miércoles, 14 de octubre de 2020

...MI ABOGADO Y PROTECTOR, PADRE Y SEÑOR..."

 



               ¡No entiendo cómo se puede pensar en María completamente ocupada en Su cuidado del Niño Jesús, sin agradecer a San José por toda la ayuda, que prodigó en ese momento a la Madre y al Hijo! San José es el Maestro de la Oración y la Vida Interior: quien no tenga quien le enseñe a orar, tome a este Glorioso Santo como Maestro y no fallará en el camino. ¡Él es mi Abogado y Protector, Padre y Señor!


Santa Teresa de Jesús


En este año 2020, se cumplen 150 años desde que San José fuese proclamado 
Patrón y Custodio de la Iglesia Universal por el Papa Pío IX; 
procuremos acudir a menudo a su intercesión para lo cual 
proponemos el rezo de las oraciones 
más populares al Santo Patriarca...


ORACIONES A NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ (I)

(toque sobre el título para acceder al artículo)



martes, 13 de octubre de 2020

LA ÚLTIMA APARICIÓN DE NUESTRA SEÑORA EN FÁTIMA. EL MILAGRO DEL SOL

 




               Tal fue la súplica de la Virgen Nuestra Señora en Su última Aparición en Fátima; ha transcurrido más de un siglo de la llamada amorosa de la Virgen a que abracemos la devoción por Su Rosario; desde aquél lejano 1917, cuando el mundo se encontraba sumergido en la Gran Guerra, Nuestra Santa Madre no escatimaba en medios para hacer llegar a los hombres Su Mensaje. 

              Así por ejemplo, quiso rubricar el ciclo de apariciones a los tres niños portugueses con el conocido como "Milagro del Sol", en una muestra del poder que tiene como Emperatriz del Universo, como también hemos visto cumplidas Sus profecías acerca de "los errores de Rusia", el perverso comunismo, que se extendió tal y como había advertido la Señora en Fátima.

               Los hombres de hoy, acostumbrados al ilusionismo de nuevas filosofías, cegados por el relativismo moral cuando no por la indiferencia religiosa o la herejía, han creído superada la Civilización Cristiana, que agoniza -como estaba profetizado-  en medio de la incertidumbre de una Roma que poco tiene de católica... "...cuando vuelva el Hijo del Hombre ¿hallará Fe sobre la tierra?" (San Lucas, cap. 18, vers. 8)

               En estos momentos de soberbia confusión y de pérdida del sentido católico, procuremos seguir abrazados a la Fe de Siempre y a la Piedad más genuina; los verdaderos guerreros católicos llevan por estandarte el Sagrado Corazón de Jesús y por armadura a la que debe ser ejemplo de todo cristiano, la Virgen María, la criatura que más amó a Jesús en la tierra y la que más le ama en el Cielo; Ella, que fue el recipiente santo del que se valió Dios para que Su Hijo viniera a este mundo, es ahora también la que antecede el pronto Retorno de Nuestro Señor, ya no como Víctima, sino como Justo Juez.

               El Milagro del Sol, acaecido en Fátima fue una muestra del afecto que Nuestra Señora siente por todos y cada uno de sus hijos -por la humanidad entera- a los que como Madre Santa advierte que andamos lejos de la estrecha senda que conduce al Paraíso; para esas batallas que hemos de librar cada día, la Virgen nos da un medio sencillo pero muy eficaz como es EL REZO DIARIO DEL del Santo Rosario. 




ÚLTIMA APARICIÓN DE NUESTRA SEÑORA EN FÁTIMA

13 de Octubre de 1917; Relato de Lucía Dos Santos


                Había gente en masa (aproximadamente unas 70.000 personas) bajo una lluvia torrencial. Por el camino, las escenas del mes pasado, mas numerosas y conmovedoras. Ni el barro de los caminos impedía a la gente arrodillarse en actitud humilde y suplicante. Llegando a Cova de Iría, junto a la encina, pedí al pueblo que cerrasen los paraguas para rezar el Rosario. Poco después vimos el reflejo de luz y en seguida a la Virgen sobre la encina.

              -¿Qué es lo que Usted quiere? 

              -"Quiero decirte que hagan aquí una capilla en honor mío, que soy la Señora del Rosario, que continúen rezando el Rosario todos los días. La guerra esta acabándose y los soldados pronto volverán a sus casas."

               -¿Curará a los enfermos?

               -"Unos si y otros no; es preciso que se enmienden; que pidan perdón de sus pecados." 

               Y tomando aspecto mas triste dijo:

               -"Que no se ofenda más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido."

               Y abriendo Sus manos las hizo reflejar en el sol y, en cuanto se elevaba, continuaba el brillo de Su propia luz proyectándose en el sol. Y exclamé que todos mirasen al sol.

              Se da entonces el Milagro del Sol, prometido tres meses antes, como prueba de la verdad de las Apariciones de Fátima. La lluvia cesa y el sol por tres veces gira sobre si mismo, lanzando a todos los lados fajas de luz de variados colores. Parece a cierta altura desprenderse del firmamento y caer sobre la muchedumbre. Todos están atónitos.

              Los periodistas de los periódicos seculares que habían acudido incrédulos a desprestigiar los apariciones, tomaron fotos y dieron testimonio de aquel milagro en la prensa. Al cabo de 10 minutos de prodigio el sol toma su estado normal. Los tres niños eran favorecidos con otras visiones, como lo narra Lucía:

               -"Vimos al lado del sol a San José con el Niño y a Nuestra Señora de los Dolores. El Niño Jesús parecía bendecir al mundo de la misma forma que San José. Después se disipó esta visión y aparece Nuestra Señora del Carmen."



lunes, 12 de octubre de 2020

EL PILAR DE ZARAGOZA, PRIMER TRONO DE LA MADRE DE DIOS

 




               Según la piadosa Tradición el Apóstol Santiago, en su anhelo por predicar el Evangelio de Nuestro Señor, llegó hasta Caesaraugusta ( actual Zaragoza ), a orillas del río Ebro. Su prédica no fue fácil, ya que los habitantes de la ciudad eran duros de convertir a la verdadera Fe.

