jueves, 11 de enero de 2024

UNIFÍCATE CONMIGO QUE SOY LA MISMA PUREZA, de las Revelaciones al Hno. Estanislao José.

 


              "El Corazón Eucarístico de María me hace ver la delicadeza de conciencia que han de tener los Apóstoles del Reinado Eucarístico, trabajando siempre con miras sobrenaturales, por puro amor y el gran bien que harán en las almas. Me hace ver por todas partes multitud de hombres, mujeres, jóvenes y niños trabajando en variedad de oficios y ninguno lo hace con un fin sobrenatural. ¡Triste espectáculo! ¡Cuántos sudores, penas y trabajos sólo por fines económicos… por el dinero! ¡No saben añadir la intención de hacerlo por Dios…! Qué pena, trabajar sólo, por fines temporales, como si hubieran sido creados sólo para este mundo; sólo buscan la añadidura. 

               La Virgen le dice: "Mira, hijo Mío, he aquí la gran misión de los Apóstoles del Reinado Eucarístico, este es el campo de batalla en que han de trabajar en favor de las almas sin cesar, hasta convertir el mundo entero, hoy engañado, materializado, esclavizado. Hay que cristianizarlo, llevándolo por la Verdad, por la Vida Sobrenatural, por la verdadera Libertad… y esto sólo pueden hacerlo las almas eucarísticas, los Apóstoles del Reinado Eucarístico, los que buscan lo más perfecto, es decir, los que buscan a Dios".

               El Demonio, el gran enemigo de las almas se ha enfrentado muchas veces contra el Hermano Estanislao José, no pudiendo resistir que le arrebate millares de almas que tenía por seguras, y cuando menos lo esperaba, dejaban su bandera para pasarse a la bandera de Cristo Salvador. Para resarcirse de estos perjuicios que le hacía, planeó una gran batalla que le presentó larga y denodadamente. Dejemos que nos lo cuente él mismo con el patetismo que pone en estos hechos: "Furioso se presenta el Demonio y con ademán sacrílego me insulta con bárbaro atrevimiento, lo primero que me dice es: "Varias veces he jurado a Dios tu condenación y voy a poner en práctica todos los medios posibles para conseguirlo".

               El alma a toda costa está unida a su Dios, centro de su amor, y el Demonio no cesa de impedir esa unión; pone en práctica cuantos medios están a su alcance para robarme el fruto de alguna buena obra; si no consigue nada, renueva sus esfuerzos con multiplicada furia y con tenaz constancia trabaja sin cesar día y noche.

               Queda el alma dolorida y apenada porque todos los momentos del día los emplea en batallar contra el Demonio que le ha declarado dura guerra. Atormentada como está recurre a María, centro de su amor a quien cuenta todas sus luchas. Esta Madre tan amada me dice: "Alma grande, aliméntate de cosas dignas de ti; no temas al Enemigo, pelea con valor. Alma pura, come y bebe pureza, báñate en pureza, habla, canta y escribe pureza… Unifícate Conmigo que Soy la misma Pureza". Esto me deja enardecido de amor a la pureza, cuando de repente después de haberme despedido de mi Madre, el Demonio se me presenta con disfraz tal, que me deja horrorizado… Pasa una batalla y se prepara otra a la que tengo que resistir sin tomar descanso; cesa ésta y ya el Demonio no deja de acecharme y se me presenta horrible en forma de mujer… Siento una fuerza diabólica que quiere apoderarse de mí y trata de borrar de mi alma el recuerdo de Dios y de los bienes de Él recibidos. 

               Ya está el Demonio preparado para el paso definitivo y ya parece estar también el alma para darlo y seguir el camino de las almas vulgares, cuando he aquí que de repente se presenta mi Madre con ademán de pelear y… fijando su mirada en el ser inmundo que pretendía robar al hijo de sus entrañas, le hace desaparecer de una manera sorprendente y no deja de mirarle hasta que el espíritu inmundo se encuentra metido en lo más profundo del Infierno. 

                Ejecutada esta acción vengadora tiende la mirada sobre la pobre alma de su hijo atribulado y seco, queda bañado en un mar de luz y respira de nuevo mi alma en un ambiente celestial, y entonces cual cándida paloma, vuela a sus brazos que me aprietan contra Su Corazón y me dice que la cuente lo que me ha pasado. Mi Madre me besa en la frente y queda el alma purificada y envuelta en Dios de Amor que se encuentra Sacramentado en mi pecho". 


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martes, 9 de enero de 2024

COGER LAS FLORES ENTRE LAS ESPINAS, la Novena de los 24 Glorias en honor de Santa Teresita de Lisieux

 

"Y además, al arrojar mis flores,
cantaré aun cuando tenga
que coger las flores entre las espinas,
y tanto más melodioso será mi canto, cuanto 
más largas y punzantes sean las espinas..."

Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz


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ORIGEN DE ESTA NOVENA

                El Padre Putigan, Sacerdote Jesuita, comenzó una Novena en honor de Santa Teresita del Niño Jesús el 3 de Diciembre de 1925; la Santa de Lisieux había sido Canonizada el 17 de Mayo de ese mismo año por el Papa Pío XI; el buen Sacerdote se encomendó a la Santa carmelita pidiendo una gracia importante.

