miércoles, 31 de julio de 2019

VISITAS AL PATRIARCA SAN JOSÉ: San José, Educador del Niño Jesús




               Siguiendo nuestro esquema de Piedad La Semana del Buen Cristiano, procuremos tener hoy presente de una manera especial, a Nuestro Padre y Señor San José. No dudes ni por un momento que aquél que fue padre adoptivo de Jesús, seguirá siéndolo de alguna manera, ahora en el Paraíso, donde lo amará con más amor si cabe, con que lo amó en esta tierra. ¿Le negará algo su Hijo adoptivo, que tanto le debe por cuidarlo y protegerlo desde el seno de Su Madre?, ¿podrá Nuestro Salvador desoír la súplica de San José si a él nos encomendamos como sus hijos y devotos?


REFLEXIÓN TERCERA:
-San José, Educador del Niño Jesús-



               Tal era la sumisión que el Niño Jesús profesaba a San José, que no daba un paso, no comenzaba una oración, no gustaba bocado, ni descansaba sino conformándose con las órdenes del Santo. Esto lo reveló Dios mismo a Santa Brígida, diciéndole: “Mi Hijo era de tal modo obediente, que cuando José le ordenaba que hiciese algo, al punto ponía manos a la obra.”

               ¡Oh, Santa Patriarca!, yo también quiero dedicarme a vuestro servicio. Mandadme lo que queráis, pues espero obedeceros en todo, buscando solamente la gloria de Dios y mi propia santificación.

               Jaculatoria para repetir a lo largo del día: Haced, San José gloriosísimo, que siempre sirva yo fielmente a Jesús, a María y a Vos.



San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia




San José Patrono de la Iglesia Universal




lunes, 29 de julio de 2019

CALENDARIO CATÓLICO: AGOSTO DE 2019


          La Piedad Católica ha dedicado tradicionalmente el Mes de Agosto a honrar al Inmaculado Corazón de María; justo a la mitad de este período, celebraremos la Asunción Gloriosa de Nuestra Señora a los Cielos en cuerpo y alma, según lo proclama el Dogma del último Pontífice católico. 

          Que no dejemos pasar un sólo día sin entregarnos por completo a la Purísima Virgen mediante el rezo del Santo Rosario y el uso de Su Bendito Escapulario, que es la prenda y señal de nuestra pertenencia a nuestra Santa Madre.  

“Jesús quiere establecer en el mundo
la Devoción a Mi Inmaculado Corazón. 
A quien la abrazare prometo la salvación.
Y estas almas serán queridas por Dios 
como flores puestas por Mí para adornar Su Trono”

(Nuestra Señora a Lucía Dos Santos, Fátima, 13 de Junio de 1917)




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LA SANGRE DE CRISTO, ESPERANZA DEL PURGATORIO




         Termina el Mes que hemos dedicado a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor; la historia de esta Devoción es la misma Historia de la Santa Iglesia Católica, porque Nuestro Señor, con el derramamiento de Su Bendita Sangre, desde la flagelación hasta la inmolación en la Cruz, nos ha redimido de nuestros pecados; en esta necesaria devoción se condensa la Predicación del Evangelio y la administración de los Sacramentos, especialmente en la confesión sacramental, donde místicamente, vuelve a rociarnos con esa Preciosa Sangre para lavarnos de la inmundicia del pecado.

          Esa misma Preciosa Sangre, puede y debe ser ofrecida por todos los católicos a fin de liberar -o al menos aliviar- a nuestras Hermanas retenidas en el Purgatorio. El Poder de la Sangre de Nuestro Señor redime a vivos y difuntos, por eso no dejemos ni un sólo día de rezar por las almas de nuestros ausentes usando para ello la intercesión de la Sangre Preciosísima derramada en el Calvario.

         Los Santos Padres fueron devotísimos de la Preciosa Sangre, como San Juan Crisóstomo en Oriente y San Agustín en Occidente. Entre las Santas, las revelaciones de Santa Gertrudis están llenas de las palabras más dulces y profundas acerca de la Preciosa Sangre.

         La Devoción de la Preciosa Sangre es inseparable del Santo Sacrificio de la Misa, donde Nuestro Señor se hace presente en el Altar con Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinad por medio de las palabras de la Consagración; sería ideal que todo buen católico, en el momento de la elevación del Cáliz, rogase para sí y para los suyos, ser lavados en esta Bendita Sangre; que pidamos al Buen Jesús, que si fuese necesario, también nosotros derramemos nuestra sangre para defender y transmitir la Fe Católica, como han hecho los innumerables Mártires que no dudaron en entregarse como Nuestro Señor lo hizo en la Cruz Redentora.


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domingo, 28 de julio de 2019

DOMINGO VII después de Pentecostés


Evangelio de San Mateo, cap. 7, vers.15-21:

          "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces... Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?.

          Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis. «No todo el que me diga: `Señor, Señor', entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la Voluntad de Mi Padre que está en los Cielos."


jueves, 25 de julio de 2019

SEÑOR SANTIAGO, PATRÓN DE ESPAÑA

   
              Después de la Ascensión de Jesús a los Cielos y de la Venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles en Jerusalén, en el año 30, la “Leyenda Áurea” cuenta que el Apóstol Santiago, hijo de Zebedeo, predicó la palabra evangélica en Judea y en Samaria; y que, posteriormente, vino a predicarla a la Hispania Romana haciendo nueve discípulos, regresando posteriormente  a Jerusalén y dejando aquí a dos discípulos para seguir evangelizando a los hispanos. 

