martes, 6 de octubre de 2020

SAN BRUNO DE COLONIA, FUNDADOR DE LA CARTUJA


               San Bruno nació en Colonia, Alemania, en el año 1030. Desde joven demostró poseer grandes cualidades intelectuales, y especialísimas aptitudes para dirigir espiritualmente a los demás. Ya a los veintisiete años era Director Espiritual de muchísimas personas importantes. Uno de sus dirigidos fue el futuro Papa Urbano II.

               Ordenado Sacerdote fue profesor de Teología durante dieciocho años en Reims, y Canciller del Arzobispo, pero al morir éste, un hombre indigno, llamado Manasés, se hizo elegir Arzobispo de esa ciudad, y ante sus comportamientos tan inmorales, Bruno lo acusó ante una reunión de Obispos, y el Sumo Pontífice destituyó a Manasés. Le ofrecieron el cargo de Arzobispo a nuestro Santo, pero él no lo quiso aceptar, porque se creía indigno de tan alto cargo. El destituido en venganza, le hizo quitar a Bruno todos sus bienes y quemar varias de sus posesiones.




               Dicen que por aquel tiempo oyó Bruno una narración que le impresionó muchísimo. Le contaron que un hombre que tenía fama de ser buena persona (pero que en la vida privada no era nada santo) cuando le estaban celebrando su funeral, habló tres veces. La primera dijo: "He sido juzgado". La segunda: "He sido hallado culpable". La tercera: "He sido condenado". Y decían que las gentes se habían asustado muchísimo y habían huido de él y que el cadáver había sido arrojado al fondo de un río caudaloso. Estas narraciones y otros pensamientos muy profundos que bullían en su mente, llevaron a Bruno a alejarse de la vida mundana y dedicarse totalmente a la vida de oración y penitencia, en un sitio bien alejado de todos.

               Teniendo todavía abundantes riquezas y gozando de la amistad de altos personajes y de una gran estimación entre la gente, y pudiendo, si aceptaba, ser nombrado Arzobispo de Reims, Bruno renunció a todo esto y se fue de monje al Monasterio de San Roberto en Molesmes. Pero luego sintió que aunque allí se observaban reglamentos muy estrictos, sin embargo lo que él deseaba era un silencio total y un apartamiento completo del mundo. Por eso dispuso irse a un sitio mucho más alejado. Iba a hacer una nueva fundación.

               San Hugo, Obispo de Grenoble, vio en un sueño que siete estrellas lo conducían a él hacia un bosque apartado y que allá construían un faro que irradiaba luz hacia todas partes. Al día siguiente llegaron Bruno y seis compañeros a pedirle que les señalara un sitio muy apartado para ellos dedicarse a la oración y a la penitencia. San Hugo reconoció en ellos los que había visto en sueños y los llevó hacia el monte que le había sido indicado en la visión. Aquel sitio se llamaba Cartuja, y los nuevos religiosos recibieron el nombre de Cartujos.

               San Bruno redactó para sus monjes un reglamento que es quizás el más severo que ha existido para una comunidad. Silencio perpetuo. Levantarse a media noche a rezar por más de una hora. A las 5:30 de la mañana ir otra vez a rezar a la Capilla por otra hora, todo en coro. Lo mismo a mediodía y al atardecer.

               Nunca comer carne ni tomar licores. Recibir visitas solamente una vez por año. Dedicarse por varias horas al día al estudio o a labores manuales especialmente a copiar libros. Vivir totalmente incomunicados con el mundo... Es un reglamento propio para hombres que quieren hacer gran penitencia por los pecadores y llegar a un alto grado de santidad.

               San Hugo llegó a admirar tanto la sabiduría y la santidad de San Bruno, que lo eligió como su director espiritual, y cada vez que podía se iba al convento de la Cartuja a pasar unos días en silencio y oración y pedirle consejos al santo fundador. Lo mismo el Conde Rogerio, quien desde el día en que se encontró con Bruno la primera vez, sintió hacia él una veneración tan grande, que no dejaba de consultarlo cuando tenía problemas muy graves que resolver. Y aun se cuenta que una vez a Rogerio le tenían preparada una trampa para matarlo, y en sueños se le apareció San Bruno a decirle que tuviera mucho cuidado, y así logró librarse de aquel peligro.

               Por aquel tiempo había sido nombrado Papa Urbano II, el cual de joven había sido discípulo de Bruno, y al recordar su santidad y su gran sabiduría y su don de consejo, lo mandó ir hacia Roma a que le sirviera de consejero. Esta obediencia fue muy dolorosa para él, pues tenía que dejar su vida retirada y tranquila de La Cartuja para irse a vivir en medio del mundo y sus afanes. Pero obedeció inmediatamente. Es difícil calcular la tristeza tan grande que sus monjes sintieron al verle partir para lejanas tierras. Varios de ellos no fueron capaces de soportar su ausencia y se fueron a acompañarlo a Roma. Y entonces el Conde Rogerio le obsequió una finca en Italia y allá fundó el santo un nuevo convento, con los mismos reglamentos de La Cartuja.

