martes, 30 de abril de 2019

SANTA CATALINA DE SIENA, perfecta Esposa de Cristo


               Penúltima de veinticinco hermanos, Terciaria Dominica, analfabeta hasta los 30 años, cuando le enseña a leer y escribir Jesucristo. Muere a los treinta y tres años; gran Mística. Su Director Espiritual, el dominico Beato Raimundo de Capua (+1399), escribió su vida, la «Legenda maior».

              Santa Catalina nació en Siena en 1347; fue la menor del prolífico hogar de Diego Benincasa. Allí crecía la niña en entendimiento, virtud y santidad. A la edad de cinco o seis años tuvo la primera visión, que la inclinó definitivamente a la vida virtuosa. Cruzaba una calle con su hermano Esteban, cuando vio al Señor rodeado de ángeles, que le sonreía, impartiéndole la bendición.




              Su padre, tintorero de pieles, pensó casarla con un hombre rico. La joven manifestó que se había prometido a Dios. Entonces, para hacerla desistir de su propósito, se la sometió a los servicios mas humildes de la casa. Pero ella caía frecuentemente en éxtasis y todo le era fácil de sobrellevar.

              Finalmente, derrotados por su paciencia, cedieron sus padres y se la admitió en la Tercera Orden de Santo Domingo y siguió, por tanto, siendo laica. Tenía dieciséis años. Sabía ayudar, curar, dar su tiempo y su bondad a los huérfanos, a los menesterosos y a los enfermos a quienes cuidó en las epidemias de la peste. En la terrible peste negra, conocida en la historia con el nombre de "la gran mortandad", pereció más de la tercera parte de la población de Siena.

              A su alrededor muchas personas se agrupaban para escucharla. Ya a los veinticinco años de edad comienza su vida pública, como conciliadora de la paz entre los soberanos y aconsejando a los príncipes. Por su influjo, el Papa Gregorio XI dejó la sede de Aviñon para retornar a Roma. Este pontífice y Urbano VI se sirvieron de ella como embajadora en cuestiones gravísimas; Catalina supo hacer las cosas con prudencia, inteligencia y eficacia.

              Aunque analfabeta, como gran parte de las mujeres y muchos hombres de su tiempo, dictó un maravilloso libro titulado "Diálogo de la Divina Providencia", donde recoge las experiencias místicas por ella vividas y donde se enseñan los caminos para hallar la salvación. Sus trescientas setenta y cinco cartas son consideradas una obra clásica, de gran profundidad teológica. Expresa los pensamientos con vigorosas y originales imágenes. Se la considera una de las mujeres más ilustres de la edad media, maestra también en el uso de la lengua Italiana.

              Santa Catalina de Siena, quien murió a consecuencia de un ataque de apoplejía, a la temprana edad de treinta y tres años, el 29 de Abril de 1380. El Papa Pío II la canonizó en 1461. Sus restos reposan en la Iglesia de Santa María sopra Minerva en Roma, donde se la venera como Patrona de la ciudad; en 1939, el Papa Pío XII la declaró Patrona Principal de Italia, junto a San Francisco de Asís.


VIDA MÍSTICA DE SANTA CATALINA
Algunos hechos sobrenaturales de su vida mística





    LAS DOS CORONAS

            Una vez estaba Catalina rezando y llorando en su habitación porque había sufrido una grave calumnia, y le pedía a Cristo, su Esposo, que defendiera su inocencia. «Entonces se le apareció el Salvador del mundo sosteniendo en la mano derecha una corona de oro adornada con perlas y piedras preciosas y en la izquierda una corona de espinas y le dijo: “querida hija, has de saber que es necesario que tú, en ocasiones diferentes y en tiempos distintos, seas coronada primero con una y luego con otra de estas dos coronas. Elige la que prefieras”…

            «Ella respondió: “Señor, desde hace mucho tiempo he renunciado a mi voluntad y he preferido seguir sólamente la Tuya; por lo tanto, la elección no la he de hacer yo. Pero ya que quieres que responda, te digo ahora mismo que en esta vida elijo conformarme siempre según Tu Santísima Pasión y abrazar por Tu Amor las penas como refrigerio”. Dicho esto, con ambas manos tomó fervorosamente de la mano del Salvador la corona de espinas y se la metió tan fuertemente en la cabeza que las espinas se la perforaron por todas partes»

LOS SAGRADOS ESTIGMAS

            Estando Catalina de viaje en Pisa, cuenta el Beato Raimundo, «la virgen me hizo llamar y, con voz queda, me dijo: “sabed, padre, que por la Misericordia del Señor llevo ya en mi cuerpo sus estigmas… He visto al Señor clavado en la cruz viniendo hacia mí en medio de una gran luz… Entonces, de las cicatrices de sus sacratísimas llagas he visto bajar hacia mí cinco rayos sangrientos, dirigidos a las manos, a los pies y al corazón… Es tal el dolor que siento en estos cinco puntos, en especial en el corazón, que si el Señor no hace otro milagro, no me parece posible que pueda seguir adelante y que he de morir en pocos días». Le fue concedido que sus estigmas no fueran visibles.


LETANÍAS 
EN HONOR DE SANTA CATALINA DE SIENA


Señor, ten piedad de nosotros 
Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros

Cristo, óyenos, (se repite) Cristo, óyenos
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros
Dios, Espíritu Santo ten piedad de nosotros
Santa Trinidad, un solo Dios ten piedad de nosotros

   (Ahora, después de cada invocación se repite "Ruega por nosotros")

Santa María, nuestra Madre
Santo Domingo, Glorioso Patriarca    
Santa Catalina de Siena
Santa Catalina, benévola madre de los pobres
Santa Catalina, dulce madre de los que sufren
Santa Catalina, misericordiosa madre de los enfermos
Santa Catalina, refugio de los que sufren
Santa Catalina, intercesora de los pecadores
Santa Catalina, rosa de paciencia,
Santa Catalina, modelo de humildad,
Santa Catalina, modelo de castidad,
Santa Catalina, recipiente de gracias
Santa Catalina, ardiente promotora del honor de Dios
Santa Catalina, espejo de santidad
Santa Catalina, ejemplo de clemencia
Santa Catalina, gloria de la Orden de Predicadores
Santa Catalina, fecunda madre espiritual
Santa Catalina, promotora de la paz
Santa Catalina, discípula de Jesús
Santa Catalina, sierva
Santa Catalina, bendecida con sus Santas Llagas
Santa Catalina, recompensada ampliamente por
sus esfuerzos y méritos,

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor

Ruega por nosotros oh gloriosa virgen, Santa Catalina, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.



lunes, 29 de abril de 2019

CALENDARIO CATÓLICO: MAYO DE 2019


             Para poder imprimir el Calendario correspondiente al próximo mes de MAYO: toque sobre la imagen para verla en su tamaño original.







domingo, 28 de abril de 2019

EL ENAMORADO DE LA PASIÓN DE CRISTO: SAN PABLO DE LA CRUZ




                San Pablo de la Cruz nació en Génova (Italia) en 1684.Cuando era niño, cada vez que le llegaba algún sufrimiento especial, la mamá le mostraba un crucifijo y le recordaba que Jesús ofreció sus sufrimientos por nosotros, y que también nosotros debemos ofrecer por Él lo que sufrimos. Así lo fue entusiasmando por la Pasión de Cristo.