               “después del Tabernáculo, donde Nuestro Señor Jesucristo se halla verdaderamente presente, aunque invisible, después de Palestina que conserva con el Santo Sepulcro los restos de su estancia en la tierra, después de Roma que conserva las tumbas de los gloriosos Apóstoles, Pedro y Pablo, quizá no haya otro lugar en donde se haya congregado a lo largo de los siglos un número de devotos tan grande como la capital histórica de Galicia, Santiago de Compostela, lugar, en que de acuerdo con la tradición antigua, yacen las reliquias del apóstol Santiago”
Papa Pío XII, 24 de Julio de 1940






          En torno al viaje a España del Apóstol Santiago, el Mayor, hay varias tradiciones orales y leyendas. Una de estas, la más común, afirma que desembarcó en la Bética Romana, siguió caminando por la Vía Romana que unía la Itálica con Mérida, continúa a Coimbra y Braga y llega a Iria-Flavia, Padrón, en Galicia.


          Ordena obispos en Braga, Lugo y Astorga, continúa por la vía romana hacia Zaragoza, en cuya ciudad se le aparece la Virgen Maria, en carne mortal, sobre un pilar a orillas del río Ebro para fortalecerle y animarle en la fe cristiana ante los problemas y dificultades que sufría. Le encarga construir allí un templo en el cual se depositase su imagen. Santiago levanta allí una pequeña capilla con el nombre de Nuestra Señora del Pilar colocando su imagen sobre un pilar. Antes de regresar a Jerusalén, nombra obispo de esta ciudad a su discípulo Atanasio y ordena presbítero a Teodoro.

          Regresa a Jerusalén. En el año 44, las autoridades judías desatan una violenta persecución contra la naciente Iglesia Cristiana, durante la cual muere el apóstol Santiago cortándole la cabeza con una espada. Sus discípulos recogen su cadáver y lo embarcan con dirección a la Hispania Romana. La nave desembarca misteriosamente en la costa marítima gallega, donde, entonces, reinaba la reina Lupa.

          Informada de ello, la reina manda depositen su cadáver en un carro tirado por una junta de bueyes. Misteriosamente lo llevan a su palacio situado en el monte, llamado Pico Sacro, donde al verlo, se convierte y bautiza. Ordena que su cuerpo sea enterrado donde los bueyes se paren y no puedan tirar más del carro. Cansados se paran definitivamente en el lugar donde actualmente se halla la catedral compostelana. Los nativos excavan una tumba, y allí entierran su cadáver.

          A principios del siglo IX, en el año 813, un ermitaño llamado Pelayo vio durante una noche a una estrella que brillaba grandemente sobre una colina rocosa próxima al río Sar. Se lo cuenta a los demás ermitaños y pastores que perciben lo mismo. Se aproximan y oyen una música lejana misteriosa como de ángeles. Se lo comunican a Teodoro, obispo de Iria-Flavia, quien les manifiesta que allí está la mano de Dios.

          Visitan dicho lugar, desbrozan la maleza y encuentran una pequeña tumba, donde hallan tres cadáveres que atribuyen al apóstol Santiago y a sus dos discípulos, Teodoro y Atanasio. Llaman a este lugar “Campus Stellae”, (Campo de la Estrella, o Compostela). Comunican dicho hallazgo al rey Alfonso II, el Casto, quien desde Oviedo se traslada a al mismo. El rey manda levantar un pequeño templo de piedra y barro en su honor y un pequeño monasterio de monjes.



Arca de plata que custodia los venerables restos del Apóstol de España, en la Catedral de Santiago


          El hallazgo de las reliquias del apóstol Santiago produjo una enorme alegría y una gran esperanza en toda Cristiandad infundiendo una gran fuerza y poder a los cristianos contra la invasión islámica. El rey Alfonso II, el Casto, comunica dicha noticia al papa León III y al emperador Carlomagno. Monjes y laicos cristianos vienen a ver su tumba para implorarle protección, amparo y vida. Ello lugar al nacimiento de las peregrinaciones a Compostela y a la figura del peregrino.

          Dante, autor de “la Divina Comedia”, en su obra “La Vita Nova”, distingue peregrinos, romeros y palmeros. Llama peregrinos a los que hacen el Camino de Santiago, cuando escribe: “no se entiende por peregrino sino el que va hacia la casa de Santiago o el que vuelve a ella”. La palabra, peregrino es, pues, originaria y propia del Camino de Santiago.

          El primer milagro atribuido al apóstol Santiago tuvo lugar, en el año 845, en la famosa batalla de Clavijo, cerca de Nájera. El rey Ramiro I del Reino Hispano Astur, después de consultar con sus asesores, niega el tributo anual de las “cien doncellas”al califa de Córdoba, Abderamán II, que se lo había reclamado, en virtud de lo pactado con su antecesor el rey Mauregato. Ello ocasiona una lucha entre las fuerzas cristianas e islámicas.