               Los últimos años del santo los pasó entre misiones que le confiaba el Sumo Pontífice, y largas temporadas en el convento dedicado a la contemplación y a la penitencia. Su fama de santo era ya muy grande.

               Murió el 6 e Octubre del año 1101 dejando en la tierra como recuerdo una fundación religiosa que ha sido famosa en todo el mundo por su santidad y su austeridad. Que Dios nos conceda como a él, el ser capaces de apartarnos de lo que es mundano y materialista, y dedicarnos a lo que es espiritual y lleva a la santidad.




lunes, 5 de octubre de 2020

"...SIN SUFRIMIENTO, NO TIENE NINGÚN VALOR..."

 




              Quien tiene horror al sufrimiento, al espíritu sin mortificación, no es capaz de tener sabiduría. Puede participar de un curso sobre la sabiduría, hacer lo que quiera, no sirve. Sin el amor al sufrimiento no se adquiere la verdadera sabiduría. Voy a decir más: toda forma de adquisición intelectual o de victoria moral, sin sufrimiento, no tiene ningún valor. La única cosa que da algún valor a eso es exactamente la Cruz. 


Plinio Corrêa de Oliveira



LA APOSTASÍA ACTUAL: La Iglesia del Concilio Vaticano II no es Católica


               Cuando se cumple un año desde que el ídolo de "la Pachamama" fuese entronizado en San Pedro del Vaticano, con el aliento y complicidad de la jerarquía apóstata y de su representante, Jorge Mario Bergoglio, el mundo ha sufrido un cambio del cual apenas comenzamos a vislumbrar las consecuencias. 

               El problema es profundo y tiene ya cincuenta años: el Concilio Vaticano II, convocado por Angelo Roncalli, Juan XXIII. La ruptura que este Concilio provocó con la Sacrosanta Fe Católica, supuso como la autodemolición de la Iglesia, apartarse de todo lo que hasta la fecha había santificado a millones de almas, negar a Cristo como lo negó Pedro, gritar al mundo como aquél "...yo no le conozco...". 

              Traemos aquí una sencilla reflexión del Obispo Marco Antonio Pivarunas (Sucesión Apostólica de Monseñor Thuc), donde nos aclara que para ser Católicos no podemos ni debemos participar de las ideas que triunfaron en el nefasto "Concilio Vaticano II" por cuanto nos apartan de la verdadera Doctrina. 



EL CONCILIO VATICANO II ORIGINÓ UNA NUEVA IGLESIA

               "En los últimos cuarenta años, desde el comienzo del Concilio Vaticano II, se han introducido nuevas doctrinas en la neo-iglesia que han llevado a una pérdida generalizada de la Fe entre los Católicos, doctrinas que fueron previamente condenadas por Papas y Concilios.

               Las herejías de la indiferencia religiosa, el falso ecumenismo y la falsa libertad religiosa que se ha extendido en la neo-iglesia a través de varios decretos del Concilio Vaticano II, se plasman en el nuevo Código de Derecho Canónico de 1983, en los nuevos ritos sacramentales y por último, pero no menos importante, en la Nueva Misa, Novus Ordo Missae, fabricada por Pablo VI.

               Estos errores se han comprobado en detalle en el pasado y no es necesario volver a explicarlos. Baste decir que la Iglesia Católica ha enseñado continuamente la misma Fe durante casi dos mil años, pero después del advenimiento del Concilio Vaticano II, hubo un hecho sin precedentes en la Historia de la Iglesia: nunca ha existido una situación en la que un supuesto "Concilio Ecuménico" apoye y promueva un falso ecumenismo que fue condenado por el Papa Pío XI como "equivalente al abandono de una Religión revelada por Dios mismo". ¿Se ha visto alguna vez que la Ley de la Iglesia regule la administración de la Sagrada Eucaristía a los herejes y cismáticos sin su conversión a la Fe Católica? ¿Hemos presenciado alguna vez que el Santo Sacrificio de la Misa sea reemplazado en la Iglesia por la conmemoración luterana de la Última Cena? Somos testigos nada menos que de la Gran Apostasía que San Pablo predijo en su Segunda Carta a los Tesalonicenses:

EN LA APOSTASÍA: O CON CRISTO O CONTRA ÉL

               "Por lo que respecta a la Venida de Nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con Él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis alterar tan fácilmente en vuestro ánimo, ni os alarméis por alguna manifestación del Espíritu, por algunas palabras o por alguna carta presentada como nuestra, que os haga suponer que está inminente el Día del Señor. Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la Apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición," (2 Carta a los Tesalonicenses, cap. 2, vers. 1-3).

               Un punto importante a considerar es la posición errónea de algunos clérigos y laicos tradicionales. Por un lado, intentan traspasar el cerco teológico, condenando las herejías de la Iglesia Conciliar, y por otro, insisten en que los responsables de difundir estas herejías siguen siendo Católicos y tienen Autoridad en la Iglesia. Mantener tal posición teológica significaría que el Espíritu Santo había fallado en Su Divina Asistencia a la Iglesia porque Cristo prometió a los Apóstoles y sus sucesores "Y le pediré al Padre, y Él te dará otro Consejero, para que viva contigo para siempre: el Espíritu de Verdad (Evangelio de San Juan, cap. 14, vers. 16) .

