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jueves, 2 de julio de 2026

LA VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA A SANTA ISABEL

 

                    La Fiesta de la Visitación es de origen franciscano, fue iniciativa del Doctor San Buenaventura; la instituyó el Papa Urbano VI en 1389 para impetrar el Cisma de Occidente; al año siguiente, el  nuevo Papa, Bonifacio IX promulgó la Bula Superni benignitas Conditoris,  con la cual extendía a toda la Iglesia la nueva festividad mariana.


            Porque ninguna cosa será imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la Esclava del Señor; hágase Conmigo conforme a tu palabra. Y el Ángel se fue de Su presencia.

            En esos días María se levantó y fue apresuradamente a la región montañosa, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y aconteció que cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre; e Isabel fue llena del Espíritu Santo, y exclamó a gran voz y dijo: 

            ¡Bendita Tú entre las mujeres, y bendito el fruto de Tu vientre! ¿Por qué me ha acontecido esto a mí, que la Madre de mi Señor venga a mí?. Porque he aquí, apenas la voz de tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de gozo en mi vientre. Y bienaventurada la que creyó que tendrá[ab] cumplimiento lo que le fue dicho de parte del Señor. 

            Entonces María dijo: Mi Alma engrandece al Señor, y Mi Espíritu se regocija en Dios Mi Salvador.


Evangelio de San Lucas, cap. 1, vers. 37-47



                    Al mismo tiempo que el Ángel anunció a María la Encarnación del Hijo de Dios, le dio parte del preñado a Su prima Santa Isabel, que, aunque estéril y de edad muy avanzada, tenía en su vientre seis meses, había un hijo milagroso destinado a ser precursor del verdadero Mesías. 

                    Llenó de gozo a la Virgen esta noticia; y considerando la fortuna de aquella dichosa mujer escogida de Dios para madre del precursor de Su amantísimo Hijo, la obligación que tenía de ir cuanto antes a darle el parabien de aquella dicha, los vivos deseos que sentía de servirla, y dándole el Señor un claro conocimiento de las maravillas que quería obrar por Ella en aquella misteriosa visita, partió sin dilación para hacerla en aquel mismo día; porque como dice San Ambrosio, la caridad no sufre tardanzas ni dilaciones. 

                    El camino era dilatado y penoso; y había que viajar desde Nazaret a Hebron, ciudad sacerdotal situada en la parte meridional de Judá, sobre unas escarpadas montañas, a diez o doce leguas de Jerusalen, a treinta y ocho o cuarenta de Nazaret. No era viaje fácil a una doncella tan tierna como la Santísima Virgen; pero el celo y la caridad le allanaron las dificultades, sin acobardarla las fatigas del camino, porque toda Su ansia era seguir la divina inspiración y publicar las grandezas del Señor, como dice el mismo San Ambrosio.

                    Habiendo llegado a Hebrón, se encaminó directamente a la casa de Zacarías, a cuya puerta encontró a su prima que salía a recibirla. Abrazóla tiernamente, saludándola y apenas despegó los labios, cuando el niño de seis meses, que estaba en las entrañas de Isabel, se halló de repente iluminado con una luz celestial; conoció perfectamente la majestad y la grandeza de los huéspedes que le hacían tanta honra, y desde la oscura prisión del materno albergue, ya que no podía hablar, adoró a Jesús como pudo, dando dentro de él un prodigioso salto en señal, dice San Pedro Crisólogo, de su respeto y de su gozo. 

                    Notó Isabel tan alegre movimiento, y comunicándose en el mismo instante a la madre la luz sobrenatural que alumbraba al hijo, conoció el incomprensible Misterio de la Encarnación del Verbo, de manera que llena su alma del Espíritu Santo, no cabiendo el gozo en las estrechas márgenes del pecho, comenzó a exclamar en alta voz: "Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de Tu vientre." ¿De dónde a mí tanta dicha, que venga a visitarme la Madre de mi Dios y Señor? Favor que no soy capaz de agradecer dignamente, dejándome tan llena de asombro como de confusión. El mismo niño que tengo en mis entrañas ha conocido cuánto vale Tu celestial Presencia, saltando de alegría dentro de ellas luego que llegaron a  mis oídos las primeras palabras de Tu dulce salutación. Dichosa mil veces Tú, querida prima mía, que con noble sencillez y sin dar lugar a la menor duda, creíste humildemente cuando el Ángel Te anunció de parte de Dios. Sí por cierto, porque el Todopoderoso, que comenzó en Ti cosas tan grandiosas y tan altas, las acabará y las perfeccionará, como Tú lo has esperado. Él Te empeñó Su Palabra, pues Él Te la cumplirá.

                    La respuesta de la Virgen fue humilde y modesta. Ocultando cuanto podía ceder en su alabanza, rindió al Señor la Gloria de todo, y solo trató de lo obligada que estaba a Su Beneficencia. Animada del Espíritu Santo, de que estaba llena, prorrumpió entonces en aquel divino cántico, el primero del Nuevo Testamento, el cual solo hace infinitas ventajas a todos los del Antiguo; y tanto por el espíritu de devoción que respira en cada sílaba, como por la noble elevación de los pensamientos y por la majestuosa soberanía del estilo, es el más precioso monumento de la profunda humildad de María, el acto más auténtico y perfecto reconocimiento y el modelo más excelente para dar gracias al Cielo, que nos ha dejado el mismo que le inspiró.