               El Apóstol Santiago sufrió entonces un fuerte desánimo, en medio del cual se planteó si merecía la pena continuar en aquellas tierras. En medio de esa angustia fue consolado por la visita en carne mortal de la Purísima Virgen María ( que aún vivía en Jerusalén ), rodeada esplendorasamente por una Corte de Ángeles. Todos los escritos coinciden que la bendita aparición tuvo lugar el dos de Enero del año 40.

              Como prueba de su amor por la misión de Santiago dejó una columna de jaspe; en torno a dicha columna, símbolo de la fortaleza de la Fe Católica, los primeros conversos construyeron una modesta capilla, que fue el primer templo dedicado a Nuestra Señora. Se asegura que la columna nunca ha sido movida del lugar primitivo.

               La misma Tradición nos ha legado las prometedoras palabras de la Madre de Dios al Apóstol: "Este sitio permanecerá hasta el Fin del Mundo". 

               El Papa Clemente XII estableció la fecha del 12 de Octubre para la Festividad de la Virgen del Pilar. El Papa Pío XII concedió a todas las Naciones Hispanoamericanas la posibilidad de celebrar la misma Misa de Nuestra Señora del Pilar que se celebraba en España.


PROMESA CUMPLIDA DE NUESTRA SEÑORA:

"ESTE SITIO PERMANECERÁ 

HASTA EL FIN DEL MUNDO"


               En la noche del 2 al 3 de Agosto de 1936, a dos semanas de iniciarse la Guerra Civil Española, un avión trimotor Fokker F. VII , de la LAPE (Líneas Aéreas Postales Españolas) militarizado por el bando republicano, recibida orden del Coronel Sandino (bautizado en la misma Basílica del Pilar), salió del aeródromo militar del Prat de Llobregat para bombardear Zaragoza.

               Se lanzaron cuatro bombas sobre la Basílica, una de 10 kg y tres de 50 kg de peso. Una de ellas cayó en la plaza del Pilar; otra, en el río, y las dos últimas impactaron sobre la cubierta de la Iglesia. De estas dos, la primera entró a la Basílica por el coreto del Cabildo y la Cámara Angélica (donde se venera a Nuestra Señora sobre el Pilar que le dejó al Apóstol Santiago) y dañó ligeramente una pintura de Goya, y la segunda chocó con una de las pechinas de una cúpula, pero no llego a penetrar en el templo. Sorprendentemente, ninguna de las cuatro hizo explosión.



Según la Tradición, la Santísima Virgen se apareció al Apóstol Santiago 
cuando Nuestra Señora aún vivía en Jerusalén

               El piloto del aparato, según algunas fuentes, fue el alférez Villa Ceballos, apodado el Negus (muerto poco después en el frente de batalla). Según éste, el avión contaba con dos bombas más, pero al ver que ninguna de las cuatro que había tirado hizo explosión, su extrañeza y su asombro fueron tales que regresó a Barcelona. Otras fuentes (Luis Sorando, el “bombardeo” del Pilar. Heraldo de Aragón, 27 de Octubre de 1990) señalan que el piloto era Manuel Gayoso Suárez, que había obtenido su titulo de piloto militar en 1922 con la 4ª promoción siendo soldado de ingenieros, y durante la Guerra de Marruecos había participado en numerosas misiones.

               Todas las otras bombas arrojadas a Zaragoza antes y después explotaron, excepto las cuatro que se lanzaron contra la Basílica. Sin embargo, los republicanos no volvieron a repetir la hazaña de bombardear el Pilar. El Director del Parque de Artillería de Zaragoza analizó la bomba caída en la plaza –la única que quedó entera para poderla estudiar- y habló de un error de fabricación: “la espoleta funcionó, su aguja hirió y dio fuego a la cápsula fulminante, principio de la cadena… que estaba completa (pólvora, cebo y multiplicador), pero su orden cuando la vimos, no era el debido, ya que a continuación de la pólvora venía el multiplicador y a la mitad de éste, el cebo de nitro, que aparecía intacto”. Otros expertos han asegurado que las bombas se lanzaron a unos 150 o 200 metros de altura y no a más de menos 300 metros, que era el mínimo para que hicieran explosión.



Toque sobre la imagen para verla en su tamaño original



domingo, 11 de octubre de 2020

EXPLICACIÓN DE LA SANTA MISA, por San Juan María Vianney, Cura de Ars. PARTE 7: De la modestia y atención que debemos tener en la Santa Misa

 


In omni loco sacrificatur et ofiertur 
Nomini Meo Oblatio Munda 

"En todas partes, es sacrificada y ofrecida 
en Mi Nombre una Oblación Pura" 

(Profeta Malaquías, cap. 1, vers.11)



               La mayor parte de los mundanos oyen la Misa imitando al fariseo, al mal ladrón o a judas. Hemos dicho que la Santa Misa es el recuerdo de la Muerte de Jesús en la montaña del Calvario; y por esto quiere Jesucristo que, cuantas veces celebramos la Santa Misa, lo hagamos en Su Memoria. Pero, por desgracia, podemos decir que, mientras nosotros renovamos el recuerdo de los Padecimientos de Jesucristo, muchos de los asistentes reproducen el crimen de los judíos y de los verdugos que le clavaron en Cruz. 




