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viernes, 19 de septiembre de 2025

APARICIÓN DE LA VIRGEN NUESTRA SEÑORA EN LA MONTAÑA DE LA SALETTE

  

...Lo dijo Nuestra Señora en La Salette 
y lo vemos cumpliéndose ahora a grandes pasos. 
Por nuestra parte lo hemos dicho siempre… 
Fruto innegable de las reformas del anómalo 
Concilio Vaticano II y de las reformas de 
los 
Papas posteriores, la Fe se ha perdido en masa. 
La Gran Apostasía, es perfectamente visible. 

Fabián Vázquez, Director de Radio Cristiandad 
(+ 24 Febrero de 2015)




                   Quiso Nuestra Santa Madre manifestarse a un mundo convulso, pero como ocurre con casi todas las manifestaciones celestiales, no buscó la Virgen María un lugar concurrido, sino que, como en Belén, dio a luz este Aviso de forma casi anónima.Fue en una meseta montañosa al sudeste de Francia, cerca del poblado de La Salette. Un niño llamado Maximino Giraud, de once años y la joven Melania Mathieu, de quince años, estaban cuidando el ganado. Melanie estaba acostumbrada y entrenada a este tipo de trabajo desde que tenía nueve años de edad, pero todo era nuevo para Maximino. Su padre le había pedido que lo hiciera como un acto generoso para cooperar con el granjero que tenía a su ayudante enfermo por esos días. 

                   Según el propio Relato de Melania: El día 18 de Septiembre de 1846, víspera de la Aparición de la Santísima Virgen, estaba yo sola, como siempre, cuidando el ganado de mi amo, alrededor de las once de la mañana vi a un niño que se aproximaba hacía mí. Por un momento tuve miedo, pues me parecía que todos deben saber que evitaba todo tipo de compañía. El niño se acercó y me dijo: "Hey niña, voy a ir contigo, soy de Corps". A estas palabras mi malicia natural se mostró y le dije: "No quiero a nadie a mi alrededor. Quiero estar sola". Pero el, siguiéndome, dijo: "Mi amo me envió aquí para que contigo cuidara el ganado. Vengo de Corps". Me separé molesta de el, dándole a entender que no quería a nadie alrededor mío. Cuando estaba ya a cierta distancia me senté en la hierba. Usualmente de esta forma hablaba a las florecitas o al Buen Dios.

                   Después de un momento, detrás de mí estaba Maximino sentado y directamente me dijo: "Déjame estar contigo, me portaré muy bien". Aún en contra de mi voluntad y sintiendo un poco de lástima por Maximino le permití quedarse. Al oír la campana de la Salette para el Angelus, le indiqué elevar su alma a Dios. El se quitó el sombrero y se mantuvo en silencio por un momento. Luego comimos y jugamos juntos. Cuando cayó la tarde bajamos la montaña y prometimos regresar al día siguiente para llevar al ganado nuevamente.

                  Al día siguiente, sábado, 19 de Septiembre, de 1846, el día estaba muy caluroso y los dos jovencitos acordaron comer su almuerzo en un lugar sombreado. Melania había descubierto que Maximino era muy buen niño, simple y dispuesto a hablar de lo que ella deseara. Era muy flexible y juguetón, pero si un poco curioso. Llevaron el ganado a una pequeña quebrada y encontrando un lugar agradable decidieron tomar una siesta. Ambos durmieron profundamente. Melania fue la primera en despertar. El ganado no estaba a su vista, entonces rápidamente llamó a Maximino. Juntos fueron en su búsqueda por los alrededores y lo encontraron pastando plácidamente.

                   Los dos jóvenes volvían en la búsqueda de sus utensilios donde habían llevado su almuerzo y cerca de la quebrada en donde habían hecho la siesta divisaron un globo luminoso que parecía dividirse. Melania pregunta a Maximino si el ve lo que ella esta viendo. ¡Oh Dios mío!, exclamó Melania dejando caer la vara que llevaba. Algo fantásticamente inconcebible la inundaba en ese momento y se sintió atraída, con un profundo respeto, llena de amor y el corazón latiéndole más rápidamente. Vieron a una Señora que estaba sentada en una enorme piedra. Tenía el rostro entre sus manos y lloraba amargamente. Melania y Maximino estaban atemorizados, pero la Señora, poniéndose lentamente de pie, cruzando suavemente sus brazos, les llamó hacía ella y les dijo que no tuvieran miedo. Agregó que tenía grandes e importantes nuevas que comunicarles. Sus suaves y dulces palabras hicieron que los jóvenes se acercaran apresuradamente. Melania cuenta que su corazón deseaba en ese momento adherirse al de la bella Señora.

ERA ALTA Y MAJESTUOSA

                    La Señora era alta y de apariencia majestuosa. Tenía un vestido blanco con un delantal ceñido a la cintura, no se podría decir que era de color dorado pues estaba hecho de una tela no material, más brillante que muchos soles. Sobre sus hombros lucía un precioso chal blanco con rosas de diferentes colores en los bordes. Sus zapatos blancos tenían el mismo tipo de rosas. De su cuello colgaba una cadena con un crucifijo. Sobre la barra del crucifijo colgaban de un lado el martillo y del otro las tenazas. De su cabeza una corona de rosas irradiaba rayos luminosos, como una diadema. En sus preciosos ojos habían lágrimas que rodaban sobre sus mejillas. Una luz más brillante que el sol pero distinta a éste le rodeaba.

                      Le dijo a los jóvenes que la mano de su Hijo era tan fuerte y pesada que ya no podría sostenerla, a menos que la gente hiciera penitencia y obedeciera las leyes de Dios. Si no, tendrían mucho que sufrir. "La gente no observa el Día del Señor, continúan trabajando sin parar los Domingos. Tan solo unas mujeres mayores van a Misa en el verano. Y en el invierno cuando no tienen más que hacer van a la iglesia para burlarse de la Religión. El tiempo de Cuaresma es ignorado. Los hombres no pueden jurar sin tomar el Nombre de Dios en vano. La desobediencia y el pasar por alto los Mandamientos de Dios son las cosas que hacen que la mano de Mi Hijo sea más pesada".

                    La Santísima Virgen continuó conversando y les predijo una terrible hambruna y escasez. Dijo que la cosecha de patatas se había echado a perder por esas mismas razones el año anterior (1). Cuando los hombres encontraron las patatas podridas, juraron y blasfemaron contra el Nombre de Dios aún más. Les dijo que ese mismo año la cosecha volvería a echarse a perder y que el maíz y el trigo se volverían polvo al golpearlo, las nueces se estropearían, las uvas se pudrirían (2). Después, la Señora comunica a cada joven un Secreto (3) que no debían revelar a nadie, excepto al Santo Padre, en una petición especial que él mismo les haría.

                   La Señora agregó que si el pueblo se convirtiera, las piedras y las rocas se convertirían en trigo y las patatas se encontrarían sembradas en la tierra. Entonces preguntó a los jovencitos: "¿Hacéis bien vuestras oraciones, hijos Míos?" Respondieron los dos: "¡Oh! no, Señora; no muy bien." ; "¡Ay, hijos Míos! Hay que hacerlas bien por la noche y por la mañana. Cuando no podáis hacer más, rezad un Padrenuestro y un Avemaría; y cuando tengáis tiempo y podáis, rezad más."

DESPUÉS DE LA APARICIÓN...

