lunes, 12 de mayo de 2025

BEATA IMELDA LAMBERTINI, Patrona de las Primeras Comuniones

 



                    La Beata Imelda Lambertini era hija del Conde Egano Lambertini y Castora Galuzzi, ilustres en nobleza y en virtud. La Condesa, desconsolada porque no tenía hijos, había rogado fervorosamente para que le fuese concedida una hijita, y, según se dice, obtuvo esta gracia por medio del rezo del Santísimo Rosario, del cual era devotísima.

                    Imelda nació en la ciudad de Bolonia, Italia, en 1322, en un ambiente de gran fe y piedad. Desde pequeña asimiló con especial cariño la exquisita educación que recibió. Su amor por Dios, su conducta inusual en el día a día, atrajo la atención de sus padres. La pequeña Imelda pronto llamó la atención por sus celestiales inclinaciones. Cuando lloraba, se sentía consolada al oír los Nombres de Jesús y de María; cuando comenzó a hablar, fueron estos Nombres dulcísimos los que pronunció con más frecuencia. A veces, la encontraban con las manos levantadas al cielo, en oración, y con los ojos anegados en lágrimas de ternura.

                    Los juegos infantiles no le atraían tanto como la oración, de hecho solía ​​esconderse en los lugares más recónditos de la casa para dedicarse a ella. Su madre siempre la encontraba arrodillada y rezando cuando extrañaba a su hija en casa. Permanecía largos ratos sobre las rodillas de su madre, aprendiendo las primeras oraciones. Era muy devota de la Madre de Dios, y, sobre todo, de la Sagrada Eucaristía, por lo que pasaba muchas ho­ras delante del Sagrario, como extasiada. Con frecuencia, se alejaba de las fiestas de familia, y se iba al oratorio del palacio, prefiriendo a todo bullicio el encanto de aquel altarcito, que ella misma arreglaba y adornaba con flores.

                    Cuando tenía nueve años, la niña pidió insistentemente entrar al Convento de las Dominicas, sin embargo, la Madre Superiora trató de persuadirla de que esperara, ya que su edad aún no le permitía ser admitida entre las hermanas del convento; también le preguntó si no estaba feliz de tener padres maravillosos y buenas condiciones de vida en casa, y ella respondió de inmediato que estaba muy feliz, que amaba a su familia, pero que las hermanas tenían algo más que le atraía mucho: "Nuestro Señor". 

                    Finalmente, sus padres, aunque entristecidos, se dieron cuenta de que Dios había reservado algo extraordinario para la pequeña.  Por lo tanto, terminaron aceptando qu su pequeña se consagrara a Dios.

                    Una vez consumado su deseo, todo fue motivo de alegría para ella, los momentos de oración, el hábito de las Hermanas, el silencio... Fue muy querida por las Dominicas, que intentaron privarla de los servicios y del rigor de la Regla, pero fue inútil, pues quería acompañar a las Hermanas en todo, participando plenamente y ayudando en las obras monásticas del convento, como cuando se levantaba en medio de la noche y caminaba por los grandes salones del Convento, caminando y rezando en silencio a los Maitines.

                    La visita al Tabernáculo hizo que su alma se desbordara de alegría. Solo la pronunciación de cualquier tema relacionado con la Sagrada Eucaristía, hacía que su rostro se transfigurara instantáneamente y es que anhelaba recibir la Sagrada Comunión. En cierta ocasión Imelda diría a las Hermanas: "No entiendo por qué la gente que recibe a Nuestro Señor no muere de alegría". 

                    En esa época, los niños menores de 12 años no podían recibir la Primera Comunión, sin embargo, como cuando quiso entrar al Convento, Imelda pidió ser dispensada para recibir a Jesús Sacramentado. Reiteradamente suplicó al Capellán del Convento que la dejase comulgar, pero no obtuvo esta gracia, su edad lo impedía, era demasiado pequeña...

                    En el año 1333, tenía 11 años cuando, después de la Santa Misa, la última monja que salió de la Capilla observó que la pequeña Imelda, como de costumbre, se quedó allí sola rezando un poco más. Ya había sido cerrada la puerta del Sagrario y estaban apagados los cirios del Altar, mientras las Religiosas se dirigían a sus ocupaciones, Imelda se quedó postrada en tierra, en el coro, con gran desconsuelo... entonces sucedió algo extraordinario: de repente, el coro se iluminó con una luz milagrosa y se llenó de un aroma suavísimo, que, esparciéndose por todo el Convento, atrajo otra vez hacia la iglesia a todas las monjas. Una Hostia flotaba sobre la pequeña Imelda y la iluminaba con una luz blanca. Una Hermana, testigo ocular del prodigio, llamó rápidamente a las otras monjas y todas participaron del milagro. 