               Y para que podáis discernir mejor si pertenecéis vosotros al número de aquellos desgraciados que deshonran de tal manera nuestros Santos Misterios, voy a haceros observar, cómo, en los que fueron testigos de la muerte de Jesús en el Calvario, había tres linajes de personas: unos, más insensibles que las criaturas inanimadas, sólo desfilaban delante de la Cruz, sin detenerse ni dar lugar a sentimientos de verdadero dolor. Otros se acercaban al lugar del suplicio y consideraban todas las circunstancias de la Pasión del Salvador; mas esto era solamente para mofarse, haciendo de ella asunto de broma y ultrajándole con las más horribles blasfemias. Finalmente, unos pocos derramaban lágrimas amargas, al ver las crueldades que se cometían en el Cuerpo de su Dios y Señor. Mirad ahora a cuál de los tres grupos pertenecéis. Y no os hablaré de aquellos que van a oír precipitadamente una Misa en alguna parroquia ajena donde tienen otros negocios, ni de los que asisten sólo la mitad del tiempo, gastando la otra parte en beber con un amigo en la taberna; dejémoslo de lado, ya que son gente que vive cual si no tuviesen alma que salvar; han perdido ya su Fe, y, de consiguiente, todo está perdido. Hablemos solamente de los que vienen ordinariamente.

          Y de ellos digo, primero, que muchos solamente vienen para ser vistos, con un espíritu enteramente disipado, de la misma manera que irían a un mercado, a una feria, y me atreveré a decir, a un baile. Están aquí sin modestia: apenas doblan ambas rodillas durante la Elevación o la Comunión. Y los que así os portáis, ¿oráis durante la Misa?... ¡Ay!, no; es que la Fe os falta. Decidme: cuando os dirigís al encuentro de ciertas personas de calidad para pedirles algún favor, ocupan ellas vuestro pensamiento mientras os encamináis hacia su casa; entráis en ella con modestia, les hacéis un profundo saludo, permanecéis descubiertos y ni tan sólo pensáis en sentaros; tenéis los ojos bajos, y no os ocupa la atención otra cosa que la manera de expresaros bien y en términos elevados. Si éstos os faltan, os excusáis en seguida alegando vuestra escasa educación... 

               Si tales personas os reciben amablemente, la alegría inunda vuestro corazón. Pues bien, decidme, ¿no debe esto confundiros al ver que tomáis tantos miramientos por cualquier cosa temporal, mientras acudís a la iglesia con aire displicente, con gesto de menosprecio, y así os presentáis delante de un Dios que murió por salvaros y cada día derrama Su Sangre para alcanzaros el perdón del Padre celestial?. ¿Qué afrenta no será para Jesús, el verse insultado por tan viles criaturas? 

               ¡Ay! cuántos durante la Misa comenten más pecados que durante el resto de la semana. Unos no piensan en Dios para nada, otros oran con la boca, mientras su corazón y su mente se sumergen en el orgullo, ora en el deseo de agradar ora en la impureza!. 

              ¡Oh!, ¡gran Dios y se atreven a nombrar a Jesucristo que ante ellos se presenta tan santo y tan puro!... Otros dan en su mente libre entrada y salida a todos los pensamientos que el demonio quiere sugerirles. ¡Cuántos no tienen escrúpulo alguno en volver la cabeza, en reír, en conversar, en mirar de una parte a otra, en dormir como en su cama, o tal vez mejor!

               ¡Ay!, ¡cuántos Cristianos salen de la iglesia con treinta o tal vez cincuenta pecados mortales de más de los que tenían al entrar! Así, me diréis vosotros, será mejor no ir a Misa. 

               ¿Sabéis lo que hay que hacer?... Asistir a la Santa Misa y estar en ella con devoción, ofreciendo a Dios tres sacrificios, a saber: el de vuestro cuerpo, el de vuestra mente y el de vuestro corazón. Nuestro cuerpo debe adorar a Jesucristo con una religiosa modestia; nuestra mente, al oír la Santa Misa, debe penetrarse de nuestra pequeñez y de nuestra indignidad, evitando toda disipación, apartando lejos de sí las distracciones. Debemos también consagrarle nuestro corazón, que es la ofrenda para Él más agradable, ya que es precisamente nuestro corazón lo que, con tanta insistencia nos pide: “Hijo mío, nos dice, dame tu corazón”(Libro de los Proverbios, cap. 23, vers. 26).

               Y acabemos, reconociendo lo desgraciados que somos al oír mal la Misa, ya que con ello hallamos nuestra reprobación allí donde los demás encuentran su salvación. 

                Haga el Cielo que asistamos a la Santa Misa cuantas veces nos sea posible, puesto que mediante ella recibimos gracias en abundancia; mas quiera Dios también que llevemos a tan santa ceremonia las mejores disposiciones posibles. Con ello se derramará sobre nuestras cabezas toda suerte de bendiciones en este mundo y en el otro... Esto es lo que os deseo.



Si desea colaborar en la difusión de 
la genuina Misa Católica,
 le recomendamos imprimir el Tríptico con la Doctrina 



sábado, 10 de octubre de 2020

"Las Glorias de María"; Trabajemos para que todos amen a María

 


               San Juan la vio vestida de sol: "Apareció en el Cielo una gran señal, una mujer vestida de sol" (Libro del Apocalipsis, cap. 12, vers. 1). Se dice que estaba vestida de sol porque, así como en la tierra nadie se ve privado del calor del sol, "no hay quien se esconda de su calor" (Salmo 18, vers. 7), así no hay quien se vea privado del calor del amor de María, es decir, de Su abrasado Amor. ¿Y quién podrá comprender jamás -dice San Antonino- los cuidados que esta Madre tan amante se toma por nosotros? ¡Cuántos cuidados los de esta Virgen Madre por nosotros! ¡A todos ofrece y brinda Su Misericordia! 




               Para todos abre los senos de Su Misericordia, dice el mismo santo. Es que nuestra Madre ha deseado la salvación de todos y ha cooperado en esa salvación. Es indiscutible -dice San Bernardo- que Ella vive solícita por todo el género humano. Por eso es utilísima la práctica de algunos devotos de María que, como refiere Cornelio a Lápide, suelen pedir al Señor les conceda las gracias que para ellos pide la Santisíma Virgen, diciendo: "Dame, Señor, lo que para mí pide la Virgen María". Y con razón, dice el mismo autor, pues nuestra Madre nos desea bienes inmensamente mayores de los que nosotros mismos podemos desear. 