               Su padre le leía de vez en cuando el libro de Vidas de Santos, y esto lo animaba mucho a ser mejor. Aquel buen hombre avisaba también continuamente a su hijo acerca de lo peligroso y dañino que es juntarse con malas compañías. Así lo libró de muchos males y peligros.

                A los 15 años oyó un emocionante sermón acerca de esta frase de Jesús: "Si no se convierten y no hacen penitencia, todos perecerán". En esa fecha hizo una confesión general de toda su vida y desde aquel día empezó a dormir en el duro suelo, a ayunar, a dedicar varias horas de la noche a rezar y a leer libros piadosos. Luego organizó con algunos de sus compañeros una asociación de jóvenes para ayudar a los demás con sus palabras y buenos ejemplos a ser mejores. Varios de esos muchachos se hicieron religiosos después.  

                Se alistó en el Ejército del Sumo Pontífice para defender la Religión, pero después de un año se dio cuenta que no tenía vocación para militar. Luego rechazó unos negocios muy prometedores que le ofrecían y un matrimonio muy brillante que se le presentaba. Se quedó por varios años en la casa de sus padres dedicado a la oración, a la meditación y a practicar la caridad hacia los pobres.

                En 1720 vio que en sueños, la Virgen María le mostraba una sotana negra con un corazón y una cruz blanca y el nombre de Jesús. Era como un aviso del hábito o distintivo que debería dar a sus religiosos. Después en una visión oyó a Nuestra Señora que le aconsejaba fundar una comunidad que se dedicara a amar y hacer amar la Santísima Pasión de Jesucristo. San Pablo presentó estos mensajes por escrito al Obispo y a su Director Espiritual. Ambos, conociendo la vida heroica de virtud y oración que el joven había llevado desde niño, reconocieron que se trataba realmente de una vocación señalada por Dios. Y el Obispo le dio a Pablo la sotana negra con el corazón blanco y la cruz sobre el pecho.




               San Pablo de la Cruz se retiró durante 40 días a redactar los Reglamentos de la nueva comunidad, en una húmeda habitación junto a una sacristía, donde vivió todo ese tiempo a pan y agua y durmiendo por la noche en un lecho de paja. Esos Reglamentos son los que han seguido siempre sus religiosos. Luego se dedicó a ayudar a los sacerdotes a dar clases de catecismo, y a predicar misiones populares con gran éxito.

               Los primeros candidatos que se presentaron pidiendo ser admitidos en la nueva Congregación, encontraron demasiado duro el Reglamento y se retiraron. Mientras tanto San Pablo de la Cruz y un compañero suyo viajaban por los pueblos predicando misiones y obteniendo muchas conversiones.

               El Papa Benedicto XIV aprobó los Reglamentos, pero suavizándolos un poco, y entonces empezaron a llegar novicios, y pronto tuvo ya tres casas de Religiosos Pasionistas.

               En todas las ciudades y pueblos a donde llegaba predicaba acerca de la Pasión y Muerte de Jesucristo. A veces se presentaba con una corona de espinas en la cabeza. Siempre llevaba en la mano una cruz, y con los brazos extendidos, el santo hablaba de los sufrimientos de Nuestro Señor, en forma que conmovía aun a los más duros e indiferentes. A veces, cuando el público no demostraba conversión, se azotaba violentamente delante de todos, por los pecados del pueblo, de modo que hacía llorar hasta a los soldados y a los bandoleros.

               Un oficial que asistió a algunos de sus sermones decía: "Yo he estado en muchas batallas, sin sentir el mínimo miedo al oír el estallido de los cañones. Pero cuando este Padre predica me hace temblar de pies a cabeza". Es que Dios le había dado la eficacia de la palabra y el Espíritu Santo le concedía la gracia de conmover los corazones.

               En los sermones era duro e intransigente para no dejar que los pecadores vivieran en paz con sus vicios y pecados, pero luego en la confesión era compresivo y amable, invitándolos a hacer buenos propósitos, animándolos a cambiar de vida, y aconsejándoles medios prácticos para perseverar siendo buenos cristianos, y portándose bien.

                Dios colmó a San Pablo de la Cruz con dones extraordinarios. A muchas personas les anunció cosas que les iban a suceder en el futuro. Curó a innumerables enfermos. Estando a grandes distancias, de pronto se aparecía a alguno para darle algún aviso de importancia, y desaparecía inmediatamente. Rechazaba toda muestra de veneración que quisieran darle, pero las gentes se apretujaban junto a él y hasta le quitaban pedacitos de su sotana para llevarlos como reliquias.




                Con su hermano Juan Bautista trabajaron siempre juntos predicando misiones, enseñando catecismo y atendiendo pobres. Como ambos eran sacerdotes, se confesaban el uno con el otro y se corregían en todo lo necesario. Solamente una vez tuvieron un pequeño disgusto y fue cuando un día Juan Bautista se atrevió a decirle a Pablo que lo consideraba un hombre verdaderamente virtuoso. El santo se disgustó y le prohibió hablarle por tres días. Al tercer día Juan Bautista le pidió perdón de rodillas y siguieron siendo buenos amigos como antes.

               En 1771 fundó la Comunidad de Hermanas Pasionistas que se dedican también a amar y hacer amar la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

               En 1772 sintiéndose muy enfermo mandó pedir al Papa su bendición para morir en paz. Pero el Sumo Pontífice le respondió que la Iglesia necesitaba que viviera unos años más. Entonces se mejoró y vivió otros tres años.