               Mantener tal opinión teológica también significa que Cristo sufrió una derrota porque prometió quedarse con Sus Apóstoles y sus sucesores: "Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Enseñándoles a guardar todo lo que Yo les he mandado. Y he aquí, Yo estoy contigo todos los días, hasta el Fin del Mundo. (Evangelio de San Mateo, cap. 28, vers. 19).

               Además, esta posición teológica significa que Cristo nos mintió porque prometió "las puertas del infierno no vencerán" (Evangelio de San Mateo, cap. 16, vers. 18) y también "el que a vosotros escucha (los Apóstoles y sus sucesores), a Mí me escucha" (Evangelio de San Lucas, cap. 10, vers. 16). Es verdaderamente notable para leer las publicaciones de algunos grupos tradicionales donde se pueden encontrar tanto en lenguaje vulgar condenar la Iglesia del Concilio Vaticano II y a la vez, dar garantía de la lealtad y la obediencia a la Jerarquía de esa falsa iglesia.

LA IGLESIA PERMANECE EN LAS ALMAS FIELES

               Estas afirmaciones "que sería el fin de la Iglesia" y "el Espíritu Santo parece estar de vacaciones" son simplemente absurdas y casi blasfemas. La Iglesia Católica es indestructible e infalible. Sin embargo, estas son conclusiones "lógicas" de la falsa premisa de que la jerarquía de la Iglesia Católica ha promulgado oficialmente e implementado de manera oficial y consistente enseñanzas heréticas durante los últimos treinta y pocos años, pero ha conservado su autoridad dentro de la Iglesia.

               No, la Iglesia del Concilio Vaticano II no es Católica. El Espíritu Santo, el Espíritu de Verdad, no está en ella, ni Cristo está en ella.




UNA SOLA IGLESIA CATÓLICA, SANTA E INDEFECTIBLE

               Tampoco puede haber, como imaginan algunos clérigos y laicos tradicionales, dos Iglesias Católicas: una es la Iglesia Conciliar Modernista y la otra la Iglesia Católica.

               El Papa Pío XII en su Encíclica "El Cuerpo Místico de Cristo", del 29 de Junio de 1943, declaró solemnemente:

               "...Por lo tanto, aquellos que están separados por la Fe y el Gobierno no pueden estar en un Cuerpo tan unificado y en su único Espíritu Divino..."

               El clero y los laicos tradicionales que consideran la "Jerarquía" de la Iglesia Conciliar como Católica deben considerar la realidad de su posición: están divididos en la Fe y gobiernan con la Iglesia Conciliar.

               El Cardenal Henry Manning, gran defensor de la Doctrina de la Infalibilidad Papal y el Primado del Papa, en el Concilio Vaticano, entre 1869 y 1870, expresó bellamente la asistencia y el vínculo inquebrantable del Espíritu Santo con la Iglesia Católica:

             “La unidad indisoluble del Espíritu Santo con la Iglesia conlleva dos verdades como consecuencias directas: primero, que la Unidad de la Iglesia es absoluta, numérica e indivisible, como la unidad de la naturaleza en Dios y persona en Jesucristo; y segundo, que su infalibilidad es eterna."

               Un principio de vida no puede animar dos cuerpos ni funcionar en dos organizaciones. Una mente y una fusión mantienen a la multitud de creyentes en perfecta unidad a lo largo de las edades y en todo el mundo. La unidad de Fe, Esperanza y Amor, la unidad de un Maestro común, evita todas las discrepancias en la Fe y el culto, y hace que la unidad de Comunión no sea una ley constitucional o una disciplina externa, sino una necesidad interna y una cualidad y expresión inseparables de la unidad interna y sobrenatural del Cuerpo Místico bajo una sola Cabeza y animado por un solo Espíritu. Entonces puedes ver que la división es imposible.

               A pesar de la confusión y destrucción causadas por el Concilio Vaticano II , recordemos que la verdadera Iglesia de Cristo, la Iglesia Católica, es infalible e indestructible; la ayuda constante de Cristo y del Espíritu Santo garantiza la pureza e integridad del anuncio de la Fe de los Apóstoles y sus sucesores.

               Que el Espíritu Santo nos ilumine y guíe, y que Su Inmaculada Esposa, la Santísima Virgen María, interceda por nosotros en estos tiempos tan difíciles."

