miércoles, 23 de septiembre de 2026

SAN JOSÉ, CONSUELO DE LOS MORIBUNDOS

 


                    Algo muy especial en su vida desde pequeño fue el amor que tenía hacia los enfermos y moribundos. Sabiendo lo compasivo que era, muchos acudían a él para que visitara a los enfermos graves, sobre todo si estaban ya en trance de morir. Una vez el Ángel le manifestó en sueños el gran peligro en el que estaban los moribundos y la necesidad que tenían de ser ayudados en sus últimos momentos. De hecho, los moribundos sentían gran consuelo cuando José los visitaba y oraba por ellos. Los demonios quedaban debilitados por sus oraciones y Dios le dio la gracia de que todos aquellos que en su muerte tuvieran la presencia de José no perecieran en el Infierno, sino que fueran al Limbo de los Justos o seno de Abraham, aunque tuvieran que pasar por el Purgatorio. 

                    A veces, era avisado por su Ángel sobre la necesidad que tenía algún moribundo de sus oraciones y él se despertaba y enseguida se ponía a orar. Alguna vez también el Ángel le manifestó que eran muchos los que perecían eternamente, lo que entristeció mucho a José y le hacía orar más por los enfermos graves y moribundos que conocía. 

                    En algunas ocasiones Dios le privaba de los avisos del Ángel para probarlo y fortalecer su fe y él se sentía triste, pensando que el Ángel lo había abandonado por sus pecados. Pero Dios lo iba poco a poco fortaleciendo en la Paciencia y el Amor a Dios, preparándolo para los problemas que debía soportar en la vida futura. Cuando el Ángel volvió a presentársele en sueños, le anunció que su fidelidad le había agradado mucho a Dios.

                    El día que nació la Virgen María, destinada a ser su esposa y la madre de Jesús, el Ángel le habló y le dijo que agradeciera a Dios por un beneficio singular que había hecho al mundo entero y a él en especial. No le dijo a qué se refería, pero se puso a orar, agradeciendo a Dios por ese beneficio que había hecho al mundo. 

                    Su madre se enfermó gravemente y él la cuidaba, y consolaba a su padre. Al día siguiente de la muerte de su madre, el ángel le avisó que ya estaba en el limbo de los justos. Al poco tiempo, se enfermó también su padre. Él lo cuidó hasta el último momento con amor de hijo y oró por él, ofreciéndose a sufrir en reparación de las ofensas que su padre debiera pagar por sus pecados, hasta que sintió que ya estaba libre en el seno de Abraham. Una vez muertos sus padres, quedó solo y le dijo a Dios que él fuera su padre y su madre, ofreciéndose a cumplir en todo Su Santa Voluntad. 

                    Tuvo que sufrir mucho de los servidores de su casa, pues le tomaban las cosas sin permiso. Incluso aquellos que habían sido beneficiados por él, lo insultaban. Muchos de sus bienes se los quitaron sus propios parientes. Su Ángel le avisó una noche que era Voluntad de Dios que vendiera lo que le quedaba y lo diera a los pobres y parte al Templo de Jerusalén. Y así lo hizo, pero sus mismos parientes lo maltrataron, como si hubiera sido un derrochador de los bienes que les pertenecían a ellos en primer lugar. Por todo ello el Ángel le avisó que debía dejar Nazaret e irse a vivir a Jerusalén.


Vida de San José
según las revelaciones de Sor María Cecilia Baij,
religiosa a benedictina, mística y escritora



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.