miércoles, 14 de octubre de 2026

EL VIRGINAL DESPOSORIO DE LA VIRGEN MARÍA Y SAN JOSÉ



                    Cuando tenía ya 30 años, llegó el tiempo en el cual Dios había decretado darle como esposa a la Virgen María. Ella tenía 14 años. El Ángel, una noche, mientras dormía, le hizo saber que se preparara para recibir una de las gracias más sublimes del Altísimo, aunque no le comunicó de qué se trataba. Dios le manifestó que la doncella María oraba mucho por él y cómo las oraciones de la misma eran muy gratas y agradables a Dios. Nunca vino a su mente pensamiento alguno de que podría serle dada María como esposa, aunque la misma estuviera ya en la posibilidad de casarse y de que alguien debía tener el privilegio de cuidar de ella. Sin embargo, ya sabía que ella había consagrado a Dios su virginidad como él lo había hecho. 

                    Al llegar el momento en que la santa doncella tenía que casarse, se hizo la convocatoria a todos los que eran de la estirpe de David para que fueran al templo. A quien Dios manifestara Su Voluntad, se la darían por esposa. José también se presentó, pensando que tan bella suerte no le tocaría a él, tanto más que había consagrado a Dios su virginidad. A pesar de esto, se encomendaba mucho a Dios y le pedía su favor y ayuda en este asunto de tanta importancia. 

                    Después de acabar el mes de preparación, José estaba ansioso. Al llegar el día en el que se debía escoger al esposo para la santa doncella María, la noche anterior el Ángel le dijo: "José, a Dios le agradó tu preparación" y le puso en la mano una cándida paloma, diciéndole: "Toma este regalo que Dios te hace. Tú serás el guardián de su pureza. Tenla como muy querida, porque ella es la delicia del Corazón de Dios, es la criatura más amada y agradable que nunca ha existido ni existirá en el mundo". José recibió la blanca paloma en sus manos y todo alegre por la gracia recibida se despertó y se encontró totalmente encendido de amor hacia Dios, pero no podía comprender el significado de ese sueño. 

                    Por la mañana se preparó para ir al templo al concurso con los otros descendientes de la estirpe de David. Se sintió deseoso de poder ver a María, a quien por años había ayudado con sus oraciones y por medio de la cual había obtenido muchas bendiciones. Se reunieron los otros descendientes de David. Cada uno tenía una vara seca y debía orar para que Dios la hiciera florecer a aquel a quien estaba destinado para ser su esposo. La vara de José fue la que floreció y se cubrió de hermosas flores y todos admiraron el prodigio. Por lo cual fue designado a ser su esposo. 

                    A continuación quiso Dios también dar otra señal clara del castísimo desposorio, haciendo que todos vieran una cándida paloma bajar del cielo y posarse sobre la cabeza de José, haciendo que todos quedaran admirados y asegurados de que Dios lo había escogido entre todos como esposo de la santísima doncella. 

                    Se mandó llamar a María de modo que el sacerdote la desposara con José y todos se quedaron para ver. Se presentó María con los ojos fijos en el suelo, cubierta con un admirable y virginal pudor. Cuando José la vio, quedó estático por el asombro y lloró de alegría. Vio José un gran resplandor en el rostro virginal de María y sintió en su corazón la voz de Dios que le decía: "José, fiel siervo Mío, he aquí que te hago el don prometido y te doy por esposa a la más querida criatura que haya sobre la tierra. Te entrego este tesoro de modo que seas su guardián. Esta purísima paloma será tu compañera fiel". 

                    Después el sacerdote los desposó y en el acto del desposorio vieron los santos esposos salir de sus corazones una llama que se juntó, formándose una sola y voló hacia el Cielo. Cuando terminó la función, todos se fueron del Templo, quedando los dos santos esposos orando, arrebatados durante unas horas en éxtasis, donde Dios les reveló altísimos misterios: José fue informado de las grandes virtudes de su purísima esposa y María conoció claramente las virtudes de Su santo esposo y ambos agradecieron a Dios. 

                    Toda esa noche la pasaron en sagradas conversaciones y al amanecer María dijo a José que ella vivía en una pequeña casita en Nazaret y que podía ser apta para ellos. Quedaron de acuerdo en ir al Templo a orar para que Dios les manifestase Su Divina Voluntad. Dios manifestó su voluntad, que consistía en ir a vivir a Nazaret.


Vida de San José
según las revelaciones de Sor María Cecilia Baij,
religiosa a benedictina, mística y escritora



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