In Christo Jesu et Maria Immaculata

Superior General de la Congregación 
de María Reina Inmaculada


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domingo, 4 de octubre de 2020

SAN FRANCISCO Y LA SAGRADA EUCARISTÍA




               "Y así como apareció ante los Santos Apóstoles en carne verdadera, así nos hace verlo en Pan Sagrado. Mirándolo con los ojos de su carne, sólo vieron Su carne, pero con respecto a Él y con los ojos del Espíritu, creyeron que Él era Dios. Del mismo modo, mientras vemos pan y vino con nuestros ojos corporales, vemos y creemos firmemente, que es Su cuerpo y Sangre más Sagrados, verdadero y vivo. Porque de esta manera, Nuestro Señor siempre está presente entre los que creen en Él, según lo que dijo He aquí, estaré con ustedes todos los días, hasta la consumación del mundo (Evangelio de San Mateo, cap. 28, vers. 20)


San Francisco de Asís



SERÁFICO SAN FRANCISCO DE ASÍS

   

            Nació en Asís, una ciudad sobre la ladera del monte Subasio (Italia) en 1181. Su madre lo bautizó Juan, pero su padre lo cambió por Francisco. Pertenecía a una familia rica, dedicada al comercio de telas.

            San Francisco pasó gran parte de su juventud dedicado a cosas mundanas, sin importarle mucho Dios; incluso durante un tiempo fue soldado, pero un sueño le advirtió que no era su camino. Peregrinó entonces a Roma y oyó que el Señor le pedía reparar su casa . Es entonces cuando decide renunciar a todos sus bienes, desafiando a su padre, Pedro Bernardone que tenía pensado su futuro como comerciante. Así, a los veinticinco años, ciñe el hábito gris de los penitentes, atándose una cuerda a la cintura. 

             De esta manera, vivió un tiempo en soledad y luego fundó con doce compañeros la Orden de Frailes Menores (más conocidos como Franciscanos) que fue aprobada por el Papa Inocencio III en 1209.



RECIBE LAS SAGRADAS LLAGAS

            Llegando al ocaso de su vida, durante una Cuaresma, San Francisco decide retirarse a orar y ayunar al Monte Alvernia. Una mañana, cuando nuestro santo se encontraba en oración, tuvo la visión celestial de un serafín: tenía seis alas resplandecientes. Entre ellas apareció representada la imagen de Nuestro Señor clavado en la Cruz. Dos alas del serafín se elevaban sobre su cabeza, las otras dos aparecían extendidas, en actitud de volar, y las restantes le cubrían el cuerpo.

             Al desaparecer aquella prodigiosa visión, surgieron llagas en sus manos y pies, semejantes a las de Jesús Crucificado, igual que lo acababa de contemplar en el éxtasis. También en el costado, se reprodujo una herida que recordaba a la que el soldado romano Longinos, infringió a Jesús ya muerto en la Cruz. Pero el milagro de la estigmatización no terminaba ahí: los biógrafos de San Francisco nos cuentan que mientras el santo recibía las Santas Llagas, la vegetación del Monte Alvernia comenzaba a arder con impresionantes llamas, produciendo enormes resplandores que despertaron a los pastores y vecinos del lugar.

ABOGADO DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO 

           En esa aparición seráfica, Cristo, que era quien se aparecía, habló a San Francisco de ciertas cosas secretas y sublimes, que San Francisco jamás quiso manifestar a nadie en vida, pero después de su muerte las reveló, como se verá más adelante. Y las palabras fueron éstas:

                - ¿Sabes tú -dijo Cristo- lo que yo he hecho? Te he hecho el don de las Llagas, que son las señales de mi Pasión, para que tú seas mi Portaestandarte. Y así como yo el día de mi muerte bajé al Limbo y saqué de él a todas las almas que encontré allí en virtud de estas mis Llagas, de la misma manera te concedo que cada año, el día de tu muerte, vayas al Purgatorio y saques de él, por la virtud de tus llagas, a todas las Almas que encuentres allí de tus tres Ordenes, o sea, de los menores, de las monjas y de los continentes (Terciarios Franciscanos), y también las de otros que hayan sido muy devotos tuyos, y las lleves a la Gloria del Paraíso, a fin de que seas conforme a mí en la muerte como lo has sido en la vida.

             A diferencia de otros estigmatizados los estigmas de San Francisco, presentaban unas características muy particulares y que jamás se reprodujeron de igual manera en otros casos de estigmatización; así, Tomás de Celano, testigo de la época, nos relata estas características de los estigmas de San Francisco: “Sus manos y sus pies estaban atravesados por la mitad, como con clavos; las cabezas de éstos asomaban por la parte interior de las manos y por la parte superior de los pies; las puntas, por el otro lado. Las marcas del interior de las manos eran redondas, las del otro alargadas”.

             San Buenaventura preguntó sobre los estigmas de San Francisco a algunos discípulos del santo, y que dieron el siguiente testimonio: “Los clavos eran negros y como de hierro, y hasta tal punto eran una misma cosa con la carne, que de cualquier cosa que se apretase, salían por el otro lado. En cambio, la llaga encarnada del costado, que por contracción de la carne había adoptado una forma circular, producía el efecto de una hermosa rosa”



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             A pesar de la novedad de tan milagrosos hechos, San Francisco siempre intentó ocultar sus llagas ante los ojos de los suyos; sin embargo, por obediencia, tuvo que mostrarlas ante la mirada de varios cardenales e incluso del mismo Papa Alejandro IV, que certificó la veracidad de la estigmatización, amenazando con penas eclesiásticas a quienes impugnaran la verdad de las llagas del santo.