                Con esta intención comenzó a rezar durante la Novena, 24 Glorias al Padre, en acción de gracias a la Santísima Trinidad por los favores y gracias concedidos a Santa Teresita del Niño Jesús durante los 24 años de su existencia terrenal. Pidió una señal de que su Novena era escuchada; esta señal sería recibir una rosa fresca y entreabierta. En el tercer día de la Novena, una persona busca al sacerdote y le ofrece una rosa encarnada...¿casualidad?. Los Católicos le llamamos Providencia.

                  El día 24 de Diciembre del mismo año, el Padre Putigan, comenzó una segunda Novena y pedía ahora como señal una rosa blanca. En el cuarto día de la Novena, una Hermana enfermera del hospital, le trajo una rosa blanca diciendo:

                     - Aquí está una rosa blanca que Santa Teresita envía a su Paternidad.

                  Sorprendido pregunta el Padre: 

                     - ¿De dónde viene esta rosa?

                  La Hermana le comenta:

                     - Fui a la capilla donde se encuentra adornada una imagen de Santa Teresita, y al aproximarme al altar de la Santita, cayó a mis pies esta rosa. Quise colocarla de nuevo en el jarrón pero me acordé de traerla a Vd.

                  El Padre Putigan alcanzó las gracias pedidas en la Novena; resolvió propagarla formando una cruzada de oraciones en honor a Santa Teresita.

¿CUÁNDO SE REZA?

                  La Novena de los 24 Glorias se suele hacer del 9 al 17 de cualquier mes  y participar así en la comunión de oraciones de los que la rezan esos días, pero se puede hacer igualmente en cualquier otra fecha; los más devotos de Santa Teresita le dedicamos a diario los 24 Glorias...

¿CÓMO SE REZA?

                  Se rezan 24 Gloria durante nueve días a la Santísima Trinidad en acción de gracias por los favores y gracias con que enriqueció a Santa Teresita del Niño Jesús durante los 24 años de su vida.




EL VELO DE LA VERÓNICA, según los escritos de la mística María Valtorta

 


               La gente que seguía a Jesús aúlla de rabia. Era más bonito para ellos verle caer. Lanzan, contra Él y contra quienes le llevan, palabras obscenas, y parte de ellos se ponen a seguir a la comitiva, y otra parte prosigue, casi corriendo, hacia arriba por el camino empinado, para desquitarse, con un magnífico puesto, de la desilusión que han experimentado. Las mujeres, que van llorando -y que se encuentran en un punto inicial de este camino en espiral- se vuelven al oír los gritos, y ven que la comitiva tuerce por ahí. Se detienen entonces, y, temiendo que los violentos judíos las arrojen ladera abajo, se pegan bien al monte. Cubren aún más su cara con los velos. Una va completamente velada como una musulmana, dejando descubiertos solo sus negrísimos ojos. Van ricamente vestidas, custodiadas por un viejo robusto, cuya cara, yendo todo él envuelto en su manto, no distingo; veo solo su larga barba, más blanca que negra, que se asoma por el manto de color muy oscuro. 

               Cuando Jesús llega a donde están, ellas lloran más fuertemente y se inclinan profundamente en señal de saludo. Luego, valerosamente, se aproximan. Los soldados quieren hacerlas a un lado con sus astas. Pero la que viene del todo cubierta como musulmana se levanta un instante el velo ante el alférez, que había llegado a caballo para saber por qué se había detenido la marcha. Y el alférez da la orden de dejarla pasar. No puedo ver ni su cara ni su vestido, porque ha apartado el velo con una rapidez sorprendente y el vestido está enteramente oculto bajo un largo y pesado manto que llega hasta los pies, un manto tupido y completamente cerrado por una serie de hebillas. La mano que un instante sale para apartar el velo es blanca y hermosa; y es, junto con los negrísimos ojos la única cosa que se ve de esta alta matrona, que, sin duda, debe ser persona influyente, a juzgar por la forma en que el lugarteniente de Longinos la obedece.

               Se acercan a Jesús llorando. Se arrodillan a sus pies, mientras Él se detiene jadeante… Jesús, a pesar de todo, encuentra el modo de sonreír a estas mujeres compasivas y al hombre que las acompaña, el cual se descubre la cara y veo que es Jonatás. Pero a él los soldados no lo dejan pasar; solo a las mujeres. Una es Juana de Cusa, y está más desecha de cuando agonizaba. En su cara blanca como la nieve no se ve otro color que el rojizo producido por las huellas del llanto. Sus dulces negros ojos, tan empañados como están, parecen ahora de un violeta oscurísimo, como ciertas flores. Tiene en su mano una jarra de plata y se la ofrece a Jesús, el cual no la acepta. Pero es que, además, su jadeo es tan fuerte, que ni siquiera podría beber. Con la mano izquierda se seca el sudor y la sangre que le caen en los ojos y que, deslizándose por las mejillas amoratadas y por el cuello (en que se ven las venas hinchadas por el esfuerzo del corazón), empapan todo el pecho. Otra mujer —a su lado tiene a una joven criada— abre un pequeño cofre que ésta lleva en los brazos, y saca un lienzo finísimo, cuadrado, que le ofrece al Redentor: Jesús lo toma. Y, dado que no puede por sí solo con una sola mano, esta compasiva mujer le ayuda a ponérselo en el rostro, con cuidado de no moverle la corona. Y Jesús aplica el fresco lienzo a su pobre faz. Lo mantiene así como si en ello encontrase un gran consuelo. 