               El devoto Bernardino de Bustos dice que más desea María hacernos bien y dispensarnos las gracias, de lo que nosotros deseamos recibirlas. Por eso San Alberto Magno aplica a María las palabras de la Sabiduría: "Se anticipa a los que la codician poniéndoseles delante ella misma" (Libro de la Sabiduría, cap. 6, vers. 13). María sale al encuentro de los que a ella recurren para hacerse encontradiza antes de que la busquen. Es tanto el amor que nos tiene esta buena Madre -dice Ricardo de San Víctor-, que en cuanto ve nuestras necesidades acude al punto a socorrernos antes de que le pidamos su ayuda. Ahora bien, si María es tan buena con todos, aun con los ingratos y negligentes que la aman poco y poco recurren a Ella, ¿cómo será Ella de amorosa con los que la aman y la invocan con frecuencia? "Se deja ver facilmente de los que la aman, y hallar de los que la buscan" (Libro de la Sabiduría, cap. 6, vers. 12). 

              Exclama San Alberto Magno: "¡Qué fácil para los que aman a María encontrarla toda llena de piedad y de amor!" "Yo amo a los que me aman" (Libro de los Proverbios, cap. 8, vers. 17). Ella declara que no puede dejar de amar a los que la aman. 

              Estos felices amantes de María no sólo son amados por María, sino hasta servidos por ella. "Habiendo encontrado a María se ha encontrado todo bien; porque ella ama a los que la aman y, aún más, sirve a los que la sirven". Estaba muy grave fray Leonardo, dominico (como se narra en las Crónicas de la Orden), el cual más de doscientas veces al día se encomendaba a esta Madre de Misericordia. De pronto vio junto a sí a una hermosísima reina que le dijo: "Leonardo, ¿quieres morir y venir a estar con Mi Hijo y conmigo?" "¿Y quién eres, Señora?", le preguntó el religioso. "Yo soy -le dijo la Virgen- la Madre de la Misericordia; tú me has invocado tantas veces y ya ves que ahora vengo a buscarte. ¡Vámonos al Paraíso!" Y ese mismo día murió Leonardo, siguiéndola, como confiamos, al Reino Bienaventurado. María, ¡dichoso mil veces quien te ama! "Si yo amo a María -decía San Juan Berchmans, estoy seguro de perseverar y conseguiré de Dios lo que desee". 

               Por eso el Bienaventurado joven no se saciaba de renovarle su consagración y de repetir dentro de sí: "iQuiero amar a María! iQuiero amar a María!" ¡Y cómo aventaja esta buena madre en el amor a todos sus hijos! Amenla cuanto puedan -dice San Ignacio Mártir-, que siempre María les amará más a los que la aman. Amenla como un San Estanislao de Kostka, que amaba tan tiernamente a ésta su querida Madre, que hablando de Ella hacía sentir deseos de amarla a cuantos le oían. El se había inventado nuevas palabras y títulos para celebrarla. No comenzaba acción alguna sin que, volviéndose a alguna de sus imágenes, le pidiera su bendición. Cuando él recitaba el Oficio, el Rosario u otras oraciones, las decía con tal afecto y tales expresiones como si hablara cara a cara con María. Cuando oía cantar la Salve se le inflamaba el alma y el rostro. Preguntándole un Padre de la Compañía, una vez en que iban a visitar una imagen de la Virgen Santísima, cuánto la amaba, le respondió: "Padre, ¿qué mas puedo decirle? ¡Si Ella es mi Madre!" Y el Padre dijo después que el santo joven profirió esas palabras con tal ternura de voz, de semblante y de corazón, que ya no parecía un joven, sino un ángel que hablase del amor a María. 

               Amenla como B. Herman, que la llamaba esposa de sus amores porque con ese nombre le había honrado María. Amenla como un San Felipe Neri, quien con solo pensar en María se derretía en tan celestiales consuelos que por eso la llamaba sus delicias. Amenla como un San Buenaventura, que la llamaba no sólo su Señora y Madre, sino que para demostrar la ternura del afecto que le tenía llegaba a llamarla su corazón y su alma. Amenla como aquel gran amante de María, San Bernardo, que amaba tanto a esta Dulce Madre que la llamaba robadora de corazones, por lo que el santo, para expresar el ardiente amor que le profesaba, le decía: "¿Acaso no me has robado el corazón?" 

               Llamenla "su Inmaculada", como la llamaba San Bernardino de Siena, que todos los días iba a visitar una devota imagen para declararle su amor con tiernos coloquios que mantenía con su Reina; y por eso, a quien le preguntaba a dónde iba todos los días, le respondía que iba a buscar a su enamorada. Amenla cuanto un San Luis Gonzaga, que ardía tanto y siempre en amor a María, que sólo con oír el Dulce Nombre de su querida Madre al instante se le inflamaba el corazón y se le encendía el rostro a la vista de todos. 

               Amenla cuanto un San Francisco Solano, quien como enloquecido con santa locura en amor a María, acompañándose con una vihuela, se ponía a cantar coplas de amor delante de la santa imagen, diciendo que así como los enamorados del mundo, él le daba la serenata a su amada reina. 

               Amenla cuanto la han amado tantos Siervos Suyos que no sabían qué hacer para manifestarle su amor. El padre Juan de Trejo, jesuita, se preciaba de llamarse Esclavo de María, y en señal de esclavitud iba con frecuencia a visitarla en una ermita; y allí, ¿qué hacía? Al llegar derramaba tiernas lágrimas por el amor que sentía a María; después besaba aquel pavimento pensando que era la casa de su amada señora. El P. Diego Martínez, de la misma Compañía, en sus fiestas, se sentía como transportado al Cielo a contemplar cómo allí las celebraban, y decía: "Quisiera tener todos los corazones de los ángeles y de los santos para amar a María como ellos la aman. Quisiera tener la vida de todos los hombres para darla por amor a María". 