          El primer día de combate, las fuerzas cristianas pierden la batalla. De noche, el rey Ramiro I sueña que el apóstol Santiago le promete la victoria. Al día siguiente, de muy de mañana, confiado en su palabra, ataca con todas sus fuerzas cristianas a los musulmanes. De repente aparece Santiago, montado en un caballo blanco, llevando una bandera blanca en una mano y una espada centelleante en la otra y combatiendo a los musulmanes a los que derrotan habiendo centenares de muertos y heridos. En recuerdo de esta gesta épica, los reyes de la Reconquista Española establecen el “voto de Santiago” en agradecimiento por esta victoria, que tanto fortalecerá y animará a las tropas cristianas frente a las musulmanas.




HIMNO AL APÓSTOL SANTIAGO

Santo Adalid, patrón de las Españas, amigo del Señor:
defiende a tus discípulos queridos, protege a tu Nación.

Las armas victoriosas del cristiano venimos a templar
en el sagrado y encendido fuego de tu devoto altar.

Firme y segura como aquella columna 
que te entregó la Madre de Jesús;
será en España la Santa Fe Cristiana,
bien celestial que nos legaste tú.

¡Gloria a Santiago, Patrón insigne!
Gratos tus hijos hoy te bendicen.
A tus plantas postrados te ofrecemos
la prenda más cordial de nuestro amor.
Defiende a tus discípulos queridos, protege a tu Nación.



miércoles, 24 de julio de 2019

VISITAS AL PATRIARCA SAN JOSÉ: San José, Ayuda de María




               Siguiendo nuestro esquema de Piedad La Semana del Buen Cristiano, procuremos tener hoy presente de una manera especial, a Nuestro Padre y Señor San José. No dudes ni por un momento que aquél que fue padre adoptivo de Jesús, seguirá siéndolo de alguna manera, ahora en el Paraíso, donde lo amará con más amor si cabe, con que lo amó en esta tierra. ¿Le negará algo su Hijo adoptivo, que tanto le debe por cuidarlo y protegerlo desde el seno de Su Madre?, ¿podrá Nuestro Salvador desoír la súplica de San José si a él nos encomendamos como sus hijos y devotos?


REFLEXIÓN SEGUNDA:
-San José, Ayuda de María-


               "No sé –decía Santa Teresa- cómo se puede pensar en la Reina de los Ángeles, en los años que pasó con el Niño Jesús, sin dar gracias a San José por lo bien que les ayudó en ellos." Sí, porque el Santo Patriarca estuvo siempre al lado de María para asistirla y ayudarla en todas sus necesidades, así en Nazaret, como en todas partes.

               ¡Oh, Bienaventurado San José!: por aquel mutuo amor que siempre reinó entre Vos y vuestra Santísima Esposa María, alcanzadme la gracia de servirla fielmente; de honrarla y amarla con todas mis fuerzas; amadla Vos, bendecidla y glorificadla por mí, a fin de que por vuestro medio se le tribute el culto que se le debe y yo no puedo dignamente darle.


           JACULATORIA para repetir a lo largo del día: Concededme, San José celosísimo, que honre y sirva a Jesús y a María como Vos los servisteis y honrasteis.




San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia




San José Patrono de la Iglesia Universal




martes, 23 de julio de 2019

CON DIOS A SOLAS ( XXVII ) por el Padre Valentín de San José, Carmelita Descalzo


               Conocer a Dios por visión directa de Su esencia, llena de Amor y es la Vida Eterna y la Felicidad Eterna del Cielo, siempre nueva y siempre felicidad y dicha. Nada hay comparable a tener el entendimiento y la voluntad atentos a Dios con toda la alta y noble actividad que pueden desarrollar estas potencias; mirando a Dios, que es el origen de toda verdad y de toda luz y belleza, la fuente de toda alegría, el manantial insondable e inagotable de todo Amor, se embeben estas potencias en luz de amor y delicia; Dios es el Amor de mi alma si yo le miro.

               Dios es mi Padre y me ama como yo no puedo alcanzar a comprender, y me llama  amoroso para que yo, pobrecillo, entre a participar de esa Su Verdad y Belleza infinitas, de esa alegría, de ese Su eterno e insondable Amor.




               Dios y Padre mío, para tan tierna delicadeza me has llamado a vivir Contigo en el recogimiento del convento. Ésta es la propia vida mía de religioso: vivir atento en un conocimiento vivo y en un amor vivo de Dios.

               No me consagré a Dios para vivir un conocimiento filosófico frío aprendido en los libros, como muchos que se llaman filósofos y no conocen a Dios, ni le aman, porque no cumplen Sus Mandamientos de Amor y no pueden comprenderle; les falta el amor.

               Comprender a Dios es amarle, es entregarse y ofrecerse a Su Voluntad; es vivir en Él para Él en el cántico del amor. Entonces está Dios infinito y vivo, viviendo en el alma y dándola su vida. Dios viene al alma y vive en ella por la Fe y el Amor con virtudes.

               Conocer a Dios y conocer a  Jesucristo es lo más alto y más grande, lo más hermoso y regalado. ¿Cómo te conoceré yo, Dios mío, y a Ti, Redentor mío Jesús?. Sólo el mismo Dios me puede dar este conocimiento; pero en cuanto esté de mi parte lo lograré pidiéndoselo al Señor y viviendo en Su Amor, que es Su Luz. Así vivían llenos de gozo, los Santos en su recogimiento silencioso. Allí recibían el conocimiento altísimo de Dios. 

