en su cuerpo, en la forma que sufre su flaqueza, los tormentos que le ve padecer.

                    El sentimiento de la Pasión la penetra y rodea continuamente, la abstrae del mundo y de todo lo que pertenece a la tierra, y no le permite gozarse en ninguna cosa fuera de Jesús, y muchas veces le impone sacrificios y privaciones de cosas necesarias a la naturaleza, verbigracia, el alimento y el sueño. Dolorosamente impresionada a la vista de los sufrimientos de su Dios, no se atreve a sonreír siquiera, y el bullicio y alegría exterior que observa en las criaturas acrecienta su pena y la hace gemir y llorar, como igualmente cuando oye tocar instrumentos musicales, cual si estuviera de duelo por la muerte de su padre muy querido.

                    Pasado algún tiempo, su meditación se confunde a ratos con la contemplación y contemplación muy subida, pues queda su mente como enajenada y fija en Dios, cuya bondad saborea sin comprenderla. Esta noticia sabrosa de Dios la sorprende cuando menos lo espera, aunque de ordinario recibe este favor mientras lee, recita alguna oración, hace su meditación o contempla el cielo.


6. Ansias de perfección 


                    Si esta alma es de las nombradas en el capítulo anterior en la letra C, o sea enriquecida por Dios en el bautismo con dones especiales, desde el principio de su conversión conoce que Dios la destina a un alto grado de santidad, y un impulso superior e irresistible la lleva hacia la perfección más alta por la práctica de la virtud sólida y de la fidelidad a las inspiraciones que continuamente recibe. Casi habitualmente siente deseos de practicar actos heroicos, a veces irrealizables. Ya quiere abandonar las delicias del hogar paterno y retirarse a un desierto para consagrar el resto de su vida a la oración y penitencia; ya pasar sus días en medio del mundo, pero como peregrina y pordiosera, en absoluta pobreza y desnudez, sin hogar propio donde refugiarse y desamparada de todos; ya también recorrer los pueblos, iniciando en el conocimiento de Jesús a los que no le conocen o viven lejos de Él; y ya que no ve el medio de realizar sus aspiraciones, hace de su cuarto un desierto, lo convierte en oratorio, y retirada en él hace vida de ermitaña, practicando la oración y penitencias. De este retiro solamente sale para ir donde la llama el deber, para asistir a las funciones de iglesia o para ejercitar su celo en bien de las almas, cuando la oportunidad se presenta.

                    Entiende que Dios la llama a su divina unión y que tiene designios especiales que cumplir en ella, y esta noticia —aunque vaga— de sus futuros destinos la obliga a consagrar a la oración todas las horas del día, incluso las que dedica a la labor, y lamenta no poder continuarla durante el sueño. Su oración es devota, reverente y fervorosa, manifestando su profundo respeto y viva fe en la presencia de Dios en la composición exterior y reverente postura del cuerpo, pues ora de rodillas, siempre que no se lo impida alguna indisposición grave, aunque prolongue su oración y le duelan las rodillas. Me refiero a la oración que hace en las horas libres del trabajo manual u ocupaciones exteriores.


7. Faltas e imperfecciones


                    La pureza de conciencia, abstracción de criaturas y la perfección de la vida no es la misma en todas las almas penitentes o principiantes en esta primera etapa de su vida espiritual, sino que varía según la diversidad de sus respectivas vocaciones, de su carácter y de los vicios que contrajeron en su vida pecadora, por lo que no se puede precisar el mayor o menor número de faltas que cometen o pueden cometerse, ni el grado de perfección en que practican las virtudes, pues acontece que en los ejercicios piadosos, mientras algunas almas sensuales, o que lo fueron, de naturaleza ardiente y mal inclinada, cometen muchas faltas e imperfecciones, otras más espirituales y mejor equilibradas no cometen ninguna, y así en todo lo demás. Sin embargo, no hay ninguna tan perfecta y pura que no cometa algún pecado venial o muchos, por lo menos indeliberadamente, y todas sienten los primeros movimientos de una o de varias pasiones y la rebelión de la carne contra el espíritu, cuando este las arrastra a la inmolación de sus apetitos desordenados.

