sábado, 12 de octubre de 2024

ESTE PILAR PERMANECERÁ HASTA EL FIN DEL MUNDO

  

“El Catolicismo es el denominador común 
de los pueblos hispanoamericanos que en este día 
celebran su encuentro... La unión que se exalta 
en este día entre las veinte naciones que 
constituyen la Hispanidad ha de ser para 
hacer prevalecer siempre los derechos de Cristo 
en todos los órdenes...”


Papa Pío XII, 12 de Octubre de 1948




               La Santísima Virgen del Pilar de Zaragoza tiene el honor de ser la primera de las Apariciones Marianas de la historia. De acuerdo con la piadosa Tradición (1), el día 2 de Enero del año 40 de nuestra Era Cristiana, la Virgen Nuestra Madre se apareció en carne mortal al Apóstol Santiago y a un grupo de convertidos que se hallaban orando a orillas del Ebro. 

               Ahí les manifestó Su deseo de que se le diese culto para siempre en aquel lugar. Santiago y sus compañeros construyeron una capilla, siendo por tanto, el primer templo construido en honor de la Virgen María. Conviene subrayar que, a diferencia de otras Apariciones Marianas, se trata de una Aparición singular y única en la historia, ya que tuvo lugar cuando la Virgen todavía vivía en este mundo.

               El Papa Clemente XII estableció la fecha del 12 de Octubre para la Festividad de la Virgen del Pilar.


LA PIADOSA TRADICIÓN DEL PILAR


               "Después de la Pasión y resurrección del salvador y de su ascensión al Cielo, la Virgen María quedó encomendada al Apóstol San Juan. De ella recibieron los Apóstoles el impulso para salir a anunciar el Evangelio en todo el mundo. El Apóstol Santiago, hermano de Juan e Hijo de Zebedeo, movido por el Espíritu Santo se dirigió a las provincias de España. Antes de partir besó las manos de la Virgen y pidió Su bendición.

              Ella lo despidió con estas palabras: "Ve, hijo, cumple el mandato del Maestro y por Él te ruego que en aquella ciudad de España en que mayor número de hombres conviertas a la Fe, edifiques una Iglesia en Mi memoria, como Yo te lo mostraré". Saliendo de Jerusalén, Santiago llegó a España y pasando por Asturias llegó a la ciudad de Oviedo, donde sólo pudo bautizar a un hombre. Luego, entrando por Galicia, predicó en la ciudad de Padrón. De allí volviendo por Castilla se dirigió a Aragón, donde se encuentra Zaragoza, a orillas del Ebro. 

               En esta ciudad, luego de predicar muchos días, bautizó a ocho varones con quienes conversaba durante el día del Reino de Dios. Por la noche, solo y descorazonado, se encamina por la ribera del río para descansar y orar en silencio. Durante la oración, una de esas noches oyó voces de Ángeles que cantaban: "Ave María llena de gracia..." al oírlos se postró de rodillas y vio sobre un pilar de mármol a la Virgen que le decía: "He aquí, Santiago, el lugar donde edificarás un templo en Mi memoria. Mira bien este pilar en que estoy, al que Mi Hijo y Maestro tuyo trajo de lo alto por mano de los Ángeles. Alrededor de él harás el Altar de la capilla, en este lugar obrará la Virtud del Altísimo portentos y maravillas por Mi intercesión por aquellos que, en sus necesidades imploren Mi Patrocinio. Este pilar permanecerá en este sitio hasta el Fin del Mundo y nunca faltarán en esta ciudad verdaderos Cristianos". 

               Confortado por esta presencia de María, edificó un templo. Es la primera iglesia del mundo dedicada a la Virgen".


(Tradición oral que fue recogida en un manuscrito del siglo IX)




NOTA

          1-     Muchos historiadores e investigadores defienden esta Tradición y aducen que hay una serie de monumentos y testimonios que demuestran la existencia de una iglesia dedicada a la Virgen de Zaragoza.  El más antiguo de estos testimonios es el famoso sarcófago de Santa Engracia, que se conserva en Zaragoza desde el siglo IV, cuando la Santa fue martirizada. El sarcófago representa, en un bajo relieve, el descenso de la Virgen de los Cielos para aparecerse al Apóstol Santiago.

               Asimismo, hacia el año 835, un monje de San Germán de París, llamado Almoino, redactó unos escritos en los que habla de la Iglesia de la Virgen María de Zaragoza, "donde había servido en el siglo III el gran mártir San Vicente", cuyos restos fueron depositados por el Obispo de Zaragoza, en la iglesia de la Virgen María. También está atestiguado que antes de la ocupación musulmana de Zaragoza (año 714) había allí un templo dedicado a la Virgen. 

               La devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se halla tan arraigada entre los españoles y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la Aparición de la Virgen del Pilar como "una antigua y piadosa creencia".