                   Con su voz maternal y solícita les termina diciendo: "Pues bien, hijos míos, decid esto a todo Mi pueblo". Luego continuó andando hasta el lugar en que habían subido para ver donde estaban las vacas. Sus pies se deslizan, no tocan más que la punta de la hierba sin doblarla. Una vez en la colina, la hermosa Señora se detuvo. Melania y Maximino corren hacia ella apresuradamente para ver a dónde se dirige. La Señora se eleva despacio, permanece unos minutos a unos metros de altura, mira al cielo, a su derecha (¿hacia Roma?), a su izquierda (¿Francia?), a los ojos de los niños, y se confunde con el globo de luz que la envuelve. Este sube hasta desaparecer en el firmamento.

                   Al principio solo algunos creían lo que los jóvenes decían haber visto y oído. Los campesinos que habían contratado a los jóvenes estaban sorprendidos que, siendo estos tan ignorantes, fueran capaces de transmitir y relacionar tan complicado mensaje tanto en francés, el cual no entendían bien, como en patuá (dialecto francés) en el cual describían exactamente lo que decían.

                   A la mañana siguiente Melania y Maximino fueron llevados a ver al Párroco. Era un Sacerdote de edad avanzada, muy generoso y respetado. Al interrogar a los jóvenes, escuchó todo el relato, ante el cual quedó muy sorprendido y realmente pensó que ellos decían la verdad. En la Misa del Domingo siguiente habló de la visita de la Señora y Su petición. Cuando llegó a oídos del Obispo que el Párroco había hablado sobre la Aparición desde el púlpito, éste fue reprendido y reemplazado por otro Sacerdote.

                   Melania y Maximino eran constantemente interrogados tanto por los curiosos como por los devotos. Ellos simplemente contaban la misma historia, repitiéndola una y otra vez. A los que estaban interesados en subir la montaña, les señalaban el lugar exacto donde la Señora se había aparecido. En varias ocasiones fueron amenazados de ser arrestados si no negaban lo que continuaban diciendo. Sin ningún temor y vacilación reportaban a todos los mensajes que la Señora había dado (4).

                   Surgió una fuente cerca del lugar donde la Señora se había aparecido y el agua corría colina abajo. Muchos milagros empezaron a ocurrir. Las terribles calamidades que fueron anunciadas se empezaron a cumplir. La terrible hambruna de patatas de 1846 se difundió, especialmente en Irlanda donde muchos murieron. La escasez de trigo y maíz fue tan severa que más de un millón de personas en Europa murieron de hambre. Una enfermedad afectó las uvas en toda Francia. Probablemente el castigo hubiera sido peor de no haber sido por los que acataron el mensaje de La Salette. Muchos comenzaron a ir a Misa. Las tiendas fueron cerradas los Domingos y la gente cesó de hacer trabajos innecesarios el Día del Señor. Las malas palabras y las blasfemias fueron disminuyendo.



 NOTAS

               1- Desde inicios de la década de 1840 Europa entera sufrió la conocida como "Penuria de la patata"; el hongo conocido como "tizón tardío", asoló las cosechas causando millones de muertes y provocando éxodos masivos a otras regiones.

               2- Tras la Aparición de la Virgen en La Salette, las vides francesas sufrieron diferentes plagas que no solo diezmaron las plantaciones, sino que acabaron con todas las cepas; así, no encontramos en el país galo ninguna especie de vid anterior a 1847.

               3- Toca en el siguiente título para leer EL SECRETO CONFIADO POR NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE a Melanie Calvat (Texto completo)

               4- En 1858, cuando debía hacerse público el Secreto de La Salette, Nuestra Señora se manifestó nuevamente en Francia, a Santa Bernarda Soubirous, en Lourdes.





jueves, 31 de octubre de 2024

EL COLAPSO INMINENTE DE LA SOCIEDAD

 


               "... inmediatamente dirigimos una mirada de inexpresable afecto al rebaño que estaba confiado a Nuestro cuidado: un rebaño verdaderamente inmenso, porque abarca, a unos en un aspecto, a otros en otro, a todos los hombres. De hecho, todos ellos, cuantos son, fueron liberados de la esclavitud del pecado por Jesucristo, quien ofreció el precio de Su Sangre por ellos; ni hay nadie que quede excluido de las ventajas de esta Redención. Así, el Divino Pastor bien puede decir que, mientras una parte del género humano es ya acogida con audacia en el Redil de la Iglesia, él empujará suavemente a la otra parte:  "Et alias oves habeo, quae non sunt ex hoc ovili: et illas oportet me adducere, et vocem meam audient" (Tengo otras ovejas que no son de este redil; debo guiarlas, y ellas escucharán Mi voz..." Evangelio de San Juan, cap. 10, vers. 16)

               El terrible fantasma de la guerra domina por todas partes, y casi no hay otro pensamiento que ocupe ahora las mentes... No hay límite para las ruinas, no hay límite para las masacres: cada día la tierra se llena de sangre nueva y se cubre de muertos y heridos. ¿Y quién diría que estos pueblos, armados unos contra otros, descienden del mismo progenitor, que son todos de la misma naturaleza y todos parte de la misma sociedad humana? ¿Quién los consideraría hermanos, hijos de un Padre que está en los Cielos? Y mientras tanto, mientras de un lado y del otro luchamos con ejércitos interminables, naciones, familias, individuos gimen de dolor y miseria...

               Pero no es sólo la sangrienta guerra actual la que ha devastado a las naciones y amargado y atormentado nuestro espíritu. Hay otra guerra furiosa que roe las entrañas de la sociedad actual: una guerra que asusta a toda persona de sentido común, porque si bien ha acumulado y acumulará en el futuro tantas ruinas sobre las naciones, también debe considerarse ella misma el verdadero origen de la triste lucha actual. De hecho, desde que dejamos de observar las normas y prácticas de la Sabiduría Cristiana en el sistema estatal, que era el único que garantizaba la estabilidad y la tranquilidad de las instituciones, los Estados necesariamente comenzaron a tambalearse en sus cimientos, y esto siguió a un cambio tal en ideas y costumbres que, si Dios no provee pronto, el colapso de la sociedad humana ya parece inminente. Los desórdenes que vemos son estos: la falta de amor mutuo entre los hombres, el desprecio de la autoridad, la injusticia de las relaciones entre las distintas clases sociales, los bienes materiales convertidos en el único objetivo de la actividad del hombre, como si no hubiera otros, y mucho mejor, bienes a lograr. Estos son, en Nuestra opinión, los cuatro factores de la lucha que tan gravemente está trastornando el mundo.

               Los odios raciales llegan al paroxismo; más que por fronteras, la gente está dividida por resentimientos; dentro de una misma nación y dentro de los muros de una misma ciudad, las clases de ciudadanos arden de odio mutuo, y entre los individuos todo está regulado por el egoísmo, que se ha convertido en la ley suprema.

              Respecto a aquellas cosas sobre las cuales - ya que la Sede Apostólica no se ha pronunciado - es posible, sin perjuicio de la Fe y de la Disciplina, argumentar a favor o en contra, es ciertamente lícito a cada uno expresar su opinión y apoyarla. Pero en tales discusiones se debe evitar el exceso de palabras, ya que esto podría resultar en graves ofensas a la caridad; cada uno debe defender libremente su opinión, pero debe hacerlo con gracia, y no debe creer que puede acusar a otros de fe sospechosa o de falta de disciplina por la sencilla razón de que piensan diferente a ellos mismos.