               Trabajen otros por amarla cuanto la amaba Carlos, hijo de Santa Brígida, que decía no haber cosa que le consolara en el mundo como saber que María era tan amada de Dios. Y añadía que con mucho gusto hubiera aceptado todos los sufrimientos imaginables con tal de que María no hubiera perdido un punto de Su grandeza; y que si la grandeza de María hubiera sido suya, con gusto hubiera renunciado a ella en su favor por ser María la más digna. 



viernes, 9 de octubre de 2020

ANIVERSARIO DEL PAPA PÍO XII

 


              Tal día como hoy en 1958, se despedía de este mundo el Último Príncipe de Dios, el Papa Pío XII; su familia había sido ennoblecida los  por los múltiples servicios que prestó a la Iglesia en la época que los Papas perdieron los Estados Pontificios. Eugenio María Pacelli sería el garante de la Aristocracia Romana, austera, piadosa y ejemplar, a la que siempre animaría, incluso ya siendo Pontífice, a ser estímulo para todas las clases sociales, bajo el Apostolado de la Tradición Católica.




               Según la conocida profecía de San Malaquías, Pío XII ostentó el título de "Pastor Angelicus" y el Papa, que no era ajeno a los escritos del Santo monje, aceptó y usó dicho título pues sentía que esa y no otra era su misión en la Barca de Pedro que había de manejar en época de mar enbravecido. La Providencia quiso que desde su apellido, Pacelli, "la paz que viene del Cielo", así como su escudo pontificio, con la paloma de Noé con el olivo en su pico, confluyeran en que Pío XII viese y padeciese la II Guerra Mundial, el que se enfrentó a los excesos del Fascismo y del Nazismo, ayudando y protegiendo a los más desfavorecidos del conflicto.

               Pío XII consagró el mundo al Inmaculado Corazón de María en 1952 y así entregó a la Madre de Dios los designios de esta sociedad cada vez más apartada del amor de Dios. De esta Buena Madre predicaría Sus amores y la necesidad de consagrarnos a Ella mediante Su Escapulario del Carmen.

                El amor a la Virgen Santísima lo animó a enaltecer a Nuestra Señora proclamando el Dogma de la Asunción en 1950, que vino a ser la rúbrica sobre toda una tradición mariana que clamaba la Definición clara de la incorruptibilidad de María Virgen tras Su dormición y su Asunción en cuerpo y alma al Paraíso. Si algo destacó en Pío XII no dudemos que fue su empeño en corregir errores doctrinales a base de publicar numerosas encíclicas, donde exponía con claridad el Magisterio Católico frente a las novedades filosóficas que se cernían a las puertas de Roma.

              De cierto el Papa Pacelli fue "la paz venida del Cielo", pues con su doctrina y ejemplo Pío XII marcó una senda para los tiempos de iniquidad que llegaron tras su óbito, época en la que Dios ha dispuesto que estemos presentes para mantener vivas la Fe y la Doctrina Católicas de siempre en contraposición a las continuas novedades que aparecen y pretenden, como objetivo único, quitar a Dios del pensamiento de sus criaturas. 

              Estoy convencido que nunca se apagará la estela que Pío XII dejó en el firmamento de la Iglesia y que hoy, sesenta años después de abandonar esta tierra, brilla con fulgor de santidad al lado de Nuestra Señora, ante el Todopoderoso, a cuyos pies sigue intercediendo por la integridad de la Fe Católica.


BREVE RESEÑA BIOGRÁFICA 

DEL ÚLTIMO PAPA CATÓLICO


          Eugenio María Giovanni Pacelli nació en Roma el 2 de Marzo de 1876. Hijo de una familia dedicada al servicio papal, fue bautizado a los dos días por su tío, Mons. Giuseppe Pacelli.

          Realizó sus primeros estudios en Roma, destacando notablemente ya que contaba con una extraordinaria memoria y una vida muy disciplinada, elementos que hicieron de él un estudiante ejemplar. A pesar de su afición por la lectura, la música, la filatelia y la arqueología, estaba dotado de un espíritu sumamente piadoso y profundo, sin duda por la educación recibida en casa.

          Sintiéndose llamado al sacerdocio, ingresó en el Seminario de Capranica, para luego completar sus estudios en el Seminario de San Apolinario y en la Universidad Gregoriana; fue ordenado Sacerdote el Domingo de Pascua de 1899 por Mons. Francesco Cassetta.

           Dos años después pasó a trabajar en la Secretaría de Estado del Vaticano. Habiendo culminado con éxito sus estudios en Derecho Eclesiástico y Civil el año 1902, fue contado, dos años más tarde, entre los colaboradores de la comisión a la que el Papa San Pío X confió la revisión y nueva codificación de las leyes canónicas, con el objeto de promulgar un Código de Derecho Canónico actualizado. Mientras Pacelli dedicaba tiempo y esfuerzo a esta delicada y ardua tarea, pudo desempeñarse también como Profesor de Diplomacia Eclesiástica en la Pontificia Accademia dei Nobili Ecclesiastici (1909-14). 

          En varias ocasiones tuvo el privilegio de representar a la Santa Sede, como cuando dio las condolencias en nombre del Vaticano a Eduardo VII de Inglaterra, al morir la Reina Victoria, o en 1908, al representar al Papa en el Congreso Internacional Eucarístico en Londres, donde conoció a Winston Churchill. En 1911 se le encargó además asistir a la coronación del Rey Jorge V de Inglaterra en nombre de la Santa Sede.