                Su muerte ocurrió el 18 de Octubre de 1775, cuando tenía ochenta años. 



sábado, 27 de abril de 2019

SAN LUIS MARÍA GRIGNIÓN DE MONTFORT, EL APÓSTOL DE LA ESCLAVITUD MARIANA




          Breve reseña biográfica de un sacerdote enamorado de Nuestra Señora la Virgen María

              San Luis nació en Montfort, Francia el 31 de Enero de 1673 de una familia muy numerosa, siendo el mayor de 18 hermanos. Uno de ellos murió en su infancia, 3 fueron sacerdotes y 3 religiosas. San Luis sobresalía entre sus amigos por su habilidad y su extraordinaria fortaleza física. De carácter era mas bien tímido y prefería la soledad.

              Desde joven, San Luis sentía una gran devoción a la Divina Eucaristía y a la Virgen María. Frecuentemente lo encontraban rezando por largo rato frente a una imagen de la Virgen. Cuando tenía suficiente edad, pidió permiso para asistir por las mañanas a la Santa Misa de la parroquia; como la Iglesia le quedaba a dos millas de su casa, tenía que levantarse muy temprano para llegar a tiempo.  Mientras estudiaba con los Jesuitas en Rennes siempre visitaba la iglesia antes y después de las clases. Participó en una sociedad de jóvenes que durante las vacaciones servían a los pobres y los enfermos incurables.

              Pero no todo en su juventud era de color de rosas. Su padre, Jean Grignion, tenía la fama de ser uno de los hombres más coléricos en toda la región de Rennes. Y como Luis era el hijo mayor, era quien sentía más el peso de la furia. Su padre constantemente lo incitaba a la ira. Ya por sí mismo Luis tenía un temperamento tan fuerte como el de su padre, lo cual le hacía aún más difícil soportar aquellas pruebas. Para evitar un enfrentamiento con su padre, y el mal que su ira podría traer, Luis salía corriendo. Así evitaba la ocasión de pecado. Era todo lo que Luis podía hacer para controlar su temperamento... sin quererlo, su padre le proporcionó un medio para entrar en la lucha por la santidad a una temprana edad.

              En 1693, a los 20 años, siente el llamado de consagrar su vida a Dios en el Sacerdocio. La primera reacción de su padre no era favorable, pero cuando vio la determinación de su hijo, le dio la bendición. Y así, a finales de ese año, San Luis sale de su casa hacia París.



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              Su tiempo en el Seminario estuvo lleno de grandes pruebas: era poco comprendido por los demás. No sabían cómo lidiar con el, si tratarlo como a un santo o como a un fanático. Sus superiores, pensando que toda su vida estaba movida mas bien por el orgullo que por el celo de Dios, lo mortificaban día y noche. Lo humillaban y lo insultaban en frente de todos. Sus compañeros en el Seminario, viendo la actitud de los superiores, también lo maltrataban mucho. Se reían de él, lo rechazaban muy a menudo. Y todo esto San Luis lo recibió con gran paciencia y docilidad. Es mas, lo miraba todo como un gran regalo de Cristo quién le había dado a participar de Su Cruz

              El 5 de Junio de 1700, San Luis, de 27 años, fue ordenado sacerdote. Tras años de incomprensiones y ataques por parte del clero y parte del Episcopado francés, decide, en el año 1706, recurrir al Santo Padre, el Papa Clemente XI, que le imparte su Bendición y lo nombra Misionero Apostólico, quedando así bajo la protección directa del Papa.

              San Luis llegará a hacer 200 Misiones y retiros, especialmente en la región noroccidental de Francia: el Poitou,Vendée y en Bretaña.Con gran celo predicaba de pueblo en pueblo el Evangelio. Su lenguaje era sencillo pero lleno de fuego y amor a Dios.  Sus Misiones se caracterizaban por la presencia de María nuestra Señora, ya que siempre promovía el rezo del Santo Rosario y hacía procesiones y cánticos a la Virgen, por la que predicaba sin cesar la Esclavitud Mariana. Sus exhortaciones movían a los pobres a renovar sus corazones y, poco a poco, volver a Dios, a los sacramentos y al amor a Cristo Crucificado. Jamás cesaron los ataques, ni por parte del clero corrupto, ni de los jansenistas




              El 1 de Abril de 1716 comenzó su última misión en Saint-Laurent-sur-Sèvre. Presintiendo que su muerte estaba próxima, pidió que, cuando lo pusiesen en el ataúd, le fuesen mantenidas en el cuello, los brazos y los pies las cadenas que usaba como señal de Esclavitud de Amor a la Santísima Virgen. Murió en la tarde del 28 de Abril de 1716 . Fue enterrado en Saint-Laurent-sur-Sèvre en la basílica que hoy lleva su nombre.

              San Luis regaló a la Iglesia las obras más grandes que se han escrito sobre la Virgen Santísima, siendo la mayor de todas "El Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen". Además escribió "El Secreto de la Virgen", y "El Secreto del Rosario". A estos se añade "A los Amigos de la Cruz".  La Iglesia ha reconocido sus libros como expresión auténtica de la Doctrina Eclesial; así, el Papa Pío XII, quién canonizó a San Luis dijo: "Son libros de enseñanza ardiente, sólida y autentica." Años antes, el Papa San Pío X, el 27 de Diciembre 1908 , escribió una dedicatoria en una copia de El Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen con la que concedió la Bendición Apostólica a los lectores: "Estamos en gran medida de la verdadera devoción a María, escrito de forma tan maravillosa por el Beato de Montfort, y con gran corazón otorgamos la Bendición Apostólica a todos los que lean este Tratado ".



viernes, 26 de abril de 2019

NUESTRA SEÑORA MADRE DEL BUEN CONSEJO


            En las lejanas tierras de Albania, más allá del Adriático, se encuentra la pequeña ciudad de Scútari. Edificada en una escarpada colina a cuyos pies fluyen los ríos Drina y Bojana, desde el siglo XIII tenía en su poder un precioso tesoro: la hermosa imagen de “Santa María de Scútari”. El santuario que la albergaba era el centro de peregrinación más concurrido del país, un importante punto de referencia para los albaneses en materia de gracias y consuelo espiritual. La imagen es una pintura realizada sobre una delgada capa de estuco, de 31 cm. de ancho por 42,5 cm. de largo. Una penumbra de misterio y milagro cubre los orígenes del sagrado fresco: nadie sabe cuándo ni por quién fue pintado.