             San Francisco murió en 1226; en ese momento, varias decenas de frailes, su hija espiritual ,Santa Clara de Asís y otras franciscanas, pudieron venerar aquellas santas heridas que el santo les ocultó en vida. Dicen que incluso las llagas sangraron después de muerto; algunos frailes empaparon un lienzo con aquella sangre, que guardaron como una preciosa reliquia que aún hoy día se conserva.

             Fue canonizado por el Papa Gregorio IX, tan sólo dos años después de su muerte. El prodigioso hecho de la Estigmatización de San Francisco, se conmemora en la Iglesia cada año el 17 de Septiembre. 


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sábado, 3 de octubre de 2020

PRIMER SÁBADO DE OCTUBRE: REPAREMOS AL DOLOROSO E INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

 

"Yo he venido a pedir la Consagración del mundo
 a Mi Inmaculado Corazón y la Comunión Reparadora
 en los Primeros Sábados de mes..."

(Palabras de Nuestra Señora en Fátima)



          Dedicamos el Primer Sábado de cada mes a desagraviar al Inmaculado Corazón de María no por un capricho humano sino por un URGENTE PEDIDO de Nuestra Señora, que nos advierte, como Madre Nuestra, del mal camino que han tomado aquellos que viven en el peor de los pecados: la ingratitud a Dios. La Virgen María desea nuestro amor y también nuestro consuelo hacia Su Inmaculado Corazón, herido por el pecado del mundo.

          Transcurridos algunos años tras las Apariciones de Nuestra Señora en Fátima, Lucía, la única superviviente de los tres niños que contemplaron a la Virgen Santa, contaba con apenas 18 años cuando decidió irse con la Congregación de las Hermanas Doroteas; ingresó como postulante en el convento que la Orden tenía en Pontevedra (España) y en donde Nuestra Señora fue a revelarle la primera parte del plan de Dios para la salvación de los pecadores en nuestro tiempo de rebelión contra Dios: la Comunión Reparadora de los Primeros Sábados de mes.




          Lucía, refiriéndose a ella misma, describe el encuentro en tercera persona:

               El día 10 de Diciembre de 1925, se le apareció la Santísima Virgen y al lado, suspenso en una nube luminosa, un Niño. La Santísima Virgen, poniéndole una mano en el hombro, le mostró al mismo tiempo un Corazón que tenía en la otra mano, cercado de espinas. Al mismo tiempo le dijo el Niño:

               ‘Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin haber quien haga un acto de reparación para arrancárselas.’

               Enseguida dijo la Santísima Virgen:

               ‘Mira, hija mía, Mi Corazón, cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tu, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que durante cinco meses, en el Primer Sábado se confiesen, reciban la Santa Comunión, recen la tercera parte del Rosario y me hagan 15 minutos de compañía, meditando en los Misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas.’


¿Por qué Cinco Sábados?


              Después de haber estado Sor Lucía en oración, Nuestro Señor le reveló la razón de los cinco sábados de reparación: "Hija mía, la razón es sencilla: se trata de 5 clases de ofensas y blasfemias proferidas contra el Inmaculado Corazón de María:

         Primer Sábado: Las blasfemias contra Su Pura e Inmaculada Concepción

         Segundo Sábado: Las blasfemias Contra Su Virginidad

         Tercer Sábado: Las blasfemias contra Su Maternidad Divina, rehusando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres

         Cuarto Sábado: Los que procuran públicamente infundir en los corazones de los niños, la indiferencia, el desprecio y hasta el odio hacia la Madre Inmaculada

         Quinto Sábado: Los que la ultrajan directamente en Sus sagradas imágenes





               ¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan Vuestro Santísimo Nombre y Vuestras excelsas prerrogativas! Aquí tenéis postrado a Vuestros pies, un indigno hijo Vuestro, que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. 

               Deseo reparar con este acto de amor y rendimiento, que hago delante de Vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra Vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a Vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a Vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

               Aceptad, oh Corazón Inmaculado esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por Vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar Vuestro culto y Vuestras glorias. Concededme, oh Corazón amabilísimo, que viva y crezca incesantemente en Vuestro Santo Amor, hasta verlo consumado en la Gloria. Amén.



Se rezan ahora TRES AVEMARÍAS en honor
 del Poder, la Sabiduría y la Misericordia 
del Purísimo Corazón de María, 
menospreciado por los hombres



               I.- Os venero, amabilísimo Corazón de María, que ardéis continuamente en vivas llamas de Amor Divino; por Él suplico, Madre mía amorosa, abraséis mi tibio corazón en ese Divino fuego en que estáis toda inflamada.

     Dios te salve María, llena eres de gracia, etc...

               II.- Os venero, Purísimo Corazón de María, de quien brota la hermosa azucena de virginal pureza. Por ella os pido, Madre mía Inmaculada, purifiquéis mi impuro corazón, infundiendo en él la pureza y castidad.

     Dios te salve María, llena eres de gracia, etc...