                    Algunas almas suelen padecer frecuentes y fortísimas tentaciones contra una o varias virtudes, y aun puede suceder que, vencidas de la tentación, cometan algún pecado grave y vuelvan a levantarse, para proseguir su marcha hacia la perfección. Laus Deo.


¿QUIÉN FUE LA MADRE MARÍA ÁNGELES SORAZU?


                    Florencia Sorazu Aizpurua nació el 22 de Febrero de 1873, en Zumaya (Guipúzcoa, España),  fue bautizada al día siguiente, en la Parroquia de San Pedro, en su pueblo natal. Desde su más tierna infancia Florencia se vio adornada de gracias sobrenaturales, que de algún modo anunciaban una predilección por parte de Dios. 

                    Creció humana y espiritualmente, venciendo las dificultades y luchas propias de su edad; el 26 de Agosto de 1891 ingresó en la Orden de la Inmaculada Concepción, en la ciudad de Valladolid. Al recibir el hábito blanco de la Orden tornó su nombre por el Sor María de los Ángeles: "María" por su amor a Nuestra Señora y "de los Ángeles" por la devoción que siempre tuvo a los Espíritus Celestiales. Realizó la Profesión solemne de votos el 6 de Octubre de 1892, y desde entonces se entregó con todo su ser a Jesucristo y a María Inmaculada. 

                    En Julio de 1907 el Señor permitió que comenzara una purificación interior, que la dispuso interiormente para el Matrimonio Espiritual, gracia que finalmente recibió el 10 de Junio de 1911. La Madre Sorazu, por obediencia a su Director, fue dejando constancia escrita de los aspectos de la vida de unión con Dios, su contemplación de la vida humana y divina de Jesucristo, los atributos divinos, la lectura y comentario de diversos pasajes bíblicos, destacando sus escritos referentes a la Virgen María.

                    En la Navidad de 1920 hace unos Ejercicios Espirituales de cuarenta días con la intención de prepararse para la Vida del Cielo. El 28 de Agosto de 1921, la Madre María Ángeles Sorazu expiraba tras haber compartido los padecimientos de Cristo, que según ella tanto deseó y pidió en su oración.




domingo, 7 de septiembre de 2025

LA VIDA ESPIRITUAL ( I ) por la Madre Sor Ángeles Sorazu, Concepcionista Franciscana. Almas de Dios. Diversidad de almas. La hora de Dios. Procedimientos diversos.



1. Cuatro clases de almas

                    En general, puede decirse que hay cuatro clases de almas: A) privilegiadas o enriquecidas con dones especiales desde su nacimiento, las cuales no pierden la gracia bautismal; B) las que sin estos dones especiales conservan toda su vida la inocencia bautismal; C) las que favorecidas con gracias especiales en el Santo Bautismo, pierden la inocencia al llegar al uso de la razón, o más tarde, y se extravían; D) las que sin haber recibido estos dones especiales se extravían igualmente al llegar al uso de la razón y viven algunos años entretenidas en las vanidades del mundo y hasta manchan su alma con faltas graves.

                    Las nombradas en tercero y cuarto lugar, durante su extravío, apenas se distinguen, porque, dejándose arrastrar de la corriente del mundo, lo mismo unas que otras corren hacia su perdición. Si se las observa de cerca, se ve que difieren mucho, no en sus procederes, sino en los sentimientos y aspiraciones que abrigan. Las almas singularmente favorecidas por Dios en la fuente bautismal, aun después de haber perdido la gracia y en el periodo de su extravío, son tan nobles y generosas, conservan un no sé qué tan divino, que revelan las gracias singulares que recibieron al venir a la vida; sus aspiraciones son tan elevadas y realizan a veces obras de caridad tan superiores que admiran a las mismas almas piadosas que no han perdido la inocencia. Me refiero a las de la letra B.