Intimidad y unión de alma

            Detengámonos un poco a contemplar esta maravillosa pintura. Representa a la Santísima Virgen con inefable afecto maternal, amparando en sus brazos al Niño Jesús bajo un sencillo arco iris. Los colores son suaves, y finos los trazos de los admirables semblantes. El Niño Jesús refleja el candor de su corta edad y la sabiduría de quien observa toda la obra de la creación como Señor del pasado, del presente y del futuro. Con indescriptible cariño, el Divino Infante presiona ligeramente su rostro contra el de su Madre. Entre ambos existe una atractiva intimidad; la unión de almas se trasluce en el intercambio de miradas. La Virgen, en altísimo acto de adoración, parece es tar ocupada en adivinar lo que sucede en lo íntimo del Hijo. Al mismo tiempo, toma en consideración al fiel que se arrodilla afligido a sus pies, haciéndolo partícipe, de alguna manera, en la celestial convivencia que el cuadro nos ofrece. No hace falta decir nada; basta con que el necesitado se aproxime, y sentirá producirse en su alma una acción balsámica.




Skanderbeg, varón providencial

               A mediados del siglo XIV Albania atravesaba grandes dificultades. Después de ser disputada durante siglos entre los pueblos vecinos, era invadida entonces por el poderoso imperio turco. Sin estructura militar capaz de oponerse al enérgico adversario, el pueblo rezaba con angustia, confiándose al auxilio del cielo. La respuesta a tales oraciones no se hizo esperar: en la emergencia surgió un varón de Dios, de noble estirpe y devotísimo de María, decidido a luchar por la Patrona y por la libertad de su país. Su nombre fue Jorge Castriota, conocido en Albania como Skanderbeg.

Jorge Castriota "Skanderbeg", caudillo de la Resistencia Católica en Albania desde 1443 hasta 1468

            A costa de inmensos esfuerzos bélicos, logró mantener la unidad y la fe de su pueblo. Las crónicas de su tiempo exaltan las hazañas realizadas por él y por los valerosos albaneses que lu charon a su lado estimulados por su ardor.

            Cuando los combates les daban tregua, se arrodillaban todos a los pies de “Santa María de Scútari”, de donde salían fortalecidos y obtenían portentosas y decisivas victorias contra el enemigo de la fe. En eso reluce una característica de aquella que el mundo co­nocería en el futuro como Madre del Buen Consejo: fortalecer a todos los que, combatiendo el buen combate, se le aproximan buscando aliento y valor.

            Sin embargo… al cabo de 23 años de luchas, Skanderbeg fue llevado de esta vida. La falta del piadoso líder era irreparable. Todos presentían que la derrota estaba próxima. El pueblo se encontraba ante la trágica encrucijada de abandonar la patria o someterse a la esclavitud turca.

Envuelta en una nube luminosa

            En esa situación de perplejidad, la Virgen del fresco se aparece en sueños a dos valientes soldados de Skanderbeg, llamados Georgis y De Sclavis, para ordenarles que la sigan en un largo viaje. La imagen les inspiraba una gran confianza y arrodillarse a sus pies era motivo de gran consuelo para ellos. Cierta mañana estando ambos sumidos en fervorosa oración, ven el más grande milagro de sus vidas.

            El maravilloso fresco se desprende de la pared y, llevado por ángeles, envuelto en una blanca y luminosa nube, va retirándose suavemente del recinto. ¡Resulta fácil imaginar la reacción de los buenos hombres! Atónitos, siguen a la Virgen que avanza por los cielos de Scútari. Cuando se dan cuenta, están a orillas del Mar Adriático. ¡Habían recorrido treinta kilómetros sin sentir cansancio!





Nuestra Señora del Buen Consejo trasladada por Ángeles, desde Scútari a Genazzano

             Siempre rodeada por la blanca nube, la milagrosa imagen avanza mar adentro. Perplejos, Georgis y De Sclavis no quieren dejarla; y entonces verifican, estupefactos y eufóricos, que bajo sus pies las aguas se convierten en sólidos diamantes, regresando al estado líquido tras su paso. ¡Qué milagro! Tal como san Pedro en el lago de Genezaret, estos dos hombres ca minan sobre el Adriático guiados por la propia “Estrella del Mar”.

            Sin saber decir cuánto tiempo caminaron, ni cuántos kilómetros dejaron atrás, los buenos devotos ven nuevas playas. ¡Estaban en la península itálica! Pero… ¿dónde estaba Santa María de Scútari? Miran a uno y otro lado, escuchan otro idioma, sienten un ambiente tan diferente a su Albania, pero ya no ven a la Señora de la luminosa nube. Había desaparecido. ¡Qué gran prueba! Comenzaron entonces una búsqueda infatigable. ¿Dónde estaría Ella?

Petruccia, una mujer de fe

            En esa misma época, en la pequeña ciudad de Genazzano, no lejos de Roma, vivía una piadosa viuda llamada Petruccia de Nocera. Para entonces ya era una octogenaria mujer de mucha rectitud, terciaria de la orden agustina, y cuya modesta herencia apenas le alcanzaba para vivir. Petruccia era muy d vota de la Madre del Buen Consejo, venerada en una vieja iglesia de Genazzano. La piadosa señora recibió del Espíritu Santo la siguiente revelación: “María Santísima, en su imagen de Scútari, desea salir de Albania”.

             Si la comunicación sobrenatural la sorprendió, todavía más asombro causó en ella recibir de la Virgen misma la orden expresa de levantar el templo que debería recibir su fresco, así como la promesa de ser ayudada en el tiempo oportuno. Comenzó, pues, Petruccia la construcción de la pequeña iglesia. Empleó todos sus recursos… que se terminaron cuando las paredes sólo llegaban al metro de altura. Los escépticos habitantes de la pequeña ciudad convirtieron a la viuda en blanco favorito de sus burlas y sarcasmos, llamándola loca, visionaria, imprudente y anticuada. Pero ella atravesó confiada esta prueba tal como Noé, de quien se mofaban todos mientras construía el arca.

“¡Un milagro! ¡Un milagro!”

            Era el día 25 de Abril de 1467, Fiesta de San Marcos, Patrono de Genazzano. A las dos de la tarde, Petruccia parte camino a la iglesia, pasando por la bulliciosa feria donde se ofrece desde tejidos de Génova y Venecia hasta un elixir de eterna juventud o un “poderosísimo” licor contra cualquier tipo de fiebre. En medio del vocerío, el pueblo siente una melodía de singular belleza venida del cielo. Se impone el silencio. Todos notan que la música proviene de una nubecita blanca, tan luminosa que ofusca los propios rayos del sol, la cual baja gradualmente hacia la pared inconclusa de una capilla lateral. La muchedumbre acude estupefacta, ocupa el pequeño recinto y ve deshacerse la nube. Ahí estaba suspendido en el aire, sin ningún soporte visible el sagrado fresco, la Señora del Buen Consejo. “¡Un milagro, un milagro!”, gritan todos. ¡Qué alegría para Petruccia y qué consuelo para Georgis y De Sclavis cuando pudieran llegar allá! Se confirmaba el superior designio de la construcción iniciada, y empezaba en Genazzano un largo e ininterrumpido desfile de milagros y gracias obrados por la Virgen.