               III.- Os venero, afligidísimo Corazón de María, traspasado con la espada de dolor por la Pasión y Muerte de Vuestro querido Hijo Jesús, y por las ofensas que de continuo se hacen a Su Divina Majestad; dignaos, Madre mía Dolorosa, penetrar mi duro corazón con un vivo dolor de mis pecados y con el más amargo sentimiento de los ultrajes e injurias, que está recibiendo de los pecadores el Divino Corazón de mi adorable Redentor.

     Dios te salve María, llena eres de gracia, etc...



Jaculatorias


¡Oh Corazón Inmaculado de María, compadeceos de nosotros!

¡Refugio de pecadores, rogad por nosotros!

¡Oh Dulce Corazón de María, sed la salvación mía!



SANTA TERESITA, LA FLOR MÁS SENCILLA DEL CARMELO


               María Francisca Teresa nació el 2 de Enero de 1873 en Francia. Hija de un relojero y una costurera de Alençon. Tuvo una infancia feliz y ordinaria, llena de buenos ejemplos. Teresita era viva e impresionable, pero no particularmente devota.

               En 1877, cuando Teresita tenía cuatro años, murió su madre. Su padre vendió su relojería y se fue a vivir a Lisieux donde sus hijas estarían bajo el cuidado de su tía, la Sra. Guerin, que era una mujer excelente. Santa Teresita era la preferida de su padre. Sus hermanas eran María, Paulina y Celina. La que dirigía la casa era María y Paulina que era la mayor se encargaba de la educación religiosa de sus hermanas. Les leía mucho en el invierno.

               Cuando Teresita tenía 9 años, Paulina ingresó en el Convento de las Carmelitas. Desde entonces, se sintió inclinada a seguirla por ese camino. Era una niña afable y sensible y la Religión ocupaba una parte muy importante de su vida.




               Tenía Teresa catorce años cuando su hermana María se fue también al Convento de las Carmelitas igual que Paulina. La Navidad de ese año, tuvo la experiencia que ella llamó su “conversión”. En su biografía cuenta que apenas a una hora de nacido el Niño Jesús, inundó la oscuridad de su alma con ríos de luz. Decía que Dios se había hecho débil y pequeño por amor a ella para hacerla fuerte y valiente. 

               Al año siguiente, Teresita le pidió permiso a su padre para entrar al convento de las carmelitas y él dijo que sí. Las monjas del convento y el Obispo de Bayeux opinaron que era muy joven y que debía esperar.

               Algunos meses más tarde fueron a Roma en una peregrinación por el Jubileo Sacerdotal del Papa León XIII. Al arrodillarse frente al Papa para recibir su bendición, rompió el silencio y le pidió si podía entrar en el convento a los quince años. El Papa quedó impresionado por su aspecto y modales y le dijo que si era la voluntad de Dios así sería.

               Teresita rezó mucho en todos los santuarios de la peregrinación y con el apoyo del Papa, logró entrar en el Carmelo en Abril de 1888. Al entrar al convento, la maestra de novicias dijo; “Desde su entrada en la orden, su porte tenía una dignidad poco común de su edad, que sorprendió a todas las religiosas.” Profesó como religiosa el 8 de Septiembre de 1890. Su deseo era llegar a la cumbre del monte del amor.

               Cumplió con exactitud las reglas y deberes de las Carmelitas. Oraba con un inmenso fervor por los sacerdotes y los misioneros. Debido a esto, fue proclamada después de su muerte, con el título de Patrona de las Misiones, aunque nunca había salido de su convento.

               Se sometió a todas las austeridades de la orden, menos al ayuno, ya que era delicada de salud y sus superiores se lo impidieron. Entre las penitencias corporales, la más dura para ella era el frío del invierno en el convento. Pero ella decía “Quería Jesús concederme el martirio del corazón o el martirio de la carne; preferiría que me concediera ambos.” Y un día pudo exclamar “He llegado a un punto en el que me es imposible sufrir, porque todo sufrimiento es dulce.”

               En 1893, a los veinte años, la hermana Teresa fue nombrada asistente de la maestra de novicias. Prácticamente ella era la maestra de novicias, aunque no tuviera el título. Con respecto a esta labor, decía ella que hacer el bien sin la ayuda de Dios era tan imposible como hacer que el sol brille a media noche.

               Su padre enfermó perdiendo el uso de la razón a causa de dos ataques de parálisis. Celina, su hermana, se encargó de cuidarlo. Fueron unos año difíciles para las hijas. Al morir el padre, Celina ingresó al convento con sus hermanas.

               En este mismo año, Teresita se enfermó de tuberculosis. Quería ir a una misión en Indochina pero su salud no se lo permitió. Sufrió mucho los últimos 18 meses de su vida. Fue un período de sufrimiento corporal y de pruebas espirituales. En junio de 1897 fue trasladada a la enfermería del Convento de la que no volvió a salir. A partir de agosto ya no podía recibir la Comunión debido a la enfermedad y murió el 30 de Septiembre de ese año. Sus últimas palabras fueron "Oh, le amo, Dios mío, os amo".


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viernes, 2 de octubre de 2020

LOS SANTOS ÁNGELES CUSTODIOS

  


               La palabra Ángel procede del griego "angelós", que se traduce por mensajero; el término utilizado en el Antiguo Testamento es "malk", que en hebreo significa delegado o embajador.