               Queremos también que los Católicos se abstengan de usar aquellos apelativos que recientemente se han introducido para distinguir unos Católicos de otros, y que los eviten, no sólo como innovaciones profanas de palabras, que no están conformes con la Verdad ni con la equidad, sino también porque de ahí se sigue grande perturbación y confusión entre los mismos. La Fe Católica es de tal índole y naturaleza, que nada se le puede añadir ni quitar: o se profesa por entero o se rechaza por entero: «Esta es la Fe Católica; y quien no la creyere firme y fielmente no podrá salvarse». No hay, pues, necesidad de añadir calificativos para significar la profesión católica; bástale a cada uno esta profesión: «Cristiano es mi nombre, Católico, mi apellido»; procure tan sólo ser en efecto aquello que dice".


Extractos de la Encíclica "Ad Beatíssimi Apostolórum", 
del Papa Benedicto XV, 1 de Noviembre de 1914



domingo, 21 de abril de 2024

LA GRAN CONSPIRACIÓN DE APOSTASÍA E INDIFERENCIA, por el Doctor Plinio Corrêa de Oliveira

 


               Ciertas verdades referentes a Dios y a nuestro destino eterno, podemos conocerlas por la simple razón. Otras, las conocemos porque Dios nos las enseñó. En su infinita bondad, Dios se reveló a los hombres en el Antiguo y Nuevo Testamento, enseñándonos no solamente lo que nuestra razón no podía descubrir, sino además muchas verdades que podríamos conocer racionalmente, pero que por culpa propia la humanidad ya no conocía de hecho. 

               La virtud por la cual creemos en la Revelación es la Fe. Nadie puede practicar un acto de Fe, sin el auxilio sobrenatural de la gracia de Dios. Esa gracia, Dios la da a todas las criaturas y, en abundancia torrencial, a los miembros de la Iglesia Católica. Esta gracia es la condición para su salvación. Nadie llegará a la eterna bienaventuranza, si rechaza la Fe. Por la Fe, el Espíritu Santo habita en nuestros corazones. Rechazar la Fe es rechazar al Espíritu Santo, es expulsar del alma a Jesucristo.

               Veamos ahora, en nuestro entorno, cuántos Católicos rechazan la Fe. Fueron bautizados, pero en el curso del tiempo perdieron la Fe. La perdieron por culpa propia, porque nadie pierde la Fe sin culpa, y culpa mortal. Helos aquí, indiferentes u hostiles, piensan, sienten y viven como paganos. ¡Son nuestros parientes, nuestros prójimos, quizá nuestros amigos! Su desgracia es inmensa. Indeleble está en ellos la señal del Bautismo. Están marcados para el Cielo, y caminan para el Infierno. En su alma redimida, la aspersión de la Sangre de Cristo está marcada. Nadie la apagará. Es de cierto modo la propia Sangre de Cristo que ellos profanan cuando en esta alma rescatada se acogen principios, máximas, normas contrarias a la Doctrina de la Iglesia. El Católico apóstata tiene alguna cosa de análogo al Sacerdote apóstata: arrastra consigo los restos de su grandeza, los profana, los degrada y se degrada con ellos, pero no los pierde.

                ¿Y nosotros? ¿Nos importa esto? ¿Sufrimos con esto? ¿Rezamos para que estas almas se conviertan? ¿Hacemos penitencias? ¿Hacemos apostolado? ¿Dónde está nuestro consejo? ¿Dónde está nuestra argumentación? ¿Dónde está nuestra caridad? ¿Dónde está nuestra altiva y enérgica defensa de las verdades que ellos niegan o injurian?

               El Sagrado Corazón sangra con esto. Sangra por su apostasía y por nuestra indiferencia. Indiferencia doblemente censurable, porque es indiferencia para con nuestro prójimo y sobre todo indiferencia para con Dios.

               ¿Cuántas almas en el mundo entero van perdiendo la Fe?. Pensemos en el incalculable número de periódicos impíos, radioemisoras impías [¡la televisión de hoy!], de los que diariamente se llena el orbe. Pensemos en los innumerables obreros de Satanás que, en las cátedras, en el seno de la familia, en los lugares de reunión o de diversión, propagan ideas impías. De todo este esfuerzo, ¿quién ha de admitir que nada resulte? Los efectos de todo esto están delante de nosotros. Diariamente las instituciones, las costumbres, el arte, se van descristianizando, indicio incontestable de que el propio mundo se va perdiendo para Dios.

               ¿No habrá en todo esto una gran conspiración? Tantos esfuerzos, armónicos entre sí, uniformes en sus métodos, en sus objetivos, en su desarrollo, ¿serán mera obra de coincidencias? ¿Dónde y cuando, intenciones desarticuladas produjeron articuladamente la más formidable ofensiva ideológica que la Historia conoce, la más completa, la más ordenada, la más extensa, la más ingeniosa, la más uniforme en su esencia, en sus fines, en su evolución?

               No pensamos en esto. No percibimos esto. Dormimos en la modorra de nuestra vida de todos los días. ¿Por qué no somos más vigilantes? La Iglesia sufre todos los tormentos, pero está sola. Lejos, bien lejos de Ella susurramos. Es la escena del Huerto que se repite.

               Para decirlo por entero, la Iglesia nunca tuvo tantos enemigos y, paradójicamente, nunca tuvo tantos "amigos". Oigamos a los espiritistas: dicen que no promueven ninguna guerra hacia la religión, y menos aún al catolicismo que a cualquier otra. Sin embargo, la vida de todos ellos, comunistas, espiritistas, protestantes, ¿no es desde la mañana hasta la noche otra cosa, sino una conspiración contra la Iglesia? Ellos también tienen los labios prontos para el ósculo, aunque en su mente ya hayan decidido hace mucho tiempo exterminar a la Iglesia de Dios.



domingo, 12 de marzo de 2023

LA APOSTASÍA ACTUAL: BAUTISMOS DUDOSOS, por Monseñor Sanborn

  


               Recientemente se descubrió que en una diócesis del suroeste de los Estados Unidos, un sacerdote del Novus Ordo estaba bautizando inválidamente. Cambió la forma de " Yo os bautizo..." a " Nosotros os bautizamos...". Incluso en el Novus Ordo, que logró hacer dudosos o inválidos casi todos los Sacramentos, se consideró una forma inválida. (Lee la noticia tocando AQUÍ)

               Según los informes, el sacerdote ha estado haciendo esto durante años, lo que significa que el caso involucra a cientos, si no miles, de bautismos. Según la diócesis, todos estos bautismos deben repetirse.

              Un caso casi idéntico ocurrió hace unos años en la Arquidiócesis de Detroit.

               ¿A quién culpar? ¿al Sacerdote? No, al Concilio Vaticano II y la formación modernista que reciben los candidatos al sacerdocio del Novus Ordo. La única palabra para describir este entrenamiento es basura .

               Primero, se les dice que las formas sacramentales no son "palabras mágicas". Esto es burlarse del cuidado tradicional de la Iglesia por la forma precisa del Sacramento. Un Sacramento es un signo, por lo tanto, como cualquier signo, debe ser claro e inequívoco. Imagina por un momento un semáforo emitiendo colores indistintos.

               En segundo lugar, se alienta a los ministros del Novus Ordo a improvisar en la celebración de la Misa y los sacramentos. Se les anima a agregar sus propios comentarios durante la Misa, para dirigir "la eucaristía", como la llaman, en su propio estilo individual.