            El Papa Pablo II, tan pronto como supo de los hechos, envió a dos prelados de confianza para investigarlos. Éstos confirmaron la veracidad de lo que se decía, y atestiguaron diariamente innumerables curaciones, conversiones y prodigios realizados por la Madre del Buen Consejo. En los primeros 110 días después de la llegada, se registraron 161 milagros.

Consejo, corrección, orientación: grandes favores

            Entre sus grandes devotos se destacan los Papas San Pío V, León XIII –que introdujo a la Madre del Buen Consejo en la Letanía Lauretana (1) –, San Pío X; y también numerosos santos como San Pablo de la Cruz, San Juan Bosco o San Alfonso de Ligorio.

            Los milagros más grandes María los realiza en el interior del alma, aconsejando, corrigiendo, orientando. Quien pueda venerar el milagroso cuadro de la Madre del Buen Consejo en Genazzano comprobará personalmente el torrente de gracias que brota de su semblante celestial, y comprenderá por qué razón quien haya estado alguna vez allá, sueña con regresar un día a esa sublime intimidad…


NOTAS ACLARATORIAS

   (1) - Decreto “Ex quo Beatissima Virgo” de la Congregación para los Ritos, promulgado por León XIII el 22 de Abril de 1903. 



jueves, 25 de abril de 2019

SANTA TERESITA: "QUISIERA MORIR POR LA DEFENSA DE LA IGLESIA"


               "...siento en mi interior otras vocaciones: siento la vocación de guerrero, de sacerdote, de apóstol, de doctor, de mártir. En una palabra, siento la necesidad, el deseo de realizar por Ti, Jesús, las más heroicas hazañas... Siento en mi alma el valor de un cruzado, de un zuavo pontificio. Quisiera morir por la defensa de la Iglesia en un campo de batalla...




               Siento en mí la vocación de sacerdote. ¡Con qué amor, Jesús, te llevaría en mis manos cuando, al conjuro de mi voz, bajaras del Cielo...! ¡Con qué amor te entregaría a las almas...! Pero, ¡ay!, aun deseando ser sacerdote, admiro y envidio la humildad de San Francisco de Asís y siento en mí la vocación de imitarle renunciado a la sublime dignidad del sacerdocio.

               ¡Oh, Jesús, Amor mío, mi Vida...!, ¿cómo hermanar estos contrastes?. ¿Cómo convertir en realidad los deseos de mi pobrecita alma?

               Sí, a pesar de mi pequeñez, quisiera iluminar a las almas como los Profetas y como los Doctores.

               Tengo vocación de Apóstol... Quisiera recorrer la tierra, predicar Tu Nombre y plantar Tu Cruz gloriosa en suelo infiel. Pero Amado mío, una sola misión no sería suficiente para mí. Quisiera anunciar el Evangelio al mismo tiempo en las cinco partes del mundo, y hasta en las islas más remotas... Quisiera ser misionero no sólo durante algunos años, sino haberlo sido desde la creación del mundo y seguirlo siendo hasta la consumación de los siglos...

                Pero, sobre todo y por encima de todo, amado Salvador mío, quisiera derramar por Ti hasta la última gota de mi sangre..."


"Historia de un alma"
por Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz.



LA DIGNIDAD DEL SACERDOCIO CATÓLICO


               San Ignacio, el Mártir, dice que el sacerdocio es la cumbre de todas las dignidades que puedan existir en este mundo. Y San Efrén subraya: "Es un milagro admirable la inconmensurable dignidad sacerdotal". Bartolomé Caneo escribe apoyándose en San Agustín:"Oh sacerdote de Dios. Si contemplas lo alto del Cielo, más elevado eres tú... si contemplas la sublimidad de los señores terrenos, más sublime eres tú; sólo eres inferior a tu Creador”.




El Padre Nkamuke, Misionero en Lagos

                San Crisóstomo, recordando las palabras de Jesús: "Quién los escucha a ustedes, me escucha a mí", escribe: "Quien honra al sacerdote, honra a Cristo y quien injuria al sacerdote a Cristo injuria". Los sacerdotes son los dispensadores de las gracias divinas, son colaboradores de Dios. Por eso declara San Máximo de Torino que el juicio del Cielo está sometido a la voluntad del sacerdote porque ”el señor obedece al siervo y todo lo que aquel indica aquí abajo, lo cumple aquel arriba", se atreve escribir San Juan Crisóstomo.

               Si bajase el Redentor mismo a Su Iglesia y se sentase en el confesionario para perdonar los pecados diría Jesús: "Yo te absuelvo", y si estuviese sentado un sacerdote en el confesionario al lado también diría: "Yo te absuelvo", y ambos penitentes serían perdonados de la misma manera. ¡Qué honor sería si el jefe de gobierno le diese a alguien el poder de sacar de la cárcel a quien quiera! Pero más grande es el privilegio y el poder que el Padre le ha dado a Cristo y Éste a los sacerdotes de liberar a las almas del poder del infierno como dice San Crisóstomo: "Todo juicio del Cielo les ha sido entregado".

                Por eso podemos comprender que San Ambrosio afirma sin dudar: "No hay en este mundo nada que sea más elevado." O para utilizar las palabras de San Bernardo: "A ustedes los sacerdotes el Señor los ha puesto por encima de reyes y emperadores, encima de los mismos Ángeles". Continúa diciendo San Pedro Damiani: "Los Ángeles están al lado de los que ellos guardan y esperan la palabra del sacerdote; ni uno de ellos tiene el poder de atar o desatar".

               Se cuenta una historia de los tiempos de San Francisco de Sales. Éste había ordenado sacerdote a un joven clérigo. El Santo había observado antes cómo llegando a la puerta el joven solía siempre pararse como quien cede el paso a alguien. Después de la ordenación vio que ya no cedía al paso. San Francisco le preguntó al joven sacerdote al respecto y éste le respondió: "Tengo el privilegio de ver continuamente a mi Ángel de la guarda. Este siempre caminaba a mi derecha y delante de mí. Pero después de mi ordenación sacerdotal el Ángel camina a mi izquierda y ya no quiere pasar delante de mí por la puerta". Algo similar enseña San Francisco de Asís: "Si veo al mismo tiempo a un Sacerdote y a un Ángel, saludaría primero al Sacerdote y luego al Ángel."