                    "Engrandece, Alma Mía, al Señor, -dijo la Virgen-, obrador de tantas maravillas, y sea para solo Él toda la Gloria. No puedo pensar en ellas sin sentir todo Mi Corazón preocupado de alegría en aquel Señor que adoro como a Mi Dios, que venero como a Mi Salvador, y que amo como a Mi Hijo. Dignóse poner los ojos en Mi humildad, y elevó Su vil esclava a la Dignidad de Madre Suya. Bien sé que por esto Me admirarán tosas las naciones, y ensalzarán perpetuamente Mi dicha en los siglos venideros; pero si es que se halla en Mí alguna cosa grande y elevada, a Él solo Se le debe toda la Gloria, Él fue quien Me engrandeció, y a Él le debo todo cuanto soy. Nada soy por Mí Misma; Él es el Autor de las maravillas que todas las naciones admirarán y publicarán de Mi persona, las que ni aun Yo Misma puedo bastantemente engrandecer. Confesarán las mismas naciones que el Todopoderoso hizo en Mí cosas grandiosas, y que no es menos poderosa Su Omnipotente mano que Santo Su Nombre agradable. En mil ocasiones experimentaron nuestros padres los excesos de Su Misericordia. 

                    ¿Qué prodigios no hizo por defender a los que temían? Desplegó toda la fuerza de Su brazo, combatió por ellos, desconcertó los planes de Sus enemigos, derribó del trono a los soberbios monarcas que los amenazaban con Su total ruina; y como el Señor Se complace en abatir a los que se engríen, y en elevar a los que se humillan, después de haber abatido el orgullo de los tiranos, ensalzó a los humildes, y llenó de hartura a los pobres, mientras los ricos privados de sus riquezas perecían de hambre. Faraón sumergido, Saúl reprobado, humillado Roboam, Olofernes abatido, Amán desgraciado, y Nabucodonosor que presumía de deidad confundido con los brutos, mientras los más viles Siervos de Dios se veían exaltados; todo esto acredita cuánto ama el Señor a los humildes.

                    Y aunque es así que todos los verdaderos israelitas, todos los fieles siervos Suyos recibieron de Su mano gracias extraordinarias en todas las edades del mundo; pero en este tiempo muy particularmente la Misericordia de Dios ha hecho resplandecer Su Bondad en su favor. Viene a salvarlos, quiere vivir entre ellos y morir por ellos, no habiendo echado en olvido la promesa que hizo a Abraham y a los de su linaje, de derramar en sus hijos los tesoros de Sus misericordias."

                    De esta manera, con un portentoso rayo de luz sobrenatural descubrió, digámoslo así, de una sola ojeada la Santísima Virgen todas las antiguas promesas y profecías, con el pleno cumplimiento de todas ellas, mil veces más iluminada y más privilegiada Ella sola que todos los profetas juntos. Conocióse bien, dice San Ambrosio, en aquella admirable conversación de María y de Isabel que ambas profetizaban con un mismo espíritu duplicado, uno el que inspiraba a la madres, y otro el que llenaba a los hijos: Duplici miraculo prophetan Matres spiritu parvulorum.


Jean Croisset, "Año Cristiano"



lunes, 23 de septiembre de 2019

LA VISITA A JESÚS SACRAMENTADO: Amor con Amor se paga


"Os pido una limosna de cariño
 para Jesucristo Sacramentado…"(1)


          La Estación o Visita a Jesús Sacramentadocomo su nombre indica, consiste en realizar una visita, hacer un alto en el día, para acompañar a Nuestro Señor oculto en el Tabernáculo de nuestras iglesias. Apenas te llevará diez o quince minutos... depende de tu amor.

          Por desgracia, en los tiempos de Apostasía en los que vivimos, en la inmensa mayoría de los templos no se encuentra la Presencia Real de Jesús Sacramentado, no obstante, desde tu propio hogar, en un momento de tranquilidad, puedes recogerte y figurarte mentalmente frente al Sagrario (tal vez te ayude el recordar aquél Sagrario hermoso que viste en cierta ocasión y que tanta fe avivó en ti).



   

               Una vez transportado espiritualmente hasta el Tabernáculo, reconoce la verdadera Presencia de Nuestro Señor, con Su Cuerpo, Su Sangre, Su Alma y su Divinidad y agradecele por todos los beneficios recibidos. Si tienes tiempo, y siempre con la mente y el alma como si estuvieses realmente ante el Santísimo Sacramento, ábrele tu corazón y encomienda tu vida y preocupaciones por manos de María Nuestra Señora.

          Por último, ofrece este Santo Sacramento a la Augusta Trinidad, como reparación por las iniquidades que recibe Nuestro Señor en el Sagrario y al mismo tiempo, pide perdón de cuantas soledades padece Jesús oculto en los Altares.


