Francisca Bussa de Leoni nació en Roma en el año 1384 de una noble familia. Su deseo desde la juventud fue entrar a participar en la religión, por eso pidió a sus padres permiso para ser monja con apenas doce años, pero cumpliendo el deseo de su padre, se casó a la edad de doce años con Lorenzo de Ponziani. Entre sus descendientes sabemos de Battista, quien llevó el nombre de la familia, Evangelista, un niño de notables dotes (murió en 1411) y Ages (murió en 1413).
Francisca fue muy reconocida por su caridad para con los pobres, y su cuidado de almas. Hizo que muchas damas romanas abandonaran su vida de frivolidad para reunirlas en una asociación adscrita al Monasterio Benedictino de Santa María Nuova. Más tarde se transformaría en la Congregación Benedictina de Tor Di Specchi, con la aprobación del Pontífice Eugenio IV, en Julio de 1433.
Los miembros de esta Comunidad siguieron una vida religiosa, pero sin llegar a tomar los votos estrictos de clausura, y fueron muy activos en las oraciones y trabajos. Con el consentimiento de su esposo, Francisca practicó la continencia y avanzó en la vida contemplativa.
Desde muy niña gozó de la visión y compañía de su Ángel Custodio, para ella era tan natural que en una ocasión, el escéptico padre de Francisca la requirió el honor de ser presentado a esta criatura “imaginaria”; entonces ella tomó al Ángel de la mano y uniéndola a la de su padre, los presentó, pudiendo el último verlo y así no volver a dudar.
Sus visiones místicas serían frecuentes, pero además el Señor le concedió el don de sanar a los enfermos, además de diversas revelaciones respecto al Purgatorio y el Infierno. Habiendo sido llevada en espíritu por su Ángel al Infierno, al Purgatorio y al Paraíso. Después de testimoniar los horrores del Infierno; fue llevada al Purgatorio. Sobre este lugar de expiación, dijo: “En él no reina ni el horror, ni el desorden, ni la desesperación, ni las tinieblas eternas [del Infierno]; allá la Esperanza Divina difunde su luz”. Y le fue dicho que ese lugar de purificación era también llamado de "Posada de esperanza". Vio allí almas que sufrían cruelmente, y también a Ángeles que las visitaban y las asistían en sus sufrimientos”.
Según le fue revelado a Francisca Romana, Dios sí acepta las intenciones de quienes ofrecen oraciones u obras de reparación o penitencia en beneficio de un alma en particular, a menos que existan razones particulares por las que estas obras u oraciones no la beneficien (por ejemplo, si una persona nunca ha valorado la Santa Misa o descuida asistir a ella o escucharla en días festivos, no se beneficia de los méritos del Santo Sacrificio ofrecido por ella).
Santa Francisca podía leer los secretos de las conciencias y detectar intrigas de origen diabólico. Fue muy notable por su humildad y desapego, su obediencia y paciencia, ejemplificadas con ocasión del destierro de su esposo, el cautiverio de Battista, la muerte de su hijo, y la pérdida de todas sus propiedades.
La Pasión de Cristo era su meditación ordinaria, siendo que algunas veces sentía físicamente los dolores padecidos por Cristo. Era gran devota de la Sagrada Eucaristía, sobre la cual hacía largas meditaciones delante del Sagrario. En la víspera de la Navidad de 1433, Francisca tuvo la dicha de recibir en sus brazos al Divino Niño Jesús.
A la muerte de su esposo, en 1436, se retiró con sus compañeras de Tor de Specchi, buscando admisión por caridad, y la terminaron eligiendo Superiora. Con ocasión de una visita de su hijo, cayó enferma y murió el día que había predicho, el 9 de Marzo de 1440. Fue canonizada por el Papa Paulo V el 9 de Mayo de 1608, asignando el día 9 de Marzo como el correspondiente a su festividad.
En 1950, el Papa Pío XII la declaró Patrona de los Automovilistas, porque su Ángel Custodio siempre la acompañaba durante sus movimientos, emitiendo una luz que le permitía ver claramente incluso de noche.


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