               Tercero, hay tanto énfasis en la "comunidad" y la participación de los laicos en el Novus Ordo que no sorprendería a un sacerdote pensar que la forma "Nosotros bautizamos" es en realidad preferible a la fórmula que suena "exclusiva" "Yo [tú] bautizo ". La nueva teología sobre el bautismo es que es iniciación en la Iglesia. El Dogma del Pecado Original fue despreciado y cayó en el olvido. El concepto del Ministro como causa eficiente del Sacramento se ridiculiza como "medieval" y "aristotélico".

               Con todos estos factores dando vueltas en la cabeza de un sacerdote del Novus Ordo, no es de extrañar que no considerara las implicaciones de cambiar las palabras de sus "bautizos".



Blasón Episcopal de Monseñor Sanborn


               En consecuencia, nuestra estrategia ahora es esta: si vienes del Novus Ordo, es imperativo que tu bautismo sea verificado por ti mismo o por algún testigo. De lo contrario, bautizamos condicionalmente de nuevo. ¿Por qué?: ¿quién sabe cuántos otros casos de bautismos inválidos o cuestionables han ocurrido?. He visto muchos videos de sacerdotes del Novus Ordo vertiendo agua en el cabello, no en la frente... Hacerlo así hace que el sacramento sea más que dudoso.


Obispo Donald J. Sanborn


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(toca sobre el título para acceder)




domingo, 11 de diciembre de 2022

LA APOSTASÍA ACTUAL: LOS OBISPOS Y SACERDOTES CATÓLICOS EN CATACUMBAS, por Monseñor Marco Antonio Pivarunas

 


          Amados en Cristo:

               Su Excelencia, el difunto Monseñor Moisés Carmona, me dio la Consagración Episcopal para contribuir de esta manera a la preservación de nuestra preciosa Fe Católica en estos tiempos de herejía y apostasía.

               Si bien la mayoría de los Fieles recibieron con gran alegría las Consagraciones de los Obispos Católicos Tradicionales, hubo quienes cuestionaron su legitimidad con el argumento de que la letra estricta de la Ley de la Iglesia prohíbe que un Obispo consagre a otro Obispo sin tener orden del Papa, un Mandato Pontificio.

               Es esencial que nuestros Fieles Católicos comprendan los principios teológicos relacionados con este tema para poder responder a aquellos que rechazarían la Misa y los sacramentos administrados por estos obispos y los sacerdotes ordenados por ellos. En esta carta pastoral, resumiremos brevemente este tema y abordaremos los siguientes temas importantes relacionados: el precedente histórico de Consagraciones Episcopales sin Mandato Papal durante el largo interregno (el período entre la muerte de un Papa y la elección del próximo) entre los pontificados del Papa Clemente IV y el Papa Gregorio X; la definición de la Ley, la naturaleza de la Ley y la terminación real de la Ley; subordinación de los derechos de orden inferior a las exigencias de los derechos de orden superior.

               Antes de abordar cada uno de estos temas, es importante darse cuenta de que desde el Concilio Vaticano II hasta el día de hoy estamos frente a la crisis más grave que ha golpeado a la Iglesia Católica. Donde antes se celebraba el Santo Sacrificio de la Misa en los templos de todo el mundo, ahora su lugar ha sido ocupado por la "Nueva Misa" (Novus Ordo Missae), que no es un sacrificio propiciatorio (reparación por los pecados), sino un memorial protestante de la Última Cena. En esta "Misa Nueva" se cambiaron sustancialmente las palabras del mismo Cristo Nuestro Señor, de la forma sacramental de la Sagrada Eucaristía, que, de acuerdo con el decreto "De defectibus" del Papa San Pío V, "hace inválida la consagración". 

               Desde el advenimiento del Concilio Vaticano II, las falsas doctrinas del ecumenismo y el indiferentismo religioso (condenadas por muchos Papas y Concilios, especialmente por el Papa Pío IX) fueron predicadas por el "Magisterio" ordinario de la jerarquía modernista bajo Pablo VI y Juan Pablo II. En esta enseñanza, se dio reconocimiento oficial no solo a sectas no Católicas (luteranismo, anglicanismo, ortodoxia), sino también a religiones no Cristianas (budismo, hinduismo, islamismo, judaísmo), por nombrar solo algunas. Hoy, la Jerarquía moderna reconoce otras religiones, alienta a sus miembros a orar a sus dioses y trata de promover el "bien" inherente a esas religiones.



               ¿Cómo se puede conciliar la Enseñanza infalible del Magisterio (la Autoridad docente del Papa y los Obispos) de la Iglesia Católica anterior al Concilio Vaticano II con los errores que surgieron de ese Concilio y que han seguido siendo enseñados por la jerarquía modernista durante las últimas décadas?

              La conclusión correcta, la única conclusión que se puede extraer, es que la jerarquía contemporánea de la Iglesia posterior al Concilio Vaticano II no representa el Magisterio de la Iglesia Católica. Porque Cristo Nuestro Señor prometió estar con Sus Apóstoles y sus sucesores "todos los días, hasta el fin del mundo". A sus Apóstoles y a sus sucesores, Nuestro Señor prometió la ayuda del Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad, que "estará con ellos para siempre".

               Sabemos por la enseñanza del Concilio Vaticano (1870) que la Iglesia Católica es infalible no sólo en sus decretos solemnes (Enseñanza Ex Cathedra y decretos de los Concilios Ecuménicos), sino también en su Enseñanza Universal Ordinaria:

               "Todo debe ser creído por la Fe Divina y Católica (Fide Divina et Catholica ) que está contenida en la Palabra de Dios, escrita o transmitida por la Tradición, y considerada por la Iglesia para ser creída como divinamente revelada, ya sea por un decreto solemne o por una Enseñanza Ordinaria y común".

               Creer lo contrario sería creer que Cristo le ha fallado a Su Iglesia, y que el Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad con los Apóstoles y sus sucesores, ha abandonado la Iglesia y ha caído en errores tan evidentes. En estas circunstancias sin precedentes, debemos considerar la actitud de los verdaderos Obispos Católicos. Ante la Gran Apostasía anunciada por San Pablo en la Segunda Carta a los Tesalonicenses, ¿qué deben hacer? ¿Seguirían ociosos?.

                Quienes se oponen a la Consagración de Obispos en nuestro tiempo responderían afirmativamente. Así, después de la muerte de aquellos Obispos Católicos Tradicionales que permanecieron fieles a la Verdadera Fe, no habría Obispos para reemplazarlos. Y sin Obispos, en última instancia, no habría Sacerdotes, ni Misa, ni Sacramentos. Y, sin embargo, Nuestro Señor y Salvador Jesucristo prometió a Sus Apóstoles y a sus sucesores que "Él estará con ellos todos los días, hasta el fin del mundo".  Al respecto, el Concilio Vaticano enseña:

               "Por tanto, como envió a los Apóstoles que había escogido del mundo, como él mismo fue enviado por el Padre (Evangelio de San Juan, cap. 20, vers. 21), así quiso que en Su Iglesia hubiera Pastores y Maestros “hasta el fin del mundo" (Evangelio de San Mateo, cap. 28, vers.20). 

                Con el fin de preservar la Fe Católica, el Santo Sacerdocio y el Santo Sacrificio de la Misa, estos Obispos tomaron las medidas apropiadas para asegurar el cumplimiento continuo de la promesa de Cristo "que habría pastores y maestros hasta el fin del mundo".