                    La Madre Superiora entendió que aquél prodigio era una manifestación real de Dios para que la niña recibiera la Primera Comunión, hizo llamar al Capellán del Convento. Al llegar el Sacerdote, tomó una patena y se dirigió a la Sagrada Hostia. Tan pronto como se acercó a la niña arrodillada, la Hostia descendió a la patena que portaba el Sacerdote que tomándola, se la dio a comulgar a Imelda, que de inmediato inclinó la cabeza en oración.

                    La pequeña religiosa permaneció así, recogida y en silencio, frente a las Hermanas durante mucho tiempo. En un momento determinado, la Superiora se acercó a ella y viendo que no se movía, trató de levantarla con cuidado por los hombros pero la niña cayó en sus brazos, con una delicada expresión de inexplicable alegría en su rostro. Se había ido al Cielo en ese momento sublime. La alegría de recibir a Nuestro Señor fue demasiado para el corazoncito que ardía por la Presencia Real de Cristo en la Sagrada Eucaristíaera el 12 de Mayo de 1333.

                    El Papa León XII la declaró Beata el 20 de Diciembre de 1826, y además autorizó su Oficio Litúrgico y Misa propia. En 1910 el Papa San Pío X la proclamó Patrona de las Primeras Comuniones.

                    Aún hoy, transcurridos más de 690 años, su cuerpo virginal está incorrupto, protegido por una campana de cristal, en la Iglesia de San Segismundo, en Bolonia. 



IMELDA
por Jacinto Verdaguer


De Jesús Sacramentado
Imelda está enamorada:
ante Él se pasa las noches
del atardecer al alba.

Mas, ¡ay!, las pasa llorando,
de mal de amor y añoranza.
De Su Sangre tiene sed,
y hambre de Su Carne Santa;
y no puede todavía
comer el Pan de las almas.

Le falta un Abril a dos
para ser de Él enramada:
muy linda tendrá que ser
si tan grande Amor la enrama.

A las plantas de Jesús
llora la pobre novicia:
- Me dicen que por pequeña
no comulgo todavía.
Pues Vos, ¡mi amable Jesús!,
¿por ventura no decías:
"Dejad que los pequeñuelos
vengan en Mi compañía?"
¿No amabais Vos a los niños?
¿No lo erais Vos, mi delicia?
Jesús, ¡compasión de mí,
que de amor me siento herida!
Si no me acudís bien presto,
no me encontraréis ya viva.

El día de la Ascensión
despierta antes que la aurora:
sale al jardín del Convento
a cortar lirios y rosas.
En cada flor que recoge
pone un beso de su boca.
Dice: al lado de mi Amor
hoy exhalarás tu aroma:
¿y yo habré de estarme lejos
habiendo de ser Su esposa?

La campana del Convento
al templo llama a las monjas;
ella su ramito lleva
y en el Altar lo coloca,
donde quisiera quedarse
para aspirar los aromas;
no los que exhalan las flores,
sino Aquel que la enamora.

Como abejas al panal
se acercan a Dios las monjas:
ella comulgar no puede
y se está detrás de todas.

Ve cuál fluye aquella Fuente
y ardiente sed la devora;
de aquellas aguas del Cielo
beber no puede una gota
y en lágrimas y suspiros
su corazón desahoga.

De manos del Sacerdote
de pronto vuela una Hostia,
y va hasta Imelda volando,
como blanca mariposa.

El Sacerdote la sigue
y el copón bajo coloca
para que retorne al nido
el pichoncito de gloria.

Mas Él volando, volando,
nunca desciende a la copa,
pues no quiere Separarse
de Su celestial paloma.

El Sacerdote, inspirado,
lo pone a Imelda en la boca...
Ya tiene lo que ella quiere;
nada en río de delicias.

No pudiendo soportarlas
cae al suelo amortecida,
y cual cristal que se rompe
su vida al romperse... expira.

Imelda muere de amor:
¡bien haya el que quiso herirla!
Quien de tal modo la hirió
bien será su medicina.

Hoy cuando asciende a los Cielos
la lleva en Su compañía.
¡La primera Comunión
le es Viático a la niña!



domingo, 11 de mayo de 2025

"QUE ME CONSUMAS SIN CESAR, PARA QUE PUEDA SER UNA VÍCTIMA DE TU AMOR ", Marie Rose Ferron

  

                Breve reseña biográfica de un alma que se configuró con Cristo a través del sufrimiento.

               Marie Rose Ferron nació el 24 de Mayo de 1902 en Saint Germain de Grantham, Quebec (Canadá), siendo la décima hija de una familia de quince hijos. En 1906, cuando Rose tenía 4 años, su familia se mudó a Fall River, Massachusetts (Estados Unidos de América). En Mayo de 1925, la familia se muda otra vez, a Woonsocket, en el estado americano de Rhode Island, donde pasaría el resto de su vida.