 


viernes, 11 de octubre de 2024

EL OFRECIMIENTO DE LA SANTA FAZ

 


               Tal día como hoy, el 11 de Octubre, pero del año 1845, Nuestro Señor se manifestó a la mística Sor María de San Pedro, y de la Sagrada Familia: "Busco Verónicas para enjugar y venerar mi Divina Faz, la cual tiene pocos adoradores". Le enseñó entonces una oración de reparación a la Santa Faz:

               Padre Eterno, Te ofrezco la adorable Faz de Tu amado Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, por el Honor y la Gloria de Tu Nombre, para la conversión de los pecadores, para la salvación de los moribundos

               A pesar de las primeras negativas por parte de la Autoridad Eclesiástica, en 1847, Sor María de San Pedro finalmente obtuvo de la Autoridad Eclesiástica la autorización para fundar una cofradía de laicos, destinada a orar por la reparación de las ofensas cometidas contra la Santa Faz. 

               Siguiendo los dictados de Nuestro Señor, Sor María de San Pedro hizo acuñar una insignia, una cruz con la imagen de la Santa Faz, como distintivo de la Archicofradía y señal de entrega a la obra de reparación de las blasfemias; la archicofradía comenzó a extenderse muy pronto por toda Francia, siendo inspiración para otras naciones que pronto quisieron afiliarse a la causa. 



LA MATERNIDAD DIVINA DE NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN MARÍA, MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA

 

Alégrate, oh Virgen María,
porque Tú sola has destruido
en todo el mundo todas las herejías




               Entre los cuatro Dogmas Marianos ninguno tan inculcado y venerado por la Liturgia Sagrada como el de la Maternidad Divina de la Bienaventurada Virgen María, por ser el principal y la raíz de todas las prerrogativas que distinguen a Nuestra Señora y la encumbran a la vez sobre las demás criaturas.

               Fue en el Concilio de Éfeso (año 431) cuando los Padres, reunidos bajo la presidencia de San Cirilo de Alejandría, legado al efecto del Papa San Celestino, excomulgaron al patriarca Nestorio y definieron la Divina Maternidad de la Virgen María, proclamándola Theotokos, Deípara o Madre de Dios, por ser la Madre de Cristo, el cual es Dios a la par que hombre.

               De donde resulta para la Virgen Madre "una dignidad casi infinita", como enseña Santo Tomás de Aquino, pudiéndola llamar de algún modo los Santos Padres como el complemento de la Trinidad, Su instrumento y cooperadora en la magna obra de la Encarnación y de la Redención.

               Pero al ser María Madre del Hijo de Dios por naturaleza, es también Madre de los hijos de Dios por adopción y por gracia. Este aspecto tenía menor relieve en la Liturgia; de ahí que ahora insista en él la Iglesia, por ser uno de los mayores consuelos que caben al hombre huérfano y pecador.

               María Nuestra Señora es Madre de todos los Cristianos en el orden sobrenatural, por serlo Cristo, el cual se declaró a boca llena nuestro hermano mayor, dispuesto a compartir Su herencia con nosotros y su divina filiación. Es además Madre de los Cristianos por Su cooperación en nuestro rescate, y mejor que Eva merece ser llamada "Madre de todos los vivientes".

                La Virgen es además Madre por Su amor y maternal solicitud, ya que fue Nuestro Señor Jesucristo quien nos hizo donación de Ella a través de San Juan en la agonía del Calvario.

               En 1931, coincidiendo con el decimoquinto centenario de la definición dogmática de María como Madre de Dios por el Concilio de Éfeso, el Romano Pontífice Pío XI decretó que se celebrase la Maternidad de Nuestra Señora el 11 de Octubre.


MADRE DE DIOS 


               "Y, ciertamente, si el Hijo de la Santísima Virgen María es Dios, seguramente a Ella, quien lo llevaba, se le debe justa y merecidamente llamar la Madre de Dios. Si hay una sola Persona en Cristo, y esta es divina, sin duda alguna a María deberían todos llamarle no solo la Madre de Cristo el hombre, sino Theotokos, o portadora de Dios. Veneremos, por tanto, a la tierna Madre de Dios, a quien su prima Isabel saludó como ‘la Madre de mi Señor’ (Evangelio de San Lucas, cap. 1, vers. 43), y a quien, según Ignacio Mártir, dio a luz a Dios; y de quien, como profesa Tertuliano, nació Dios; a quien la Eterna Divinidad ha llenado con la plenitud de la gracia y dotada de tan gran dignidad."


Papa Pío XI, en su Encíclica "Lux Veritatis" del 25 de Diciembre de 1931


               "María es Madre de Dios: sobrepuja, por consiguiente, en excelencia a todos los Ángeles, Querubines y Serafines. Es Madre de Dios: es, por tanto, la más pura y las más santa de todas las criaturas, y, excepción hecha de Dios, no es posible figurarse mayor santidad que la de la Santísima Virgen. Es Madre de Dios: por eso, se la concedió a ella su privilegio antes que a cualquier Santo se concediese cualquier privilegio del orden de la gracia santificante."