               Luego devuelve el lienzo y dice: "Gracias, Juana, gracias Nique… Sara… Marcela… Elisa… Lidia… Ana… Valeria… y a ti. Pero no lloréis por Mí, hijas de Jerusalén sino por los pecados vuestros y de vuestra ciudad. Da gracias Juana por no tener ya hijos. Mira, es piedad de Dios el no tener hijos para que sufran por esto. Y también tú, Isabel… Mejor, como sucedió que entre los deicidas. Y vosotras… madres… llorad por vuestros hijos porque esta hora no pasará sin castigo. ¡Y qué castigo, si esto es así para el Inocente!. Lloraréis entonces el haber concebido, amamantado y el tener todavía vivos a los hijos. Las madres en aquella hora llorarán, porque en verdad os digo que será afortunado el que en aquella hora caiga primero bajo los escombros. Os bendigo, idos a casa, rogad por Mí. Adiós, Jonatás… llévatelas…". Y en medio de un alto clamor de llanto y de injurias de los judíos, Jesús emprende de nuevo el camino...


"El Evangelio como me ha sido revelado", 
escrito por la mística María Valtorta 
el Martes 27 de Marzo de 1945



lunes, 8 de enero de 2024

ÉL NO DEJA DE MIRARTE Y DE HABLARTE; "YO EN DIOS o EL CIELO", por el Padre Valentín de San José, Carmelita Descalzo de Las Batuecas, capítulo 2, puntos 11-13

 


Una de las pocas fotografías del autor de "Yo en Dios o el Cielo", 
el Padre Valentín de San José, Carmelita Descalzo

               11- La esperanza del Cielo alentaba a los Mártires en sus tormentos. La esperanza del premio en la felicidad del Cielo daba perseverancia a los penitentes en sus sacrificios y sostenía a los confesores en sus trabajos. La esperanza de la imperecedera felicidad presenta la hermosa y brillante corona de dicha en el Cielo como premio de su perseverancia en las virtudes. 

               Cuando en Marsella el juez que condenaba a terribles tormentos de martirio a San Víctor, pretendía burlarse del Mártir porque dejaba la brillante carrera militar por las engañosas promesas futuras de los Cristianos, el Santo le dijo: La prueba concluyente de la seguridad de estos bienes del Cielo, que esperamos, son los suplicios que padecemos con tanta alegría sólo por alcanzarlos. Aquí estoy yo pronto para servir de nuevo ejemplo (1). ¿Qué inquietud ni tristeza podía producirle perder el brillo humano de la carrera militar, si se iba con la palma del martirio a las delicias del Cielo eterno? La gracia especial de Dios fortalecía su alma para perseverar gozoso en los tormentos del martirio por dolorosos que fueran; eran el testimonio de su amor a Dios y le proporcionaban mayor premio y gloria imperecedera en el Cielo. 

               ¿Qué podía mover a vivir en las soledades, aislados de la sociedad y del comercio de los hombres en una vida muy austera y dura, en silencio y oración, a tantos solitarios como vivieron en los desiertos y a tantos muy recogidos que viven en los conventos, ofrecidos del todo a Dios, si no es la esperanza del premio del Cielo? 

               Cuando sentían el cansancio y la prueba de su vida de silencio, de penitencia, de soledad, se animaban a sí mismos como el grande San Macario y San Arsenio y animaban a sus discípulos no sólo repitiendo las palabras de ¿a qué viniste a la soledad?, sino que desesperezaban el tedio de su cuerpo y de su espíritu con estas otras más valientes: ¿Para esto dejaste aquello?, pues habían dejado muchos bienes y honras y se habían abrazado con la pobreza y ser desconocidos por la esperanza del Cielo. 

               ¿Qué esperaba en la tierra quien lo había dejado todo por Dios? En el retiro con Dios no tenían apego a esta vida de la tierra y suspiraban por la vida del Cielo. La vida de la tierra siempre es destierro. Esperamos el Cielo. Tenemos la confiada esperanza de ser felices para siempre en el Cielo. Esperamos vivir la felicidad perfecta e insoñable en el mismo Dios. Esta esperanza animaba y alegraba al solitario que encontró un rey, y preguntándole el rey si no vivía triste estando tan solo, le respondió el solitario que tenía un secreto que se lo alegraba todo. Deseando el rey saber ese secreto, le dijo el solitario que mirara por un agujerito de su ermitilla y viera. El rey nada veía, y le dice de nuevo el solitario: "¿No ve el firmamento, el Cielo? ¡Aquel Cielo todo me lo alegra! ¡Aquel Cielo para siempre!... ¿No voy a estar alegre?" 

                12- La esperanza del premio del Cielo daba fortaleza y contento a tantos Mártires que por confesar a Cristo y no perder el Cielo abrazaron tormentos insufribles sin una gracia especial del Señor. La esperanza de que serían largamente recompensadas sus penitencias y su apartamiento de lo mundano llenó las soledades y lugares retirados de almas heroicas en Santidad y continúa llenando los conventos; almas santas que renuncian a la abundancia y abrazan la pobreza con sus molestas incomodidades, y el retiro y el silencio para vivir más perfectamente las virtudes en Dios y con Dios y como en antesala del Cielo. 

               Ninguno abraza el martirio, ni la penitencia, ni el silencio, ni se abstiene de las diversiones y disipaciones, ni de los goces del mundo, ni se aparta del trato de los hombres, por gusto y recreo del cuerpo. Todos abrazaron y sacrificaron sus gustos y complacencias, como los abrazan y sacrifican hoy, por el premio del Cielo y para amar más a Dios. 