               El santo ama la soledad y ama el retiro y el silencio, porque ama la Luz, porque recibe soberanas noticias de la infinita magnificencia de Dios; como vive viviendo el Amor de Dios, todas las cosas le hablan de Dios y el mismo Dios habla continuamente a su corazón palabras de Cielo.

               Quiero en estos días de recogimiento especial, mirar esas nobilísimas verdades y pedir humilde al Señor me enseñe Él mismo tanta hermosura. El amoroso conocimiento y abrazo de esta hermosura hace, aún en la tierra, la felicidad del alma santa que goza de vivir en la Compañía de Dios. 

               El trato no necesario con las criaturas impide esta amorosa y gozosa comunicación del alma con Dios y la aparta de la vida y de la luz divinas.

               En estos días quiero cerrar los ojos y los oídos de mi cuerpo, para estar atento y abrazado solamente con Dios. Recógete alma mía, dentro de ti misma y sumérgete en la Luz, en la Verdad, en la Belleza Infinita y en el Amor sin límites de Dios. Escóndete en tu Dios, con visión de Fe, y vive la Vida Eterna de Gracia y de Amor. 



lunes, 22 de julio de 2019

SAN TEÓFILO, el Mártir abandonado por los Jesuitas


          En tiempos del Emperador de Oriente Constantino IV (771-797) y de Irene, su madre y regente (780-790), Teófilo era un joven capitán militar, que había crecido en la ciudad de Constantinopla; con el tiempo sería destinado como Pretor al mando de la base bizantina en Chipre. Durante un ataque de la flota árabe contra la isla, Teófilo fue hecho prisionero y llevado ante el califa Harun ar-Rasid, el cual intentó obtener su apostasía del cristianismo.



El deterioro y la poca luz han impedido una imagen de mejor calidad... damos fe que la urna que contiene el corpo santo de San Teófilo está plagada de insectos y telarañas; varios fragmentos de la urna se han desprendido, por suerte para unos pocos devotos que los han conservado.

          El joven comandante lo rechazó y quedó recluso en la cárcel por cuatro años, tiempo que los sarracenos, según su costumbre, esperaban para obtener un rescate por parte de los cristianos. Como Teófilo, fiel a la Doctrina de no participar de ninguna manera en rituales que no fuesen cristianos, fue decapitado en el 790.

          Sus restos mortales, fueron exhumados de las Catacumbas de San Saturnino y Trason, en Roma; en la tumba, encontraron además una ampolla con sangre, muy seguramente del Santo Mártir, ya que esa era la costumbre piadosa: recoger la sangre derramada por la Fe, que luego se colocaba en el interior de un recipiente de perfumes.

          Posteriormente, en 1861, sus martiriales huesos serían colocados en una preciosa estatua de cera y ricamente adornados, al estilo de su condición de Pretor: túnica blanca y capa color sangre. Esta hermosa reliquia sería entregada al jesuita Padre Manuel Gil; desconocemos cómo y cuándo llegaron los restos de San Teófilo a la isla de Gran Canaria, pero lo que sí que nos consta, es el tremendo DETERIORO que a día de hoy, sufre la urna y la estatua misma del Mártir.




          En un intento de ocultar el valiente testimonio de San Teófilo frente a los infieles, los "jesuitas" de nuestros días, amigos de los mahometanos y de todo lo que "no huela a católico", han colocado un trapo que oculta la imagen-relicario, que se va deteriorando por el efecto del abandono y desidia de la Compañía de Jesús y la complicidad silenciosa del Obispado de Canarias. Si les molestan los huesos de los Mártires, si les avergüenza a este clero apóstata tener que "padecer" la herencia de épocas mejores, aquí con mucho gusto, recibiremos las reliquias del Santo Mártir, y no duden, que estarán en mejores condiciones, que no es difícil...



Detalle del brazo derecho de la estatua-relicario de San Teófilo Mártir;
a través de un espacio abierto se puede apreciar parte de los huesos cúbito y radio


          Quiera Dios que algún día, los huesos benditos que han de resucitar, no sean motivo de demanda, sino de gratitud hacia aquellos que denunciamos esta dejación con un corpo santo.



EL ESCAPULARIO, la llave que abre el Purgatorio




           Siguiendo las directrices de “LA SEMANA DEL BUEN CRISTIANO”, tengan especial cuidado hoy quienes visten el Bendito Escapulario del Carmen, ya que pueden aplicar las indulgencias con que la Santa Iglesia ha bendecido dicha prenda, a favor de las Almas del Purgatorio, a fin de que obtengan la remisión de sus penas o al menos, cierto alivio en sus sufrimientos

       “…quienes perseveren en santa pobreza, obediencia y castidad y entren en esta santa Orden y Santa Religión, llevando el signo del santo hábito y llamándose hermanos o hermanas de mi Orden antedicha, serán liberados y absueltos de la tercera parte de sus pecados, desde la hora del día en que ingresen en dicha Orden, prometiendo castidad si es viuda, virginidad si es virgen, y guardando la fidelidad matrimonial si estuviese casada, como manda la Santa Madre Iglesia. 