Cornelio a Lapide


               María, para siempre bendita en el día de la Encamación, se convirtió en la Madre de Dios y obtuvo sobre su persona un verdadero dominio, una autoridad legítima, una jurisdicción natural, un derecho sagrado e incontestable: el derecho maternal... 


Mons. de la Tour d'Auvergne, Arzobispo de Bourges, de Septiembre de 1869


MADRE NUESTRA


                "¿No es María la Madre de Cristo? Ella es por tanto, también nuestra Madre. Por tanto, todos los que estamos unidos a Cristo, somos, como dice el Apóstol San Pablo, miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos (Carta a los Efesios, cap. 5, vers. 30). Debemos decirnos originarios del seno de la Virgen, de donde salimos un día a semejanza de un cuerpo unido a su cabeza. Por esto somos llamados, en un sentido espiritual y místico, hijos de María, y Ella por Su parte, Nuestra Madre común. Madre espiritual sí, pero Madre realmente de los miembros de Jesucristo, que somos nosotros..."


San Pío X en la Encíclica "Ad diem illum", 2 de Febrero de 1904






jueves, 10 de octubre de 2024

NO TE PREOCUPES POR EL MAÑANA. Meditaciones del Padre Pío de Pietrelcina

 


               Francesco Forgione más conocido como Padre Pío, había nacido en 1887, en Pietrelcina (Benevento). Fue bautizado un día después de su nacimiento. Ya desde muy temprana edad  acariciaba el sueño de consagrar su vida al Señor. 

               Fue aceptado  como novicio en la Orden de Frailes Capuchinos Menores  en Morcone (Benevento). El 10 de Agosto de 1910 fue ordenado Sacerdote. Inició su vida sacerdotal, teniendo una salud bastante frágil, por eso estará peregrinado por varios conventos antes de llegar a San Giovanni Rotondo, en 1916; allí vivirá hasta el día de su muerte el 23 de Septiembre  de 1968. 

               A la edad de cinco años había recibido la visita de Jesús  y María; veía también a los Ángeles, sin embargo pensaba que todos tenían la misma posibilidad...

               El 5 de Agosto de 1918 se manifestó la transverberación (perforación  espiritual del corazón) y después, el 20 de Septiembre  de 1918 recibió los estigmas en las manos, en los pies y en el costado, delante del crucifijo del coro de la vieja iglesia conventual. Poco antes de su muerte, las heridas, que de continuo estaban abiertas y sangrando, sanan y milagrosamente desaparecen.



miércoles, 9 de octubre de 2024

PREFIERO MORIR AMÁNDOTE. Meditaciones del Santo Cura de Ars

  



              
               San Juan María Vianney nació en Dardilly, cerca de Lyon, el 8 de Mayo de 1786. Muy joven todavía aprovechaba del trabajo de los campos o de la guarda de las ovejas para pasar largas horas en el recogimiento y la oración. Gustaba reunir junto a sí a los niños de su edad y les enseñaba a amar a Dios y a rezar el rosario. Deseando ser sacerdote, fue conducido al cura de Ecully para que le enseñara el latín. Pero como encontraba grandes dificultades en el estudio, marchó en peregrinación a pedir a San Francisco Regis, en Louvesc, la gracia de aprender lo suficiente para ser sacerdote. 

               Fue ordenado Sacerdote en 1815 y nombrado Vicario de Ecully. Permaneció allí unos tres años viviendo en medio de una gran austeridad. Luego fue nombrado párroco de Ars donde encontró a unos vecinos poco cristianos a los que pronto convirtió, tanto por su caridad y penitencias heroicas, como por su predicación. El Demonio, envidioso de semejante resultado, le persiguió de mil maneras. Pronto acudieron de todas partes a su confesonario muchedumbres de gentes que venían a buscar junto a él la luz de la gracia de la conversión. Acabado por las fatigas murió el 4 de Agosto de 1859 a la edad de 73 años. 

               El Papa San Pío X le beatificó en 1905 y le nombró Patrono de todos los Sacerdotes de Francia que tienen el cuidado de las almas; el Papa Pío XI le canonizó el 31 de Mayo de 1925, por lo que el próximo año, celebraremos el Centenario de su elevación a los altares.




lunes, 7 de octubre de 2024

EL SANTO ROSARIO: UN TORRENTE INCALCULABLE DE BENDICIONES

  


            No hay duda alguna de que el Rosario ocupa un papel muy privilegiado en la historia de la Piedad Católica. En primer lugar, porque une el fiel a Nuestra Señora y atrae toda clase de gracias celestiales. En segundo lugar, porque ahuyenta al demonio. Satanás tiene odio y terror al Rosario. Si alguien está siendo blanco de una tentación, tome fervorosamente el Rosario en las manos y se verá fortalecido contra la embestida del enemigo de nuestras almas.