San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia



miércoles, 24 de abril de 2019

SAN FIDEL DE SIGMARINGEN, martirizado por defender la Fe Católica


               Nació con el nombre de Mark Roy en el año 1577, en Sigmaringen, ciudad de la actual Alemania que en ese entonces estaba bajo dominio del Principado de Hohenzollern-Sigmaringen. Estudió Leyes y Filosofía en la Universidad de Friburgo.

               Posteriormente enseñó Filosofía en esta Universidad y consiguió el grado de Doctor de Derecho. Durante su tiempo como estudiante lo conocían por su modestia, mansedumbre y castidad.

               En 1604, el joven Roy acompañó, como preceptor a tres caballeros a sus viajes por las partes principales de Europa. Durante seis años de viajes, asistía a Misa con frecuencia. En cada ciudad por la que pasaron, Mark Roy visitaba los hospitales e iglesias, pasaba varias horas sobre sus rodillas en la presencia del Santo Sacramento, y era generoso con los pobres, a los que les daba ropa.

               Cuando regresó de su viaje, ejerció como abogado, en Colmar, donde vino a ser conocido como "el abogado de los pobres". Escrupulosamente se abstuvo de todas las invectivas, detracciones que independientemente podrían afectar la reputación de cualquier adversario suyo. Desencantado con los males asociados con su profesión, fue determinando entrar en la vida religiosa como miembro de los frailes capuchinos.




               Al entrar en la Orden Capuchina, le dieron el nombre religioso de Fidel. El Santo terminó su noviciado y estudios para el sacerdocio; celebró su primera Misa en el Monasterio Capuchino en Friburgo, el 4 de Octubre de 1612, Fiesta de San Francisco de Asís, Fundador de la Orden.

               En cuanto San Fidel de Sigmaringen terminó su curso de Teología, inmediatamente fue empleado en la predicación y en las confesiones. Al convertirse en el Guardián (Superior) del Monasterio Capuchino en Weltkirchen, muchos residentes de la ciudad y sitios vecinos, cambiaron por sus trabajos entusiastas, y varios calvinistas fueron convertidos al catolicismo. Desde Roma se dispuso que Fidel predicara en la región de Graubünden, Suiza de Este. Otros ocho frailes capuchinos fueron sus ayudantes, quienes trabajaron en esta misión bajo su dirección.

               Los calvinistas de aquel territorio, enfurecidos de su éxito por la conversión de sus hermanos, amenazaron fuertemente la vida de San Fidel, por lo cual, él se preparó para el martirio. Ralph de Salis y otro caballero calvinista fueron ambos convertidos por los esfuerzos del Santo Misionero. Fidel y sus compañeros entraron a Prättigau, un pequeño distrito de Graubünden, en el año 1622. Los efectos de su Santa Misión de predicar y convertir almas enfurecieron aún más a los calvinistas de aquella provincia.

               El 24 de Abril de 1622, Fidel hizo su confesión, celebró la Santa Misa y luego predicó en Grüsch. Al final de su sermón, el cual había hecho de manera extraordinaria, se puso de repente de pie, muy silenciosamente, con sus ojos fijos sobre el Cielo, en éxtasis. Después de este episodio, pronosticó su muerte, y se lo contó a varias personas. Después del servicio en Grüsch él y varios compañeros viajaron a Seewis. Sus compañeros notaron que él estaba particularmente alegre.

               En una campaña organizada por los Habsburgo, Fidel predicaba por la protección de algunos soldados austriacos imperiales en la Iglesia en Seewis, Suiza, con el objetivo de convertir de nuevo a la gente de Seewis al catolicismo. Durante el sermón, llamaron a sus oyentes a parar a los agitadores Calvinistas fuera. Un poco de la gente fue a afrontar las tropas austriacas fuera de la iglesia. Fidel había sido convencido por los Católicos restantes para inmediatamente escapar con las tropas austriacas de Seewis, pero en cambio se volvió solo a Grüsch. Fue perseguido por 20 soldados Calvinistas que exigieron sin éxito que él renuncie a la Fe Católica, y cuando él rechazó, ellos posteriormente lo asesinaron.

               Se dice que una mujer, fiel católica, que estaba cerca del lugar del martirio de San Fidel, después de que los soldados se habían marchado, salió para evaluar el incidente y encontró los ojos del Mártir abiertos, mirando al Cielo. El santo fue enterrado por católicos al día siguiente.

               Los rebeldes poco después fueron derrotados por las tropas imperiales, un acontecimiento que el Mártir había profetizado. El ministro protestante que había participado en el martirio de Fidel, fue convertido por esta circunstancia, e hizo una renuncia pública del calvinismo y fue recibido en la Iglesia Católica.

               Después de seis meses, el cuerpo del Mártir fue encontrado incorrupto. Sus brazos derecho e izquierdo fueron separados de su cuerpo para ser colocadas en dos relicarios, uno enviado a la Catedral de Coire y el otro fue colocado en la Iglesia Capuchina en Weltkirchen, Feldkirch, Austria. Su cráneo se conserva bajo el altar mayor de la Catedral de Coira, Suiza. Benedicto XIII lo Beatificó el 21 de Marzo de 1729 y Benedicto XIV lo Canonizó, juntamente con San José de Leonisa, otro fraile capuchino, el 26 de Junio de 1746.




martes, 23 de abril de 2019

SAN JORGE, MÁRTIR, PROTECTOR DE LA NOBLEZA


               Piadosamente se cree que San Jorge nació en Capadocia (actual Anatolia Central, Turquía) fue un oficial del ejército romano que dio sus bienes a los pobres en el momento en que estallaba la persecución, y abiertamente admitió su cristianismo ante el tribunal. Cuando rechazó sacrificar a los dioses sufrió horribles torturas, descritas con detalles muy gráficos, que suponen haber durado siete años; en una de las escenas, por ejemplo, un mago entra para envenenarle con una poción que había preparado, y el propio mago muere mártir, entonces Nuestro Señor aparece y restaura la salud a San Jorge. Fue degollado en el año 307.