               Renuncian a lo mundano y matan su amor propio y propio gusto para crecer hasta transformarse en el amor de Dios, para hacer la Voluntad de Dios en todo y ganar mucho Cielo. La fe me enseña que calladas e imperceptibles armonías de Cielo y fragancias de Paraíso y luces del Empíreo embellecen y sobrenaturalizan el silencio de los conventos, y multitud de Ángeles y Bienaventurados llena la soledad de la celda y el retiro de los claustros, y Dios acompaña y habita amoroso en el alma que se retiró de los hombres para ser su morada. 

               No está mi alma sola cuando, siguiendo el llamamiento de Dios, me retiro con Él a solas. Sé con certeza de Fe que Dios está presente en mí, está siendo mi vida, está transformando misteriosamente mi alma para unirla en amor con Él y hacerla amor suyo, y con Dios están los Ángeles y Bienaventurados, con los que he de vivir y gozarme después en el Cielo. Viviendo así en Dios y con la compañía de los Ángeles en mi retiro, esperaré ansioso, en prueba o en gozo, el momento en que Dios me llame a verle ya glorioso y me llene de felicidad en el Cielo. 

               Mira al Cielo, alma mía, mira a tu Dios mientras vives en la tierra, y habla con Él esperando el alborear del día de la felicidad en su Gloria. Mira al Cielo, habla y mira a Dios presente en ti y en quien vives, aunque ahora parece oculto; déjalo todo por vivir y amar a Dios, tu Cielo, y, sumergida en Dios, esperarás ansiosa el momento de entrar en la Gloria, donde te llenará de dicha y felicidad; mira la Corona de Gloria con que coronará tus privaciones y tu amor en la tierra, pues no son de comparar los sufrimientos presentes con aquella Gloria prometida (Rom 8, 18). 

               13- Decídete a vivir como ciudadano del Cielo, según consejo de San Pablo (Filip 3, 20). Con diligencia atiende a que tu conversación y tus pensamientos y amores sean sobre el Cielo y con el Creador del Cielo, que es tu Padre, como son los pensamientos, conversaciones y amores de los Ángeles. 

               Considera como dichas para ti las palabras que con ternura inmensa dijo Dios a Santa Teresa: Ya no quiero que tengas conversación con hombres, sino con Ángeles (2); practícalo como ella, pues para eso te ha creado el Señor; vive con Dios y con los Ángeles y será tu vida como ensayo de la del Cielo, llena de luz y de amor. Habla con Dios y con los ciudadanos del Cielo, que, aun cuando tus oídos no oigan su contestación, ellos la grabarán siempre en tu alma con verdades de Gloria, y transformarán en Cielo tu retiro y a ti misma. Mírate en la hermosura de Dios, y mira tu retiro lleno de armonías y luces de Dios; pues estás en Dios, háblale, mírale. Él no deja de mirarte y de hablarte y ofrecerte Su Amor. 

               No preguntemos ni a los hombres de sociedad, ni a los destacados en sola ciencia humana, ni aun a los teólogos que cultivan poco el trato con Dios, que nos aclaren el heroísmo de estas almas admirables que lo dejan todo para ser totalmente de Dios en sobrenatural retiro. Sólo los que viven el Amor de Dios tienen luz de Cielo para comprender el tesoro, la ganancia y la hermosura de esta vida con Dios en ejercicios de virtudes, y es natural la menosprecien y desestimen los no espirituales, posponiéndola a la actividad y al trato y conversación con los hombres, como juzgaron despilfarro el bálsamo que la Magdalena vertió para ungir a Jesús. Ignoran lo que se gana en estar con Dios y tratar con Dios. Las almas de trato y amistad con Dios y de sabiduría de Cielo repetirán como la suma de la perfección y de la ganancia: "Olvido de lo criado, memoria del Criador, atención a lo interior y estarse amando al Amado" (3)


NOTAS

1) P. Juan Croisset, Año Cristiano, 21 de julio.
2) Santa Teresa de Jesús: Vida, 24, 7.
3) San Juan de la Cruz: Poesías. Suma de la perfección.




domingo, 7 de enero de 2024

  

          Según el Calendario Tradicional, el siguiente Domingo a la Epifanía, la Santa Iglesia Católica celebra la Fiesta de la Sagrada Familia: Jesús Infante, María Santísima y el Patriarca San José.




     “Haced que vuestra casa sea y parezca cristiana. Que el Sagrado Corazón sea Rey de ella; que la imagen del Salvador crucificado y la dulcísima Virgen María tengan puesto de honor, para hacer manifiesto a los ojos de todos que en vuestra morada se sirve a Dios y que los visitantes y amigos deben, como vosotros mismos, desterrar de ella todo lo que pueda violar su santa ley: conversaciones deshonestas, palabras mentirosas, cóleras o debilidades culpables; sino también para recordaros que Jesús y María son los más constantes y amadísimos testigos y como asociados a los sucesos de vuestra familia: júbilos que os auguramos numerosos, dolores y pruebas que nunca podrán faltar” 

(Papa Pío XII, A los recién casados, 8 de Noviembre de 1939)