            Excelente medio de venerar a la Madre de Dios, el Rosario es la causa de un torrente incalculable de bendiciones derramadas sobre la Cristiandad. Por eso los Papas -así como otras autoridades eclesiásticas- no se cansan de elogiarlo, enriqueciéndolo con muchas indulgencias. Por si no fuese suficiente, la Santísima Virgen, queriendo Ella misma incentivar esa devoción, más de una vez se apareció llevando el piadoso instrumento en sus manos virginales.

           El Rosario es la oración de los fuertes y la súplica de los batalladores, porque es un conjunto de oraciones de una eficacia tal que hace avanzar el bien y retroceder el mal.

            Véase, por ejemplo, el episodio de la conversión de los albigenses. La herejía promovida por éstos -cuyo nombre deriva de la ciudad de Albi, en Francia- se difundió más o menos por toda Europa.

             Durante tres días, solo, Santo Domingo no hizo sino rezar y ayunar, suplicándole a Nuestra Señora que Ella venciese la dureza de alma de los albigenses y los incitase a la conversión. Finalmente, sin alcanzar ninguna respuesta del Cielo, cae desfallecido, elevando a la Santísima Virgen una última oración: "Madre mía, no tengo más fuerzas, pero continúo confiando en Ti. Tú sabrás qué hacer de mis pobres oraciones". Y continuaba rezando, mientras sus labios pudiesen articular alguna palabra.

            En ese momento de extrema angustia, Nuestra Señora se le aparece y le revela, de una vez, la grandeza y la magnificencia del Rosario. En seguida anima a Santo Domingo a la lucha contra la herejía. Munido de la poderosa arma que le confió la Madre de Dios, el Santo corre a la Catedral y comienza a predicar. El Cielo lo prestigia: primero, las campanas comienzan a tocar por las manos de un ángel; después, rayos y truenos hicieron estremecer al pueblo allí presente.

            ¡Cómo el temor prepara para el amor! Son dos escaleras que, juntas, conducen al hombre a la unión con Dios. Una, de noble granito, el temor. Otra, de oro, el amor.

           Deseando la Providencia preparar a aquellas almas endurecidas para amar a Dios en la palabra inflamada de Santo Domingo, les infundió antes el terror de la ira divina. Después, a medida que Santo Domingo hablaba, sucedió lo mismo que cuando Nuestro Señor ordenó que la tempestad amainase. La borrasca cesó y los oyentes comprendieron que la palabra de aquél hombre era poderosa delante de Dios. La Providencia le había conferido el duplo poder de desencadenar y de suspender los castigos, así como también le había dado la fuerza de tomar las almas arrepentidas, trémulas y avergonzadas, y llevarlas al perdón, a la contrición y al amor de Dios.

            ¿Qué predicó Santo Domingo? Predicó el Rosario.

            Según la historia de la Iglesia, a partir del momento en que el Rosario se comenzó a difundir, la herejía albigense fue perdiendo terreno, porque había sufrido un golpe irremediable en lo que tenía de más vital.

            El Rosario representa, así, una magnífica arma de guerra. De esa forma de guerra muy importante en la cual el Católico lucha por los intereses de la Verdadera Iglesia de Dios y la Causa de Nuestra Señora, combate al demonio y a los enemigos de su propia salvación.



            La práctica del Rosario, por lo tanto, debe ser una característica del católico de todos los tiempos, sobre todo de los que viven en este paganizado siglo XX, en el cual todo conspira contra la virtud y la Fe. Tan eficaz en los días de Santo Domingo, victorioso contra los albigenses, el Rosario lo será aún más contra la impiedad de este fin de milenio. Pues no hay ninguna razón para pensar que perderá su fuerza en una época en que se hace más necesaria.

            El Rosario es el arma de la Ortodoxia Católica, el arma del Ultramontanismo, y la Devoción por la cual aplastamos las raíces del mal espíritu que pueda haber en nosotros, y derrotamos la herejía y el mal espíritu y la lucha que estos mueven contra nosotros. De manera que el Rosario es una práctica típica para nosotros, y es por esta razón que insistimos tanto sobre ella. De tal manera que se debe considerar que la vida de un contra-revolucionario sólo es normal y sólo está en regla, cuando, entre otras cosas, reza diariamente las tres partes del Rosario.


Plinio Corrêa de Oliveira


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domingo, 6 de octubre de 2024

SANTA MARÍA FRANCISCA DE LAS CINCO LLAGAS

 

"¡Cómo no morir, cómo no dar mi vida 
como testimonio de mi Fe por este gran 
Misterio de la Santísima Trinidad! 
¡Cómo no poder, al precio de mi sangre, 
hacerlo conocido y adorado por todos 
los hombres...!"