                    Las almas indicadas con las letras A y B no se confunden con tanta facilidad. Las privilegiadas o enriquecidas con gracias especiales antes de su vocación definitiva, por regla general, reciben favores tan singulares de Dios Nuestro Señor, que no pueden ocultarlos y son notorios a las personas que las tratan, por el ardiente amor divino que informa sus obras exteriores. Las segundas, que no han recibido ninguno de estos favores, su vida se confunde con la de un buen cristiano, que cumple con los deberes de tal.


2. La hora venturosa del llamamiento para cada una de ellas

                    Para las almas indicadas en las letras C y D, que abandonan a Dios por seguir sus inclinaciones, o que una influencia perniciosa las impulsa hacia el pecado, hay una hora venturosa: la Hora de Dios que las visita con su gracia, ora por los suaves y vehementes golpes de Su Misericordia, ora por las aterradoras amenazas de Su Justicia, ora por una súbita y soberana ilustración que las llama a penitencia e impulsa a convertirse al Señor. Si estas almas aceptan los medios de salvación que Dios pone a su disposición, resucitan a la vida sobrenatural, dando así el primer paso en el camino de la Santidad.

                    Detallar las condiciones requeridas por Dios y por su Iglesia Santa para la perfecta y aun ventajosa rehabilitación del alma que perdió la gracia bautismal, no hay necesidad, porque las sabe todo fiel cristiano.

                    Esto no obstante, se ha de tener muy presente que muchas veces Dios Nuestro Señor liga sus gracias de predilección a las disposiciones con que el alma pecadora da este primero y trascendental paso de su vida espiritual.

                    También hay una hora feliz para las almas inocentes, que conservan la gracia bautismal: la hora de la Gracia y de la Misericordia Divina.

                    Dios permite que estas almas caigan en algunas faltas y se desvíen más o menos del sendero de la perfección, aunque no son faltas graves. Lo permite Dios así, para fundamentarlas en la santa humildad, en la propia desconfianza y en el reconocido amor al mismo Dios, quien, como dice San Pablo, todas las cosas encerró en la incredulidad para usar con todos de misericordia [Rom 11, 32], y quiso que lleváramos el tesoro de Su Gracia en vasos de barro frágil y quebradizo, para que se reconozca que la grandeza del poder que se ve en nosotros es de Dios y no nuestra [2 Cor 4, 7]. Por esta razón, estas almas inocentes tienen también su hora de arrepentimiento y conversión, aunque en ellas no quepa resucitar del pecado a la vida de la gracia.

                    Que Dios permite pequeños extravíos, aun en las almas más privilegiadas y amadas de Su Corazón, lo vemos en las vidas de Santa Gertrudis, Santa Catalina de Sena, Santa Teresa y de otras mil que pudieran citarse. Santa Gertrudis, esposa privilegiada del Señor y singularmente favorecida desde su infancia, después de su ingreso en la Orden Benedictina se dejó llevar de la curiosidad y pasó veinte años nada menos ocupada en leer libros sagrados y no sagrados, abandonando sus prácticas piadosas, hasta que Jesús, compadecido de ella, la arrancó del matorral de su vida disipada y la atrajo a Sí para reanudar sus relaciones divinas. El día en que se le apareció Jesús y extendió Su mano hacia ella para unirla nuevamente Consigo, fue la Hora de la Gracia y de la Misericordia Divina para Santa Gertrudis y, por consiguiente, la hora de su conversión. 

