La auténtica Piedad Católica, nos obliga a invocar al Santo Ángel Custodio, que además será una manera muy práctica de entender el Amor que Dios nos tiene, que nos consuela con la compañía y guarda de un espíritu beatífico, desde que nacemos hasta llegar al Cielo; nos acompaña a recibir el perdón de nuestros pecados en el confesonario, donde nos inspira y ayuda para recordar y decir todas nuestras faltas.
Su compañía es segura en el momento sublime de recibir a Nuestro Señor en la Sagrada Comunión, donde el Ángel Custodio nos inspira los más vivos sentimientos de amor y piedad hacia Aquél que se nos da en Cuerpo y Alma.
y en tu corazón reposa Jesús, pureza de las vírgenes.
Tú no ves tus tesoros. Jesús duerme y el Ángel permanece
en su misterioso silencio...
En el Purgatorio, si la Misericordia de Dios dispone que allí padezcamos por los pecados no satisfechos, gozaremos del consuelo de nuestro Ángel, que limpiará nuestras lágrimas y nos confortará hasta que lleguemos al Paraíso.
Debes ùes acostumbrarte a su continua presencia, invócalo y pídele ayuda cuando temas llegar tarde al trabajo, cuando sientas desconfianza de alguien, ruégale que te ayude a andar seguro por la ciudad, para que vele por tus asuntos no sólo espirituales, sino también que te eche una mano en los problemas cotidianos.
El Santo Ángel de la Guarda, es nuestro mejor amigo y cómplice para enmendarnos y llevar una vida santa; ruega para que te ayude a dominar ese vicio, ese pecado que tanto te cuesta esquivar o que refrene tu lengua cuando vayas a hablar mal de nadie.
Cuando quieras ayudar a alguna persona amiga que anda lejos de Dios, te podrá sorprender la ayuda que te puede prestar el Ángel Custodio: tan sólo reza al Ángel de esa alma, para que sea el propio Guardián el que le lleve por buen camino o al menos predisponga su corazón para las cosas de Dios.
Otro medio muy eficaz para cuando intentamos socorrer o consolar espiritualmente a un amigo que no tenemos cerca, es enviarle a nuestro Ángel Custodio, para que cuide y vele por esa persona como si fuésemos nosotros mismos quienes lo hacemos.


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