               Estas medidas se tomaron sin intención de negar la Primacía de la Jurisdicción del Papa, la Autoridad suprema del Papa. De hecho, los Obispos y los Sacerdotes ordenados por ellos profesan con toda fuerza la Fe Católica, que incluye la Doctrina de la Primacía de la Jurisdicción y la Infalibilidad del Romano Pontífice. En las circunstancias bajo consideración, el Oficio Papal, que duraría hasta el final de los tiempos, estaba vacante. Por lo tanto, era imposible obtener un Mandato Papal para consagrar Obispos.

                Esto nos lleva a considerar el caso de la Consagración de Obispos durante el interregno (vacante de la Santa Sede) que se encuentra en la Historia de la Iglesia.

               A continuación comparto un extracto de un artículo de la revista "Il Nuovo Osservatore Cattolico" por el Dr. Stephano Filiberto, Doctor en Historia de la Iglesia:

               "El 29 de Noviembre de 1268 murió el Papa Clemente IV y comenzó uno de los períodos más largos de interregno, es decir, de vacancia del Cargo Papal en la Historia de la Iglesia Católica. Surgieron enemistades entre los miembros del Sagrado Colegio, y la perspectiva de cualquier elección comenzó a retroceder. Después de casi tres años, el Alcalde de Viterbo encerró a los Cardenales en Palacio, dándoles raciones exiguas hasta que tomaron una decisión que daría a la Iglesia su Cabeza visible. Finalmente, el 1 de Septiembre de 1271, el Papa Gregorio X fue elegido para la Sede de Pedro.

               Durante este largo período de vacancia de la Santa Sede, también hubo vacantes en muchas Diócesis de todo el mundo. Para que los Sacerdotes y los Fieles no se vieran privados de Pastores, se eligieron y consagraron Obispos para llenar los Obispados vacantes. Veintiuna elecciones y Consagraciones de las que sabemos se hicieron en varios países durante este período. El aspecto más importante de este precedente histórico es que todas fueron ratificadas por el Papa Gregorio X, quien así confirmó la legitimidad de estas Consagraciones".

               Aquí hay algunos ejemplos de Obispos consagrados durante la vacante de la Santa Sede:

     1) Avranches, Francia - Radulfus de Thieville, consagrado en Noviembre de 1269;

     2) Aleria, en Córcega - Nicolaus Forteguerra, consagrado en 1270;

     3) Antivari, en Epiro (noroeste de Grecia) - Caspar Adam, O.P., Consagrado en 1270;

     4) Auxerre, Francia - Erardus de Lesinnes, Consagrado en Enero de 1271;

     5) Cagli, Italia - Jacobus, Consagrado el 8 de Septiembre de 1270;

     6) Le Mans, Francia - Geoffridus d'Asse, Consagrado en 1270;

     7) Cefalu, Sicilia - Petrus Taurs, Consagrado en 1269;

     8) Cervia, Italia - Theodoricus Borgognoni, OP, Consagrado en 1270.

               En este punto, los opositores a la consagración de Obispos Católicos Tradicionales en nuestro tiempo podrían argumentar que el precedente histórico mencionado fue hace 700 años, y que el Papa Pío XII -debido a las consagraciones ilegales de obispos hechas en la iglesia nacional cismática en China- decretó que todos los actos episcopales de Consagración realizados sin Mandato Papal conllevan la pena de excomunión ipso facto para la persona consagrante y la persona consagrada.

                 Para responder a esta objeción, es necesario comprender la naturaleza de la Ley. Es por falta de un buen conocimiento de los principios del Derecho que muchos Católicos Tradicionales caen en el error. Santo Tomás de Aquino define la Ley como cierto ordenamiento razonable promulgado establecido para el bien común por la persona que tiene la custodia de la comunidad. Tenga en cuenta la frase "por el bien común". Bajo el Pontificado del Papa Pío XII, ningún Obispo podía consagrar legalmente a otro Obispo sin Mandato Papal, y era por el bien de la Iglesia. Sin embargo, el Derecho puede -con el paso del tiempo y un cambio radical de las circunstancias- dejar de trabajar para el bien común y, como tal, volverse ineficaz. Una ley puede extinguirse de dos maneras: cesación externa (el legislador revoca la ley) y cesación interna (la ley deja de ser ley).

                Como enseña el Arzobispo Giovanni Cicognani, profesor de Derecho Canónico en el Pontificio Instituto de Derecho Canónico y Civil de Roma, en su comentario: "La ley cesa interiormente cuando cesa su objeto; la ley cesa por sí misma... la ley caduca exteriormente cuando es revocada por el legislador".

               En cuanto al primer método: la cesación (ya sea de su propósito o de su base) de la ley se efectúa en consecuencia cuando cesan todos sus propósitos. Por el contrario, el objeto de la ley se extingue cuando la ley dañina se vuelve injusta o imposible de obedecer.

               Así, en nuestro tiempo, la estricta observancia del Decreto del Papa Pío XII que prohibía la Consagración de Obispos sin Mandato Papal sería perjudicial para la salvación de las almas. Sin Obispos, en última instancia, no habría Sacerdotes, ni Misas, ni Sacramentos.

               ¿Era esta la intención del legislador, el Papa Pío XII? ¿Habría deseado que su Decreto fuera interpretado tan estrictamente que finalmente provocaría el fin de la Sucesión Apostólica? Por supuesto que no.



Para leer una reseña biográfica de Mons. Thuc
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               Con respecto a otro aspecto de la ley, el Arzobispo Cicognani explicó, también en su Comentario sobre el derecho canónico, la naturaleza de la epikeia: "El hombre legislador nunca puede prever todos los casos individuales en los que se aplicará su ley. En consecuencia, la ley, aunque generalmente justa, cuando se la toma literalmente, puede, en ciertas circunstancias imprevistas, conducir a resultados que no son consistentes o con la intención del legislador, ni con la justicia natural, sino que estará en conflicto con ellos. En tales casos, la ley debe explicarse, no según su redacción, sino según la intención del legislador".

               Los trabajos de los siguientes autores nos proporcionan definiciones adicionales de este aspecto de la ley-epikeia: Bouscaren y Ellis: Canon Law (Derecho Canónico), 1953: "Una interpretación que libera a alguien de las disposiciones de la ley, contrariamente a su redacción literal, sin dejar de ser compatible con la intención del legislador".

               Prümmer, Teología Moral (Theologia moralis), 1955: “Una interpretación favorable y justa, no de la ley misma, sino de la intención del legislador, quien, se supone, no pretendió obligar a sus destinatarios en circunstancias extraordinarias, cuando la observancia de la ley pudiera causar daño o imponer una gran carga".

               Besson, Enciclopedia Católica (Enciclopedia Católica), 1909: "Una interpretación favorable de la intención del legislador, que supone que no tuvo la intención de incluir un caso particular dentro del ámbito de su ley".

               Jone y Adelman: Teología Moral, 1951: "Es razonable dar por sentado que el legislador no tuvo la intención de estar obligado por su ley en algún caso particularmente difícil, aunque, por supuesto, la sustancia de la ley cubre ese caso".

                La última consideración respecto al Decreto del Papa Pío XII se encuentra en la propia palabra ley (en latín, jus). Se deriva de las palabras latinas "justitia" (justicia) y "justum" (equitativo), porque se supone que todas las leyes son buenas, justas y equitativas. Esta es la naturaleza de la ley. Y de todas las leyes, la ley suprema es la salvación de las almas, "salus animarum, suprema lex ".

