lunes, 23 de marzo de 2026

ANA DE MONTEAGUDO Y LAS ALMAS DEL PURGATORIO (II)



                    En el año 1676, el granadino Fray Juan de Calle y Heredia, mercedario, era trasladado como Obispo desde Trujillo a la ciudad de Arequipa. Cuando entró en la ciudad, estaban las Novicias y algunos seglares preparando la decoración para cuando llegara a visitar el Monasterio. La Madre Ana de Monteagudo les dijo: Hermanas, no se afanen, porque no lo hemos de ver. Y, cuando lo dijo, el Obispo estaba bien de salud, pero se enfermó antes de visitar a las Madres Dominicas y murió el 15 de Febrero de ese mismo año. Dos meses después de la muerte del Obispo, Don Juan de Meza y su esposa Francisca Manzo fueron a visitar a la Madre Ana de Monteagudo y ella le encomendó que dijera al sacerdote compañero del obispo que él tenía necesidad de muchos sufragios, a pesar de que este testigo le había mandado celebrar dos mil misas. La razón era, porque siendo Obispo en España, cuando todavía era muy joven, no había puesto mucha disciplina a los religiosos, siendo condescendiente con ellos. 

                    La noche del Corpus Christi de aquel año, aseguró la Madre Ana que el Obispo Fray Juan de la Calle había salido del Purgatorio y que, al mismo tiempo que salía el Obispo, entraba al Purgatorio un religioso de la Compañía de Jesús, que tenía la cara muy triste. Al salir el dicho Obispo, le encargó a la sierva de Dios que se interesara por un religioso mercedario llamado Ponce que llevaba ya 50 años en el purgatorio. 

                    Un día le refirió la Madre Ana de Monteagudo a Sor Juana de Santo Domingo que fue llevada a una sala muy grande donde vio que estaban penando, como en un círculo, muchas Almas. En una parte, estaban los Religiosos; en otra parte, las Religiosas o los Clérigos; y en el suelo del salón vio las Almas de los seglares. Observó que en ese salón había una puerta que daba a otra sala que parecía más horrorosa, de donde salía un rumor espantoso, donde conoció algunas personas. Y con esta visión se acentuó más en ella el fervor por las Almas. Y muchas de ellas venían a pedir oraciones y sufragios a la Sierva de Dios. 



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