Santa María Francisca de las Cinco Llagas



               Anna María Gallo nació en Nápoles, Italia, el 25 de Marzo de 1715. Sus padres eran comerciantes y residían en el conocido barrio español, entonces feudo de pillos, gentes de mal vivir. Gracias a Bárbara Basinsi, su madre, Anna vio dulcificada parte de su vida, ya que tuvo que presenciar (y fue también receptora) de los malos tratos de su padre. Éste era tan iracundo que, antes de su nacimiento, su madre presa de angustia, acudió a San Francisco Jerónimo y a San Juan José de la Cruz quienes le vaticinaron que tendría una hija Santa. Y esta virtuosa y abnegada mujer enseñó a la niña a vivir en la presencia de Dios. Su ejemplo hizo que en el barrio fuese conocida como "la Santita".

               Desconocían que privadamente había consagrado su vida a Dios. Por eso cuando a los 16 años, su padre se empeñó en desposarla con un pretendiente de buena posición que admiraba su virtud y belleza, pese a que las penitencias se reflejaban en su pálido rostro, se negó rotundamente. Él la golpeó sin piedad y la recluyó vetándole todo alimento, excepto pan y agua. Fue su oportunidad para intensificar la mortificación, la oración y la penitencia, hasta que Bárbara consiguió aplacar a su marido con la mediación del padre Teófilo, franciscano de la Orden Menor.

               El 8 de Septiembre de 1731 María Francisca recibió el hábito de la Orden Tercera Franciscana, según la reforma de San Pedro de Alcántara, mudando su nombre por el de "María", por amor a la Virgen Madre de Dios, "Francisca" por su devoción a San Francisco de Asís y "de las Cinco Llagas" por su continua contemplación de la Pasión de Cristo Nuestro Señor, reflejada en el rezo diario del Via Crucis.

               En contra lo que podía esperarse, pidió que la dejaran vivir en la casa familiar como religiosa. En el hogar, la joven se ocupaba de los quehaceres domésticos y las tareas más sencillas. A través de ellas iba compenetrando cada vez más su alma con Dios, en el servicio y la oración, haciendo de lo sencillo una ofrenda de amor. María Francisca empezó a caer en éxtasis, absorta en la meditación de los dolores del Señor. Varias veces, absorta en el arrebato místico, la Virgen María se le apareció para darle consuelo y hacerle algunos pedidos espirituales.

               Anna fue bendecida con diversos fenómenos místicos (éxtasis, apariciones, arrobamientos…), y dones extraordinarios. Su padre intentó obtener provecho de ellos y le trasladó lo que un negociante le había propuesto: nada menos que hiciera uso de estas gracias para obtener un buen dinero, dedicada a una especie de quiromancia. La joven protestó: no era una adivina. Pero su padre replicó que, al ser una santa, conseguiría el favor de Dios para adivinar el futuro. Al recibir su negativa, volcó su ira en ella azotándola con el látigo. Por este hecho, un juez, que fue advertido por el obispo, le amenazó con una multa si volvía a castigar a su hija de ese modo. Nunca más lo hizo.

               A la muerte de su madre, la Santa se trasladó al domicilio del Sacerdote Giovanni Pessiri, al que sirvió los treinta y ocho años restantes de su vida. Allí vivió junto a otra terciaria franciscana. Las tentaciones y ataques que le infligía el Demonio eran frecuentes. Del crucifijo brotó un día la solución para ahuyentarlo: "Cuando te asalten los ataques de los enemigos del alma, haz la señal de la Cruz, y además de invocar los nombres de las Tres Divinas Personas de la Santísima Trinidad, debes decir varias veces: ‘Jesús, José y María’". Así lo venció. Fue frecuentemente acompañada del Arcángel San Rafael y ocasionalmente del Arcángel San Miguel.

               En medio de sus numerosos éxtasis, que la dejaban sin sentido, en la Navidad de 1741 vivió la experiencia del “desposorio místico”; quedó ciega durante 24 horas. Los fenómenos místicos que la acompañaron en tres ocasiones, se manifestaban en el instante de recibir la comunión, momentos en los que la Sagrada Forma, bien en manos del consagrante o hallándose en el copón, se posaba en sus labios sin que mano humana la depositara en ellos. Pero lo más significativo fue la aparición en su cuerpo de las cinco llagas de la Pasión del Divino Redentor. Todo ello lo entregó en oblación por la conversión de los pecadores y por las Almas del Purgatorio. A lo largo de su vida padeció incomprensiones, ofensas y murmuraciones de diverso calado, sufrimientos que asumió con paciencia, silencio y oración.