      “Oh, hombres, volved la mirada a Nazaret, entrad en aquella modesta morada. Mirad a aquel carpintero, custodio santísimo de los secretos divinos, que con sus sudores sustenta a la familia humilde y elevada más que la de los césares de Roma; observad con qué veneración y respeto ayuda y venera a aquella Madre, su esposa inmaculada y pura: mirad al que se cree Hijo del carpintero (Mateo, 13, 55), virtud y sabiduría omnipotente, que hizo el cielo y la tierra, y sin el cual nada ha sido hecho (Juan, 1, 3), cómo ningún hombre puede sin Él hacer nada, y que, sin embargo, no se desdeña de los pequeños servicios de la casa y del taller y de estar sometido a María y a José. Contemplad un tan grande modelo de santa vida familiar, espectáculo que maravilla a las jerarquías angélicas, que lo adoran”

 (Papa Pío XII, A los recién casados, 15 de Abril de 1942)







ORACIÓN A LA SAGRADA FAMILIA


     Oh Jesús, Redentor nuestro amabilísimo, que habiendo venido a iluminar al mundo con la Doctrina y con el ejemplo, habéis querido pasar la mayor parte de vuestra vida, humilde y sujeto a María y a José en la pobre casa de Nazaret, santificando a aquella Familia que había de ser el modelo de todas las familias cristianas; acoged benigno la nuestra, que ahora se dedica y consagra a Vos. Dignaos protegerla, guardarla y establecer en ella Vuestro santo temor, con la paz y concordia de la caridad cristiana, para que imitando el ejemplo divino de Vuestra Familia, pueda alcanzar toda entera, sin faltar uno solo, la eterna bienaventuranza.

     María, Madre de Jesús y Madre Nuestra, con Vuestra piadosa intercesión haced que sea aceptable a Jesús esta humilde ofrenda, y obtenednos su gracia y bendición.

     Oh San José, custodio santísimo de Jesús y de María, socorrednos con vuestras plegarias en todas las necesidades espirituales y temporales, a fin de que en unión con María y con Vos, podamos bendecir eternamente a nuestro divino Redentor Jesús. Así sea.





sábado, 6 de enero de 2024

LA EPIFANÍA DE NUESTRO SEÑOR

  

                  La palabra "Epifanía" significa manifestación, porque en este Misterio, como en el de Navidad, Dios se hace visible. El Santo Profeta Isaías columbra en una gloriosa visión a la Iglesia figurada por Jerusalén, adonde afluyen los reyes de las naciones, y la multitud de los pueblos que habitan en las riberas de los mares, y lo más selecto de la gentilidad. Vienen de lejos en numerosas caravanas, cantando las alabanzas del Señor, a quien traen oro e incienso. El Evangelio nos muestra cómo se ha cumplido esa profecía.




                En la Epifanía se celebra la unión mística de las almas con Jesús, mientras que en Navidad, adorábamos a Jesús en Su Bendita Humanidad. La Liturgia de este día conmemora una triple manifestación de la Gloria de Cristo: ante los Magos, que se postran a sus plantas, aparece como Rey de los corazones; en las aguas del Jordán es declarado Hijo de Dios, y en Caná hace brillar Su poder sobre los elementos.

               Reconozcamos en los Magos adoradores las primicias de nuestra vocación y de nuestra Fe y celebremos con el corazón lleno de júbilo los comienzos de esta dichosa esperanza; porque desde este momento hemos empezado a participar de la Herencia Celestial.




viernes, 5 de enero de 2024

LA PROMESA DE LOS PRIMEROS VIERNES

 


               Esta piadosa práctica consiste en recibir a Nuestro Señor en la Sagrada Comunión en el Primer Viernes durante nueve meses consecutivos. Implica que el alma que se propone hacer esta Devoción ha de estar previamente en gracia de Dios mediante la Confesión sacramental con un Sacerdote y tener la clara intención de REPARAR al Sagrado Corazón de Jesús, por cuantos ultrajes recibe en el Santísimo Sacramento. 

               Debemos también ofrecer  -junto con la Sagrada Comunión- cualquier inconveniente, molestia personal, enfermedad... como un ACTO DE DESAGRAVIO; en la aceptación del dolor, nos unimos a los sentimientos del Sagrado Corazón de Jesús, en Su oración en el Huerto de los Olivos, en Su soledad en la cárcel, en Sus cruentos dolores durante la Pasión... y ahora, en nuestros días, esos dolores se vuelven pena por tantas almas como viven indiferentes a Su Amor.

 Para ganar esta gracia debemos:

1º Recibir sin interrupción la Sagrada Comunión 

durante nueve primeros Viernes consecutivos.

2º Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús 

y de alcanzar la perseverancia final.

3º Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación

 por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.



Estampa destinada al Apostolado; se permite su copia
y difusión, sin fines de lucro ni comerciales


               El 7 de Septiembre de 1897, la Sagrada Congregación de las Indulgencias concedió UNA INDULGENCIA PLENARIA por CADA Primer Viernes que se observe la práctica según las condiciones que anteriormente hemos citado. Si no logramos alcanzar la Plenaria, la Misericordia de Dios permitirá que consigamos algunas indulgencias parciales; en uno u otro caso, son aplicables a las Benditas Almas del Purgatorio, especialmente a aquellas que en este mundo terrenal fueron devotas del Sagrado Corazón.




jueves, 4 de enero de 2024

JESÚS EUCARÍSTICO CON SU MADRE BENDITA ESTÁN EN MÍ, de las Revelaciones al Hno. Estanislao José

 


               En Noviembre de 1922 en una carta al Hno. Visitador, el Hermano Estanislao José dice estas expresiones: "Estoy persuadido de que Jesús Eucarístico con Su Madre Bendita están en mí y que Ellos son los que me llevaban siempre en busca de lo más perfecto, de tal manera que puedo decir que ya no soy yo quien vivo, sino que Cristo y Su Bendita Madre viven en mí. No soy otra cosa que la envoltura de Jesús y María". 