      Y que los hermanos que profesen en dicha Orden sean absueltos de pena y de culpa. Y el día en que pasen de esta vida presente al Purgatorio, a esta gloria implorada, yo bajaré del cielo como Madre Gloriosa el sábado después de su muerte, y a cuantos de ellos encuentre en el Purgatorio, los libraré y los conduciré al monte de la vida eterna.”

Extracto de la “Bula Sabatina” del Papa Juan XXII


          "Ciertamente, la Piadosa Madre no dejará de hacer que los hijos que expían en el Purgatorio sus culpas, alcancen lo antes posible la Patria Celestial por su intersección, según el llamado Privilegio Sabatino, que la Tradición nos ha trasmitido" con estas palabras:

                 "Yo, su Madre de Gracia, bajaré el Sábado después de su muerte y a cuantos - religiosos, terciarios y cofrades - hallaré en el Purgatorio los liberaré y los llevaré al Monte Santo de Vida Eterna".

(Papa Pío XII, 1950)


          "Permítase a los Padre Carmelitas predicar que el pueblo cristiano puede piadosamente creer que la Bienaventurada Virgen María con sus intercesiones continuas, piadosas sufragios y méritos y especial protección, ayudara después de la muerte, principalmente el sábado, día a ella dedicado, a las almas de sus cofrades que llevaren el habito carmelitano".

(Papa Paulo V 1613)



domingo, 21 de julio de 2019

SÚPLICA A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE (indulgenciada por el Papa Pío VII)


          Oh Sangre Preciosísima de Vida Eterna, precio y rescate de todo el Universo bebida y purificación de nuestras almas, que defiendes continuamente la causa de los hombres ante el Trono de la Suprema Misericordia! Os adoro profundamente, y quisiera desagraviaros, hasta donde me sea posible, de las injurias y ultrajes que recibís continuamente de las criaturas humanas; y especialmente de aquellas que se atreven temerariamente a blasfemar de Vos.



          Y ¿quién no bendecirá esta Sangre de infinito valor? ¿Quién no se sentirá inflamado de amor para con Jesús que la derramó?


          ¿Qué sería de mí si no hubiese sido rescatado por esta Divina Sangre? ¿Quién os sacó hasta la última gota de las venas, mi Señor? ¡Ah! el amor fue ciertamente. ¡Oh Amor inmenso, que nos has dado este bálsamo saludable!

          ¡Oh bálsamo inestimable, emanado de la fuente de un Amor inmenso! ¡oh! haced que todos los corazones y todas las lenguas puedan alabaros, encomiaros y daros gracias ahora y siempre y hasta el día de la Eternidad. Amén.


300 días de indulgencia (Papa Pío VII, 18 de Octubre de 1815) 




sábado, 20 de julio de 2019

NUESTRO PADRE SAN ELÍAS, Místico Fundador del Carmelo





               "Elías, aunque no sea él quien les haya dado una Regla escrita, con todo ha sido el ejemplo y el modelo de la santa vida de los Carmelitas". Así escribió el célebre humanista benedictino, el Abad Juan Tritemio (+1516).

               A esta afirmación de un extraño a la Orden baste añadir un hecho: entre las estatuas de los Fundadores de las Órdenes Religiosas que aparecen en la Basílica de San Pedro en Roma, está también la magnífica e impresionante talla del Profeta San Elías, con la siguiente inscripción, mandada a escribir por el mismo Papa Benedicto XIII en 1725: "Universus Ordo Carmelitarum Fundatori suo Santo Eliae Prophetae erexit 1725. (La Orden entera de los Carmelitas, a su Santo Fundador, San Elías, Profeta, la erigió el año 1725").

              El entonces Procurador General de la Orden, Eliseo Monsignani, lleno de alegría, cursó a los Provinciales esta comunicación: "Ha llegado el tiempo en que, aun cuando los Carmelitas callen, las piedras y los mármoles hablarán y dirán que el profeta Elías es el Padre y Fundador de los Carmelitas".

               El historiador de la primera mitad del siglo XIII, Jaime de Vitry, dice: "A ejemplo e imitación del santo y solitario varón Elías Profeta, muchos anacoretas se retiraron en el Monte Carmelo..."

               En virtud de esta Tradición y de esta historia del patriarcado eliano, los carmelitas deben procurar ajustar su vida a la de él. Fue éste el testamento que según la tradición dejó San Brocardo, Superior General del Carmelo, a los moradores de aquella Santa Montaña antes de expirar: "Ajustad vuestra vida a la vida ejemplar de la Bienaventurada Virgen María y de nuestro Fundador, el Santo Profeta Elías".

               San Elías ha de ser para los Carmelitas el espejo en el que a diario deben mirarse; así lo afirma el Beato Juan Soreth (+1471) en su Exposición de la Regla Carmelita: "Nosotros somos los Hijos de los Profetas, no según la carne, sino por la imitación de sus obras. El Redentor decía a los judíos que se gloriaban de proceder del Patriarca Abrahán: "Haced las obras de Abrahán". Así hoy se debe decir a los carmelitas: "Haced las obras de Elías".



viernes, 19 de julio de 2019

SAN VICENTE DE PAÚL, Fundador, Padre de la Caridad




               Nació San Vicente en el pueblecito de Pouy en Francia, en 1580. Su niñez la pasó en el campo, ayudando a sus padres en el pastoreo de las ovejas. Desde muy pequeño era sumamente generoso en ayudar a los pobres. Sus padres lo enviaron a estudiar con los Padres Franciscanos y luego en la Universidad de Toulouse; con tan sólo 20 años, en 1600 fue ordenado Sacerdote.