MEDITACIÓN PREVIA

          "Si sufrimos penas y disgustos, Él nos alivia y nos consuela. Si caemos enfermos, o bien será nuestro remedio, o bien nos dará fuerzas para sufrir… Si nos hacen la guerra el demonio y las pasiones, nos dará armas para luchar, para resistir y para alcanzar la victoria. Si somos pobres, nos enriquecerá  con toda suerte de bienes en el tiempo y en la eternidad". (2)






ACTO DE FE EN JESÚS SACRAMENTADO

               "Dios está aquí, en la Hostia consagrada. Creo firmemente y proclamo que Jesucristo, Dios verdadero y Hombre verdadero, está aquí; Su Cuerpo real, vivo, glorioso, como está en el Cielo. 

          Está de modo insensible e invisible como no vemos ni sentimos la sustancia misma del pan. Jesucristo está real, vivo y glorioso en mi, dentro de mi pecho, cuando le recibo en la Sagrada Comunión. No es distinto del que está entre los Ángeles y entre los Bienaventurados del Cielo. 

          Calladamente obra en mi Su Obra como Dios y como Hombre... invisible, insensible, pero Todopoderoso. Yo creo firmemente que Jesucristo, el mismo del Cielo, está en la Sagrada Eucaristía, para que yo (decir aquí tu nombre) le recibiese, para alimento espiritual de mi alma, para darme la gracia divina y ser mi vida espiritual."(3) 


SÚPLICA A JESÚS OCULTO EN EL SAGRARIO

          Si hacemos la Visita a Jesús Sacramentado en compañía, uno dirigirá la primera parte de las oraciones y los otros la segunda, alternando, siendo I (inicio) y R (respuesta)

          - I     Soberano Señor Sacramentado  

          - R    Sea por siempre bendito y alabado

A continuación se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria 

Esta fórmula se repite tres veces 
-en Honor a la Santísima Trinidad- o bien, 
si se quiere emplear más tiempo, un total de cinco
 -para honrar a la vez
las Santas Llagas de Nuestro Señor. 




CONVERSACIÓN PERSONAL CON JESÚS, VÍCTIMA DE AMOR

          La mejor conversación es el silencio en íntimo recogimiento y atención a Jesús-Dios, que tenemos presente en el Sagrario; escucha a Jesús y mírale con amor callado, agradecido y suplicante. El alma santa acompaña a Jesús, le mira en el Sagrario y pide a Jesús haga de su pecho un sagrario vivo y perenne.

LA COMUNIÓN ESPIRITUAL

            La Comunión Espiritual NO sustituye la Comunión Sacramental que recibimos en la Santa Misa, sino que es como un anticipo de la misma, un deseo sincero de comulgar, de recibir a Jesús Sacramentado en nuestro corazón, por eso, y al igual que ocurre con la Comunión Eucarística, debemos tener preparación previa. Para leer más sobre la Comunión Espiritual toque aquí.

ACCIÓN DE GRACIAS Y DESPEDIDA

          Traspasa, dulcísimo Jesús y Señor mío, la médula de mi alma con el suavísimo y saludabilísimo dardo de Tu Amor; con la verdadera, pura y santísima Caridad apostólica, a fin de que mi alma desfallezca y se derrita siempre sólo en amarte y en deseo de poseerte: que por Ti suspire, y desfallezca por hallarse en los atrios de Tu Casa; anhele ser desligada del cuerpo para unirse contigo. Haz que mi alma tenga hambre de Ti, Pan de los Ángeles, alimento de las almas santas, Pan nuestro de cada día, lleno de fuerza, de toda dulzura y sabor, y de todo suave deleite. 

          Oh Jesús, en quién se desean mirar los Ángeles: tenga siempre mi corazón hambre de Ti, y el interior de mi alma rebose con la dulzura de Tu sabor; tenga siempre sed de Ti, fuente de vida, manantial de sabiduría y de ciencia, río de luz eterna, torrente de delicias, abundancia de la Casa de Dios: que Te desee, Te busque, Te halle; que a Ti vaya y a Ti llegue; en Ti piense, de Ti hable, y todas mis acciones encamine a honra y Gloria de Tu Nombre, con humildad y discreción, con amor y deleite, con facilidad y afecto, con perseverancia hasta el fin: para que Tú sólo seas siempre mi esperanza, toda mi confianza, mi riqueza, mi deleite, mi contento, mi gozo, mi descanso y mi tranquilidad, mi paz, mi suavidad, mi perfume, mi dulzura, mi comida, mi alimento, mi refugio, mi auxilio, mi sabiduría, mi herencia, mi posesión, mi tesoro, en el cual esté siempre fija y firme e inconmoviblemente arraigada mi alma y mi corazón. Amén.(4)




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NOTAS ACLARATORIAS

     1  Obispo Manuel González 
     2  San Juan María Vianney, Sermón del Jueves Santo
     3  Padre Valentín de San José
     4  San Buenaventura