               Desde muy pequeña destacó en la Piedad Cristiana; así, cuando tenía seis años, Rose tuvo una Visión del Niño Jesús. "Lo vi con una cruz" , dijo, "y me miraba con tristeza a los ojos"Tal vez sería aquella aparición como el prólogo de la vida de sacrificio que Nuestro Señor le brindaría más adelante.







               Cuando tenía siete años, Jesús le enseñó una oración que Marie Rose recitaría a diario:
          "Señor Jesús, cuando reflexiono sobre las palabras que pronunciaste, "Muchos son llamados, pero pocos son escogidos, " comienzo a temblar por aquellos a quienes amo; Te ruego los mires con Misericordia: y he aquí que, con infinita ternura, colocas su salvación en mis manos, por así decirlo, porque todo se le promete a aquel que sabe cómo sufrir Contigo y por Ti. Mi corazón sangra bajo el peso de la aflicción, pero mi voluntad permanece unida a la Tuya, y clamo a Ti: '¡Señor, es por ellos que quiero sufrir!' ¡Quiero mezclar mis lágrimas con Tu Sangre para la salvación de aquellos a quienes amo! No harás oídos sordos a mi grito de tristeza y los salvarás"

                Desde muy temprana edad tuvo que ayudar a sus padres en la faena; sufre un accidente con apenas 13 años, que le obligará a llevar muletas para andar, por eso es comprensible que Marie Rose se viera destinada a estar discapacitada de por vida, y así un aire de tristeza y soledad dominara su niñez. 

                Otra aflicción que afectó profundamente a Marie Rose fue su incapacidad para asistir a la escuela. "Me sentí como si estuviera ciega, a tientas en la oscuridad" , anotó en su diario. "No tenía nada que esperar, ninguna esperanza de mejorar mi condición. Contemplé mi ignorancia ante mis ojos, y eso me desanimó más que mis enfermedades. El tiempo, que suaviza todo, incluso los sufrimientos, aumentó el mío: me rompieron corazón." 

                Y es que ser Alma Víctima era sin duda la misión de Marie Rose. La madre de Marie Rose, Delima Mathieu Ferron, era de una rara virtud. Desde su primer embarazo, ella dedicó a cada uno de sus hijos recién nacidos al Misterio del Rosario y, al tener quince hijos, completó las quince décadas. Marie-Rose, o simplemente Rose, como se la llamaba a menudo, estaba destinada a ser la niña dedicada al décimo Misterio, la Crucifixión.

                Lo que es aún más notable es que a partir de entonces, Rose no participó de más alimentos sólidos. Durante once años, hasta su muerte, Rose tomó sólo alimentos líquidos e incluso esto a veces no pudo mantener. Al darse cuenta de que podía recibir la Sagrada Comunión, un Sacerdote una vez le dio algunas pequeñas partículas no consagradas. Inmediatamente la enfermaron. Además, cuatro años antes de su muerte, ni siquiera bebió agua durante un período de tres meses.

                Su abstinencia de comida y bebida fue solo el comienzo de muchos fenómenos místicos 
extraordinarios y de profundo sufrimiento. A lo largo de todo este tiempo permaneció dócil a la autoridad, tanto médica como espiritual, y con delicada discreción intentó alguna vez evitar la publicidad. 

                          





           Durante los éxtasis que experimentaría en el lecho del dolor, no podía ser levantada, incluso por 4 hombres adultos, aunque no pesaba más de cincuenta kilos. 

                El Obispo Diocesano, Mons. Hickey, autorizó un oratorio privado al lado de la habitación de Rose. Cuando se decía allí la Misa, especialmente en las Fiestas de la Santísima Virgen, Rose soltaba éxtasis en las oraciones de apertura, pero siempre revivía en el momento de la Comunión. En general, en el instante en que recibía la Sagrada Hostia, su cabeza caía hacia atrás y nuevamente se sumía en éxtasis. De hecho, el amor de Rose por la Eucaristía fue intenso y durante años tan sólo se alimentaba del Pan Eucarístico; cualquier otro alimento le causaría severos trastornos digestivos. 

               A partir de Marzo de 1926, Rose comenzó a sufrir los Sagrados Estigmas de la Pasión; padeció las heridas de los azotes de la Flagelación; a partir de 1927, sufriría cada Viernes la Pasión de Jesús en su débil cuerpo. Un Sacerdote que examinó estas heridas en 1930 escribió:  "La sangre me olía a un olor dulce, algo parecido a un perfume, mis manos se saturaron con él... No era un olor transitorio, ya que el olor persistía hasta la mañana siguiente."

               Los estigmas del corazón comenzaron durante la época de Cuaresma de 1929. Trajeron dolores tan agudos a Rose que a veces se desmayó en la inconsciencia. Ella dijo que el dolor interior era "espantoso". A veces el dolor se sentía intensamente en su espalda, "donde la lanza parece haberse detenido". 