               El 24 de Junio de 1939, en un discurso a los Seminaristas en Roma, el Papa Pío XII dijo: "El Derecho Canónico también se dirige a la salvación de las almas; y el propósito de todas sus normas y reglamentos es que las personas puedan vivir y morir en la Santidad que les ha sido concedida por la gracia de Dios".

               Para sobrevivir espiritualmente hoy, necesitamos las gracias del Sacrificio de la Santa Misa y los sacramentos. Sin embargo, para recibirlos necesitamos sacerdotes, y para tener sacerdotes necesitamos obispos.

               Demos gracias a Dios Todopoderoso, que en su Providencia previó las necesidades espirituales de Su Rebaño y nos dio maestros y pastores que continúan la misión de la Iglesia "para enseñar a todas las naciones todo lo que él ha mandado".


In Christo Jesu et Maria Immaculata


Monseñor Marco Antonio Pivarunas, Obispo

Superior General de la Congregación 
de María Reina Inmaculada
Omaha, Nebraska



domingo, 27 de noviembre de 2022

LA ASISTENCIA PERPETUA DE CRISTO A SU IGLESIA, por Monseñor Pivarunas

  


               El punto importante que consideramos hoy es la posición errónea de algunos clérigos y laicos tradicionales. Intentan caminar por la valla teológica denunciando las herejías de la Iglesia Conciliar por un lado e insistiendo por otro lado en que los responsables de difundir estas herejías siguen siendo Católicos y tienen autoridad en la Iglesia. Tomar tal posición teológica sería sugerir que el Espíritu Santo no ha ejercido Su asistencia divina sobre la Iglesia como lo prometió Cristo a los Apóstoles y Sus sucesores:

               "Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, que habite con vosotros para siempre, el Espíritu de Verdad." (Evangelio de San Juan, cap. 14, vers. 16).

               Tal punto de vista teológico también sugiere que Cristo Nuestro Señor no cumplió Su Promesa de permanecer con Sus Apóstoles y Sus sucesores:

                "Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y he aquí, Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los siglos" (Evangelio de San Mateo, cap. 28, vers. 19).

               Además, esta posición teológica implica que Cristo nos mintió cuando prometió que "las puertas del Infierno no prevalecerán contra [la Iglesia]" (Evangelio de San Mateo, cap.16, vers. 18), y también que "El que a vosotros escucha (los Apóstoles y sus sucesores) a Mí me escucha" (Evangelio de San Lucas, cap. 10, vers. 16). Es verdaderamente notable leer las publicaciones de algunas comunidades tradicionales que contienen un lenguaje mordaz que condena a la Iglesia del Concilio Vaticano II y a la vez realizar afirmaciones solemnes de lealtad y obediencia a la jerarquía de esa Iglesia.

               Como ejemplo de esta posición teológica insostenible, consideremos las siguientes dos declaraciones del difunto Arzobispo Marcel Lefebvre. En la primera afirmación encontramos una precisa valoración de la Iglesia Conciliar (la iglesia que surgió del Vaticano II ). En la segunda afirmación encontramos la posición teológica más contradictoria -que la Iglesia Conciliar es la Iglesia Católica, que si la Iglesia Conciliar no vuelve a la Fe Católica Tradicional, "será el fin de la Iglesia" y "el Espíritu Santo parece haber tomado un permiso de ausencia ".

               Reflexiones de Monseñor Lefebvre sobre la suspensión "a divinis", el 29 de Julio de 1976. 

               "Hemos sido suspendidos a divinis por la Iglesia Conciliar y de la Iglesia Conciliar a la que no queremos pertenecer".

                "Esta Iglesia Conciliar es una iglesia cismática porque rompe con la Iglesia Católica que siempre ha sido. Tiene sus nuevos dogmas, su nuevo sacerdocio, sus nuevas instituciones, su nuevo culto, todo lo cual ha sido condenado por la Iglesia en muchos documentos, oficiales y concluyentes....".




               "Una iglesia que aprueba tales errores es a la vez cismática y herética. Esta Iglesia Conciliar NO es Católica. En la medida en que el Papa, los Obispos, los Sacerdotes o los Fieles pertenezcan a esta nueva iglesia, se separan de la Iglesia Católica..." .

               No, la Iglesia Conciliar no es Católica. El Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad y Cristo no habitan en ella. Tampoco puede haber, como imaginan algunos clérigos y laicos tradicionales, "dos Iglesias Católicas", una siendo la Iglesia Conciliar Modernista y la otra la Iglesia Católica Tradicional.

               El Papa Pío XII, en su Encíclica sobre el Cuerpo Místico de Cristo (Mystici Corporis Christi) del 29 de Junio de 1943, expresó claramente:

                "Por lo tanto, aquellos que están separados unos de otros por la Fe y el Gobierno no pueden estar en un solo Cuerpo y en su único Espíritu Divino".

               El "clero tradicional" y los laicos que reconocen la jerarquía de la Iglesia Conciliar como Católica deben considerar las realidades de su posición: están divididos en Fe y Poder con la Iglesia Conciliar.

               El Cardenal Henry Manning, el gran defensor de la Doctrina de la Infalibilidad y Primacía Papal durante el Concilio Vaticano I (de 1869-1870), expresó bellamente la asistencia y la unidad inseparable del Espíritu Santo con la Iglesia Católica:

               "La unión indisoluble del Espíritu Santo con la Iglesia lleva como consecuencias inmediatas estas dos verdades: primero, que la unidad de la Iglesia es absoluta, cuantitativa e indivisible, como lo es la Unidad de la Naturaleza en Dios y de la Persona en Jesucristo: y segundo, que su Infalibilidad es perpetua".

               San Cipriano enseña: "Unus Deus, unus Christus, una Ecclesia super Petrum Domini voce fundata". (Epístola 43, 5). Esta unidad externa resulta de la interna, es decir, de la Presencia y acción del Espíritu Santo, por el cual el cuerpo es habitado, animado y organizado. Un principio de vida no puede animar dos cuerpos o inspirar dos organizaciones. Una mente y un mismo espíritu mantendrán en perfecta unidad a la multitud de los Fieles a través de todas las edades y en todo el mundo. La unidad de Fe, de Esperanza y Amor -la unidad de un Maestro común- previene todas las divergencias en la Fe y el culto y hace que la unidad de Comunión no sea una ley constitucional o una regla externa de disciplina, sino una necesidad interna y una propiedad inherente y expresión de la unidad interna y sobrenatural del Cuerpo Místico bajo una Cabeza y animado por un Espíritu. Entonces es obvio que la división es imposible.




               Así que, a pesar de la confusión y destrucción provocada por el Concilio Vaticano II, recordemos que la Verdadera Iglesia de Cristo -la Iglesia Católica- es infalible e incorruptible, pues la asistencia perpetua de Cristo y del Espíritu Santo garantiza la pureza e integridad del anuncio de la Fe por los Apóstoles y sus sucesores.

                Que el Espíritu Santo nos ilumine y nos guíe, y que Su Esposa Inmaculada, la Santísima Virgen María, interceda por nosotros en estos momentos tan difíciles.