               Recibió también el don de profecía; vaticinó a San Francisco Javier María Bianchi, a quien conocía, que subiría a los altares. Murió tal día como hoy, el 6 de Octubre de 1791. Sería declarada Venerable por el Papa Pío VII en 1803; el Papa Gregorio XVI la beatificó el 12 de Noviembre de 1843 y Pío IX la canonizó el 29 de Junio de 1867.



viernes, 4 de octubre de 2024

SAN FRANCISCO DE ASÍS, el primer estigmatizado de la Iglesia

 



              Breve semblanza del Seráfico San Francisco de Asís:

              Nació en Asís, una ciudad sobre la ladera del Monte Subasio (Italia) en 1181. Su madre lo bautizó Juan, pero su padre lo cambió por Francisco. Pertenecía a una familia rica, dedicada al comercio de telas.

              San Francisco pasó gran parte de su juventud dedicado a cosas mundanas, sin importarle mucho Dios; incluso durante un tiempo fue soldado, pero un sueño le advirtió que no era su camino. Peregrinó entonces a Roma y oyó que el Señor le pedía reparar su casa . Es entonces cuando decide renunciar a todos sus bienes, desafiando a su padre, Pedro Bernardone que tenía pensado su futuro como comerciante. Así, a los veinticinco años, ciñe el hábito de los penitentes, atándose una cuerda a la cintura. 

              De esta manera, vivió un tiempo en soledad y luego fundó con doce compañeros la Orden de Frailes Menores (franciscanos) que fue aprobada por el Papa Inocencio III en 1209.

               Llegando al ocaso de su vida, durante una Cuaresma, San Francisco decide retirarse a orar y ayunar al Monte Alvernia. Una mañana, cuando nuestro santo se encontraba en oración, tuvo la visión celestial de un serafín: tenía seis alas resplandecientes. Entre ellas apareció representada la imagen de Nuestro Señor clavado en la Cruz. Dos alas del serafín se elevaban sobre su cabeza, las otras dos aparecían extendidas, en actitud de volar, y las restantes le cubrían el cuerpo.

                Al desaparecer aquella prodigiosa visión, surgieron llagas en sus manos y pies, semejantes a las de Jesús Crucificado, igual que lo acababa de contemplar en el éxtasis. También en el costado, se reprodujo una herida que recordaba a la que el soldado romano Longinos, infringió a Jesús ya muerto en la Cruz. Pero el milagro de la estigmatización no terminaba ahí: los biógrafos de San Francisco nos cuentan que mientras el santo recibía las Santas Llagas, la vegetación del Monte Alvernia comenzaba a arder con impresionantes llamas, produciendo enormes resplandores que despertaron a los pastores y vecinos del lugar.

               A diferencia de otros estigmatizados, los estigmas de San Francisco, presentaban unas características muy particulares y que jamás se reprodujeron de igual manera en otros casos de estigmatización; así, Tomás de Celano, testigo de la época, nos relata estas características de los estigmas de San Francisco: “Sus manos y sus pies estaban atravesados por la mitad, como con clavos; las cabezas de éstos asomaban por la parte interior de las manos y por la parte superior de los pies; las puntas, por el otro lado. Las marcas del interior de las manos eran redondas, las del otro alargadas”.



                San Buenaventura preguntó sobre los estigmas de San Francisco a algunos discípulos del santo, y que dieron el siguiente testimonio: “Los clavos eran negros y como de hierro, y hasta tal punto eran una misma cosa con la carne, que de cualquier cosa que se apretase, salían por el otro lado. En cambio, la llaga encarnada del costado, que por contracción de la carne había adoptado una forma circular, producía el efecto de una hermosa rosa”. 

              A pesar de la novedad de tan milagrosos hechos, San Francisco siempre intentó ocultar las llagas ante los ojos de los suyos; sin embargo, por obediencia, tuvo que mostrarlas ante la mirada de varios Cardenales e incluso del mismo Papa Alejandro IV, que certificó la veracidad de la estigmatización, amenazando con penas eclesiásticas a quienes impugnaran la verdad de las llagas del Santo.

               San Francisco murió en 1226; en ese momento, varias decenas de frailes, su hija espiritual, Santa Clara de Asís y otras franciscanas, pudieron venerar aquellas santas heridas que el santo les ocultó en vida. Dicen que incluso las llagas sangraron después de muerto; algunos frailes empaparon un lienzo con aquella sangre, que guardaron como una preciosa reliquia que aún hoy día se conserva.

              Fue canonizado por el Papa Gregorio IX, tan sólo dos años después de su muerte. El prodigioso hecho de la estigmatización de San Francisco, se conmemora en la Iglesia cada año el 17 de Septiembre.



jueves, 3 de octubre de 2024

SANTA TERESITA DE LISIEUX

   



                  María Francisca Teresa nació el 2 de Enero de 1873 en Francia. Hija de un relojero y una costurera de Alençon. Tuvo una infancia feliz y ordinaria, llena de buenos ejemplos. Teresita era viva e impresionable, pero no particularmente devota.