                Dice el Santo que al principio de su sacerdocio lo único que le interesaba era hacer una carrera brillante, pero Dios lo purificó con tres sufrimientos muy fuertes.

          1º. El Cautiverio. Viajando por el mar, cayó en manos de unos piratas turcos los cuales lo llevaron como esclavo a Túnez donde estuvo los años 1605, 1606 y 1607 en continuos sufrimientos.

          2º. Logró huir del cautiverio y llegar a Francia, y allí se hospedó en casa de un amigo, pero a este se le perdieron 400 monedas de plata y le echó la culpa a Vicente y por meses estuvo acusándolo de ladrón ante todos los que encontraba. El santo se callaba y solamente respondía: "Dios sabe que yo no fui el que robó ese dinero". A los seis meses apareció el verdadero ladrón y se supo toda la verdad. San Vicente al narrar más tarde este caso a sus discípulos les decía: "Es muy provechoso tener paciencia y saber callar y dejar a Dios que tome nuestra defensa".

          3º. La tercera prueba fue una terrible tentación contra la fe, que aceptó para lograr que Dios librara de esa tentación a un amigo suyo. Esto lo hizo sufrir hasta lo indecible y fue para su alma "la noche oscura". A los 30 años escribe a su madre contándole que amargado por los desengaños humanos piensa pasar el resto de su vida retirado en una humilde ermita. Cae a los pies de un crucifijo, consagra su vida totalmente a la caridad para con los necesitados, y es entonces cuando empieza su verdadera historia gloriosa.

               San Vicente hace voto de dedicar toda su vida a socorrer a los necesitados, y en adelante ya no pensará sino en los pobres. Se pone bajo la dirección espiritual del Padre Berule (futuro Cardenal) sabio y santo, hace Retiros espirituales por bastantes días y se lanza al apostolado que lo va a volver famoso.

              Dice el Santo "Me di cuenta de que yo tenía un temperamento bilioso y amargo y me convencí de que con un modo de ser áspero y duro se hace más mal que bien en el trabajo de las almas. Y entonces me propuse pedir a Dios que me cambiara mi modo agrio de comportarme, en un modo amable y bondadoso y me propuse trabajar día tras día por transformar mi carácter áspero en un modo de ser agradable".

              San Vicente se hace amigo del Ministro de la marina de Francia, y este lo nombra capellán de los marineros y de los prisioneros que trabajan en los barcos. Y allí descubre algo que no había imaginado: la vida horrorosa de los galeotes. En ese tiempo para que los barcos lograran avanzar rápidamente les colocaban en la parte baja unos grandes remos, y allá en los subterráneos de la embarcación (lo cual se llama galera) estaban los pobres prisioneros obligados a mover aquellos pesados remos, en un ambiente sofocante, en medio de la hediondez y con hambre y sed, y azotados continuamente por los capataces, para que no dejaran de remar.

               San Vicente se horrorizó al constatar aquella situación tan horripilante y obtuvo del Ministro, el Señor Gondi, que los galeotes fueran tratados con mayor bondad y con menos crueldad. Y hasta un día, él mismo se puso a remar para reemplazar a un pobre prisionero que estaba rendido de cansancio y de debilidad. Con sus muchos regalos y favores se fue ganando la simpatía de aquellos pobres hombres.

               El Ministro Gondi nombró al Padre Vicente como capellán de las grandes regiones donde tenía sus haciendas. Y allí nuestro Santo descubrió con horror que los campesinos ignoraban totalmente la Religión. Que las pocas confesiones que hacía eran sacrílegas porque callaban casi todo. Y que no tenían quién les instruyera. Se consiguió un grupo de sacerdotes amigos, y empezó a predicar misiones por esos pueblos y veredas y el éxito fue clamoroso. Las gentes acudían por centenares y miles a escuchar los sermones y se confesaban y enmendaban su vida. De ahí le vino la idea de fundar su Comunidad de Padres Vicentinos, que se dedican a instruir y ayudar a las gentes más necesitadas.

               El Santo fundaba en todas partes a donde llegaba, unos grupos de caridad para ayudar e instruir a las gentes más pobres. Pero se dio cuenta de que para dirigir estas obras necesitaba unas religiosas que le ayudaran. Y habiendo encontrado una mujer especialmente bien dotada de cualidades para estas obras de caridad, Santa Luisa de Marillac, con ella fundó a las hermanas Vicentinas, que son ahora la comunidad femenina más numerosa que existe en el mundo. 





              San Vicente poseía una gran cualidad para lograr que la gente rica le diera limosnas para los pobres. Reunía a las señoras más adineradas de París y les hablaba con tanta convicción acerca de la necesidad de ayudar a quienes estaban en la miseria, que ellas daban cuanto dinero encontraban a la mano. La Reina (que se confesaba con él) le dijo un día: "No me queda más dinero para darle", y el Santo le respondió: "¿Y esas joyas que lleva en los dedos y en el cuello y en las orejas?", y ella le regaló también sus joyas, para los pobres. 