In Christo Jesu et Maria Immaculata


Monseñor Marco Antonio Pivarunas, Obispo

Superior General de la Congregación 
de María Reina Inmaculada
Omaha, Nebraska



domingo, 20 de noviembre de 2022

LA APOSTASÍA ACTUAL: NADIE OS ENGAÑE DE NINGUNA MANERA, por Monseñor Marco Antonio Pivarunas

 


               Cuando reflexionamos sobre el estado de la sociedad, no solo en nuestro país sino en todo el mundo, nos daremos cuenta de que los problemas que enfrentamos son más morales y espirituales que políticos. El aborto, la pornografía y la inmoralidad generalizada, solo por nombrar algunos pecados, no nos traen la Bendición de Dios. ¡Cuántas personas viven hoy como si Dios no existiera, como si no hubieran Diez Mandamientos, como si el Cielo o el Infierno no existieran!.

               La solución a los problemas del mundo nos la dio Nuestra Señora en Fátima en 1917. La solución proporcionada por Ella no ha perdido su importancia; de hecho, se refiere a nuestra situación más que nunca en el pasado. La Santísima Virgen María declaró solemnemente que había venido a pedir a la humanidad una mejora y que dejara de ofender a Dios, ya tan ofendido. Lamentó la pérdida de almas en el Infierno y exhortó a continuas oraciones y sacrificios por la conversión de los pobres pecadores. En particular, señaló que más almas van al Infierno por pecados de la carne (sexuales) que por cualquier otra razón, y que ciertos comportamientos y modas surgirán en el mundo que ofenderán gravemente a Su Divino Hijo. También advirtió que Rusia esparciría sus errores...

               También sabemos que Nuestra Santa Madre confió a los niños de Fátima un Secreto que iba a ser revelado en 1960 (1). No subestimemos la importancia de este año 1960. La década de 1960 fue un período de cambios radicales no solo en la sociedad sino también, lo que es más importante, en la Iglesia. Con la llegada del Concilio Vaticano II, se promulgaron errores que la Iglesia Católica había condenado previamente en la enseñanza de los Papas en los Concilios Generales. 

               Por nombrar algunos errores del Vaticano II, el falso ecumenismo y el indiferentismo religioso fueron expresamente condenados por el Papa Pío XI en la Encíclica Mortalium Animos. Además de anunciar las enseñanzas condenadas, después del Vaticano II, en 1969, un nuevo Orden de la Misa (que calificó oficialmente la Misa con una definición luterana desde el principio) era una liturgia que no tiene el carácter de una ofrenda por el pecado. Por lo tanto, los Cardenales Ottaviani y Bacci declararon públicamente que el Novus Ordo Missae es una desviación sorprendente de la Misa Católica definida por el Concilio de Trento. 

               Además, muchos Católicos no se dan cuenta de que en 1968 se introdujo un nuevo rito de Consagración Episcopal, en el que la forma misma de la Consagración del Obispo se cambió radicalmente y se reemplazó por una forma completamente ambigua, desprovista de todo lo que realmente debería significar, en palabras del Papa León XIII, cuando anunció que las órdenes anglicanas eran inválidas. Lo que estamos presenciando hoy día no es más que la Gran Apostasía, es decir, la Apostasía predicha por San Pablo en la Segunda Carta a los Tesalonicenses.

               ¡Ahora, más que nunca, debemos escuchar el Mensaje de Nuestra Señora en Fátima! Mejorando la vida, rezando y sacrificándose por los pecadores, rezando diariamente el Santo Rosario y recurriendo a Su Inmaculado Corazón como Refugio en estos tiempos convulsos.

              Esto no significa que los Católicos fieles no deban ser activos a nivel local o nacional para promover el bien común de nuestro país seleccionando a los candidatos que implementarán mejor los principios morales y sociales Católicos en nuestra sociedad. Como enseña San Agustín "Debemos trabajar como si todo dependiera de nosotros y debemos rezar como si todo dependiera de Dios". 



               Sin Dios, no hay nada que podamos hacer; sin embargo, Dios requiere de nuestra cooperación. No olvidemos nunca las palabras de San Pablo Apóstol: "Todo lo puedo en Aquel que me fortalece". Nuestro país (Estados Unidos de América) está dedicado a ella, a la Inmaculada Concepción, por eso roguemos a Nuestra Celestial Patrona que interceda por nosotros en estos tiempos de divisiones y disturbios nacionales.


In Christo Jesu et Maria Immaculata


Monseñor Marco Antonio Pivarunas, Obispo

Superior General de la Congregación 
de María Reina Inmaculada
Omaha, Nebraska



NOTAS ACLARATORIAS:


          1- El "Papa" Juan XXIII pidió el sobre que contenía la Tercera Parte del Secreto de Fátima, pero después de leerlo con la ayuda de un clérigo portugués, lo mandó a guardar y jamás fue revelado. El Secreto había sido confiado a los niños en Julio de 1917; años más tarde, Sor Lucía, la principal vidente, redactó el contenido del Secreto por obediencia a sus Superiores. Posteriormente sería enviado a Roma, al Archivo Vaticano.


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lunes, 10 de octubre de 2022

LA APOSTASÍA ACTUAL: LA CRUCIFIXIÓN DE LA IGLESIA

  

               El reciente Aniversario de la muerte del Papa Pío XII (9 de Octubre de 1958), nos recuerda la terrible devastación que sobrevino a la Iglesia Católica durante la época post-Concilio Vaticano II. Con la introducción de la Nueva Misa (el Novus Ordo Missae), en 1969, la gran mayoría de los Fieles no solo han perdido el concepto de la Misa como Sacrificio propiciatorio (para expiación del pecado), sino también el de la Presencia Real de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía. 




               Con la promulgación de los decretos del Concilio Vaticano II (especialmente Dignitatis Humanae, Nostra Aetate, Unitatis Redintegratio), se han sembrado entre el rebaño de Cristo los perniciosos errores del falso ecumenismo y de la libertad religiosa, tanto que el indiferentismo religioso (la creencia de que una religión es tan buena como otra) ha corrompido la Doctrina Católica de que no hay sino una sola y verdadera religión revelada por Dios, la Fe Católica. Durante las últimas decadas hemos sido testigos de nada menos que la Gran Apostasía de la Iglesia Católica, la cual predijo San Pablo en su segunda epístola a los Tesalonicenses: “No os dejéis seducir de nadie de ninguna manera: porque no vendrá este día sin que primero haya acontecido la apostasía casi general de los fieles, y apareció el hombre del pecado, el hijo de la perdición, el cual se opondrá a Dios, y se alzará contra todo lo que se dice Dios, o se adora, hasta llegar a poner su asiento en el Templo de Dios, dando a entender que es Dios” (II Tes. cap.2, vers. 3-4).

               Más adelante, en esta misma epístola, encontramos un aspecto muy importante en lo concerniente a la Apostasía. San Pablo alude al Misterio de Iniquidad, obra en su tiempo y a quien lo detiene:

              “El hecho es que ya va obrando el misterio de iniquidad: entretanto el que está firme ahora, se mantenga, hasta que sea quitado de en medio. Y entonces se dejará ver aquel perverso” (II Tes. cap. 2, vers.7-8).

               ¿Quién es éste que, en tiempos de San Pablo, detiene el Misterio de Iniquidad? ¿Quién es éste que continúa deteniéndolo hasta que sea quitado?