                    Cosa parecida aconteció a Santa Catalina de Sena. También se desvió de la senda de la perfección - aunque no tanto como Santa Gertrudis- ataviándose contra la Voluntad de Jesús y con perjuicio de sus prácticas piadosas, por complacer a una de sus hermanas. Esta murió con muerte prematura y su alma fue llevada al Purgatorio donde expió la influencia perniciosa que había ejercidos en su santa hermana. Esta, iluminada por Dios, conoció su defecto y lo lloró toda su vida con amargura y contrición tanta que asombraba a sus confesores. El día en que renunció a las galas y puso el mundo debajo de sus pies para conculcarlo y pertenecer solo a Jesucristo en el tiempo y en la eternidad, fue la hora de su conversión o de su vocación definitiva, llámesele como quiera, pero siempre resultará el momento decisivo de su vida y de mayor trascendencia para ella.

                    Lo propio pudiéramos decir de todos los Santos, pues, aunque no siempre debemos creerlos cuando hablan de sí mismos afirmando que son grandes pecadores, sí debemos creerlos alguna que otra vez, porque todos cayeron en alguna faltas por permisión de Dios, para altísimos fines de Su Gloria, utilidad de los mismos, consuelo y aliento de las pobrecitas almas pecadoras. Omito tratar de los frutos y efectos de la conversión de estas almas inocentes, que, más que conversión, es desarrollo y perfeccionamiento de su vida espiritual, porque estos están comprendidos en los progresos del alma penitente y en la purgación activa y pasiva de la misma para la unión con Dios.


3. Diversa Conducta Divina


                    Dios Nuestro Señor en sus relaciones con las almas santas guarda diverso procedimiento, no solamente en cuanto a lo esencial de las gracias que les comunica, sino también en lo accidental. A unas almas concede mayor número de gracias y superiores en calidad que a otras, y en esto consiste la diversidad de procedimiento en lo esencial. A otras concede idénticas gracias, pero se comunica a ellas de diferente manera; he aquí lo accidental y de lo de que trataré ahora, dejando a Dios Nuestro Señor que en su día nos explique lo esencial de los favores a Sus escogidos y las razones que lo mueven a favorecer más a unas almas que a otras.

                    De veinte almas que siguen la misma vía y han recibido la misma vocación e idénticas gracias, a una, dos, tres o cuatro Dios se comunica en medio de luces o claridades divinas, como en pleno día, a otro corto número, a través de las sombras, y a las demás, en tinieblas. 

                    Las primeras conocen la naturaleza de la comunicación que reciben y pueden precisar las operaciones de la gracia hasta en sus menores detalles, porque se reflejan en la parte inferior las divinas comunicaciones que tienen lugar en la región superior del espíritu. 

                    Las segundas tienen noticia confusa de los favores que les prodiga el Señor, pero gozan sus efectos y conservan las huellas que imprime en ellas la Divina Presencia en el mismo grado que las primeras. 

                    Las terceras perciben a Dios en oscuridad y tiniebla divina, que tiene algo de inefable, como el mismo Dios que las favorece con su presencia. Sienten el paso del Señor por su alma, entienden que las ama y se comunica a ellas y gozan sus regalos y los efectos que en ellas produce la gracia, con la misma evidencia que las primeras y segundas, pero no conocen la naturaleza de la comunicación que han recibido, porque se ha consumado en la oscuridad, sin reflexión a la parte inferior. 

                    A algunas almas Dios se comunica de las tres maneras dichas, y no en distintos periodos de vida o grados de perfección, sino dentro del mismo estado, pues se trata de favores de la misma calidad. 

                    Esta diversidad de procedimiento por parte de Dios crea diferencias accidentales en las almas igualmente amadas y favorecidas de Su liberalidad, diferencias que notan las personas que las tratan, las cuales, si no tienen experiencia de las vías de Dios, forman y emiten juicios equivocados acerca del mérito y santidad de las mismas. Juzgan las obras de Dios por las apariencias, por los fenómenos accidentales que observan en ellas, y más de una vez, de dos almas que han recibido idénticas gracias, tan santa la una como la otra y excepcionales ambas, a una la identifican con el Santo que estiman más grande delante de Dios, y a la otra la confunden con el vulgo devoto, siendo la causa de su desprecio por esta y diferencia con aquella la reflexión e invisibilidad de las comunicaciones que reciben. 