              Se dio cuenta de que la causa principal del decaimiento de la religión en Francia era que los sacerdotes no estaban bien formados. Él decía que el mayor regalo que Dios puede hacer a un pueblo es dale un sacerdote santo. Por eso empezó a reunir a quienes se preparaban al sacerdocio, para hacerles cursos especiales, y a los que ya eran sacerdotes, los reunía cada martes para darles conferencias acerca de los deberes del sacerdocio. 

              Siempre vestía muy pobremente, y cuando le querían tributar honores, exclamaba: "Yo soy un pobre pastorcito de ovejas, que dejé el campo para venirme a la ciudad, pero sigo siendo siempre un campesino simplón y ordinario".

              En sus últimos años su salud estaba muy deteriorada, pero no por eso dejaba de inventar y dirigir nuevas y numerosas obras de caridad. Lo que más le conmovía era que la gente no amaba a Dios. Exclamaba: "No es suficiente que yo ame a Dios. Es necesario hacer que mis prójimos lo amen también".

               El 27 de Septiembre de 1660 pasó a la Eternidad a recibir el premio prometido por Dios a quienes se dedican a amar y hacer el bien a los demás. Tenía 80 años. El Papa León XIII proclamó a este sencillo campesino como Patrono de todas las asociaciones católicas de Caridad.




Los venerables restos de San Vicente Paúl; después de la Revolución Francesa, el gobierno dio a los Sacerdotes de la Misión como "Casa Madre", el edificio Nº 95 de la Calle Sevres, en sustitución del antiguo priorato de San Lázaro. Por iniciativa de Pueblo de París, muy vinculado con San Vicente de Paúl, se hizo una suscripción pública  para pagar la urna que el Arzobispo de aquella época encargó al orfebre Odiot y mandó colocar en la capilla, el 25 de Abril de 1830.  El grupo esculpido en la parte superior de la urna representa a San Vicente subiendo al Cielo, acompañado de unos Ángeles que llevan los emblemas de la Fe, Esperanza y Caridad. 


SAN VICENTE DE PAÚL
 "EL AMOR LO PUEDE TODO"

               "Como el Amor es infinitamente inventivo, tras haber subido al patíbulo infame de la Cruz para conquistar las almas y los corazones de aquellos de quienes desea ser amado, por no hablar de otras innumerables estratagemas que utilizó para este efecto durante su estancia entre nosotros, previendo que Su ausencia podía ocasionar algún olvido o enfriamiento en nuestros corazones, quiso salir al paso de este inconveniente instituyendo el augusto Sacramento donde Él se encuentra real y substancialmente como está en el Cielo.

               Más aún, viendo que, rebajándose y anulándose más todavía que lo que había hecho en la Encarnación, podría hacerse de algún modo más semejante a nosotros, o al menos hacernos más semejantes a Él, hizo que ese venerable Sacramento nos sirviera de alimento y de bebida, pretendiendo por este medio que en cada uno de los hombres se hiciera espiritualmente la misma unión y semejanza que se obtiene entre la naturaleza y la sustancia. Como el Amor lo puede y lo quiere todo, Él lo quiso así; y por miedo a que los hombres, por no entender bien este inaudito Misterio y estratagema amorosa, fueran negligentes en acercarse a este sacramento, los obligó a él con la pena de incurrir en su desgracia eterna: Nisi manducaveritis carnem Filii hominis, non habebitis vitam" (Si no comiereis mi carne no tendréis vida eterna) (Evangelio de San Juan, cap. 6, vers. 54)




jueves, 18 de julio de 2019

SAN CAMILO DE LELIS, el amor por los enfermos


               Camilo de Lelis nació en 1550, en una localidad de los Abruzos llamada Bucchianico. Su madre era ya sexagenaria cuando tuvo al hijo. A los diecisiete años de edad, Camilo, que era un coloso de 1.90 m de estatura, se enroló con su padre en el ejército veneciano para luchar contra los turcos, pero pronto contrajo una dolorosa enfermedad en la pierna, que había de hacerle sufrir toda su vida. En 1571 ingresó, como paciente y criado, en el Hospital de incurables de San Giacomo, en Roma. Nueve meses después fue despedido a causa de su temperamento revoltoso, y volvió al servicio activo en la guerra contra los turcos. En su vida posterior, Camilo decía que había sido un gran pecador; en realidad el peor de sus vicios era el del juego, que le ponía con frecuencia en situaciones difíciles. En el caso de que Camilo haya caído en la cuenta de las consecuencias de su pasión dominante, no por ello cambió de vida y, en 1574, apostó en las calles de Nápoles sus ahorros, sus armas, todo lo que poseía y perdió hasta la camisa que llevaba puesta.




               Obligado por la miseria y recordando un voto hecho mucho tiempo atrás de ingresar en la Orden de San Francisco, entró a trabajar en la construcción de un convento capuchino en Manfredonia. La conmovedora exhortación que hizo a los obreros el Guardián del convento, completó la conversión de Camilo. Mientras reflexionaba sobre las palabras del sacerdote, el futuro Santo cayó de rodillas, pidió perdón de sus pecados con muchas lágrimas y se encomendó a la Misericordia de Dios. La conversión tuvo lugar en 1575, cuando Camilo tenía veinticinco años y, en ese mismo instante empezó su carrera de penitencia. Camilo ingresó, poco después, en el Noviciado de los Capuchinos, pero la enfermedad de la pierna le impidió hacer la profesión. Entonces volvió al Hospital de San Giacomo, donde se consagró al cuidado de los enfermos. Los administradores, viendo su caridad y habilidad, le nombraron, al cabo de algún tiempo, superintendente del Hospital.