              Las heridas de la Corona de Espinas se asemejaban, en palabras de la madre, a "dos cuerdas pesadas que rodean su cabeza". Los agujeros hechos por las espinas hicieron que Rose sintiera "como si su cabeza se estuviera abriendo". Estos estigmas espinosos nunca desaparecieron por completo. Todavía eran visibles después de su muerte. Fueron pocos pero muy fieles los testigos de estas estigmatizaciones de los Viernes.

                Configurada con Cristo a través del dolor, Rose Ferrón sabía que estaba siendo torturada en el lugar de los demás y aceptó su vocación de llevar en su propio cuerpo el dolor físico que los libraba. En eso, también, ella se parecía a su Maestro, cuyo amor lo impulsó a soportar el castigo de la humanidad en su lugar.





                Durante sus últimos cinco años en la tierra, no portaba estigmas, excepto los de la cabeza. Pero sus sufrimientos no cesaron. Todos los viernes, la sangre corría a los miembros que habían soportado las heridas y causaban un dolor aún mayor que antes. 

               Mientras estaba en éxtasis el 13 de Abril de 1929, en presencia de seis visitantes, Rose le preguntó a su Salvador cuánto tiempo aún tenía que sufrir, y luego repitió en voz alta la respuesta:"¡Siete años!Comenzó a contar la edad que tendría después de siete años más, y se detuvo a los treinta y tres. Cristo pareció preguntarle si eso era demasiado largo, porque ella dijo con gran entusiasmo:"¡Oh, no! Ven a buscarme cuando quieras. Estoy listo para sufrir cien años, si lo deseas. Es mi sacrificio para permanecer."

               Como se le reveló previamente, Marie Rose Ferron murió en 1936 a la edad de treinta y tres años. La muerte la liberó del sufrimiento que la perseguía día tras día. "Dios y las víctimas son los únicos que saben lo que significa la palabra Cruz" , había comentado, y sus últimas dos semanas se llenaron con la abrumadora realización de la verdad de esta afirmación. Rose ya no podía ver. Sufría tantos dolores en la cabeza que el menor sonido era como un golpe, y cualquier ruido hacía que se desmayara. El último día de Abril de 1936, perdió completamente la audición y el habla.

               El 6 de Mayo, el Padre Boyer llamó a la una en punto de la mañana. "Entré a la habitación" , escribió en su biografía, "y cuando vi la condición en la que estaba, me conmoví. No podía reconocerla, estaba tan cambiada, su rostro no solo estaba desfigurado, sino también deformado. Tenía los ojos medio cerrados y en en sus esquinas se acumulaba sangre espesa, su tez era de color rojo cobre y su piel parecía áspera e hinchada, su respiración era dolorosa, su boca estaba abierta y retorcida con una expresión desgarradora. Era como un crucifijo moribundo, esperando la consumación de su martirio ". 





               Rose vivió cinco días más. En la muerte ella todavía tenía "la expresión de angustia incrustada en su rostro". Pero como las mujeres, a quienes ella misma había designado para preparar su cuerpo para el ataúd, le lavaban la cara, sus espantosas distorsiones desaparecieron. Un cambio vino sobre sus rasgos con cada golpe de la toalla. Su rostro apareció envuelto en una encantadora sonrisa. Era tan natural que un médico fue llamado específicamente para determinar su muerte. Seguramente era la belleza interior de sus virtudes la que irradiaba su rostro externo. 

              Después de un intenso período de sufrimiento en unión con Jesús por la conversión de los pecadores, Marie Rose Ferron tomó vuelo al Cielo el 11 de Mayo de 1936, a los 33 años, tal como Jesús le dijo en éxtasis unos siete años antes. Vestía el hábito de la Congregación Religiosa que había fundado después de las instrucciones de su Señor, aunque murió sin verlo progresar más allá de la aprobación del Obispo Hickey bajo el nombre de las Hermanas de Reparación de las Sagradas Llagas de Jesús. "Jesús necesitará esta Comunidad en poco tiempo" , había dicho ella.

              Queremos terminar con la Oración de Ofrecimiento con el que Marie Rose entregaba sus molestias y dolores a Nuestro Señor:  "Me ofrezco como Víctima, un holocausto para vivir en constante caridad, rogándote, oh Jesús mío, para que me consumas sin cesar, para que pueda ser una víctima de Tu Amor... "




jueves, 8 de mayo de 2025

PRIMERA COMUNIÓN DE SANTA TERESITA. Centenario de la Canonización de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, 1925-2025

                 


               "Finalmente llegó el más hermoso de los días. ¡Qué inefables recuerdos han dejado en mi alma hasta los más pequeños detalles de esta jornada de Cielo...! El gozoso despertar de la aurora, los besos respetuosos y tiernos de las profesoras y de las compañeras mayores... La gran sala repleta de copos de nieve, con los que nos iban vistiendo a las niñas una tras otra. Y sobre todo, la entrada en la capilla y el precioso canto matinal "¡Oh Altar Sagrado, que rodean los Ángeles!..."