          Benedicto XV designó a Pacelli Nuncio Apostólico en Baviera, para lo cual lo  consagró Obispo titular de Sardes y lo elevó a la dignidad arzobispal en la Capilla Sixtina el 13 de Mayo de 1917...el mismo día y casi a la misma hora que tenía lugar la Primera Aparición de Nuestra Señora en Fátima. Años más tarde, en 1952, cumpliría con el deseo de Nuestra Señora de Fátima de consagrar Rusia a Su Inmaculado Corazón. 

          Pío XI lo elevó a Cardenal y dos meses más tarde lo designó como Secretario de Estado del Vaticano. Desde este nuevo estatus, Eugenio Pacelli negoció y firmó los Concordatos de la Santa Sede con el Ducado de Baden, la República de Austria y el Reino de Yugoslavia, además del Concordato entre la Santa Sede y la Alemania nacional-socialista.

         Viajó como Delegado Apostólico de Su Santidad por todo el mundo; destacando su participación en el Congreso Eucarístico de Buenos Aires en 1934, donde acudieron no sólo Obispos de Argentino sino de toda Hispanoamérica, dando así fiel testimonio de la Catolicidad de América.




          A la muerte del Papa Pío XI, la organización de la Sede Vacante correspondió a Pacelli por su cargo de Camarlengo. Después de un Cónclave de sólo dos días y a la tercera votación fue elegido Papa el 2 de Marzo de 1939. Diez días después fue coronado por el Cardenal Camillo Caccia Dominioni, Protodiácono de Santa Maria in Dominica.

          Una de sus primeras decisiones como Papa fue la de borrar del Índice las obras de Charles Maurras, fundador de la Action Française. También mandó realizar excavaciones bajo la Basílica de San Pedro, donde fueron hallados los restos del primer Papa. En cuestiones más temporales, siempre se posicionó contra el Comunismo y proclamó el anatema para aquellos católicos que se unieran a sus filas.

          Fue el primer Papa en desenvolverse con los medios de comunicación de la época; así fueron frecuentes sus radio mensajes y hasta sus apariciones en la televisión. Veía en los medios una manera imprescindible para hacer apostolado, especialmente por parte de los seglares.

          Su doctrina, fidelísima a la Sagrada Tradición Católica, quedó reflejada en más de cuarenta Encíclicas, cincuenta Cartas Apostólicas y una treintena de Constituciones Apostólicas entre otros documentos que fueron y son hoy día faro y guía para todo católico. 

          Destacó su ahínco por hacer del Sagrado Corazón de Jesús el estandarte de todo católico, del cual "Deseamos también vivamente que cuantos se glorían del nombre de cristianos e, intrépidos, combaten por establecer el Reino de Jesucristo en el mundo, consideren la devoción al Corazón de Jesús como bandera y manantial de unidad, de salvación y de paz" como escribiera en su Encíclica Haurietis Aquas.

          En su última enfermedad parece que fue reconfortado con visiones de Nuestro Señor y de la Madre de Dios, de la cual fue devotísimo esclavo y apóstol de Su Rosario y del Bendito Escapulario, en el cual quería Pío XII que los católicos "Reconozcan en este memorial de la Virgen un espejo de humildad y castidad". Entregó su santísima alma a Dios en la Residencia Papal de Castelgandolfo, el 9 de Octubre de 1958.


Seguro le interesará leer también 

PROFECÍA DEL PAPA PÍO XII SOBRE LA APOSTASÍA





jueves, 8 de octubre de 2020

VENERACIÓN HACIA EL SACERDOTE QUE PORTA A JESÚS EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO

 




               Rodolfo, Conde de Habsburgo y Rey de Romanos, fundador de la Dinastía de los Austria, se divertía en una cacería, acompañado de su escudero Regulus

van Kyberg, cuando de repente oyó la campanilla anunciadora del Santísimo Viático; inmediatamente marchó hasta divisar a un Sacerdote con la Sagrada Hostia y acompañado por un acólito, que se disponían a cruzar un río; Rodolfo adoró de rodillas el Cuerpo de Cristo, cedió su cabalgadura al Sacerdote y les acompañó hasta la humilde casa del moribundo; de regreso a la iglesia, y al serle devuelta la cabalgadura, el piadoso Conde arguyó: "no permita Dios que yo ni alguno de los míos suba en ese caballo que sé de cierto que ha llevado a mi Criador" y regaló su caballo al Sacerdote. Esto ocurría hacia el año 1271; según se proclamó luego, y como premio a su gesto, el Altísimo habría favorecido a su descendencia con el inmenso Imperio de que gozaron.


               Los Habsburgos españoles, que siempre se distinguirían por su defensa de la Sagrada Eucaristía y de la Inmaculada Concepción de María Virgen, no tardaron mucho en imitar a tan ilustre predecesor. Cierta jornada en que el Emperador Carlos V atravesaba la Plaza Mayor de Valladolid tropezó con el Viático; apeándose del caballo, se hincó de rodillas en el lodo sobre la gorra que llevaba. Felipe II volvió a cumplir el mismo gesto en varias ocasiones, embarrándose como su padre, gesto piadoso que según los testigos de la época "se edificaron infinito todos sus vasallos y reinos."


               En 1596, mientras circulaba por Madrid Felipe II, ya muy atacado por la gota, hizo descender al Príncipe de la carroza para adorar al Santísimo; a continuación le pidió que siguiese al Sacerdote, descubierto y portando una vela, diciendo que si tuviera pies también él le acompañaría; entrando en casa del moribundo, el futuro Felipe III se colocó junto a su lecho, y según narran los biógrafos "con las rodillas en tierra, que nunca consintió que le pusiesen almohadilla".





miércoles, 7 de octubre de 2020

EN OCTUBRE, ACUDAMOS CONFIADOS A SAN JOSÉ

 


               Feliz y providencial coincidencia: este año, azotado por la plaga del Covid-19, la Fiesta del Rosario de Nuestra Señora se celebra en día Miércoles, que la Semana del Buen Cristiano dedica a Nuestro Padre y Señor San José; en Diciembre, también coincidiendo con la Inmaculada Concepción de María, nos alegraremos doblemente, ya que no solo recordaremos el Dogma por antonomasia de la Purísima Madre de Dios, sino que además festejaremos el 150 Aniversario de la Declaración del Papa Pío IX mediante la cual afirmaba que San José era Patrón y Custodio de la Santa Iglesia Católica, como de cierto lo fue de la primera Iglesia en la tierra, la Santa Casa de Nazaret, donde fue Patriarca, Jefe y Defensor de los dos mayores Tesoros, Jesús y María. 