               Es difícil imaginar actualmente las condiciones espirituales y materiales de los hospitales de la época, pues con frecuencia había que emplear como enfermeros a la peor gentuza. Ante la negligencia y falta de escrúpulos de los enfermeros, Camilo concibió el proyecto de fundar una asociación de personas deseosas de consagrarse, por caridad, al cuidado de los enfermos. Pronto encontró a algunos compañeros dispuestos a seguirle en ese camino; pero su proyecto se estrelló, al principio, contra las envidias y sospechas que provocan todas las grandes obras. Para poder ayudar más a los enfermos, desde el punto de vista espiritual, Camilo, después de consultar a su confesor, San Felipe Neri, decidió recibir las Órdenes Sagradas; en efecto, poco después recibió el Sacerdocio de manos del Vicario de Roma, Tomás Goldwell, Obispo de Saint Asaph, que estaba desterrado de su diócesis inglesa. Un Caballero romano llamado Fermo Calvi le asignó una renta el día de su ordenación.

              San Camilo decidió entonces independizarse del Hospital de San Giacomo y empezar la tarea por su cuenta, contra la opinión de San Felipe Neri. Con otros dos compañeros, dio principio a la nueva congregación. Los tres amigos, que observaban una regla común, iban todos los días al gran hospital del Espíritu Santo, donde asistían a los enfermos con tanto cariño y cuidado, que parecía que estaban curando las heridas del mismo Jesucristo. Visitaban a todos los pacientes, los servían con una caridad inmensa y, con sus exhortaciones, los preparaban para recibir los Sacramentos y aceptar con resignación la muerte. 

               El Fundador tuvo que enfrentarse con adversarios muy poderosos y grandes dificultades. Pero su confianza en Dios le sacó adelante. En 1585, alquiló una casa y el éxito le movió a extender sus actividades. Así pues, prescribió que los miembros de la Congregación hicieran un voto de atender a los prisioneros, a los enfermos infecciosos y a los enfermos graves de las casas particulares. En 1595 y en 1601, envió a algunos de sus religiosos con las tropas que iban a Hungría y Croacia. Tal fue el comienzo de los enfermeros de guerra. No pretendemos disminuir la gloria de Enrique Dunant, el fundador de la asociación de la Cruz Roja Internacional, pero sería injusto olvidar a los que, antes que él, se ocuparon de los heridos en el campo de batalla, como San Camilo de Lelis y Florencia Nightingale.

                En 1588, San Camilo fundó una nueva casa en Nápoles, a petición de las autoridades de la ciudad. Como se había prohibido que entrasen en el puerto unos navíos en los que había algunos apestados, los Siervos de los Enfermos (como se llamaba a los compañeros de San Camilo) subieron a asistirlos a bordo. En la empresa perecieron dos de los compañeros del santo, los primeros «Mártires» del nuevo instituto. San Camilo tuvo ocasión de mostrar también su heroica caridad, durante una epidemia de peste que causó gran mortandad en Roma y durante una época de carestía que asoló a la misma ciudad. En 1591, el Papa Gregorio XIV elevó la Congregación de san Camilo a la categoría de Orden Religiosa. 



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               Como indicábamos al principio, San Camilo de Lelis estuvo enfermo toda su vida: durante cuarenta y seis años padeció el mal de su pierna que, además, tuvo fracturada desde los treinta y seis años y también tenía dos llagas muy dolorosas en la planta del pie. Desde mucho antes de morir, padeció de náuseas y apenas podía comer. Sin embargo, en vez de permitir que sus hermanos le cuidasen, los enviaba a asistir a los otros enfermos. Cuando sus propias enfermedades le impedían caminar, encontraba manera de arrastrarse, noche y día, por los hospitales para ver si los enfermos necesitaban alguna cosa. Entre los males que se evitaron gracias al celo de San Camilo, se cuenta el remedio a los trágicos descuidos de enterrar a los moribundos sin cerciorarse de que estuviesen muertos. Ordenó el Santo a sus religiosos que continuasen las oraciones de los agonizantes por lo menos un cuarto de hora después de la muerte aparente y que no tolerasen que se cubriese demasiado pronto el rostro de los muertos. San Camilo fundó quince casas religiosas y ocho hospitales. Dios premió su celo y caridad con los dones de profecía y milagros y le concedió innumerables gracias extraordinarias.

               En 1607 San Camilo renunció a la dirección de su Orden. Sin embargo, asistió al Capítulo General que tuvo lugar en Roma, en 1613 y acompañó después al Superior General en la visita de las casas del Instituto para despedirse de sus Hermanos con una última exhortación. Recibió el Santo Viático de manos del Cardenal Ginnasi. Después de la extremaunción, dirigió unas conmovedoras palabras a los presentes y expiró el 14 de Julio de 1614, a los sesenta y cuatro años de edad. Fue canonizado en 1746. El Papa León XIII le proclamó Patrono de los Enfermos junto con San Juan de Dios, y Pío XI le nombró Patrono de los Enfermeros y de sus Asociaciones.

          Tomado de "Vidas de los Santos", P. Herbert Thurston, SI