                Pero no quiero entrar en detalles. Hay cosas que si se exponen al aire pierden su perfume, y hay sentimientos del alma que no pueden traducirse al lenguaje de la tierra sin que pierdan su sentido íntimo y celestial. Son como aquella "piedra blanca que se dará al vencedor, en la que hay escrito un nombre nuevo que sólo conoce el que la recibe".

                ¡Qué dulce fue el primer beso de Jesús a mi alma...! Fue un beso de amor. Me sentía amada, y decía a mi vez: "Te amo y me entrego a Ti para siempre".

               No hubo preguntas, ni luchas, ni sacrificios. Desde hacía mucho tiempo, Jesús y la pobre Teresita se habían mirado y se habían comprendido... Aquel día no fue ya una mirada, sino una fusión. Ya no eran dos: Teresa había desaparecido como la gota de agua que se pierde en medio del océano. Sólo quedaba Jesús, Él era el Dueño, el Rey. ¿No le había pedido Teresa que le quitara su libertad, pues su libertad le daba miedo? ¡Se sentía tan débil, tan frágil, que quería unirse para siempre a la Fuerza divina...!

               Su alegría era demasiado grande y demasiado profunda para poder contenerla. Pronto la inundaron lágrimas deliciosas, con gran asombro de sus compañeras, que más tarde comentaban entre ellas: "-¿Por qué lloraba? ¿Habría algo que la atormentaba? -No, sería porque no tenía a su madre a su lado, o a su hermana la carmelita a la que tanto quiere". No comprendían que cuando toda la alegría del Cielo baja a un corazón, este corazón desterrado no puede soportarlo sin deshacerse en lágrimas..."


"Historia de un alma", autobiografía de Santa Teresita 
del Niño Jesús y de la Santa Faz



sábado, 3 de mayo de 2025

DEBEMOS GLORIARNOS EN LA CRUZ DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

  

"Nosotros debemos gloriarnos
 en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, 
en quien está nuestra salud, 
nuestra vida y nuestra resurrección, 
y por quien hemos sido salvados y redimidos."

(El Apóstol San Pablo a los Gálatas, capítulo 6, versículo 14 )



Cuando Yo sea levantado, 
entonces atraeré a todos hacia Mí...

Evangelio de San Juan, cap. 12, vers. 32


               El título de esta conmemoración, proviene del verbo latino "invenio", que se traduce como hallar o encontrar.

               En el sexto año de su reinado, el Emperador Constantino se enfrenta contra los bárbaros a orillas del Danubio. Se considera imposible la victoria a causa de la magnitud del ejército enemigo. 

               Una noche Constantino tiene una visión: en el cielo se apareció brillante la Cruz de Cristo y encima de ella unas palabras, In hoc signo vinces ("Con esta señal vencerás"). El emperador hizo construir una Cruz y la puso al frente de su ejército, que entonces venció sin dificultad a la multitud enemiga. De vuelta a la ciudad, averiguado el significado de la Cruz, Constantino se hizo bautizar en la religión cristiana y mandó edificar iglesias en Roma y Trier.

               No tardó en enviar a su piadosa madre, Santa Elena, a Jerusalén en busca de la verdadera Cruz de Cristo; esto acaeció alrededor del año 320. Una vez en la Ciudad Santa, la Santa Emperatriz Elena, mandó llamar a los más sabios y hasta se valió de torturas para conseguir la confesión del lugar donde se encontraba la Cruz.

               En el monte donde la tradición situaba el Calvario, encontraron tres cruces ocultas. Para descubrir cuál de ellas era la verdadera, y siguiendo el consejo del Obispo de Jerusalén, San Macario, las colocaron una a una sobre un joven muerto (otras versiones especulan que fuese una mujer gravemente enferma) el cual resucitó al serle impuesta la tercera, por lo que enseguida todos entendieron que se trataba de la de Nuestro Señor Jesucristo. 

               Allí mismo mandaría edificar Santa Elena la Basílica del Santo Sepulcro, como desagravio por el templo que  habían dedicado a Venus anteriormente y que fue demolido en pro del Cristianismo. A esta ejemplar monarca, debemos también la recuperación del Huerto de Getsemaní, la construcción de una iglesia cerca de la actual Basílica de la Natividad, otra sobre el Monte de la Ascensión, así como otros templos en la región de Palestina, alrededor de un total de ochenta edificaciones.