                  En 1877, cuando Teresita tenía cuatro años, murió su madre. Su padre vendió su relojería y se fue a vivir a Lisieux donde sus hijas estarían bajo el ciudadano de su tía, la Sra. Guerin, que era una mujer excelente. Santa Teresita era la preferida de su padre. Sus hermanas eran María, Paulina y Celina. La que dirigía la casa era María y Paulina que era la mayor se encargaba de la educación religiosa de sus hermanas. 

                   Años más tarde, Paulina ingresó en el Monasterio de las Carmelitas de Lisieux. Teresita, que contaba entonces con 9 años, se sintió inclinada a seguirla por ese camino. Era una niña afable y sensible y la religión ocupaba una parte muy importante de su vida.

                  Tenía Teresita catorce años cuando su hermana María se fue también al mismo Monasterio de Lisieux, al igual que Paulina. La Navidad de ese año, tuvo la experiencia que ella llamó su “conversión”. En su biografía cuenta que apenas a una hora de nacido el Niño Jesús, inundó la oscuridad de su alma con ríos de luz. Decía que Dios se había hecho débil y pequeño por amor a ella para hacerla fuerte y valiente.

                   Al año siguiente, Teresita le pidió permiso a su padre para ser religiosa carmelita, como sus hermanas, y su padre dijo que sí; no podía negarle deseo tan santo a su hija predilecta. Sin embargo, las Madres Carmelitas y el Obispo de Bayeux opinaron que era muy joven y que debía esperar.

                  Algunos meses más tarde fueron a Roma en una peregrinación por el Jubileo Sacerdotal del Papa León XIII. Al arrodillarse frente al Papa para recibir su bendición, rompió el silencio y le pidió si podía ser Carmelita a los quince años. El Papa quedó impresionado por su aspecto y modales y le dijo que si era la Voluntad de Dios así sería.

                  Teresita rezó mucho en todos los santuarios de la peregrinación y con aquél apoyo del Papa, logró entrar en el Carmelo de Lisieux en Abril de 1888. De sus inicios en el Carmelo la Maestra de Novicias dijo; “Desde su entrada en la Orden, su porte tenía una dignidad poco común de su edad, que sorprendió a todas las religiosas”. Profesó como Carmelita el 8 de Septiembre de 1890: su único deseo era llegar a la cumbre del monte del amor.

                  Cumplió con exactitud las reglas y deberes de las Carmelitas. Oraba con un inmenso fervor por los Sacerdotes y los Misioneros. Debido a esto, sería proclamada después de su muerte, Patrona de las Misiones, aunque nunca había salido de su Monasterio.

                  Se sometió a todas las austeridades de la Orden, menos al ayuno, ya que era delicada de salud y las superioras se lo impidieron. Entre las penitencias corporales, la más dura para ella era el frío del invierno. Pero ella decía “Quería Jesús concederme el martirio del corazón o el martirio de la carne; preferiría que me concediera ambos”. Y un día pudo exclamar “He llegado a un punto en el que me es imposible sufrir, porque todo sufrimiento es dulce”.

                  En 1893, a los veinte años, la Hermana Teresa fue nombrada asistente de la Maestra de Novicias. Prácticamente ella era la Maestra de Novicias, aunque no tuviera el título. Con respecto a esta labor, decía que hacer el bien sin la ayuda de Dios era tan imposible como hacer que el sol brille a media noche.



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                  Su padre enfermó perdiendo el uso de la razón a causa de dos ataques de parálisis. Celina, su hermana, se encargó de cuidarlo. Fueron unos año difíciles para las hijas. Al morir el padre, Celina ingresó en el mismo Monasterio de Lisieux, con sus hermanas.

                  Casi al mismo tiempo, Teresita se enfermó de tuberculosis. Quería ir a una Misión en Indochina pero su salud no se lo permitió; sufrió mucho los últimos 18 meses de su vida. Fue un período de sufrimiento corporal y de pruebas espirituales. En Junio de 1897 fue trasladada a la enfermería del Monasterio, de la que no volvió a salir. A partir de Agosto ya no podía recibir la Sagrada Comunión debido a la enfermedad y murió el 30 de Septiembre de ese año. Sus últimas palabras fueron "Oh, le amo, Dios mío, os amo".


miércoles, 2 de octubre de 2024

LOS SANTOS ÁNGELES CUSTODIOS

  



               La palabra Ángel procede del griego "angelós", que se traduce por mensajero; el término utilizado en el Antiguo Testamento es "malk", que en hebreo significa delegado o embajador.

