en las revelaciones de la mística Sor María de Jesús de Ágreda
Salió San Miguel con el grito y blasón de las armas: ¿Quién como Dios? Y con este celo de la honra divina y defensa de la Majestad suprema, se levantó entre los ángeles buenos una fidelidad y rendimiento sin igual a Dios, reconociendo su gloria, potencia y majestad sobre todas las cosas.
Destinó la Divina Providencia al Santo Arcángel San Miguel para que fuese el Príncipe, Custodio y Defensor especial de la Santísima María, desde el punto de su Inmaculada Concepción hasta el fin de su vida terrena; y para que en los misterios de la Encarnación y Redención tuviese el Arcángel singular participación y ministerio en la tierra
Habiendo manifestado el Señor lo que está dicho a los buenos y malos ángeles, el Santo Príncipe Miguel y sus compañeros por el divino permiso pelearon con el Demonio y sus secuaces. Fue esta batalla maravillosa y grande, porque pelearon con el entendimiento y la voluntad.
San Miguel, inflamado de celo de la Gloria y Honra divina y armado de Divina Virtud y Poder, conociendo que Dios disponía la batalla, levantó el estandarte de la Fe y Verdad de la Divina Palabra, diciendo con alta voz a los demás Ángeles: "Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los ejércitos, los Cielos y la tierra están llenos de Su Gloria. ¿Quién como Dios?, ¿quién como el Altísimo que habita en los Cielos?".
Y con este clamor y voz devota y levantada, dio principio el Santo Príncipe a la batalla contra la soberbia y fiereza del Demonio...
Sucedió en el Cielo esta gran batalla que dice San Juan en el capítulo doce del Apocalipsis: Miguel y sus Ángeles peleaban con el dragón, y el dragón y sus ángeles peleaban; y no prevalecieron, ni fue hallado más su lugar en el Cielo.
Y el Santo Príncipe Miguel, por el valor con que peleó y por haber sido el primero que clamó por la Honra y Gloria del Altísimo y con tanta eficacia reprendió la soberbia de Lucifer, fue constituido y nombrado por Dios Príncipe de todas las Milicias Celestiales y Superior y Cabeza de los Ejércitos Angélicos.
Alégrese singularmente San Miguel, Príncipe de la Milicia Celestial, porque defendió en batalla la Gloria del Altísimo y de Sus obras; pues antes que se encarnase el Verbo Divino y se criase Su Madre Santísima, fue por el Santo Arcángel y sus consortes alabada la Humanidad Santísima y el Misterio de la Encarnación y Redención.
Extraído de su obra "Mística Ciudad de Dios"



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