               Dios se ha complacido en dar tanto poder a la Santa Cruz que a su sola señal los demonios vuelan; por ella el Sacerdote bendice a los fieles y los devotos reciben abundantes gracias. Los primeros Cristianos le tenían tanta devoción que, según los antiguos Padres, nunca comenzaban ninguna acción sin antes hacer sobre sí mismos la señal de la cruz. En la Edad Media no se comenzaba a escribir ninguna escritura pública, inscripción, ley, etc., sin antes trazar sobre ella la señal de la cruz. Este signo fue aceptado como la firma de los incultos; a menudo precedía al de los eclesiásticos, y en muchos distritos rurales incluso la masa y el pan se marcaban con una cruz antes de hornearlos.


La Tradicional Devoción de
Los Mil Jesús
(edición para imprimir)





PROCLAMACIÓN DE SANTA TERESITA COMO PATRONA DE FRANCIA. Centenario de la Canonización de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, 1925-2025

 

                    El 3 de Mayo de 1944, el Papa Pío XII, según los deseos del Cardenal Arzobispo de París, Monseñor Emmanuel Suhard y de los Obispos franceses, proclamó a Santa Teresita Patrona secundaria de Francia, con igual dignidad que Santa Juana de Arco. 



                    Como quiera que la nobilísima nación francesa tiene desde hace varios siglos como patrona principal a la Santísima Virgen María, Madre de Dios, y como Patrona secundaria a Santa Juana de Arco, desde su canonización, los Obispos, de común acuerdo, han juzgado oportuno, sobre todo en estos tiempos de dificultad, proveer a los Fieles de Francia otra intercesión especial ante Dios, la de la Santa Carmelita de Lisieux, quien, para que la Fe Católica se conservase siempre firmemente entre sus compatriotas, dio muestras de un gran amor a su patria encomendándola a Dios lo más posible...

                    ...En verdad, Nos mismo, incluso antes de ser elevados al Supremo Pontificado, cuando ejercíamos las funciones de Legado en la ciudad de Lisieux en 1937, recogimos sobre este tema testimonios elocuentes y memorables, hasta el punto de que los deseos que el Cardenal de París, hablando tanto en su nombre personal como en el de los demás Obispos, nos presenta con vehemencia, creemos que deben ser hoy acogidos favorablemente.

                    Por tanto... usando de la plenitud de Nuestro Poder Apostólico, por el contenido de esta carta y de manera perpetua, declaramos e instituimos a Santa Teresita del Niño Jesús Patrona secundaria de toda Francia ante Dios, añadiéndole todos los privilegios y honores litúrgicos que ordinariamente pertenecen a los Patronos celestiales de esta clase. 


Extracto de la Declaración del Patronazgo 
de Santa Teresita como Patrona de Francia



jueves, 1 de mayo de 2025

EL TRATO FRECUENTE, AFECTUOSO Y PERSONAL CON ÉL. Primer Jueves, recemos por la Santidad Sacerdotal

 


                    “Creo que el mal del abandono de los Sagrarios es el que más directamente va contra el Corazón de Jesús... En el orden práctico de la Gloria de Dios y de la vida de las almas, el mal de todos los males es el abandono del Sagrario; y el bien, causa y principio de todos los bienes, es la Compañía del Sagrario”.

                    “El Corazón de Jesús Sacramentado echa de menos en muchos, muchos de Sus amigos el trato frecuente, afectuoso y personal con Él... La Eucaristía abandonada es Jesucristo contrariado con la más amarga de las contrariedades, y las almas y las sociedades privadas de ríos y de mares de bienes.. Yo no sé que se haya hecho jamás más daño a la Vida Cristiana como con este retirar de su circulación al Sagrario”.

                    “Jesús está en el Sagrario no en momentos del día o de la noche, sino todos los minutos del día y de la noche… Y está no en representación de imagen o en una reliquia de un cuerpo, o en una palabra de Su boca, sino que está presente, entero y vivo, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad”.


Obispo Manuel González



martes, 29 de abril de 2025

ANIVERSARIO DE LA BEATIFICACIÓN DE SANTA TERESITA



               Conmemoramos hoy el 102 Aniversario de la Beatificación de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, por el Papa Pío XI, el 29 de Abril de 1923. Un mes antes, sus virginales restos habían sido exhumados del cementerio de Lisieux, para ser trasladados al Convento que la vio nacer al Cielo.

               Los dos milagros exigidos para la Beatificación de Teresita fueron recogidos y escrupulosamente analizados por peritos médicos y eclesiásticos; el primer milagro atribuido a la intercesión de Santa Teresita fue con la hermana Luisa de Saint Germain, religiosa de las Hijas de la Cruz, que sufría de una grave úlcera hemorrágica en el estómago. Al recurrir a la intercesión de Santa Teresa de Lisieux, obtuvo salud perfecta. A petición de la Sagrada Congregación de Ritos, tres médicos unánimemente declararon que estaba sana.