               Aunque el entusiasmo docente y el celo apostólico iban in crescendo, no descuidaba los estudios tanto religiosos, como pedagógicos y humanistas, pues había tomado como lema de su vida "no perder un momento..." también dice: "...estoy desprendido completamente de todo lo criado. Lo debo al cumplimiento de mi deber, sí; pero también a los grandes favores que me hacen los Corazones Eucarísticos de Jesús y María... No quiero más que la Voluntad de Dios, sea cual fuere. Vanidad de vanidades y todo es vanidad menos amar a Dios, a Jesús y María. No debo olvidar que soy eterno y… con alma grande, alma de deber. Por tanto fuera tonterías, fuera pasatiempos, fuera todo lo que no es digno de almas grandes...". Refiriéndose a la Virgen, dice con su peculiar entusiasmo: "Yo me entrego como víctima a la voluntad de mi Madre. No quiero otra cosa que lo que Tú quieres, Madre mía". 

                Para él no había parlería ni ratos ociosos; era avaro del tiempo, siempre ocupado útilmente, sobre todo estudiando con ese afán que él ponía en su manera de obrar. Se le oía decir: "Tengo grandes deseos de saber mucho, principalmente hablar y escribir bien, esto es, con elocuencia y persuasión". 

               Yo creo que esto último lo consiguió pronto y a la perfección, como puede apreciarlo el lector en los distintos extractos que vamos ofreciendo de sus escritos. Pero lo que resaltaba de modo sobresaliente en su vida de incesante Apostolado Ecucarístico-Mariano, era su catequesis diaria que se podía calificar de maravillosa. 

               Dice el Santo Evangelio que "por los frutos los conoceréis", pues realmente eran tan extraordinarios que, de los niños de su clase transcendían a todos los del Aspirantazgo, incluso, hay que decirlo, al profesorado mismo que, en general, le miraban como un apóstol prodigioso al ver y palpar el fruto de sus enseñanzas. 

               La catequesis era para él una fuente de alegría, de paz y de grandes consuelos, pero a la vez lo era también de prestigio y admiración de todos, de grandes y pequeños, todos le admirábamos porque sus palabras contagiaban y en ellas se sentía el Espíritu de Dios. 



               Uno de los compañeros en el profesorado, el Hermano Agapito León (1), culminó sus días como Mártir, pero antes dejó escrito: "El joven Hermano Estanislao José era mirado como algo extraordinario, algo así como un faro, que sin querer iluminaba y servía de guía, de aliento y satisfacción para los que tuvimos la suerte de vivir con él. Se le consideraba como un don de Dios".

              Parece como que el Señor quisiera que todos los que veían a este joven se fijasen en él. Quiere pasar desapercibido, se oculta todo lo que puede, y sin embargo, sin querer, se descubre a las almas que trata e intuye a las mejores, a las más delicadas y sabe infundirlas muy adentro la Devoción a los Corazones Eucarísticos que él sabe y cree ser la mejor, la más eficaz de todas las devociones, la más salvadora, la más completa, la que más roba el Corazón de Dios… 

                Según las Revelaciones que el Hermano Estanislao José ha recibido, la Devoción a los Corazones Eucarísticos abarca toda la Sagrada Eucaristía: 

        1º La Santa Misa, Sacrificio de la Víctima que es Jesús crucificado en la Hostia Consagrada y en la Madre de Dolores. 

        2º La Sagrada Comunión, participando en el Banquete de esa Víctima, Sacramento de Amor… y de unión con los Corazones Eucarísticos. 

        3º Suplemento de ese sacrificio, Viacrucis diario, en unión de la Madre Dolorosa. 

        4º Sagrario, Prisión de Amor… Estuve preso y… me visitasteis. Allí está la Santa Madre: Comunión Espiritual, conversación con Ellos, Santo Rosario, etc. 

        5º Cuando se puede, Bendición con el Santísimo Sacramento, y adoración reparadora. 

               ¿Y todo esto es para todos y todos los días?. NO. Pero para muchos puede serlo y sobre todo para las almas eucarísticas, esas que serán legión, Ejército de Apóstoles y Víctimas Portadoras de Paz y de Amor, de Luz y de Gracia de Dios…

               El Hermano Estanislao José fue agraciado con la visión de una nueva Orden Religiosa, muy numerosa, que vestía de blanco, con fuego en el corazón... Oremos mucho, oremos juntos pidiendo al Cielo se apresure esta hora de gracia de indulto y de perdón; hora bendita en que reaccione el Pueblo Cristiano si no quiere perecer.  



NOTAS

              1) El Hermano Agapito León (en el siglo Remigio Olalla Aldea),  nació en Hacinas (Burgos) en 1903. Ingresó en el Noviciado Menor de las Escuelas Cristianas de Bujedo en 1916, cuando contaba 13 años. Hizo sus primeros votos en 1921 y los votos perpetuos en 1928. Después del Escolasticado inició su apostolado como profesor del Noviciado Menor de Griñón (Madrid). En 1935 fue a Lembecqlez-Hal (Bélgica) para seguir el Segundo Noviciado. Al regresar, fue nombrado provisionalmente Director de la comunidad de Santa Cruz de Mudela. Allí se encontraba cuando comenzó la Guerra Civil el 18 de Julio de 1936. Encarcelado el 22 de Julio con todos los Hermanos de la Comunidad, la noche del 19 de Agosto fueron vilmente asesinados en el Cementerio de Valdepeñas (Ciudad Real).