               En el año 494, Jorge de Capadocia fue canonizado por el Papa  Gelasio I , lo que motivó la creación de diversas historias apócrifas sobre su vida, varias de ellas llenas de milagros. El texto más antiguo sobre su vida que ha llegado hasta nosotros se encuentra en el  Acta Sanctorum . Asimismo, hacia finales del siglo VI, el Abad irlandés Adomanis de la Abadía de la isla de Iona dio a conocer algunas de las leyendas orientales de San Jorge reunidas por el Obispo galo Arkulf en su peregrinación a Tierra Santa del año 680.

                San Jorge se convirtió en Patrón de los caballeros y soldados, además de ser considerado el Santo Protector de algunas Órdenes Militares, como la  Orden Teutónica o la de los Caballeros Templarios. Durante los últimos siglos de la Edad Media, San Jorge se convirtió en Patrón de ciudades, aldeas y Casas Nobles. 

                En 1096, las huestes del Rey Sancho Ramírez de Aragón asediaban la ciudad de Alcoraz, cerca de Huesca. Tras recibir ayuda desde Zaragoza, los asediados consiguen matar al Rey, pero ganan la batalla de Alcoraz, según la tradición, gracias a la aparición de San Jorge. Posteriormente el Rey Pedro I de Aragón conquista Huesca tras invocar la ayuda del Santo. Cuenta la leyenda que el mismo día estuvo ayudando a los cruzados en Antioquía y que, en un momento de la batalla, subió a la grupa de su caballo a un caballero teutón descabalgado; más tarde, ese mismo caballero se vio envuelto en la batalla de Alcoraz.

               Sobre todo a partir del siglo XIII surgen numerosas leyendas y apariciones en el Reino. Así, Jaime I el Conquistador cuenta que en la conquista de Valencia apareció el Santo: «Se apareció San Jorge con muchos caballeros del paraíso, que ayudaron a vencer en la batalla, en la que no murió cristiano alguno». Más tarde, el Rey Jaime cuenta de la conquista de Mallorca que «según le contaron los sarracenos, éstos vieron entrar primero a caballo a un caballero blanco con armas blancas», que él identifica con San Jorge.

              El Patrocinio de Jorge de Capadocia sobre los Reyes de Aragón y, por extensión, sobre toda la Corona de Aragón se reconoce oficialmente a mediados del siglo XV durante el reinado de Juan II de Aragón y Navarra, que lo nombra Patrón del Reino y de la Diputación del General, principal institución foral en caso de no estar convocadas las Cortes.



lunes, 22 de abril de 2019

NUESTROS DIFUNTOS INTERCEDEN POR NOSOTROS




               Confesemos que somos mendigos y que todos los dones de Dios son pura limosna de Su Misericordia.

               En las oscuridades del espíritu, en las miserias y peligros en que tenemos que vivir sólo hallamos un fundamento para nuestra esperanza, y es el levantar nuestros ojos a Dios y alcanzar de Su Misericordia por la oración nuestra salud eterna... Lo decía el rey Josafat: Puesto que ignoramos lo que debemos hacer, una sola cosa nos resta: volver los ojos a Ti.

               Muy bien sabe el Señor que nos es muy útil la necesidad de la oración, pues por ella nos conservamos humildes y nos ejercitamos en la confianza. Y por eso permite el Señor que nos asalten enemigos que con nuestras solas fuerzas no podemos vencer, para que recemos y por ese medio obtengamos la gracia divina que necesitamos. Conviene sobre todo que estemos persuadidos que nadie podrá vencer las tentaciones impuras de la carne si no se encomienda al Señor en el momento de la tentación.

               Que sea cosa buena y útil invocar a los Santos para que nos sirvan de intercesores y nos alcancen por los méritos de Jesucristo lo que por los nuestros no podemos obtener, es Doctrina que no podernos negar, pues así lo declaró la Santa Iglesia en el Concilio de Trento.  

               Nadie osará negar que es bueno y útil acudir a las Almas Santas que en el mundo viven para que vengan en nuestra ayuda con sus plegarias.




              De la misma manera, siendo las Almas Benditas del Purgatorio tan amigas de Dios y estando, como están, confirmadas en gracia, parece que no hay razón ni impedimento que les estorbe rezar por nosotros… Puesto que están tan llenas de caridad, por seguro podemos tener que interceden por nosotros. 

               De Santa Catalina de Bolonia se lee que cuando deseaba alguna gracia recurría a las Ánimas Benditas, y al punto era escuchada: y afirmaba que no pocas gracias que por la intercesión de los Santos no había alcanzado, las había obtenido por medio de las Ánimas Benditas. Si, pues, deseamos nosotros la ayuda de sus oraciones, bueno será que procuremos nosotros socorrerlas con nuestras oraciones y buenas obras. Me atrevo a decir que no tan sólo es bueno, sino que es también muy justo, ya que es uno de los grandes deberes de todo cristiano. 

               Exige la caridad que socorramos a nuestros prójimos, cuando tienen necesidad de nuestra ayuda y nosotros por nuestra parte no tenemos grave impedimento en hacerlo. Pensemos que es cierto que aquellas Ánimas Benditas son prójimos nuestros, pues aunque murieron y ya no están en la presente vida, no por eso dejan de pertenecer, como nosotros, a la Comunión de los Santos.


San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia



domingo, 21 de abril de 2019

EL REGÍNA CAELI, Salutación a Nuestra Señora durante el Tiempo Pascual


           El Regína Coeli (Reina del Cielo) es una oración que los católicos rezamos a la Virgen Nuestra Señora en lugar de la oración del Ángelus, durante el Tiempo Pascual, desde la Vigilia de Pascua hasta el mediodía del Sábado de Pentecostés; es una tradición que se remonta al siglo XII y que fue extendida por los frailes franciscanos.




          Piadosa y necesaria tradición es rezar esta oración TRES VECES al día, en la mañana, mediodía y al atardecer, como sucede con el Ángelus; esta disposición parte del Papa Juan XXII en el año 1327.

          El Papa Benedicto XIII, en el año 1724, concedió Indulgencia Plenaria a los fieles que habitualmente reciten el Ángelus; su sucesor, Benedicto  XIV dispuso el 20 de Abril de 1742, que se recitase el Regina Caeli en lugar del Ángelus desde las Vísperas del Sábado Santo, si bien reiteró LAS MISMAS INDULGENCIAS que habían sido concedidas para el Ángelus.




Regina Cæli (español)

V/. Reina del Cielo, alégrate; aleluya.
R/. Porque el que mereciste llevar en Tu seno; aleluya.

V/. Resucitó según dijo; aleluya.
R/. Ruega por nosotros a Dios; aleluya;

V/. Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.
R/. Porque resucitó en verdad el Señor; aleluya.