              El segundo milagro, determinante para la Beatificación de Santa Teresita, fue la curación de un joven seminarista llamado Charles Anne. Charles fue víctima de hemoptisis pulmonar. Invocó la ayuda de Santa Teresa de Lisieux y quedó perfectamente curado, según testificaron tres médicos. El prestigioso médico De Charles testificó: "Los pulmones destruidos y arrasados habían sido reemplazados por nuevos pulmones, llevando a cabo sus funciones normales…" 

               El mismo día de la Beatificación se obraría un tercer milagro; en el momento en que el Romano Pontífice elevaba a los altares a Teresita de Lisieux, en Baviera, Alemania, Teresa Neumann, mística estigmatizada, tendrá una particular aparición de la nueva Beata, que le devolverá la vista perdida a causa de una rara enfermedad. La relación de ambas se extendería en el tiempo y seguro que también en la Eternidad.

               La Causa de Beatificación había sido presentada oficialmente el 10 de Junio de 1914, ante el Papa San Pío X, que calificó a Teresita como "la Santa más grande de los tiempos modernos...". El Papa Benedicto XV había firmado dos años antes el Decreto de Heroicidad de Virtudes de la entonces Sor Teresita.

               El Papa Pío XI, que tenía una devoción especial a la que él llamaba, entre otros apodos, "mi pequeña Santa", no solo la beatificó, sino que la canonizaría dos años después.

               Celine Martin, hermana de sangre y de religión de Teresita, había pintado en 1923 una pequeña Apoteosis, que sería usada como tapiz el día de la Beatificación.


EL MILAGRO 
que abrió el proceso 
para reconocer 
la Santidad de Teresita de Lisieux


Reine Fauquet, con ceguera irreversible


                    El 26 de Mayo de 1908, Reine Fauquet, una niña de cuatro años, ciega irreversible según la Medicina, visitaba con su familia la primera tumba de Teresita, en el Cementerio de Lisieux; al regresar de la peregrinación, la niña recuperó inesperadamente la vista. Marie, su hermana mayor le pregunta entonces cuándo había empezado a ver y la pequeña le desvela con detalle la celestial visita de Teresita... 

                    Marie, recuerda entonces haber visto a Reine, en la mañana de aquel 26 de Mayo, calmarse repentinamente después de un fuerte ataque de dolor, luego mirar fijamente algo, sonriendo, antes de quedarse dormida plácidamente. 

                    El testimonio de Reine, pese a su corta edad, nunca cambió, declarando ante las Carmelitas de Lisieux: «Vi a la pequeña Teresita allí, muy cerca de mi cama, me tomó de la mano, se rió conmigo, era hermosa, tenía un velo y todo estaba iluminado alrededor de su cabeza»

                    Una de las monjas pregunta entonces: "¿Cómo estaba vestida?" . "¡Como va vestida Usted!" respondió la niña. 

                    Los médicos que la habían tratado por la ceguera emitieron entonces un certificado el 6 de Julio de 1908, donde acreditaban la completa recuperación de Reine Fauquet. 

                    Al año siguiente, en 1909, tras el milagro de la Reine, se abrió una investigación para reconocer las virtudes heroicas de la Venerable Sierva de Dios.


LOS MILAGROS 
DE LA BEATIFICACIÓN


Charles Anne, enfermo de tuberculosis


                    "Soy un seminarista de 23 años. Después de numerosos vómitos de sangre y hemorragias violentas, había llegado a tal grado de debilidad que tuve que guardar cama el 23 de Agosto de 1906. Dos médicos juzgaron mi estado como muy grave: se había formado una caverna profunda en el pulmón derecho, los bronquios estaban muy dañados y el análisis del esputo reveló la presencia del bacilo de la tuberculosis. Los médicos admitieron su impotencia y me condenaron.

                    Entonces mis padres, entre lágrimas, pidieron mi curación a Nuestra Señora de Lourdes por intercesión de Sor Teresita del Niño Jesús y me colocaron alrededor del cuello una bolsita de cabellos de esta pequeña Santa. Durante los primeros días de esta novena, mi estado empeoró: tuve una hemorragia tan violenta que pensé que iba a morir; un sacerdote fue llamado apresuradamente; Pero, aunque me instaron a sacrificar mi vida, no pude resolverme a hacerlo y esperé con confianza el fin de la novena. Hasta el último día, nada había mejorado. Entonces el recuerdo de Teresa vino a mi corazón, las palabras que describían tan claramente su gran alma me llenaron de una confianza indescriptible: «Quiero pasar mi Cielo haciendo el bien en la tierra». Tomé la palabra de la joven carmelita. Ella estaba en el Cielo, ¡oh! sí, estaba seguro de ello; yo estaba en la tierra, yo estaba sufriendo, yo iba a morir: había algo bueno que hacer, ella tenía que hacerlo. Así pues, apretando fuertemente contra mi pecho la querida reliquia, recé a la Santa con tanta fuerza que, en verdad, los mismos esfuerzos realizados en vistas a la vida deberían haberme traído la muerte. 