"Hermano Estanislao José, un joven heroico desconocido"

Hno. Ginés de María Rodríguez f.s.c.


               Olimpio Fernández Cordero nació el 23 de Septiembre de 1903; vio la vida en Bustillo de la Vega, una pedanía de la provincia de Palencia (España). Desde muy pequeño dio claras muestras de una sincera piedad y de gran temor de Dios. Cuando estaba próximo a cumplir los 18 años ingresó en el Noviciado de Los Hermanos de La Salle de Bujedo (Burgos). Tornó su nombre por el de Estanislao José; según sus coetáneos siempre se comportó como un perfecto religioso. 

               Nuestro Señor y la Virgen Purísima se manifestarían a este joven consagrado para sumergirlo en una gran realidad sobrenatural: la Presencia de María Virgen en el Santísimo Sacramento del Altar, unida mística y realmente a Su Divino Hijo, desde que lo llevó en Sus entrañas virginales, hasta que los sostuvo entre Sus brazos tras el descendimiento de la Cruz, actuando así como Sagrario, Corredentora y Víctima junto a Nuestro Señor. 

               El Hermano Estanislao José murió en Griñón (Madrid), el 28 de Marzo de 1927, tras haberse ofrecido incesantemente como Víctima por el Reinado Eucarístico de los Sagrados Corazones.



martes, 2 de enero de 2024

UN NOMBRE QUE ES SOBRE TODO NOMBRE

  

Al nombre de Jesús 
toda rodilla se doble 
en los cielos, en la tierra 
y en los infiernos...


Carta a los Filipenses, cap. 2, vers. 10



Éste es aquel Santísimo Nombre 
anhelado por los Patriarcas, 
esperado con ansiedad, demandado con gemidos, 
invocado con suspiros, requerido con lágrimas,
donado al llegar la plenitud de la gracia


San Bernardino de Siena


               El mismo San Bernardino solía llevar una tablilla que mostraba la figura de la Sagrada Eucaristía con rayos saliendo de ella y en el medio, se veía el monograma “IHS”, abreviación del Nombre de Jesús en griego (ιησουσ).

               Más adelante la tradición le añadiría un significado a las siglas: "I", Iesus (Jesús), "H", Hominum (de los hombres), "S", Salvator" (Salvador). Juntos quieren decir “Jesús, Salvador de los hombres”.

                Durante el Concilio de Lyon, año 1274, el Papa Gregorio X dictó una Bula encaminada a desagraviar los insultos que se manifestaban contra el Nombre de Jesús. Las órdenes de los Dominicos y los Franciscanos fueron las encargadas de custodiar y extender dicha devoción por toda Europa. Así, Gregorio X escribió una carta a Juan de Vercelli, el entonces Superior General de los Dominicos, donde declaraba, "Nos, hemos prescrito a los fieles… reverenciar de una manera particular ese Nombre que está por encima de todos los nombres…".

               Este acto resultó en la fundación de la Sociedad del Santo Nombre. Se decía que el Nombre de Jesús estaba en la boca de San Francisco "como la miel en el panal" y San Francisco mismo escribió, "ningún hombre es digno de decir Tu Nombre". Luego, San Bernardo escribió sermones enteros sobre el Nombre de Jesús y dijo: "Jesús es miel en la boca, melodía en el oído, un canto de delicia en el corazón". San Buenaventura exclama, "Oh, alma, si escribes, lees, enseñas, o haces cualquier otra cosa, que nada tenga sabor alguno para ti, que nada te agrade excepto el Nombre de Jesús".

               Con el nombre “Sociedad del Santo Nombre de Dios” es fundada en 1430, por Fray Diego de Vitoria en el Convento de San Pablo de la ciudad de Burgos la primera Cofradía del Dulce Nombre de Jesús de España mediante la Bula "Salvatoris et Nómini Nostri Iesu Christi".


Cualquier cosa que pidáis 
en Mi Nombre, os lo concederé 

Evangelio de San Juan, cap. 14, vers. 13







Toca sobre las imágenes para verlas en su tamaño original;
se recomienda su impresión y distribución como Apostolado
en favor del Santísimo Nombre de Jesús Nuestro Señor



DIOS AMA CON AMOR INFINITO MI ALMA; "YO EN DIOS o EL CIELO", por el Padre Valentín de San José, Carmelita Descalzo de Las Batuecas, capítulo 2, puntos 8-10

 


CAPÍTULO II 

EL PREMIO DEL CIELO ANIMA A LA VIRTUD


               8- Tan presente y tan imborrable como la inclinación y el deseo de ser feliz, tiene el hombre grabado en su naturaleza, al menos implícitamente, el deseo del Cielo y una vaga idea de lo que será la morada o lugar donde únicamente puede vivirse perfecta la felicidad. El alma considera el Cielo como el lugar dichoso donde se hallan juntos todos los bienes naturales y sobrenaturales o divinos, únicos capaces de hacer feliz al hombre. El Cielo ciertamente es el mismo Dios, la visión y posesión de Dios; pensamos que es un lugar de delicia, de hermosura y bienestar insoñable. 