Oración:

           ¡Oh, Dios!, que te dignaste alegrar al mundo por la Resurrección de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo: concédenos, te rogamos, que por la mediación de la Virgen María, Su Madre, alcancemos los gozos de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.




Regina Cæli (latín)

V/. Regína Cæli, lætare; alleluia.
R/. Quia quem meruisti portare; alleluia.

V/. Resurrexit sicut dixit; alleluia.
R/. Ora pro nobis Deum; alleluia.

V/. Gaude et lætare, Virgo Maria; alleluia.
R/. Quia surrexit Dominus vere; alleluia.

Oremus:

           Deus, qui per resurrectionem Filii tui Domini nostri Iesu Christi mundum lætificare dignatus es, præsta, quæsumus, ut per eius Genetricem Virginem Mariam perpetuæ capiamus gaudia vitæ. Per eundem Christum Dominum nostrum. Amen.




DOMINGO DE RESURRECCIÓN




A la Víctima pascual 
ofrezcan alabanzas los cristianos.

El Cordero redimió a las ovejas: 
Cristo inocente 
reconcilió a los pecadores con el Padre.

La muerte y la Vida se enfrentaron 
en lucha singular. 
El dueño de la Vida, que había muerto, 
reina vivo.

Dinos, María, qué has visto en el camino? Vi el sepulcro de Cristo viviente 
y la gloria del que resucitó, 
a unos ángeles, el sudario y los vestidos.

Resucitó Cristo, mi esperanza; 
precederá en Galilea a los suyos 
Sabemos que Cristo verdaderamente resucitó de entre los muertos.

Tú, Rey victorioso, ten piedad

Amen, Aleluya.




             La noche que precedió a la Resurrección de Jesús fue noche de desolación, de llanto y de tinieblas. Sus enemigos estaban satisfechos de haber por fin encerrado en la tumba al “seductor del pueblo”. Herido el Pastor, la pequeña grey se dispersó. Los amigos de Jesús, desolados y desconcertados, se ven obligados a esconderse por temor a los escribas y fariseos. Jesús está en la tumba. Yace su cadáver sobre la fría roca y todo su cuerpo está todavía llagado; sus labios están mudos. ¿Qué quedan ya de sus palabras, que sabían animar, confortar e iluminar, aquellas palabras suyas tan llenas de majestad y sabiduría? ¿Dónde está aquel su imperar a los vientos y tempestades; dónde su poder para eludir las diabólicas insidias de sus enemigos o para hacer frente valerosamente a su furor? ¿Dónde está su poder de sanar a los enfermos, de resucitar a los muertos? Todo (al parecer) ha terminado; y con él han quedado sepultados en la tumba no sólo los proyectos ambiciosos de algunos, sino también las discretas esperanzas de muchos. Todo ha terminado -van murmurando los hombres-, y en sus voces se ve la expresión de una desesperada tristeza. Todo ha terminado, parece que responden las cosas.

            Y, sin embargo, quien hubiese podido mirar a través de la piedra que cerraba el sepulcro, hubiera tenido la impresión de que los ojos de Jesús no estaban cerrados por la muerte sino por el sueño; allí no había traza de corrupción en sus miembros, y su rostro conservaba aún muy visibles las señales de su belleza sobrehumana, de su infinita bondad. Después de su muerte, el cuerpo de Jesús, como su alma, permaneció unido al Verbo, a la divinidad, que vive y obra en aquellos miembros. Pero apartada, en una casita modesta y silenciosa, arde una llama de fe que nunca se apaga: María espera llena de confianza a Jesús.

            En esto, la tierra tiembla; el ángel baja del cielo, aparta la pesada piedra que cierra el sepulcro, y se sienta majestuoso y sereno sobre ella. Los soldados huyen y van a dar bruscamente a los enemigos de Jesús la primera prueba de su aplastante derrota. Es ya el alba.

            María Magdalena está corriendo casi sin saber adónde, movida por un amor que no sufre pausas ni admite reflexión; vedla, de repente, como desmayada ante Jesús, que la saluda con infinita ternura. Las piadosas mujeres, con el corazón alborotado por el anuncio que les diera el ángel, encuentran también a Jesús y vuelan a anunciar la resurrección a los apóstoles, para hacerles participantes de su alegría y de su paz. Entre tanto, Pedro ha recibido del Señor, con señal inefable, la certeza de su perdón. Y Jesús entra en el Cenáculo con las puertas cerradas y halla a los apóstoles; les conforta, les tranquiliza, les deja su paz.

            Así quisiéramos, amadísimos hijos, que otra noche, la noche que ha caído sobre el mundo y que oprime a los hombres, viese pronto su alba y fuese besada por los rayos de un nuevo sol.

            Varias veces hemos hecho notar que los hombres de todas las naciones y de todos los continentes se ven forzados a vivir, desorientados y temerosos, en un mundo trastornado y perturbador. Todo se ha hecho relativo y provisional, porque es siempre menos eficiente y por lo mismo menos eficaz. El error, en sus formas casi innumerables, ha esclavizado las inteligencias de seres, por lo demás muy selectos y la inmoralidad de toda clase,ha llegado a tales grados de precocidad, de impudencia y de universalidad, que preocupan seriamente a los que piensan en la suerte del mundo. La humanidad parece un cuerpo infecto y llagado, en el que la sangre circula con dificultad, porque los individuos, las clases, y los pueblos se obstinan en seguir divididos, y por lo tanto, no se comunican mutuamente. Y cuando no se desconocen se odian, y conspiran y luchan y se destruyen.

            Pero también esta noche del mundo tiene señales claras de un alba que vendrá, de un día nuevo al que besará un sol nuevo y más esplendoroso.

            Muchos entrevén ya, y lo confiesan, que se ha llegado a esta noche del mundo porque Jesús ha sido apresado, porque se le ha querido desterrar de la vida familiar, cultural y social; porque se ha sublevado el pueblo contra Él[2], porque le han crucificado y dejado mudo e inerte.

            Pero hay una multitud de almas valientes y activas, conscientes de que la muerte y sepultura de Jesús solo fue posible porque entre los amigos de Él hubo quien le negase y le traicionase; ¡hubo tantos que huyeron asustados ante las amenazas de los enemigos! Estas almas saben que una acción oportuna, concorde y orgánica cambiará la faz de la tierra, renovándola y mejorándola.


(Extracto del SERMÓN DE PASCUA, por el Venerable Papa Pío XII, 1957)