martes, 29 de septiembre de 2026

GLORIOSO ARCÁNGEL SAN MIGUEL, Príncipe de la Milicia Celestial


Debemos invocar a menudo a este 
gran Príncipe de la Milicia Celestial 
para que nos asista en los combates 
que la carne y el Demonio sostienen 
continuamente contra nuestro espíritu...  

San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia




                    Cuatro son los oficios o ministerios principales que las Divinas Escrituras y la tradición de los Santos Padres atribuyen al Glorioso Arcángel San Miguel:

                    Primero, ser el victorioso adalid contra el Demonio y los ángeles rebeldes, habiéndolos arrojado del Cielo a las profundidades del Infierno.

                    Segundo, ser el Guardián e introductor de las Almas al Paraíso, asistiendo de manera especialísima a los moribundos para defenderlos en su último trance de las asechanzas del Enemigo.

                    Tercero, ser el Protector de la Iglesia y del Pueblo Cristiano, ofreciendo las oraciones y méritos de los Fieles ante el Trono de la Majestad Divina.

                    Cuarto, ser el pesador de las Almas en el Juicio Divino, presentando ante la Justicia de Dios las buenas y malas obras de cada hombre.

                    San Miguel es el más excelso de todos los espíritus bienaventurados que lucharon por la Honra de Dios. Cuando Lucifer pretendía en su soberbia hacerse semejante al Altísimo, Miguel se levantó con un celo ardiente pronunciando aquellas célebres palabras: “¿Quién como Dios?”.

                    Por este grito de humildad y fidelidad, Dios lo constituyó Príncipe de toda la Milicia Celestial, otorgándole el poder de hollar y someter a todas las potestades infernales...

San Bernardino de Siena
"Excellentia Sanctorum Angelorum", Sermón IV



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SAN MIGUEL ARCÁNGEL
en las revelaciones de la mística Sor María de Jesús de Ágreda

                    Salió San Miguel con el grito y blasón de las armas: ¿Quién como Dios? Y con este celo de la honra divina y defensa de la Majestad suprema, se levantó entre los ángeles buenos una fidelidad y rendimiento sin igual a Dios, reconociendo su gloria, potencia y majestad sobre todas las cosas.

                    Destinó la Divina Providencia al Santo Arcángel San Miguel para que fuese el Príncipe, Custodio y Defensor especial de la Santísima María, desde el punto de su Inmaculada Concepción hasta el fin de su vida terrena; y para que en los misterios de la Encarnación y Redención tuviese el Arcángel singular participación y ministerio en la tierra

                    Habiendo manifestado el Señor lo que está dicho a los buenos y malos ángeles, el Santo Príncipe Miguel y sus compañeros por el divino permiso pelearon con el Demonio y sus secuaces. Fue esta batalla maravillosa y grande, porque pelearon con el entendimiento y la voluntad.

                    San Miguel, inflamado de celo de la Gloria y Honra divina y armado de Divina Virtud y Poder, conociendo que Dios disponía la batalla, levantó el estandarte de la Fe y Verdad de la Divina Palabra, diciendo con alta voz a los demás Ángeles: "Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los ejércitos, los Cielos y la tierra están llenos de Su Gloria. ¿Quién como Dios?, ¿quién como el Altísimo que habita en los Cielos?".

                    Y con este clamor y voz devota y levantada, dio principio el Santo Príncipe a la batalla contra la soberbia y fiereza del Demonio...

                    Sucedió en el Cielo esta gran batalla que dice San Juan en el capítulo doce del Apocalipsis: Miguel y sus Ángeles peleaban con el dragón, y el dragón y sus ángeles peleaban; y no prevalecieron, ni fue hallado más su lugar en el Cielo.

                    Y el Santo Príncipe Miguel, por el valor con que peleó y por haber sido el primero que clamó por la Honra y Gloria del Altísimo y con tanta eficacia reprendió la soberbia de Lucifer, fue constituido y nombrado por Dios Príncipe de todas las Milicias Celestiales y Superior y Cabeza de los Ejércitos Angélicos.

                    Alégrese singularmente San Miguel, Príncipe de la Milicia Celestial, porque defendió en batalla la Gloria del Altísimo y de Sus obras; pues antes que se encarnase el Verbo Divino y se criase Su Madre Santísima, fue por el Santo Arcángel y sus consortes alabada la Humanidad Santísima y el Misterio de la Encarnación y Redención.

Venerable Sor María de Jesús de Ágreda, 
Extraído de su obra "Mística Ciudad de Dios" 


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