                    Nada más temerario e injurioso a Dios que estos juicios y apreciaciones del vulgo ignorante, que se arroga el derecho de juzgar a los escogidos y medir su mérito y santidad por los fenómenos accidentales que en ellos observan. Para no caer en el mismo error y que nuestro criterio en este punto sea recto, tengamos presente que el Señor es Dios escondido y verdaderamente escondido: "Vere tu es Deus absconditus" [Is 45, 15], y amante del secreto, el cual no exteriorizará sus relaciones íntimas con las almas santas sin motivos especiales relacionados con Su Gloria y el bien de la sociedad. 

                    Podemos creer, sin temor de equivocarnos, que Dios Nuestro Señor se comunica secretamente en tinieblas a la inmensa mayoría de las almas que favorece con su predilección, y que consuma en la oscuridad del espíritu, sin reflexión a la parte inferior, los misterios de amor que obra en ellas. Y lejos de nosotros el pensar que no hay más Santos en la Iglesia de Dios que aquellos cuya intimidad con Dios se exterioriza. Mas Dios Nuestro Señor, al propio tiempo que Dios escondido, es Dios de Israel, Salvador: "Deus Israel, Salvator" [Is 45, 15], y cuando ve que la revelación de las gracias de predilección que concede a Sus favoritos contribuirá a la santificación de las almas, les concede la reflexión, para que vean las misericordias que obra a su favor y lo comuniquen al Director, y por los medios prudenciales que este les sugiere las pongan en conocimiento de las almas que quiere atraer a sí y santificar por este medio. Esta es la razón primera y principal de la iluminación y claridades divinas con que Dios rodea las gracias que comunica a algunas almas -mientras en otras, igualmente santas, las consuma en la oscuridad- cuya noticia nos evitará la sorpresa que pudiera causarnos la descripción detallada de las relaciones divinas que harán el asunto del presente tratado. Sea todo para mayor Honra y Gloria de Dios y de Su Verbo Encarnado. Así sea.


¿QUIÉN FUE LA MADRE MARÍA ÁNGELES SORAZU?


                    Florencia Sorazu Aizpurua nació el 22 de Febrero de 1873, en Zumaya (Guipúzcoa, España),  fue bautizada al día siguiente, en la Parroquia de San Pedro, en su pueblo natal. Desde su más tierna infancia Florencia se vio adornada de gracias sobrenaturales, que de algún modo anunciaban una predilección por parte de Dios. 

                    Creció humana y espiritualmente, venciendo las dificultades y luchas propias de su edad; el 26 de Agosto de 1891 ingresó en la Orden de la Inmaculada Concepción, en la ciudad de Valladolid. Al recibir el hábito blanco de la Orden tornó su nombre por el Sor María de los Ángeles: "María" por su amor a Nuestra Señora y "de los Ángeles" por la devoción que siempre tuvo a los Espíritus Celestiales. Realizó la Profesión solemne de votos el 6 de Octubre de 1892, y desde entonces se entregó con todo su ser a Jesucristo y a María Inmaculada. 

                    En Julio de 1907 el Señor permitió que comenzara una purificación interior, que la dispuso interiormente para el Matrimonio Espiritual, gracia que finalmente recibió el 10 de Junio de 1911. La Madre Sorazu, por obediencia a su Director, fue dejando constancia escrita de los aspectos de la vida de unión con Dios, su contemplación de la vida humana y divina de Jesucristo, los atributos divinos, la lectura y comentario de diversos pasajes bíblicos, destacando sus escritos referentes a la Virgen María.

                    En la Navidad de 1920 hace unos Ejercicios Espirituales de cuarenta días con la intención de prepararse para la Vida del Cielo. El 28 de Agosto de 1921, la Madre María Ángeles Sorazu expiraba tras haber compartido los padecimientos de Cristo, que según ella tanto deseó y pidió en su oración.