miércoles, 9 de septiembre de 2026

EL CANDOR DE SAN JOSÉ NUNCA SUFRIÓ DAÑO ALGUNO

 


                    Nuestro José ya había llegado a la edad de siete años en este estilo de vida que hemos mencionado, habiendo conservado sin mancha su candor y su inocencia de tal modo que no solamente, no dio nunca un mínima disgusto a sus padres, sino que nunca hizo acción alguna que no fuera de sumo agrado y complacencia de su Dios; antes bien, cuanto más crecía en los años, tanto más él se volvía grato hacia Él obrando siempre con mayor perfección. 

                    Además el amor que él tenía a su pureza, habiéndoselo infundido Dios de una forma admirable, le fue también muy recomendada esta virtud por su Ángel, que una vez en el sueño le hizo un gran elogio de esta virtud, diciéndole que era muy querida por Dios; y nuestro José se enamoró mucho más de ella y se propuso conservarla durante todo el tiempo de su vida; y para poder cumplir esto, dirigía súplicas a su Dios para que le diera la Gracia de poder llevarlo a cabo. 

                    Se propuso también huir de todas las ocasiones peligrosas, a fin de que su admirable candor nunca hubiese sufrido daño alguno; y de hecho lo cumplió con todo el cuidado inimaginable, guardando todos sus sentimientos con gran rigor y en especial los ojos que tenía a lo sumo fijos en la tierra o dirigidos hacia el Cielo. 

                    Bien se conocía de su aspecto externo cuan grande fuera la pureza de su alma y también de su cuerpo, pareciéndose más a un Angel vestido de carne mortal. Su madre muchas veces lo veía con resplandores en su rostro, como también su padre; de esto muy bien conocían que grande era la pureza e inocencia de su hijo y como Dios se complacía en vivir en su purísima alma por medio de Su Gracia; y esto acontecía cuando nuestro Jose se elevaba en la oración y cuando había tratado a solas con su Dios. En estas circunstancias sus padres se sentían llenar el alma de un consuelo insólito y de un amor muy respetuoso hacia su hijo, mirándolo cada vez más como un Tesoro y un Don del Cielo. Sin embargo no dejaban de ejercer sobre él esa autoridad propia de los padres hacia los hijos, y a menudo experimentaban coma era atento a sus indicaciones, a las que él se mostraba en todo muy obediente. 

                        Nuestro José estaba muy inclinado al ayuno y a las asperezas, pero cuando sus padres se lo prohibían, en todo el se sometía a su voluntad con resignación, y nunca reclamaba nada. Cuando deseaba hacer ayunos y vigilias, pedía a ellos la autorización con tanta sumisión, que parecía imposible podérsela negar, tal era el modo con el cual se los conquistaba; y cuando le negaban la autorización, lo hacían con pena, porque no podían contradecirle. 

                    Muchas veces también el padre le daba unos denarios para que hiciera limosna a los pobres que se la pedían; y entonces la cogía con toda sumisión y humildad, como si esa limosna se la hubiese hecho a él, y muy pronto la distribuía a los pobres sin quedarse con nada para sí. Cuando veía algún pobre llegar a su casa para pedir la caridad, él iba donde su madre y se la pedía con toda sumisión como para sí; la madre se sorprendía de la virtud de su hijo y se la daba abundantemente. Era luego tan grande el gusto que nuestro José tenía al dar la limosna a los pobres, que bien se traslucía en su rostro, porque si veía a un pobre, se alegraba cuando le daba la limosna. Estaba ya muy inclinado hacia la práctica de todas las virtudes, pero se había apasionado mucho más de ellas porque el Ángel le hablaba en el sueño y le manifestaba el aprecio y el valor de las virtudes, y como estas eran muy queridas y agradables a su Dios. Solamente el oír que era de agrado a su Dios, era suficiente; para que él se pusiera con todo su empeño en practicarlas.


Vida de San José
según las revelaciones de Sor María Cecilia Baij,
religiosa a benedictina, mística y escritora


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