"La Santa más estimada, más admirada y más invocada en el siglo xx , no es, como se hubiera podido esperar, una religiosa consagrada al apostolado activo más caritativo, sino una joven monja, entrada en el Carmen a los quince años,'muerta a los veinticuatro, y que no hizo sino rezar, obedecer y sufrir. No cuidó a los apestados, a los pobres, a los enfermos ni a los ancianos; no salvó a Francia como Juana de Arco, no hizo volver el Papado de Avignon a Roma como santa Catalina de Sena, no ejecutó obras portentosas y, no obstante, he aquí que ejerce en el mundo entero una influencia moral incomparable... Santa Teresita del Niño Jesús, escogió la vida silenciosa y claustral del Carmelo más bien que la vida de Misionera, porque creía con todas las fuerzas de su alma, que esta vida contemplativa y mortificada es, aunque buenas las dos, más útil a la Iglesia.
Esta devoción a la Santa Faz es de importancia del todo capital; por ella la piedad de Santa Teresita es tradicional, sus más importantes y extensas raíces parten a través de los Evangelios y llegan hasta las más antiguas profecías del Antiguo Testamento. Es ésta una de las pruebas más incontestables de que esta espiritualidad, este Caminito de Infancia, extendiéndose a todos los lugares y épocas, es eminentemente Católico.
Puede desgraciadamente temerse que gran número de almas superficiales sólo retendrán del espíritu de Santa Teresita su devoción a la Infancia de Jesús, olvidando o descuidando el culto que ella profesó a la Pasión y a la ensangrentada Faz del Mesías..."
¡Oh Jesús!, que en Tu cruel Pasión has sido el oprobio de los hombres y Varón de Dolores, venero Tu Divina Faz, en el cual brilla la hermosura y la suavidad de la Divinidad y que por mí, se ha convertido como en el rostro de un leproso.
Pero bajo estos rasgos desfigurados reconozco Tu Amor Infinito y ardo en el deseo de amarte y hacer que todos los hombres Te amen.
Las lágrimas que fluyeron tan abundantemente de Tus ojos, me parecen perlas preciosas que recojo a fin de comprar con su valor infinito las almas de los pobres pecadores.
¡Oh Jesús!, Tu Santa Faz es la única belleza que encanta a mi corazón; yo Te suplico que imprimas Tu Santo Rostro en mi corazón y me inflames de Tu Amor para que me consuma rápidamente, y pronto pueda ver Tu Gloriosa Faz en el Cielo. Amén.


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