               Con la visión y posesión de Dios en su esencia y perfecciones, recibe el alma participación de la misma vida feliz de Dios en todos sus atributos. Se hace bienaventurada y dichosa para siempre. Participará de las perfecciones y de la dicha de Dios en proporción de la gracia que adquirió en la tierra, y la participará para no perderla ya jamás ni aun disminuir en la delicia. Con la participación gloriosa de la vida y perfecciones de Dios, infunde Dios en el alma el más alto amor y la satisfacción de todos los deseos en la exaltación más jubilosa y exuberante. En la tierra no puede la inteligencia formarse idea de la grandiosidad y hermosura de esos deseos, pero quedarán colmados en toda su capacidad de entender y gozar. 

               9- El amor une las voluntades de quienes se aman. El amor de Dios une la voluntad del hombre con la de Dios y la Voluntad de Dios con la del hombre. Dios da el amor. El Cielo es el Reinado del Amor de Dios y del hombre. El amor de Dios guía al Cielo enseñando la Santidad y tiene su trono en el Cielo. Las almas buenas se han esforzado para vivir las virtudes con toda delicadeza y perfección mirando al Cielo. 

               El amor de Dios enseña la sabiduría para alcanzar mucho Cielo. El amor de Dios transforma la esperanza en confianza. Confiaron las almas fervorosas en que Dios, su Amado, les daría el Cielo, y no fueron defraudadas, y viven gloriosas en el Cielo, en la felicidad del mismo Dios, y Dios las ha hecho felices con su Visión Gloriosa y viven en el Cielo dichosas. El amor procura la presencia de lo amado. El amor enamorado no guarda secretos para el amado. Dios ama con amor infinito mi alma, y quiere darme el Cielo si yo correspondo a su amor, y en el Cielo me mostrará los secretos de sus perfecciones infinitas, me dará su misma vida y me comunicará sus perfecciones y su dicha; eso es el verdadero Cielo esencial. No puede darse mayor unión ni Dios mostrar mayor generosidad que hacerme feliz con su felicidad y dándome a vivir su misma vida. 

               10- Las almas de virtudes, enamoradas de Dios, confiadas en la palabra que Dios ha dado (Salmo 118, 49), deseosas de verle, amorosamente le instaban para que cumpliera pronto su palabra y le vieran ya en la visión gloriosa. Santa Teresa le decía: 

Si el amor que me tenéis, Dios mío, 
es como el que os tengo, 
Decidme ¿en qué me detengo? 
O Vos, ¿en qué os detenéis? (1). 

               Vivían en Dios y con Dios en amor; pero querían verle ya glorioso, y decían: 

Descubre tu presencia 
y máteme tu vista y hermosura; 
mira que la dolencia de amor, 
que no se cura sino 
con la presencia y la figura (2). 

               La grandeza de la vida espiritual está en que se vive a Dios presente y amoroso en el alma. Está presente en realidad actual, pero todavía ni el entendimiento le ve claro ni en su esencia, sino a través de los velos de la Fe, ni se le siente glorioso ni aun gozoso. La Fe es faro seguro y cierto para llegar a Dios, pero es oscura. El alma de vida interior, sobrenatural, sabe que tiene a Dios en sí misma y le mira y trata y se le entrega. El alma de vida interior trata y convive con Dios en el amor más íntimo dentro de sí misma; Dios obra la maravilla de la Santidad, pero el alma no le ve y le espera y le desea. Con el poeta dice: 

Dichoso tú... Pues en la vida 
tienes de la futura gloria, 
gloria en rehenes; pues 
este gozo sin zozobra 
alcanza y adquiere 
posesión por la esperanza (3). 

               Espera ver a Dios glorioso en el Cielo. Las almas de intensa vida espiritual nos hablan algunas veces de regalos inefables que Dios las comunicó por modo maravilloso, regalos muy superiores a cuantas delicias se pueden fantasear o soñar. Sentían algo que hacía recordar la fragancia o el aleteo de la felicidad. Esta misma fragancia les aumentaba el ansia de entrar muy pronto, guiados por la mano de Dios, en el Cielo a tomar posesión de la felicidad en la deleitosa visión de su esencia. Su ansia y su ilusión era ver a Dios, estar con Dios y viviendo en Dios poseer la felicidad anhelada. 

               Para obtener más intensa felicidad en el Cielo con más clara visión de las perfecciones divinas, abrazaban más fuertemente la Cruz, la mortificación, el recogimiento con Dios. San Pablo escribe que él mismo no sabe si en el cuerpo o fuera del cuerpo, Dios lo sabe, fue arrebatado al Paraíso, donde oyó palabras que no es posible pueda un hombre expresar (2 Cor. 12, 4). Esa estancia en el Cielo, aunque en rápida visión, acrecentó en su voluntad las ansias de ir allá ya definitivamente, moviéndole a decir: Tengo deseo de verme libre de las ataduras de este cuerpo y estar con Cristo, que es, sin comparación, mejor para mí (Filip. 1, 23). ¡Es la fuerte atracción que la felicidad ejerce sobre el alma! ¿Cuándo me veré yo en el Cielo?


NOTAS

1) Santa Teresa de Jesús: Poesías. Coloquio amoroso.
2) San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual.
3) Fray Francisco de Jesús, C. D.: Epopeya Mariano Concepcionista, canto I.