viernes, 23 de octubre de 2026

SAN ANTONIO MARÍA CLARET, Fundador de los Hijos del Corazón de María, Arzobispo de Cuba, Compatrono de Canarias

 


                    Antonio Claret y Clará nació el 23 de diciembre de 1807 en Sallent (Barcelona). Criado en el seno de una familia trabajadora y católica de tejedores, desde joven demostró una notable aptitud para el diseño textil. Su capacidad lo llevó a Barcelona, donde perfeccionó el oficio y recibió ofertas prometedoras para dedicarse por completo al sector industrial.

                    Sin embargo, a pesar de sus perspectivas de éxito material, Claret experimentó una profunda inquietud espiritual que lo llevó a reconducir su vida. Siendo un adolescente, consiguió de su padre ir a estudiar la maestría del arte textil en Barcelona; allí trabajaba de día y estudiaba por la noche, por lo que nuestro Santo supo muy pronto lo que costaba ganarse la vida. Sin embargo, esta experiencia, lejos de su familia, en medio de personas impías y mundanas, fue un duro golpe en el corazón candoroso del joven Antonio, que desilusionado, pensó entrar en la Cartuja.

                    No obstante, la fama de piedad de San Antonio María Claret, que entonces tenía 21 años, llegó a oídos del Obispo de Vic, Mons. Pablo de Jesús Corcuera. Al cabo de un año, decidió ir a vivir a la Cartuja de Santa María de Montealegre, pero cuando iba de camino, una providencial tormenta de verano, le hizo retroceder de nuevo hacia Vic. En 1829 ingresó en el Seminario de Vic, siendo ordenado sacerdote en 1835.

                    Con la intención inicial de acudir a las misiones de Ultramar, viajó a Roma para ponerse a disposición de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos e ingresó temporalmente con la Compañía de Jesús. No obstante, tras enfermar de una pierna, tuvo que regresar a España, donde comenzó su verdadera misión: la predicación itinerante por las diócesis de Cataluña y algunas de las islas del Archipiélago Canario. 

                    En Julio de 1841 la Santa Sede le concedió el título de Misionero Apostólico. A partir de ese momento quedó liberado de las cargas parroquiales estables para dedicarse plenamente a recorrer las diócesis catalanas (Vic, Gerona, Lérida, Tarragona, Barcelona y Solsona) predicando las misiones populares. Al sobrevenir la Segunda Guerra Carlista en el campo catalán resultó imposible continuar con las misiones multitudinarias de forma segura. A raíz de esta situación, el obispo de Vic acordó con el de Canarias enviarlo al archipiélago.

                    En Marzo de 1848, Antonio María Claret desembarcó en Las Palmas de Gran Canaria acompañando al nuevo Obispo de la diócesis, Mons. Buenaventura Codina. La estancia del Santo en las islas duraría apenas quince meses, pero dejó una huella tan profunda que los canarios pasaron a recordarlo afectuosamente como "el Padrito".

                    Durante este período, Claret recorrió las islas de Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura. Su método misionero fue directo y sin artificios: predicaba varias veces al día con un estilo claro, llano y pedagógico que conectaba de inmediato tanto con las autoridades como con los campesinos y pescadores más sencillos. Las iglesias y plazas se llenaban a rebosar para escuchar sus sermones sobre la conversión, la oración y los Sacramentos.

                    Durante años recorrió a pie pueblos y ciudades predicando misiones populares con un lenguaje accesible, claro y directo. Concibió la evangelización de manera moderna para su época: comprendió enseguida la importancia de la palabra escrita como herramienta de formación y fundó en Barcelona la "Librería Religiosa", mediante la cual difundió miles de catecismos, hojas volantes y libros devocionales.

                    En 1849 dio un paso decisivo al fundar la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (conocidos popularmente como Claretianos), orientados a continuar la labor apostólica mediante la predicación y la imprenta.

                    En 1849 fue nombrado Arzobispo de Santiago de Cuba por el Papa Pío IX. Al llegar a la isla en 1851, encontró una diócesis sumida en un notable abandono moral, pastorales debilitadas y tensiones sociales. Su programa de reforma incluyó la renovación del Seminario, la creación de escuelas para la formación técnica y agrícola de los jóvenes, y una postura firme contra los abusos hacia la población esclava y trabajadora.

                    Esta dedicación pastoral y su denuncia de injusticias le acarrearon la oposición de sectores influyentes, sufriendo incluso un atentado en Holguín en 1856, donde resultó gravemente herido en la cara.



                    En 1857 fue llamado de vuelta a España por la reina Isabel II para asumir el cargo de confesor real. Aceptó la función bajo estrictas condiciones de no inmiscuirse en la política cortesana y de mantener libertad para dedicarse a las obras apostólicas. Durante esta etapa reestructuró la gestión de la Escolanía del Monasterio de El Escorial y fundó la Academia de San Miguel para fomentar el arte y la cultura católica.

                    La Revolución de 1868 apartó a la reina del trono y obligó a San Antonio María Claret a marchar al exilio en Francia. Participó activamente en las sesiones del Concilio Vaticano I en Roma, defendiendo con firmeza la doctrina católica.

                    Acosado por las autoridades políticas del momento que solicitaban su detención, tuvo que refugiarse en el monasterio cisterciense de Fontfroide, cerca de Narbona (Francia), donde falleció el 24 de Octubre de 1870, a las 8:45 de la mañana. Fue canonizado por el papa Pío XII en 1950. El mismo Pontífice lo declaró Compatrono de la Diócesis de Canarias el 13 de Abril de 1951.

                    


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