              El Papa León XIII, también gran devoto de San José, elaboró a finales del siglo XIX una oración al Santo Patriarca y dispuso que se rezara al final del Rosario durante el mes de Octubre; la recomendación del buen Papa muchas veces es llevada más allá y no son pocos las que recitan esta plegaria durante todo el año, al finalizar el Rosario. 

              Acudamos al Santo Patriarca José: que Él nos ayude en esta época de tribulación y oscuridad; que sepamos imitar su coraje y determinación, como Él, que pese a verse pobre y limitado materialmente, pudo mantener a salvo su Santa Esposa y al Hijo que desde el Cielo Dios le confió como padre adoptivo, pues en la misma medida que San José fue humilde, Dios le colmó de gracias espirituales, más que a ningún otro Santo o Mártir.




              José debe ser considerado especial Patrono de la Iglesia... que espera muchísimo de su tutela y patrocinio... él es el Esposo de María y Padre Putativo de Jesús. De estas fuentes ha manado su dignidad, su santidad, su gloria.

              Y por estas razones el Santo Patriarca contempla a la multitud de cristianos que conformamos la Iglesia como confiados especialmente a su cuidado, a esta ilimitada familia, extendida por toda la tierra, sobre la cual, puesto que es el Esposo de María y el Padre de Jesucristo, conserva cierta Paternal Autoridad. Es, por tanto, conveniente y sumamente digno del Bienaventurado José que, lo mismo que entonces solía tutelar santamente en todo momento a la Familia de Nazaret, así proteja ahora y defienda con su celeste Patrocinio a la Iglesia de Cristo.

               José, de sangre real, unido en matrimonio a la más grande y Santa de las mujeres, considerado el Padre del Hijo de Dios, pasó su vida trabajando, y ganó con la fatiga del artesano el necesario sostén para su Familia. Es, entonces, cierto que la condición de los más humildes no tiene en sí nada de vergonzoso, y el trabajo del obrero no sólo no es deshonroso, sino que, si lleva unida a sí la virtud, puede ser singularmente ennoblecido. José, contento con sus pocas posesiones, pasó las pruebas que acompañan a una fortuna tan escasa, con magnanimidad, imitando a su Hijo, quien habiendo tomado la forma de siervo, siendo el Señor de la Vida, se sometió a sí mismo por su propia libre voluntad al despojo y la pérdida de todo.



Toque sobre la imagen para verla en su tamaño original;
 se recomienda su copia y difusión


              ...disponemos que durante todo el Mes de Octubre, durante el rezo del Rosario, sobre el cual ya hemos legislado, se añada una oración a San José...(...) y que esta costumbre sea repetida todos los años. A quienes reciten esta oración, les concedemos cada vez una indulgencia de siete años y siete cuaresmas. Es una práctica saludable y verdaderamente laudable, ya establecida en algunos países, consagrar el mes de marzo al honor del santo Patriarca por medio de diarios ejercicios de piedad. 

Papa León XIII, Encíclica "Quamquam Pluries", 
15 de Agosto de 1889



EL SANTO ROSARIO, SALTERIO ANGÉLICO QUE CONVIERTE LOS CORAZONES

 



               “Viendo Santo Domingo que los crímenes de los hombres obstaculizaban la conversión de los albigenses (1) entró en un bosque próximo a Tolosa y permaneció allí tres días y tres noches dedicado a la penitencia y a la oración continua, sin cesar de gemir, llorar y mortificar su cuerpo con disciplina para calmar la cólera divina, hasta que cayó medio muerto. 

               La Santísima Virgen se le apareció en compañía de tres princesas celestiales y le dijo: 

     «¿Sabes, querido Domingo, de qué arma se ha servido la Santísima Trinidad para reformar el mundo?»

     - Oh Señora, Tú lo sabes mejor que yo –respondió él–; porque después de Jesucristo, Tú fuiste el principal instrumento de nuestra salvación. 

     «–Pues has de saber – añadió Ella– que la principal pieza de combate ha sido el Salterio Angélico (2), que es el fundamento del Nuevo Testamento. Por ello, si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, predica Mi Salterio».

               Levantóse el Santo muy consolado. Inflamado de celo por la salvación de aquellas gentes, entró en la Catedral. Al momento repicaron las campanas para reunir a los habitantes, gracias a la intervención de los Ángeles. Al comenzar Santo Domingo su predicación, se desencadenó una terrible tormenta, tembló la tierra, se oscureció el sol, truenos y relámpagos repetidos hicieron palidecer y temblar a los oyentes. El terror de éstos aumentó cuando vieron a una imagen de la Santísima Virgen, expuesta en lugar prominente, levantar los brazos al Cielo por tres veces para pedir a Dios venganza contra ellos, si no se convertían y recurrían a la protección de la Santa Madre de Dios. 

              Quería el Cielo con estos prodigios promover esta nueva devoción del Santo Rosario y hacer que se la conociera más. Gracias a la oración de Santo Domingo, se calmó finalmente la tormenta, él prosiguió su predicación explicando con tanto fervor y entusiasmo la excelencia del Santo Rosario que casi todos lo habitantes de Tolosa lo aceptaron, renunciando a sus errores. En poco tiempo se experimentó un gran cambio de vida y costumbres en la ciudad”.