                    Comenzamos de nuevo una novena, esta vez pidiendo directamente a Sor Teresa del Niño Jesús mi curación, con la promesa de que si concedía nuestra petición, publicaría el relato. Al día siguiente la fiebre bajó repentinamente y en los días posteriores, tras el examen, el médico concluyó que se había recuperado tan categóricamente como había afirmado que había muerto. No había rastro de la caverna pulmonar, la opresión había cesado y el apetito estaba volviendo notablemente. Me curé. Pero al mismo tiempo que renovaba mis fuerzas físicas, Teresa también realizaba una maravillosa transformación en mi alma. En un día ella hizo en mí la obra de toda una vida..."

                    Firmado en Lisieux (Normandía), el 29 de Enero de 1907.



Sor Luisa de Saint-Germain, enferma de úlcera de estómago


                    "Durante mi Noviciado (en la Congregación de las Hijas de la Cruz), en 1911 y 1912, había padecido con frecuencia dolores de estómago y de cabeza, acompañados de vómitos dolorosos; sin embargo, mi salud no se vio afectada hasta el punto de impedirme ser admitido en la Profesión Religiosa, tras lo cual partí para España. Pero, a partir de los primeros meses de 1913, los dolores de estómago reaparecieron con mayor frecuencia y los vómitos, mezclados con sangre, demostraron que se había formado una úlcera en el interior. De regreso en Ustaritz, lo primero que me pusieron fue una dieta de huevos y leche, con unas cuantas pastillas de bismuto. Una crisis más aguda que todas las anteriores, ocurrida en la noche del 14 de Noviembre, me obligó a veinticinco días de dieta acuosa y reposo absoluto. El médico indicó que la herida interna en el estómago continuaba a través del píloro hasta la parte superior del duodeno.

                    Después de ocho meses de cuidados en la enfermería, pensé que estaba lo suficientemente bien como para pedir volver a mi clase, y obtuve permiso para regresar a España. ¡Ay!, el mal sólo estaba dormido. Los mismos síntomas reaparecieron con un aumento sin precedentes acompañado de hemorragias profusas. Se consideró que era esencial una operación y me enviaron de regreso a nuestra Casa Provincial en Ustaritz. Después de un viaje extremadamente difícil, llegué allí en tal estado de debilidad que creyeron necesario administrarme los Últimos Sacramentos.

                    Era principios del Verano de 1915. Me encontraba en un estado de agotamiento total. Durante treinta y dos días, tomando como único alimento unos cuantos bocados de agua helada que luego rechacé a costa de crueles sufrimientos. Fue entonces cuando la Comunidad inició una novena a Sor Teresita del Niño Jesús. Me uní a ella con alegría, porque amaba mucho a la pequeña Santa, que incluso se dignó, durante esta novena, hacerme sentir su presencia. Tuve, en efecto, la impresión muy suave de su mano apoyada sobre mi cabeza, como para tranquilizarme, y, durante tres días, un perfume misterioso que las Hermanas no supieron explicar se extendió por la habitación que yo ocupaba. Esta gracia debía sostener mi ánimo, porque todavía tenía que sufrir mucho tiempo. Viendo que las oraciones no surtían efecto, ya no pedí a Sor Teresa mi curación; sólo la llamé para solicitar su ayuda.

                    Mientras tanto, a principios de Septiembre de 1916, una de nuestras Hermanas, al pasar por aquí, me inspiró a renovar mis peticiones a la querida Santa. Cediendo a su invitación, uní el sacrificio a la oración y redoblé mi confianza. Ahora bien, cuál no fue mi asombro cuando, en la noche del 10 de Septiembre, la misma Sor Teresa del Niño Jesús vino a mí y me dijo: “Sé generosa, pronto te curarás, te lo prometo”. Entonces desapareció. Y por la mañana, las tres monjas que dormían en mi enfermería se sorprendieron mucho al encontrar pétalos de rosa de todos los colores alrededor de mi cama. Era el presagio de mi recuperación; pero se retrasaría unos días más, durante los cuales sufrí un verdadero martirio y quedé completamente inmóvil. 

                    Fue solo la noche del 21 de Septiembre, tras un violento ataque, que me quedé dormida repentinamente, contra toda expectativa, para despertar al día siguiente perfectamente curada. Ya no sentía dolor, pero sí una sensación de bienestar general. Tenía mucha hambre y me levanté con alegría para pedir permiso para asistir a la Santa Misa. Por sabia prudencia, mi digna Superiora me obligó a volver a la cama, donde me trajeron un copioso desayuno; y pronto, ante la evidencia de mi completa recuperación, pude retomar mi vida normal. Desde entonces, es decir, desde hace un año, gozo de perfecta salud, y le estoy profundamente agradecida a la Hermana Teresita del Niño Jesús"

                    Firmado en Ustaritz, en Octubre de 1917.