               Nos enseña nuestra Santa Religión Católica que los Ángeles son seres espirituales, personales y libres; dotados por tanto, de inteligencia y voluntad, creados por Dios de la nada; los creó para que lo alaben, le obedezcan y le sirvan, además, para hacerlos eternamente felices y para que ayuden y guíen a cada persona, a cada familia, nación, institución y muy especialmente a la Santa Iglesia. 

               Es Dogma de Fe la existencia de los Ángeles, definido en el IV Concilio de Letrán y en Concilio Vaticano I, por tanto, la creencia en los Ángeles es obligada a todo Católico; quien niegue su existencia con pertinacia comete pecado mortal e incurre en excomunión.

               Conocemos la existencia de los Ángeles porque Dios mismo nos la reveló; así en el Antiguo Testamento, se nos dice que cerraron el Paraíso terrestre después del pecado de Adán y Eva, protegieron a Lot en Sodoma, salvaron a Agar y a su hijo Ismael en el desierto, anunciaron a Abraham y a Sara que tendrían un hijo, detuvieron la mano a Abraham cuando iba a sacrificar a su hijo Isaac, asistieron al Profeta Elías. También continúa la intercesión de los Ángeles en el Nuevo Testamento, donde anunciaron a Zacarías el nacimiento de San Juan Bautista, la Anunciación de María Virgen por San Gabriel Arcángel, fueron los primeros en adorar al Divino Niño Jesús, revelaron a San José el Misterio de la Encarnación, confortaron a Nuestro Señor en el Huerto de Getsemaní, aparecieron en la Resurrección de Cristo y liberaron al Apóstol Pedro de las cadenas de Herodes.

               Los Ángeles carecen de cuerpo, son espíritus puros, no están compuestos por materia. Tampoco se reproducen como los seres vivos terrenos, ni dejan de existir.

               Los Espíritus Angélicos son inferiores a Dios porque son criaturas, pero están muy cerca de Él, alabando Su grandeza como Sumo Bien. Los Ángeles son superiores a los hombres porque tienen una inteligencia y una voluntad más perfecta. Pero no pueden escudriñar los pensamientos de los hombres, ni conocen su futuro.

               Al crear Dios a los Ángeles les dio gratuitamente la gracia santificante, les infundió la Fe, la Esperanza y la Caridad para conocer y amar a su Creador; además les infundió las virtudes morales infusas y los dones del Espíritu Santo; los destinó para que alcanzaran el Cielo. Los sometió además a una prueba de carácter moral para que libremente alcanzaran el Cielo: muchos Ángeles permanecieron fieles a Dios, eligiendo a su Creador como fin de su existencia, por tal razón, fueron premiados por Dios con el Cielo. Por el contrario, algunos Ángeles, por soberbia, quisieron hacerse semejantes a Dios, por tal razón, Dios los castigó con las penas eternas del infierno, y pasaron entonces a ser conocidos como demonios, para diferenciarlos de los Ángeles buenos y fieles a Dios.

               Algunos Santos Padres de la Iglesia han distinguido tres grupos divididos a su vez en tres jerarquías y éstas, a su vez, en tres coros:

   - Los Serafines, los Querubines y los Tronos

   - Las Dominaciones, las Virtudes y las Potestades

   - Los Principados, los Arcángeles y los Ángeles

                En la Sagrada Escritura aparecen los nombres de tres Arcángeles: San Miguel, San Gabriel y San Rafael; la Iglesia los honra con el culto de dulía o de veneración, como a todos los Ángeles. Entre ellos destaca San Miguel, Príncipe de los Ángeles, que se distingue por su fidelidad a Dios.

               El Ángel Custodio o Ángel de la Guarda es aquél que Dios da a cada uno de nosotros, para que nos proteja desde su nacimiento hasta nuestra muerte y nos ayude a llegar al Cielo. Este Ángel Custodio puede actuar en nosotros de diferentes modos, sugiriéndonos buenos pensamientos y deseos, además de defendernos de muchos peligros, ya sean para el cuerpo y especialmente del alma. También nos ayuda el Ángel Custodio a resolver detalles prácticos materiales, nos alienta en las dificultades cotidianas, allanan el camino de nuestro apostolado con otras almas... su continua intercesión por nosotros hace que los Ángeles Custodios presenten a Dios nuestras oraciones y buenas obras, y a cambio, de Él nos alcanzan gracias. El Ángel de la Guarda suple nuestros olvidos y despistes y es nuestro principal aliado en nuestra santificación personal. 

               Entre nuestros deberes para con los Ángeles Custodios debemos tener en cuenta que debemos sentir respeto por su presencia, ser agradecidos con ellos por los beneficios que de Dios nos obtienen, al tiempo de ser confiados en la protección que nos brindan, lo que nos obliga a ser muy amigos de los Ángeles, amistad que se ha de notar en nuestro trato asiduo con Ellos y en honrarles dedicándoles oraciones y jaculatorias cada día.