               Nos enseña nuestra Santa Religión Católica que los Ángeles son seres espirituales, personales y libres; dotados por tanto, de inteligencia y voluntad, creados por Dios de la nada; los creó para que lo alaben, le obedezcan y le sirvan, además, para hacerlos eternamente felices y para que ayuden y guíen a cada persona, a cada familia, nación, institución y muy especialmente a la Santa Iglesia. 

               Es Dogma de Fe la existencia de los Ángeles, definido en el IV Concilio de Letrán y en Concilio Vaticano I, por tanto, la creencia en los Ángeles es obligada a todo Católico; quien niegue su existencia con pertinacia comete pecado mortal e incurre en excomunión.

               Conocemos la existencia de los Ángeles porque Dios mismo nos la reveló; así en el Antiguo Testamento, se nos dice que cerraron el Paraíso terrestre después del pecado de Adán y Eva, protegieron a Lot en Sodoma, salvaron a Agar y a su hijo Ismael en el desierto, anunciaron a Abraham y a Sara que tendrían un hijo, detuvieron la mano a Abraham cuando iba a sacrificar a su hijo Isaac, asistieron al Profeta Elías. También continúa la intercesión de los Ángeles en el Nuevo Testamento, donde anunciaron a Zacarías el nacimiento de San Juan Bautista, la Anunciación de María Virgen por San Gabriel Arcángel, fueron los primeros en adorar al Divino Niño Jesús, revelaron a San José el Misterio de la Encarnación, confortaron a Nuestro Señor en el Huerto de Getsemaní, aparecieron en la Resurrección de Cristo y liberaron al Apóstol Pedro de las cadenas de Herodes.

               Los Ángeles carecen de cuerpo, son espíritus puros, no están compuestos por materia. Tampoco se reproducen como los seres vivos terrenos, ni dejan de existir.

               Los Espíritus Angélicos son inferiores a Dios porque son criaturas, pero están muy cerca de Él, alabando Su grandeza como Sumo Bien. Los Ángeles son superiores a los hombres porque tienen una inteligencia y una voluntad más perfecta. Pero no pueden escudriñar los pensamientos de los hombres, ni conocen su futuro.




               Al crear Dios a los Ángeles les dio gratuitamente la gracia santificante, les infundió la Fe, la Esperanza y la Caridad para conocer y amar a su Creador; además les infundió las virtudes morales infusas y los dones del Espíritu Santo; los destinó para que alcanzaran el Cielo. Los sometió además a una prueba de carácter moral para que libremente alcanzaran el Cielo: muchos Ángeles permanecieron fieles a Dios, eligiendo a su Creador como fin de su existencia, por tal razón, fueron premiados por Dios con el Cielo. Por el contrario, algunos Ángeles, por soberbia, quisieron hacerse semejantes a Dios, por tal razón, Dios los castigó con las penas eternas del infierno, y pasaron entonces a ser conocidos como demonios, para diferenciarlos de los Ángeles buenos y fieles a Dios.

               Algunos Santos Padres de la Iglesia han distinguido tres grupos divididos a su vez en tres jerarquías y éstas, a su vez, en tres coros:

   - Los Serafines, los Querubines y los Tronos

   - Las Dominaciones, las Virtudes y las Potestades

   - Los Principados, los Arcángeles y los Ángeles

                En la Sagrada Escritura aparecen los nombres de tres Arcángeles: San Miguel, San Gabriel y San Rafael; la Iglesia los honra con el culto de dulía o de veneración, como a todos los Ángeles. Entre ellos destaca San Miguel, Príncipe de los Ángeles, que se distingue por su fidelidad a Dios.

               El Ángel Custodio o Ángel de la Guarda es aquél que Dios da a cada uno de nosotros, para que nos proteja desde su nacimiento hasta nuestra muerte y nos ayude a llegar al Cielo. Este Ángel Custodio puede actuar en nosotros de diferentes modos, sugiriéndonos buenos pensamientos y deseos, además de defendernos de muchos peligros, ya sean para el cuerpo y especialmente del alma. También nos ayuda el Ángel Custodio a resolver detalles prácticos materiales, nos alienta en las dificultades cotidianas, allanan el camino de nuestro apostolado con otras almas... su continua intercesión por nosotros hace que los Ángeles Custodios presenten a Dios nuestras oraciones y buenas obras, y a cambio, de Él nos alcanzan gracias. El Ángel de la Guarda suple nuestros olvidos y despistes y es nuestro principal aliado en nuestra santificación personal. 

               Entre nuestros deberes para con los Ángeles Custodios debemos tener en cuenta que debemos sentir respeto por su presencia, ser agradecidos con ellos por los beneficios que de Dios nos obtienen, al tiempo de ser confiados en la protección que nos brindan, lo que nos obliga a ser muy amigos de los Ángeles, amistad que se ha de notar en nuestro trato asiduo con Ellos y en honrarles dedicándoles oraciones y jaculatorias cada día.



jueves, 1 de octubre de 2020

EL SANTO ÁNGEL QUE CUSTODIA A ESPAÑA

 


               "Hoy se celebra en España la Festividad del Santo Ángel Custodio del Reino, con rezo propio y rito doble de segunda clase con Octava. La Santidad de León XII concedió al Católico Rey Don Fernando VII y asignole este día, para tributar las debidas gracias al Señor por los grandes y contínuos beneficios que recibe la Nación Española por medio de su Santo Ángel Tutelar. La Misa, a excepción de la Oración propia, es como la del día siguiente". 