               Encontramos la respuesta en la oración del Papa León XIII a San Miguel Arcángel (Motu Proprio, 25 de Septiembre, 1888), en la cual examinará proféticamente del máximo objetivo del Diablo:

               "Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más querido. Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la abominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey"

               Por siglos, el Papado, la roca sobre la cual fundó Cristo Su Iglesia, ha detenido el Misterio de Iniquidad. El Papa, Vicario de Jesucristo, posee la Autoridad suprema para enseñar, gobernar y santificar. ¿Qué otro plan más efectivo pudo haber concebido Satanás para destruir la Iglesia Católica que hacer que sus cómplices humanos se infiltraran en las posiciones más altas de la Iglesia?

               Para mayor confirmación, únicamente necesitamos leer “Las Instrucciones Permanentes de la Alta Vendita” en la que los francmasones italianos esbozan su búsqueda de destruir la Iglesia Católica por medio de la infiltración en el oficio del Papado. Los siguientes extractos son del libro, La Francmasonería del Gran Oriente Desenmascarada, por Mons. George F. Dillon, DD (octubre 1884), el cual, en su versión italiana, se imprimió con la aprobación ya costa del Papa León XIII:

               “El Papado ha ejercido, en todos tiempos, una acción decisiva en los asuntos de Italia. Por las manos, las voces, las plumas, los corazones de sus innumerables obispos, sacerdotes, monjes, monjas y gente de todas las latitudes, el Papado encuentra devoción sin fin, lista para el martirio, y eso al entusiasmo. Esto es una influencia inmensa que sólo los Papas han sido capaces de apreciar al máximo, y de momento sólo la han usado hasta cierto punto. Hoy no hay duda de reconstituir para nosotros ese poder, cuyo prestigio se ha debilitado por el momento. Nuestra meta final es aquella de Voltaire y de la Revolución Francesa: la destrucción permanente del Catolicismo y hasta de la idea Cristiana, la cual, si se le deja permanecer sobre las ruinas de Roma, será después la resurrección del Cristianismo.

               Ahora, entonces, a fin de asegurarnos un Papa en la manera requerida, es necesario modelar para ese Papa una generación merecedora del reino que nosotros soñamos. Dejar por un lado a la vejez y la madurez, e ir por la juventud, y, si fuere posible, hasta por la infancia.

               En unos años el joven clero habrá, por la fuerza de los eventos, invadido todas las funciones. Ellos gobernarán, administrarán y juzgarán. Ellos formarán el concilio del Soberano. Ellos serán llamados para elegir al Pontífice, y éste, como la gran parte de sus contemporáneos, no obstante estará imbuido con los principios italianos y humanitarios que estamos por poner en circulación.

               Buscad al Papa que nos retratamos. ¿Qué estableceréis el reino de los escogidos sobre el trono de la prostituta de Babilonia? Dejad que el clero marche bajo vuestra bandera, siempre en la creencia de que marchan bajo la bandera de las Llaves Apostólicas. ¿Deseáis causar la desaparición del último vestigio de la tiranía y la opresión? Arrojad las redes como Simón hijo de Jonás. Pero no hacia las profundidades del mar, sino arrojadlas a las profundidades de las sacristías, los seminarios, y los conventos, y, si no os precipitáis en nada, ganaréis una carga de pescados más milagrosa que la de él. Habréis pescado una Revolución con Tiara y capa pluvial, marchando con Cruz y estandarte, una Revolución que sólo necesita un pequeño piquete para incendiar las cuatro esquinas del mundo.”

               ¿Es acaso de extrañarse que los principios francmasónicos de libertad religiosa e indiferentismo religioso se hayan convertido en los principios de la "Iglesia del Concilio"? ¡¿Deberíamos acaso admirarnos porque Juan Pablo II haya llamado a todas las religiones para reunirse en Asís, Italia, y orar a sus falsos dioses por la paz mundial?! ¿Cuántos actos más de ecumenismo tienen que ocurrir para que los ojos de la gran mayoría de los que se llaman Católicos terminen con su ceguera?

               Esta terrible realidad que ha sobrevenido a la Iglesia Católica, y que ha ocasionado la Gran Apostasía, parece ser parte del Secreto dado por la Bienaventurada Virgen María a Melania y Maximino, en La Salette, Francia. 

               Esta terrible realidad también parece formar parte de los contenidos del Tercer Secreto de Nuestra Señora de Fátima, el cual debió haber sido revelado en el año 1960, pero fue convenientemente suprimido por Juan XXIII, quien también convocó el Segundo Concilio Vaticano, iniciando las primeras alteraciones en el Santo Sacrificio de la Misa.

               Cuando consideramos las desastrosas consecuencias que han afligido a la Iglesia Católica durante los últimos años desde la muerte del Papa Pío XII, no hay mejores palabras para describir esta farsa que las de ingenio diabólico.

               ¿Quién más que Satanás pudo haber tramado y organizado tan astutamente el plan maestro de devastar la Iglesia de Cristo?

               ¿Quién más que Satanás pudo haber ingeniado tan engañoso el Santo Sacrificio de la Misa con un memorial luterano contemporáneo de la última Cena? Comentando sobre la Nueva Misa, el Novus Ordo Missae, el Cardenal Ottaviani y el Cardenal Bacci escribieron el 25 de Septiembre de 1969:

               “A pesar de su brevedad, el estudio muestra muy claramente que el Novus Ordo Missae representa, en sus detalles y como un todo, un alejamiento sorprendente de la Teología Católica de la Misa, tal como fue formulada en la sesión XXII del Concilio de Trento.”

               ¿Quién más que Satanás pudo haber conocido tan bien la naturaleza humana como para llevar a la gran mayoría de los Católicos a una iglesia falsa y ecuménica que tiene relaciones ilícitas con todas las demás religiones falsas del mundo?

               ¿Quién más que Satanás, bajo la apariencia de caridad, pudo haber engañado al Rebaño de Cristo con las perniciosas doctrinas de la libertad religiosa, el falso ecumenismo, y el indiferentismo religioso?



               Estas falsas enseñanzas fueron especialmente condenadas por el Papa Pío IX en la Encíclica Quanta Cura, el 8 de Diciembre de 1864:

               “Y con esta idea de la gobernación social, absolutamente falsa, no dudan en consagrar aquella opinión errónea, en extremo perniciosa a la Iglesia Católica y a la salud de las almas, llamada por Gregorio XVI, Nuestro Predecesor de reciente memoria, locura; esto es, que la libertad de conciencias y de cultos es un derecho propio de cada hombre, que todo Estado bien constituido debe proclamar y garantizar como ley.”

               El falso ecumenismo fue condenado por el Papa Pío XI en la Encíclica Mortalium Animos, el 6 de Enero de 1928:

               "…pues favoreciendo esta opinión del ecumenismo y animar tales empresas equivale a abandonar la Religión revelada por Dios... Siendo así, es claro que la Sede Apostólica no puede, por ningún motivo, tomar parte en estas asambleas, ni es de manera alguna lícito que los Católicos den su aprobación o apoyo a tales empresas".

               De todo lo que hemos considerado, debería estar bien claro que “el Pastor ha sido derribado y las ovejas se han esparcido,” y que la Iglesia Católica -el Cuerpo Místico de Cristo- está pasando su propia crucifixión como su Divino Esposo, Jesucristo Nuestro Señor. Si perseveramos en estos tiempos difíciles, debemos, con San Juan Evangelista, permanecer cerca de la Santísima Virgen María al pie de la Cruz, y debemos recordar que después de la Crucifixión sigue la Resurrección.


En Christo Jesu et Maria Immaculata,

Monseñor Marco Antonio Pivarunas, CMRI


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