El Secreto Admirable del Santísimo Rosario 

por San Luis María Grignión de Montfort 


NOTAS ACLARATORIAS

               1 Los albigenses, también conocidos como cátaros, recibían este nombre porque la secta había nacido en la zona de Albi, en la región francesa conocida como Occitania. La herejía era continuidad del maniqueísmo: rechazaban la Divinidad de Jesucristo y los Sacramentos de la Iglesia. 

              2 El Salterio de la Virgen es como se llamaba inicialmente al Santo Rosario, ya que a similitud de los Salmos, está compuesto por 150 Avemarías. El Rosario era la devoción que muchos seguían por no saber leer y que les impedía rezar el Oficio Divino, que era propio de los Sacerdotes y Religiosos.




NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN MARÍA Y SU SANTÍSIMO ROSARIO

 



            No hay duda alguna de que el Rosario ocupa un papel muy privilegiado en la historia de la Piedad Católica. En primer lugar, porque une el fiel a Nuestra Señora y atrae toda clase de gracias celestiales. En segundo lugar, porque ahuyenta al demonio. Satanás tiene odio y terror al Rosario. Si alguien está siendo blanco de una tentación, tome fervorosamente el Rosario en las manos y se verá fortalecido contra la embestida del enemigo de nuestras almas.

            Excelente medio de venerar a la Madre de Dios, el Rosario es la causa de un torrente incalculable de bendiciones derramadas sobre la Cristiandad. Por eso los Papas -así como otras autoridades eclesiásticas- no se cansan de elogiarlo, enriqueciéndolo con muchas indulgencias. Por si no fuese suficiente, la Santísima Virgen, queriendo Ella misma incentivar esa devoción, más de una vez se apareció llevando el piadoso instrumento en sus manos virginales.

           El Rosario es la oración de los fuertes y la súplica de los batalladores, porque es un conjunto de oraciones de una eficacia tal que hace avanzar el bien y retroceder el mal.

            Véase, por ejemplo, el episodio de la conversión de los albigenses. La herejía promovida por éstos -cuyo nombre deriva de la ciudad de Albi, en Francia- se difundió más o menos por toda Europa.

             Durante tres días, solo, Santo Domingo no hizo sino rezar y ayunar, suplicándole a Nuestra Señora que Ella venciese la dureza de alma de los albigenses y los incitase a la conversión. Finalmente, sin alcanzar ninguna respuesta del Cielo, cae desfallecido, elevando a la Santísima Virgen una última oración: "Madre mía, no tengo más fuerzas, pero continúo confiando en Ti. Tú sabrás qué hacer de mis pobres oraciones". Y continuaba rezando, mientras sus labios pudiesen articular alguna palabra.

            En ese momento de extrema angustia, Nuestra Señora se le aparece y le revela, de una vez, la grandeza y la magnificencia del Rosario. En seguida anima a Santo Domingo a la lucha contra la herejía. Munido de la poderosa arma que le confió la Madre de Dios, el Santo corre a la Catedral y comienza a predicar. El Cielo lo prestigia: primero, las campanas comienzan a tocar por las manos de un ángel; después, rayos y truenos hicieron estremecer al pueblo allí presente.

            ¡Cómo el temor prepara para el amor! Son dos escaleras que, juntas, conducen al hombre a la unión con Dios. Una, de noble granito, el temor. Otra, de oro, el amor.

           Deseando la Providencia preparar a aquellas almas endurecidas para amar a Dios en la palabra inflamada de Santo Domingo, les infundió antes el terror de la ira divina. Después, a medida que Santo Domingo hablaba, sucedió lo mismo que cuando Nuestro Señor ordenó que la tempestad amainase. La borrasca cesó y los oyentes comprendieron que la palabra de aquél hombre era poderosa delante de Dios. La Providencia le había conferido el duplo poder de desencadenar y de suspender los castigos, así como también le había dado la fuerza de tomar las almas arrepentidas, trémulas y avergonzadas, y llevarlas al perdón, a la contrición y al amor de Dios.

            ¿Qué predicó Santo Domingo? Predicó el Rosario.

            Según la historia de la Iglesia, a partir del momento en que el Rosario se comenzó a difundir, la herejía albigense fue perdiendo terreno, porque había sufrido un golpe irremediable en lo que tenía de más vital.

            El Rosario representa, así, una magnífica arma de guerra. De esa forma de guerra muy importante en la cual el Católico lucha por los intereses de la Verdadera Iglesia de Dios y la Causa de Nuestra Señora, combate al demonio y a los enemigos de su propia salvación.



            La práctica del Rosario, por lo tanto, debe ser una característica del católico de todos los tiempos, sobre todo de los que viven en este paganizado siglo XX, en el cual todo conspira contra la virtud y la Fe. Tan eficaz en los días de Santo Domingo, victorioso contra los albigenses, el Rosario lo será aún más contra la impiedad de este fin de milenio. Pues no hay ninguna razón para pensar que perderá su fuerza en una época en que se hace más necesaria.

            El Rosario es el arma de la Ortodoxia Católica, el arma del Ultramontanismo, y la Devoción por la cual aplastamos las raíces del mal espíritu que pueda haber en nosotros, y derrotamos la herejía y el mal espíritu y la lucha que estos mueven contra nosotros. De manera que el Rosario es una práctica típica para nosotros, y es por esta razón que insistimos tanto sobre ella. De tal manera que se debe considerar que la vida de un contra-revolucionario sólo es normal y sólo está en regla, cuando, entre otras cosas, reza diariamente las tres partes del Rosario.


Plinio Corrêa de Oliveira


Seguro le interesará leer también

TRADICIONAL MÉTODO DE REZAR 

EL SANTO ROSARIO


LOS GRANDES BENEFICIOS que podemos obtener 

por medio del rezo diario del Santo Rosario. 

Promesas de Ayuda y Consuelo de la Virgen María