("Año Cristiano", P. Juan Croisset, S.I., Barcelona, 1882)




               La imagen del Santo Ángel Custodio de España se encuentra en la iglesia de San José de Madrid; su Fiesta fue concedida a España en el siglo XIX por el Papa León XII.

               En el año 1897 el Obispo Manuel Domingo y Sol fundó la "Pía Unión de Oraciones al Santo Ángel de España", que años después estuvo presidida por la Infanta Isabel de Borbón, hija de la Reina Isabel II de España.

               Esta Pía Unión de Oraciones tenía en proyecto construir un gran monumento al Santo Ángel de España, y con esa finalidad se confeccionó una preciosa imagen como boceto del monumento. Esa imagen se encuentra en un altar lateral en la iglesia de San José, en la Calle Alcalá, número 43, en la ciudad de Madrid.




               Mons. Leopoldo Eijo Garay, primero Obispo de las Diócesis de Tuy y Vitoria, y luego Obispo de Madrid-Alcalá, publicó en 1917 una extensa “Novena al Santo Ángel Custodio de España” de 105 páginas.

               En el escudo del Santo Ángel de España se pueden ver representados los antiguos Reinos de Castilla, León, Navarra y Aragón. En el centro del escudo, y en la pared, la flor de lis de la casa de Borbón.

               El altar del Santo Ángel Custodio de España fue inaugurado el 12 de Mayo de 1920, en la iglesia de San José de Madrid, con asistencia de la Familia Real española. Ese mismo día el Rey Alfonso XIII propuso la creación de la Asociación Nacional del Santo Ángel Custodio del Reino, que pronto se extendió en 40 provincias.

               En la parte de abajo del Altar hay numerosos escudos de provincias y ciudades de España.




               Grabado de principios del siglo pasado, realizado por encargo del Obispo Manuel Domingo y Sol, gran devoto y propagador de la Devoción al Santo Ángel Custodio de España, que aparece coronado por la Inmaculada Concepción; le flanquean a la izquierda el Apóstol Santiago y Santa Teresa de Jesús, los otros Santos Patrones de España.



CON CRISTO O CONTRA ÉL

 


               "Tristes, en verdad, y con muy apenado ánimo Nos dirigimos a vosotros, a quienes vemos llenos de angustia al considerar los peligros de los tiempos que corren para la religión que tanto amáis. Verdaderamente, podríamos decir que esta es la hora del poder de las tinieblas para cribar, como trigo, a los hijos de elección (Evangelio de San Lucas, cap. 22, vers. 53)



             Sí, la tierra está en duelo y perece, inficionada por la corrupción de sus habitantes, porque han violado las leyes, han alterado el derecho, han roto la alianza eterna (Profeta Isaías, cap. 24, vers. 5). 

              De ahí que se corrompa la Santa Doctrina y que se diseminen con audacia errores de todo género. Ni las Leyes Sagradas, ni los Derechos, ni las Instituciones, ni las Santas Enseñanzas están a salvo de los ataques de las lenguas malvadas. 

               Otra causa que ha producido muchos de los males que afligen a la Iglesia es el indiferentismo, o sea, aquella perversa teoría extendida por doquier, merced a los engaños de los impíos, y que enseña que puede conseguirse la Vida Eterna en cualquier Religión, con tal que haya rectitud y honradez en las costumbres. 

               Fácilmente en materia tan clara como evidente, podéis extirpar de vuestra grey error tan execrable. Si dice el Apóstol que hay un solo Dios, una sola Fe, un solo Bautismo, entiendan, por lo tanto, los que piensan que por todas partes se va al puerto de salvación, que, según la sentencia del Salvador, están ellos contra Cristo, pues no están con Cristo y que los que no recolectan con Cristo, esparcen miserablemente, por lo cual es indudable que perecerán eternamente los que no tengan Fe Católica y no la guardan íntegra y sin mancha… 

              Sólo los soberbios, o más bien los ignorantes, pretenden sujetar a criterio humano los Misterios de la Fe, que exceden a la capacidad humana, confiando solamente en la razón, que, por condición propia de la humana naturaleza, es débil y enfermiza. 

               ...elevemos suplicantes nuestros ojos y manos hacia la Santísima Virgen María, única que destruyó todas las herejías, que es Nuestra mayor confianza, y hasta toda la razón de Nuestra esperanza. Que ella misma con su poderosa intercesión pida el éxito más feliz para Nuestros deseos, consejos y actuación en este peligro tan grave para el Pueblo Cristiano.


Papa Gregorio XVI, Encíclica Mirari Vos

sobre los errores modernos, 15 de Agosto de 1832